Como siempre pasaba después de la llegada de la Maestra hubo una pequeña fiesta de bienvenida. Está vez no hubo salidas ni nada por el estilo y duró hasta el agotamiento de los presentes. Regresar era muy agradable y fue una muy cálida bienvenida por parte de todos mis compañeros, este era el sentimiento de regresar al hogar. Y después de esa noche de festejo comenzó un día bastante normal de entrenamiento, como si nada hubiera pasado, como si no nos hubiéramos ido por un par de meses a entrenar. Un calentamiento, unos ejercicios de practica y luego las peleas. La Maestra decidió que Shiro sería mi oponente y que los demás observarían el combate. El albino sonrió, pensando que tendría una victoria fácil.
-Extrañaba poder golpear sin esforzarme.- Fue su saludo cuando nos pusimos en guardia. Le sonreí a modo de respuesta.
El exceso de confianza puede ser un gigantesco problema en una pelea y en esa ocasión Shiro aprendió la lección. Supongo que no esperaba que mi velocidad y mi fuerza hubieran aumentado tanto pues ni siquiera reacciono cuando ataque directamente a la muñeca, obligándolo a soltar la espada y después un impacto en el hombro lo puso de rodillas. Los dos espectadores se quedaron con las bocas abiertas mientras la profesora se moría de risa.
-Nunca den por sentado las habilidades de sus oponentes. Aunque los conozcan desde hace mucho tiempo pueden cambiar. Especialmente si yo estoy involucrada. Shiro-chan ponte de pie y lucha en serio o terminarás así otra vez.- Fue la advertencia de la Maestra que con un gesto nos indicaba volver a empezar. El chico no perdió la sonrisa pero ya no dijo más bromas y en su mirada se notaba una seriedad que no había al principio. Aún así por los pelos saque mi primera victoria. Después de ver el resultado la morena pidió nuestra atención para dar un anuncio.- Mientras veía este combate se me ocurrió una pequeña idea. Los reto, a los cuatro. Mañana lucharán contra mí al mismo tiempo y si me ganan podrán pedirme lo que quieran. No habrá restricciones. Bueno sólo les pediré que yo sea capaz de cumplirlo.
-¿Y si perdemos?- Preguntó el prudente líder, preocupándose de las posibles consecuencias de aceptar la oferta aunque parecía bastante jugosa. De hecho probablemente por parecer tan jugosa era que tomaba precauciones extra.
-No pasará nada.
-Con usted eso es poco probable que sea así.
-Quiero probar sus habilidades. Ver que tan fuertes son y que tan bien luchan en equipo. Digamos que es algo similar a un examen.
-¿Por qué haría una examen?
-Ya saben bastante esgrima. Quiero ver si dominan lo que les enseñé y puedo pasar a enseñarles otras disciplinas. Para eso necesito hacer este examen.
-¿En serio es todo?- Ao no terminaba de creerse el asunto pero parecía estar captando que su insistencia no serviría de nada, sin importar que estuviera diciendo la verdad o no.
-Lo juro.- Suspiró derrotado nuestro aguerrido líder ante el último comentario. Ya no podía hacer nada por estás palabras. Con un movimiento de la cabeza le concedió la victoria a la mujer mayor.- Los dejaré solos ahora. Les recomiendo planear una estrategia y que quieren pedirme. No servirá de nada pues es imposible que me ganen pero supongo que será divertido pensar que harían. Disfruten de la ilusión.- Shiro parecía querer dar una respuesta ocurrente pero ella se nos dio la espalda frustrando su intención.
La idea de poder pedir cualquier cosa nos tenía impactados. Era una oportunidad única para nosotros. Yo tenía muy claro que quería. Quería saber su historia, conocer su pasado. No sabía que pensaban los demás pero por fin aclarar el misterio de la mujer que nos cuidaba era mi elección. Pero nos bajaron de las nubes de nuestra elucubraciones la voz más sensata del grupo.
-Se en que están todos pensando pero lo primero es hacer una estrategia. Si no todas sus locas ideas se quedarán en sólo deseos. El tener un plan hará que pase de imposible a sólo improbable.
-Que aburrido eres Ao. Déjanos soñar en paz.- Se quejo el albino.
