Esta semana estuve totalmente bloqueada. No sabía muy bien cómo continuar la historia. Tenía la idea pero no los detalles, así que lamento la demora :) Gracias especiales a ivannia316 (que tu imaginación siga volando, jeje), Saraackles (te pasó unos pañuelitos para las lágrimas, virtuales por supuesto), Schmetterling121 (espero que te vuelvas a animar a dejar un review), j3sS (espero que este capítulo satisfaga tus expectativas) y Sandra (tienes razón, me encanta hacer sufrir a Dean)

Ah, lo olvidaba. Hay una parte en el capítulo escrita con cursivas. Es como si fuera un recuerdo pero a la vez es algo que los hermanos pueden ver pero no tocar. Como cuando el demonio de ojos amarillos le mostró a Sam lo que había pasado la noche en que su madre murió ¿lo recuerdan? Algo así. Ahora los dejo con el capítulo, espero que lo disfruten :)

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Sam finalmente salió del auto y caminó hacia la habitación esperando encontrar a su hermano durmiendo, viendo televisión, o quizá vomitando en el peor de los casos, pero lo que no esperaba encontrar Sam era a su hermano, en el piso, boca abajo y sobre un charco de sangre.

"¡Dean! Gritó Sam corriendo hacia su hermano. Lo primero que hizo fue tocar su cuello para asegurarse que estuviera vivo. En esos momentos Sam esperaba lo peor. Por suerte encontró pulso normal así que procedió a voltear a Dean y poner su cabeza sobre su regazo a fin de examinarlo detenidamente. La sangre provenía de una herida en la frente de su hermano, probablemente se había golpeado al caer y eso había causado la hemorragia.

"Hey, Dean, despierta, ni sueñes con que te bese para que despiertes, tendrás que hacerlo tú solo." Dijo Sam golpeando suavemente el rostro de su hermano. Finalmente obtuvo la respuesta que esperaba.

"¿Sam?"

"Sí, soy yo, no cierres los ojos, quédate conmigo, vamos." Sam trató de ayudar a su hermano a incorporarse pero Dean parecía necesitar un poco más de tiempo.

"Volviste." Dijo Dean volviendo a cerrar los ojos. Se sentía tan cansado. Sólo quería dormir.

"Claro que volví, te dije que volvería. Ahora tú tienes que ayudarme un poco. Vamos, abre los ojos." Insistió Sam.

Dean trató de quitar la mano de Sam que seguía dándole golpecitos en el rostro pero su brazo no tuvo fuerzas y volvió a caer al piso.

"Dean, estoy hablando en serio, mantente despierto."

"Está bien, está bien, sólo vienes a molestar." Dijo Dean abriendo los ojos una vez más. Lo que encontró fue el rostro de Sam demasiado cerca al suyo y una gran expresión de preocupación en sus ojos.

"Quítate Sam. No invadas mi espacio personal."

"Es bueno tenerte de vuelta, Dean. Ahora, a la cuenta de tres te levantas. Uno. Dos. Tres."

Dean hizo su mayor esfuerzo y con la ayuda de Sam pudo incorporarse, pero su cuerpo no le respondió más y estuvo a punto de caer una vez más al piso. Por suerte Sam lo sostuvo.

"Con calma, con calma. Vamos al baño a lavarte y cerrar esa herida." Dijo Sam preocupado de que la condición de su hermano fuera peor de lo que había imaginado.

"¿Qué herida?" Preguntó Dean confundido.

"La que sangra tanto que no te deja ver. Esa herida. Ahora vamos."

Los hermanos llegaron al baño a duras penas. Sam tuvo que llevar prácticamente todo el peso de su hermano que no podía siquiera coordinar bien sus pasos. Una vez Dean estuvo sentado sobre la tapa del inodoro, Sam sacó el kit de primeros auxilios y empezó la tarea de limpiar y coser la herida en la frente de Dean.

"Debería demandar a ese bar, quién sabe qué me habrán servido para que terminara en el piso y sangrando."

"¿De qué hablas, Dean?"

