Después de arrojar el seco leño la pequeña fogata está se quejo como si estuviera deseando apagarse y poder descansar. Sin embargo aún era temprano como para dormir. Una vez que avivé el fuego me senté junto a mis compañeros que me estaban esperando. Acababa de regresar de mi trabajo con Mitsuki, que había discurrido tan tranquilo como siempre. Para nuestra suerte el grupo del "Dragón Rojo" estaba en un momento de relativa paz. No habían incursiones en territorio enemigo ni había que cazar a bandas enemigas. Lo único que teníamos que hacer era patrullar por la tierra de nadie y pelear con los locos que se acercaban demasiado, como nos había pasado en nuestra primera misión. La rápida estrategia de Aosora nos había salvado esa primera y última batalla. Además esa situación me facilitaba el cumplimiento de mi promesa.
-¿Cómo te fue?- Me preguntó la chica mientras me tendía una pequeña bola de arroz. Le agradecí la comida con un gesto de la cabeza.
-Como siempre.- Fue mi escueta respuesta. El silencio se apoderó de nuestro grupo rápidamente. Desde nuestra llegada sentía que nos estábamos separando. Cada vez hablábamos menos. Era triste, pero era lo que pasaba. De hecho hasta mis paseos con Aka-chan habían terminado totalmente pues no estábamos en el mejor lugar para esa actividad.- ¿Dónde está la Maestra?
-Se fue con Tetsunosuke-san hace un par de horas.
-¿Por qué?
-No lo sabemos.
-Debe ser su amante.- Saltó el albino de forma agresiva. Parecía estar de bastante mal humor. A pesar de que la perenne sonrisa seguía en el sitio adecuado Shiro parecía estar cambiando mucho desde nuestra llegada al Harukaze. La sonrisa ya no parecía sincera. A veces regresaba a su vieja forma de ser pero su cara cada vez parecía más una parodia de si misma.
-¡Shiro-kun!- Le reprendió la chica pelirroja.
-¿Qué? ¿Es tan malo que tenga un amante?
-No es eso. Pero sabes que la Maestra no se buscaría un amante en esta situación. Seguro que esta trabajando.
-Piensa lo que quieras, no me importa.
Otro incomodo silencio se apodero del ambiente mientras empezamos a ingerir un poco de alimento. No sabía que pasaba por la mente de mis compañeros y por que estaban tan taciturnos. Tal vez era la violencia que se respiraba en el ambiente o el deprimente ambiente de pobreza. Lo único que sabía es que yo me sentía muy confundido. Una parte de mí que creía que había muerto estaba despertando y no sabía que pensar de ella. La odiaba por lo que había visto reflejado en los ojos de mi pelirroja amiga pero se sentía tan bien cuando tomaba el control…
Las bromas que solían llenar el ambiente habían desaparecido completamente durante las noches y en el día apenas nos veíamos. Sabía que por el interés que Ao había despertado en Kambei este lo venía a buscar todos los días y se lo llevaba. Aka-chan seguía mi consejo y como no podía ir conmigo pues tenía que estar con Mitsuki se quedaba cerca de la Maestra y la ayudaba todo lo posible. Y el albino simplemente desaparecía, ninguno sabía por que. Parecía que cada uno se iba por su propio camino y que nuestro tiempo juntos había llegado a su fin.
-Dime más.- Todos nos volteamos para ver a la pelirroja que acababa de decir eso. Me estaba viendo muy fijamente.
-¿Qué?
-Que me digas más.
-¿De qué?
-De que va a se de tu día, o de lo que quieras.- Tenía una expresión muy seria.
-No pasó nada especial.
-No me importa. No se como son tus días normales. No se que hace ninguno de ustedes. Y eso no me gusta.- Dijo con una ligera mueca. No pude hacer nada excepto sonreír ante su actitud.
-Mis días son bastante aburridos. Es algo extraño. Lo único que hago es seguirla a todas partes. Le divierte tenerme de esa forma. También parece disfrutar hablando conmigo pues se pone a predicar parrafadas interminables.
-¿Qué te dice?
-Nada relevante. Se pone a hablar de cuanto le gustan los animales, de las divertidas formas de las nubes, de los bonitos campos que hay aquí cerca…- Las miradas de extrañeza e incredulidad se alojaron en mis amigos.- ¿Porqué me ven así? Es cierto, ella se pone a hablar de esas cosas. Muchas veces suena como una niña pequeña.
