Bueno, gracias especiales a Saraackles, Schmetterling1218, Sandra y j3sS por sus comentarios. Sólo quiero decirles que si son fans de Castiel y no les gusta mucho su actuación en este capítulo, no se preocupes. A mí me gusta mucho Castiel y creo que a veces se porta como un adorable angelito y otras veces dan ganas de estrangularlo, je je, en este capítulo quizá algunos sientan alguna de esas dos cosas. Además, según mis cálculos este es el penúltimo capítulo así que esta historia ya está llegando a su fin. Disfruten el capítulo y luego me cuentan qué tal les pareció :)
**************
El ángel vio el talismán en la mano del viejo cazador y dio un paso hacia atrás. Nunca había imaginado temerle a un ser humano pero ahora estaba reconsiderando esa creencia. No había duda de que Robert Singer amaba mucho a esos muchachos para arriesgarse a enfrentar a un ángel con tal de salvarlos.
"Dean te espera adentro. ¿Irás o tendré que obligarte?" Preguntó Bobby.
Castiel lo pensó y momento y finalmente respondió.
"Iré."
***************
Sin duda lo último que Dean esperaba ver al despertar era a Castiel observándolo curiosamente a corta distancia.
"¿Pero qué dia…"
"Volvemos a vernos, Dean." Interrumpió Castiel.
"¿Qué haces aquí?" Preguntó Dean incorporándose rápidamente. El movimiento lanzó una fuerte descarga de dolor que lo obligó a quedarse sentado y quieto.
"Tu amigo me invocó. Parece muy preocupado por tu salud."
"No me digas." Contestó Dean sarcásticamente. "¿Desde cuándo te presentas cuando alguien te llama?" Recordaba haber llamado a Castiel más de una vez durante el primer mes de su enfermedad pero éste nunca había acudido a su llamado.
"Digamos que tu amigo puede ser bastante persuasivo."
"Entonces, ¿qué viniste a hacer aquí? ¿Vas a agitar tu varita mágica y vas a curarme o qué?" Aunque trataba de no mostrarse ansioso, Dean sentía que el corazón se le iba a salir del pecho porque si Castiel se había tomado la molestia de venir a verlo quizá sería porque iba a salvarlo. ¿O sólo empeoraría las cosas? La emoción de Dean se convirtió en miedo. Pensándolo bien, no podía estar seguro de las intenciones del ángel.
"La última vez que nos vimos juraste matarme." Dijo Castiel impasible.
"Sabes muy bien que no puedo matarte." Se defendió Dean. "No creí que te ofendieras tan fácilmente. Y tienes que admitir que tenía motivos para decir lo que dije. Por tu culpa casi nos matan a Sam y a mí."
Castiel pareció meditar un momento. Recordando ese día, es posible que Dean tuviera razón.
************
"¡Dean, salgamos de aquí!" Gritó Sam tomando del brazo a su hermano. Habían logrado atrapar a Lucifer en la vieja iglesia pero era sólo cuestión de tiempo hasta que éste se soltara.
"No. Debemos esperar a los ángeles. Castiel fue por ellos." Respondió Dean sin moverse ni un milímetro.
"Dean, si no salimos de aquí inmediatamente moriremos." Insistió Sam.
"Y si nos vamos ahora el maldito volverá a soltarse y no creo que podamos volver a atraparlo." Dean estaba decidido a quedarse y si él se quedaba Sam también lo haría. En ese momento apareció Castiel. "Ya era hora." Dijo Dean aliviado. "¿Dónde están los refuerzos?"
"No vendrán." Respondió Castiel.
"¿Cómo que no vendrán?" Gritó Sam molesto.
"No creí que pudieran atraparlo." Era raro ver en Castiel una expresión de culpa, y esa era la mirada que les estaba dando. "Zacariah movilizó a todos hacia la zona cero. Estaban seguros de atraer a Lucifer hacia allá."
"¡Pero te dije que vendría hacia nosotros! ¡Prometiste confiar en mí!" Dean sonaba muy molesto.
