Pelea
La vi llegar. Su expresión triste llamó mucho mi atención. Si bien hacía ya un par de días que sólo la veía de lejos, no se me había dado por pensar que algo estuviera sucediéndole.
Sus ojos claros opacados. Opacados. Sus ojeras bastante acentuadas. ¿Qué habría sucedido?
La última noche que estuvimos juntos la pasamos muy bien. Y reconozco que se arriesgó, y casi me hizo perder los estribos.
Me invitó a su casa cuando salimos de la pizzería, diciéndome que tenía algo rico con que invitarme.
Accedí por supuesto, tentado a decirle que el manjar más delicioso y sugestivo para mí era su piel. Y que no me enojaría si ella me invitaba a probarla. Sin embargo, no lo hice por miedo a espantarla, pues a veces su recato era mayor que mi atrevimiento.
En fin, fui con ella y me hizo sentarme en el sofá, mientras se cambiaba de ropa y me traía lo que tenía para convidarme.
Apareció con un camisón blanco de seda que le calzaba como un guante, y llevaba en la mano una bandeja llena de uvas verdes.
- ¿Te gusta?- preguntó sonriente, acercándose lentamente hacia mí.
- Me encanta…- respondí casi embobado, sin saber si se refería a su camisón, a ella o a las uvas.
- Ten…- musitó, colocando una fruta sobre mis labios.
Se sentó a mi lado comenzó a darme de comer en la boca. De tanto en tanto yo arrancaba una del racimo y se la daba a ella. Por fin logré tenerla encima de mí y los besos resonaron en las paredes de la habitación. Pero no el hecho no pasó a mayores, aunque mis caricias trataron de contribuir a que sí. Sin embargo, caí finalmente rendido al embrujo de su voz suave que me hizo dormir. Y debajo de su cuerpo tibio desperté a la mañana siguiente.
Me acerqué a ella viéndola con intriga.
- Rika… ¿qué sucede? ¿Cómo estás?
- Ryo… estoy tarde… ya tengo que entrar…
- También yo, linda… pero no te noto bien…
- No hay tiempo… Entremos al trabajo.
- Rika…
- Por favor…
La observé desaparecer entre la gente, cuando ingresó al local a cambiarse. Suspiré aturdido. Decidí que lo mejor sería esperar.
Sin embargo, la ocasión surgió antes de lo que podría haber imaginado. El rubio de aquella noche, aquel que había tenido un encontronazo conmigo, seguido de otra joven, ingresó a la pizzería y tomó asiento en el área de Rika. Su rostro serio expresaba rabia, enojo y sobre todo, mucho rencor.
Observé a Rika que salía del baño con expresión desafiante. Me sentí sumamente contrariado, pero aún así, decidí que no era prudente intervenir todavía.
Se acercó a la pareja, dejándole la cartilla. Sin decir absolutamente nada se limitó a alejarse de ellos. Pronto el rubio le hizo una seña para que se acercara, mientras la mujer que lo acompañaba se encaminó rápidamente al baño.
Rika se aproximó a su mesa, y observé al joven levantándose sumamente enojado. Disimuladamente me arrimé para tratar de oír algo de lo que él le decía.
- Te quiero a ti y no quiero nada más, Rika… Terminemos con esta farsa.
- Es la vida, no una farsa… ¿qué te traigo de comer? No puedo perder todo este tiempo con un cliente…
- No soy tu cliente, Rika… soy Matt… tu Matt.
- Estoy harta de esto…, dime de una vez qué quieres o te hago sacar de aquí…- añadió con enojo la muchacha, comenzando a perder la paciencia.
- Te quiero a ti y espero que lo entiendas – respondió incorporándose rápidamente de la silla, para írsele encima a la joven.
- ¡Déjame! – gritó ella, tratando de soltarse.
Corrí hacia ellos y separé el rubio con violencia.
- ¿Qué mierda te crees? Salí de acá, dejala en paz…- grité, empujándolo.
- Ryo…- musitó la pelirroja, refugiándose detrás de mí.
- Dejala vos en paz. ¿Ryo? ¿Tú eres el gavilán que le arrastra el ala ahora? ¿El semental de turno?
