CAP 2
Muchas gracias a los que se dieron el tiempo de dejar un. A Saraackles y Kayula Shebrash pude responderles porque están registradas (gracias!) pero a Sandra, romy_jane, Clara y anooonimo, jeje, pues, sólo me queda decirles por acá que muchas gracias por los reviews y por lo ánimos de seguir con esta historia.
Ah, sólo para aclarar. Esta historia no es Wincest y no es un Death_Fic. Me encanta torturar a los chicos pero no puedo matarlos :(
Y como siempre, nada de Supernatural me pertenece y no estoy tan loca como para creerlo. Disfruten :)
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"Tienes que estar bromeando" Dijo Dean mientras Sam sacaba su maleta de la camioneta que había estado conduciendo los últimos meses. "¿Roja? ¿En serio has estado ensuciando el apellido Winchester viajando en una camioneta ROJA? Ni siquiera es un rojo masculino, Sam, es… es casi rosada."
"Es lo único que encontré." Dijo Sam con tono de ofensa, pero por dentro estaba feliz de que su hermano lo fastidiara, por lo menos así demostraba que su relación no estaba tan mal como imaginaba.
"Bueno, sube a un auto de verdad y límpiate bien las botas, no quiero que mi bebé huela a camioneta de Barbie."
"Claro, voy a subir pero al asiento del conductor. Dame las llaves."
"Después de manejar una camioneta roja por tanto tiempo no voy a dejar que manejes a mi bebé, podrías enseñarle malas costum…" Dean no pudo terminar la frase porque un fuerte dolor de cabeza lo asaltó repentinamente, Sam corrió a su lado inmediatamente.
"¿Así quieres conducir? Dame las llaves mientras conduzco a algún motel."
"Ya pasará. Nunca duran demasiado."
"¿Te pasa muy seguido?"
"Una o dos veces al día." Contestó Dean incorporándose. Lo peor había pasado y ahora se dirigía al asiento del copiloto.
El viaje no duró mucho, cerca de allí había un motel donde se registraron para que ambos pudieran obtener el descanso que necesitaban. Pero Dean parecía que no estaba dispuesto a permitirse dormir y seguía haciéndole preguntas a Sam.
"Entonces, ¿qué estuviste haciendo estos meses?"
"Tú lo sabes bien, me estuviste siguiendo."
"La última vez que revisé, eras tú el que me estaba siguiendo." Contestó Dean.
"Sí, claro, tú nunca me seguiste. En fin, estuve viajando por el país."
"¿En una espantosa camioneta robada? Muy prudente, Sammy."
"No es robada. La compré."
"¿La compraste o te la regalaron?" Bromeó Dean. "No, en serio, ¿con qué dinero?"
"Eso sí lo robé." Contestó Sam agachando la cabeza. No le gustaba robar pero había sido necesario. Además, el tipo se lo merecía, era un vendedor de drogas en una discoteca y eso hacía que Sam no se sintiera tan mal por robarle.
"De acuerdo, entonces, estuviste viajando, ¿algún motivo en especial para ir a donde ibas? O sólo tomabas el mapa y señalabas con el dedo."
"Estuve… regresé a los lugares donde habíamos salvado a algunas personas. Quería ver cómo estaban."
Dean entendía lo que su hermano necesitaba. Sam quería recordarse a sí mismo que habían muchas personas vivas gracias a él. Sam necesitaba recordar que él salvaba personas, que él era un héroe y no un villano.
"¿Sirvió de algo? Ese viaje que hiciste… ¿sirvió?"
"Sí, creo que sí." Contestó Sam con cierta melancolía.
Había estado tan cerca de entregarse por completo al mal. Había estado tan cerca de condenarse.
"Qué hay de ti. ¿Qué hiciste estos meses?"
"Estuve siguiendo al cabeza dura de mi hermano."
"Sí, eso fue al principio, pero dejaste de hacerlo."
"Sí, bueno, supuse que lo mejor sería dejarte en paz por un tiempo."
Sam podía ver que su hermano estaba mintiendo. No fue por eso, Dean. Fue porque empezaste a sentirte mal.
"¿Hace cuánto? ¿Hace cuánto decidiste dejarme en paz" ¿Hace cuánto empezaron los síntomas? Era la pregunta que quería hacer.
"Como un mes."
