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Sailor moon y sus personajes no me pertenecen, sólo los utilizo sin fines de lucro
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11. Reencuentro 5: Visitas
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-¿Así que se ocultaron tras los autos y ese animal extraño no las vio?
Hotaru relataba con ánimo renovado la grandiosa aparición de las Sailor Scouts, el cómo habían acabado con ésa horrible criatura que le había perseguido y aquel sujeto había huido ante tal muestra de poder. Una gran sonrisa adornó su infantil rostro lleno de inocencia. Era obvio que no daría los detalles de aquella batalla. No podía revelar la verdad completa.
-Entonces tendremos que buscar a Sailor Moon para que se haga responsable de sus actos
-¿Actos?- la sonrisa en el rostro de la niña desapareció
-No creo que un grupo de heroínas se pare frente a ti y te diga "hola, somos las Sailors Scouts que luchan por el amor y esas cosas" De verdad ese golpe en la cabeza te afectó demasiado.
-Luigi…
-Disculpen chicas, pero éste gruñón necesita culpar a alguien de los daños que sufrió la casa
-¡La compré hace menos de un día!
El momento de tensión fue roto por aquella broma del rubio, un suspiro colectivo de alivio salió de los labios de las chicas, después de todo, ellas eran "las Sailors Scouts que luchan por el amor y la justicia".
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Risas nerviosas y alegres inundaron aquél lugar, en la habitación contigua descansaba un confuso Darien alegando haber sido sobrepasado por los sucesos de aquella extraña noche.
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-¿Por qué estás usando gafas oscuras?
La misma pregunta realizada anteriormente por Michiru salió en ésta ocasión de los labios de la señora del fuego; él miró de reojo a la violinista y se percató de que ésta esperaba ansiosamente la respuesta, al parecer se dio cuenta de que estaba siendo observada y se sonrojó desviando la mirada, una sonrisa se dibujó en los labios del chico ante tal reacción
-Digamos que hay demasiada luz en esta ciudad…
Michiru nuevamente lo miró fijamente, tratando de grabar esas palabras que fueron pronunciadas con un tono grave, intentó traspasar la oscuridad de esas gafas pues sabía que los ojos que se encontraban ocultos permanecían fijos en ella. Luigi se dio cuenta de aquel silencioso intercambio y sintiéndose incómodo decidió finalizar el juego antes de que alguien más comprendiera el verdadero significado de ésa simple frase.
-Tú y tus tonterías, no le hagas caso, lo que pasa es que está enfermo
-¿De verdad? Dime, qué síntomas presentas- Ami pareció interesarse en el asunto
-Preferiría no hablar al respecto, lo siento
-Ah… ¿Cómo lo llamó el médico?... m… Ah si, Fotofobia
-¡Luigi!
-Chicas se hace tarde, hora de irnos-Interrumpió Haruka notando el ambiente tenso que prometía aparecer
-¡Adiós! –Gritaron a coro Mina y Lita
-¡Que te mejores!
-Adiós y gracias
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Plut miraba desde las sombras al chico que parecía estar completamente concentrado en la revista que sostenía entre sus manos, observó la manera en que destellos rojizos sobresalían de su cabellera color arena, el individuo movió la cabeza causando que algún travieso mechón cayera ocultando aun más su rostro, aquel rostro de facciones bien definidas enmarcado por la sombra de una incipiente barba. Sus ojos de un color ámbar brillante hipnotizaban a aquella persona que se atreviera a mirarlos por largo rato, diversas emociones se escondían tras esa mirada, tristeza, soledad, felicidad, tranquilidad… pasión… sus labios un tanto separados se movían ligeramente como si éstos pronunciaran silenciosamente las palabras que su dueño leía.
Se veía tan tranquilo, pareciera estar ausente de su entorno, pero Plut sabía perfectamente que con alguien como él, las apariencias eran eso, sólo apariencias. Una notable sonrisa se dibujó en esos gruesos labios. Su grave pero despreocupada voz hizo eco en aquella habitación.
-¿Cuánto tiempo más pasarás escondida?
-¿Qué están haciendo en este lugar?
-Aquí vivimos ahora, además son asuntos de trabajo
-Ustedes no tienen "trabajo" en este país, para eso estamos nostras
-¿Disculpa?
-Creí haber ordenado que no aparecieran frente a nosotras, recuerdo haber prohibido que tocaras la estrella
-No sé de lo que hablas… tú misma te deshiciste de las estrellas.
-Yo sólo las oculté
-A mí no me interesan
-Compruébalo
-¿Por qué no las buscas tú misma en el lugar donde las dejaste? No soy tan tonto para arriesgarme por un objeto que no tengo idea de cómo manejar
-Dejen de aparecer frente a nosotras
-No hemos hecho tal cosa
-¿Cómo se supone que puedo creerte?
-Sailor Plut – el gesto de su rostro se endureció y extendiendo sus brazos mostró todo el lugar- … eso de las guerritas no me interesa, este lugar me agrada, me gusta tener una vida normal, tengo una familia, mi trabajo no puede estar mejor, me divierto cuando quiero y lo mejor de todo es que no necesito estar oculto… ¿por qué cambiaría esta nueva vida?
-¿Y él? ¿Estás seguro de él?
-Lo puedo asegurar, estuve con él todo el tiempo
-A veces pienso que lo tratas como un niño
-Me preocupo mucho por ese chico, es todo
-¿Lo seguirás cuidando?
