Robotech
EL CAMINO DEL GUERRERO
By Vick
Capitulo 2
Parte 1
Alicia en el país de las maravillas
El proceso de micronizacion era un proceso tan extraño y tan lleno de misterios como todo aquello que hacia funcionar los mecanismos y sistemas de los Zentran y en los cuales ellos eran expertos en su uso, sin embargo, aquel proceso en que eran reducidos de tamaño hacia que Azonia sintiera un dejo de asco pues, verse a sí misma a la altura de aquellos que habían significado su ruina — y la de todos los Zentradi – era tan humillante que prefería ni siquiera imaginarlo.
Tal degradación pensaba cada vez que recordaba a Miriya que había pasado de ser un orgulloso combatiente a ser la esposa de un microniano con deficiencias en los ojos.
—El proceso tomara cerca de cuarenta y cinco minutos en preparación y dieciocho horas en concluirse...— decía el técnico de la cámara de conversión mostrándole a su líder el módulo de cristal que ocuparía.
Azonia estaba al fondo de la sala con siguiendo con la vista al líder de los Bottoru con gesto fruncido y los brazos cruzados, gesto que no había pasado desapercibido para Khyron pero que había preferido dejar para después pues estaba muy ocupado siguiendo las instrucciones del técnico; hombre vivaracho de gestos amables que empezaba a aburrirlo.
—…Entonces saldrá. — El técnico señalo una pequeña esclusa al pie de la máquina. —Tenga cuidado— añadió—sus pies no serán tan hábiles.
—Bien. — dijo Khyron secamente y mientras se quitaba la capa...
—Iniciare las computadoras. — dijo el Técnico inclinándose respetuosamente.
Khyron no respondió sino más bien se encaminó hacia donde se encontraba Azonia y le entregó su capa mirándola fijamente.
—Está bien. — dijo. — ¿Qué sucede?
Ella se removió incómoda.
—No sabía que era tan transparente.
—Para mí, sí. —el empezó a desabotonar su camisa para sorpresa de la líder Meltran, — ¿y bien?
—Es solo que…— ella mordió su labio inferior. — No estoy segura de si es una buena idea el arriesgarte así. — Hizo una pausa. — Tú eres el líder y…
Khyron sonrió mientras se quitaba la camisa dejando su torso al descubierto.
La reacción de Azonia fue tan rápida que su cerebro tardo en captar lo que hacía: sus ojos acariciaron aquellos músculos y los pectorales bien formados de él sin detenerse y hasta que se dio cuenta de que algo había despertado en su pecho; su corazón latía con fuerza y su boca había esbozado una sonrisa de satisfacción…que pasó desapercibida para Khyron… o por lo menos ella así lo pensó.
— ¿Y?— preguntó él entregándole la camisa.
—Bueno…— ella se ruborizó intensamente pero gracias a la poca iluminación del cuarto esto paso complemente ajeno para Khyron. — Es que podrías enviar a alguien más. — otra pausa. —No es sabio ir en una misión así.
Khyron estiró los brazos. — Sabes que tengo que hacerlo yo.
—Pues no estoy de acuerdo.
Él la tomo por los hombros y la hizo mirarlo directamente a los ojos.
— ¿Acaso escucho temor en tu voz?— El sonrió buscando una sonrisa que ella proveyó sin siquiera percatarse de ello. — Mucho mejor. — Continuó Khyron. — Tú eres un excelente líder, Azonia. Y estoy seguro que de pasarme algo tú podrás dirigir a los hombres para que terminen lo que tú y yo empezamos. — Sonrisa. — Sé que tu ocuparás el lugar que yo deje si muero.
Azonia no pudo estar más sorprendida ante tal declaración aunque tal procedimiento era el lógico en caso de que el faltase. No, no fue eso sino el tono de voz que ocupo; un tono de profundo orgullo y gran sentimiento: "Afecto" era la palabra que encajaba perfectamente en tal descripción pero ella no la sabía pues no existía en su diccionario. Fuera como fuese, el sentimiento llegó a ella como una flecha ardiente que la motivó a rodearle con su brazos en un abrazo que fue torpemente correspondido y que duró sólo un segundo.
—Bien. — Él se separó y sonó agitado. — Recuerda mis instrucciones y prepara el ataque.
Y con esto se alejó, aflojando sus pantalones mientras ella salía presurosa.
"¿Por qué me mira así?" Fue la pregunta que lo acompañó mientas descendía por las interminables espirales narcóticas del sedante que le fue suministrado.
