Interregno
¿En qué consiste ese hiato que supuestamente existe entre la vida y la muerte?
A pesar de haberlo transitado por indefinido tiempo, no podría establecerlo de manera precisa. ¿Meses? ¿Semanas? ¿Días? ¿Horas? ¿Minutos? ¿Segundos? Creo que no fue demasiado. Al menos eso trataría de confirmar.
El reloj marcaba las diez de la noche. Mi hombro me dolió al despertar. Pero todo se disipó ante las dudas que me asaltaron. ¿Y Rika?
La enfermera observó mi rostro desconforme.
"¿Qué sucede? Creí que te había sedado lo suficiente… ¿Necesitas algo?", preguntó algo perturbada.
"Quiero verla…", articulé en un inaudible balbuceo casi infantil.
"¿A quién quieres ver?"
"A Rika…"
"¿Rika?"
La mujer permaneció silenciosa y pensativa durante unos instantes.
"Déjame averiguar… ya vengo…", murmuró, emprendiendo marcha hacia fuera de la habitación.
Por fin volvió a aparecer.
"Nadie supo decirme nada… Quédate tranquilo y duerme. Debes descansar. Perdiste mucha sangre… tienes suerte de estar vivo…"
"Mierda…", pensé molesto al verla retirarse sin haberme dado información alguna acerca de Rika, "¿Qué debo hacer ahora? ¿Será posible que esté muerta? ¿Cómo demonios llegué aquí? ¡No recuerdo nada!"
Me incorporé con cuidado de la cama. Presioné las vendas que cubrían la zona del hombro derecho. Vaya sorpresa, no dolía tanto. Caminé en silencio hasta la puerta. Asomé la cabeza. A través del largo corredor, tan solo una opulenta cuarentona circulaba arrastrando un carro.
Esperé a que se adentrara en alguna de las habitaciones.
"¿Dónde mierda la encuentro?", pensé desanimado, viendo la cantidad de puertas que se alzaban a ambos lados del impoluto pasillo.
Comencé a asomarme cuidadosamente por cada habitación. Revisaría todo el edificio si fuera necesario.
Sin embargo, no lo fue. A la tercera invasión, reconocí sus bucles rojos dispersos en la almohada.
- Rika… - musité, adentrándome silenciosamente en el lugar.
Acaricié su frente. Se veía bien. Estaba tibia. Estaba viva.
No pude evitar derramar gruesas lágrimas que mojaron su rostro. Ella hizo una mueca graciosa, y esbozó una leve sonrisa, pero no despertó.
Me acosté a su lado y la abracé con fuerza, pese al dolor que me provocaba esto en el hombro.
"Esto es real… no es un sueño… estás viva Rika… estás viva y conmigo… te quiero, Rika… te quiero…".
