Nuestro clan.

El amor de un padre: A pesar de todo… no me arrepiento.

Ya iban 4 días desde que Sakura se había ido con Sai, generalmente todo iba bien cuando Naruto se iba a su casa por un par de horas.

Sasuke había descubierto que su mejor amigo no podría ser padre, el simple hecho de que cuando intentara cambiar un pañal le aparecieran unas cascadas de los ojos lo delataba…

SASUKE POV

En tres días más todo volverá a ser como siempre, Sakura regresará y nuestra casa ya no será un caos.

-Bien linda, iremos de compras.

Como siempre tomé cuidadosamente a Miko, me colgué un bolso con pañales y todas esas cosas en mi hombro izquierdo, y caminé por las calurosas calles de Konoha.

Hoy día andan todos conmocionados, me pregunto qué es lo que pasa.

Fue entonces cuando la respuesta estuvo frente a mis ojos… la final del torneo.

¡Maldición! ¿Cómo pude olvidarla?

Agh… al diablo con eso, yo me quedaré en mi casa cuidando de mi hija…

-¡Eh, Sasuke!- Kiba venía montado en su perro como siempre, esa cosa peluda parecía estar más grande cada día…

-¿Vas a comprar tu boleto?

-No voy a ir, me quedaré en mi casa cuidando a Miko- e inconscientemente acaricié su rostro de porcelana con mi mano.

-Aaaaw… papito corazón… en fin, luego te cuento como le volamos el trasero a los idiotas de Suna.

Es cierto… la final era todo un clásico, Konoha v/s Suna.

Estuve peligrosamente tentado de llamar a Naruto y decirle que se quedara con Miko, pero me despedí rápidamente de Kiba y me alejé de la boletería.

De vuelta en casa guardé la leche, el azúcar, los vegetales, y por supuesto, mi amado café…

Saqué del refrigerador un helado de tres sabores, y me senté en el sofá.

Miko debía estar durmiendo tranquilamente en su cuna, deseaba imitarla, por lo que luego de comerme todo el helado, cerré los ojos y me entregué la inconciencia.

Pero como siempre llegó Naruto a interrumpirme, me levanté pesadamente del sofá y abrí la puerta. El pobre idiota venía con bolsas llenas de comida, seguramente quería ver el partido.

-Traje lo suficiente Sasuke, unas papas, gaseosas y maní.

-Tú solamente siéntate y disfruta del maldito partido.

Una de las cosas que más me fastidiaba era que me despertaran, excepto cuando era Miko, de hecho cuando me despertaba por sus bajitos sollozos me gustaba, porque sentía que me necesitaba y yo debía protegerla. Otra cosa era cuando Naruto me despertaba, la verdad era que me entraban unas ganas sanguinarias de molerlo en el piso, pero hoy me sentía generoso, por lo que simplemente me senté de nuevo en el sofá, sí, el mismo sofá en que hace unos 13 meses… en fin, ese sofá.

Era uno de esos partidos que te hacen gritar los 90 minutos, pero lamentablemente ninguno de los dos equipos había logrado anotar un gol. Ahora todo dependía de los penales… Kami-sama… los benditos penales.

-Pobre de este idiota que no meta el gol, porque si lo veo en la calle…- amenazó Naruto, mientras miraba desesperado la televisión.

Ese pobre idiota, como lo había llamado mi amigo, estaba a punto de patear, cuando escuché el sonido que descontrolaba mis sentidos, mi hija estaba llorando.

Llegué más rápido que un rayo a la habitación rosa de mi casa, y la saqué de su cuna al mismo tiempo que Naruto gritaba frases incoherentes.

Bajé con ella a la cocina, y preparé una leche. Llegué justo a tiempo para el último lanzamiento, por lo que agudicé el oído para escuchar la televisión.

-¡Patea al medio!- gritó Naruto- ¡Mátalo, mátalo!- en verdad comenzaba a molestarme…- ¡Pégale, pégale!

Fue un momento muy extraño, pude sentir como Konoha entera se silenciaba y a lo lejos se escuchó un ¡gol!

-¡Gooooool! ¡Tomen malditas bestias! ¡Gaara- baka, me debes 500 yens!

Y como un loco salió a la calle corriendo, no creo que el muy imbécil se haya ido a Suna… claro que no, no me dejaría solo… ¿o sí?

Efectivamente se fue, escuché que salió corriendo por la entrada de la aldea y que un día después un mensaje de Suna había llegado diciendo que no se preocuparan, porque Naruto estaba allá.

-Ese idiota…

Miko me miró con sus ojitos negros, más parecidos a los de mi hermano que a los míos…

Se supone que hoy debería llegar Sakura, incluso compré un pastel para la cena.

Pasé todo el día con Miko, la llevé al parque, luego pasamos por la florería de Ino para comprar unas flores, y volvimos a casa.

Eran exactamente las 23:30 p.m., estaba muriendo de sueño, y mi hija dormía profundamente en su cuna.

En verdad ansiaba que llegara mi esposa, últimamente cuando se iba la extrañaba mucho, por eso mismo no me resistí más y creé un clon para que se quedara con Miko.

Estaba lloviendo, por lo que le llevé un abrigo. Corrí rápidamente a la entrada de la villa, y al cabo de 30 minutos dos siluetas aparecieron por el sendero. Una de ellas desapareció de repente, y supuse que fue Sai.

Ahí venía ella, tan linda y sencilla como siempre, con la mochila al hombro y la sonrisa que iluminaba esa fría noche.

Me acerqué y le pasé el abrigo por los hombros. Nos miramos a los ojos por un rato, fue una de esas miradas que reemplazan las palabras, hasta que por fin me decidí a hablar.

-Bienvenida a casa. Te extrañé.

La tomé por la cintura y la alcé en mis brazos, luego la dejé en el piso de nuevo y le di un beso.

-Yo también los extrañé, Sasuke.

Le quité su mochila como todo un caballero, y me la llevé yo. La tomé de la mano y sentí el frío del metal de su anillo de compromiso.

Llegamos a casa y subimos al cuarto de nuestra hija, el clon estaba haciendo lo suyo, y la miraba con dulzura. Me pregunto si yo me veo así cuando estoy con ella… lo observé un poco, se podía ver la felicidad en su rostro. Sí… definitivamente yo me veía así, porque era feliz, era feliz de una forma increíble.

-Y todo gracias a ti- le dije a Sakura, y ella, obviamente, no pareció entender.

Mi clon se esfumó y quedamos los tres, Sakura, Miko, y yo… la familia Uchiha.

Continuará…

Hola gente! Creo que ya me conocen un poco y saben que la pereza fue una de las razones por no haber actualizado, pero mi buena amiga sólo fue responsable de la mitad. Porque la otra mitad fue culpa de un resfriado y de la famosa influenza. ¡Sí! Tuve influenza… mi vida se redujo a estar encerrada en mi pieza bebiendo jugo, medicamentos, ocupando el notebook de mi papá, y leer. Me leí tres libros de la saga de twilight en una semana… ahora por fin comencé a leer amanecer, porque por mis precarias condiciones, debí juntar dinero para comprar el estúpido libro.

Espero que les haya gustado el capi. Sin nada más que decir, me despido, queridos lectores.

Taashy-