***
Rick leyó las instrucciones dadas por el médico y lanzó algunas maldiciones en voz baja mientras convertía la receta en nada más que una bola de papel que terminó rebotando contra la pared de la cocina para aterrizar limpiamente en el bote de basura.
Lisa había partido hacia un par de horas y el resentía no haberla invitado a cenar cuando había tenido la oportunidad, pero estaba muy cansado y frustrado y realmente no creía ser la mejor compañía.
"Si Roy viera su amado Veritech de seguro me mataría". Pensaba Rick mientras habría el refrigerador y lo volvía a cerrar, inapetente.
La lluvia estaba empezando a tamborilear con sus múltiples dedos en las ventanas y el techo de su casa; aquel no era un clima placentero: los días de lluvia y frió eran tan comunes que a veces era casi imposible recordar si era primavera o invierno, pero tal era el mundo en que vivían gracias a los Zentradi y a la vez, Gracias a Min May.
No era que el no agradeciera el estar vivo. No sino el hecho que todo él recordaba como real era tan abstracto que seguía preguntándose si aquello no era más que una terrible pesadilla y siempre, siempre, en todas y cada una de las ocasiones que tenía aquellas horribles pesadillas era la voz de Lisa la que lo salvaba llegando a él como un susurro.
—Sería una pena que fuéramos los únicos que estuviéramos vivos.
Y su respuesta a tal afirmación era automática.
—No será tan malo, ¿o sí?, por lo menos no estarías sola.
Tal afirmación siempre lo hacía sentirse salvado…."no estarías sola", pensaba juguetonamente al despertar, "¿Qué habrá pensado Lisa de eso?"
Rick caminó lentamente hacia la sala de estar donde la televisión lo esperaba con el noticiero vespertino.
—…En otras noticias, continúan las investigaciones en torno al ataque registrado ayer en Nueva Detroit. Las victimas hasta ahora han sido treinta, dos de ellas pilotos de la RDF al mando del Teniente Richard Hunter, nuestras condolencias a las familias de estos pilotos que murieron en el cumplimiento del deber…
Rick se sentó en el sillón recordando que aún tenía que escribir las cartas a los familiares y cuánto odiaba hacer eso.
¿Escribirían una carta así si él muriese?, se preguntó ya sin poner atención a la televisión; después de todo él no tenía familiares.
—Tal vez Lisa recibiría la carta y se quedaría con mis cosas. — dijo en voz alta y luego lanzó una carcajada que se evaporó tan rápido como había llegado.
¿Lo haría?
Tal vez Min May.
Rick se levantó del sillón y, sacudiendo la cabeza, se recriminó por dejarse vencer por la depresión tan fácilmente.
***
Mientras Rick meditaba en su casa, otra persona mostraba los síntomas clásicos de la depresión mientras miraba la imponente y maltrecha figura del SDF—1 desde su terraza privada en el único hotel de 5 estrellas de Ciudad New Macross.
—Aun recuerdo como paso todo, Kyle.
El hombre tirado con el rostro oculto bajo sus manos en una silla destinada para tomar el sol, no dio indicación alguna de haberla escuchado así que ella continuó.
—Es como si hubiera sido ayer.
Esta vez Kyle lanzó un leve quejido que reflejaba toda la resaca que le hacía permanecer en estado semi inconsciente.
—OH, vamos, primo…— Esta vez ella utilizó un tono meloso para animarlo, sabía el poder que su voz tenía sobre él. — Deja de parecer un viejo gruñón y relájate, ¿quieres?
—Esta maldita ciudad huele a milicia. — Dijo él, arrastrando deliberadamente las palabras para darles énfasis o para que su propia voz no le diera más jaqueca. — lo único a lo que viniste fue a ver a ese imbécil.
—Rick no es ningún imbécil.
Kyle retiró las manos de su rostro y la miró con creciente enojo.
—No entiendo que ves en él. — Espetó con puro y honesto desprecio.
—Es un buen hombre. — Dijo Min May con tono soñador.
Kyle saltó de la silla y se encaró a ella y aunque su rostro era duro, su voz salió suave de su boca con la petición que ella había escuchado miles de veces.
— ¿Cuándo me darás una oportunidad?
Ella negó con la cabeza.
—Lo siento… No puedo amarte como tú deseas.
—Pero a él si. — Él se acercó a ella y posó suavemente las manos sobre sus hombros. — Niégalo.