Dean sabía que Sam sabía. Y Sam sabía que Dean sabía que él sabía. Ambos se miraron como si estuvieran esperando que fuera el otro quien dejara la farsa y hablara claro. Finalmente, Dean contestó.
"No hay nada que hacer, Sam. Busqué curas naturales y sobrenaturales. No hay nada seguro, así que puedes dejar de tener esperanzas."
"Jamás." Contestó Sam con determinación.
"No voy a dejar que hagas una estupidez. Creo que ambos ya aprendimos bastante de nuestros errores."
"No te rindas. Fue eso lo que decías a ese muchacho ¿verdad? Ahora yo te digo lo mismo. No te rindas, Dean."
Sam miró a su hermano y notó en sus ojos cansancio, fatiga, era como si Dean se mantuviera de pie sólo por su propia testarudez. Sam quería infundirle ánimos y llenarlo de fuerza pero primero debía lograr que su hermano recuperara energías.
"Hora de dormir ¿no crees? Yo también estoy cansado así que creo que podemos dormir unas horas y luego seguimos conversando."
"¿Desde cuándo tú tomas las decisiones, hermanito?" Contestó Dean cruzando los brazos.
"Cállate y duerme." Respondió Sam mientras cerraba las cortinas y dejaba la habitación a oscuras.
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Habían despertado cerca del mediodía y Sam se había ofrecido a salir a conseguir algo de comer. Media hora después había regresado con la hamburguesa con queso más grande que Dean había visto en su vida. Debe ser su forma de "compensarme" por el tiempo perdido. Pensó Dean. Y era cierto. Tan pronto Sam había llegado a la cafetería había pensado en qué llevar para su hermano. Su comida favorita, por supuesto. Y al ver que había una oferta de una super hamburguesa con doble de todo no había dudado en comprarla para Dean. Por supuesto que también había comprado una porción super grande de pie de manzana y satisfecho con su elección había regresado a la habitación a presentar su ofrenda ante su hermano.
"Espero que la hamburguesa esté buena. El lugar estaba repleto así que supongo que es un buen lugar." Dijo Sam mientras acomodaba las cosas en la pequeña mesa que había en la habitación.
"¿Qué trajiste para ti?" Preguntó Dean mirando con sorpresa todo lo que tendría que comer.
"Lo mismo pero en tamaño normal." Contestó Sam sonriendo.
Sam estaba tan feliz, que Dean no tuvo corazón para decirle que últimamente lo único que comía eran sopas y cualquier cosa de fácil digestión, principalmente porque las náuseas habían aumentado y le era difícil mantener la comida dentro de su estómago.
Bien, Dean, tú puedes hacerlo. Es sólo una hamburguesa. Las has comido toda tu vida. Te gustan. Además, hay pie, te gusta el pie. Sólo espero que mi estómago siga opinando lo mismo. Vamos. Concéntrate. Comer. Comer. No vomitar. Dean trataba de darse ánimos mientras tomaba asiento frente al festín que había "preparado" su hermano para él.
"¿Qué estás esperando? Se va a enfriar." Dijo Sam extrañado de que su hermano no se hubiera lanzado sobre la hamburguesa.
Veinte minutos después Dean terminaba su hamburguesa con gran esfuerzo. Claro que había podido disimular frente a su hermano y lo había mantenido distraído conversando sobre todo y nada. Historias de bar, muchas databan de la época en que Sam estuvo en Stanford.
Pero aunque Dean creía que había podido engañar a su hermano estaba muy lejos de la verdad. Así como Sam no podía engañar a Dean, Dean no podía engañar a Sam. Éste último había notado que Dean había alargado su comida por veinte minutos cuando por lo general no habría quedado ni una migaja en menos de la mitad del tiempo.
Sin embargo, Sam aún estaba en la etapa de negación y no quería admitir que la enfermedad de su hermano era lo suficientemente real como para afectarlo en su vida diaria. No. Podía aceptar que tuviera dolores de cabeza de vez en cuando, pero, eso era todo. Eso tenía que ser todo, ¿o no?
"¿Vas a comer tu pie?"
"Sí, claro, sólo voy a esperar un poco para hacerle sitio." Dijo Dean tocándose el estómago y sonriendo, pero su sonrisa no tuvo el efecto deseado pues la náusea que había estado sintiendo se volvió insoportable y tuvo que correr al baño a devolver todo lo que se había obligado a ingerir.
