Lo siento
Hacía un par de días que no nos dirigíamos la palabra.
Si bien sentí que Rika habló de mí con Yuri, y ésta le recomendó que tratara el tema directamente conmigo lo antes posible, la gran cantidad de trabajo que desató la promoción del 2x1 de pizza y fainá me impidió tomarme un recreo para conversar con la joven.
Sin embargo, estaba molesto con ella. Y decidí que lo mejor era esperar a que me pidiera disculpas, o me dijera algo por motus propio. Porque consideré que no era justa conmigo: por un lado me seducía y tentaba, y por otro, congelaba con sus excusas cualquier arrebato amoroso de mi parte. Comenzaba a pensar que era un poco soberbia… ojalá me demuestre lo contrario, deseé mientras llevaba a cabo la última ronda de entregas.
Era tardísimo. Llegué a la pizzería, luego de culminar el reparto. Ya no había casi gente. Entré, saludé a los amigos, me cambié de ropa, y caminé lentamente hacia la salida, mirando extrañado a mi alrededor.
- La colorada ya se fue…- me dijo uno de los encargados de limpieza, escurriendo la escobilla.
- Buenas noches.- le respondí, haciendo caso omiso al comentario.
Salí del local. Suspiré al bajar el último escalón. La resignación invadió mi mente al dar los primeros dos pasos sobre la vereda, hasta que su voz la hizo titubear.
- Ryo…- musitó, incorporándose del descanso bajo una baranda más allá.
- Ah…, hola…- murmuré fingiendo disgusto.
- Saliste tarde hoy…- comentó con timidez, acercándose lentamente hacia mí.
- Sí…- fue la lacónica respuesta que di, mientras comenzaba a caminar.
- Quería hablar contigo…- añadió, poniéndose a la par mía.
- Estoy cansado, Rika.
- Bueno… pero vas a caminar a tu casa… luego debes cenar algo… así que tenemos tiempo…
- …
- ¿Estás muy duro conmigo, no? Ya veo, supongo que lo merezco de todas formas, así que no tengo derecho a quejarme… sin embargo, me gustaría ofrecerte una disculpa…
- …
- Tú sabes… no me he portado del todo bien contigo… Creo que he sido yo la "pava real"… perdóname, Ryo…- añadió, tomándome la mano.
- Está bien…
- Dime algo más…- reprochó, apretándome fuerte la mano y viéndome fijamente- ¿Quieres que me vaya?
-…
- De acuerdo. El que calla otorga. Lo tomaré como un sí…- comentó deteniéndose de golpe.
Sin embargo, no solté su mano.
- ¿No vas a soltarme?- preguntó.
- No.
- ¿Qué es lo que quieres? Aún no lo entiendo…
- …
Continuamos caminando, sólo que ella se dejaba arrastrar por mí, mientras pensaba en qué hacer.
- Está bien… entiendo. Tú estás esperando que te explique… ¿no es así? Escucha, Ryo… ¿podemos detenernos?- pidió impacientándose, ante lo que parecía falta de atención de mi parte.
Sin decir palabras, me inmovilicé.
- Realmente todo en mi cabeza está muy confuso aún…- comenzó a decir, parándose frente a mí- Aún estoy dolida por lo que pasó con Matt. Fueron demasiados años juntos… no he podido olvidarlo todavía. No he podido…
Mi expresión de disgusto ante sus palabras fue notoria. Sin embargo, la joven decidió proseguir.
- Pero a pesar de todo, tú lograste confundirme… y estás por terminar de volverme loca…- dijo, mordiéndose el costado de su labio inferior- Me estoy enamorando de ti, Ryo, pese a que te conozco desde hace muy poco…
- Yo también estoy loco por ti, Rika- dije, rodeando su cintura con mis brazos.
- Lo sé… y a veces no puedo resistirme… pero cada vez que te tengo cerca de mí, pienso que eso no es lo mejor… que vamos muy rápido… que aún me duele lo de Matt… que no puedo olvidar todo lo que pasó… y que no quiero que sufras por mi culpa… Por eso me retraigo y te rechazo…- añadió, rodeando mi cuello con sus brazos.
