Gracias especiales a Aokimari (espero que tengas tiempo de leer este capítulo antes de que suba el próximo, jeje), Schmetterling1218 (me alegra que esto también te haga reir), Sandra (yo también detesto a Ruby), Saraackles (espero que te parezca bien el recuerdo de Sam), j2sS (gracias por los ánimos, espero que te siga gustando la historia), Jadekalan(estás disculpada por no haber dejado comentarios antes, jeje, gracias por animarte a dejar un review) y Solmarie The Dark Angel (pues sí, Dean anda un poco cambiado, es que ahora sí está convencido de que es su final)

Espero les guste el capítulo y a todos los que lo lean, anímense, déjenme un review para saber qué opinan :)

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Maldición. Lobo Veloz no cree que Dean sea el único que tiene secretos, ahora va a mostrar el mío. Pensó Sam mientras quedaban inmóviles e incapaces de hablar una vez más. Maldición, maldición, maldición. Esto es algo que nunca habría querido que Dean supiera.

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Sam estaba parado apoyado en una mesa polvorienta que se encontraba en lo que algún día fue la pieza principal de una gran casa. Estaba esperando a alguien. La puerta se abrió y Ruby entró lentamente dirigiéndose directamente hacia él.

"Eso fue rápido." Dijo Sam.

"Cuando se tienen los contactos adecuados, todo es posible." Respondió Ruby sonriendo.

"¿Dónde?" Preguntó Sam sin querer alargar la conversación.

"Un pequeño pueblo, cerca al gran cañón, por si después te interesa un poco de turismo."

"No es momento para bromas, Ruby." Interrumpió Sam, molesto. "Esto es serio."

"Tienes razón, lo siento, no pude evitarlo." Agregó Ruby. "Tienes que admitir que esto es muy irónico. Después de tanto tiempo tratando de destruir a los hermanos Winchester… y ahora ustedes se quieren destruir mutuamente."

"Sólo llévame, ¿de acuerdo?" Volvió a interrumpir Sam apurado por salir de ahí.

"Yo puedo hacerlo por ti. No tienes que estar ahí." Ofreció Ruby preocupada, o por lo menos, esa impresión trataba de dar.

"No. Él iba a hacerlo personalmente. Lo menos que le debo es hacerlo personalmente yo también." Sam sonaba firme y decidido.

"¿Estás seguro que podrás hacerlo? Estamos hablando de tu hermano, Sam. No es alguien que esté poseído ni es un asesino. Es tu hermano, y no sé si a la hora de la hora serás capaz de…" Ruby se detuvo buscando una palabra apropiada.

"¿Matarlo? Eso es lo que quieres decir, puedes decirlo. Aquí estoy, con un demonio, dirigiéndome a matar, no, mejor aún, ASESINAR a mi hermano." Esta vez Sam sonaba furioso y Ruby no estaba segura hacia quién iba dirigida esa ira.

"Yo puedo hacerlo." Insistió Ruby.

"No te voy a dar ese gusto." Dijo Sam aún molesto.

"Hey, hey, no la tomes contra mí. No te estoy poniendo una pistola en la cabeza para que lo hagas. Es TU decisión. Si quieres echarte para atrás, no me opondré." Se defendió Ruby.

"¿Sabes qué es algo que detesto? Que me mientan."

"¿Qué insinúas, Sam? ¿Acaso te he mentido?"

"Lo haces ahora al pretender condolerte por lo que voy a hacer. Sólo admítelo. Admite que te causa el mayor placer que tenga que matar a mi propio hermano. Dean nunca te cayó bien, porque siempre vio a través de ti. Así que sólo admítelo. ¡Hazlo! ¡Di que te hace feliz su muerte!" Sam estaba gritando y lucía tan enfadado que Ruby por un momento temió por su propia vida.

"¿Sabes qué? Olvídalo. Olvida a tu hermano y sigamos tras Lilith. Es obvio que no serás capaz de… matarlo." Añadió Ruby tras una pausa.