"Bueno, no creerás que simplemente me desvanecí, ¿verdad? Estaba con resaca. Ya que tardabas en llegar decidí aprovechar que mi hermano menor no estaba para fastidiar y fui a divertirme."

Sam miró a su hermano como diciendo ¿crees que soy idiota?

"No me crees." Dijo Dean rendido.

"Ni una palabra."

Se produjo un silencio incómodo entre los hermanos, interrumpido sólo por el movimiento de Sam que estaba poniendo algunos puntos en la herida.

"Lo siento, Sammy." Dean lucía verdaderamente arrepentido y Sam olvidó por completo los reproches que le iba a hacer por no haberle dicho que se estaba sintiendo mal.

"Está bien, Dean. También es mi culpa."

"Prometí que no me rendiría. Y no lo haré. Es sólo que el tumor no ha disminuido y… Lo intenté, Sammy. Lamento haber fallado." Por favor, no te vayas. No quiero morir solo.

¿Dean en verdad se estaba disculpando porque el tratamiento no había funcionado? Sólo a él se le puede ocurrir que eso es su culpa. Pensó Sam.

"Dean, qué dices, no es tu culpa. Pensé que te estabas disculpando por haberme ocultado los efectos secundarios."

"¿Qué? No, no, eso, eso no tiene importancia. Tú lo dijiste. He tenido peores. Puedo aguantar." Dijo Dean como un niño que trata de convencer a su madre de que no lo castigue porque se portará bien.

"Dean, escucha, no tienes que hacer nada que no quieras. Cumpliste tu promesa. Soportaste todas esas sesiones sin quejarte ni una sola vez. Haz hecho más de lo que cualquiera hubiera hecho y no es tu culpa si el tratamiento no funcionó como esperábamos. Si alguien debe disculparse, soy yo."

"No Sam…"

"Déjame terminar." Interrumpió Sam dispuesto a aclarar todo con su hermano. "Prometí que estaría contigo en cada paso de la terapia y te dejé por una semana entera. Estuve tan ocupado investigando que no noté que te estabas sintiendo mal. Si alguien debe estarse disculpando soy yo y sólo yo."

"Lo hiciste sólo para salvarme, Sammy." Dean miró a su hermano a los ojos y le mostró que era totalmente sincero con él. No había ningún reproche de su parte.

"Y te voy a salvar."

"Sam…"

"Encontré una solución. Lo hice. Ahí estuve esta semana. Es un curandero indio. No te llamé ayer ni hoy porque antes de partir este curandero dijo que debía ver dentro de mi alma para saber si era digno de su ayuda. Lo que yo no sabía es que esa inspección de mi alma me iba a dejar inconsciente por casi dos días. Por eso no llamé. Pero ahora estoy aquí y te voy a llevar con él. Creo que puede curarte. En verdad lo creo. Y sin tratos con demonios ni magia negra. Es lo que buscábamos, Dean. Es la solución:" Dijo Sam emocionado como si acabara de descubrir que la tierra es redonda.

"¿Estás seguro?" A Dean le costaba creer que hubiera un final feliz para él. Esas cosas simplemente no pasaban para los Winchester.

"Ven conmigo. No haremos nada que no quieras. Pero no te llevaría con ese curandero si no creyera que es real."

La sonrisa en el rostro de su hermano era todo lo que Dean necesitaba para convencerse. Si hacía feliz a Sam yendo a ver a ese hombre entonces es exactamente lo que él haría.

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Los muchachos habían partido muy temprano el siguiente día tras haber informado en la clínica que abandonaban el tratamiento. El doctor les había deseado buena suerte y al despedirse de Sam lo había llevarlo aparte y con una mirada de compasión había dicho:

"Usted y su hermano son muy unidos, lo puedo ver. Lamento no haber podido ayudar más pero sólo podría decirle que pase el mayor tiempo posible con él. En estos casos, el apoyo de la familia es lo mejor para el paciente."

