Realidad… ¿o fantasía?
Segunda parte
Oscuridad. Pura oscuridad. Ni un destello de luz en ninguna parte de su alrededor. El vacío. Oscuridad hacia el vacío. Caer. Caer hacia aquella oscuridad pura. Caer y caer hacia el vacío…
Manny despertó de un brinco y jadeando. Se frotó sus ojos con el antebrazo y miró a su alrededor. Se encontraba en su cuarto, sentado en su propia cama. Nada estaba fuera de lo común, solo que… ¡¿ya era de noche?! ¿Desde cuándo? Sobresaltado por su realización, se fijó en el reloj despertador que se sentaba en su pequeña mesa de noche. 7:27… ¡7:27! Él había acordado con Frida desde el martes que se encontraría con ella en la entrada del Club de Salsa a las… ¡7:30! Solo le quedaban tres minutos para alistarse. En realidad, Manny no tenía la más mínima idea de cómo pudo haber dormido tanto si tan sólo sintió que se quedó noqueado como por unos cuantos minutos, pero ya ni tiene tiempo de estar pensando en eso. Si no se alista pero ya, llegaría tarde y Frida se molestaría con él, y eso es algo que él no quiere que suceda.
Como ya no tenía tiempo de darse una ducha veloz, Manny simplemente se lavó la cara y los dientes, y se puso agua de colonia, para quitarse el hedor del día, antes de que quitarse toda la ropa en un dos por tres. Solo en ropa interior, corrió fuera del baño y directo a su armario para buscar qué ponerse. Jeans, camiseta, jeans, jeans… pero ¡vaya que él tiene nada de qué ponerse! Si Frida iba en vestido y al ser un día de apertura, ya es seguro de que tiene que ir, por lo menos, con algún atuendo casual semi-formal.
Continuó rebuscando en algo de que le pudiera servir, tirando por fuera todo aquello que no. Hasta que por fin… bueno, más o menos, encontró no más que la mitad de una mudada completa: solamente un pantalón de vestir negro que olía a rayos de estar tanto tiempo guardado, y en la cual él reza de que aún le queden, y unos zapatos igual de negros pero llenos de polvo y telas de araña. Vaya, Manny sí que tiene que salir más a menudo o por lo menos tener algo más decente que eso.
Pero no había tiempo. Les dio una sacudida a los pantalones hediondos antes de ponérselos, además de ponerles un poco de dosis de agua de colonia para disminuir el olor, y sopló los zapatos negros para liberarlos del polvo antes de ponérselos. Ahora sí, solo está la mitad de listo. Necesita una camisa… ¡y puede que le quede alguna de su padre! Sonriendo para él ante esa idea tan brillante y elogiándose a sí mismo de lo "inteligente" que era, corrió fuera de su cuarto y se dirigió al de su padre. Extrañamente, no había nadie en toda casa, ni siquiera Burro o el Sr. Chapi, pero le dio poca importancia e ignoró el asunto, solo quería encontrar una camisa.
Entrando al cuarto semi-vacio de su padre, ya que solo estaban la cama, el armario y el cuadro gigantesco del retrato de su mamá, Manny empezó a buscar una camisa. Luego de algunos segundos, ¡bingo!, encontró lo que estaba buscando: una camisa de manga larga negra de botones con unas finas y casi distinguibles líneas verticales blancas como un toque de decoración. Sin pensar un segundo más, se la puso. Le quedaba un poquito grande pero, igual, ignoró ese detalle. Corrió de regreso a su cuarto y nuevamente se fijó en el reloj para ver cuánto tiempo le queda mientras se ponía su cinturón de El Tigre. ¡7:33! Sorprendido, no solo porque ya estaba un poco tarde sino también porque hizo un tiempo record en alistarse en solo seis minutos, giró la hebilla de su cinturón y, en una explosión de llamas verdes, se transformó en El Tigre y saltó por la ventana; de ese modo llegará en solo minuto y medio al Club.
Finalmente llegó al Club de Salsa. Aunque sólo faltaban veinticinco minutos para que abrieran las puertas a las 8, ya había una gran cantidad de personas haciendo fila. Con la transformación a su alter ego, no le alteró en nada en cómo iba vestido, simplemente le apareció su icónica bandana roja alrededor del cuello, su cola, orejas y máscara del Tigre, así que decidió que no hubo necesidad de volverse a transformar (y pensó con las esperanzas de que le pueden den algún tipo de entrada especial si va así).
