Los meses pasaron y aprendí cosas. Me dijeron que tal vez ya había muerto siendo un bebe y había caído en el peor distrito de este otro mundo o había nacido directamente ahí. También aprendí sobre la energía espiritual o reiatsu, además que parecía que yo poseía esa cosa y por eso sentía hambre. Aprendí de los shinigamis, del Seireitei, del Rukongai, del mundo en que vivía en general. Y también aprendí de mis compañeros. Me aprendí sus nombres, Aosora, cielo azul; Shiro, blanco; y Amaterasu, diosa del sol pero mejor conocida por el color de su rojiza cabellera, Aka; y cosas sobre su pasado. Todos eran huérfanos, niños que habían vivido solos durante mucho tiempo, ya por que no habían encontrado una familia con la cual quedarse o que los habían abandonado al nacer o habían llegado a este lugar sin nadie. Venían de los distritos más diversos, Ao de uno de los veintes donde había vagado bastante tiempo hasta unirse a una pandilla de la cual fue el líder hasta que un problema interno los disperso, Shiro por los sesentas y siempre busco la soledad por su actitud más bien independiente que había tenido desde antes de morir, y Aka de los primeros pero nunca había encajado, puesto que su familia estricta que la había acogido en un principio no había podido soportar sus ganas de ver el mundo y había terminado huyendo y viviendo sola. Sin embargo de la Maestra ninguno sabía nada. Lo único que sabíamos era que había vivido durante mucho tiempo, más de lo que aparentaba, y que había viajado por casi todo el Rukongai, a pesar de las dificultades que había para hacerlo. Debía de tener alguna conexión con los shinigamis pues sabía manipular la energía espiritual y hacer unos pocos kidohs.

No aprendí únicamente de mis alrededores, mi educación también avanzo. Se me enseño a leer y escribir, aunque mi caligrafía nunca paso de pésima. Y aprendí más sobre la esgrima. Los pasos básicos, los golpes, como sujetar la espada, entro rápidamente en mi cabeza y se grabo en lo más profundo de mí ser. Sin embargo estaba muy atrás de mis compañeros que llevaban varios años practicando la disciplina. Varias veces me enfrentaba a ellos pero nunca había logrado dar un sólo golpe. Por mucho que me quedara horas después de que todos se fueran a descansar, me llevaban demasiada ventaja. En eso pensaba después de mi última derrota contra mi compañero más común de práctica.

-¿Estás bien?

-Sí, Aka-chan.

-¿No te golpeé demasiado duro?

-Para nada. De hecho casi fue suave.- Le mentí. Se preocupaba demasiado.

-Menos mal.- Dijo después de suspirar aliviada.- Vas mejorando.

-Aún me falta mucho.

-Es cierto pero mejoras muy rápidamente. Pronto me alcanzarás.

-No me mientas. Se que eso no es verdad.

-¡Sí lo es!- Me sorprendió su reacción tan espontánea pero era parte de su encanto. Esbocé una sonrisa.

-Entonces te creeré. No sueles mentirme.

-Voy por un poco de agua. Tú también debes de tener sed.

-Gracias.- Murmuré aunque probablemente no me escucho pues ya se iba corriendo. Una figura se me acerco mientras la veía regresar a la casa.

-¿En serio estás bien? Fue un golpe bastante fuerte.- Pregunto Ao. Después de todo era el líder y ver que no hubiera daños serios era parte de su auto-impuesto trabajo.

-Ya me acostumbre.

-Por supuesto que te acostumbraste, eres como nuestro juguete para practicar los golpes. Debe ser un trabajo duro.- Bromeo el sonriente Shiro que acababa de ponerse a nuestro lado.

-No lo sé Shiro, no he tenido el trabajo por tanto tiempo como te toco a ti. Así que dime tú que tan difícil es.

-Ouch, que malo. Vas a hacer que llore. Sin embargo antes que llegarás ya era capaz de ganarle a Aka.