"¿Qué esperabas, Dean? Tenía que elegir entre ti y mis hermanos. Elegí a mis hermanos." Sin duda el ángel había desarrollado en los últimos meses más emociones que por momentos lo hacían parecer humano.
"¡Y ahora estamos fregados porque Lucifer está en esta iglesia y no vamos a poder detenerlo mucho tiempo más!" Gritó Dean.
"¿Por qué no vas ahora por ellos?" Preguntó Sam.
"No vendrán." Respondió Castiel.
"¿Por qué?" Continuó Sam.
"Ellos. Les tendieron una trampa. Los enviaron aquí sabiendo que Lucifer vendría y los mataría. Nunca creyeron que ustedes fueran en verdad capaces de atraparlo." Confesó Castiel finalmente.
"¿Y tú lo supiste todo este tiempo?" La voz de Dean sonaba peligrosa. "¿Nos traicionaste?" Esta vez había más dolor que cólera en su voz.
"Sólo lo supe hace unas horas."
"¿Horas? ¡Estamos aquí desde hace una hora, pudiste advertirnos!" Continuó reclamando Dean.
"No entiendo por qué querían que Dean muriera. Entiendo que quieran verme muerto a mí pero ¿no se supone que Dean es el único que puede detener a Lucifer?" Preguntó Sam confundido.
"Los ángeles ya no están tan seguros de que Dean sea el elegido." Contestó Castiel.
"Y ahora quieren deshacerse de mí. Después de todo lo que hice así es como me pagan." Dean miró a Castiel a los ojos. "Así es como me pagas." Agregó.
"Aún tengo fe en ti." Dijo Castiel tras una pausa. "Por eso vine. Aún creo que puedes vencerlo."
"¿Y qué sugieres, que entre ahí y lo mate con mi mirada?" Preguntó Dean con sarcasmo.
"No. Con esto." Castiel sacó la única arma que podía matar a un ángel y se la entregó a Dean. Las puertas de la iglesia empezaban a ceder. No les quedaba mucho tiempo más.
"Es tu decisión, Dean. Sabes que te seguiré a donde vayas." Dijo Sam.
"Entonces. Creo que es hora de cumplir una profecía."
Dean abrió la puerta de la iglesia y ambos hermanos entraron desafiantes seguidos por el ángel. Sabían que iban a morir pero no lo harían sin dar una buena pelea.
*********
Castiel recordaba que la lucha había sido encarnizada pero finalmente ambos Winchester habían logrado acabar con Lucifer y la guerra había terminado. Ensangrentados y cansados los hermanos finalmente habían tenido tiempo de arreglar cuentas con Castiel.
En opinión de Sam, éste merecía su perdón pues había peleado junto a ellos y los había ayudado a vencer. Pero a Dean le dolía demasiado su traición. Por eso, cuando todo había terminado, Dean lo había mirado a los ojos y le había dicho. Ve a contarle a tus hermanitos que acabamos con el maldito. Pero que sepan que no lo hicimos por ellos porque poco me importa si viven o mueren. Lo hicimos por las personas que viven en este planeta que tanto desprecian. Y en cuanto a ti. No vuelvas a cruzarte en mi camino porque juro que encontraré la forma de matarte y no dudaré en hacerlo.
El ángel había desaparecido y no habían sabido nada más de él desde entonces. Dean lo había llamado un par de veces sin saber muy bien cómo sería ese reencuentro pero el ángel no había aparecido y Dean no podía culparlo. Él mismo lo había alejado.
"Te debo una disculpa." Dijo Castiel. "Y un agradecimiento."
Dean se quedó en silencio esperando la disculpa y el agradecimiento pero Castiel no dijo más.
"Supongo que esa fue la disculpa y el agradecimiento." Dijo Dean finalmente.
"Y te debo una disculpa más." Añadió Castiel con mirada de culpa. "Porque vas a morir y no puedo evitarlo."
"Dicen que es mi destino." Dijo Dean en voz baja.
