Bleach no me pertenece. Propiedad de Kubo Tite, historia original escrita por mí.

UNIVERSO ALTERNO

NOTA: palabras en itálica, pensamientos de los personajes.

Introspección: Enamorarse es fácil. Más aún, si tienes un paño a quien llorarle cada vez que te parten el corazón. Pero, estar a su lado tanto tiempo sin saber lo que esa persona siente por ti… Puede ser lo único que necesites ver en realidad… Antes de perder lo verdaderamente valioso… Y decidirte por actuar...

Sumary: ¿Cuántas veces miramos desde afuera, a esa persona?. Sin poder decirle, cuanto la queremos…


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Y todo el tiempo…

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Por Ireth I. Nainieum

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Epilogo

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"No puedo cambiar la dirección del viento,

pero si ajustar mis velas para llegar siempre a mi destino"

-Anónimo-

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—¡Hey!.

Reclamo furiosa la mujer a su lado. Cuando su marido pasó un nuevo alto esa mañana. Ella miro hacia atrás, en búsqueda de cualquier patrulla a la redonda. Suspiro con alivio al constatar que esa ocasión no habría una multa más.

—¿Se puede saber a que viene esa desesperación al conducir de esa manera tan…, burda? –se cruzó molesta de brazos-. Eres incorregible Ichigo, -exhalo- no entiendo, porque me obligaste a levantarme tan temprano este sábado de asueto –espetó duramente-. ¡Por eso, es un día de descanso obligatorio!.

—¡¿Cómo rayos quieres que me ponga?! –crispaba de ira-. Ahí, revisa en la guantera –le pidió con poca paciencia- y sabrás de sobra la razón de mi enfado.

Exhalo ella una vez más, e hizo lo que su marido le ordeno. Dejo de hablarle por unos minutos. Al mirarlo de reojo, comprobó que su enfado aumentaba a cada metro que se acercaban a la construcción de su nuevo hogar. El documento que sostenía entre sus manos, era una nueva cotización del arquitecto en cuestión. Y ella, al ver el monto total casi le falla el corazón. Trago saliva con dificultad. Rukia sin consultar a Ichigo primero, solicito un par de cambios al encargado de la obra. Todo esto, por sobre el plano original. Jamás se imagino que esas modificaciones incrementasen tanto la suma final.

Decidió guardar silencio, y no decir que eso era obra suya; al menos, no por el momento. Porque, cuando le estallaba la furia de esa manera, no había poder humano capaz de apaciguarlo. Bueno…, tal vez si había algo que le pudiese ayudar a salir de ese embrollo. No, refuto firmemente en su divagación mental, ese no era el mejor momento para decirle.

Cuando finalmente ambos confesaron sus sentimientos el uno por el otro, Rukia presento formalmente su renuncia en la oficina ministerial con sede en Tokio. Lo hizo sumamente apenada. Sin embargo, había una muy poderosa nueva razón que la hizo quedarse definitivamente. Gracias a la influencia de su padre, entró a prestar sus servicios en una empresa privada de una amiga vieja en común, Shihōin Yoruichi. La cual daba la impresión de estar siempre en todos lados. Si bien, tuvo que dejar ese viejo apartamento lleno de hermosos recuerdos para ambos, lo hizo con una enorme satisfacción cuando cerró esa puerta por última vez. Le entrego las llaves a la casera y se marcho tomada de la mano de Ichigo.

Como un par de tontos enamorados caminaron por horas, pero eso eran.

No tuvo esa ostentosa boda que se imagino ella en su adolescencia. Llena de glamour y lujos. Más bien, fue una ceremonia demasiado íntima y formal. Solo las personas más allegadas a la pareja les acompañaron en ese especial momento. Fue una boda al estilo occidental, por decisión de ambos.

De eso, ya eran casi nueve meses.

Casi de inmediato Ichigo y Rukia iniciaron la compra de un terreno, para iniciar la construcción de su nueva casa. Ninguno de los dos deseaba vivir por el resto de sus vidas en un apartamento, en la bulliciosa ciudad de Tokio. Sobre todo, ya que ambos habían sido criados en casas grandes.

Un giro muy brusco la saco de sus pensamientos, y tuvo que sujetarse con fuerza del cinturón de seguridad. Ahora si, su corazón le latió con más fuerza que antes.

—¡Quiero llegar a mi vejez, Ichigo! –casi le grito- ¿o, conduces bien o me bajo del auto? –le pego en su hombro con su puño-. ¿Me escuchas, idiota?.

Sin más, Ichigo comenzó a manejar con mayor prudencia.

—No se de que te preocupas –apretaba con fuerza el volante- ¡tú si llegaras a vieja, pero hay alguien que estoy seguro que no pasa de este día!. –Dijo al ingresar al área residencial. A la distancia miro como comenzaba a tomar forma su futura casa-. ¡Ese Hanatarō! –detuvo el automóvil-. Vamos, Rukia. Trae la cotización por favor.

