Bueno, qué puedo decir. Me quito el sombrero frente a ustedes mis queridos lectores. Muchas gracias por su apoyo en esta historia. Gracias especiales a Sandra, Solmarie The Dark Angel, j3sS, Saraackles, Esciam, Schmetterling1218 e ivannia316 por los reviews para el capítulo 8. En general, me alegra haber logrado que sintieran un poco el dolor de los hermanos, no es que me alegre que sufran pero si al escribir algo logro que se identifiquen con los personajes y sientan como ellos entonces significa que logré mi objetivo :)
Este capítulo es más corto porque sólo es la conclusión a este fic. Espero les guste y sobre todo espero me regalen un poquito de su tiempo dejándome un review. Gracias a todos y disfruten el final de esta historia :)
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"Él nunca te lo dijo ¿verdad?" Preguntó el ángel. "Su muerte es su castigo por haber desobedecido. Le ofrecí enmendar su falta y salvarse pero se negó a terminar lo que había empezado. No le importó ir al infierno por segunda vez aún sabiendo que esta vez sería para siempre."
"¿Infierno? ¿Por qué Dean iría al infierno?" Preguntó Sam desolado. "¿Porque no quiso matarme? ¿Por eso lo dejaron morir? ¡¿Qué clase de seres son ustedes?! ¡Y a qué has venido ahora! ¡¿A restregarme en el rostro que mi hermano se está pudriendo en el infierno por mi culpa?!" En todo momento Sam no dejó de sostener el cuerpo de su hermano contra su pecho como si tratara de protegerlo del ángel.
"No, Sam. Se acabaron las culpas. He venido para que tú y tu hermano cumplan su destino."
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Habían pasado 29 días, 14 horas y 45 minutos desde que Dean Winchester había muerto. Sam conducía el Impala sin rumbo fijo y al recordar aquel momento en que había estrechado entre sus brazos el cuerpo aún tibio de su hermano podía sentir lágrimas asomándose a sus ojos. Una persona no debería vivir un evento tan trágico dos veces en su vida. Sam Winchester lo sabía.
Habían pasado 29 días, 15 horas y 5 minutos desde que Castiel había desaparecido tras darle a Sam el mejor regalo de su vida y ahora podía sentir una sonrisa asomándose a sus labios al recordar el momento en que había sentido latir nuevamente el corazón de su hermano.
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"No, Sam. Se acabaron las culpas. He venido para que tú y tu hermano cumplan su destino."
"Viniste a matarme." Dijo Sam sin sentimiento. "¿Iré al infierno? Es ahí donde merezco ir. Iré ¿verdad?"
Castiel inclinó la cabeza como sólo él sabía hacerlo cuando algo le causaba gran curiosidad. ¿Era acaso ansia lo que detectaba en la voz de Sam? ¿Es que acaso el último sobreviviente de los Winchester deseaba ir al infierno con tal de reunirse con su hermano?
"Dean ha pagado su deuda. Y ambos han pasado la prueba." Dijo el ángel mirando a Sam a los ojos.
"¿Prueba? ¿Qué prueba?"
"Han demostrado entera confianza el uno en el otro pero sobre todas las cosas, han demostrado ser capaces de tomar la decisión correcta en cada caso aunque eso signifique perderse mutuamente."
"¿Es que acaso… ¿me estás diciendo que todo esto fue UNA MALDITA PRUEBA? ¿Qué creen que somos, peones en su juego de ajedrez?"
"Pasaron la prueba." Repitió Castiel como si eso lo arreglara todo.
"Me importa un bledo su prueba." Contestó Sam airado.
"No lo entiendes." Se defendió Castiel. "Debíamos estar seguros de que ustedes eran los elegidos. Debíamos saber que podíamos contar 100% con ambos."
"Elegidos para qué." Preguntó Sam sin soltar a su hermano.
"Para continuar con la misión que una vez fue encomendada a un humano y que por muchos años quedó olvidada. La misión que Samuel Colt honró mientras vivió. Ahora serán ustedes los que guardarán su legado. Ambos se complementan. Unidos son más fuertes. Ustedes son los indicados para luchar contra el mal y buscar formas de prevenirlo. Como una vez le dije a tu hermano. Algún día las personas leerán sobre sus vidas y sabrán lo que hicieron por este planeta."
