Agarre la espada. Hacía mucho tiempo que no estaba en una situación como esa, desde que me había recogido la Maestra. Pronto, pronto empezaría todo. Al menos no era esa espada, era una más corriente que le había robado a un borracho cualquiera que abundaba aquí, pero pronto estaría manchada de carmesí y mellada. Sin embargo era lo que había que hacer. Esta vez no era sólo por sobrevivir, estábamos intentando ayudar a alguien. Me preguntaba como estarían mis compañeros. Después de todo ellos venían de otros lugares menos violentos, no necesariamente habían visto cosas como la que estaba por acontecer. Sobre todo me preocupaba Aka-chan. Después de todo ella era muy dulce y lo que estaba por pasar la afectaría duramente. No lo había dicho pero creía que era mejor que ella no estuviera aquí. Sin embargo nuestra profesora debía de ser conciente de la situación por que le había dado una posición bastante segura y calmada, además de que estaba muy cerca de la posición de la Maestra. Yo era el más avanzado, pero también era el que mejor conocía la zona, además de que algunas veces en el par de años que habíamos entrenado juntos ya había podido vencer a Ao. Después estaba el líder un poco atrás mío, en una posición en la que podía reaccionar y mandarle ordenes a Shiro, el cual estaba muy cerca, si era necesario, después de todo era al segundo al mando. Finalmente después del albino estaba a pelirroja con la morena muy cerca. La estrategia era simple. Muy simple. Mientras esperaba repasé los acontecimientos que me habían llevado atrás de esa pared, que nos habían llevado a todos nosotros ahí.
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-¿Entonces ya está todo listo?
-Sí. El plan está completo y todas las preparaciones terminadas.- Respondió Shiro a la pregunta.
-¿Todos están seguros de hacerlo? Una vez que empecemos no hay vuelta atrás. Será el final.
-Por supuesto. Estamos juntos en esto. Nadie se va a salir de esto ahora.- Esta vez era Aka-chan quien respondió. Se le notaba que estaba decidida a hacerlo.
-Entonces vamos a empezar.
-Claro.- Fue la respuesta en coro. La conspiración estaba preparada, todos estábamos listos.
Caminamos con cuidado. El claro estaba enfrente. Yo me adelante, rodeando al objetivo mientras mis compañeros ocupaban sus posiciones. Fuimos muy cuidadosos al ocupar los lugares designados, no queríamos alertar de nuestra presencia a quien estaba ocupando el claro, así que tardamos un poco más de lo esperado en estar en posición. Finalmente todo estaba perfecto, el objetivo no tenía ni idea de que estábamos ahí y todos estábamos en la posición adecuada. Lo único que quedaba por hacer era esperar la señal y ejecutar el plan. Estaba nervioso, esperando la señal, preocupado de perderla, toda mi atención centrada en el lugar convenido. Por fin llego la señal, la pequeña piedra lanzada contra un arbusto para distracción. Era el momento de saltar. Esperaba que todos estuviéramos sincronizados, si no era el caso el plan quedaría en nada después de haber llegado tan lejos. Lo único que podía hacer yo era hacer mi parte y confiar en mis compañeros.
-¡Feliz cumpleaños!- Fue el grito que salio de las gargantas de mis cómplices. Yo no pude forzarme a gritar pero al menos estaba como apoyo moral. Ao saltó sorprendido ante el repentino ataque de todos nosotros. El plan de la Maestra había sido un éxito.
-Muy graciosos.- Fue la respuesta de Ao cuando se recuperó de la sorpresa.- Realmente casi me matan de la risa con su bromita.
-Fue idea de la Maestra.- Dije para desligarme de la responsabilidad de esa acción, aunque no podía negar que me había divertido con la broma.
-¡Traidor!- Me respondió la profesora, casi dejándome sin oídos de paso.
-Es la verdad.
-Pero no lo dices.
-Ao-kun seguro que se lo imaginó.- Intento intervenir Aka para defenderme.