-Calmados. No quiero peleas.- Interrumpió el peliazul.

-No es una pelea. Sólo estamos bromeando ¿no es así Kuro-chan?

-Es cierto.- Mi confirmación le arranco un suspiro a nuestro líder. Las pullas constantes le cansaban, aunque varias veces participaba también.

-Podrán bromear cuando sean lo suficientemente fuertes. Los debiluchos no tienen derecho a divertirse.

-¡Cuanta maldad hay aquí! Mejor me voy a descansar antes de que me lleven por ese camino de perversión.- Y después de esa frase tan típica se fue riendo al bosque, donde parecía tener un lugar privado pues iba muy seguido.

-Debilucho ¿no?- Ao se volvió con una expresión de extrañeza pintada claramente en el rostro.

-¿Qué? Sabes que era broma. No te lo tomes tan mal. Lo siento, enserio no creí que te afectara tanto.

-No tienes que disculparte por decir la verdad. Soy un debilucho.

-No lo eres.

-Si lo soy. No es sólo que todos me ganen pero es que ni siquiera puedo acercarme a dar un golpe.

-Mira, lo que dijo Aka-chan es cierto. Estás mejorando mucho.

-Pero no lo suficiente.

-Si te sientes así ¿qué te parece que te lleve a hacer un entrenamiento especial de regularización?- Dijo una voz a nuestras espaldas. No pudimos evitar saltar pues no habíamos visto a la Maestra en más de una semana y había llegado sin que no diéramos cuenta. Sus salidas eran comunes y ya estábamos acostumbrados pero siempre regressaba de forma que nos sorprendiera. Era una de las formas que se divertía, como lo demostraba la forma en la que se reía. Cuando por fin termino de reír, aunque más por falta de aire que por que le hubiera dejado de hacer gracia, pudimos interrogarla.

-¿Dónde había estado, Maestra?- Preguntó Ao.

- Por ahí. Paseando por el Rukongai. ¿Es importante?

-No. Supongo que no. Nunca lo es. Les iré a avisar a los otros de su llegada.

-Está bien Ao-chan.- Al recibir el permiso, que era extrañamente concedido, Ao se retiró lentamente, dejándonos solos.

-¿Por qué me miras tan fijamente Kuro-chan?

-¿Es cierto?

-¿Qué?

-Lo del entrenamiento especial.

-Por supuesto.

-¿Pero los otros alumnos?

-Ao-chan puede encargarse de ellos por unas semanas. ¿No lo hace siempre?

-¿Unas semanas serán suficientes?

-Probablemente. Aunque especial quiere decir que será más duro. Mucho más duro a lo que estás acostumbrado.

-No me importa.

-Entonces prepárate. Nos iremos a media noche, cuando todos se hayan dormido.

-Sí. Gracias por la oportunidad.

-No hay de que. Y ahora a lo verdaderamente importante. ¿Dónde está el sake? Se me acabo a medio viaje y no pude encontrar más. ¡Sake!- Y con ese grito de guerra se dirigió a la chabola, llena de energía. Después de un momento y con un paso más pausado yo también fui hacia la estructura.

Cuando anocheció y comimos como todas las noches. Ahora que la maestra había llegado las reservas de alcohol empezaron a bajar precipitadamente. Hubo un buen ambiente y el ánimo estaba alto por el regreso de nuestra profesora. Al finalizar dije que salía a entrenar, como ya era mi costumbre, aunque Shiro y la Maestra gritaban fuertemente diciendo que era un aguafiestas y que debería quedarme en la fiesta y beber un poco de sake, aunque Shiro era el único de nosotros que lo probaba y tenía tanto aguante como la mujer de pelo negro. Sabía que Ao lo había bebido antes de que yo llegara y se había quedado dormido casi enseguida, mientras que Aka-chan y yo habíamos cedido una noche y terminamos muy mal. No me acordaba de nada pero me habían dicho que había estado muy agresivo y nunca me dijeron como se había comportado la dulce chica pero ella había jurado no dejar pasar otra gota de alcohol por sus labios, y yo había hecho una promesa similar viendo como había quedado el lugar después de mi actuación. Olvidando los gritos para molestarme salí y azoté la puerta con fuerza para enfatizar mi salida. Practique un poco pero lo deje cuando empecé a cansarme. No sabía que tan lejos tendríamos que ir así que era mejor conservar mis fuerzas. La puerta de abrió y creí que era la Maestra pero una deslumbrante mata de color rojo desmintió esa idea.

