†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
9|.Lazos.de.sangre◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
«Sí, tú eres exactamente mi marca de heroína.»
- Edward Cullen - Crepúsculo, Stephenie Meyer.
HOROKEU.
- Horokeu.
- ¡Hola…! Eh… hola…
Escuché la risa de Ren detrás de mí, lo que no me ayudó con la culpabilidad de no recordar el nombre de mi nuevo amigo.
Afortunadamente, tuve mi primer golpe de suerte en mucho tiempo.
- Diethel, los demás ya están en la biblioteca.
- Oh, está bien. Enseguida voy.
Fue gracioso ver cómo la chica que había ido por él prácticamente se derretía con la sonrisa que le dedicó, antes de alejarse sin ninguna intención de importunarlo más. Él se volvió hacia mí.
- Antes de que me vaya… me gustaría saber si tienes esta tarde libre.
- ¿Cómo?
Me volteé, sin poder evitarlo, hacia Ren, que había hecho la pregunta al mismo tiempo que yo, pero con un tono mucho menos… amistoso.
En cuanto miré a mi interlocutor de nuevo, él seguía sonriendo como si nada.
- No estoy seguro, Diethel, pero…
- Llámame Lyserg, por favor. – genial, había tomado su apellido como su nombre- Después de todo, somos amigos.
En cualquier otra circunstancia, me habría resultado demasiado extraño o me habría reído en su cara. Pero él tenía algo especial que me daba la sensación de que lo que estaba diciendo sí era posible, pese a ser una forma bastante peculiar de amistarse con quien fuera.
- Claro… Bueno, Lyserg.
Ni siquiera hizo ruido al caminar, pero de un momento a otro, tuve la certeza de que Ren estaba pegado a mi espalda, pues además de sentirlo cerca, vi cómo la mirada de Lyserg se desviaba ligeramente hacia un costado mío para verlo a él.
- Veo que estás ocupado ahora.- volvió a mirarme, sonriente, y el cambio me pareció radical.- Lo discutiremos en la semana, Horokeu.
- Está bien.- murmuré. Él se despidió amablemente de mí y cortésmente de Ren, y se encaminó hacia la biblioteca.
Pestañée un par de veces, extrañado. Había sido una charla poco habitual.
- …
- …
Ignoro lo que me dio la certeza de que Ren estaba molesto, es decir, ni siquiera era mi culpa; sin embargo, en lugar de molestarlo o algo por el estilo, me limité a recargarme contra la pared del corredor, tal y como él había hecho segundos antes, en cuanto Lyserg se había marchado.
- …
- Ni siquiera debería decirlo.
- ¿Decir qué? – lo miré, picado por la curiosidad. No obstante, su vista seguía fija en el otro lado del pasillo.
- ¿Por qué un sujeto que no te conoce podría querer salir contigo?
- Eso…
Cuando apenas alcanzaba a interpretar el sentido de sus palabras, él agregó:
- Sin mencionar su particular manera de mirarme.
- ¿Mirarte?
Bien, aunque era ridículo, aquello me había molestado. ¿De verdad Lyserg lo había estado mirando tanto? Tal vez era exagerado, pero no me gustaba la idea; aunque no pudiera hacer nada, no me agradaba.
- No seas estúpido, Hoto, me mira como mirarías a un rival.
- Pero si no te conoce.- razoné, aunque mi mente seguía flotando en la idea de que Lyserg lo hubiera estado viendo de otra forma. Me molestaba no haberlo notado, si así era…
- No quiere conocerme.
No me había percatado de su cercanía, hasta que estuvimos frente a frente, justo antes de que el recreo acabara con el sonoro timbre de siempre.
- ¿Entonces…?
- Quiere conocerte a ti.
- …
- …
- Jajajaja, sí, seguro.
- ¡Deja de reírte, es la verdad! – su irritación sólo me provocó más gracia, hasta que él pareció rendirse y se limitó a observarme sin ninguna expresión.
El lugar comenzó a llenarse progresivamente, y yo lo miré sinceramente sorprendido.