-Aún así no deben de decirse esas cosas. Está muy mal que acuses a tus compañeros de crimen Kuro-chan.- Las recriminaciones continuaron, siempre con el mismo tono burlón. Vi como la chica se acercaba para felicitar al líder y que después de unirse un momento a la regañiza también Shiro se desligaba del sermón para ir con el festejado. No dábamos regalos, nunca lo habíamos hecho pues no teníamos ingresos para conseguir nada, a parte de que lo más cercano era el último distrito del Rukongai, no conocido por sus buenas tiendas, y tampoco había muchos materiales para fabricarlos nosotros mismos, pero de todos modos se hacían fiestas sin falta para celebrar estas situaciones.- ¿Entendiste Kuro-chan?- Mi regaño había terminado. Baje la cabeza de forma sumisa, como si aceptara lo que se me había dicho y después los dos no desentendimos de esa situación, acercándonos para dar las felicitaciones más personales.
La fiesta fue aún más animada de lo que eran normalmente, parecía que no iba a acabar en toda la noche. Habíamos conseguida comida de mejor calidad de lo que estábamos acostumbrados y la Maestra también había conseguido un sake especial para brindar. Por la ocasión Ao sí probó un trago para brindar, pero nosotros dos mantuvimos nuestra promesa de no probarlo. Era un día especial y se notaba en todos los aspectos. Nunca pensaríamos que la fiesta terminaría de esa forma. Un hombre de mediana edad y hombros anchos irrumpió a la mitad de la noche, cuando muchas botellas se habían vaciado y la comida ya había escaseado. Tenía una cara de pocos amigos, con cicatrices que casi parecían arrugas y con el pelo negro cortado casi al ras. Entró sin anunciarse y de no ser por un gesto de la profesora lo hubiéramos atacado en ese mismo lugar. Se sentó en la mesa, justo enfrente de la Maestra y agarró una de las botellas, haciendo una mueca de disgusto al encontrarla vacía. Se molestó tanto que la lanzó contra una pared, esparciéndose en cientos de pequeños pedazos.
-Pareces estar de mal humor.- Dijo escuetamente la recién nombrada anfitriona.
-Por supuesto que estoy de mal humor. Cualquiera lo estaría en una situación así.
-Ahora me acuerdo de que mis estudiantes no te conocen. Chicos este es un viejo conocido, Arakawa Tetsunosuke. Tetsu-kun, mis estudiantes, Ao-chan, Shiro-chan, Aka-chan y Kuro-chan.
-¿Por qué siempre nos llama chan? Ya estamos grandes.- Se quejó el peliazul.
-Los llamaré como yo quiera. Las presentaciones terminaron, supongo que tienes algo bastante importante como para venir aquí.
-Pues sí, necesito tú ayuda…
-¿Bueno que necesitas? No te quedes callado.
-Es que es una petición para ti, preferiría estar a solas.
-Yo decidiré como hacer el encargo, pero te concederé tu deseo Tetsu-kun. Chicos salgan por favor.
Después nos enteraríamos que pasaba pero por alguna razón ese hombre no quería que escucháramos lo que tenía que decir. Tuvimos que quedarnos bajo las estrellas especulando cuales eran las noticias y que tan importantes eran como para ameritar la primera visita de alguien a la cabaña. Ideas de que si querían que regresara a las filas de los shinigamis, de que la necesitaban para mediar un conflicto entre bandas rivales muy poderosas en algún lugar del Rukongai o cosas por el estilo. No había nada mejor que hacer más que dejar volar la imaginación. La reunión se alargaba y Aka decidió invitarme a pasear mientras Ao y Shiro tenían el concurso de a ver quien tenía la idea más disparatada sobre la reunión. Estos paseos ya eran casi una costumbre para nosotros dos y nos lo tomamos con bastante calma, para disfrutar el hermoso cielo estrellado que había esa noche. A pesar de todo al regresar nada había cambiado, los otros dos se habían cansado de su concurso y estaban tirados con cara de aburrimiento. Pareció que nuestra llegada les dio nuevos ánimos pues enseguida saltaron para molestar, diciendo que éramos novios, que necesitábamos tiempo a solas, y cualquier cosa que se les vino a la mente. Era chistoso lo mucho que había cambiado mi percepción de Ao, pues al principio creía que era muy serio y sin sentido del humor, que nunca cambiaba su expresión. Este no era el caso pues aunque mantenía la expresión serena, si no había trabajo era perfectamente capaz de bromear. A deferencia, a Shiro lo había calado muy bien desde el principio. Aún estaban en esa actividad y Aka-chan sonrojada e intentando desmentir las joviales acusaciones cuando la puerta se abrió para dejar salir a Tetsunosuke. Nos dedico a todos una leve inclinación de cabeza a forma de despedida y se apresuró a desaparecer en la noche.