-Te lo prometí, para ser sincero en ocasiones aborrezco estar cerca de él, me trae tantos recuerdos y situaciones dolorosas que no deseo recordar pero… le he tomado un verdadero aprecio, ha sufrido tanto o más que yo.
-¿Si no fueron ustedes entonces quien?
-Quizá alguien encontró tus estrellas
-Nadie tiene suficiente control sobre ese poder más que los elegidos
-¿Cómo saberlo? ¿Qué ocurriría si alguien más las tomara?
-El portador morirá, ningún cuerpo puede resistir tanta energía
-¿Por qué quisiera tomarla si me mataría?
-Naciste bajo la protección de uno de los planetas, eres un heredero.
-No hemos sido nosotros
-¿Sabes quien fue?
-Quizá
-¿Me lo dirás?
-No, Si lo hago tendría que matarte
-Puedo detenerte antes de que lo intentes
-Detener el tiempo no es lo más inteligente en estos momentos llenos de dudas, podrías incluso afectar el futuro que tanto proteges
-No te entiendo.
-El problema de ustedes es que nunca pueden ver más allá de sus ideales… se hace tarde iré a dormir
-Aun no me has dado la respuesta que espero
-No tengo ninguna respuesta que darte, déjanos vivir como lo que somos, personas normales…
-Buscaré las estrellas
-Cierto, sería mejor que las puertas del tiempo queden selladas hasta que todo quede aclarado
-¿Por qué?
-Eres la única que puede sellarlas
-Pueden estar como hasta ahora, sin ser selladas y nada pasará
-Escucha bien, eres la única que puede sellarlas, pero hay otras personas que saben usarlas
-¿Cómo lo sabes?
-Te sorprendería darte cuenta que el planeta tiene sutiles maneras para hablar con las personas… buenas noches
El chico apagó la luz y salió del despacho, las sombras invadieron la habitación dejando a una guerrera meditando sobre las respuestas que su interlocutor le había dado, nunca decía las cosas directamente, ella sabía que le había dado esa respuesta que tanto anhelaba, solo necesitaba analizar.
Su granate mirada se fijó en el único portarretratos que se encontraba sobre la misma mesa en la que el chico había dejado la revista, lo tomó en sus manos y con uno de sus largos dedos delineó las tres figuras que ahí se encontraban: Los Bellingeri
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Una mirada mercurio se posó sobre el joven que se mantenía absorto en sus pensamientos, su mirada fija en el horizonte, en ese punto donde el cielo y océano se volvía uno mismo. La luz emitida por la luna era causante de un extraño efecto en ese personaje, su corto cabello marino era revuelto por el suave viento de media noche, una venda cubría la herida recibida horas antes en su frente. Una sonrisa ladeada se formaba en sus delgados labios resaltando sus masculinas facciones.
Madurez oculta por un par de gafas que guardaban celosa y casi herméticamente esos ojos azul profundo, su piel nívea estaba siendo acariciada por la brisa marina. El observador no fue capaz de encontrar palabras para describir la escena. Era simplemente Sublime, místico, misterioso como el mismo océano que se apreciaba a la distancia.
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-Veo que usas gafas incluso de noche
-Esta ciudad tiene una luz muy brillante, hermosa y brillante, pero insoportable
-Nunca imaginé que esta luz te lastimara
-Es cuestión de acostumbrar mis ojos, además Japón es un lugar misterioso y bello, una pena no poder apreciarlo por completo ¿Todavía eres mi amigo?
-Claro, yo siempre protegeré este planeta y a ustedes
-No imaginé encontrarte en un lugar como este, recuerdo que odiabas el mar
-Siento mucho tener que molestarte de nuevo… Necesito su ayuda
-¿Es que somos útiles en tu guerra?
-Eres pieza clave… un heredero
-No tengo poder alguno, yo no puedo hablar con el océano, el viento me ha abandonado
-¿Sabes quién eres?
-Una persona normal, me gusta esa vida y no quisiera cambiarla, es mejor de lo que alguna vez pudiésemos pensar, tengo amigos, familia, carrera, tranquilidad, tengo… una vida…
-¿Eres feliz?
-Sí…
-¿Sabes que hay alguien que puede usar las puertas del tiempo? Sólo quiero que ustedes se encarguen de terminar con esto si mi plan falla
-¿Por qué deberíamos hacerlo? Es tu batalla, no nuestra
-El futuro de las personas que quieres está en peligro
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Mirando al horizonte se acercó a su acompañante, una lágrima escapó de sus ojos recorriendo su mejilla hasta desaparecer en la nada, por unos momentos pensó en lo injusto que resultaba obligar a ese joven a ser partícipe de una batalla tan absurda, levantó la mirada al cielo nocturno recordando que él había llegado a ese planeta precisamente para permitir que sus amigos tuvieran una vida normal.
Sin decir otra palabra dio un gran salto por el balcón en el que se encontraban y desapareció dejando en total silencio a su interlocutor. El chico retiró las gafas de sus ojos y miró la luna mientras sacaba de su billetera una fotografía, sus oscuros ojos azules se tornaron tristes y sus labios mostraron una sonrisa melancólica al leer lo escrito al pie de la fotografía: Los Baldini
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"De verdad espero que no falles…"
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