†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦
4|.Afinidad. †◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦
HOROKEU.
- ¿Otra vez?
- Pareces irrazonablemente confundido, Hoto.- sin decir nada más, Ren entró a mi casa, tal y como lo había estado haciendo cada tarde desde su llegada.
Era cierto, no tenía caso sorprenderme por su visita; después de todo, mis vecinos habían resultado ser gente más ocupada de lo normal, por lo que nunca estaban en su casa y aparentemente, la copia de las llaves para él se haría cuando las clases comenzaran.
- Falta poco para entrar a la escuela.- comentó, sin entrar hasta la sala como era su rutina. Asentí con la cabeza, sintiéndome decaer a mi pesar.
De sólo imaginarlo, me desanimaba; realmente, no tenía ningún deseo de volver y tampoco era que hubiese razones concretas para ello…
- ¿Ya te matricularon?- quise saber, aprovechando, de paso, de cambiar el tema, a lo que él respondió con un asentimiento de cabeza. - ¿Enserio? ¿Cuándo?
- Hace un par de días.
- ¿Por qué no me lo habías dicho?
- ¿Se supone que te lo cuente todo?
- ¡Pues claro que sí! – me vi replicando y curiosamente, en lugar de contestarme con alguna acotación pesada, Ren sólo me escudriñó de una forma que yo no le había visto muchas veces.
- Horo, ¿quién…?
En esos momentos, mi madre se asomó desde el comedor, lo que me hizo recordar instantáneamente que en todas las ocasiones en las que Ren había estado en nuestra casa, ella había estado fuera; rápidamente, me encargué de presentarlos:
- Ah, mamá: él es Ren, vive con los vecinos. – le expliqué muy brevemente, esperando que no me interrogara sobre cosas obvias que a pesar de serlo, yo no sabía, como el motivo de su estadía en nuestra ciudad o algo así.
Enseguida, me giré hacia Ren.
- Ella es mi mamá.
- Ren Tao. Un placer conocerla.
De algún modo, me asombró su manera de hablar tan refinada, no porque hubiese imaginado que sería grosero; mas, basándome en nuestro primer encuentro, no me habría impactado tanto, aunque el grado de frialdad de su actitud no dejó de resultarme bastante esperable.
Por su parte, mi mamá se dedicó a analizarlo en silencio durante unos momentos.
- Lo mismo digo, Ren, es un placer. Horo-horo, ¿no lo has hecho pasar todavía?
- ¡Claro que lo hice!
- De hecho, no lo has hecho - aportó él, lo que me significó una mirada reprochadora por parte de mi madre, quien se encargó de guiarlo hasta nuestra sala de estar, que por cierto, aunque ella lo ignoraba, Ren ya conocía mejor que bien.-, Horo-horo.
Ja, ja.
- Y díganme, ¿cómo es que se conocieron? ¿Fue cuando llegaste o…?
Entonces, fue cuando tuve derecho a una de las primeras revelaciones sobre Ren Tao – cuyo apellido yo había ignorado hasta entonces-: su capacidad para mentir.
- Llegué hace unas cuantas semanas, mis padres vinieron a dejarme. Y bueno, conocí a Horo hace poco, yo venía de hacer las compras con la señora Eliza y él acababa de salir; ella nos presentó y nos llevamos bien enseguida.- para coronar su relato, esbozó una sonrisa que yo nunca antes le había visto (tampoco); ojeé a mi madre y constaté que se había tragado cada palabra.
- ¡Qué oportuno! Justamente, llevo casi todo el verano diciéndole a Horo que se mueva un poco, tú sabes, para aprovechar las vacaciones, y el muy terco no ha querido invitar a un solo amigo…- bien, eso era innecesario, y quise decírselo; mas, a penas abrí la boca, ella se encargó de interrumpir lo que fuera que yo iba a decir.- No lo niegues, sabes que tengo razón. Después te quejas porque entras al instituto, cuando en realidad es durante esa época cuando mejor pareces pasarla…
- ¿De veras?