-¿Eso es todo? ¿No hacen nada más?- La pelirroja me veía con una mirada que no logré identificar del todo.
-No. Nada más. Te digo con son aburridos. Bueno también le gusta verme entrenar.- Ella frunció el seño levemente.- ¿Pasa algo?
-No pasa nada.- Replicó rápidamente mientras el tono de su cara se acercaba al de su pelo. Estaba muy rara.- ¿Y ella te gusta?
-Claro que me gusta.- Se volteo a verme con unos ojos extraños para mi respuesta, casi temerosos.- Igual que tu me gustas. Y me gusta la Maestra, Y me gustan esos dos. Todos son mis amigos, bueno ella no se si es mi amiga pero me parece una persona agradable.- Mientras decía eso se iba relajando poco a poco. Realmente estaba muy extraña ese día.
-¿Y tú que hiciste Ao-kun?- Dijo mientras se volvía abruptamente hacia nuestro líder de pelo azul.
-Kambei-san me lleva con él todos los días.
-Eso ya la sabemos.
-Bueno me lleva para aprender tácticas, estrategias para batallas. Dice que tengo algo de talento para desarrollar formas de atraer y destruir al enemigo. Parece que tengo un buen instinto para eso.
-¿Eso es todo?- Pregunté extrañado por la emoción que delataba la voz de Ao.
-Es bastante interesante. También observo como dirige esta banda. No puedo decir mucho más. Por cierto ya que estamos en esto mi me intriga que haces todos los días Shiro.
-Explorar y divertirme.- Fue lo único que contestó.
-¿Divertirte?- No pude reprimir la pregunta.- En este lugar no existe tal cosa como la diversión.
-No sabes que tan equivocado estás. Desde que mi mentor me abrió los ojos puedo por fin ver como es el mundo.- El destello de sus ojos no me gustaba nada, parecía febril, enfermizo. Necesitaba saber que pensaba.
-¿Cómo es el mundo?
-No podrías entenderlo.- Susurró con una mirada de desprecio.
-Pruébame.
-Si eso quieres. La verdad del mundo es simple. El mundo es libertad y sólo hay que buscar la diversión. No hay bondad ni maldad, la moralidad es una ilusión que nos priva de nuestra libertad. La vida y la muerte de los demás son irrelevantes, lo único importante es el individuo, sólo sabiendo eso puede alcanzar la libertad. Al librarse de esas ligaduras y conseguir la libertad uno puede divertirse de verdad. Y cuando uno se divierte el mundo le pertenece y uno se siente completo.- El ritmo de su respiración iba en aumento al igual que voz. Su pequeño discurso nos quitó todas las palabras y ganas de hablar. El cambio que había sufrido era realmente profundo y tenía razón, no entendíamos su razonamiento ni lo que quería decir. El resto de nosotros intercambiamos miradas silenciosas pensando que habría que decirle a la Maestra que le estaba pasando a Shiro. Después de que todo hubiera regresado a la normalidad intenté seguir la con la conversación.
-Bueno ya que nosotros tres hemos hablado de nuestros días, es tu turno Aka-chan dinos de tus días con la Maestra.
-Cuando no hay misión paseamos por el distrito viendo si alguien necesita ayuda. A las personas que no tienen nada que ver con el "Dragón Rojo" les damos agua y curamos sus heridas.- Unas pequeñas lagrimas empezaron a aflorar en sus sinceros ojos. Ao y yo nos acercamos y puse mi mano en su hombro.
-¿Estás bien?- Preguntó el peliazul. Fue entonces cuando me volteé a verlo a él también. Era raro que mostrara demasiado sus emociones pero ahora también sus ojos delataban tristeza. No sabía que le pasaba pero supuse que no le gustaba ver a la chica con esa expresión, pues a mi tampoco me gustaba. Ella se limpió las lágrimas rápidamente.
-Sí. Sólo es que me pregunto por que trabajamos para esa gente que maltrata a esas pobres almas. Les privan de agua, raptan a las mujeres, hacen lo que quieren y encima ¡algunos incluso les están agradecidos! No entiendo que pasa en este lugar. La violencia, la muerte, la tortura y el abuso les parecen tan normales. Simplemente no entiendo como alguien puede vivir así.