"No me trates como un niño. Haré lo que tenga que hacer para acabar con Lilith." Sam le dio la espalda a Ruby y se cubrió el rostro con una mano sintiendo el enorme peso de la decisión que había tomado. "La profecía de Chuck dice que Dean me impedirá acabar con Lilith y eso significa que se desatará el Apocalipsis. Si Dean no está presente entonces podré detener a Lilith."

"Por eso debes matarlo." Esta vez Ruby sonreía libremente pues Sam no estaba viéndola.

"Sólo lo haré porque sé que no irá al infierno. Y si existe el cielo entonces es ahí adónde irá. Mejor allá que acá."

"Entonces, ¿lo harás?"

"Es la única forma ¿verdad?" Esta vez Sam no sonaba tan convencido, parecía estar buscando seguridad en Ruby.

"Tú mismo leíste el libro que le robé a Chuck. Sabes que sus profecías se cumplen, a menos claro que te esfuerces mucho en evitarlas."

"Y en cuanto al infierno. ¿Estás cien por ciento segura de que Dean no regresará allá?"

"Escuché a la misma Lilith prohibiéndole a sus tropas que lo mataran. Dijo que no quería darle el placer de librarse del infierno."

"Y es sólo por eso que tomé esta decisión. Dean no parará hasta detenerme. No entiende que soy el único que puede evitar el Apocalipsis. Ya intentó matarme una vez y quién sabe si volverá a hacerlo." Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto. Las palabras de su hermano aún resonaban en los oídos de Sam. "Salvaré al mundo aunque mi alma se pierda."

"Entonces, vamos." Ruby se dio la vuelta y se dirigió a la puerta, Sam la siguió. Un minuto después Sam regresó corriendo a la habitación. Ruby había olvidado su casaca y Sam regresaba por ella. Al levantarla un papel cayó de uno de los bolsillos. Sam lo recogió y con curiosidad abrió la hoja de papel leyendo su contenido. Su rostro se ensombreció.

"¿Sam?" Dijo Ruby volviendo a entrar a la habitación. Cuando vio el papel en las manos de Sam dio un paso hacia atrás pero no pudo dar otro pues éste levantó la mano y la inmovilizó. "Sam, puedo explicarlo."

"No tienes nada que explicar. Entiendo perfectamente." La voz de Sam sonaba peligrosa. "Sólo quiero saber. ¿Falsificaste las hojas que me entregaste sobre las profecías de Chuck o sólo arrancaste estas páginas para evitar que leyera sobre tus mentiras?"

"Sam, lo hice por tu bien. Por el bien de todos."

"¡¿Por mi bien?! ¡Me convenciste de matar a mi hermano por mi bien! Dijiste que… dijiste que era la única forma de que Dean no me impidiera parar a Lilith."

"¡Yo nunca dije eso!"

"No lo dijiste pero supiste plantar la idea muy bien en mi cabeza. Y luego… también eso era mentira ¿verdad? La SUPUESTA conversación entre Lilith y esos demonios prohibiéndoles que mataran a Dean. Sabías que no asesinaría a mi hermano así que me hiciste creer que le estaba haciendo un favor, que iría al cielo o a cualquier otro lugar mejor. ¡Me dejé engañar como un imbécil pero eso termina hoy!"

Sam empezó a expulsar al demonio del cuerpo de la joven que Ruby había estado usando todo ese tiempo.

"Sam. No lo hagas. Te arrepentirás." Llegó a decir Ruby con dificultad.


"No más de lo que me arrepiento por haber confiado en ti. Me separaste de la única persona en quien podía confiar a ojos cerrados. Pero aún puedo rectificar mis errores. Y voy a empezar deshaciéndome de ti." Sam no esperó más y terminó de enviar a Ruby al infierno. No había sido capaz de matarla. Después de todo, ella le había salvado la vida en más de una ocasión así que esa fue su forma de pagarle el favor.