Había dejado la puerta abierta así que nos asomamos para ver a la Maestra. Tenía una expresión de preocupación y parecía muy concentrada en algo. Entramos lentamente, intentando no molestarla pero tan pronto como el primero de nosotros piso el suelo de tatami su mirada nos golpeo, clavándonos en el lugar. Nos repaso, revisándonos como si quisiera comprobar algo que había estado ponderando. Después de observarnos durante varios minutos pareció satisfecha. Asintió lentamente mientras buscaba su copa.
-Vayan a dormir. Mañana los pondré al corriente. Supongo que ya es hora, aunque no me guste la idea. Descansen muy bien, pronto ya no tendrán esa oportunidad.
Eran extrañas palabras. Parecía casi triste. Las especulaciones sobre la conversación se hicieron algo más que un simple juego para pasar el tiempo. Era la primera vez que la veía en ese estado y era preocupante. La mayoría del tiempo tenía una sonrisa en la cara, a veces se ponía seria para recalcar ciertas cosas y muchas otras situaciones, pero nunca había mostrado melancolía, ni siquiera la única vez que me había comentado sobre su pasado había mostrado esa emoción. Esto era mucho más grave de lo que nosotros nos imaginábamos. Esa noche nos fue difícil de conciliar el sueño todos. Poco a poco escuche como mis compañeros entregarse al Dios del sueño hasta que llego mi turno.
El día siguiente pudimos dormir hasta tarde, cosa bastante extraña. Era cerca de mediodía cuando me levanté. Último en dormir, último en despertar. Agarré un pequeño desayuno y luego fui a buscar a todos los habitantes, pues la casa estaba desierta. Al salir casi tropecé con Aka-chan que prestamente me explicó que no encontraban a la Maestra. En esos momentos todos se dedicaban a buscarla. Estaba a punto de unirme a la cacería cuando ella apareció, subiendo con un bulto a su espalda y con expresión de que no pasaba nada. Dejo el equipaje con nosotros, bajo estrictas ordenes de no tocarlo, y fue a pescar a los dos que faltaban. Poco tiempo pasó antes de que regresara arrastrando al pobre par, casi como si hubiera evitado que escaparan. En ese momento después de estar reunidos se nos mando a sentar en una fila. Su expresión cambio radicalmente y su voz adquirió un tono extraño, como una mezcla de orgullo y dolor, al empezar a hablar.
-Hace muchos años que llegaron aquí. Los he visto crecer y he intentado enseñarles cosas que les puedan ser útiles. Aunque mi especialidad son las espadas les he dado clases de otras armas para que las pudieran explorar. He intentado que tengan una idea básica del mundo que los rodea. No los he preparado tanto como esperaba pero me doy cuenta de que no hay nada más que pueda enseñarles. El resto de mis conocimientos o los tienen que aprender por cuenta propia o no puedo decirlos por diversas cuestiones. Siento mucho esa situación pero así es el asunto. Y puesto que estamos en esta situación tengo que dejarlos libres. Este, chicos, es el día de su graduación.- Ninguno era capaz de lograr sacar ningún sonido de las secas gargantas. El fin de la vida como la conocíamos había llegado y no sabíamos como reaccionar. Largos minutos pasaron antes de que la tierna pelirroja, con lágrimas en los ojos, se atreviera a hablar.
-¿En serio? Entonces ¿Qué haremos nosotros?
-No tienen que irse. Pueden quedarse y seguir viviendo como lo hemos hecho hasta ahora. Sin embargo ya no tengo nada más que enseñarles, al menos nada que pueda ayudarles en su vida. Ahora pueden irse y buscar su futuro en otro lado o quedarse aquí conmigo. Es su decisión.
-Yo me quedo. No podría abandonarla Maestra.- Dijo sin pensarlo Ao.