"No lo habría sido si hubieras matado a tu hermano. Sabías que las consecuencias de la desobediencia serían fatales y ahora las estás enfrentando."
"Espera, espera un momento. ¿Me estás diciendo que este tumor cerebral es mi castigo por no haber matado a mi hermano?" Preguntó Dean incrédulo.
"Así es." Confirmó Castiel.
"Tienes que estar bromeando. ¡¿Salvé sus inútiles traseros y me dan un tumor cerebral de recompensa?!" Dean no podía creer lo que escuchaba. Por alguna razón le era más fácil aceptar su enfermedad como consecuencia de la mala suerte y no como un castigo impartido por los ángeles.
"Desobedeciste." A Castiel parecía parecerle muy lógico lo que estaba pasando.
"¡Salvé a mi hermano, maldición, y si pudiera retroceder el tiempo volvería a hacerlo! ¿Qué no lo ves? Si no hubiera sido por Sam no habríamos podido contra Lucifer. Somos un equipo…"
"Desobedeciste." Repitió Castiel. Dean iba a responder pero se dio cuenta de que era inútil tratar de razonar con el ángel.
"¿Por qué viniste, Castiel?"
"A pesar de todo, creo poder ayudarte. Puedo convencer a mis hermanos de darte otra oportunidad para terminar lo que habías empezado."
"Te refieres a ¿matar a Sam?" Las palabras salieron con dificultad de labios de Dean. Todo esto tenía que ser una pesadilla.
"Si lo haces ahora podrás salvarte. No serás castigado."
"Lárgate de acá." Interrumpió Dean sin dudarlo. "No voy a matar a mi hermano. No puedo creer que siquiera lo insinúes. ¡Ustedes le deben a Sam tanto como a mí y si se atreven a ponerle un solo dedo encima…"
"Nadie irá tras Sam. Pero es la única oportunidad que tienes de salvarte."
"Como ya dije. Lárgate de aquí. No lo voy a hacer."
"¿No te importa morir?" A Castiel aún le causaba gran curiosidad observar a este ser humano y su inexplicable lealtad. "No puedo asegurarte que lo que te espera después de la muerte sea agradable." Añadió el ángel.
"La respuesta sigue siendo NO."
"¿Aunque vuelvas al infierno?" Insistió Castiel.
"Aún así."
Ni bien las palabras salieron de los labios de Dean y el ángel desapareció dejando al joven cazador solo con sus pensamientos.
********
"¡Ese hijo de perra me va a escuchar!" Decía Bobby furioso mientras daba vueltas en su "estudio", si así se le podía llamar a la habitación donde la mayor cantidad de libros se encontraban.
Sam había llegado finalmente y les había dado los detalles de su vana búsqueda mientras que Dean y Bobby le contaban a su vez lo que había pasado con Castiel. Dean había obviado la parte donde el ángel le ofrecía la oportunidad de salvarse si mataba a Sam y se había limitado a decir que Castiel había sido muy claro diciendo que no podía hacer nada para librarlo de la muerte. Tampoco había mencionado que este tumor había sido otorgado como castigo por su desobediencia. No tenía caso hacer sentir a Sam más culpable de lo que ya se sentía.
"¿Estás seguro que con ese talismán se puede atrapar a un ángel así como a una parca?" Preguntó Sam curioso a Bobby.
"Nunca lo he probado pero los textos que he encontrado son lo suficientemente antiguos como para darles credibilidad. Y como ya dije. El bastardo pareció tomarme en serio una vez que le mostré el talismán así que supongo que sí puede atraparlo." Respondió Bobby.
"Entonces usémoslo." Dijo Sam sin dudarlo.
"No. No lo harán." Dean sonaba decidido y hasta un poco amenazador. A Sam le recordaba aquel día cuando el trato de Dean estaba a punto de cumplirse y habían tenido más o menos la misma discusión en casa de Bobby. Esta vez sin embargo el enemigo no era un demonio sino un tumor, y ¿cómo puedes luchar contra un tumor si la medicina te ha desahuciado?