Sam sólo había asentido y se había alejado a alcanzar a su hermano. Era la segunda vez que una persona le recomendaba "pasar tiempo" con su hermano. Era como si le dijeran: Tu hermano va a morir pronto, aprovecha los pocos días que te quedan con él. Pero Sam no quería simplemente disfrutar esos últimos días con su hermano. Sam iba a salvarlo. No sabía cómo pero iba a hacerlo. Y ahora, ambos se dirigían a esa esperanza a la que Sam se aferraba con toda su alma.

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Tras viajar todo el día Sam había querido hacer una parada en un motel para que su hermano pudiera descansar. Habían tenido que detenerse dos veces en el camino para que Dean vomitara y Sam podía ver que el viaje era demasiado para él. Por supuesto, Dean nunca admitiría que estaba a punto de morir del dolor.

"La casa del leñador. Parece un buen motel. Aquí podremos descansar." Anunció Sam estacionándose frente a un motel que lucía como una cabaña.

"Dijiste que querías llegar cuanto antes." Dijo Dean recordando que Sam quería viajar sin detenerse.

"No quiero quedarme dormido al volante, será mejor que duerma un poco." Respondió el menor de los Winchester sabiendo que Dean no discutiría más si se trataba del descanso de Sam en vez del suyo propio.

"Yo podría conducir." Se aventuró a decir Dean tímidamente.

"Sí, claro, y terminaríamos estrellados a un lado del camino cuando tuvieras ganas de vomitar." Respondió Sam bromeando. Pronto el silencio de su hermano le mostró que él no lo había tomado en broma. "Hey, hombre, lo siento, no quise decir eso." Se disculpó inmediatamente.

"No tienes por qué. Es sólo que… hace tanto tiempo que no manejo a mi bebé. Siento que he perdido… mi independencia… mi libertad… Ya no tengo control sobre nada soy sólo… un títere de esta maldito tumor."

Sam no podía creer que su hermano se estuviera abriendo frente a él. Deben ser los medicamentos. ¿O será el tumor El doctor le había dicho a Sam que conforme el tumor fuera creciendo Dean podría empezar a actuar de formas totalmente distintas a como solía hacerlo. Podía incluso tornarse agresivo. Sam prefirió pensar que eran los medicamentos. No quería creer que hubiera llegado el momento en que Dean empezara a dejar de ser Dean y se convirtiera en un extraño. Son los medicamentos. Los medicamentos. Se repitió Sam.

"¿No vas a decir nada?" Preguntó Dean extrañado del silencio de su hermano.

"Si quieres puedes manejar." Respondió Sam sonriendo. Sabía que era una respuesta tonta. Aquí estaba Dean tratando de encontrar apoyo y consuelo en él y lo único que se le ocurría era dejarlo manejar. Eres un idiota. Se dijo a sí mismo.

"Eres un idiota." Hizo eco Dean.

Sam miró a su hermano y vio la sonrisa asomándose a sus labios. Entonces supo que aunque la situación no era la mejor, por lo menos la tensión se había disipado del aire.

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Dean no había vuelto a hablar de sus sentimientos pero Sam podía sentir que seguía muy deprimido. Si las cosas no se arreglaban pronto iba a tener que conversar con su hermano muy seriamente. Ahora se encontraban frente a la casa de Lobo Veloz, el curandero al que Sam había visitado anteriormente.

"Lobo Veloz, este es mi hermano Dean. Dean, él es Lobo Veloz." El que va a salvarte.

Lobo Veloz tomó la mano que Dean le tendía sin decir palabra, luego se alejó lentamente y entró a su pequeña cabaña dejando a los hermanos solos.

"¿Qué fue todo eso?" Preguntó Sam curioso.

"No lo sé, Sam. Él sólo me miró y yo lo miré, supongo que estaba leyendo mi alma o algo así." Contestó Dean en tono burlón. Un momento después Lobo Veloz salió de su cabaña.

"Síganme." Les dijo y empezó a caminar hacia la parte trasera de su casa. Los hermanos lo siguieron en silencio. Atrás había un tipi donde entraron siguiendo a Lobo Veloz y una vez dentro éste les indicó que se sentaran en el piso de la tienda.