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La imagen empezó a disiparse y los hermanos otra vez recuperaron movimiento. Sam nunca le había contado a Dean esa historia y no sabía cómo reaccionaría. Al terminar el recuerdo Sam buscó ver alguna señal en el rostro de su hermano que le indicara qué esperar de él pero Dean no mostraba nada.

"¿Quisiste matarme?" Preguntó Dean finalmente mirando a su hermano.

"Dean. Lo siento. Es algo de lo que no estoy orgulloso. Yo… mira, sé que no tengo excusa pero si sirve de algo acababa de huir de ti y Castiel; y había tomado mucha sangre de demonio así que no estaba en mis cinco sentidos."

"¡Claro que no lo estabas, ibas a matarme!" Dijo Dean sorprendido.

"Lo sé, fui un idiota. Ruby me mostró unas hojas que había arrancado del diario de Chuck donde decía que yo iba a estar a punto de destruir a Lilith y que tú me ibas a detener en tu afán de salvarme. Ruby y yo discutimos al respecto sobre cómo impedir que eso pasara y la única solución era que tú no estuvieras en este mismo planeta. Ni siquiera consideré esa posibilidad hasta que Ruby me dijo sobre la conversación que había oído entre Lilith y esos demonios, sobre no matarte porque no irías al infierno. Sólo entonces empecé a considerar el matarte como una opción. Creía que no sería tan malo, te enviaría al cielo ¿verdad?"

"No creo que haya un cielo para mí, Sammy." Respondió Dean más dolido que enfadado.

"Es lo menos que mereces, Dean." Sam hizo una pausa, no sabía cómo expresarle a su hermano lo arrepentido que estaba. "Lo cierto es, que nunca quise que supieras sobre eso. Creo que hasta traté de convencerme de que nunca había pasado. Que todo había sido una pesadilla." Sam entonces miró a su hermano con esos ojos de cachorro abandonado que nadie podía resistir. "Lo siento mucho, Dean. En verdad lo siento. Eres mi hermano y haría lo que sea por ti, siento haberme dejado llevar tan lejos y siento…"

"Estamos a mano, Sam." Interrumpió Dean. "Yo iba a matarte y tú ibas a matarte. Es justo."

"No, no lo es. Tú lo hacías para salvarme, yo lo hacía…"

"Para salvar al mundo. Estabas cien por ciento convencido de que era lo correcto y no puedo culparte por ello."

"Pero claro que soy culpable."

"Tanto como yo, en todo caso. Yo me dejé convencer por un ángel y tú te dejaste convencer por un demonio pero el caso es que al final ambos íbamos a destruirnos mutuamente. El resultado sería el mismo."

Sam miró a su hermano para convencerse de que era cierto, que Dean no lo culpaba. No podía creer que Dean no estuviera golpeándolo y gritándole en ese momento.

"No puedo creer que me perdones. Yo no puedo hacerlo."

"¿Sabes lo que realmente importa? Que no lo hiciste. Tomaste la decisión correcta. Y eso te convierte en un héroe." Dean golpeó suavemente el hombro de su hermano.

"¿Héroe? ¿A quién salvé?" Respondió Sam sonriendo.

"A mí. Estoy seguro que Ruby me habría matado. Tú lo evitaste."

"Sólo lo dices para que me sienta mejor."

"No esperes más de mí, Sammy. No voy a abrazarte otra vez." Dijo Dean bromeando.

"Gracias, Dean." Sam se sentía aliviado de que su hermano no lo culpara a pesar de conocer lo que había pasado esa noche.

"Entonces, ¿crees que despertemos por fin o hay algún otro sucio secretito que Lobo Feroz quiera mostrarnos?" Preguntó Dean.

"Lobo Veloz." Corrigió Sam sabiendo que era inútil. "Y por lo menos por mi parte no hay más secretos." Esta vez era cierto y Sam podía respirar mejor con ese convencimiento.

