Notas previas: ¡Hola! Aquí les traigo una nueva entrega de la historia. "Más vale tarde que nunca", se ha dicho. ¿Las causas de la demora? Bien, comencé el lunes 23 las clases, y me la he pasado leyendo, leyendo y leyendo, y no he tenido tiempo para sentarme a escribir. Por suerte pude hacerlo, y he aquí los resultados. Ya saben que están habilitados a emitir cualquier clase de comentarios al respecto. ¡Eso sí les pido: no sean crueles, no me incineren, jaja! Saludos a todos y hasta el próximo episodio!!! Amélie
Deceso
Bruscamente descubrieron sus ojos. La luz artificial tan potente los hirió, ya que habían permanecido en la oscuridad por varios minutos, durante la marcha y el descenso del coche. Se restregó molesta la cara antes de atender al sitio en que se encontraba.
- Hola, Rika…- musitó aquella voz tan conocida para ella, aproximándose.
- ¡¿No estabas preso, tú?!
- Desde que el hombre inventó la corrupción, no hay obstáculos para mí…
- ¡¿Qué es toda esta porquería?! ¿Dónde está Ryo?! ¡¿Qué es lo que estás haciendo?! ¡¿Te has vuelto loco?! – gritó ella exasperándose.
- Una pregunta por vez, por favor…- musitó el rubio, enredando suavemente un bucle rojo de la joven en su dedo.
- Suéltame… no me toques…
- Sostener una postura tan rebelde en este momento no va a servirte, muñeca…
- ¿Dónde está Ryo?
- Justo detrás de esa puerta, viéndonos.
- ¡Ryo! – gritó la joven logrando solamente amagar a acercarse al sitio señalado, puesto que Matt la detuvo.
- Ni te atrevas a acercarte…- advirtió, comenzando a aproximarse a la puerta – Aunque, si quieres verlo…
El joven abrió la puerta, dejándome a la vista de ambos.
- Ryo…- dijo en un susurró apenas audible por culpa de la angustia que asaltó su voz, al ver las heridas y los moretones que lucían mi rostro y mi torso cual tapizado de alfombra.
Debo ser sincero. El dolor físico era nulo comparado con el dolor que me producía el hecho de verla tan vulnerable y desprevenida ante lo que se le venía, pues, entre patada y patada, entre puñetazo y puñetazo, Matt me había torturado relatándome sus deplorables intenciones para con ella.
- No lo toques ni te le acerques más porque le dispara… - advirtió Matt, señalándole a un hombre muy grande que se aproximó lentamente hacia mí, apuntándome con un revólver de grueso calibre.
- ¡Mierda, Matt, déjalo ir! ¡Ya lo golpeaste, ahora déjalo en paz! – gimió desesperada, derramando gruesos lagrimones que dejaron su huella sobre el ordinario suelo de madera del inmundo sótano.
- Eso…- comenzó a decir el joven aproximándose a ella - …eso dependerá de lo bien que te portes…
El rubio corrió las mangas del vestido de Rika, haciendo que éste aterrizara en el suelo luego de recorrer velozmente su preciosa silueta. Comencé a sacudirme como un loco, y a emitir gruñidos con la garganta, puesto que la mordaza no me permitía gritar.
- Te odio… - murmuró ella, conteniendo las nuevas lágrimas que amenazaban con caer.
- No, muñeca… no me odies…
- Déjalo ir, al menos…
- Aún no. No te apresures… él tiene tiempo. De seguro le gustará verte gemir de placer conmigo…
- No quiero…
- No me importa…- dijo él, lanzándola violentamente al suelo, ante mis ojos llenos de odio por la impotencia.
- ¡Te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, te odio, hijo de puta, perro, perro, perro, perro! – gritó la joven, que aunque intentó resistirse al principio, al ver la señal que Matt le hizo al hombre de que disparara, no tuvo otra opción más que declinar.
Mi verdugo me obligó a observar el detestable espectáculo de Matt violándola salvajemente. Una, dos, tres veces. La muchacha no derramó una sola lágrima, ni emitió un sonido. Lo único que resonaba en la habitación era la respiración agitada del rubio y sus carcajadas que emitía de vez en cuando.
No tardó en caer inconsciente, dejando a Matt con ganas de seguir prolongando la faena.
- ¡Mierda! – gritó, sacudiendo violentamente a la joven - ¿Por qué te desmayas? ¡Despierta, perra inmunda!
Sentí que me enloquecía. Comencé a moverme con desesperación.
- Quédate quieto o te vuelo la cabeza… - amenazó el tipo que me apuntaba con el revólver.
- Mierda, me parece que no respira… ¡vámonos, Joe!
Mi mente quedó en blanco al oir esas palabras. No sabía qué pensar… ¿Rika muerta?
- ¿Qué hago con éste? – inquirió mi verdugo, cinchándome bruscamente del cabello.
- Dame el revólver. Tú espérame afuera de aquí, yo ya voy…
El hombre abandonó rápidamente el lugar. Matt me miró desafiante.
- Nadie sabrá qué pasó. Nadie sabrá quién la mató, porque tú no podrás hablar, porque te voy a matar a ti.
No esperaba más nada. Estaba completamente atado, amordazado, lastimado y muerto en vida, pues había visto desvanecer sin poder hacer nada lo más querido que tenía. Cerré los ojos con resignación, esperando que la bala me matara de una maldita vez, pues esa pesadilla no había sido vida, sino el principio de una tortuosa e infernal muerte.
El disparo no tardó en venir. Y con él, la oscuridad.