MinMay no pudo sostenerle la mirada.
—Ese mal nacido es muy afortunado. — Continuó Kyle con tono amargo. — No te merece pues nunca ha estado contigo como lo he estado yo…— Hizo una pausa para mirarla lascivamente. — ¿Por qué no me das una oportunidad?— pidió, — Sé que puedo hacerte feliz. — Su voz era un suave susurro lleno de esperanza.
Ella negó con un gesto casi imperceptible.
—Perdóname pero no puedo verte como tú lo deseas…Eres mi primo y nada más.-Respondió débilmente.
Los ojos de Kyle se llenaron con el fuego del infierno y tal furor fue reflejado en su voz.
—Él no te ama como yo. — Gritó sobresaltando a MinMay quien empezó a sentir los dedos del hombre encajándose cada vez con más fuerza en sus hombros. — Yo soy quien te ha dado todo… ¿Qué te ha dado ese imbécil?—… ¡Dime!... Ni siquiera sabe que existes.
—He estado ocupada y él…—
—No lo defiendas. — Exigió Kyle cada vez más enojado.
MinMay ya conocía tales estados de ánimo, los cuales se habían hecho cada vez más profundos y recurrentes.
Y, aunque sabía la causa, comprendía que no había nada que ella pudiera hacer… Por más que lo intentase no había manera de que ella lo viera como un hombre…incluso, MinMay había encontrado que era imposible para ella recordar las virtudes de aquel borracho que alguna vez había sido su protector y ejemplo y que ahora era un hombre enfermo de celos y frustración.
—Por favor. — Pidió ella caminando hacia atrás lentamente con las manos en señal de 'alto'. —Necesito más tiempo.
— ¿Cuánto?— exigió él. — ¿Hasta que tu amado Rick Hunter te mande al carajo?
— Es no te incumbe. — Esta vez ella utilizó un tono de voz que intentó ser amenazador pero que sólo sirvió para hacer que la ira se apoderara de Kyle.
—Te diré que pasará…—Gritó enardecido. — te despreciará y luego vendrás arrastrándote a mí pero yo no estaré esperándote…pagarás muy cara esta ofensa… ¡YO TE AMO!
—No me importa…Iré con él.
La bofetada cruzó como un rayo el hermoso rostro de MinMay mandándola al suelo con un sonoro golpe que resonó en el balcón.
¡Puta!
MinMay sentía que su cabeza iba a explotar pero aún así se levantó mostrando orgullo en su rostro magullado.
—Si vuelves a golpearme, te mataré. — Dijo y esta vez su voz realmente amedrentó a Kyle pues contenía tal determinación que agradeció mentalmente que ella no tuviera un arma en sus manos.
La Srta. Macross pasó junto a él con la figura erguida y la cabeza en alto, sin frotar su mejilla aun roja por el golpe.
—No me esperes. — Dijo antes de salir.
***
Rick Hunter.
El Teniente Rick Hunter.
El piloto estrella de la RDF.
Aquel a quien ella amaba.
¿Qué le ve a ese sujeto?, pensaba Lyn Kyle abriendo su nueva botella de Whisky, ¿Qué tiene de especial?
La habitación había permanecido a oscuras después del anochecer y así pensaba dejarla pues no deseaba, muy en el fondo, ver su rostro desfigurado por el alcohol y sus sentimientos, reflejado en alguna parte.
Él entendía bien que estaba cambiando pero también sabía que amaba a Min May con locura, aún después de aquel primer rechazo en el SDF—1.
Aquella había sido la primera y única vez que la había besado pero había bastado para saber que ella debía ser suya.
O de nadie.
Lyn Kyle tomó el teléfono y realizó la llamada más importante de su vida.
***
La noche había traído consigo una torrencial lluvia que había hecho que Rick abandonara cualquier intención de salir a cenar fuera y se repantigara en un sillón frente a su televisor.
El programa que veía era una vieja serie de televisión en la que un psiquiatra de la radio llamado Frasier charlaba con su hermano, un tipo de apariencia enfermiza y débil llamado Niles, en un café llamado Nervosa.
—No me esquives, Frasier. — Decía Niles Crane. — ¿Eres feliz?
—Esa es una pregunta compleja. — Respondió Frasier.
—No lo es. — Niles dio un sorbo a su café. — Lo eres o no lo eres.
Rick observaba con atención aquella escena de ficción mientras la misma pregunta rondaba en su cabeza.