Dean iba a añadir algo más cuando el desierto empezó a desaparecer y al abrir los ojos nuevamente se encontraron en el piso de la tienda. Acababan de despertar.

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Tan pronto habían despertado Lobo Veloz los había guiado de regreso a su cabaña. Había anochecido y les indicó pasar la noche ahí mientras él regresaba a su tienda y consultaba a los espíritus sobre el siguiente paso. Los hermanos se encontraban solos en la única pieza de la cabaña discutiendo sobre quién debía dormir en la cama y quién en el sofá. Por supuesto que Sam quería que Dean tomara la cama pero éste se había empecinado en que su hermano durmiera en ella.

"Dean, sé razonable, necesitas descansar y dudo que puedas hacerlo en este duro sofá."

"Tú sé razonable. El sofá es muy pequeño para ti. También para mí pero la diferencia es menor. Tú toma la cama." Insistía Dean.

"¿Y si los dos tomamos la cama?"

"Sí, claro. Prefiero el sofá antes que sufrir tus manotazos toda la noche." Respondió Dean con sarcasmo.

"De acuerdo, haremos esto. Tú duermes en la cama y yo hago guardia. Unas horas después te despierto y…"

"Te conozco, Sam. No me vas a despertar." Dean sabía que era muy infantil de su parte tener esta discusión con su hermano. Además, se encontraba tan agotado que a él mismo le sorprendía que tuviera fuerzas para continuar conversando; sin embargo, no quería ser tratado como el enfermo al que se le dan las mayores comodidades. Él era Dean Winchester, podía dormir donde fuera y como fuera. No necesitaba que lo trataran como a un vaso de cristal, ¿o sí?

"Te prometo que te despertaré." Insistió Sam.

"No hagas promesas que no vas a cum… ¡Maldición!" Dean se tomó la cabeza con ambas manos y se arrodilló en el piso haciéndose en un ovillo. Sam corrió a su lado.

"Hey, Dean, háblame." Dijo Sam mientras buscaba el rostro de su hermano que éste tenía contra el piso.

"Pastillas." Fue lo único que el mayor de los Winchester atinó a decir. A Sam pareció tomarle un momento recordar dónde estaban y tan pronto lo hizo corrió hacia el auto en busca de éstas. Cuando regresó a la habitación unos segundos después, Dean estaba en el baño vomitando hasta el alma. Sam sólo se acercó a él y puso una mano reconfortante en su hombro esperando a que su hermano terminara.

"¿El dolor sigue igual?" Se atrevió a preguntar cuando pareció que Dean no tenía más que expulsar.

"Sí." Respondió Dean con los ojos cerrados y tratando de recuperar el aliento.

"Aquí están tus pastillas. Tómalas con sólo un sorbo de agua. Hay que evitar que las vomites."

"Sólo dame un segundo." Dean seguía sentado en el piso con la cabeza inclinada y una mano cubriendo su rostro. Sam no sabía cómo ayudarlo.

Si pudiera tomar un poco de tu dolor. Pensó.

Dean extendió la mano y recibió la botella de agua y las pastillas que le alcanzó su hermano. Una vez que se las arregló para pasarlas trató de incorporarse.

"Yo te ayudo." Dijo Sam tomando prácticamente todo el peso de su hermano. Una vez que lo hubo guiado hasta la cama, donde Dean se echó sin protestar, Sam lo cubrió con la manta y se dirigió a apagar la luz. Sabía que la luz empeoraba los dolores de cabeza de su hermano.

"Sam." Dijo Dean aún con los ojos cerrados. "Gracias."

Fue todo lo que dijo y fue todo lo que Sam necesitaba escuchar. Ángeles y Demonios habían tratado de separarlos y enfrentarlos pero no lo habían logrado, y Sam no sabía si reír o llorar al darse cuenta de que tras haber salido victoriosos contra seres tan poderosos podían ser vencidos por un estúpido tumor cerebral.