-A mí me parece bastante normal.- Ella se volteó a verme inmediatamente con una mirada de sorpresa.- Esa gente no conoce nada más. Todo eso que te extraña a ti para nosotros es lo más común. Y esos "opresores" no han cambiado anda, a lo sumo han dado más estabilidad al asunto. No me extraña que la gente lo agradezca. Incluso en un poco de orden es apreciado.
-Sigo sin entenderlo.
-Supongo que hay que vivirlo para captarlo.- Después de detenidamente observarme un momento la pelirroja continuó.
-También ayudamos a los miembros de la banda por supuesto. Más que nada vamos por ahí sanando las heridas que se hacen. Esos son básicamente mis días.
-Interesante.- Murmuró Ao. Ante la mirada inquisitiva del resto de nosotros se explicó.- Estamos en el hoyo más profundo del Rukongai, un lugar donde lo que reina es la violencia y el caos, donde nadie sabe si estará vivo dentro de una hora, y sin embargo todos nosotros tenemos unas relativamente pacíficas rutinas. Pueden gustarnos o no, pero todos tenemos días calmados y rutinarios. Me parece algo interesante, fascinante.
-Las rutinas aparecen siempre.- Fue mi respuesta.- Cuando yo estaba sólo aquí, sin la protección de un grupo o entrenamiento tenía mi rutina. Despertar, buscar agua y correr de cualquier persona que veía. Seguir haciendo eso hasta la noche y entonces buscar un lugar suficientemente seguro como para dormir. Esos eran mis días. Una rutina, más violenta y difícil que otras pero una rutina al fin y al cabo. Estás nacen sin importar las circunstancias, aún aquí o en la guerra.
-Supongo que tienes razón.
-Chicos ¿puedo preguntarles una cosa?- Intervino una vez más Aka.
-Por supuesto.
-¿No creen que la Maestra está rara?
-¿A que te refieres?- Pregunté. Ao parecía estar de acuerdo con la pelirroja por su expresión y Shiro parecía desentenderse del asunto. Sin embargo como yo era el que menos tiempo estaba ahí y casi siempre llegaba sólo para comer y dormir casi no había interactuado con la morena que salía casi todas las noches.
-Ella no se comporta como lo hacía durante nuestro entrenamiento. Antes sonría seguido, hacía muchas bromas y siempre estaba animada. Sus ojos brillaban con mucha vida. Sin embrago ahora… ahora sonríe sin ganas y sus ojos están muertos. Nunca se anima. Extraño que nos regañe y nos supervise el entrenamiento, extraño como sus ojos siempre estaban pendientes y aún cuando se iba sabía como estábamos, extraño como nos protegía, extraño verla beber y reír después de un largo día de entrenamiento, extraño a la Maestra de antes. Ahora se pasa todo el día con esa deprimente mirada y viendo lejos, ya no nos mira. Casi no habla conmigo en los días y desaparece en las noches. Está tan triste todo el tiempo. Casi siento como si ya no importáramos…
-Eso no es cierto. – Fui yo el que cortó su deprimente discurso.- Ella aún se preocupa por nosotros. De hecho creo que por eso ya no nos mira. Está buscando posibles peligros y nos quiere proteger de ellos. Y que esté triste no es raro, este lugar no es nada agradable.
-Lo se, pero aún así extraño los viejos tiempos.
-Todos lo hacemos.- Dije mientras veía las caras de mis compañeros y lo que había dibujado en ellas me decía que tenía razón, pues incluso Shiro tenía una expresión nostálgica escondida bajo su perenne sonrisa.
-Entonces hay que revivirlos.- Dijo decidido nuestro líder.- Aunque sea sólo sea de vez en cuando, aunque sea sólo esta noche vale la pena revivirlos. Y bueno hablando de los viejos tiempos yo se de una cosa que extraña Aka-chan más que eso que dijo antes.- Empezó cambiando de tono.
-¿Qué?- Pregunté, pues a mí me parecía que lo que había dicho antes lo extrañaba bastante y me interesaba. Fue Shiro el que me respondió.
-Es bastante evidente. Quiere más tiempo a solas con…
-¡Shiro-kun!- La cara de la chica era casi indistinguible de su cabello por el tono que había adquirido. Realmente estaba muy extraña, pues no me parecía que hubiera ninguna razón para reaccionar así.