-Si quieres perder en pocos segundos te dejaré.- Fue la tajante respuesta. Ao se estaba tomando esto muy en serio. Antes de una respuesta que obligara a seguir este inútil juego de comentarios la pelirroja intervino.
-Estoy de acuerdo con Ao-kun. Cuando terminemos la estrategia podremos pensar en que pedir.
Yo mostré mi consentimiento ante esta resolución aunque para mí era fácil pues ya sabía que propondría como recompensa. El otro parecía aún querer molestar pero por segunda y milagrosa vez desistió sin más comentarios. Supongo que él también sabía que era lo mejor y la curiosidad lo tenía demasiado picado como para desaprovechar la oportunidad. Ao ya tenía pensada una estrategia bastante efectiva, rodearla y atacar desde todos los ángulos, especialmente cuando estuviera ocupada peleando con otra persona. Atacar juntos a veces y otras turnándonos era nuestra mejor oportunidad y Ao lo sabía bien. Él se encargaría de coordinarnos y dar órdenes en caso de ser necesario. La discusión sobre esto duro mucho menos que la siguiente. Cada quien tenía sus ideas particulares, como menos horas de entrenamiento, más comida. Ao y yo coincidimos otra vez pero los otros dos parecían estar pensando en otras posibilidades. Tardamos hasta bien entrada lo noche cuando por fin los logramos convencer de lo interesante que sería por fin conocer el pasado de la Maestra. El día siguiente sería muy interesante.
Estábamos realmente emocionados así que todos terminamos por despertarnos temprano. Nos costo una barbaridad esperar hasta mediodía que era cuando la batalla estaba programada. Ella estaba en una actitud completamente opuesta a la nuestra. Frente a nuestro nerviosismo ella sólo mostraba la más absoluta de las calmas. Mientras que nosotros nos habíamos despertado temprano ella había dormido hasta tarde. En esos momentos estaba casi somnolienta. Sin embargo no perdía una chispa de diversión que había llegado a sus ojos desde que había propuesto todo este asunto. Sin prisas se estiró y relajo los músculos. Estábamos impacientes pero ella era la jefa en este asunto así que teníamos que esperar.
-¿Ya decidieron que me pedirán si ganan?- Dijo sin dejar su calentamiento.
-Saber de su pasado.- Fue la escueta respuesta de Ao, que aún con su cara seria mostraba tanta ansiedad como el resto de nosotros.
-Así que se decidieron por eso al final. Está bien. Las reglas son simples. Golpe mortal equivale a una persona que pierde. Cuando pierdan se salen y no pueden interactuar de ninguna forma con el combate, ni siquiera con consejos o ayudas verbales. Todo lo demás vale. Excepto por eso Kuro-chan. No puedes utilizar esa técnica. ¿Entendido?
-Sí.- Fue la respuesta coral aunque los ojos se desviaron hacia mi persona con la tácita pregunta sobre esa técnica que se me prohibía utilizar. De todos modos sabía que utilizarla en este momento sería un despropósito pero lo prohibición explícita reforzaba esa convicción.