Lobo Veloz nos ayudará. Pensó Sam. Tiene que hacerlo.

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Sam conducía el Impala a gran velocidad mientras su hermano descansaba en el asiento junto a él. Este era un mal día para Dean. Ni siquiera las pastillas lograban calmar los dolores de cabeza y las náuseas habían empeorado. Para Sam era como si Dean hubiera envejecido en una noche. Su rostro estaba pálido y grandes ojeras adornaban sus ojos. Esa imagen sumada a las palabras de Lobo Veloz habían terminado por golpear a Sam hasta el punto de que empezaba a convencerse de que no había esperanza para ellos.

No puedo hacer nada. Había dicho el curandero indio al amanecer. Los espíritus dicen que es su destino y no puedo ir contra el destino. Sigan juntos lo que queda de su jornada y esperen el final.

Dean había tenido que detener a Sam que se había lanzado contra Lobo Veloz muy molesto por su respuesta. Éste último se había retirado a su tienda sin decir una palabra más, mientras Dean se llevaba a su furioso hermano hasta el auto.

Sam había subido al asiento del conductor y se había alejado de aquel lugar que le había provocado una de las mayores decepciones de su vida. Pero no había tenido mucho tiempo para estar molesto pues a los pocos minutos se había tenido que detener para auxiliar a su hermano que parecía estar sufriendo una de las mayores crisis hasta el momento.

Tras vomitar y vomitar y vomitar otra vez, el cansancio finalmente había vencido al dolor y Dean se había quedado dormido. Era obvio para Sam que aún en su sueño Dean seguía sufriendo pues veía en su rostro las señales del dolor, pero por lo menos estaba durmiendo un poco y eso le daba tiempo a Sam para pensar en cuál sería su siguiente paso.

Maldición. No debí prometerle a Dean que no haría ningún pacto o que no atraparía a ninguna parca para evitar que él muriera. Sin el curandero no tengo más opciones. Sam había repasado en su mente todo el conocimiento de lo sobrenatural que poseía y no había encontrado nada que pudiera salvar la vida de su hermano. Así que había decidido dirigirse al lugar donde solían ir cada vez que necesitaban ayuda. A casa de Bobby Singer.

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Bobby no había oído nada de los Winchester en casi tres meses. Lo último que había sabido era que Sam se había marchado y que Dean lo estaba buscando pero después de eso, Dean había dejado de llamar y ninguno había contestado sus llamadas así que cuando vio el Impala acercándose a su puerta sintió un gran alivio en el corazón. Por supuesto que planeaba darles una buena reprimenda por haberse desparecido sin avisar, pero luego los abrazaría y perdonaría como solía hacerlo.

Cuando el auto se detuvo y ninguno de los hermanos bajó de éste, Bobby empezó a sospechar que algo andaba mal. No sería la primera vez que los Winchester lo buscaban cuando estaban tan heridos que no podían ni sostener una aguja para curarse mutuamente.

Sam bajó finalmente del auto y corrió hacia la otra puerta para ayudar a su hermano a bajar. Eso le dijo a Bobby todo lo que necesitaba saber. Dean estaba herido. Pero cuando Dean pudo bajar del auto Bobby vio que no parecía tener ninguna herida visible. Su rostro estaba pálido y le costaba moverse. ¿Estaría enfermo?

"Hey, Bobby." Saludó Dean alejándose de su hermano que había tenía una mano protectora en su brazo todo el tiempo.

"Luces más muerte que vivo, muchacho."

"Me siento más muerto que vivo." Respondió Dean sonriendo.

"Pues será mejor que pasen y me cuenten todo." Dijo finalmente Bobby invitándolos a entrar. Aún no le habían contado nada pero el viejo cazador había visto en la mirada de Sam que fuera lo que fuera se trataba de algo grave.

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"¡No te atrevas, Sam! ¡Matarías a tu hermano del dolor y la culpa!"