-Kuro-chan...

-¿Que pasa Aka-chan?

-Na...nada.

-¿No te extrañaran?

-Le pedí a Ao-kun que me cubriera. Quería un tiempo...

-¿Querías un tiempo para qué?

-Para nada. Absolutamente nada. ¿Das un pequeño paseo conmigo?- Miré preocupado la cabaña pero al bullicio me dejo bastante claro que los que estaban dentro aún estarían así por un rato. Sin embargo ella noto mi mirada y atropelladamente añidió un comentario para convencerme.- Será corto. Lo prometo.

-No te preocupes. Me preguntaba si no se darían cuenta pero parece que esto no terminará dentro de poco. Vamos a pasear.- La sonrisa iluminó su rostro y agarro mi mano para arrastrarme hacia la fronda.

Nos adentramos un rato en el bosque en completo silencio. A pesar de eso ella sonreía aunque no sabía por que estaba tan feliz. La noche era agradable, estábamos en primavera y la noche era ligeramente fresca pero con la fragancia de las flores mezclada en el aire. Era una noche adecuada para pasear pero no justificaba la felicidad que veía en la cara de mi acompañante. Estaba pensando en que a que podía deberse esa actitud pero su voz interrumpió mis elucubraciones.

-Kuro-chan ¿te gusta estar aquí?

-¿Hm?

-Ya sabes, si te diviertes, si te gusta esta con nosotros y cosas por ese estilo.

-Por supuesto ¿por qué lo preguntas?

-Hoy después del entrenamiento te veías molesto, casi triste.

-Estaba molesto conmigo mismo. No hay de que preocuparse.

-Pero ¿por qué estabas molesto?

-Por ser demasiado débil. No le he podido ganar a nadie aún. En todos sentidos soy más débil que todos ustedes.

-Todos éramos débiles al principio. Te volverás más fuerte. Tal vez más el fuerte de nosotros.

-Gracias por los ánimos. Y puedes estar segura de que me volveré más fuerte. Te lo prometo.- Cuando dije esto se acerco y agarro mi dedo meñique con el suyo.

-Es una promesa. Te esperaré.

Seguimos paseando un rato antes de volver. Cuando ya veíamos la cabaña bostezo y me deseo buenas noches. Regreso casi corriendo a la cabaña.

-Te llevas muy bien con tus compañeros.

-Así es.

-¿Estás listo?

-Completamente. No sólo deseo volverme más fuerte pero además tengo una promesa que cumplir.

-¿Eh?

-Cosas mías.- Sonrió de forma misteriosa.

-¿Promesa y deseo?- Dijo de forma casi imperceptible.

-¿Qué?

-Cosas mías. Ahora vámonos.

-Sí- Me sentía muy animado en ese momento que emprendíamos el camino hacia mi entrenamiento especial.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Fue una caminata larga. Cada vez nos alejábamos más del Rukongai, el bosque cambio y se convirtió en unos apacibles campos de cultivo que le dieron paso a una fronda aún más espesa que la que estaba alrededor de nuestra casa. Casa. Era así como pensaba de ese lugar ahora. Era extraño. Era un lugar al que volver, un lugar donde había gente a la que apreciaba y que me devolvía el sentimiento, un lugar diferente a cualquier otro, mi hogar. Al voltear vi que ella me veía con una expresión divertida en el rostro, casi como si supiera que era lo que pensaba. Note un desagradable calor en mi cara, sabía que me estaba poniendo rojo y eso sólo sirvió para ensanchar la sonrisa que estaba bailando jovialmente en su cara. Terminé por apartar la mirada, molesto por la expresión, aunque no estaba seguro de por que. Finalmente llegamos a un claro y ella marcó el final de nuestro recorrido. Habían pasado varias horas y el amanecer no debía de estar demasiado lejos.