- ¡Bueno, ya nos vamos! – me apresuré a anunciar, viendo un poco confiable interés colonizando las facciones de Ren. Por suerte, él vio a bien seguirme hasta el corredor; mas antes de que avanzáramos hasta la puerta, se detuvo.- ¿Qué sucede? – quise saber, agradecido porque mi mamá hubiese considerado buena idea dejarnos ir en paz, cosa bastante impropia de ella.
-Acabo de llegar y no tengo ganas de salir.
-¡¿Sí?! ¡Yo no tengo ganas de escuchar cómo le inventas cuentos a mi mamá!
- No sé de qué me hablas.
- ¿Acaso eres mitómano o algo? Nos conocemos hace semanas. Y nunca te vi acompañar al doctor o a su esposa a ningún sitio.
- Si te refieres a mi leve distorsión de los sucesos, conténtate con saber que todo lo que yo hago tiene un fundamento firme para ser hecho; tal vez sea una idea difícil de entender para alguien como tú, pero…
Di un portazo.
A penas había llegado al borde de la acera, cuando Ren me obligó a voltear bruscamente, tirándome del hombro.
- Te lo advierto desde ya: no vuelvas a dejarme hablando solo.
Quise alzar una ceja o hacer cualquier cosa que expresara cuán poco me intimidaba su tono de amenaza, puesto que realmente no lo hacía; sin embargo, incluso la presión gélida de sus dedos enterrados en mi hombro a través de mi playera fue brutalmente amortiguada cuando sus ojos prácticamente llamearon hacia los míos.
- … No me das miedo. Y si no quieres que lo haga de nuevo, abstente de decir tantas idioteces juntas.- aguardé un instante; él no me soltó ni replicó nada, por lo que decidí zanjar el asunto.- Es un trato.
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦ N i c t o f i l i a ◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
- ¿Por qué no invitas a tus amigos?
- No están.- estaba algo hastiado de repetirle lo mismo a todo el mundo, nadie entendía, como si la idea de que me encontrara solo fuese algo incomprensible.
- ¿Dónde está tu padre?
- Por allí… talando árboles, supongo.
- ¿Es leñador?
- Dirige una empresa de tala.- corregí, ignorando el tinte despectivo que había alcanzado distinguir en su voz.
Aquella tarde sí había sol y abundaba la gente por el sector del cerro, por lo que nos habíamos instalado en una zona más apartada, por el final del recorrido.
Era injusto, pensé, que él me interrogara sobre todo libremente y yo no tuviera permiso de cuestionarlo sobre nada.
- Expresa tus dudas.
- … - lo contemplé sin entender, hasta que caí en la cuenta de que, como aparentemente era usual en él, acababa de responder a algo que yo no le había comunicado.- ¿De dónde vienes?
- China.
- Vay…
- ¿Crees en Dios?
- ¿Eh?
- ¿Crees en la vida después de la muerte?
- No lo sé… - permití que mi vista se perdiera, meditando sobre el hecho de que él me estuviera interrogando sobre cosas que yo mismo no conocía acerca de mi persona. Aprovechando un silencio, disparé a mi vez.- ¿Tú?
- No es de caballeros violar los derechos de autor, Hoto.
- ¿Qué qué?
- Argh, que no me copies las preguntas; sé original, por favor.
- ¡Uy, perdona…! ¿Por qué viniste?
- A estudiar.
No le creía, la verdad; no, tras haberlo visto mentirle a mi madre del modo en que lo había hecho.
Y por cierto…
- ¿Por qué le mentiste a mi mamá?
- Me tocaba a mí.- aguardé su consulta, ansioso de poder formular la mía y vi su expresión tornarse sospechosamente maligna.- Mm, la guardaré para más rato.
- Yo…
- Sí, hasta entonces, no puedes preguntarme nada. ¿Te importaría enderezar la columna? La luz me molesta.
- ¡No es justo:- protesté, al mismo tiempo que obedecía su petición- se me va a olvidar lo que quiero saber!
- Si realmente quieres saberlo, no veo cómo.
- Es que no tengo buena memoria… - mascullé, viendo cómo el resplandor solar desaparecía de sobre su rostro en cuanto me encargaba de cubrir con mi cuerpo la proyección que le llegaba.
- Incluso el más despistado la tiene, cuando se trata de algo que de verdad desea saber.