Bobby y Sam estaban discutiendo afuera mientras Dean descansaba en la habitación de huéspedes que solían ocupar los hermanos cuando estaban en casa de su amigo. Los hermanos se habían disculpado con Bobby y le habían contado a grandes rasgos lo que había pasado en esos últimos meses. Finalmente Sam, ya a solas con Bobby, le había confesado que se había quedado sin opciones y que estaba considerando seriamente buscar algo de magia negra que pudiera darle la oportunidad de salvar a Dean. Por supuesto que Bobby se oponía.

"No lo entiendes, Bobby. Es lo único que nos queda." Trataba de razonar Sam

"Yo aún no he investigado. Quizá pueda encontrar algo."

"Bobby, te aseguro que lo he intentado todo…"

"No me subestimes, muchacho. Tengo más años de experiencia que tú y conozco cosas que no podrías siquiera imaginar." Interrumpió Bobby.

"Sé que quieres ayudar pero…"

"Sólo dame tiempo. Tu hermano aún no ha muerto así que no lo entierres aún." San quería creer las palabras de Bobby pero le costaba hacerlo. No quería volver a ilusionarse y que todo fallara una vez más. "Sam. Los quiero como si fueran mis propios hijos, haré todo lo que esté a mi alcance para salvar a tu hermano. Como te dije. Sólo dame tiempo."

"De acuerdo, Bobby. Esperaré. Pero si Dean empeora…"

"¿Qué vas a hacer Sam? ¿Vender tu alma para salvarlo? ¿No ves que sólo estarías repitiendo la historia?"

"Entonces será mejor que encontremos algo pronto." Y sin decir más, Sam entró a la casa y dejó a su viejo amigo solo, para pensar.

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Habían pasado dos semanas más sin ningún resultado hasta que Bobby por fin había podido contactar a un amigo que le había contado la historia de un viejo cazador que quizá podría ayudarlos. Por supuesto que Sam había partido inmediatamente en su búsqueda dejando a Bobby al cuidado de su hermano.

Dean ya no podía quedarse solo. El tumor parecía seguir creciendo y ahora no sólo los dolores de cabeza habían aumentado sino que su visión había empezado a verse afectada. Su campo visual había disminuido y aunque él no lo había querido admitir, Sam se había dado cuenta después de que su hermano se chocara con las sillas o hiciera caer vasos colocados en la mesa que no había podido ver por estar fuera de su campo visual.

Eran las once de la noche y Dean se había quedado dormido frente a la televisión. Las pastillas que tomaba lo tenían dormido la mayor parte del día y Bobby veía como cada vez desaparecía un poco más de aquel joven fuerte que había conocido como Dean Winchester.

Espero que tu hermano tenga suerte con esta pista. Pensó Bobby. Es lo único que nos queda. Fue en ese preciso momento que sonó el teléfono y Bobby se apresuró a responder. Era Sam.

"¿Está Dean cerca?" Preguntó la voz del menor de los Winchester.

"Está durmiendo. No nos escuchará. Dime que tienes buenas noticias." Preguntó inmediatamente Bobby. Sam no respondió. "¿Sam, sigues ahí?"

"No tengo nada, Bobby." Respondió Sam con voz entrecortada. "El hombre está muerto y no encontré nada que pudiera servirnos." Bobby podía notar que Sam estaba a punto de quebrarse totalmente. Podía imaginarlo conduciendo el Impala con el celular en la mano y luchando por que las lágrimas no empañaran su vista.

"No pierdas la fe, muchacho."

"¿La fe? ¿Qué fe, Bobby? ¿Fe en la bondad del mundo, DEL UNIVERSO? Sólo tengo fe en nosotros mismos y ya ves que no hemos podido lograr nada." No había duda. Sam estaba llorando de rabia y frustración y a Bobby le preocupaba lo que fuera capaz de hacer.