"Sam tiene razón, Dean. Es lo único que tenemos."
"No voy a permitir que arriesguen sus vidas atrapando a un ángel. ¿Creen que sus hermanitos no vendrán por él?"
"Para entonces ya lo habremos obligado a curarte." Insistió Sam.
"¿Y cómo lo vas a obligar? ¿Vas a torturarlo hasta que cumpla tus órdenes? Ese talismán sólo puede atraparlo pero no puedo forzarlo a hacer nada y estoy seguro de que Castiel no se va a arriesgar a desobedecer órdenes sólo porque lo amenaces con matarlo del aburrimiento." Sam no sabía qué responder. Su hermano tenía razón. No ganaban nada atrapando a un ángel. Necesitarían algo más convincente.
"No me importa lo que digas, muchacho. Tengo derecho a intentar todo lo que esté en mi mano para salvarte." Afirmó Bobby.
"No, Bobby. No tienes ese derecho, no puedes…"
"¡Maldición, claro que lo tengo! ¡No en vano te cuidé cuando tenías varicela asustado de que la fiebre tan alta que tenías te fuera a matar! ¡No en vano te salvé el trasero en más de una ocasión cuando tu padre estaba tan ocupado persiguiendo al demonio que no podía ir en tu ayuda! ¡No en vano pasé noches sin dormir preguntándome qué te estaría pasando en el infierno y buscando alguna forma de salvarte! Nunca tuve hijos, Dean Winchester, pero en mi corazón ustedes son mis hijos y ¡desgraciado de mí si permito que vuelvan a morir estando bajo mi cuidado!"
El viejo y rudo cazador tenía lágrimas en los ojos mientras les gritaba a los muchachos y estos pudieron ver cuánto en verdad los amaba Bobby Singer. Ninguno de los dos había considerado cuánto le afectaba a él haberlos visto morir a ambos y tener que aceptar la muerte de Dean era demasiado para el corazón de su viejo amigo.
"Lo siento, Bobby." Respondió Dean lentamente. "Lamento haberte traído tantos dolores de cabeza y…"
"Te lo dije antes y te lo repito ahora, muchacho. Eso es lo que la familia hace. Ustedes son familia y no me quejo por ningún momento que haya pasado con ustedes. Pero ya basta de hacerme a un lado en los momentos difíciles como si no fueran de mi incumbencia." Interrumpió Bobby.
"No puedo dejar que atrapes a Castiel. Sería en vano y sólo te ganarías problemas. Ni tú ni Sam, ninguno de los dos. Simplemente no es una opción. Tienen que prometerlo."
Sam y Bobby se miraron sin decir palabra y finalmente cedieron ante la petición de Dean. Sam salió molesto de la habitación. Aunque también estaba convencido de que Castiel no sería de ninguna ayuda le molestaba que su hermano los obligara a hacer promesa tras promesa haciendo cada vez más difícil su trabajo de salvarlo.
"Necesita tiempo." Dijo Bobby ante la intempestiva salida de Sam.
"Y tú necesitas descansar. ¿Dormiste algo anoche?" Dean no recordaba bien la noche anterior pero le parecía tener algunos recuerdos de estar delirando en los brazos de Bobby. Espero que haya sido mi imaginación. Pensó Dean, pero imaginación o no, estaba seguro de que su amigo había estado a su lado todo el tiempo. "No te caería mal una siesta." Continuó Dean. "Pero no sueñes con angelitos, no creo que Castiel esté de buen humor después de tu último encuentro con él."
"Tú también duerme, muchacho. Te ves terrible." Dijo Bobby sonriendo.
"Siempre tan dulce, Bobby. Eres el mejor cuando se trata de levantarle el ánimo a uno."
Y sin más, ambos se fueron a tener una siesta. Bobby porque no había dormido en toda la noche y Dean porque sentía que si no se echaba pronto terminaría en el suelo.