Pero ahora, lo que le importaba era encontrar a Frida. Aunque hubiera mucha gente haciendo fila o no, Manny estaba muy seguro de que encontraría a Frida fácilmente. Y de hecho, él tenía la razón. Solo le tomó un poco menos de un par de minutos para localizar una mancha azul cielo entre todo aquel mar de color oscuro. Y al parecer (y quien sabe cómo), Frida lo pudo localizar a él ya que alzó la mano de entre la multitud para que Manny la viera. Sonrió y se dirigió hacia donde ella se encontraba.
-Estoy seguro de que ella llegó horas atrás –murmuró Manny para sí, viendo lo cerca que ella estaba de la puerta, haciendo que se pateara mentalmente. –Que tonto que soy, de seguro la he hecho esperar demasiado.
Pero a una distancia de dos metros de su amiga, Manny se paró en seco y sintió que su mandíbula se le cayó al suelo. Quedó pasmado, alucinado y fascinado ante la visión que tenía frente a él. Vestía un vestido corto, semi-ajustado a su cuerpo, en degradado del amarillo a un anaranjado rojizo, con tres pliegues en la falda y en su ribete una decoración de espirales finas y calaveras en plateado. Lo cual hizo que Manny felicitara y agradeciera mentalmente a quien sea que le haya hecho ese vestido. Llevaba puestas unas zapatillas de tirantes plateados con un tacón de más o menos cinco centímetros de alto y su cabello azul celeste, suelto y sin sus famosos gogles rojos, estaba rizado, o más bien, eran como ondulaciones largas que le lucían muy bien. Andaba poco maquillaje, solo unas ligeras sombras en los párpados y brillo transparente en sus ya labios rosados. En resumen y en palabras de Manny, Frida estaba perfecta… o más que perfecta si se creara alguna palabra para describir lo bella que se veía.
Frida había visto llegar a Manny desde lo lejos cuando andaba saltando de edificio en edificio para llegar al Club. Le hizo señas para que la localizara y cuando lo hizo, esperó en pie mientras él se acercaba. Estaba por saludarlo en voz alta pero se interrumpió cuando notó que Manny se detuvo a una distancia de ella. Se le quedó mirando extrañada por su comportamiento pero soltó una risita por la cara de bobo sin remedio que tenía plasmada en la cara.
-¿Manny? ¡Oye, Manny! ¿Te gusta mi vestido? ¿Verdad que me lo hicieron muy bien? –le preguntó mientras daba un giro de 360 grados, haciendo que su falda se elevara unos cuantos centímetros. Pero eso no le ayudó en mucho a Manny, sintió que se le murieron más neuronas de lo normal. Pero logró volver a la conciencia antes de quedar en el ridículo (más de lo que ya estaba).
-Sí… –su voz se elevó un par de octavas, por lo que tuvo que toser para aclarar su garganta. –Sí, claro, t-te lo hicieron muy bien. Te ves… ejem, te ves muy linda Frida, –le respondió muy nervioso con voz entrecortada y sintió que se le quemaban las mejillas. Con esa respuesta, él llegó a notar que a ella igual se le ruborizaron. ¡Preciosa! ¡Dile que se ve extremadamente preciosa! Manny se gritó mientras caminaba los cuantos metros que le faltaban y le daba una sonrisa nerviosa y temblorosa.
-¡Gracias! Tú tampoco te ves tan mal, picarón. –le dijo con un golpe amistoso en el brazo. Manny soltó una risa forzada y falsa por lo nervioso que se sentía mientras se frotaba el brazo con la mano. Luego de eso se produjo un silencio incómodo, algo muy raro para estos mejores amigos. Pero después de un par de minutos, Frida miró hacia las puertas y jaló suavemente la manga de la camisa de Manny. –¡Oh! Mira, mira, ya están abriendo las puertas.
Cuando se abrieron las puertas de par en par exactamente a las 8, salió el gerente del Club, un regordete con un bigote abundante que dio un discurso de bienvenida a todos los presentes y agradeció a los superhéroes por mantener alejados a los súper villanos del perímetro del Club. Luego se apartó de la entrada y la multitud comenzó a entrar. Manny y Frida fueron unos de los primeros en entrar, emocionados de que verían por primera vez el interior del Club, y se maravillaron por lo que vieron.