"De acuerdo. Escúchame, Sam. Ven para acá inmediatamente. No te detengas. Cuando llegues hablaremos." Bobby estaba preocupado de que Sam cometiera alguna locura y lo quería en casa lo más pronto posible. Sam no respondía y eso aumentaba la preocupación del viejo cazador. "Sam, ¿escuchaste? Ven directamente para acá. ¿Cuánto tardarás? Sam. ¡Sam!"

"Estoy… estoy a medio día de camino. Pensaba detenerme en un motel…"

"¿Estás muy cansado? Preferiría que vinieras sin detenerte." Bobby no quería que Sam tuviera siquiera la oportunidad de pensar en tonterías.

"No lo sé…"

"¡Trae tu trasero para acá inmediatamente!" Esta vez Bobby no dejaba lugar a dudas de que hablaba en serio.

"De acuerdo." Contestó tristemente Sam.

"Sam." Dijo Bobby antes de que éste colgara. "No bromeaba cuando te pedí que no perdieras la fe. Ya se nos ocurrirá algo."

Bobby colgó el teléfono y suspiró preocupado. Si iba a animar a Sam necesitaba animarse a sí mismo primeramente. Cuando volteó a ver a Dean se sorprendió de ver a éste sentado en el sillón observándolo. Había escuchado todo.

"Necesito pedirte algo, Bobby." Empezó Dean. "Necesito que cuides de Sam cuando yo no esté."

"Dean…"

"No, Bobby, déjame terminar. Tú has sido como un padre para nosotros y sé que ni siquiera es necesario que te pida que lo sigas siendo pero, es que Sam puede ser exasperante cuando quiere serlo. Sólo, quiero estar seguro de que puedo contar contigo para quitar locas ideas de su cabeza y ayudarlo a aceptar mi muerte." A Bobby no le sorprendía que la mayor preocupación de Dean en esos últimos días fuera la salud emocional de su hermano.

"Cuenta conmigo." Prometió Bobby. "Pero no todo está dicho aún, muchacho. Aún podemos ganar esta guerra."

"¿Ganar? ¿Es que acaso no me ves? He tratado de luchar, créeme que lo he hecho, pero siento que cada día lo único que obtengo son derrotas. Me he convertido en un inválido que ni siquiera puede valerse por sí mismo y puedo ver en sus ojos que les estoy fallando."

"No se te ocurra decir eso. Tú nunca nos has fallado. Siempre has dado más de lo que se esperaba y no podríamos estar más orgullosos."

Bobby conocía bien el punto débil de Dean. Su baja autoestima. Ese muchacho era el único ser humano que después de salvar al mundo se sentiría culpable por haberse tardado tanto en hacerlo.

"He estado pensando." Continuó Dean casi en un susurro. "Me pregunto qué me espera más allá. ¿Volveré a ver a mis viejos amigos del infierno?"

"Dean."

"No, Bobby, es en serio. Sé que mi vida no ha sido la de un santo así que quizá después de todo es el infierno lo que merezco."

"Tienes que estar bromeando. No sé qué te metió en la cabeza tu padre, Dean, pero en tu vida lo único que has hecho es ayudar a los demás sin esperar nada a cambio ni ganar nada. Eres la persona más desinteresada que conozco y si hay algo que mereces es el cielo."

"Los ángeles y yo no quedamos en muy buenos términos, Bobby. No creo ser bienvenido allá arriba."

Bobby iba a responder cuando Dean se llevó la mano al pecho como si le costara respirar.

"¿Qué sientes?" Preguntó Bobby sentándose a su lado. Dean empezaba a respirar con dificultad.

"No. No otra vez." Decía Dean en voz baja.

"¿Qué cosa? ¿Qué es?" Aunque no quería demostrarlo, lo cierto es que Bobby estaba a punto de entrar en pánico. Dean no tuvo tiempo siquiera de responder porque su cuerpo lo hizo por él cuando empezó a convulsionar.