Sam observaba a su hermano desde la puerta del baño sin atreverse a entrar. De la etapa de negación había pasado directo a la del pánico. Le parecía que estaba dentro de una pesadilla y ese hombre que estaba vomitando hasta los intestinos no era su hermano. No podía ser su hermano. El héroe que había impedido el apocalipsis. El héroe que lo había salvado. Su hermano.
Saliendo de su estupor, Sam llenó un vaso con agua y entró al baño. Dean ya no tenía nada que vomitar y ahora estaba sentado en el piso con la cabeza apoyada en la pared frente al inodoro. Sam se sentó a su lado y le pasó el vaso con agua.
"Gracias, pero no creo que sea buena idea."
"Es sólo agua."
"Aún así. Ahora no creo que pueda mantener nada adentro." Respondió Dean despertar de esa pesadilla.
"Lo siento."
"¿Por qué?"
"Debí saber que una hamburguesa sería demasiado."
"No es tu culpa, Sammy. No había forma de que lo supieras."
"Si hubiera estado contigo estos meses lo sabría."
Aquí va otra vez. Sam en modo "soy el culpable de los pecados de la humanidad".
"Te digo que no es tu culpa. Soy el hermano mayor y siempre tengo la razón. Punto."
Sam miró a Dean para asegurarse de que su hermano estaba bromeando. Había sonado tan serio y cansado que sólo cuando Dean lo miró sonriendo tuvo la certeza de que su hermano en verdad estaba bromeando.
"Eres un idiota. Ese discurso de soy el mayor y siempre tengo la razón dejó de funcionar hace mucho."
"Sí, supongo que sí." Contestó Dean cerrando los ojos y tomándose un tiempo para recuperarse. Se sentía como si un tren le hubiera pasado por encima y si en ese momento alguien hubiera gritado que estaban robando el Impala no se habría levantado. No tenía fuerzas para eso.
"¿Puedes levantarte? No creo que el piso frío del baño te ayude mucho." Dijo Sam preocupado.
"De acuerdo, aquí voy." Dean intentó levantarse pero las náuseas aún no lo habían dejado y tuvo que apoyarse en la pared para no caer. Por supuesto Sam lo tomó del brazo inmediatamente y le dio un tiempo para recuperarse.
"Apóyate en mí. Tienes que recostarte."
"Puedo caminar solo, Sam. No es la primera vez que pasa esto." Respondió Dean con más aspereza de la que hubiera deseado. Lo cierto es que no le gustaba sentirse débil y mucho menos frente a su hermano. Aunque las cosas habían mejorado entre ellos aún le quedaba el amargo recuerdo de aquellos días en que Sam lo había llamado débil y hasta cobarde.
"Dean, sólo…" Déjame ayudarte. Quería decir Sam, pero prefirió no discutir con su hermano y tomándolo del brazo lo dirigió lentamente hacia su cama.
"Gracias." Dijo Dean tan bajo que Sam apenas pudo escucharlo.
"Ni lo menciones." Hubo un par de minutos de silencio incómodo que Sam rompió. "Aún no has comido tu pie." Dijo finalmente sonriendo y entonces la tensión se disipó.
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Sam había estado conduciendo por más de 24 horas seguidas, al llegar a la siguiente ciudad se habían detenido para descansar y una vez más a la hora del almuerzo Sam se preparaba para salir. Claro que esta vez pensaba traer una comida más ligera para su hermano.
"Voy contigo." Dijo Dean poniéndose su casaca.
"No. Tú te quedas aquí."
"Necesito estirar las piernas." Dijo Dean. Lo cierto es que quería estar solo un rato y pensar. Durante el viaje Sam había estado hablando sobre los contactos a los que iba a llamar y los lugares donde iba a buscar una forma de curarlo. Dean había querido gritar que él ya había llamado a esos contactos y había visitado esos lugares pero había estado tan cansado que había dejado que Sam siguiera hablando. Pero ahora sentía que estaba llegando a su límite y el exagerado optimismo de su hermano lo estaba sacando de quicio.
"Es peligroso. Mientras no encontremos una solución…"
"No hay solución, Sam. Este no es un problema cualquiera, se trata de una enfermedad y no tiene cura." Explotó finalmente, Dean.