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦ N i c t o f i l i a ◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
Bruscamente, el verano había cambiado; los días pasaban rápidos, como cuando mi familia aún vivía en Hokkaido.
Quizá, incluso, más.
- ¡Hermano, despierta!
- ¡Auch! – quitándome la almohada de la cara, abrí dificultosamente los ojos, intentando acordarme de la hora en que Ren y yo habíamos regresado el día anterior.
"Te advierto que si estás asustado, es mejor que lo digas de una vez; si de mí depende, vamos a vagar por donde sea durante toda la noche."
"Tú estarás asustado…, a mí me gusta la oscuridad."
- Pilika, ¿por qué demonios hiciste eso? – reclamé, intentando volver a mi agradable estado de letargo, cosa que no me fue posible.
- Horo-horo, tienes media hora para levantarte, desayunar y preparar tu bolso.
- En el nombre de los santos montes, ¿de qué estás hablando, eh?
-¿Realmente es posible que lo olvidaras? ¡Estamos a una hora del reinicio de las clases!
- ¿¡Qué!?
Estupefacción, negación, angustia… fue una secuencia de reacciones.
- El baño está desocupado, yo ya estoy lista.
El lapso entre salir de mi cama y llegar, ya con mi camisa y pantalón de colegio puestos, a sentarme a la mesa, quedó completamente borrado de mi conciencia. De un momento a otro, mi mamá estaba frente a mí, intentando anudar mi corbata.
- Los pantalones te quedan como bermudas.
- Ni te molestes en comprar otros…
- Aún te queda otro año, además de este.
- Hm…
Como fuegos artificiales que yo no podía controlar, vinieron a mi cabeza imágenes poco nítidas de tiempos más o menos recientes: un pelotazo en las canchas de fútbol, un cuaderno incendiado por un encendedor, una pelea con Allen, una chica de cabello rosado llevándome hasta la enfermería, Yoh observándome desde el otro lado de la reja…
- ¡Tú debes ser Ren! – la exclamación de mi padre me sacó de mi ensoñación; al volverme hacia el umbral del comedor, mi vista topó con la de Ren.
- ¿Qué…?
Como yo, él llevaba el uniforme del colegio, sin embargo, en él, éste lucía como el de un catálogo publicitario y no como un montón de ropa detestada por su dueño.
- Gracias.
- … - acaso, ¿había dicho lo que pasaba por mi mente? La duda me asaltó, mas poco después comprendí que mi madre acababa de presentarlo e invitarlo a comer con nosotros, tras lo cual mi hermana se encargó de aproximarse lo suficiente para ser vista.
- ¡Hola! Así que tú eres nuestro nuevo vecino, ¿eh? Mucho gusto, me llamo Pilika Usui, también voy a su misma escuela; es un gusto. Y ¿cuándo se conocieron? ¡No me digas que mi hermano se metió contigo! Es usual en él, últimamente, pero es un buen chico, perdónalo…
El timbre cortó su monólogo, haciéndome suspirar con una mezcla de alivio y resignación en cuanto desapareció para ir a abrir la puerta. Enseguida, Fausto VIII y Eliza penetraban en la estancia y mi mañana terminó de ser inhabitual.
- Muy buenos días, integrantes de la familia Usui.
- ¡Fausto, Eliza! – exclamó mi madre, gratamente sorprendida.
- ¡Dios los tenga en Su santa gloria! – bochornoso, me dije. Me avergonzaban algunas expresiones usadas por los ancianos.
Vi a Ren aguantar una malévola carcajada.
- ¡Mamá, voy a poner más puestos a la mesa!
- ¡¡Por favor, no se molesten!! Nosotros ya comimos, es que nos gusta madrugar.
- Por eso tienes esas ojeras tan marcadas, Ren.- vi de reojo cómo Pilika inspeccionaba al mencionado desde cerca, provocando intercambios de miradas entre los dos matrimonios presentes y rascándome la cabeza, fui por agua caliente.
De ese modo, mientras yo desayunaba y Pilika me apresuraba y acosaba a Ren a la vez- y no era idea mía-, el doctor Fausto y su esposa, por primera vez en nuestra vida de vecinos, explicaron verdaderamente algo a mis padres sobre su vida.
