Gracias especiales a sandra, j3sS, Esciam y Saraackles por sus reviews. Espero que les guste este capítulo. Tengo que hacer una advertencia. Nunca he estado en el Estados Unidos así que no sé muy bien cuánto se demora alguien en auto en ir de un lugar a otro así que perdonen cualquier inconsistencia al respecto. Así también, perdonen cualquier burrada relacionada con la geografía en ese país porque como ya dije, nunca he estado ahí y aunque investigo en Google lo más que puedo aún así no puedo estar segura de nada :)

Ya saben, esta historia es ficción y los personajes no me pertenecen. Disfruten el capítulo y no olviden dejar un review!

***************************************************

Sus labios ya casi se tocaban. Tan pronto lo hicieran sólo le quedaría una hora antes de ir al infierno. Sam sentía una fuerte opresión en el corazón. Sentía que estaba traicionando a su hermano.

Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto.

Un centímetro, medio centímetro, podía sentir la respiración de la muchacha, sus labios se iban a encontrar. Tres. Dos. Uno.

***********

Confío en ti, Sammy. Sé que harás lo correcto.

Y es lo que haré. Pensó Sam dando un paso hacia atrás y dejando a la demonia fuera de balance.

"¿Qué estás haciendo?" Gritó enojada. "¿No ibas a salvar a tu hermano? ¿O es que el pequeño Sammy tiene miedo?" Agregó en tono burlón.

"No haré tratos contigo." Dijo Sam dándose la vuelta para regresar a su auto.

"Qué poco hombre." Dijo con desprecio la demonia siguiéndolo. "No eres capaz de dar tu vida por tu hermano." Ella sabía que debía convencerlo de hacer el trato, si lo lograba sería como realizar la mejor venta de tu vida. "Eres un traidor. Cuando Dean más te necesita le das la espalda." Soltó como una serpiente que dispara veneno. Esto provocó una reacción en Sam quien se detuvo y dio la vuelta para encararla.

"Oh, no, no es traición lo que estoy haciendo. He traicionado a mi hermano más de una vez así que sé de lo que estoy hablando. Cada vez que me dejaba convencer, manipular por uno de tu clase para hacer lo que querían, traicionaba a Dean y a todo lo que él me había enseñado. Pero no más. Hasta aquí llegó el poder que ustedes tenían sobre mí. Son como los bravucones que te llaman gallina para obligarte a pelear ¡y al final se necesita más valor para decir NO!" Sam despedía fuego por los ojos. Ahora más que nunca veía con claridad el juego de los demonios y cómo él había sido una pieza más que ellos movían a su antojo.

"Ruby tenía razón. Eres un mendigo sentado en un banco de oro. Tanto poder desperdiciado. Es una pena. Y la oportunidad que te estoy dando. La vas a dejar pasar. Que te quede bien claro que no volveré a acudir a tu llamado. Es ahora o nunca."

Por un instante a Sam le pareció ver a Ruby sonriendo mientras le insinuaba lo que tenía que hacer.

"Es curioso que menciones a Ruby." Contestó Sam. "¿Es que no sabes cómo terminó?"

"Murió en una batalla." Respondió la demonia.

"¿Esa es la historia que te contaron?" Ahora era el turno de Sam de jugar con la mente de ella. "Ruby regresó poco después de que la mandara al infierno. Dijo que quería enmendar las cosas y me ofreció un trato. Podría escoger cualquier ciudad en el mundo que los demonios no tocarían. Dean, yo y hasta Bobby podríamos vivir el resto de nuestras vidas en ese pequeño paraíso que quedaría libre de la contaminación de Lucifer y sus tropas. Lo único que tenía que hacer era quitarme del camino y convencer a Dean de hacerlo. Tan sencillo como eso." Sam hizo una pausa para acentuar sus palabras. "¿Sabes qué le respondí a Ruby?" Preguntó con una sonrisa que le heló la sangre a la demonia. "De hecho, no le respondí nada. Sólo la maté." Continuó Sam como si tratara de lo más natural del mundo.

"¡Tu hermano morirá si no haces un trato conmigo!" Gritó la demonia entre asustada y enojada. Sabía lo que podía hacer Sam Winchester y no quería arriesgarse a terminar como Ruby.