-Yo… yo también, si no le importa.- Secundó Aka, algo más animada al escuchar que no teníamos que irnos.
-No hay nada mejor que hacer por ahora, así que Shiro se queda.- Sólo me faltaba responder a mí. Al tardar en hacerlo las miradas confluyeron en mi persona.
-¿Y tú, Kuro-chan?- Me interrogó la mujer que estaba sentada enfrente mío.- ¿Te quedarás?
-Sí. Lo único que me espera afuera de esto es regresar de donde vine. Creo que estar aquí es más agradable que esa situación.
-Entonces parece que tendré que aguantarlos un rato más.- Fue la respuesta, aunque no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro.- Entonces déjenme darles sus regalos de graduación. Iré entregándolos en el orden que llegaron a formar parte de este extraño lugar. Ao, para ti.- Dijo escuetamente después de buscar un momento en la manta que formaba el bulto que traía. Saco unos jitte, de gran manufactura y de un excelente acero. Eran muy bellos y se ajustaban perfectamente a Ao, pues servían para controlar, más que dañar al oponente. Después una naginata, con el mango de un rojo muy vivo y una hoja fina que relucía bajo el sol como si estuviera hecha de plata, tenía un delicado trabajo adornándola. Un arma muy elegante y quedaba perfectamente para Aka-chan. El regalo de Shiro fue un gran bo metálico. De ser de madera habría sido un arma poco adecuada para el albino pero la sólida barra de metal de un par de metros era realmente imponente, más con las trucos que sabía utilizar mi compañero. Por el carácter de ese personaje también una simple kusarigama le fue regalada, aunque esta arma era de una confección mucho más simple que los otros regalos. Llego mi turno al final. Ella se volteo a verme.- Tu regalo tiene un poco de historia. Hace algún tiempo estaba en la banda de un hombre llamado Arjuna. Fueron varios años que pase con ese grupo. Después de mi "ceremonia" de despedida Arjuna me dió esta espada. Es una muy buena espada, como lo son todas las armas que él da, pero yo ya tenía la mía así que la guarde con mucho cuidado, pensando que hacer con ella. Me costó mucho decidirme pero al fin decidí regalartela. El arma de tú preferencia es la espada y esta te prestará un escelente servicio, así que supuse que este sería un buen presente. Acéptala por favor.- Y con esas palabras me entregó la susodicha arma. La empuñadura era negra con plata y la tsuba también era de color del argento, dándole una elegancia única a la espada. La funda nacarada era de un profundo negro, sobria pero quedaba muy bien con el resto. Al desenfundarla me fije en la curva que formaba la hoja y en el templado acero de gran calidad, tan bueno que casi parecía un pedazo de glaciar. En la base estaba grabado un simple kanji, ken, espada, que quedaba bastante bien. Era realmente una muy buena espada y un gran regalo.- Ahora es tuya.
-Muchas gracias. Espero que ese Arjuna no se enoje.
-Entenderá. Tal vez lo llegues a conocer,es un hombre interesante. Aunque no se si quiere volver a veerme.
-Si usted lo dice. La cuidaré bien.
-Lo se, por eso te la estoy dando.
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Mientras recordaba ese momento escuché los pasos acercarse. Pronto sería momento de actuar. El olor a acero y sudor llegaba fuerte a mis fosas nasales. Desenfunde la espada pero con mucho cuidado para no alertar de mi presencia a la gente que se acercaba. Después de todo si quería sobrevivir debía de agarrar por sorpresa al grupo. Me sentía extrañamente bien. Mi respiración estaba calmada, al igual que mi corazón. Me había criado en situaciones como esta, acechando a gente u ocultándome de ella para sobrevivir. Incluso había llegado a atacar a grupos así de grandes y había utilizado una estrategia similar, golpear y correr, por cosas que llevaban y necesitaba, principalmente por agua. No me sentía fuera de lugar, después de todo era mi distrito, el distrito donde había crecido.