- La facultad de medicina de la Universidad de Berlín da innombrables becas, por lo que la oportunidad de viajar a ejercer siempre está presente.
- Toma nota.-tras susurrarme lo anterior, mi padre me dio un ligero codazo, sin quitar la vista de nuestro emisor, cuyo semblante no demostraba emoción alguna a causa de sus logros. Supe que Ren me veía con algo que podría clasificarme como una fusión de curiosidad y diversión.
- Así, terminamos trasladándonos a China, donde conocí al padre de Ren, el cirujano En Tao.
- Un verdadero artista.- acotó la señora Eliza, a quien no pude evitar observar apenas hizo uso del don del habla; ella sonrió, no a mí ni a nadie en particular, únicamente dejó que una sonrisa decorara su rostro y mi comedor prácticamente se alumbró por su belleza.
- Me sé la historia de memoria. ¿Nos adelantamos? – la propuesta de Ren me hizo abandonar mi trance; casi al instante, me encontraba yendo por mi bolso.
Era un día idealmente veraniego para ser bien aprovechado en vacaciones y el solo hecho de llevar el blazer de mi escuela resultaba algo deprimente. Asiendo el único tirante completo de mi bolsa escolar, me dediqué a vislumbrar, primero, el camino y posteriormente, a mi acompañante.
- ¿Qué? ¿Tengo algo en el rostro o es que es propio de tu familia ver a la gente como se ve la televisión?
- El uniforme te queda bien.- admití, tratando de ser positivo, de empezar bien la mañana y por sobre todas las cosas, de ignorar un sin fin de emociones que intentaba salir a flote desde que me había enterado de que retornaría a clases.
- Ya lo sé.
El trayecto fue algo inexistente, de un momento a otro, estábamos frente al enrejado actualmente abierto del establecimiento.
- Según lo que entendí de la reunión – oí a Ren decirme, de pie, junto a mí, frente a la entrada-, tenemos que formarnos con nuestra clase, fingir emoción y subir con el profesor que nos toque.
- Jeje… - asentí con la cabeza, sin mover la vista y lo siguiente que él me dijo, a pesar de que en ningún momento varió su posición, me sonó tal y como si me lo hubiera expresado susurrándome al oído.
Así de claras fueron sus palabras.
- Sé que vamos a ser compañeros, y aunque no somos amigos, podría decirse que las cosas van a ser menos desagradables para ambos, debido a nuestra… afinidad…
Por primera vez en toda la mañana, fui capaz de sonreír.
REN.
Di el último sorbo del alba, sintiendo cómo un cándido hilo líquido acariciaba mi piel hasta morir en mi mentón. De pie, ella me observó alimentarme, lápiz y libreta en mano.
- Aparentemente, las dosis matutinas te han servido para recuperar vitalidad, aunque sigues siendo más pálido de lo recomendable. De todos modos, la gente no pregunta sobre estas cosas.
- Él no ha dicho nada al respecto. Por lo menos, nada serio.
- Por eso lo escogimos; la discreción es su fuerte.
- O el despiste…
- Eliza, querida, ¿ya terminó el proceso?
- Todo en orden, ya es hora de ponernos en marcha.
La idea de hablar con un desconocido y fingirme inferior a él y su supuesta autoridad no dejaba de molestarme; mas si con eso las dosis incrementaban, estaba dispuesto a sacrificar un gramo de mi infinito orgullo. Total, la venganza era una vía factible, de manera igualmente infinita.
Así fue como los tres acabamos dentro de un anexo a lo que sería mi nueva escuela, una oficina amplia que trataba de ser elegante, tal y como su dueño.
- Primero que nada, sería amable de su parte explicarme un poco cómo funcionan las cosas, es decir, cómo es que Ren acabó viviendo con ustedes…
- … - dejé que Fausto se explayara, mientras su mujer deslumbraba al tipo con una sola mirada y yo me entretenía contemplando su enorme bigote.
- En pocas palabras, para no abusar de su tiempo, creo que vale afirmar que tanto los padres de Ren…
- …antiguos amigos nuestros…
- … como nosotros mismos, vimos en la opción de tener estudios en el extranjero algo indudablemente positivo para su formación académica.