Esa mañana Ichigo cancelo varias consultas en el Hospital, de hecho no trabajaría durante todo ese fin de semana. Por lo visto, se había anticipado a la explicación del arquitecto. Del porque la cotización se había ido a casi el doble de lo originalmente planeado. Él le entrego las llaves del auto.

Rukia e Ichigo ingresaron, el primer piso estaba ya casi terminado. Habían comenzado con la mampostería y detalles finales. Ella espero intranquila en la puerta principal, mirando el vehiculo y las llaves en sus manos. Mientras que por otra parte, su marido fue hacia un trabajador a preguntar por el arquitecto. Dedujo, que esa era su mejor oportunidad para escapar de la futura ira de su esposo.

—¡Rukia! –le llamo el por quinta vez-. ¿Qué te pasa? –la tomo de la mano y camino con ella hacia las escaleras, por su pesquisa supo que Hanatarō estaba en el segundo piso- has andado muy rara desde hace días –pasaban junto a los obreros-. ¿Sigues enfadada por lo de hace rato?.

Le hablo con un tono de voz apacible y tranquilo, al mismo tiempo que le dedico una calida sonrisa. Rukia le devolvió el gesto intranquila y le negó con la cabeza. Ahora sí, era ella quien seguramente no vería el sol de mañana.

—Ichigo san, Rukia san –les llamo cordialmente al momento de acercarse a ellos-. No esperaba que viniesen el día de hoya ver los avances de la obra. –Antes de que el médico hablase, el arquitecto se adelanto y continuo con la conversación-. Están justo en el medio de la recamara principal.

Por un instante el enfado le paso a segundo plano. El área era bastante espaciosa, con grandes ventanales que filtraban bastante luz natural. Rukia soltó de la mano a su marido y fue hacia una de las dos puertas que estaban dentro de esa área.

—Esa puerta lleva hacia el baño, Rukia san.

Hanatarō ignoro la presencia de Ichigo, y en su defecto se concentro en la de Rukia. La cual maravillada admiro el enorme closet, aún sin terminar y el área del vestidor que solicito. Justo delante había una puerta más, tras esta seguramente se encontraba el baño.

Era casi tan amplio como la recamara principal, Ichigo lo comprobó al seguirlos. Miro extrañado hacia donde Hanatarō le dijo que estaba la que sería su habitación y luego una vez más esa área. Ingreso por completo y busco alguna puerta que lo llevase a otro espacio.

—¡¿Este, es el baño?! –exclamo alarmado-. ¡¿Por qué rayos es tan grande?!.

Se giro y observo, todo el sitio. Habían varios espacios aún desprovistos de lo que seguramente contendrían al final, más según sus conocimientos eso era demasiado grande.

—¿Cómo? –parpadeó perplejo el arquitecto-. Pues…, por la tina de hidromasaje, la regadera, el urinal, la tina convencional, el inodoro –contaba con sus dedos la totalidad de los inmuebles faltantes-. ¡Ah!, -exclamo ante su falta de mención casi obvia- y el lava manos.

Silencio.

Aún, ella podía escabullirse silenciosamente.

—¡Espera un minuto! –se acerco a Rukia y tomo la cotización de sus manos-. ¡¿Para qué quiero tanta cosa en un solo baño?! –exclamo ya sin mucha paciencia-. Hanatarō –externo ya molesto- no quiero una tina de hidromasaje.

—¡¿Pero, Ichigo san?! -se le acerco- ya esta hecha la construcción y solo nos falta colocarla…

La mirada terrorífica del médico lo silencio en el acto.

—Mira, incluso estoy considerando el quitar la tina del baño y el urinal –acoto- no me gusta desperdiciar tanta agua –dijo ya saliendo del baño y caminado hacia el centro de su futura habitación-. Hay que cuidar el medio ambiente. Tu sabrás como llenas esos espacios –declaro sin intención de alguna replica de su parte- Hanatarō.

—Bueno, -dijo este incómodo- ya sabe… -al ver que Ichigo no lo comprendía continuo hablando- no se le hace romántico, el que un día le prepare a su esposa la bañera con pétalos de flores, champagne, velas aromáticas y disfruten de una bonita velada juntos. Y…

Afonía.

Ichigo llevo sus manos a su cara e intento reprimir con fuerzas la carcajada que tenía atorada en su garganta.

—Ves demasiadas películas norteamericanas cursis románticas –hablo con dureza-. Eso no pasa en la vida real a diario, y te aseguro que ni siquiera una vez al mes en la mayoría de las parejas que tienen una tina –suspiro-. Al final esas cosas no son más que meros contenedores de basura que se va acumulando con los años.