La respuesta lo eludía (o tal vez no quería contestar tal pregunta.) así que continuó viendo aquel programa hasta que alguien llamó a su puerta.
Rick lanzó una mirada en esa dirección con una expresión de desconcierto en su rostro; él sabía más que bien que Lisa estaba en el Puente del Prometeus y que por ningún motivo habría abandonado aquel lugar para ir a visitarlo a aquella hora.
Max y Miriya estaban en servicio lo cual los sacaba del cuadro.
Levantándose al segundo llamado caminó hacia la puerta.
—Sí, Rick. — Se dijo en tono burlón. — Es Min May…
Lo era.
La boca de Rick se abrió en una 'O' de sorpresa viéndola ahí, intentando cubrirse de la lluvia con un pequeño bolso.
Era tan irreal que nada en su cerebro pareció funcionar por algunos segundos, de hecho, se quedó estático, ahí, viéndola mojarse mientras muy dentro de su cerebro una voz le llamaba a hacer o decir algo como por ejemplo…
—Hola, Rick. — Dijo ella con voz apenas audible. — ¿Puedo pasar?
Él recuperó el uso de su cerebro como si alguien hubiera presionado el botón de 'Play' después de hacer una pausa en una película.
—Eh…claro…— Él se hizo a un lado para permitirle el libre acceso. — Por favor, pasa.
Min May entró y esperó a que él cerrara la puerta.
— ¡Santo Dios!— Rick se llevó las manos a la boca. — Estás empapada, vas a pescar un resfriado.
—Estaré bien…
—De ninguna manera. — Dijo él, empujándola suavemente hacia el pasillo. — Ve a mi habitación y busca algo que ponerte. — Rick se rascó la cabeza. — No tengo nada que se ajuste a tus gustos, eso es seguro, pero podrás encontrar algo que usar mientras se seca la ropa.—
La Srta. Macross le sonrió débilmente, debilitando sus rodillas.
Y mientras ella desaparecía dentro de su habitación, Rick se dio cuenta de que su vida era más complicada de lo que en realidad creía.
—Min May… — Dijo para sus adentros.
Diez minutos después ella salió vestida con un conjunto deportivo gris que él siempre usaba pasa salir a correr y el cual le quedaba holgado, ocultando las firmes líneas de su esbelto cuerpo.
Rick había apagado la televisión y le esperaba con la luz encendida.
—Así está mejor.
—Puse mi ropa a secar en tu cuarto de baño. — dijo ella, casualmente, sentándose luego en el sillón frente a Rick.
—Bien.
—Parece que has visto un fantasma, Rick Hunter.
Él sonrió.
—Bueno, es que no esperaba verte aquí. — Dijo él con tono burlón que llevaba en él un dejo de ironía.
— ¿Qué no puedo venir a verte?— preguntó ella.
—Por mí puedes quedarte. — Su sonrisa su hizo más ancha.
—Tal vez lo haga. — Ella bajó la mirada.
—Por mí, encantado. — Rick se levantó y empezó a cojear hacia la cocina. — ¿Algo de tomar?
— ¿Estás herido?— preguntó ella, sorprendida.
—Solo unos cuantos golpes. — Él continuó su camino pero ella lo detuvo abrazándolo por la espalda. — ¡Ey!—
—Tenía muchas ganas de verte. — Su voz llegó a hasta él cargada tal sentimiento que el se sintió completamente conmovido y a la vez curioso de la causa por la cual MinMay estaba ahí, así, de pronto, sin llamar antes ni nada que anunciase su llegado, de hecho, ella, estaba seguro el, podría obtener su teléfono celular si tan solo así lo hubiese querido. — Te he extrañado.
Él acarició las pequeñas manos que lo abrazaban a la altura de su estómago.
—Yo también. — hizo una pausa. — ¿Te quedarás?
En silencio él cerró los ojos y suspiró y ella se separó de él.
—Yo traeré los refrescos. — Ella desapareció en la cocina. — Oye, — exclamó. — Qué limpia tienes tu casa.
—Li…— empezó Rick pero se detuvo. — Limpio regularmente. — La mentira lo hizo sentir culpable sabiendo que Lisa probablemente pasaría a verlo por la mañana, pero no quería arruinar aquel momento, aunque luego tendría que penar alguna excusa para evitar que Lisa acudiera a su casa.
Un momento…
Rick no sabía por qué se sentía mal al respecto, es decir, no había nada que explicar.
Lisa solamente era su amiga.
Y nada más.
¿Verdad?