Sam no creía lo que escuchaban sus oídos. ¿Misión? ¿Samuel Colt? ¿El evangelio Winchester? Recordaba que esas palabras había usado Dean al contarle sobre los escritos del profeta Chuck. Sin embargo, algo estaba muy mal en esa imagen. Castiel decía que AMBOS continuarían la misión. ¿Cómo podía ser eso posible si con cada minuto que pasaba Sam sentía cómo se iba enfriando el cuerpo de su hermano?
"Dean está muerto. Tú lo mataste ¿y ahora vienes a pedirme que continúe tu estúpida misión?" Prácticamente gritó Sam.
"Ya es hora, como dije, de que AMBOS cumplan su destino. Y me han designado como su guardián y guía. Los buscaré cuando estén listos para su primera asignación."
Sam iba a responder que eso no era remotamente posible si Dean seguía muerto cuando una fuerte luz empezó a emanar de Castiel y se vio obligado a esconder los ojos nuevamente. Aún desde esa posición pudo sentir que el ángel se acercaba y extendía la mano hasta tocar la frente de su hermano. Tan pronto lo tocó la luz se hizo más intensa y un segundo después desapareció. Sam alzó la vista y descubrió que el ángel se había ido, pero eso poco le importó. Su mano, situada sobre el pecho de su hermano había detectado movimiento. ¿Era eso...? ¿Sería posible? ¿Era eso un latido?
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"Deja de mirarme, Sam. Empiezas a darme escalofríos." Dijo Dean aún con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en la ventana de su auto. Sam había estado contemplando a su hermano que dormía en el asiento del copiloto. Era increíble la recuperación que había tenido. Había vuelto a ganar el peso que había perdido y su rostro, antes pálido y delgado, había recobrado el color y la vitalidad que Sam tanto había extrañado.
"¿Cómo sabías…?" Empezó Sam.
"Se puede sentir la mirada de un pervertido sobre uno aún con los ojos cerrados." Contestó Dean.
"Perver… Yo no soy un pervertido." Exclamó indignado Sam.
"Tranquilo, Sam. Caramba, ya no se puede bromear contigo." Ahora Dean había abierto los ojos y se estaba estirando en su asiento tratando de deshacerse de los últimos vestigios de sueño que pudiera tener.
"Sólo estaba recordando." Dijo Sam suavemente y con una mirada triste. Dean sabía lo difícil que había sido para su hermano haberlo visto morir y se sentía en cierta forma culpable por no haber podido impedirle ese dolor.
"Hey, aquí estamos ¿verdad? Vivos y más sanos que nunca, de hecho, creo que ya demostré lo bien que me he recuperado físicamente anoche con las trillizas de ese bar. Hombre, eso sí que fue una buena noche, gracias por dejarme la habitación, si supieras las cosas que esas niñas sabían hacer. ¿Alguna vez oíste hablar de la posición…"
"Dean, basta. No necesito escuchar tantos detalles." Interrumpió Sam exagerando su fastidio pero con una sonrisa interna. Le alegraba tanto que Dean volviera a ser el de antes. Aunque hubiera deseado que su apetito sexual se calmara un poco después de haber muerto por segunda vez, éste parecía haberse intensificado.
"Sammy, Sammy, Sammy. Hay todavía muchas cosas que tengo que enseñarte." Continuó Dean sonriendo.
"No necesito que me enseñes posiciones sexuales, Dean. Eso sería simplemente… asqueroso."
"Oh, pero puedo presentarte a una nenas que muy gustosamente te sacarían de tu celibato."
"¿Por qué el sexo es tan importante para ustedes?"
La grave voz de Castiel casi hace que Sam pierda el control, sorprendido de la aparición del ángel.
"¡¿Cuál es el problema con ustedes, por qué les gusta aparecer de la nada?!" Exclamó Dean haciendo señas a Sam para que detuviera el auto a un lado del camino. Una vez estacionados, ambos hermanos voltearon a conversar con el ángel.
"Bueno, ¿qué haces aquí?" Preguntó Sam impaciente.
"Vine a guiarlos a su nueva asignación." Y tras decir esas palabras los Winchester se vieron transportados al estacionamiento de algún motel. Castiel había desaparecido para entonces.
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"Justo lo que nos faltaba. Ese ángel del demonio va a venir cada vez que se le antoje y nos va a teletransportar a quién sabe qué estúpido y remoto pueblo en el país y luego se va a ir sin darnos siquiera una pista sobre lo que tenemos que hacer."
Sam sonrió al escuchar a su hermano renegando mientras caminaban por la calle principal del pequeño poblado en el que habían aparecido.