Sam se quedó callado un momento. Sentía que su corazón se partía. Era cierto. Dean moriría y no le quedaba mucho tiempo. Pero si moría, lo haría sabiendo que no se había equivocado al confiar en Sam. Sam haría lo correcto y juraría seguir haciéndolo en su memoria hasta el final.

Con lágrimas en los ojos y determinación Sam se acercó a la demonia y la rodeó con sus brazos. Ésta sonrió creyendo que iba a besarla pero al ver el cuchillo en la mano del joven cazador quiso librarse de él. Demasiado tarde. Sam le clavó el cuchillo en el vientre mientras le decía.

"No volveré a hacer tratos con demonios. Y juro que dedicaré el resto de mi vida a acabar con ustedes." Sam torció el cuchillo aún más terminando así con la vida de la demonia.

*************************************

Habían pasado tres semanas y ninguno de los cazadores había podido encontrar una forma de salvar a Dean. Éste había puesto todo de su parte para mostrarse fuerte frente a ellos pero hay cosas que ni siquiera con la mayor voluntad puedes cambiar. Poco a poco Dean se había ido consumiendo frente a sus ojos y ahora se encontraba a cama todo el tiempo. Sólo se levantaba para ir al baño y asearse. Sam siempre daba vueltas afuera del baño cuando Dean estaba ahí solo. Temía que su hermano se cayera y se golpeara o que tuviera otro ataque pero Dean no le permitía entrar. Déjame conservar un poco de dignidad. Le había la última vez había amenazado con entrar a la fuerza para ayudarlo a bañarse. Así que Sam se limitaba a dar vueltas afuera esperando cualquier llamada de auxilio de su terco hermano mayor.

Era un domingo de tarde y los tres cazadores estaban jugando poker. Dean estaba echado en su cama con varias almohadas que le permitían estar sentado mientras Bobby estaba sentado a los pies de la cama y Sam se había acomodado al costado de su hermano. La palidez del rostro de Dean acentuaba las pecas de su rostro y sus manos temblaban ligeramente pero parecía haber un acuerdo entre los amigos de no mencionar esos detalles y tratar de mantener una actitud optimista.

"Dos Pares" Dijo Dean mostrando sus cartas.

"Bueno, ya es la tercera ronda que ganas." Contestó Sam tirando sus cartas.

"¿Seguros que no me están dejando ganar?" Preguntó Dean débilmente.

"No te he dejado ganar una sola mano de póker desde que tenías diez años, Dean." Contestó Bobby con honestidad.

"Entonces deberían sentirse muy avergonzados. ¿Perder tres rondas seguidas con un moribundo?" Dijo Dean sonriendo, pero a Sam y Bobby no pareció gustarles la broma.

"No digas eso, Dean." Dijo Sam tristemente.

"Vamos, hombre. No seas tan sensible." Se defendió Dean. "Además, creo que ya es tiempo de hablar sobre algunos arreglos. Ya saben. Hora del testamento y todo eso."

"Dean." Trato de interrumpir Sam, pero su hermano continuó sin hacerle caso.

"Obviamente me inclino por la cremación. Claro que hay un lugar especial donde quisiera que esparzan mis cenizas…"

"Nadie va a esparcir las cenizas de nadie ¿escuchaste?" Sam mismo había pensado mucho en el final y cómo lo enfrentarían pero una cosa era pensarlo y otra muy diferente era hablar de ello en voz alta.

"Sam, sé que es difícil pero..."

"Encontré a un monje tibetano que quizá pueda ayudar." Soltó Bobby repentinamente interrumpiendo a Dean. "Hoy en la mañana recibí una llamada de un viejo conocido y creo que es posible que este hombre pueda salvar a Dean."

"Y yo creo que va a ser la misma historia que con el curandero indio. Por favor, Bobby. No importa si se trata de un indio, un tibetano, un japonés o un celta, nadie es más poderoso que un ángel." Dean hablaba apresuradamente tratando de terminar su discurso sin tener que detenerse a tomar aire. No quería parecer débil.

"¿Nadie es más poderoso que un ángel? ¿A qué te refieres?" Preguntó Sam poniéndose de pie.

"Lo que quiero decir es que si Castiel no pudo salvarme nadie más lo hará." Contestó Dean viéndose en problemas. Sam sólo le dio una mirada sospechosa y decidió no seguir adelante con la indagación. Ya lo haría cuando estuvieran solos.