—Aquí tienes. — MinMay le puso un refresco en la mano.
—Gracias. — Rick la siguió de regreso a la sala, donde se volvieron a sentar, uno frente al otro en completo silencio por algunos minutos y hasta que él decidió empezar la conversación. — Así que… ¿visitando amistades?
—Sí. — Dijo ella enfáticamente. — Quería tomarme unas vacaciones.
—Creo que las mereces. — Rick dio un trago a su bebida.
Otra vez silencio.
—Kyle me golpeó. — Dijo ella en un tono tan casual que Rick pensó que estaba jugando. — Finalmente me golpeó.
— ¿Por qué?— preguntó él inmediatamente.
—No lo sé. — Ella desvió la mirada.
—No es cierto. — Esta vez Rick fue firme. — Dímelo.
—No puedo. — Ella negó con un gesto. — Aun no por lo menos… No estoy segura de algo…
—No entiendo por qué sigues con él.— Declaró Rick, encolerizado, a él nunca le había gustado Kyle pero el pensar en que había golpeado a MinMay lo ponía de muy mal humor.— Mándalo al demonio.
—Es mi única familia. — Ella se enjugó una lágrima. — No quiero estar sola.
—No lo estas…
Ella sonrió irónicamente.
— ¿Te refieres a mis admiradores? — preguntó mirándolo fijamente. — ¿A mis queridos fan?
¿Qué quiere que le responda?, se preguntó Rick aunque sabía exactamente qué contestar.
—Si crees que el ser una celebridad te hace feliz es mejor que lo vayas olvidando. — Ella empezó a caminar de un lado a otro dando rienda suelta a su frustración. — Es peor que estar solo. — Pausa.— Todos te sonríen pues todos desean algo de ti…siempre es así.— Ella dio un giro a la izquierda y luego otro a la derecha como si estuviera modelando.— Srita. MinMay aquí, Srita. MinMay allá…pero nada es real y al final del día termino sola en una gran habitación…con Kyle intentando acercarse con cualquier excusa.
Rick perdió el sentido del último comentario de MinMay completamente, no entendió lo que ella le quería decir, lo perdió porque lo que en su totalidad quería decirle era que se sentía sola y que necesitaba de alguien, que en ese momento, supuso Rick correctamente era él.
—Pues, yo siempre he estado aquí.
Ella se detuvo en seco y lo miró con dulzura. Era cierto, no importaba cuánto tardara en volver, Rick siempre estaba ahí, esperándola como si se hubieran visto el día anterior, con sus misma sonrisa y atenciones.
—Lo sé, Rick.
—Entonces no entiendo…— él se levanto y fue a su lado. —Ya sabes que siempre has sido especial para mí.
MinMay tomo sus manos entre las suyas.
—Sabía que aquí encontraría paz…
Él beso aquellas pequeñas manos. — Puedes quedarte todo el tiempo que quieras. — Susurro. —Para siempre si es tu deseo.
— ¿En verdad?
Él asintió levemente.
—Yo no te dejaría sola nunca. — Rick sintió el deseo irrefrenable de besarla en ese preciso momento.
MinMay lo abrazó fuertemente presionando la cabeza contra su pecho y así estuvieron por un largo tiempo y hasta que el sonido del estómago hambriento de Rick los hizo reír.
— ¿Pizza?— ofreció él.
La cena fue un proceso lento y silencioso pues no había por qué hablar cuando la mayor expresión estaba en las miradas que ambos se lanzaban y en las ligeras caricias que ambos se prodigaban cuando accidentalmente sus manos coincidían sobre la misma rebanada de pizza.
Ambos sabían que no había escapatoria para ellos aquella noche, pero ninguno de los dos quería avanzar más rápido que el otro.
De hecho, un acuerdo tácito se estableció improvisadamente, se tomarían su tiempo y lo disfrutarían al ciento por uno.
Rick sacó una botella de Merlot que consumieron lentamente solamente iluminados por la televisión.
Finalmente, Rick se ofreció a levantar los platos y se levantó para hacerlo, pero ella lo tomó de la mano y lo atrajo hacia sí cuando él tomó el plato frente a ella.
Rick la cubrió con sus brazos y sus labios se buscaron ávidamente.
Al principio el beso fue suave y lleno de amor, pero luego la pasión llegó como un manto que los envolvió con rapidez.
Tanto años había Rick soñado con ese momento y ahora que estaba pasando se daba cuenta que no había siquiera imaginado que sería tan grandioso tenerla ahí.