"¿Ángel del demonio? Y ¿teletransportación? Falta que me pidas que cargue mi phaser." Dijo Sam riendo.
"No me digas que a ti no te molesta ser tratado de esta manera. No somos niños Sam y ¡Cas no va a ser nuestra niñera!" Dean esperó alguna respuesta de su hermano pero éste simplemente se acercó a la ventana de una pequeña cafetería y empezó a buscar con la mirada a alguien. "¿Sam? ¿Qué haces?"
"Creo que ya sé por qué Cas nos trajo aquí." Dijo Sam mientras señalaba una mesa en la cafetería. Dean miró hacia adentro y contuvo el aliento al reconocer a Lisa y Ben sentados en esa mesa.
"Pero, ¿qué hacen aquí?" Preguntó Dean más para sí mismo que para Sam.
"Supongo que la pregunta es ¿qué haces tú aquí? Si Castiel nos trajo aquí entonces eso debe ser una señal." Respondió Sam sonriendo maliciosamente. Era divertido ver a su hermano en apuros, y es que Dean podía dárselas de muy macho con chicas que conocía en un bar y con quienes no pensaba pasar más de una noche, pero cuando se trataba de algo serio su reacción era hasta tímida.
"No creo que sea buena idea." Dean se dio la vuelta y empezó a alejarse de la cafetería pero Sam se interpuso en su camino.
"¿Por qué no? Ya no estás enfermo."
"Sam, nuestras vidas siguen siendo totalmente disfuncionales, no hay ningún futuro que pueda ofrecerles." Contestó Dean tristemente.
"Eso puede cambiar. Dean. Tenemos toda la vida por delante. Podemos hacer lo que queramos. No sé, quizá establecernos en un lugar, como Bobby. Podrías tener un negocio relacionado con autos clásicos, después de todo son tu especialidad. O si quieres puedes estudiar algo, lo que quieras. Y podemos seguir cazando de vez en cuando, ya no hay Apocalipsis que detener así que las cosas van a estar más tranquilas." Sam trataba de animar a su hermano pero éste parecía no querer ceder ni un milímetro en su decisión. Lo mereces, Dean. Después de todo lo que has dado merecer recibir algo a cambio. Mereces ser feliz.
"¿Y qué hay de la misión de Castiel? ¿No dijo que seríamos como Samuel Colt? No creo que los ángeles tengan pensado en darnos un descanso, Sam." Nunca hay nada bueno para un Winchester. Todo lo que tocamos terminar pagando un precio muy alto. No quiero ser la perdición de Lisa y Ben.
"Si Cas no trajo aquí fue porque quería que vieras a Lisa. Yo creo que está en sus planes que ustedes dos se junten."
Dean miró a Sam con incredulidad. Tenía miedo. Esa era la verdad. Miedo de amar y ser amado. Su relación con Sam era diferente. Eran hermanos y se habían amado desde siempre. Pero, ¿una familia?, ¿su propia familia? Dean estaba aterrado y prefería huir de ese pueblo y nunca mirar atrás. No quería arriesgarse a perderlos también a ellos. Como si Sam adivinara sus pensamientos, continuó.
"Si no arriesgas no ganas, Dean. Además, no vas a estar solo. Sabes que puedes contar conmigo. Y en todo caso, no te estoy pidiendo que le propongas matrimonio a Lisa, sólo te digo que entres y los saludes. Averigua qué hacen aquí, conversa con ellos. Quizá Castiel quería que arreglaras tus asuntos pendientes, no lo sé. Sólo entra y habla."
Dean pareció pensarlo un poco, entonces, su rostro se iluminó.
"Deberías practicar lo que predicas, Sam. Yo hablaré con ellos si tú hablas con Becca. Ya sabes, puedes preguntarle cómo le ha ido, si tiene novio, si está libre esta noche…"
"¿Becca?" Preguntó Sam empezando a ponerse nervioso. "Ella no estaba ahí. Además, debe estar estudiando."
"Pues quizá está de vacaciones o algo, pero ese auto que veo ahí, es el auto de Becca, y esa señorita conversando con el sheriff, también parece ser Becca." Señaló Dean mientras una gran sonrisa se dibujaba en su rostro. Así es, Sammy. ¿Quieres que salte a la piscina? Pues tendrás que saltar conmigo. Tú también mereces ser feliz.