-Puedes dormir un rato. Sólo hasta el amanecer.

-No estoy cansado.

-Creeme. Necesitarás el descanso.

-Está bien- Me acosté y quede dormido casi enseguida aunque pareció como si eso no durará nada pues algo cayó en pecho casi enseguida. Al despertarme me fije en la espada que estaba sobre mi adolorida pecho.- ¿Qué es esto?

-Una espada, por supuesto. Creía que las conocías.

-Las conozco. Y además esta es la suya, para más señas.

-¡Felicidades! Un punto por tú gran conocimiento.

-¿Por qué me la da?

-Para el entrenamiento, por supuesto. Te ayudará a volverte más fuerte por el peso extra.

-Si usted lo dice.

-Te terminaré de enseñar todas las técnicas que saben tus compañeros.

-¿Ese es el gran entrenamiento? Si es sólo entrenar con una espada de verdad las técnicas que me faltan no veo como será un infierno.

-Bueno además de eso no tendrás descansos, no podrás beber agua ni comer mientras estés entrenando, sólo dormirás cuatro horas diarias y si no avanzas tanto como espero en un día tendrás que irte a dormir directamente. Como es el principio del entrenamiento está bastante calmado, espero que me agradezcas que no te trate mal.

-¿Eso no es tratare mal?

-Será peor. Mucho peor cuando termines de aprender. Y si te portas bien te empezaré a enseñar un técnica que ninguno de tus compañero conoce. Una técnica de las shinigamis.

-U...

-Una palabra más y habrá castigo. Así que a trabajar.

Practicamos primero las técnicas básicas, las que yo conocía y note la gran diferencia. El peso de la espada era totalmente diferente y al poco tiempo mis brazos se empezaron a cansar, mucho antes de lo que deberían. Fue hasta entonces que me di cuenta que las reglas eran aún peores de lo que parecían. Si me equivocaba el boken impactaba en la parte del cuerpo que estaba en mala posición. No pudimos pasar de los movimientos elementales ese día y tuve que quedarme adolorido, hambriento y muerto de sed para el día siguiente. Por suerte para el inicio del siguiente entrenamiento considero que dominaba lo suficiente las bases y empezamos con lo avanzado. Cortes más difíciles, saltos, rodadas, fueron unas de las pocas cosas que empecé a practicar. Los castigos se hicieron más constantes y dolorosos pues al ser cosas nuevas los errores eran cada vez más comunes. Así día a día nuevas técnicas se me enseñaban pero terminaba cada vez peor. La mayoría de los días mi avance era insuficiente y se me negaba el alimento y la bebida. No parecía tener fin. El tiempo empezó a perder su significado, las jornadas eran de entrenamiento sin fin y a pesar de eso no eran desagradables. Un día por fin cuando me preparaba para empezar otra vez con el entrenamiento de movimientos una noticia llego.