- Comprendo, comprendo.- leí en su mirada cubierta por anteojos y arrugas que estaba impresionado y decidí, por diversión, coronar el momento.
- Veo que está leyendo a Rousseau.
- ¿Eh? – por reflejo, posó su mano pasiva sobre el volumen que reposaba sobre la esquina de su escritorio, y entreví en su expresión atisbos de hesitación- Sí, en efecto, nunca se pueden leer las confesiones de un sabio muchas veces…
- Sí, sobre todo si su mayor sabiduría se manifestó a los dieciséis años, cuando determinó marcharse.- Estaba hecho: su mirada sobre la mía, llena de sorpresa, me comunicó que como era de esperar, había caído.- Considerando que todas sus demás decisiones fueron sólo resultado de la primera, claro. Si observa su obra por completo, puede ver una tendencia al éxodo físico o espiritual que no suele ser tomada en cuenta.
- Es un punto de vista interesante…
- Créame, si pudiera marcharme, también lo haría; sin embargo, hay veces en que un primer éxito entorpece al hombre y multiplica sus errores. En fin, es sólo mi opinión.
- ¿Cuántos años me habías dicho que tenías, chico?
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦ N i c t o f i l i a ◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
- Te advierto que si estás asustado, es mejor que lo digas de una vez; si de mí depende, vamos a vagar por donde sea durante toda la noche.
- Tú estarás asustado…, a mí me gusta la oscuridad.
- … Interesante.- no pude evitar comentar, antes de girar en dirección contraria y sumergirme fuera de la zona pavimentada, detrás de las viviendas.
Percibiendo sus movimientos rápidos al seguirme, adiviné que era cierto: le gustaba la oscuridad.
Más de lo que él mismo pensaba.
- ¿A dónde vamos?
- Pues como veo que ya no se te ocurren más lugares qué enseñarme, quiero ser yo quien te guía hacia algún lado.
- Ja, acaso ¿crees que conoces algún sitio donde yo no he estado?
- Sólo me parece que si no sales de día, menos aún de noche, ¿estoy en lo correcto?
- Eso no tiene nada qué ver ni cambia el hecho de que es bien poco probable que puedas servirme de guía.- a pesar de sus contra-argumentos, su rumbo era paralelo al mío, por lo que tuve la certeza de que se quejara cuando se quejara, iba a acompañarme.
- Las cosas cambian de noche, ¿no lo sabías?
Él lo ignoraba, mas no era mi primera vez- mucho menos la última- vagando por aquellas calles bajo el cielo ennegrecido por las horas; desde mi despertar, había sido inevitable concurrir al espectáculo nocturno y buscar nuevas entretenciones, resolver viejos enigmas… como ver a través de la pared de los vecinos cómo Horo no conciliaba el sueño aún después de pasada la medianoche, hora en la que yo salía por la ventana de mi supuesta morada y aprovechaba, de paso, de echar un vistazo a distancia hacia la casa de al lado.
- ¿Sueles tener pesadillas?
- ¿Eh? Nop, de hecho, quienes me conocen dicen que duermo como tronco.
- ¿Quienes te conocen o quienes creen hacerlo?
- … Sí que te gusta trasvasijar las cosas…
- Es un país libre.
- Sí, eso dicen. Oye, ¿ya pensaste la pregunta?
- ¿Mm? – usando la táctica que tan popularizada estaba de fingir desentendimiento, alcé una ceja y lo contemplé con fingida incomprensión, ganando una mueca de ansiedad.
- Se supone que me hagas una pregunta, para después responderme por qué le mentiste a mi mamá el otro día, sobre lo de tus padres y…
- Luciérnagas.
La penumbra se había vuelto total y sólo la débil claridad de la luna remarcaba tenuemente sus facciones indecisas; en todo el tiempo que había pasado junto a él, nada había cambiado en su físico y sin embargo, a la vez, me daba la impresión de que el observarlo era distinto a como me resultaba en un comienzo.
Las luciérnagas se aproximaron y su halo verdoso impactó nuestras vistas.
- Estos bichos no son lindos si no brillan. Algo triste, ¿eh? – a pesar de lo que decía, él no lucía asqueado por la cercanía de los insectos ni mucho menos, de acuerdo con sus propias palabras.