Ella se separó y lo condujo a la habitación.
Rick le quito la blusa en un solo movimiento y ella sintió su cuerpo enchinarse por el frió de la habitación, sus pechos, firmes y voluptuosos recibieron las caricias del piloto con profundo agradecimiento pues nadie antes la había tocado como él. Su primera vez, pensó ella, mientras él la llevaba a la habitación, sería como siempre la había soñado.
Rick fue todo un caballero con ella aunque en momentos sintió que perdía el control y se convertía en un animal salvaje que siempre regresaba a su estado controlado cuando ella lanzaba alguna exclamación entrecortada, ¿sabría él o no que era virgen? no lo sabía pero la trato como nadie la había tratado, su gentileza al poseerla, su amor prodigado en cada caricia la habían hecho reaccionar involuntariamente satisfaciendo sus deseos de una manera automática.
Era como encontrar tu contraparte perdida, la otra parte a la cual era fácil amar y complacer pues respondía cual espejo a los movimientos de ella. Su amor y pasión, sus palabras, sus caricias, todas ellas la llevaron al éxtasis.
El estar ahí, con Él, la hizo completamente feliz sabiendo que no había errado su decisión. Ahora sabía cuánto Rick Hunter le amaba y que si ella quería todo estaría bien.
—Te amo— dijo Rick, aun exaltado pero mirándola de tal manera que ella no pudo menos que estremecerse.
—Y yo a ti— ella sonrió —por eso vine a Ciudad Macross, por eso Kyle estaba tan celoso, porque yo te amo a ti y no a él.
Rick le besó la frente —Nada de eso importa ya… Estamos juntos, y eso es lo más importante para mí—
A la mañana siguiente, unos cuantos rayos de sol entrando por la ventana fueron los que despertaron a Min May. Sin saber donde estaba, se levantó y al verse desnuda, recordó que había pasado la noche anterior.
La felicidad la hizo sonreír ampliamente.
En la almohada de al lado había un pequeño avión de papel, ella lo tomó y lo abrió descubriendo una inscripción que rezaba "Iré por algo para almorzar".
"¡OH, Rick!" pensó ella levantándose y deseando tener un par de sandalias para resguardar sus pies descalzos.
El piso estaba frió así que apresuro el paso hacia el cuarto de baño pues deseaba estar limpia y presentable para cuando el regresara.
El agua cayendo sobre su cuerpo fue como una caricia prodigada dulcemente por lo cual duró un largo tiempo tomando su ducha.
Cuando salió, enrollada en una toalla, pensó, con un ligero temblor, que la temporada invernal apenas empezaba y que era mejor el mantener cerradas las ventanas pues sentía una corriente de aire filtrándose por algún lugar.
Min May empezó a secarse el cuerpo con la toalla intentando recordar dónde era que habían quedado sus ropas.
"Rick es una fiera", pensó sonriendo.
La puerta se abrió detrás de ella con un sonoro empujón.
MinMay sonrió y volteó hacia allá sin intentar ocultar su desnudez.
—Rick, yo…— empezó a decir pero la visión en el umbral de la puerta era tan inesperada que ella tardó un par de segundos en darse cuenta de lo que ocurriría. — Tú…
El guerrero en la puerta sostenía en sus manos un enorme cuchillo Zentradi de Combate y en su rostro una sonrisa que enmarcaba su mirada determinada y asesina.
Min May empezó a moverse lentamente hacia el cuarto de baño donde sabía que podría resistir un poco y tal vez el tiempo suficiente para que Rick llegara.
Sin embargo, el Guerrero sabía muy bien las tácticas de combate y se apresuró a cerrarle el paso con movimientos estudiados y precisos.
El cuchillo subió, amenazante.
Min May intentó protegerse.
El cuchillo cayó sobre ella y se hundió en un costado, la sangre brotó en un caliente chorro que mancho su blanca piel.
Ella empujó a su agresor pero el cuchillo ya caía sobre ella otra vez, esta vez bajo su pecho derecho donde penetró con facilidad hasta la empuñadura.
MinMay abrió mucho los ojos mientras una lágrima rodaba por su mejilla y el aire escapaba de sus pulmones trayendo consigo sangre y muerte.
Las fuerzas escaparon rápidamente de ella mientras el Guerrero hundía el cuchillo una, otra y otra y otra vez al tiempo que era sostenida por su verdugo y depositada en el suelo.