Ella espero a que nos pusiéramos en posición. Nos tomamos nuestro tiempo para rodearla, sin perderla de vista para que no nos tomara por sorpresa. Aún después de tomar las posiciones esperamos un largo rato antes de movernos otra vez. Finalmente Ao pareció considerar que era suficiente pues con un gesto me dio la orden de atacar. Un ataque frontal, lo más directo posible. No dejo de sonreír mientras que paraba el golpe sin esfuerzo alguno. El entrechocar de las espadas de madera fue la señal para todos mis compañeros de lanzarse al ataque. Intenté mantener su espada quieta para que les fuera más fácil golpear pero la Maestra me superaba por demasiado en cuestión de fuerza, lanzándome lejos por pura presión sobre mi espada. En seguida se escuchó a los golpes caer y ser rechazados. En seguida volví a unirme al combate lanzando tajos en cualquier espacio que veía abierto pero no parecía hacer ninguna diferencia pues todos los golpes eran rechazados con una facilidad y una fluidez impresionantes. Sabía donde íbamos a atacar incluso antes de que iniciáramos el movimiento. Después de poco tiempo se escapo de la presa con una carga del hombro contra la pelirroja. Con señas Ao nos indico la nueva estrategia, atacar por pares. Él y Aka se lanzaron al ataque. Sin embargo la morena ya tenía a su primera victima en la mira. Poco después de que la pareja volviera atacar y cuando Shiro y yo aún estábamos buscando una apertura cuando nuestro líder perdió la cabeza. O lo habría hecho de ser una katana de verdad la que hubiera impactado de esa forma en el cuello. La chica se vio obligada a retirarse pues era imposible mantener la posición ella sola. En ese momento nos empezó a ir realmente mal. La Maestra paso de la defensa al ataque. A pesar de nuestra ventaja numérica lo único que podíamos hacer era defendernos. Shiro cayó bajo otro certero golpe. Al ver eso Aka pareció darse cuenta que así no lograríamos nada con sólo detener su golpes. Se lanzó delante de forma casi suicida, con un ataque directo a la cabeza. No lograría nada pero la acción inesperada puso en una situación incomoda a la profesora. Fue entonces cuando se abrió frente a mis ojos. Era un muy pequeño resquicio pero ahí estaba. La única oportunidad de ganar que teníamos. A la altura de sus riñones podía golpear. Con toda mi fuerza y velocidad solté una estocada. Las dos mujeres aún estaban trabadas así que era seguro que acertara. Vi como la punta se acercaba sin remedio al punto vital. Lo habíamos logrado.
-Eso fue peligroso.- Dijo la profesora a unos metros de distancia fijándose en el lugar que había apuntado mi espada momentos antes. Aka había sido golpeada antes de irse pues se estaba agarrando el hombro y nuestra gran oportunidad se había desvanecido. Una pequeña rajadura en la ropa y una ligera rozadura mostraban que habíamos estado muy cerca, tan cerca que era casi doloroso haber quedado en sólo eso. Y además ahora estaba solo. La mirada que le envié supongo que habló por si misma, pues le recriminaba que hubiese utilizado el shunpo para salir de esa situación.- No me veas así. Nunca dije que yo no la utilizaría.
-Pero entonces no tenemos ninguna oportunidad.
-Mala suerte.- Mis reflejos no me fallaron pues puse la espada justo en el lugar adecuado para detener el golpe que llegaba desde atrás que llego después del segundo shunpo. Sin embargo fue lo último que pude hacer pues el siguiente golpe fue demasiado rápido, una estocada al mismo lugar que yo había intentado alcanzar. Fue nuestra derrota. Ella se relajó tan pronto como la punta se clavó en mí, de forma muy dolorosa por cierto.- Y eso es todo. Buen trabajo chicos.- Nos alabó mientras todos se levantaban y se acercaban a donde estábamos nosotros.
-Perdimos. Fuimos completamente destrozados.
-Cierto pero tuvieron una buena estrategia, bien planeada y ejecutada. Me pusieron en problemas cuando atacaron los cuatro.
-¿En serio?- Pregunto Shiro con cara incrédula.
-Si. Puse toda mi concentración para lograr sobrevivirlo. Y me obligaron a sacar una técnica seria. Ya no necesitan aprender nada más de esgrima, sólo tienen que practicar para mejorar eso es todo. Por cierto tengo que decir que hay alguien con mucho talento con la espada aquí. No diré quien, los demás prefieren otras armas y ya se ve en sus hábitos de lucha. Pronto llegaremos a esas armas, no se preocupen. Así que sólo me queda por decir una cosa. ¡Felicidades!
-¿Entonces nos dirá de su pasado?- Fue mi inocente pregunta ante la alabanza que nos cayó.
-¡Por supuesto que no, imbécil!- Fue la rápida respuesta que vino junto al golpe directo a la cabeza.- ¡Perdieron! Sólo los estoy felicitando por luchar bien.
-Gracias.- Dijeron los otros mientras yo me sobaba la cabeza adolorido.
-Bueno, ahora hablaremos de que me tienen que dar por haber perdido…- Ao suspiró con una cara de desesperación por saber que esto vendría a pesar de sus palabras anteriores. Regresamos a la casa con el discurso de las posibles cosas que tendríamos que hacer por nuestra derrota.