-Por fin termino está parte del entrenamiento. Tardaste bastante tiempo, mucho más de lo que esperaba pero ya terminó. Ahora mejoraremos tus capacidades físicas. Acércate.- Obedecí su instrucción mientras intentaba imaginarme que haría. Vi cómo sacaba una cuerda, o eso parecía a pesar de su color negro, y empezaba atarla de una forma especial. Cuando llegue a su altura se volteo a verme.- Bueno ahora data la vuelta. Así está bien. Ahora levanta un pie. Un poco más alto. Así. El otro igual. Muy bien. Las manos atrás. Más. Exacto. Bueno estamos listos.- Con esas indicaciones termine por estar atado con la extraña cuerda. Estaba alrededor de mi tobillos y de mis muñecas y jalaba con mucha fuerza, aunque parecía ser elástica y aún podía moverme con mucho esfuezo.- Ahora el día se dividirá en dos. Las mañanas trabajaremos tu velocidad y las tardes tu fuerza. Además de esa cuerda habrá unos cuantos pesos en tus piernas y brazos para reforzar todo. Te marcaré lo que debes hacer y cuanto tiempo tienes. De fallar serás castigado. Tres castigos en un sólo día y no tendrás agua ni comida. El resto de las reglas del entrenamiento anterior también se aplica. Primero a correr.

La nueva etapa fue aún más exigente. Las carreras eran terribles. El tiempo cuando empezamos era la mitad de lo que normalmente hacía sin las restricciones extra pero fue en aumento. Carreras cortas, largas, con obstáculos, arriba de los árboles, de cualquier tipo que cruzó por la mente de la Maestra por extraña o sádica que fuera tuve que correrla. En las tardes no mejoraban las cosas. Golpear los árboles o piedras (dejando mis puños sangrantes), lagartijas, patear rocas, abdominales, sentadillas y cualquier método conocido por el hombre para hacerse más fuerte, y varios que debieron de ser inventados en ese tiempo y que fueron probados conmigo, tuve que realizarlos. Si en la primera parte varios días no había probado el agua y la comida en esta etapa se convirtieron en un lujo que veía raramente. Cuando por fin lo alcanzaba era un paraíso. Supongo que este entrenamiento duro aún más tiempo que el anterior pero mi percepción estaba tan distorsionada que no podría asegurarlo.

-Bueno tu cuerpo debe de estar listo. Felicidades.- Fue lo que me despertó un día.- Te has portado bien y te enseñaré la técnica que te prometí al principio. Buen niño.

-¿Y ahora que me quitará?

-Nada. No te preocupes pues este entrenamiento no será tan duro como los anteriores. Ahora podrás comer regularmente, aunque el tiempo que dormirás seguirá siendo el mismo. También te dejaré descansar de vez en cuando. A que soy una buena chica.

-Si usted lo dice.

-Por cierto esta técnica no la utilices demasiado. Si alguien te ve hacerla empezará a pensar que eres un shinigami y puede ponerte en problemas. Te la enseñaré en un nivel muy básico pero te dará una ventaja en las batallas. Te advierto que no quiero que mejores esa técnica más allá de lo que te enseñaré puesto que resaltarás demasiado en el Rukongai. Si te veo entrenándola tu vida anterior te parecerá un paraíso. ¿Entendido?- Se veía extrañamente seria, casi daba miedo. Me pregunté si esta era la cara que veían los que se enfrentaban a ella. Me costo pero logré mantener la mirada.

-Sí.

-Bien.- Su cara se relajo de una forma considerable. Volvía a ser la Maestra de siempre.- Se llama shunpo. Es una habilidad que incrementará tu velocidad y te permitirá moverte casi instantáneamente de un lugar a otro. Empecemos.