El cuchillo penetró por última vez en aquel hermoso cuerpo y allí se quedó, aprisionado por las costillas de ella.
El Guerrero intentó sacarlo un par de veces pero al final, con una risa macabra y demente, lo dejó ahí y, caminando hacia atrás, la abandono en aquel charco de sangre mientras decía que su misión estaba ya cumplida.
Ella repetía su nombre, una y otra vez pero cada vez más débilmente, mirándolo mientras el reía en la puerta, burlándose de ella.
MinMay empezó a sentir frió y su vista empezó a nublarse pero, cuando la risa del Guerrero se apagó en la distancia, ella empezó a moverse hacia la mesita de noche donde el teléfono suponía la última oportunidad de decirle al mundo lo que había ocurrido.
Lentamente, centímetro a centímetro, aspirando aire que la hería y punzaba como mil agujas, ella se movió, dejando su preciosa sangre en el trayecto, sintiendo que estaba cada vez más próxima a morir pero deseando tener el aliento de vida necesario llegar y marcar. Pero cada movimiento era un calvario, su cuerpo ya no respondía como ella quería y sus fuerzas se habían reducido tanto que hasta el respirar le prodigaba tal dolor que casi desfallecía.
Aun así, logró tomar el teléfono y jalarlo hacia ella.
Sus dedos, ahora torpes, buscaron las teclas apropiadas pero no las encontró con la rapidez que deseaba.
Un acceso de tos la hizo presa, obligándola a dejar caer el auricular.
En ese mismo momento, Lisa había abierto la puerta de la casa pensando en preparar un poco de café antes de empezar a limpiar aquella casa, sin embargo, algo la detuvo en la puerta.
Algo no estaba bien,
Primero, había un extraño olor en el aire, rosas, begonias y algo mas, un aroma familiar que hacia la nariz de Lisa respingarse como cuando hueles algo en mal estado.
Segundo, Ella sabía que Rick no esperaba a nadie la noche anterior y sin embargo, había dos copas sobre la mesa.
¿Habría Rick cenado con alguien la noche anterior? No lo sabía y sin embargo, una inspección más minuciosa revelo la presencia de lápiz labial, ¿una mujer? Pensó Lisa, ¿Quién podría ser?
Lisa tomo el vaso y lo observó más de cerca, sí, definitivamente era labial.
Ella recogió los platos y los llevó a la cocina donde los depositó en el fregadero, al hacerlo escuchó un quejido casi imperceptible, tan efímero que ella pensó que solamente había sido su imaginación.
—¿Rick?— Llamó en voz alta y la respuesta que obtuvo fue definitivamente un quejido.
Lisa corrió hacia la recamara y abrió la puerta.
Min May la estaba observando desde el suelo, en medio de un charco de sangre.
Desnuda, moribunda y con un cuchillo en el pecho.
—Lisa….— Dijo ella con un hilo de voz, intentando entregarle el receptor del teléfono inalámbrico — Lisa…
Sin perder un minuto, Lisa corrió hasta la estrella y se acuclilló junto a ella, tomándola en sus brazos y levantándola del suelo, acomodándola su cabeza en su regazo.
El teléfono cayó de la mano de Min May aterrizando en medio del charco de sangre, Lisa no le prestó atención, solo intentó cubrir el cuerpo desnudo de Min May con una manta cercana mientras dedicaba una mirada clínica al cuchillo en el cuerpo de ella.
La cacha era definitivamente de manufactura Zentradi lo cual lo hacía terriblemente mortal por fama y difícil de extraer.
—Min May…— llamo Lisa, mirándola a los ojos. — ¿Quién te hizo esto?
—Lisa…— Min May levantó una mano y le acarició la mejilla dejando un rastro de sangre. — Tienes…que…hacer…algo…por…mí.
— ¿Quién te hizo esto?— insistió Lisa, esta vez con más urgencia…sabía que a Min May no le quedaba mucho tiempo. — Dímelo.
—Dile a Rick… que lo amo 'y que deseaba. — Tos. —Vivir…con él para…siempre. — Un segundo acceso de tos impidió que continuara hablado.
—Calla…— dijo Lisa, apremiante, — debes mantener las fuerzas.
Lyn Min May sonrió débilmente. — No sabes mentir…— pausa para tomar aire. — Sé que moriré.
Lisa recordó súbitamente el teléfono a sus pies y reaccionó: Tenía que llamar a la ambulancia.