"No perdemos nada buscando a este hombre." Continuó Bobby. "Pensaba salir hoy mismo y con buena velocidad podría llegar mañana a esta misma hora."

"¿A dónde vas?" Preguntó Dean mostrando un poco más de interés.

"Arizona"

"Quizá no es tan mala idea ir para allá." Añadió Dean pensativo.

"¿En serio?" Preguntó Sam intrigado por el repentino interés de su hermano.

"Podemos ir también nosotros. Bobby seguiría su camino y nosotros nos quedaríamos a visitar el Gran Cañón. Sabes que siempre he querido ir ahí."

"No sé si sea buena idea que hagas ese viaje, Dean." Sam estaba preocupado por la salud de su hermano y si le era tan difícil salir de la cama no quería ni imaginar lo duro que sería un viaje tan largo en estos momentos.

"Creo que deberían ir." Interrumpió Bobby. "Si este hombre puede ayudarnos ustedes nos ahorrarían tiempo acercándose." La mirada que Bobby le dio a Sam lo decía todo. No sé si tendremos suficiente tiempo. Sólo míralo. Su vida pende de un hilo. Podría estar muerto para mañana. Eso fue suficiente para que Sam tomara una decisión.

"De acuerdo. Iremos."

*************************************

Tal como Sam había predicho, el viaje era demasiado para su hermano. Habían partido en la noche del día anterior, se habían detenido sólo para comprar donas y café de desayuno y ahora que se acercaba la hora del almuerzo Sam estaba considerando detenerse en un motel y darle tiempo así a Dean para descansar apropiadamente. Una sola mirada a su hermano fue suficiente para que Sam reconsiderara el viaje. No debí aceptar. Se repetía, pero ya era demasiado tarde. Sólo faltaba un par de horas para llegar al Gran Cañón y Sam empezaba a dudar de que Dean pudiera lograrlo.

"Bobby, vi el anuncio de un pueblo a unos minutos. Dean y yo vamos a detenernos ahí a comer y descansar, tú puedes comer con nosotros o seguir adelante." Dijo Sam por el teléfono.

"Debemos seguir." Dijo Dean sobresaltando a su hermano. Éste había creído que estaba dormido.

"Ok, Bobby." Siguó Sam y colgó el teléfono. "Bobby se detendrá a comer con nosotros." Anunció.

"Luego seguiremos ¿verdad?" Preguntó Dean como un niño ilusionado por llegar pronto al zoológico.

"No hay prisa, Dean. Podemos dormir un par de horas en un motel. He manejado toda la noche y…"

"Falta poco." Insistió Dean entendiendo perfectamente el juego de su hermano. Cada vez que Sam quería algo por el bien de Dean sólo tenía que maquillarlo y hacerlo parecer como si fuera para él mismo. De esa forma Dean nunca se negaría. Esta vez, sin embargo, Dean estaba decidido a seguir adelante. "Puedes manejar un par de horas más."

"Lo discutiremos después del almuerzo." Respondió Sam seguro de poder convencer a su hermano luego de comer.

**********************************

Los tres cazadores se habían detenido en un restaurante familiar en un pequeño pueblo que parecía detenido en el tiempo. Por extraño que parezca, Dean había insistido en comer en el restaurante en vez de pedir para llevar. Sam no entendía esa decisión pues sabía que a su hermano no le gustaba que le mostraran lástima y al entrar a ese restaurante todas las miradas se habían dirigido hacia él y se había notado en el ambiente los murmullos de los comensales que sin duda comentaban sobre el joven forastero que si no hubiera lucido como un muerto viviente habría arrancado los suspiros de todas las mujeres heterosexuales del lugar.

"Pude comunicarme con el monje que les comenté." Empezó Bobby mientras partía su filete. "Está esperando por mí y si me apresuro llegaré ahí al anochecer."

"No olvides llamarnos tan pronto hables con él." Le recordó Sam.

"¿Ustedes se van a quedar aquí?"

"No. Seguiremos." Afirmó Dean mientras jugaba con su comida. No se sentía con ánimos para comer.

"Hay un motel a una cuadra de aquí. Sólo un par de horas y podremos seguir renovados." Sam no quería hacer enfadar a su hermano, sabía que la condición en que estaba era muy delicada y no quería empeorarla al discutir con él, pero tampoco podía negar la palidez de éste y la forma en que respiraba con dificultad. Verlo caminar era un milagro, parecía que se iba a desplomar en cualquier momento y eso estaba acabando con los nervios de Sam. Lo que menos necesitaban en este momento era que Dean cayera muerto antes de poder consultar a este monje que Bobby había conseguido.