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Quince minutos después Bobby y Dean estaban sentados en el piso junto al sillón donde habían estado sentados momentos antes. Bobby tenía sus brazos alrededor de Dean y éste finalmente parecía haberse estabilizado. Ninguno de los dos decía una palabra. Ambos necesitaban tiempo para reponerse. Fue Dean quien finalmente rompió el silencio.

"Lamento que hayas tenido que ver eso." Dijo con voz tan suave que a Bobby le costó escucharla.

"No tienes de qué disculparte."

"A veces sólo quisiera que todo terminara de una vez." Continuó Dean más como si hablara consigo mismo que con Bobby. "Estoy cansado… Sam no me dejará rendirme… No puedo decepcionarlo… Pero… Sólo… No puedo más… Sólo esta vez… Por una vez…"

Bobby entendió que Dean no era totalmente consciente de lo que estaba diciendo. Sentía que estaba invadiendo la privacidad de su joven amigo pero no podía hacer nada para evitar escuchar lo que éste decía.

"Descansa ahora, muchacho." Fue lo que atinó a decir Bobby. "Puedes descansar. Yo cuidaré de ti."

"Pero tú estás lejos. Y eso también es mi culpa… Y lo siento tanto…"

Cree que soy John. Pensó Bobby. Cree que soy su padre.

"Lo siento… te fallé como siempre te fallo. No podré seguir cuidando a Sammy…"

"No tienes que cuidar más de él, Dean. Yo lo haré. Cuidaré de él y cuidaré de ti." Bobby abrazó al joven aún más fuerte. Le rompía el corazón verlo así. "Sssshhhh. Descansa, muchacho. Descansa. Descansa." Bobby siguió repitiendo lo mismo hasta que sintió que Dean se relajaba y se rendía al sueño. Aún así siguió repitiendo. "Descansa, Dean. Yo cuidaré de ti. Descansa. Descansa."

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Bobby no había podido dormir. Temía que Dean tuviera otro ataque. Por suerte habían pasado ya tres horas y no había ninguna novedad. Ahora el viejo cazador estaba en el patio trasero con un libro en las manos y una tiza en la otra con la que había trazado algunos símbolos en el piso.

"¡Él lo dio todo cuando lo necesitaron!" Gritó Bobby al viento. "Ya es hora de que le den las gracias." Y tras decir esas palabras empezó a leer del libro que tenía en la mano unas palabras en latín. Cuando terminó un gran viento lo rodeó y al disiparse apareció frente a él una figura conocida.

"Te arriesgaste mucho al invocarme, Robert Singer. Pudiste haber muerto." Dijo el extraño visitante.

"Y moriría con gusto si eso salva a Dean." Respondió desafiante Bobby.

"¿Esperas que yo lo salve?" Preguntó el visitante.

"Lo vas a salvar, aunque tenga que obligarte a hacerlo." Contestó Bobby.

"¿Y cómo planeas hacer eso?" Sólo había curiosidad en esa pregunta.

"Resulta que descubrí la forma de capturar a un ángel, Castiel. Y si tengo que hacer uso de ese conocimiento no dudes de que lo haré, aunque me gane la ira divina."

El ángel vio el talismán en la mano del viejo cazador y dio un paso hacia atrás. Nunca había imaginado temerle a un ser humano pero ahora estaba reconsiderando esa creencia. No había duda de que Robert Singer amaba mucho a esos muchachos para arriesgarse a enfrentar a un ángel con tal de salvarlos.

"Dean te espera adentro. ¿Irás o tendré que obligarte?" Preguntó Bobby.

Castiel lo pensó y momento y finalmente respondió.

"Iré."

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Bueno, no había planeado tener a Bobby en esta historia pero creo que si Dean está en sus últimos días Bobby merece la oportunidad de despedirse, o tratar de ayudar. Veremos qué pasa con Castiel en el próximo capítulo. ¿Ayudará a Dean? ¿Lo salvará? Déjenme sus comentarios, porfis.