Bajando unas escaleras, el primer salón consistía en una pista de baile justamente en el centro el salón y rodeándolo estaba lleno de mesas de coctel, sillas y sillones en tres de las esquinas. Una de las esquinas estaba ocupada por una barra para pedir las bebidas y bocadillos. En una de las paredes, como a tres metros y medio arriba del suelo, había un cristal polarizado que los chicos se imaginaron que ahí era donde se encontraba el pequeño cuarto del DJ, que también se conectaba con el otro salón. Por lo que Manny y Frida atravesaron rápido ese salón y se dirigieron al otro extremo donde se encontraban otras puertas abiertas, dirigidas al segundo y nuevo salón del Club que estaba diseñado para los jóvenes. Al pasar por las puertas, ambos quedaron boquiabiertos. El segundo salón era el doble de grande que el primero. Estaba pintado de unos tonos de morado y en el cielo raso estaban todas los diferentes tipos de instalaciones de luces que se puedan imaginar y una gran bola disco en el centro. La pista de baile era un poco más grande que el mismísimo primer salón y subiendo unas escaleras se encontraba un piso más elevado para las mesas, sillas y sillones; y al otro extremo se encontraba otra barra similar al del primer salón, y a la par habían unas puertas deslizables, ya abrieras, de cristal que daban la salida a un extenso jardín con unas cuantas mesas y una fuente funcional en el medio.
Manny y Frida se dieron mutuamente una sonrisa de oreja a oreja de "finalmente estamos aquí" y corrieron al centro de la pista de baile. Aunque sea el Club de Salsa, el gerente decidió que se pondría música variada para los jóvenes, por lo que el salón ya estaba lleno del ritmo movido de la electrónica. Ritmo que hizo que los mejores amigos comenzaran a bailar. El nerviosismo de Manny se fue reduciendo poco a poco mientras bailaba ya que con ese tipo de música no era necesario de un acercamiento de cuerpos.
Divirtiéndose a lo grande, continuaron bailando y bailando, que luego de la electrónica pasaron por la música del merengue, salsa, rock&roll, y un poco de paso doble y tango, donde a veces fueron rodeados de la multitud siendo el centro de atención, hasta casi las 10 que decidieron tomarse un pequeño descanso porque aún no planeaban en retirarse. Pidieron un par de botellas de agua en la barra de bebidas y subieron las escaleras para sentarse en uno de los sillones que se encontraba vacío. Mientras tomaban el agua, no pararon de hablar ya que fluían los temas por montones, claro que comenzando por lo genial que era el Club y de lo que parecía envidia que les dejaban al resto de la gente que bailaba a su alrededor. Dejaron el sillón por ahí de las 11 para seguir bailando al ritmo de la salsa. Claro que ellos no eran unos profesionales, pero bailaban muy bien cualquier tipo de ritmo, entre uno de ellos estaba la salsa.
Pero de pronto, la salsa se apagó en un suave ritmo de música lenta y las luces se redujeron para dejar destellos tenues. El cambio inesperado hizo que ambos pararan de bailar y se miraran el uno al otro algo nerviosos.
-Hmm, vaya música más aburrida, ¿no? Si quieres nos vamos a sentar otra vez y esperar que--
-No, no. ¿Pero qué dices? Sigamos bailando, Manny –lo interrumpió Frida e hizo que el nerviosismo le regresara al chico a un punto elevado y haciendo que su corazón le diera un brinco. Pero Frida le sonrió suplicante con aquellos ojos de perrito triste que Manny no se pudo negar. Tomó una boqueada de aire y le extendió la mano para que ella la cogiera.
-Entonces… ¿bailamos? –Ella soltó una risita antes de colocar suavemente su mano en la de él. Manny la acercó hacia él, colocando sus manos en la cintura y ella en los brazos del moreno. Y luego de un par de segundos mirándose a los ojos, comenzaron a bailar aquella música lenta.
Manny ignoró el hecho de que era extraño que a Frida le llamara la atención o le gustara bailar ese tipo de música y de estar apegada a él, ya que sólo se concentraba en tratar de no perder la cordura al mirar aquellos ojos azul zafiro de su mejor amiga. Al ver un poco ruborizada a Frida, sintió que su corazón se le iba a salir disparado de tanto martilleo acelerado sobre su pecho. La música continuaba y continuaba, sin ninguna señal de que iba a cambiar en cualquier momento; pero, por alguna razón en la que él no llegaba a comprender, Manny deseaba que fuera así y continuara aquel ritmo lento.