"Aquí es donde pasé casi dos días." Susurró Sam a su hermano. "Ten cuidado con lo que te dé para tomar."

Como si fuera una respuesta a su advertencia, Lobo Veloz les alcanzó a ambos un té.

"Tomen." Ordenó.

"¿Para qué es esto?" Preguntó Dean.

"No puedo ayudar si no se ayudan primero." Respondió Lobo Veloz sentándose frente a ellos.

"¿Nos dejará inconscientes? Y si es así, ¿por cuánto tiempo?" Preguntó Sam preocupado.

"Los dejará inconscientes. Cuánto tiempo. No lo sé. Depende de cuánto les tome hacer las paces."

"Pero no estamos peleados." Dijo Sam.

"Tomen." Volvió a ordenar Lobo Veloz.

"Tu amigo no se anda con rodeos." Dijo Dean. "Lo siento Lobo Feroz pero no voy a tomar eso… lo que sea que sea." Prosiguió señalando el té que tenía en la mano.

El silenció se apoderó de la tienda. Lobo Veloz y Dean parecían estar en una guerra de miradas mientras Sam observaba incómodo. Parecía que se podía cortar el aire con un cuchillo. Sam no soportó más e interrumpió la escena.

"Sólo tómate el té, Dean."

"Huele a rayos. No voy a tomar nada hasta no saber qué es."

Lobo Veloz se levantó y se dirigió a la entrada. Sin voltear dijo antes de salir: "Beban el té. Es el primer paso." Sin más, salió y dejó a los Winchester solos.

"Es nuestra oportunidad. Vámonos." Dijo Dean levantándose.

"Dean, sólo inténtalo. Si él dice que es el primer paso entonces así es. Sólo tienes que beberlo."

"Regla número uno, Sam. No bebas nada que te ofrezca alguien en quien no confíes."

"Confío en él, Dean. Estuve inconsciente aquí y no me hizo daño." Sam miró a su hermano con ojos suplicantes. Sabía que no podría negarse ante esa mirada.

"De acuerdo." Refunfuñó Dean. "Pero si despertamos con un riñón menos te culparé por eso." Agregó tratando de parecer molesto.

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"¿Dónde estamos?" Preguntó Sam mirando a su alrededor. Parecía un desierto pero los colores no estaban bien. Era como si el contraste de la televisión estuviera muy bajo.

"¿Crees que nos haya dado esa raíz que te permitía entrar en los sueños de otra persona?" Dean sólo podía ver arena y más arena y aunque se podía ver el sol en el cielo no se sentía su calor.

"No lo creo. Por lo menos puedo asegurarte que esta no es mi cabeza."

"No me mires a mí, no me gusta el desierto." Se apresuró a decir Dean.

"Bueno, supongo que tendremos que esperar."

"¿Esperar qué?" Dijo Dean empezando a exasperarse. En ese momento, frente a ellos apareció el cuarto de un motel. El desierto aún estaba atrás pero era como estar viendo el set de una película y cuando los hermanos quisieron voltear a mirarse y comentar sobre lo sucedido, se vieron incapaces de hacerlo. No podían moverse o hablar, sólo mirar. Era un recuerdo. Un recuerdo de Dean.

Dean estaba sentado en una habitación de uno más de los moteles donde siempre solían hospedarse. Parecía preocupado. Fue cuando apareció Castiel.

"¿Qué haces aquí?" Dijo Dean incorporándose. "¿Es la hora?"

"No. Aún no. Pero hay algo importante que debo mostrarte." Respondió el ángel.

En un abrir y cerrar de ojos se encontraron a las afueras de un granero. Dean miró a su alrededor. Había 5 o 6 personas muertas. Hombres y mujeres.

"¿Demonios?" Preguntó extrañado al no ver sangre. "No es su método habitual pero supongo que también es efectivo."

"No. Fue Sam."