"¡No puedo creer que sigas siendo tan negativo, Dean! ¿Te vas a rendir sin intentar luchar?" Sam no quería pelear con su hermano pero se sentía impotente y era como si la historia se estuviera repitiendo. Esto le recordaba demasiado aquel año antes de que el trato de Dean se cumpliera. Todos esos meses en que su hermano se había negado a encontrar una solución argumentando que si intentaba zafarse del trato Sam moriría. Parecía que la situación era la misma y Sam no quería tener que luchar solo contra este "monstruo". Sam quería luchar hombro a hombro con su hermano.
"¿Crees que no he luchado?" Respondió Dean, tan molesto como Sam. "¿Crees que no he investigado curas médicas y sobrenaturales? ¿Qué crees que estuve haciendo estas últimas semanas? ¡¿Llorando en mi habitación?! ¡Esa es la imagen que tienes de mí, ¿verdad?! Un patético perdedor que es demasiado cobarde para pelear."
"Claro que no, Dean. Sabes que no es así." Se defendió Sam, herido de que su hermano aún no lo hubiera perdonado completamente por las amargas palabras que alguna vez pronunció.
"He tratado, Sam." Continuó Dean con voz quebrada. "No quiero morir. No cuando parecía que por fin había esperanza. No cuando la guerra ya había terminado y creía que podríamos… que podríamos ser una familia otra vez."
Dean volteó el rostro. Se odiaba a sí mismo cuando sus emociones lo controlaban. Parecía que el tumor en el cerebro había estado jugando con él y últimamente era más fácil que se pusiera emocional.
No llores. Tienes que ser fuerte. Por Sam. Dean estaba haciendo un gran esfuerzo para evitar que las lágrimas cayeran cuando sintió la mano de su hermano sobre su hombro.
"Lo siento." Dijo Sam suavemente.
Dean asintió solamente pues no se atrevía a hablar en ese momento.
"Esta vez estoy perdido, Sam. No hay nada que hacer. Agoté todos los recursos y no encontré nada."
"Yo siempre he sido mejor investigando. Quizá pueda encontrar algo." Sam no quería desconfiar de la habilidad de su hermano pero no iba a aceptar la derrota hasta intentarlo él mismo. Por suerte, Dean entendió lo que pasaba por la mente de su hermano y asintió nuevamente, dando su aprobación.
"De acuerdo. Si quieres puedes exprimirte el cerebro buscando una cura, pero tengo algunas condiciones, y tienes que prometer cumplirlas."
"Cuáles son."
"Primero. Nada de tratos. No quiero que vendas tu alma ni que esclavices a una parca. Nada de magia negra ni gris. Si algo no es completamente benigno entonces lo descartamos. ¿De acuerdo?"
Sam lo dudó un momento. En esos momentos estaba dispuesto a intentarlo todo por Dean, pero una mirada a los ojos de su hermano lo hizo ver que éste no soportaría verlo acercarse al lado oscuro nuevamente. Sam había prometido tiempo atrás nunca más jugar con magia negra ni demoníaca y no iba a romper esa promesa.
"Está bien. Lo prometo."
"Algo más." Dijo Dean. "Debes prometer que si no encuentras ninguna cura… Debes prometer… que me dejarás ir."
"Dean. No…"
"Promételo, Sam. Cuando llegue el momento. Debes hacerlo. Sólo… déjame ir. No te obsesiones. No te aferres a la idea de traerme de vuelta. Si no encuentras una solución, debes aceptarlo. Por favor."
Esa era una promesa que Sam no quería cumplir. ¿Cómo podía Dean pedirle que lo dejara morir?
"No puedo." Respondió Sam con ojos llorosos.
"Sí puedes. Y esta vez será diferente. No habrá sabuesos del infierno que vengan por mí. No será culpa de ningún demonio. Así que tienes que aceptarlo y seguir adelante. Seguir con tu vida."
"Deja de hablar como si ya te estuvieras despidiendo." Dijo Sam molesto mientras Dean seguía mirándolo fijamente. "No te voy a fallar. Necesito que confíes en mí. Necesito. Que vuelvas. A confiar. En mí." Agregó con dolor.
"Yo confío en ti, Sammy. Por eso te confié lo más precioso para mí. Tú mismo. ¿Crees que te habría dejado vivir si no confiara en ti?"