Vamos Manny, sé que tu puedes. Eres súper macho y no te vas a hacer el cobarde por algo así… además, solo es un ligero movimiento y luego espera a ver cuál es su reacción, pensó para sus adentros mientras suspiraba lentamente. Dándose ánimos, porras y un tantito de valentía, movió muy despacio sus manos ligeramente hacia arriba, rodeándolos por la espalda y acercándola más hacia él. Frida parpadeó un par de veces por la acción de Manny, pero ésta hizo todo lo contrario de lo que él esperaba que iba a hacer. En vez de alejarse un poco, ella subió sus manos, rosándolas lenta y suavemente por sus brazos y le rodeó el cuello, cerrando el pequeño espacio que había entre ellos. Le sonrió dulcemente haciendo que el chico moreno se derritiera en sus adentros; pero, con bastante esfuerzo, éste le sonrió tímidamente devuelta.
Y en ese preciso momento, sin despegar su mirada a aquellos zafiros azules, Manny tuvo la gran revelación. Vaya, Granpapi tuvo mucha razón… yo sí que estaba ciego, pensó. Ahora con menos esfuerzo y nervios, le esbozó una amplia sonrisa e inclinó lentamente su cabeza hacia delante hasta reposar suavemente su frente con la de Frida, sin apartar sus ojos de los de ella.
Soltando una pequeña risa por el conducta de Manny, Frida se sintió de lo más cómoda en cómo estaban que deseó que continuaran de ese modo por un largo tiempo. La música continuó pero, al parecer, el ritmo ya empezaba a acelerarse apenas un poco, pero los chicos le prestaron poca atención a ese cambio y siguieron a su paso lento.
Los rodeaba el calor de sus cuerpos que ambos sabían que ya no era a causa del baile. Sus respiraciones silenciosas se aceleraban por cada segundo que pasaba, al igual que sus corazones. Ambos sabían lo que podía pasar en cualquier instante, pero lo que no sabían era quién iba a ser el que daba ese primer paso. El sentimiento mutuo que esperaron por mucho tiempo a que saliera era tan evidente que no hubo necesidad que alguno de los dos dijera algo, por lo que simplemente no despegaron sus miradas y sus cuerpos, disfrutando cada momento, cada segundo que pasaba.
Frida cerró sus ojos lentamente y deslizó su mejilla contra la de él, acercándose a su oído.
-Manny… -logró susurrarle al oído antes de que perdiera la voz y aliento. Con tantos sentimientos que la atacaban por todas partes, Frida se sentía vulnerable y un tanto mareada y, el con el rozar de su cuerpo con el de él, sentía cómo sus rodillas se debilitaban. Y como leyendo sus pensamientos, Manny le rodeó la cintura con su cola para que se mantuviera estable y junto a él.
Manny apartó un poco su cara de la de ella y, delicadamente con los dedos, la tomó de la barbilla y la levantó un poco hacia él. Con ojos entrecerrados, Frida miró cómo aquellos ojos color esmeralda se acercaban a los de ella. Cerrando nuevamente los ojos, ella apartó un poco sus labios, invitándolo a que se siguiera acercando más a ella, y Manny no rechazó tal oferta. Se acercó más y más hasta que pudo rozarle sus suaves labios con los de él, inspirando aquel aliento dulce que emanaba la boca de su mejor amiga. Se acercó un poco más para cerrar el espacio, que separaba sus labios, con un beso… pero en ese instante las luces se apagaron y todo el salón quedó a oscuras.
Pero eso no fue lo que sorprendió más a Manny, sino fue el calor de Frida que desapareció junto con la luz. Él no la podía sentir junto a él, su presencia se había desvanecido por completo.
-¿Frida?... ¡Frida! –preocupado, la llamó a todo pulmón en aquella negrura, moviendo sus manos para ver si la podía encontrar de esa manera. Pero fue inútil. Frida había desaparecido, al igual que la música, la multitud en el salón, el calor… Aunque no sentía al viento soplar, tenía un frío insoportable; le hacía falta el calor de Frida, su presencia. Se sentía incompleto, perdido y confundido en aquel lugar oscuro y desconocido. ¿Dónde estaba Frida? ¿Por qué todo se volvió tan oscuro y vacío?... ¿Dónde estaba él? Alterado, trotó por todos lados, creando eco con cada paso que daba, y buscando algo, cualquier cosa, hasta que se tropezó y cayó…
Continuará…