"¿Me estás diciendo que Sam los mató? Deben haber estado poseídos y para cuando los exorcizó las personas ya estaban muertas." Agregó Dean confiado.

"Sam rompió su promesa. Ha estado bebiendo sangre de demonio."

"No, no. Hace meses que no lo hace. Estoy seguro."

"¿Cómo puedes estar tan seguro? Ni siquiera sabes dónde está ahora mismo." Afirmó el ángel.

Dean no supo qué responder. Era cierto. Había despertado y había encontrado a Sam desaparecido.

"Está bien, está bien. Quizá es cierto. Quizá Sam está matando demonios con su mente otra vez pero no mataría a personas inocentes." Esta vez Dean sonaba firme y hasta amenazador. No iba a aceptar que calumniaran a su hermano.

Castiel sólo lo miró y en un segundo estuvieron junto a una de las puertas del granero desde donde podían observar el interior sin ser detectados.

Lo que Dean vio le puso los pelos de punta. Ahí estaba Sam. Sammy. Con Ruby. Había un muchacho frente a él. Estaba poseído. Sam tenía la mano extendida y parecía entretenerse torturando al demonio. Era como si lo estuviera apretando hasta el punto de no poder ni siquiera gritar. Luego lo dejó un segundo para que se recuperara y entonces volvió a apretar. Dean dio un paso adelante para entrar pero Castiel lo detuvo. Dean siguió mirando sintiéndose totalmente impotente.

Después de unos minutos empezó a salir sangre de los oídos, los ojos y la boca del muchacho. Sin duda éste ya había muerto. El demonio aún resistía. Un par de minutos más y el demonio tampoco pudo soportar más.

"Quiero oírte gritar." Dijo Sam. Con un ligero movimiento de su mano pareció darle esa libertad al demonio y éste lanzó un grito desgarrador. "Música para mis oídos." Continuó, con una sonrisa fría en los labios. Un segundo después el demonio murió y sólo entonces Sam dejó caer el cuerpo.

"Vámonos." Le dijo a Ruby.

Ésta lo tomó del brazo y ambos desaparecieron. Dean entró al granero y se arrodilló frente al cuerpo del muchacho para buscar pulso. Era inútil. Estaba muerto.

"No debe tener más de 18 años." Dijo Dean con el corazón destrozado.

"Diecisiete." Respondió Castiel.

"¿Por qué no lo salvaste? ¡¿Por qué dejaste que Sam lo matara?!"

"Si no lo hubieras visto con tus propios ojos no me habrías creído."

Dean se quedó en silencio aún arrodillado junto al cuerpo. No sabía qué hacer. Cómo salvar a su hermano.

"Sam debe morir. Ha llegado demasiado lejos."

"No. No. Aún puedo ayudarlo. Sólo denme tiempo."

"Te lo dimos y ya ves que no sólo ha recaído sino que ahora es peor. Se ha entregado por completo al mal."

"No dejaré que mates a mi hermano, Castiel."

"No soy yo quien va a matarlo." Aseguró el ángel."Alguno de mis hermanos lo hará."

"Diles que no lo hagan."

"No puedo. Son órdenes directas. Sam Winchester debe morir."

Dean sabía que era inútil discutir con el ángel. Aún si lograba convencerlo no serviría de nada. Algún otro ángel lo mataría.

"Lo he dado todo por esta causa. Sólo pido una cosa. La vida de mi hermano." Dijo Dean con lágrimas en los ojos.

"Sabía que dirías eso y quise ayudarte." Respondió Castiel con lo que podría llamarse una ligera sonrisa. "Pedí que se te diera a ti la oportunidad de matar a Sam. No será ningún ángel quien lo haga. Serás tú."

"¡¿Le llamas a eso ayudar?!" Gritó Dean enfurecido.

"Aún no has escuchado todo. No podrás salvar el cuerpo de tu hermano, pero puedes salvar su alma. Te aseguro que si Sam muere ahora irá directo al infierno. Pero si haces lo que te digo, limpiarás sus actos pasados y purificarás su alma. Un alma pura no puede ir al infierno."