La trompada que le pegué lo hizo desmoronarse y caer. Rika no pudo evitar emitir un grito. El revuelo de gente alrededor nuestro no se hizo esperar. El rubio se levantó sobándose la cara dispuesto a responder. Rika me sujetó por la remera.
Me acerqué al joven y lo agarré del cuello de la camisa. Lo elevé en el aire y caminé con él hacia afuera. Pataleó un poco tratando de zafarse. Un manotazo fue a parar en mi boca. Mi labio comenzó a sangrar luego de chocar contra uno de mis dientes gracias al golpe.
Lo lancé hacia el suelo. Sus huesos sonaron al impactar. Sentí las manos de Rika apoyadas sobre mi espalda.
- Ryo… déjalo ya… está bien así…
Sin embargo, Matt logró levantarse y me embistió, dándome un cabezazo en el estómago.
- ¡Basta! – gritó Rika llorando, al ver la sangre y al verme tosiendo, casi sin poder respirar. Se acercó a Matt y lo miró fijamente.
- Lárgate por favor, Matt…
- Quiero que vengas conmigo…- insistió nuevamente el joven.
- Quiero que te vayas…
- Quiero que vengas conmigo.
- ¡Mierda! ¿No entiendes nada? ¿Estás loco? Vete, vete, vete.
- No me iré, Rika…, no me iré sin ti.
- ¿No entiendes nada, no? ¿No ves que te está pidiendo por favor que no la molestes más? ¿Por qué no abandonas ese papel tan estúpido y haces lo que cualquier hombre haría? – añadí yo.
- Yo la quiero…
- Pero ella no… ella no te quiere…
- Ella no está con nadie porque quiere estar conmigo…
- Ella no está sola. Ella está conmigo. Y no necesita a nadie más. Así que déjate de pavadas y vete.
- ¿Tú? ¡Vamos! A Rika le gusto yo. A Rika le gustan los ricos. Los ricos y los rubios. No los pobres morenos… que reparten pizza y viven muertos de hambre…
- Tu discurso no me ofende. Andate de acá.
- Por favor, Matt…- añadió la voz lánguida de la pelirroja.
- ¿Desde cuándo estás con este imbécil, Rika?
- No es tema tuyo… Quiero que te vayas…
- Dime desde cuándo, por favor… ¿Te hace el amor tan bien como te lo hacía yo?
- Déjate de idioteces… vete de una vez…
- Quiero saberlo…
- Me hace lo que tú no me hacías…
- ¿Sexo oral?
El silencio se apoderó de la vereda, como expectante por la respuesta de Rika. La joven tardó unos segundos en contestar. Finalmente, ante mi asombro, lo dijo.
- Me hace feliz, estúpido. No todo en la vida es sexo…
- ¡Claro! ¡El muy perro no sabe coger! ¡Por eso te metió esas ideas en la cabeza! ¿Te lo castraron al negrito?- reaccionó Matt rápidamente.
Rika se acercó al joven y comenzó a golpearlo duramente. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis puñetazos en el rostro. Matt perdió el equilibrio y volvió al suelo. Pronto se incorporó y antes de que yo pudiera hacer algo, golpeó con dureza el rostro de la muchacha. Volví a agarrarlo del cuello de la camisa y a zarandearlo. Pero esta vez, una voz aguda me detuvo.
- Dejen a mi novio… por favor… yo me lo llevo, pero déjenlo…
Era la muchacha de cabello castaño que acompañaba a Matt. Se acercó al joven y comenzó a limpiar sus heridas con un pliegue de su solera amarilla.
- Vamos, Matt… vámonos…
- Sí, linda, tienes razón… - aprobó el joven, recargándose en el hombro de la muchacha.
- Esto no queda así… - añadió ella amenazante – Ustedes dos son unos delincuentes. Esto será motivo de denuncia… se van a pudrir en la cárcel… ¿te duele "Chuchi"?
Se introdujeron en el descapotable rojo y emprendieron viaje a gran velocidad. Nosotros, ahí, aún no caíamos en la cuenta de los últimos sucesos. Demasiado ridícula había sido la joven y todos sus dichos.
Por fin Rika reaccionó y se acercó a mí rápidamente. Acarició mi mentón. Yo la observé con tristeza. Pues sabía bien en qué terminaría todo aquello.