Realmente este entrenamiento fue bastante más relajado. Lo primero fue la manipulación de la energía espiritual, luego su distribución por el cuerpo y finalmente el movimiento en si, que consistía en mover el reiatsu a los pies y piernas para incrementar bruscamente la velocidad. Tanto la distancia como la velocidad podían mejorarse a base de entrenamiento pero por las condiciones impuestas al inicio terminé por sólo avanzar unos pocos metros a una velocidad bastante baja comparada con la de esa mujer que me estaba enseñando pero logré que el movimiento entrara a mi repertorio después de un duro entrenamiento. Creí que eso sería todo pero estaba equivocado. Quedaba una última parte. Ganar experiencia en combate. Hasta que ella decidiera estaríamos luchando desde que me despertara hasta la hora de ir a dormir. Por supuesto fue la parte más dura puesto que caía derrotado normalmente a los pocos minutos de levantarme. Si contra mis compañeros no podía acercarme lo suficiente como para rozarlos contra ella era casi un milagro si podía lanzar más de tres ataques antes de ser golpeado por la espada de madera. Por suerte durante este tiempo no fui privado de las mismas cosas que al principio pero aún así tenía pocas ganas de comer y beber por el constante dolor que sentía, que tenía propiedades casi narcóticas. Casi no mejoraba y lo único que cambio a lo largo de esos días fue que podía encadenar más de un ataque contra ella. Finalmente un día decidió detenerlo.

-Es suficiente.

-Pero aún no logro nada.

-Al igual que tus compañeros.

-¿Qué?

-Ya estás al mismo nivel que ellos. Bueno al menos que Shiro-chan y Aka-chan. Ao-chan es un poco mejor pero dejarte a su nivel tardaría demasiado tiempo.

-¿En serio?

-Por supuesto. Buen trabajo. Nos vamos mañana. Descansa el resto del día.

-Gr-gr-gracias.- Fue todo lo que pude mascullar antes de caer dormido en ese mismo lugar.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Caminamos de regreso a un paso bastante más tranquilo la mañana siguiente. Hacía un clima agradable, aunque bastante más cálido de lo que era cuando habíamos empezado el entrenamiento. La Maestra parecía muy relajada e iba chiflando. Ella estaba como si nada hubiera pasado. Incluso su ropa era estaba intacta. O casi intacta más bien pues había un ligero rasguño en su lado derecho. No se lo había notado antes y era especialmente extraño puesto que un muy ligero moretón se asomaba por debajo.

-¿Qué le paso Maestra?

-¿Eh? Ah, esto. Ayer una ramita me golpeo mientras daba u paseo después de que te quedarás dormido. No es ningún problema.

-Es extraño que algo así le pase.

-Es cierto pero no imposible.

-¿Maestra?

-¿Sí?

-¿Puedo preguntarle algo?

-Supongo que si. Aunque sinceramente espero que no fuera la pregunta que acabas de hacer pues es bastante estúpida.

-Por supuesto que no es eso. ¿Cual es su nombre?

-Eso ¿eh? Te lo diré después.

-Entonces dígame algo de su pasado. Sabe técnicas de shinigamis, parece conocer todo el Rukongai y también es muy versada con la espada.

-Fui shinigami. Hace mucho tiempo, probablemente antes que tú o cualquiera de los otros naciera estaba en una de los las trece divisiones.

-¿Por que lo dejo?

-Eso es un secreto.

-Pero...

-Por mucho que insistas no te lo diré. No ahora.

-¿Puede decirme algo más?

-Otro día.- Seguir preguntando sería improductivo. Lo único que pude hacer fue suspirar derrotado.

-Está bien.

El resto del camino fuimos en silencio. El sol estaba por caer cuando vislumbramos la cabaña. Mis compañeros estaban entrenando frente a ella y no nos vieron llegar. Yo no participé en su broma pero la maestra se movió discretamente y con velocidad para asustarlos, lo cual logró con bastante efectividad. Mientras yo seguía acercándome escuche a Ao preguntarle porque había estado casi dos meses fuera con uno de los estudiantes y la juguetona respuesta de que estábamos en una luna de miel no se hizo esperar. Después paso su brazo alrededor de Shiro y grito que necesitaba alcohol arrastrando al albino muchacho dentro para que lo acompañara en su borrachera. Ao los siguió al ver que el entrenamiento había acabado. La única que quedaba fuera para cuando yo llegue arriba de la colina era Aka-chan. Me sonrió y sólo dijo.

-Bienvenido.- Sonreí yo también al ver como me recibía.

-Regresé.