- La mayoría de las personas tiene la estúpida idea de que todo lo que brilla es oro.
- Hay excepciones…
- Pocas, la verdad. Por lo menos, yo no he conocido a ninguna.
- Me gusta la naturaleza.- detuvo su réplica para explicarme de paso, al ver mi expresión ante el modo en que había tomado con sus manos a una de las luciérnagas, sin el menor reparo.
Enseguida, siguió con la conversación.- No sé, Ren, no me gusta juzgar… ¿Sabes? puede sonar tonto, pero yo mismo algunas veces me dejo engañar por las apariencias…
- … - guardé silencio, sintiendo el ambiente impregnarse de una tristeza que claramente, no me pertenecía; sabía que sus palabras estaban a la mitad.
- … y sin embargo,… hay ocasiones en que no puedo evitar sentirme inclinado hacia… lo que nadie parece aceptar.
Luego de eso, un silencio neutral bañó la escena y olí un fuerte torrente de dudas proveniente de él; asumí que se arrepentía, en parte, de haberme dicho algo que evidentemente, según su actitud, no había compartido con nadie más en el pasado.
Sólo conmigo.
- Le mentí a tu madre, Horo, porque ella no suele sentirse inclinada hacia lo marginado como tú lo haces; imagino que le gustará creer que la gente que frecuenta su hijo no está abandonada en un país extraño donde conoce a tres personas.
- ¿Abandonado? ¿Y tus padres?
- Ya contesté tu pregunta y me debes una; aunque por lo que he visto, tu vida no es algo digno de interés…
- ¡¡Si no tuviera las manos ocupadas, te golpearía!!
- Espero que a pesar de la falta de luz, puedas apreciar mi temblor, Hoto-hoto.
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦ N i c t o f i l i a ◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
- Un verdadero artista.
- Me sé la historia de memoria.- gruñí, reacio a una nueva repetición de tan absurda mentira.- ¿Nos adelantamos?
Afuera, había más luz de lo que me habría agradado, sin embargo, opté por no quejarme, demasiado intrigado sobre el tema del establecimiento al que ingresaría en breve.
Mis oídos captaron cómo su cuello se giraba en mi dirección, consecuencia de su intención de contemplarme y tras aguardar algún posible comentario de su parte, me harté.
- ¿Qué? ¿Tengo algo en el rostro o es que es propio de tu familia ver a la gente como se ve la televisión? – evoqué discretamente a su bulliciosa hermana, técnicamente idéntica a él.
No obstante, era increíble lo distintos que eran en el fondo, a pesar de su semejanza al exterior.
- El uniforme te queda bien.
- Ya lo sé.- aburrido, me dediqué a calcular cuántos pasos más deberíamos dar hasta topar con nuestro objetivo, ignorando olas de satisfacción, provocadas por sus palabras, que intentaron infiltrarse en el hilo de mis reflexiones. Tonterías.
Dentro de un cuarto de hora, nos encontramos frente a un portón cuya simple imagen me comunicó la noción de encierro.
- Según lo que entendí de la reunión, tenemos que formarnos con nuestra clase, fingir emoción y subir con el profesor que nos toque.- recordé el verdadero significado que, para mí, las explicaciones del director habían tenido el día de la reunión.
- Jeje…
Su risa, tan discreta y opuesta a su actitud usual, me impulsó hacia una determinación que no supe rechazar desde el nacimiento de la posibilidad de manifestarla, lo que podría tener resultados tanto positivos – para mí, no para él, obviamente. - como desastrosos. Pero la cobardía no entraba en mi naturaleza.
- Sé que vamos a ser compañeros y, aunque no somos amigos, podría decirse que las cosas van a ser menos desagradables para ambos, debido a nuestra… afinidad…
Un poderoso aroma que no pude ignorar emanó de su ser y aunque las dudas no eran lo mío, no pude evitar preguntarme cuán lejos llegaría aquella enorme farsa.
… y sin embargo,… hay ocasiones en que no puedo evitar sentirme inclinado hacia… lo que nadie parece aceptar.
Cuán lejos…
Me disculpo por la evidente demora; espero que este capítulo llenara sus expectativas (ya estoy terminando el octavo).
Gracias por leer.