"Seguiremos adelante." Dijo Dean aún jugando con su tenedor.

"No, no lo haremos." Contestó Sam firmemente. Le empezaba a molestar tener que discutir con su hermano todo el tiempo sobre sus limitaciones. Le alegraba que Dean demostrara tal fuerza de voluntad pero temía que ésta lo llevara a la muerte.

"Si quieres quedarte, quédate. Yo seguiré." Esta vez aunque la voz de Dean seguía sonando débil su tono era fuerte. Por un momento Sam vio en los ojos de su hermano al Dean Winchester de antaño que reía en la cara de la muerte.

"No esta vez, Dean. Nos quedaremos aquí unas horas y es mi palabra final. Por una vez en tu vida haz lo que yo digo." Sam no quería ser duro con su hermano pero la misma frustración que había estado sintiendo por no poder salvarlo estaba empezando a dominarlo.

"No me trates como a un niño." Susurró Dean molesto pero tratando de no armar una escena. Sam, sin embargo, parecía haber olvidado que se encontraba en un lugar público y se dejó cegar por la impotencia de no ser capaz de convencer a su hermano.

"¡Entonces no te portes como un niño! ¡Si quieres que te trate como un adulto pórtate como tal!" Todas las personas en el restaurante hicieron silencio y se quedaron mirando a los causantes de la discusión, Sam recién entonces se dio cuenta de lo que había provocado y bajó la mirada avergonzado. Ahora era el turno de Dean quien se puso de pie y respondió con la mayor fuerza que su cuerpo le permitía por el momento.

"Aún no estoy muerto, Sam; y hasta donde recuerdo el auto sigue siendo mío así que si quiero continuar; continuaré." Dean se dirigió a la puerta del restaurante mientras todas las miradas lo seguían mientras Sam a su vez se levantaba para alcanzarlo. Sal con la cabeza en alto. Pensaba Dean. Unos cuantos pasos más. Quizá Dean lo habría logrado si no hubiera sido por el carrito, que un niño que comía en la mesa más cercana a la puerta, había dejado en el piso; o quizá de todas formas no lo habría logrado pues al llegar a la puerta se detuvo en seco para no tropezar con el pequeño auto de juguete, perdió balance, el mundo giró a su alrededor y lo siguiente que supo es que estaba en el piso sin fuerzas para levantarse.

Sam había visto a su hermano caminar con dificultad hacia la salida y lo había visto detenerse ante el pequeño obstáculo que se le presentaba, al notar que Dean estaba cayendo había corrido para evitar que golpeara el piso pero había llegado muy tarde y lo único que pudo hacer fue colocarse junto a su hermano y tratar de ayudarlo.

"¡Dean! Dean, ¿estás bien? Mírame, aquí estoy." Decía Sam asustado por la aparente desorientación de su hermano.

"Sácame… de aquí… Sammy." Dijo Dean tan suavemente que Sam prácticamente tuvo que leer sus labios para entenderlo, aunque eso no era necesario. Sam conocía tan bien a su hermano que podía adivinar sus deseos antes de que este los expresara en voz alta. Sin pensarlo dos veces, Sam ayudó a su hermano a ponerse de pie y poniendo una mano en su cintura lo llevó hacia el auto con la ayuda de Bobby que se había unido a ellos tras dejar dinero en la mesa para pagar la cuenta.

Bobby abrió la puerta del asiento del conductor y Dean se sentó en éste pero sin meter aún las piernas.

"Sólo necesito un poco de aire." Dijo haciendo una seña de dejar la puerta abierta.

"¿Estarás bien?" Preguntó Sam preocupado. Dean asintió sin fuerzas para hablar. "De acuerdo, sólo voy a sacar un par de cosas del auto de Bobby y regreso inmediatamente." Sam se alejó con Bobby hacia el auto de éste.

"¿Qué vas a hacer?" Preguntó Bobby a su joven amigo.

"Lo llevaré al motel más cercano y si tengo que amarrarlo a la cama para que descanse es lo que haré."

"Sam. Es tu hermano y ustedes siempre han sabido superar estos obstáculos pero, ten cuidado con lo que le dices a Dean con tu actitud."