Sam recordó aquel momento, poco antes del fin de la batalla, cuando su hermano había tenido su vida en sus manos. Sam lo recordaba como una pesadilla. Aquellos días habían sido horribles. Pero en medio de todo, cuando había llegado el momento de la verdad, Dean lo había salvado. Dean había enfrentado la ira del cielo y había desobedecido para darle una nueva oportunidad.
Aquel día, con la espada ensangrentada en sus manos, Dean lo había mirado a los ojos y le había dicho. Prometí que iba a salvarte, Sammy. Y no quiero romper esa promesa. Entonces, mientras atravesaba su cuerpo con la espada, Dean lo había abrazado y le había dicho al oído. Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto.
Sam se tocó la cicatriz que llevaba en el pecho. La cicatriz que la espada había dejado y mirando a Dean pudo ver que era cierto. Su hermano confiaba en él. Siempre tendrían altibajos pero mientras confiaran ciegamente el uno en el otro podrían lograr lo imposible. Eso es lo que Sam buscaba. Lo imposible.
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Sam estaba pidiendo comida para llevar mientras miraba por la ventana a su hermano que caminaba por el parque. Ambos tenían mucho en que pensar y Sam aún no sabía cómo iba a salvar a su hermano si tenía que cumplir las promesas que había hecho.
Mientras tanto, Dean se había sentado en una banca y disfrutaba el aire fresco y el ruido de los niños jugando.
Una familia. Es lo que siempre había querido. Después de la guerra se había permitido soñar. Él, Sam, y quizá un par de chicas que aceptaran unir sus vidas con las de dos viejos soldados cansados de pelear. Un hogar. Hijos. Ser llamado tío Dean, o papá. Pero por supuesto, la vida había tenido otros planes para él y Dean empezaba a creer que todo esto era castigo divino.
Debe ser mi pago por toda la sangre que derramé en el infierno. Habría sido injusto si se me hubiera permitido vivir tranquilamente hasta los 80 años. Dean había aceptado su destino. La culpa que sentía por aquellos diez años en el infierno lo perseguía cada noche, en cada pesadilla. Aún así había buscado una forma de salvarse y una vez diagnosticado había movido cielo y tierra esperando hallar una cura. No lo había hecho por él. Lo había hecho por Sam. Dean sabía que su hermano aún no estaba bien. Sabía que lo necesitaba más que nunca para volver a ponerse de pie y continuar con su vida. Por eso quería vivir. Por Sam.
Esos pensamientos llenaban su mente cuando escuchó que alguien lo llamaba por su nombre. Esa voz era conocida. No era exactamente como la recordaba pero… ¿podría ser?
Dean volteó en dirección a la voz y vio al dueño de esta corriendo hacia él con una gran sonrisa en los labios.
"¡Dean!" Gritó entusiasmado y una vez frente a él lo abrazó con alegría. "No lo puedo creer. ¿Qué haces aquí? ¡Mi mamá no lo va a creer!"
Dean sintió dos cosas en su corazón. Completa alegría y completa tristeza. Era como si quisieran restregarle en el rostro todo aquello que nunca podría tener. Miró hacia el cielo e imaginó a Castiel riéndose de su desgracia. No es que alguna vez el ángel hubiera demostrado crueldad o cualquier otro sentimiento, de hecho, hasta parecía que él le agradaba, de otra forma no me hubiera defendido cuando casi me matan sus compañeros, pensó Dean; pero ¿por qué ahora cuando más lo necesitaba no se aparecía? ¿Por qué se había ido sin siquiera un adiós? ¿Por qué parecía que todo lo que pasaba últimamente era una gran broma de mal gusto dirigida hacia él?
El pequeño lo seguía observando esperando alguna respuesta así que Dean sacudió esos pensamientos y sonriendo le dijo.
"Es un placer volver a verte, Ben."
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Sí, sí, es Ben, el hijo de Lisa, que ahora tendrá unos diez años. Bueno, quería dejar el capítulo en algo más interesante pero entonces se habría alargado demasiado. Tengo algunas ideas para esta historia. Por ejemplo, todavía tengo que explicar exactamente cómo es que Dean "salvó" a Sam. Cómo es que murió Ruby y cómo es que Castiel se fue. También tengo la idea de cómo va a ser el capítulo final pero todavía tengo que trabajar en los detalles de cómo voy a llegar allí, jeje.
Espero que les haya gustado lo suficiente como para dejar un review. Déjenme saber qué piensan o aunque sea sólo para saber que siguen leyendo esta historia :) Cuídense