Si Dean no conociera mejor a Castiel diría que estaba ¿emocionado?

"Te daré la Espada de Sangre. Debes mojar su punta en tu propia sangre y luego atravesar con ella el corazón de tu hermano. Sólo así podrás salvarlo. Debes hacerlo tú porque eres su sangre. Sólo entonces, Sam se librará del infierno."

¿Espada de Sangre? Sólo a los ángeles se les podría ocurrir poner nombres tan ridículos. Pensó Dean. Pero matar a su hermano con sus propia manos… Era demasiado.

"No puedo hacerlo." Dijo Dean con voz entrecortada.

"Las órdenes están dadas. Las cumples tú o las cumplirá alguien más. Tú decides."

Dean sabía que los ángeles hablaban en serio esta vez. No había otra salida.

"De acuerdo. Lo haré."

"Debes jurarlo, y debes entender que una vez que juras cumplir una orden es un mandato sagrado que no debe romperse. Hacerlo sería considerado Alta Traición y las consecuencias serían fatales."

"¡Dije que lo haré y lo haré! Lo juro." Respondió Dean casi gritando.

"Lleva a Sam a la cabaña del lago. Dejaré la espada ahí para ti." Tras decir eso Castiel simplemente desapareció.

Dean, viéndose solo, cayó de rodillas y empezó a llorar. Lo que iba a hacer no se lo perdonaría nunca, pero sería peor si no lo hacía.

Los hermanos habían no sólo visto toda la escena sino que la habían vivido. Para Dean era la segunda vez pero era algo nuevo para Sam. Recién cuanto todo terminó la imagen de Dean en el granero se desvaneció y ambos pudieron moverse.

"Eso fue increíble." Dijo Sam conmocionado.

"No debí tomar el té." Contestó Dean dándole la espalda a su hermano.

"Escucha, sé que quizá sientes que he invadido tu privacidad pero debe haber una razón para que Lobo Veloz hiciera esto."

"¿Aparte de jugar con mi cabeza? No lo creo." Contestó Dean aún enfadado.

"Dijo que debíamos hacer las paces o algo así ¿verdad? Entonces, yo empiezo. Aunque creo que ya hemos tenido esta conversación antes, pero si debo volver a decirlo lo haré. Aquí va. Rompí mi promesa. Burlé tu confianza. Me dejé convencer por Ruby y caí en la adicción otra vez y cada día que pasaba me sentía más miserable y a la vez más lejos de volver atrás. Hice cosas horribles, maté a esas personas y no sentí ningún remordimiento en el momento porque…"

"Sam. Ya basta. Ya he oído ese discurso."

"Lo sé, pero quizá debemos hablar de eso otra vez. Lobo Veloz dijo…"

"No me importa lo que haya dicho Lobo Feroz."

"Lobo Veloz." Corrigió Sam.

"Como sea. Creo. Creo que sé por qué vimos ese recuerdo en tal alta definición. No se trata de que tú me pidas perdón a mí, sino todo lo contrario. Soy yo quien debe disculparse."

"Pero por qué. Tú me salvaste."

"No. Sam. Tú te salvaste solo. Yo iba a matarte, ¿entiendes? ¡Estuve así de matarte!" Dijo Dean cada vez más alterado y señalando con sus dedos lo cerca que había estado de cumplir la orden. "Cuando dirigí la espada hacia ti iba directo al corazón. Iba a hacerlo. Te juro que iba a hacerlo." Dean tenía lágrimas en los ojos. Sam no había visto a su hermano tan arrepentido. "Cuando vi tus ojos y por un segundo vi al Sam que yo conocía, pensé en darte otra oportunidad, darte el beneficio de la duda. Pero al último momento volví a cambiar de opinión y creí que debía seguir con mis órdenes. Iba a matarte, Sammy. Te salvaste sólo porque mis manos no obedecieron esa última orden de mi cerebro y cuando te clavé la espada no lo hice directo en tu corazón, pero si me hubiera tomado un poco más de tiempo te habría matado. ¿Te das cuenta de que todo habría terminado para ti? ¿Te das cuenta de lo que iba a hacer?"