-¿No extrañabas el pasado? Esto es parte de lo que hacíamos.
-¿Molestarme? Pues esa es una de las cosas que no extraño para nada.- Con esa simple conversación empezó una larga noche. Durante esa noche el tiempo retrocedió. Lo que habíamos vivido en el Harukaze, incluida nuestra primera batalla, desapareció en las llamas de la calida fogata que nos iluminaba sólo a nosotros. Bromas volaron y las sonrisas nacieron. Recordamos el pasado y planeamos el futuro. El ambiente estuvo bien animado hasta que se agotó nuestra resistencia física, mucho después de que el fuego se hubiera consumido. Aka se quedó dormida sobre mi hombro, Shiro es apoyó contra una pared y Ao se quedó dormido sentado. Yo fui el único que se quedó despierto. Esperé hasta que una sombra intentó deslizarse sin que me diera cuenta.
-Estaba esperándola Maestra.
-¿Porqué Kuro-chan?
-Quería hablar con usted.
-Está bien. Pero supongo que aquí podríamos molestar a tus compañeros y no parece que te puedas mover.- Dijo señalando a la chica durmiente. Con cuidado agarré la cabeza pelirroja y la baje, asegurándome que no se despertara. Después agarré una manta y la cubrí.
-Listo.- No nos alejamos demasiado, sólo lo suficiente para poder hablar sin preocuparnos de despertar a los otros. El expliqué la noche que acabábamos de tener.
.Me alegro.- Fue su respuesta.
-¿Eh?
-Me alegro que puedan habla aún así. – Su sonrisa decía algo más pero no siguió.- Ahora dime, hay algo que te preocupa verdad.
-La verdad, sí. No se si Aka-chan pueda vivir aquí, no se si Ao pueda cumplir las expectativas de Kambei y no me gusta nada la nueva actitud de Shiro. En general no me gusta lo que este lugar le está haciendo a mis amigos. Además…- No sabía di debía continuar. No me gustaba abrirme a nadie pero necesitaba sacarlo.- Siento que una parte oscura de mí ha despertado y no me gusta. Le tengo miedo.- Nunca había dicho nada similar. Nunca en mi vida me había permitido sentir miedo, eso sólo me llevaría a la muerte. En mi vida no había espacio para el miedo.
-No te tienes que preocupar por tus amigos. Son personas fuertes. Tengo mucha confianza en ellos. E incluso si llegaran a caer sé de alguien que los sacará de las tinieblas. Además cada quien es responsable del camino que tiene que recorrer.
-Usted es muy fuerte.- Dije pensando que se refería a si misma, sin embargo ella meneó la cabeza.
-No soy yo. Ahora te quiero hacer una confesión. Yo también tengo miedo.- Esas palabras me parecían una incoherencia. La Maestra era la persona más fuerte que conocía, alguien que no la podría detener nada. Alguien incapaz de sentir miedo.- Le temo a que les pase algo a ustedes. La simple idea de que mis estudiantes sean heridos o peor en esta guerra me paraliza. Pero sabes una cosa, me tengo que enfrentar a ese miedo. Confío en ustedes y además los voy a proteger con todas mis fuerzas, así le hago cara a ese sentimiento. No se como lo harás tú, pero te puedo decir algo. No creo que una persona valiente no tenga miedo, creo que es quien es capaz de enfrentarse a sus más profundos miedos.- Sólo pude suspirar. No era lo que esperaba al abrirme con ella. Creía que podría decirme como desechar ese sentimiento, no ese discurso. Tampoco esperaba que destrozara mi imagen de ella. Y sin embargo a pesar de la decepción me sentía un poco mejor. De repente sentí su mano sobre mi cabeza.- Piénsalo bien y encuentra tu propia respuesta. Bueno es tarde y Mitsuki te espera mañana temprano por lo que he escuchado. Deberías dormir.
-Sí.- Me quede un poco más viendo las estrellas mientras ella regresaba.- Debería dormir un poco.
Al llegar a nuestro campamento la vi cerca de Aka-chan y me pareció escuchar algo similar a un "Gracias" pero no podía estar seguro. Mientras me acomodaba una gélida brisa me acarició el cuerpo, un frío viento que parecía pronosticar un cambio.