"¿No querrás que lo deje seguir el viaje?"

"Quizá es lo que tu hermano necesita. Tienes que admitir que estos últimos días Dean ha estado siendo bastante responsable. Ha seguido la dieta recomendada, ha guardado reposo y…"

"Si lo ha hecho es porque su cuerpo no le ha permitido ser testarudo."

"Entonces, si su cuerpo se lo permite ahora deberías dejarlo continuar. Sam, no le digas a tu hermano que debe echarse y dejarse morir, si quiere demostrarse a sí mismo que aún es capaz de seguir adelante apóyalo y asegúrate de estar con él por si algo pasa pero no le digas que No puede hacerlo." Bobby puso una mano en el hombro de Sam y éste se dio cuenta de lo importante que era este hombre en sus vidas.

"Lo pensaré."

***********************************

Mientras Sam y Bobby conversaban Dean seguía tratando de recuperarse en su asiento. Empezaba a sentir el cosquilleo que precedía a un ataque así que trataba de respirar profundamente como si eso pudiera evitar que su cuerpo lo traicionara. Desde había un par de días que los dolores de cabeza habían disminuido y en vez de sentirse aliviado esa había sido la señal que le indicaba que su fin estaba cerca. Era como si cada hora que pasaba estuviera más en el otro mundo que en éste, es por eso que se había empeñado tanto en ir al Gran Cañón. Dean sabía que este era su último día en esta tierra.

"Señor. ¿Se encuentra bien?" Preguntó un niño pelirrojo que se había acercado a Dean sin que éste lo notara.

"Perfectamente." Contestó Dean buscando con la mirada a los padres del pequeño.

"Quería disculparme, mi mamá me advirtió que no dejara mi carro tirado por ahí." Añadió el pequeño con ojos de sincero arrepentimiento. A Dean le llamó la atención que un niño tan pequeño sonara como un adulto. No creo que tenga más de siete años.

"No te preocupes, amiguito, no hiciste nada malo. Aunque sí debes escuchar a tu mamá."

"Ella me dice lo mismo que te dijo tu amigo. Que no me porte como un niño." Ahora el pequeño sonaba triste y fue entonces cuando Dean notó lo que había pasado por alto al principio. La ropa gastada, los ojos soñolientos, la delgadez del niño, todo indicaba que este niño podría sufrir de abuso.

"Yo soy Dean. ¿Cuál es tu nombre?"

"Albert."

"Bueno Albert, tú eres un niño, es normal que te portes como un niño. No trates de portarte como un adulto, ya tendrás tiempo de hacerlo." Dean entonces vio a una mujer saliendo del restaurante corriendo y gritando.

"¡Albert! ¡Cuántas veces te he dicho que no desaparezcas así como así! ¡Y deja de molestar al señor!"

"No se preocupe, no me estaba molestando." Se apresuró a decir Dean mientras se ponía de pie.

"¡Entra inmediatamente!" Continuó la señora. El pequeño Albert no esperó una segunda orden y corrió al restaurante.

"En serio, no me estaba molestando." Continuó Dean. No quería que el pequeño tuviera problemas por su culpa. La mujer sólo asintió y regresó al local. Dean quiso seguirla pero Sam se puso en su camino. Éste se había empezado a acercar al escuchar los gritos.

"¿Olvidaste algo?" Preguntó preocupado.

"Sólo quería… No sé lo que quería." Dijo Dean finalmente. Fue cuando Bobby se acercó a los hermanos listo para partir.

"Los llamaré tan pronto tenga noticias."

"Cuídate Bobby." Dijo Sam.

"Cuídense ustedes." Respondió el viejo cazador, y volviéndose a Dean dijo. "Estoy muy orgulloso de ti, muchacho."

"Gracias, Bobby." Los amigos compartieron un abrazo de despedida y se separaron entrando cada uno a su auto. Sam arrancó el motor y regresó a la carretera deteniéndose a los pocos minutos.

"¿Estás seguro que quieres continuar sin detenerte?"

"Hubiera querido poder ayudarlo ¿sabes?" Respondió Dean dejando a Sam desconcertado al no entender a qué se refería su hermano. "El niño, se llama Albert y no parece ser un niño muy feliz. De hecho, me recuerda a mí a su edad. Tratando de madurar antes de tiempo y ser el adulto que no podía ser."