Sosteniendo con una mano la cabeza de Min May empezó a buscar el receptor del teléfono con la otra mano pero fue interrumpida por un terrible acceso de tos que la obligó a sostenerla con ambas manos.
—Resiste… — Decía Lisa, sus manos buscando frenéticamente.
—Cuídalo…— Min May le susurro cuando pudo recuperarse un poco. — Cuídalo por mí.
— ¿Qué?
—Se que lo amas. — Murmuró Min May. —Cuídalo.
—Min May, yo…— empezó Lisa pero no pudo continuar pues el cuerpo de Min May se puso rígido entre sus brazos mientras sus manos buscaban algo invisible.
Los ojos de Min May dejaron escapar un par de lágrimas y luego se posaron en Lisa pero ella supo que ya la vida se había ido de esos ojos que Rick amaba. Lisa contempló cómo sus pupilas se relajaban y como sus manos descendían hasta descansar en un charco de su propia sangre.
Min May, la artista más famosa de todos los tiempos, la que había conquistado a la flota más poderosa del universo con su canto y la mujer que Rick amaba, había muerto en sus brazos.
Lisa la depositó en el suelo suavemente, en shock, su mente aun rehusándose a aceptar lo que acababa de pasar.
Las sorpresas, sin embargo, no se detenían así que ella no se movió cuando la puerta de la habitación fue violentamente abierta y un grupo de doce oficiales de SWAT entraron y la rodearon apuntándole con sus armas
Vagamente, Lisa se dio cuenta de lo precario de su situación pero aun así, intentó levantarse y explicar la situación.
Los doce hombres rodeándola estaban muy tensos y el cuchillo en su mano derecha no hacía más fácil sus intenciones.
— ¡No se mueva!— grito el que parecía estar al mando.
—Soy la oficial de la RDF Lisa Marie Hayes…— explicó Lisa. — llamen a una ambulancia.
— ¡Manos a la cabeza!— grito el mismo hombre luego se dirigió al que estaba a su derecha. — Romero, revisa a la víctima.
Jorge Romero asintió y se inclinó sobre el cuerpo.
—Es Min May. — Exclamó sorprendido, mientras tomaba el pulso poniendo sus dedos en la yugular de la víctima— Está Muerta — continuo con voz ronca.
—Estaba mal herida cuando llegué…— Lisa se puso de pie pero el Teniente no estaba de humor y eso fue evidente cuando le apunto a la cabeza.
—LE DIJE QUE NO SE MOVIERA— grito dando un paso amenazador hacia ella., — Sargento Briones, asegure a esa mujer.
El hombre a la derecha del teniente bajó su arma, la puso bajo el brazo y luego se acercó a Lisa para tomarla por el brazo.
—Según el código 35B de la Constitución de los Territorios Unidos — empezó a recitar Briones colocando las esposas a la ahora silenciosa Capitán Hayes. — la declaro arrestada por sospecha de asesinato.
El forense y un médico aparecieron por la puerta.
—Nos haremos cargo, — dijo el forense con un tono de voz frío y calculador.
—Muévase, Comandante Hayes. — Pidió Briones con voz adusta. — Con pasos lentos.
—Yo no la mate…— musitó Lisa y luego algo mas pesado cayó sobre su consciencia. — oh, Dios, Rick…
—Silencio. — Graznó el hombre que la llevaba hacia la puerta
Afuera la esperaban un montón de reporteros los cuales centraron sus cámaras en la noticia del milenio, en la noticia de cómo la Capitán más famosa del RDF había matado a Lin Min May.
Los flashes y las preguntas le llovieron como una lluvia feroz pero ella no le prestó atención a nadie, solo al hombre sorprendido a su derecha, al único que no sabía que había pasado, el único que estaba fuera de lugar ya que cargaba bolsas con víveres y no una cámara.
—Lisa…— gritaba Rick al verla caminar hacia la patrulla custodiada por el hombre de SWAT. —Lisa… ¿Qué diablos paso?, ¿Dónde esta MinMay?.
Lisa se detuvo un momento para verlo con todo el amor que sentía por él en sus ojos.
—Min May está muerta. — dijo
Luego, permitió que la metieran en la patrulla donde podría llorar su pena a sus anchas, después de todo, era la principal sospechosa en la muerte de la mujer que Rick amaba.
Nadie noto, sin embargo, al otro hombre que no encajaba en la escena pues era el único que sonreír entre la multitud de camarógrafos, periodistas y locutores de televisión.
Khyron sonreía porque nunca hubiera esperado un mejor resultado para sus planes.