"Me salvaste, Dean." Dijo Sam lentamente.

"Iba a matarte. Iba a matar a mi propio hermano."

Sam no pudo quedarse sin hacer nada. Dean estaba sufriendo demasiado así que se acercó a él y lo abrazó. Dean se resistió al principio pero Sam no lo dejó ir y finalmente Dean también lo abrazó de vuelta y ambos permanecieron así unos segundos. Era su forma de decir. Perdón. Y, Te Perdono.

Finalmente, Dean rompió el abrazo y mirando al piso se limpió la garganta, incómodo. Sam leyó sus pensamientos.

"Esta es una de las cosas de las que nunca más hablaremos ¿verdad?" Preguntó el menor de los Winchester.

"Cuenta con eso."

Los hermanos se miraron sonriendo. Dean sentía que le habían quitado un peso de encima.

"¿Sabes qué creo? Creo que el Lobo Feroz sabía que no podría curar mi cuerpo si no curaba primero mi alma, o algo así. Ya sabes. Toda esa tontería de perdonarse a sí mismo y hallar la paz mental."

"¿Y la hallaste? ¿Paz mental?"

"Siempre dicen que lo más difícil es perdonarse a uno mismo. Quizá tú puedas perdonarme por estar a punto de matarte pero yo no creo que pueda perdonarme tan fácilmente."

"Pues deberías. Todo lo que hiciste lo hiciste por amor…."

"No, Sammy, por favor, no me vengas con diálogos de telenovela…" Interrumpió Dean.

"No es ningún diálogo de…"

"Has estado viendo novelas últimamente, ¿verdad?"

"Claro que no. No."

Ambos rieron juntos esta vez. Quizá Lobo Veloz sí sabía lo que hacía después de todo.

"Ahora sí, hablando en serio…" Trató de continuar Sam.

"No, no…"

"Dean, ¿podías callarte por un segundo? Sólo lo diré una vez y luego puedes fingir que nunca lo oíste ¿de acuerdo?" Sam esperó que su hermano replicara pero éste se quedó callado aparentemente resignado a escucharlo. "Lo que quería que supieras es que no te culpo por nada. No creo que nadie pudiera culparte por tratar de salvarme. Yo estaba fuera de control y mat… y lo que ibas a hacer era la única solución." Sam se detuvo un momento para asegurarse que sus palabras estuvieran llegando a su hermano. "Aún así, Dean. Aún así encontraste la forma de salvarme y es algo que nunca olvidaré. Quizá te tome tiempo pero espero que algún día puedas verte a ti mismo como yo te veo. Un héroe."

"¿Esta es la parte donde nos abrazamos y bailamos una balada?" Preguntó Dean extendiendo los brazos.

"Imbécil." Dijo Sam.

"Perra." Respondió Dean, como siempre.

No era necesario decir más. Dean sabía que no sería instantáneo pero las palabras de su hermano lo habían ayudado a dar ese primer paso de perdonarse a sí mismo.

"¿Crees que ahora sí despertemos? No creo que haya nada más recuerdos que husmear." Dijo Dean.

Cuando Sam se disponía a responderle empezó a formarse una nueva imagen frente a ellos. Era una casa abandonada y la silueta de Sam parado en medio de ella empezó a aparecer.

"Ese recuerdo no es mío. ¿Es tuyo?" Preguntó Dean.

Maldición. Lobo Veloz no cree que Dean sea el único que tiene secretos, ahora va a mostrar el mío. Pensó Sam mientras quedaban inmóviles e incapaces de hablar una vez más. Maldición, maldición, maldición. Esto es algo que nunca habría querido que Dean supiera.

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Bueno, espero que les haya gustado lo suficiente como para dejar un review. Porfis (carita de perrito abandonado). El próximo capítulo descubriremos qué pasó con Ruby y sabremos por fin si Lobo Veloz puede salvar a Dean o no. Cuídense :)