La distancia entre nuestros rostros era de unos escasos centímetros, acortada aún más debido a mi pronunciada nariz. Este hecho nos turbó a ambos, y fui yo quien tomó la iniciativa al respecto.
- Está bien, Rika. También yo te he presionado… tengo que admitirlo…
- Eres demasiado guapo… me atraes muchísimo sin hacer nada…- admitió sonriendo.
- Tú eres demasiado hermosa… eres la mujer más hermosa que he visto…- seguí, acariciando suavemente su nariz con la mía.
- No tanto… debes haber tenido novias más bonitas que yo…- musitó con timidez.
- Ninguna. Lo juro.
- Pero hay algo que aún no me queda claro…
- Dime.
- ¿Me perdonaste, entonces?
- Mmmhhh…- titubeé haciéndola sufrir- Claro que sí, todo te perdoné.
- Tengo otra duda…- añadió, al verme hipnotizado ante el hechizo de sus esculturales labios rosa, sin brillo ni colores artificiales.
- ¿Cuál?
- ¿Cómo queda nuestra relación ahora?
- Bueno… me has dicho que aún estás dolida y aunque eso me mata y me aleja de ti, te entiendo… aunque no tuve nunca un noviazgo tan largo como el tuyo… creo que por eso te sientes peor… más dolida de lo que pude haberme sentido yo, si es que alguna vez me sentí dolido… Por eso, creo que lo mejor, hasta que estés muy segura, es que sigamos siendo amigos…- propuse finalmente.
- Amigos… amigos…- musitó ella mordiendo su labio inferior con ansiedad –Lo siento, Ryo…
- Ya te dije que lo entiendo. Por eso, y además, porque necesito tu seguridad…
- Dime algo…
- Cómo no…
- ¿Estar así de cerca y así de abrazados es una infracción a la amistad? Pregunto, pues nunca he estado así con un amigo…
- Bueno, en realidad…
- Pero no quiero que se acaben estas cosas… me hacen sentir querida… me hacen sentir que valgo algo y que alguien me… me añora… me desea…
- Bueno… está bien… los abrazos no se acabarán si te gustan y te hacen bien… ¿podemos incluir los meneos mientras estamos así de cerca?- inquirí en tono de broma, pegando mi cadera a la suya.
- Si llegara a menearme un poco ahora no llegaremos a casa y nos arrestarán por atentado al pudor… Mejor que no…- sugirió entre risas.
- ¿Y los besos?- pregunté, acortando lentamente la distancia entre sus labios y los míos.
- Los besos… pues…
- Los dejamos… mejor los dejamos para después…- resolví, sonando poco convincente.
- Está bien… quizás sea lo más apropiado…- musitó dubitativa – Aunque…
- ¿Aunque?
- Me gustaría, antes de que empiece a regirnos esa implacable norma, hacer esto…- dijo interrumpiéndose, para poder atrapar mis labios en un beso, al que, por supuesto, no pude resistirme.
La aferré fuerte contra mí, mientras nos besábamos como nunca antes, con ansias, deseosos de que ese momento jamás terminara.
Finalmente, nuestros labios se separaron. La joven se mostró poco satisfecha, y volvió a besarme. Así pasamos un largo rato. Uno interrumpía el beso, y el otro con picardía lo retomaba.
- Creo que es muy tarde…- musité, sin soltar la cintura de la muchacha.
- Sí, es cierto…
- ¿Te llevo a tu casa?
- No. Te dije que quería ir a tu casa… y hacerte la cena…
- ¿Y hacerme el amor de postre?
La joven se mostró pensativa, aunque no dejaba de sonreir.
- Veremos…
- ¿Ves? Ya empecé… - reproché con enojo.
- No te preocupes…, vamos…- murmuró, tomándome la mano antes de retomar la caminata- ¿Te gustan las omelettes?
- Sí… aunque hace tiempo que no como ninguna…
- ¿Te gustaría comer alguna, entonces?
- Claro que sí…