Un paso muy cerca de la esquina en la que yo estaba me dio la señal para el ataque. Giré sobre mi propio eje saliendo al paso del grupo con la espada levanta a la altura de mi cuello, rectificando levemente al ver la altura del hombre que estaba atacando. Entre el giro y el propio impulso de la víctima la espada atravesó su cuello y desprendió la cabeza rociándome a mí y a su compañero de sangre. Como me lo había imaginado dos se habían adelantado para actuar como reconocimiento, dejando al grupo principal un poco atrás. Inmediatamente seguí con el asalto, intentando aprovechar la sorpresa pero mi contrincante era demasiado experimentado como para caer en algo tan simple. Las espadas se cruzaron un par de veces antes de encontrar la apertura necesaria para abrirle la cabeza. Cayó a mis pies sin que sus compañeros pudieran hacer nada para ayudarlo. Se detuvieron al ver que todo esfuerzo sería fútil, además de peligroso, y empezaron a estudiarme. Casi sin prestarles atención moví la espada para limpiarla del exceso de sangre, manchando los pies de algunos de los que me observaban. Era mi desafío. Había matado a sus compañeros y no me importaba su reacción ante ello, podían atacarme cuando fuera. Parecía que lo habían captado pues se pusieron en una posición más agresiva. Justo cuando empezaron a cargar fue cuando yo me retiré. Sabía que mi velocidad probablemente era mayor pero tenía que mantenerme a una cierta distancia para no frustrarlos y que abandonaran. Uno se destaco por ser más rápido y que aunque podía correr más rápido que él no era una opción viable pues perdería al resto del grupo. Así que aumenté ligeramente la velocidad para obligarlo a que se separara más del grupo. Deje que se acercara, cada vez más, hasta casi estar a su alcance. En ese momento me detuve bruscamente y esquive un corte que iba a mi cuello mientras soltaba una estocada a su pecho. Entró sin problemas, justo entre dos costillas. No podía demorarme así que retiré la espada hacia un lado para incrementar el daño y seguí con mi carrera. La furia del grupo que estaba atrás se incremento al ver a otro compañero muerto a mis manos, era casi como una presión a mis espaldas.
Por fin cruce el punto donde estaba Ao. Lo vi de reojo sobre un techo esperando su oportunidad de atacar, que aparecería cuando terminara de pasar el grupo pues le tocaba golpear la retaguardia. Seguí mi carrera, pues mi objetivo era llegar a donde estaba la posición de la Maestra. La idea es que mis compañeros empezarían a atacarlos desde atrás y por los lados mientras pasaban, para tenerlos rodeados y mermados para cuando llegáramos con nuestra profesora. Pronto pase por donde estaba el albino y vi su señal de saludo, un poco imprudente pero probablemente no afectaría en nada. Por como gritaban parecía que aún desconocían nuestra estrategia. Por fin pase por el último punto antes de la meta final pero por la mirada que tenía sabía que ella no atacaría. Estaba temblando y con expresión desconcertada. Baje la velocidad al acercarme a la pared final. Otro se desligo del grupo intentando capturarme otra vez. Este estaría preparado para cuando bajara la velocidad y se creía ganador pues me estaba dirigiendo a un callejón donde sólo podía doblar a la derecha y si no me detenía la vuelta sería casi imposible de hacer. Sin embargo no desaceleré después de cierto punto. Otro más que caía en la trampa. Apoyé mi pie sobre la pared para elevarme y dar un giro en el aire. Mientras caía golpeé con todas mis fuerzas abriendo una fea herida que iba desde su hombro hasta su cadera, separando el cuerpo en dos partes. Por la esquina apareció la Maestra para terminar la emboscada. Al verla aparecer tan tranquila se dieron cuenta de que algo no estaba bien. Y se fijaron en su situación.