—Pero… -interrumpió Rukia, el poco sentimentalismo de su esposo- ¿podemos dejar cuando menos la tina?.

Expreso con esa vocecita que lo sacaba de quicio.

—No –acotó- son peligrosas –se cruzó de brazos decidido-.

—¿Peligrosas? -repitió Rukia desconociendo su punto de vista-. ¿De qué hablas?, ¡de ser por ti, harías de esta casa lo más simplona posible!.

Hanatarō supo que estaba nuevamente en el medio de una discusión de la pareja, suspiro resignado; siempre era lo mismo cada vez que iban a la casa. Así, que silenciosamente que al fin y al cabo no lo extrañarían salió y los dejo solos. Aún tenía demasiados pendientes con la construcción, como para quedarse a escuchar su altercado.

Rukia se paro justo frente a su esposo y lo encaro. ¿De qué rayos hablaba ese hombre?.

—Primero, ya te he dicho que hay que tener solo esencial. Y dos, si los adultos no tienen cuidado los niños podrían ahogarse en una de esas cosas –le aclaro-. Eso pasa más a menudo de lo que tu crees –declaro, sin la intención de ceder ante lo que consideraba un capricho de su esposa-. En el hospital me he enterado de varios casos, esto no es un juego. Es algo muy serio.

—¿Niños? –repitió confundida-.

—¡Hablo por los niños que vamos a tener! –croo estupefacto, ¿acaso Rukia había considerado el ser un matrimonio sin hijos?-. ¿Piensas que no quiero tener chiquillos en esta casa tan grande?.

Rukia guardo silencio. No supo que decirle y avergonzada por eso bajo la vista, con una gran sonrisa. Jamás se imagino que Ichigo considero una casa tan espaciosa por ese detalle en concreto. Tal vez su esposo si estaba en lo cierto, con ese asunto de la seguridad a futuro de sus hijos. Ichigo la abrazó y luego percibió que estaban solos.

—¡Espera un minuto –se separo de su esposa, se percato de la cotización en sus manos y del arquitecto faltante- ese, Hanatarō me tiene que dar muchas respuestas! –miro a Rukia-. Espérame, no tardo.

Sin más, él salió de la habitación. Resignada ante lo que acontecería en solo minutos, fue hacia la puerta que verdaderamente quería ir, la primera ocasión. Esta la llevo hacia el único balcón de la propiedad. Desde ese rincón, pudo admirar parte de la ciudad. Su casa, o mejor dicho el área residencial estaba sobre una colina, lo que daba una buena mirad de la urbe a sus pies.

Suspiro y se relajo. Una suave brisa soplo, dejándose llevar cerró sus ojos y espero lo inminente.

Se pregunto, si Ichigo intentaría echar por la borda su modificación a la cocina. Con esos muebles que había pedido desde Italia, y ni que decir del piso de mármol blanco que no percibió al entrar a la casa por su enfado. Esbozó una sonrisa entre divertida y asustada, de la reacción de su marido.

—Parece ser que tendré que decirle hoy, si quiero mi cocina como me la imagino. Y, tal vez pueda negociar una vez más la tina –suspiro- aunque no sea la de hidromasaje –toco su vientre y le hablo a ese diminuto ser que crecía ya dentro de ella-. O sino, papá es capaz de hacer nuestra casa demasiado austera para mi gusto. Pero te prometo que si me deja conservarla, tendré mucho cuidado de tu seguridad a futuro.

—¡Rukia!.

Escucho el grito de su marido desde el primer piso, lo cual le acelero el corazón más que las otras dos ocasiones anteriores. Ya debía de estar enterado por Hanatarō que esas modificaciones fueron a petición de ella. Constato las grandes zancadas que daba hacia donde ella se encontraba, el retumbe de la propiedad le alertaba. Ichigo ingreso a la recamara principal, mientras cerraba esa puerta de un fuerte portazo. Para finalmente arrinconarla en el balcón. Sin mayor escape. Bueno…, saltar hacia el primer piso tampoco era una opción demasiado tentadora a su gusto.

—Hanatarō, me dijo que esto –le mostró la cotización- fue idea tuya. ¿Qué tienes que decir a tu favor?.

Ichigo frunció el ceño más que de costumbre y espero las razones que pudo tener Rukia para hacer eso. Por otra parte, ella le dedico una sonrisa como nunca lo había hecho antes, alguna vez en su vida. La hizo verse ante él, de forma tan tierna y hermosa que le hizo desaparecer toda su ira de inmediato.

—Pues, verás…


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Les agradezco el haber leído la historia completa

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Notas de la autora:

+ La anécdota de las películas y la tina de hidromasaje le paso realmente a unos conocidos míos. Me pareció muy divertida, por ello quise usarla. Y pensándolo bien, no esta tan errada en la vida real.

+ Mejor chantaje no hay.


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Gracias

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