Sam sabía que su hermano no soportaba ver sufrir a un niño. Sin duda el pequeño del restaurante lo había afectado más de lo normal.

"Estoy seguro que estará bien. Los padres no son perfectos pero hacen lo mejor que pueden. Si quieres podemos pasar por aquí de regreso y ver cómo le va." Sam no estaba seguro de si el niño vivía en ese pueblo o sólo estaba de pasada pero estaba dispuesto a decir y hacer lo que fuera necesario para que Dean se sintiera mejor.

"Como sea." Dijo Dean suspirando. "Y la respuesta a tu pregunta es sí. Quiero continuar."

Sam volvió a encender el auto y los hermanos continuaron su viaje.

***********************************

Estaba a punto de anochecer cuando los hermanos llegaron al ansiado Gran Cañón. Sam había estacionado el auto lo más cercano posible a donde pudieran apreciar la vista. Se había salido de la zona permitida para los turistas pero en esos momentos lo último que le importaba era obedecer la ley. Habían tenido que caminar un poco hasta encontrar un lugar donde pudieran sentarse y apreciar ese maravilloso lugar y está de más decir que Dean estaba a punto de colapsar por el esfuerzo.

"Aquí, siéntate." Dijo Sam extendiendo una manta en el piso y ayudando a su hermano a sentarse sobre ella. Luego puso otra manta sobre los hombres de Dean y se sentó a su lado. El sol empezaba a ocultarse y la vista era maravillosa. Se podían ver tantos colores en el cielo. Rojo, naranja, amarillo, era un espectáculo inolvidable.

"El día termina, Sam." Dijo Dean débilmente. Sam sintió que su hermano se apoyaba cada vez más en él y su corazón saltó en su pecho. Algo no andaba bien. Nada bien.

"¿Dean?" Preguntó Sam tentativamente poniendo su brazo alrededor de su hermano para soportar su peso. Dean ya no podía sostenerse por sí mismo.

"Está bien, Sammy. Ya es hora."

"No, no, todavía no. Bobby aún no llama." Sam empezaba a entrar en pánico. No te mueras. Todavía no. No estoy listo.

"Será inútil. Ese hombre no puede salvarme." Dijo Dean con seguridad.

"Hay algo que no me has dicho ¿verdad? Tiene que ver con Castiel." Dean no respondió. "¿Qué te dijo Castiel? ¿Por qué estás tan seguro de que nadie puede salvarte?" Insistió Sam, pero su hermano no respondía. "Dean. Dean qué te dijo Castiel. ¡Respóndeme, maldita sea!"

"El sol. Está desapareciendo." Fue la única respuesta de su hermano. Sam vio en la misma dirección de Dean y no pudo evitar hacer un sonido de asombro. Era hermoso. No tenía palabras para describirlo. "Sé que no quieres escuchar esto, pero es algo que necesito hacer." Continuó Dean. "No quiero que esta vez sea como la última. No quiero que… no quiero que te rindas… Quiero que sigas adelante… Nada de beber… Nada de arriesgar tu vida inútilmente… Quédate con Bobby un tiempo y cuando creas… que estás listo… vuelve a cazar… o busca otra forma de vivir… Puedes ser lo que quieras, Sammy… Pero sabiendo lo que sabes… nunca bajes la guardia… Y si tienes la oportunidad… de tener una familia… no la desperdicies… Y si algún día… tienes hijos… enséñales lo que te enseñé… lo que papá nos enseñó… pero no permitas… que pierdan… su juventud… Sé que podrás… encontrar… un balance… Siempre fuiste… el listo… de… la… familia."

Sam tenía lágrimas en los ojos. Era cada vez más difícil que Dean lograra decir una frase completa y ahora sólo podía decir una palabra a la vez. Colocándose atrás de su hermano Sam lo abrazó sintiendo el cabello de su hermano que rozaba su cuello.

"No estés… triste… Sammy. Estaré… bien… No es… como la otra… vez… Puedes… vivir… tranquilo… sabiendo… que estoy… en un lugar… mejor… Y si puedo… créeme… que cuidaré… de ti." Una especie de descarga eléctrica pareció recorrer el cuerpo de Dean y Sam lo abrazó con más fuerza.