*******
Bobby Singer conducía a medianoche por un camino terroso a gran velocidad. ¿A dónde se dirigía? Sólo él lo sabía. Se había escabullido sin que Sam ni Dean lo notaran. Los pobres muchachos estaban tan cansados que no habían sentido su salida y él había aprovechado para llevar adelante su última movida. Era más como un manotazo de ahogado. Algo que nunca antes había considerado hacer y ahora se sorprendía a sí mismo por la decisión que había tomado.
"Hora del show." Se dijo Bobby deteniéndose. Se bajó del camión y caminó unos pasos hasta colocarse en el centro de la encrucijada. Sacando una pequeña lata del bolsillo de su casaca se agachó para empezar a hacer un hoyo en la tierra. Ya iba a colocar la caja cuando el sonido de otro auto lo sobresaltó. Esa zona era muy poco transitada. ¿Quién podría estarse acercando? Unos segundos después distinguió que el auto que ya se estacionaba junto al suyo era el Impala y Dean lo estaba manejando.
"Tienes que estar bromeando." Gritó Dean bajando de su auto y tirando la puerta. Sin duda debía estar enfadado para tratar así a su bebé.
"¿Sólo tú puedes vender tu alma para salvar a quien amas" Preguntó Bobby en el mismo tono de voz.
"Creí que habíamos aprendido algo después de todo lo que vivimos." Esta vez a Bobby le costó escuchar la voz de Dean. El joven lucía cansado y hasta derrotado.
"Los padres no deberían enterrar a sus hijos, muchacho. Yo debería morir primero."
Dean se colocó frente a Bobby buscando su mirada.
"Haz hecho incluso más de lo que un padre haría, Bobby. Sabes que no soy del tipo sentimental y quizá por eso nunca te he dicho esto con todas sus letras pero… yo…" Dean batallaba con las palabras. Sin duda el medicamente que tomaba había bajado sus defensas. Debería demandar a esos laboratorios, ¿qué le meten a esas pastillas? ¿Polvos cursis para hacerte decir lo que siente? Bueno, ni modo, Bobby merece escucharlo aunque sea sólo una vez. Después de todo, ya no me queda mucho tiempo. "Te quiero, Bobby."· Soltó Dean tan rápido que costó entenderle y luego se limpió la garganta incómodo. "Eso es lo que quería decirte y no quiero que vayas al infierno por mí. No lo mereces y no podría vivir sabiendo dónde estás. Prefiero morir sabiendo que estás aquí cuidando de Sammy y salvado el trasero de otros tantos cazadores."
Dean se quedó mirando a Bobby esperando alguna respuesta, alguna palabra, algo que rompiera el silencio incómodo que se había creado. Lo que pasó luego lo sorprendió pero no podría haberlo alegrado más. Bobby soltó una lágrima y lo abrazó mientras decía.
"Maldición, muchacho. La mayor parte del tiempo eres el más difícil de hacer admitir sus sentimientos, pero cuando quieres puedes conmover a las piedras."
El abrazo duró unos segundos y finalmente ambos hombres se separaron limpiándose las gargantas pretendiendo que nada había pasado.
"Tienes que agradecerme que te detuve antes de que enterraras la caja." Empezó Dean. "El demonio de ojos rojos te habría bajado la moral al no aceptar tu alma."
"¿Por qué no la aceptaría?" Preguntó Bobby intrigado.
"¿Para qué darte diez años si te deben quedar menos de cinco?" Terminó Dean riendo.
"No te pases de listo, muchacho. Todavía puedo enseñarte algunos buenos golpes."
"¿Te atreverías a golpear a un moribundo?" Continuó Dean bromeando.
"Hablando de eso. Dame tus llaves. No vas a manejar de regreso." Anunció Bobby extendiendo la mano.
Dean iba a replicar pero esta vez el sentido común pudo más que su obstinación. Estaba andando con energía prestada y la adrenalina y el miedo eran lo que le habían dado la fuerza para seguir a Bobby. Ya sospechaba él que algo malo tramaba su viejo amigo. Pero ahora que el peligro había pasado tenía que admitir que no podría manejar de regreso sin estrellarse en algún lugar del camino.