Del grupo inicial quedaban unos diez, entre los cuatro que ya había asesinado yo y varios que mis compañeros debieron de emboscar mientras estaban persiguiéndome. Sólo éramos cinco pero tenían a dos adelante y tres atrás. Era momento de terminar. Su moral estaba por los suelos. La Maestra fue efectiva. Varios de ellos empezaron a caer bajo su mortal espada. Yo también fui a atacar. El que me toco era más cuidadoso que los anteriores por lo que la batalla fue más complicada. Finalmente pude golpear su cuello y abrirlo hasta el pecho. Esto casi había terminado. La mayoría estaba intentando contener a la destructora morena y los otros tres luchaban con mis compañeros. Tanto Ao como Shiro se notaban en control de la situación pero Aka me preocupo. Aunque podría ganarle a su adversario se estaba dedicando únicamente a defenderse y con esa estrategia aumentaban las posibilidades de que la golpearan. Nadie se fijaba en mí así que me permití utilizar el shunpo para acercarme a ayudarla. Después de un golpe que hábilmente ella desvió me metí en medio y le abrí el vientre a nuestro enemigo. Escuche el pequeño grito que era una mezcla de horror y sorpresa, aunque no por parte del pobre infeliz que acababa de ser golpeado si no de mi compañera. Al poco tiempo los últimos restos del grupo cayeron.
-¿Estás bien Aka-chan?- Le pregunté mientras me volteaba. Ella no pudo evitar una expresión de miedo, supongo que por mi cara cubierta de sangre no era un panorama agradable. A diferencia de ella, que estaba impoluta pues mi cuerpo había servido de escudo frente a la última fuente, yo estaba cubierto de sangre, a cual escurría de desde mi cabello hasta mis pies. Me desagradaba lo que vía reflejado en esos claros ojos, ese yo asesino, sentía asco de mi mismo. Sin embargo me dolió ligeramente como me miraba, no pude evitarlo. No sé si se reflejo en mi cara ese sentimiento o ella se sobrepuso por otra causa, pero cambió rápidamente.
-Sí. Gracias por tu ayuda Kuro…- Cuando no terminó note que probablemente la percepción que tenía de mí. Ya no era su compañero, el hombre con el que paseaba, con quien entrenaba y muchas cosas más, ese era otro. Yo ahora era un hombre cubierto de sangre, un hombre que había matado a varias personas. Todo cambiaba en el campo de batalla.-…chan.- Me quede sin palabras. Me seguía llamando igual, con el diminutivo. Era extraño.- Lo siento mucho. Realmente lo siento.
-No te entiendo.- Fue mi sincera respuesta. Mi mente estaba demasiado embotada por lo que había dicho.
-Por mi reacción.
-Es comprensible. No debo verme demasiado bien.
-De todos modos. Eres mi amigo y me ayudaste pero yo no te agradecí, me asusté.
-Es la primera vez que vez algo así ¿verdad?
-S…sí.
-Entonces es algo muy normal. Es la primera vez que alguien muere frente a tus ojos. Otra reacción y no serías la Aka-chan que conozco.
-Kuro-chan… - Dudaba con una expresión de dolor en el rostro.- No quiero matar a nadie. No podía atacarlo sabiendo que pasaría. No sabía que hacer.
-Te ayudaré.
-¿Qué?
-Me aseguraré de que no tengas que matar.
-¡No! No quiero que tú te tengas que manchar más las manos.- La vi directamente a los ojos y agarré su meñique con el mío.
-Te prometo que no mataré si puedo hacer algo al respecto. Así no me mancharé más la manos ¿así te parece bien aceptar mi ayuda?- Me miró anonadada. Ella necesitaba mi ayuda, pero no quería que yo me convirtiera en un asesino. Esa promesa, aunque irreal, era la única forma de que aceptara mi oferta. Haría lo posible por cumplirla pero en esta situación sería muy difícil. Mataría sólo cuando fuera inevitable, ese era mi deber ahora. Por fin una sonrisa salió de sus labios.
-Sí.
Después de formar esa nueva promesa fuimos a ver como estaban los demás. Mientras caminaba m di cuenta que esa promesa no sólo se la había hecho a ella, pero a mi mismo. Ya no quería matar y a partir de ese momento haría todo lo posible para evitarlo, intentaría reducirlos sin matarlos. Todos nos habíamos salvado y nadie tenía heridas, al menos no de gravedad pues había un par de rasguños. Esta había sido nuestra primera batalla y había salido perfecta, desarrollándose de acuerdo al plan trazado y sin bajas ni otras cosas que lamentar. Sin embargo la guerra acababa de empezar y prometía ser un camino muy largo, además de ser uno del que ya no podíamos salir. Ya éramos soldados luchando por una causa que no era nuestra.