"No me dejes, Dean. No puedo seguir sin ti." Las lágrimas caían libremente por el rostro de Sam. Había fallado. Una vez más había fallado. ¿Qué clase de hermano era que estaba dejando morir a Dean por segunda vez?

"Lo siento… tanto… Sammy… si pudiera… hacer… algo…"

"No, no, sé que has luchado más que cualquiera. Soy yo quien lo siente. Te fallé." Dean pudo sentir una lágrima que cayó sobre su frente. Con un último esfuerzo trató de dar un poco de consuelo al corazón de su hermano menor.

"Estoy… orgulloso… de ti… Sé… que fuiste… a hacer… un trato… y sé… que no… lo hiciste… Y ahora… puedo morir… tranquilo… porque sé… que harás… lo correcto… Sé… que no… me equivoqué… contigo… Y estoy muy orgulloso… de ser… tu hermano."

Dean se permitió entonces, relajarse en los brazos de su hermano y siguió observando al sol desaparecer en el horizonte mientras Sam lloraba.

"Un poco más... y el sol… desaparecerá."

Sam respiró profundamente. La confianza de su hermano en él lo había salvado de perderse y era hora de retornar el favor. Era hora de hacer lo más difícil de su vida para darle a Dean un poco de paz.

"Hace unos meses, me pediste, que cuando llegara el momento, si no había forma de salvarte, te dejara ir. Ahora lo estoy haciendo, Dean. No merecía un hermano tan maravilloso como tú pero por alguna razón tuve la suerte de tenerte. No te voy a defraudar. Seré el hombre que quieres que sea." Sam tuvo que detenerse para tomar aire. No podía creer que ese fuera el final. "Puedes descansar, Dean. Haz peleado toda tu vida, ahora puedes descansar. Yo estaré bien. Ya no tienes que cuidar de mí. Puedes dejar de luchar. Y algún día, dentro de muchos años, nos volveremos a encontrar." Añadió Sam tratando de esbozar una sonrisa.

No, Sam. Espero que no nos volvamos a ver porque no quiero que vayas al infierno y ahí es a dónde me dirijo yo. Pensó Dean.

"Gracias… Sammy." Dijo en voz alta.

"Te quiero imbécil."

"Te quiero… perra." Dijo Dean en un último suspiro.

Sam sintió cómo ese último suspiro abandonaba el cuerpo de su hermano y el cuerpo de éste se relajó en sus brazos mientras el último rayo de sol les acariciaba el rostro. Sam hundió el rostro en el cuello de su hermano y lloró amargamente por el guerrero que había dejado este mundo sin que nadie más lo lamentara.

*******************************************

Sam sintió una fuerte luz que se infiltraba en sus ojos aunque los tenía cerrados. ¿Amaneció tan pronto? Pensó extrañado porque no creía que hubieran pasado más que unos minutos. Al alzar la vista tuvo que volver a cerrar los ojos. Tan fuerte era la luz. Cuando sintió que ésta finalmente se estaba disipando se atrevió a alzar la vista nuevamente.

"Ha pasado mucho tiempo, Sam." Resonó la grave voz de Castiel.

"Qué haces aquí." Si las miradas mataran, Castiel habría caído muerto en ese instante.

"Él nunca te lo dijo ¿verdad?" Preguntó el ángel. "Su muerte es su castigo por haber desobedecido. Le ofrecí enmendar su falta y salvarse pero se negó a terminar lo que había empezado. No le importó ir al infierno por segunda vez aún sabiendo que esta vez sería para siempre."

"¿Infierno? ¿Por qué Dean iría al infierno?" Preguntó Sam desolado. "¿Porque no quiso matarme? ¿Por eso lo dejaron morir? ¡¿Qué clase de seres son ustedes?! ¡Y a qué has venido ahora! ¡¿A restregarme en el rostro que mi hermano se está pudriendo en el infierno por mi culpa?!" En todo momento Sam no dejó de sostener el cuerpo de su hermano contra su pecho como si tratara de protegerlo del ángel.

"No, Sam. Se acabaron las culpas. He venido para que tú y tu hermano cumplan su destino."

******************************************************

Bueno, este es casi casi el último capítulo. El siguiente es la conclusión y una especie de Epílogo. Gracias por su apoyo y sus reviews y espero que me honren con un review para este capítulo. Trataré de actualizar esta misma semana, quizá para el viernes tenga el final final. Cuídense mucho :)