"Tú ganas, Bobby. Pero sólo por esta vez."
Ambos subieron al carro de Dean y dejaron el camión de Bobby a un lado del camino. Ya vendría él más tarde a recogerlo.
En ese mismo instante, en otra encrucijada no muy lejana, otro auto se detenía y una alta figura se bajaba de éste con una caja en la mano. Alguien más había pensado lo mismo que Bobby.
El joven alto enterró la caja en medio del cruce de caminos y esperó. Un minuto después una joven apareció atrás de él. Sus ojos se tornaron rojos por un segundo y luego volvieron a su verde anterior.
"Sam. Sam. Sam. Esto sí que es tener descaro." Dijo la joven. "Y yo debo estar loca por venir a verte después de que mataste a dos de mis colegas."
"Si creías que te iba a matar, ¿por qué viniste?" Preguntó Sam asqueado de tener que tratar otra vez con un demonio.
"Porque sé que estás lo suficientemente desesperado como para hacer un trato. Y porque soy la única que puede salvar a tu hermano." La demonia parecía relamerse frente Sam y lo rodeaba como un gato que juega con su presa.
"No pareces tenerme miedo. Sabes que podría traicionarte y matarte."
"De hecho, es cierto, puedes hacerlo. Diría que no lo harás porque le juraste a tu hermano hace tiempo que no volverías a usar tus poderes pero, también juraste no hacer tratos con demonios y sin embargo aquí estás, a punto de romper ese juramento." La demonia pareció reconsiderarlo un momento. "Quizá tienes razón. No debería estar aquí. Pero qué se le va a hacer. Tengo debilidad por los Winchester y si obtengo tu alma seré grandemente recompensada."
Ahora era Sam quien parecía reconsiderarlo. Al verlo dudar, la demonia se apresuró a continuar su discurso.
"Entonces, ¿harás por tu hermano lo que él hizo por ti? ¿Le devolverás favor por favor? ¿Vida por vida?"
"¿Qué me ofreces?" Preguntó Sam cansado de los jugueteos de la demonia.
"Te ofrecería un año, como le ofrecieron a él, pero conozco que ustedes son bastante escurridizos. Preferiría no darles la oportunidad de zafarse del trato. Por eso, Sam Winchester, sólo te doy una hora. Cerramos el trato y tienes una hora para despedirte de tu querido Dean y luego serás mío. ¿Qué te parece?"
Una hora, sólo una hora. No creo que pueda lograr un mejor trato. Ella tiene razón. Si me da un año, diablos, si me da un día podríamos encontrar la forma de librarme del trato. Estos y mil otros pensamientos pasaban por la mente de Sam, pero lo que terminó por convencerlo fue el recuerdo del rostro de su hermano esa tarde. Lucía tan demacrado y cansado, ya no era el Dean lleno de vitalidad que siempre había conocido. No. Sam salvaría a su hermano aunque éste nunca se lo perdonara.
"De acuerdo. Tenemos un trato." Respondió Sam finalmente.
"Entonces, ya sabes cómo cerrarlo." La demonia sonrió acercándose a Sam para besarlo.
Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto. La voz de Dean resonaba en los oídos de Sam una y otra vez mientras éste se acercaba para besar a la demonia.
Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto.
Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto.
Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto.
Sus labios ya casi se tocaban. Tan pronto lo hicieran sólo le quedaría una hora antes de ir al infierno. Sam sentía una fuerte opresión en el corazón. Sentía que estaba traicionando a su hermano.
Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto.
Un centímetro, medio centímetro, podía sentir la respiración de la muchacha, sus labios se iban a encontrar. Tres. Dos. Uno.
**********
Como dije al principio, este ha sido el penúltimo capítulo así que el próximo será el último. Ya sé que quizá quieren matarme por dejarlos en tal suspenso pero no lo pude evitar (risa malévola). Bueno, ya será hasta la próxima semana para conocer el final de este fic. Muchas gracias por su apoyo e ideas, y porfis porfis, escriban un review, siempre es bueno oír de ustedes :)