Sam miró a Becca, que efectivamente estaba hablando con el sheriff en el parque que estaba al frente, y tomó una decisión. No era coincidencia que ambas mujeres se encontraran ahí. Castiel lo sabía y por eso los había llevado. Si era para toda la vida o sólo para cerrar esa historia, no lo sabía, pero lo iba a averiguar. Hablaría con ella.
"De acuerdo. Yo hablaré con Becca y tú con Lisa. ¿Hecho?" Dijo Sam ofreciendo su mano.
"Hecho." Respondió Dean tomando la mano de su hermano. Ambos jóvenes se miraron nerviosos y ahogando un suspiro se dirigieron en direcciones contrarias. Dean hacia la cafetería y Sam hacia la acera del parque.
En todas sus vidas nunca se habían sentido más nerviosos que ahora. Era peor que enfrentar a una bruja, un wendigo, un demonio y un dios pagano juntos. Era como si el corazón de ambos les dijera que este era un momento decisivo en sus vidas y no podrían respirar tranquilos hasta no saber si sería para bien o para mal.
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Castiel sonreía mientras observaba a Dean conversando alegremente con Lisa y Ben en la cafetería. Era obvio que había gran química entre los tres.
Castiel sonreía mientras observaba a Sam y a Becca sentados en una banca tomando un helado y riendo. Era obvio que se comprendían perfectamente.
Castiel sonreía sabiendo que la primera parte de su comisión se estaba cumpliendo. Los Winchester habían empezado a creer que eran dignos. Dignos de ser felices. Dignos de ser amados. Sólo así podrían estar listos para cuando fuera el momento de enfrentar la sedición. Sólo así podrían llevar a cabo las hazañas y proezas para las que estaban destinados. Él mejor que nadie sabía que el grupo de ángeles rebeldes que había logrado escapar, intentaría de todo para hacer dudar a los hermanos sobre su importancia y papel en la lucha contra el mal; pero si ellos estaban seguros de su valor nada podría engañarlos.
Castiel sonreía porque aunque ni él mismo sabía si en el futuro de Sam y Dean aparecían Lisa, Ben o Becca, por lo menos los hermanos habían dado el primer paso para continuar con sus vidas y considerar el tener sus propias familias. El ángel sabía lo importante que eso era, después de todo, eran los descendientes de Dean y Sam los que acabarían con el mal en los cuatro puntos cardinales.
Castiel sonreía porque los Winchester habían olvidado por un momento la cacería y se relajaban ignorando que en ese pueblo había un trabajo. Ya después descubrirían que había un demonio poderoso en los alrededores haciendo de las suyas y tendrían que armarse para enfrentarlo, pero eso podía esperar hasta mañana.
Así que, Castiel sonreía y observaba.
Castiel sonreía y aprendía lo que es sentir como un ser humano.
Castiel sonreía porque Sam sonreía.
Castiel sonreía porque Dean sonreía.
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Bueno, ese fue el fin de la historia. No quería terminar con Dean casándose con Lisa y Sam casándose con Becca y Bobby asistiendo a la ceremonia con terno y gorra de camionero, je je; porque aunque me gustan los finales felices, también creo que la vida de los Winchester es demasiado complicada como para terminarla con un Y VIVIERON FELICES PARA SIEMPRE… Así que preferí dejarlo un poco en suspenso, como para que cada uno teja en su imaginación el final que prefiera.
No sé si Dean se quedaría con Lisa si tuviera la oportunidad, porque a él siempre lo vi más "enamorado" de la idea de una familia, no sé si la amaría de verdad, supongo que sólo el tiempo lo diría. Y en cuanto a Sam y Becca, es la misma historia. Quizás sí o quizás no. Necesitaría otro fic para contar esa historia, pero no soy muy buena escribiendo historias románticas así que prefiero dejarlo así no más.
Sólo tengan por seguro que los chicos seguirán cazando y seguirán defendiendo al mundo de enemigos poderosos, pero esta vez tienen a Castiel para apoyarlos y a Bobby, y pueden darse un respiro y considerar tener una vida en familia. Es difícil pero no imposible.
Ahora sí, me despido. Gracias por su apoyo y por los reviews y me encantaría que me dejen un último review para esta historia. Ah, y como siempre digo, aún si lees esta historia mucho tiempo después de que la haya publicado, me haría muy feliz saber que la leíste y saber qué te pareció, así que, no seas tímido(a), déjame un review. Porfis. No me hagas suplicar!!! Je je :)