Es que, si lo pensaba objetivamente, era ridículo. No lo de gustarle a otro chico ni nada de eso, sino el hecho de que entre yo y Ren, no eligiera a Ren. Era algo que escapaba a mi comprensión.
- No es tan difícil de entender. Espero que sepas que no puede contra mí.
- ¿Contra ti? Espera, ¿qué?
¿Cuándo habíamos pasado a ese punto? ¿Contra él? ¿Por qué había un contra?
- Estás haciéndote ideas que no son.- opiné, ignorando las mil y una pruebas previas de que su capacidad de observación era algo que no debía tomar a la ligera.
Por otro lado, por supuesto que era satisfactorio que estuviera celoso y ni siquiera se molestara en negarlo. El problema era que yo no veía ningún motivo de celos.
- Vamos a clases.
Así fue como terminé siguiéndolo por los pasillos, y las clases que siguieron resultaron inverosímilmente aburridas; esa mañana descubrí que Ren podía ser aún más silencioso de lo habitual.
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦ N i c t o f i l i a◦ †◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
La mayor parte del tiempo, no podía evitar recordar la noche que había pasado en casa de Fausto VIII – quien aún no volvía al vecindario, por cierto-. No es que Ren y yo hubiésemos hecho nada fuera de lo que habíamos hecho antes… pero me gustaba volver a vivirlo dentro de mi mente, y era extraño que el recuerdo se intensificara con el paso del tiempo en vez de erosionarse.
Recordaba su cama, y su piel, y esa sensación de que nada más importa, y de que te mueres de miedo porque quieres tanto a alguien, pero a la vez es lo mejor que te ha pasado y entonces te da más miedo porque no quieres estropearlo.
Porque nunca esperaste que te pasara algo así justo cuando…
-¡¡USUI!!
- ¿¡Qué?! – detestaba que me interrumpieran de ese modo.
- …¿Acabas de gritarme?
Anna Kyouyama me observó de un modo que claramente decía que no esperaba una respuesta, simplemente era su manera de impartir temor y respeto en una misma esencia.
Cosa que lograba a la perfección.
- Perdón, estaba-
- No me importa. Tu hermana me pidió que te entregara esto.
Un paquete atentó directamente contra mi rostro; me percaté de la presencia de Yoh sólo en cuanto él se rió por lo bajo de mi expresión de dolor.
- ¿Qué es esto? – gruñí, fingiendo que no me incomodaba estar con Yoh, o que me importaba la respuesta.
En cuanto lo abrí y vi la nota, era tan obvio que ni siquiera me sorprendí.
"Hermano: hice esto para Ren y para ti. No te lo comas todo. Pilika."
Habría sido más fácil que se lo entregara directamente a él.
- Pilika es muy amable.
Miré a Yoh por el rabillo del ojo, sin saber qué contestarle. Si hubiera sido otra persona, lo habría desmentido al instante; pero se trataba precisamente de él, a quien, a estas alturas, no sabía cómo dirigirme.
- Yoh, acompáñame a la biblioteca.
- Claro, Anna. Hasta luego, Horo-horo.
- Adiós.
Suspiré con resignación, la verdad es que no me molestaba que Pilika tratara mejor a Ren que a mí – en realidad, ella trataba a todos mejor que a mí-; lo que me molestaba era lo último, que fuera a Ren, justamente.
Era irritante.
- "Estás haciéndote ideas que no son." – su voz me sacó de mis cavilaciones.
A pesar de su tono burlón, me alegré de que por fin se hubiera decidido a hablarme; ya yo había insistido durante casi una hora sin resultados, por lo que había terminado cansado de exhortarle.
- Aquí tienes.
Claro que no por eso iba a llegar y ser amable con él, después de todo, él había sido el que me había ignorado durante toda la mañana, en primer lugar. Así que le entregué el almuerzo que Pilika había preparado y le deseé suerte digiriéndolo, fuera lo que fuera.
- Estoy seguro de que está delicioso.- soltó. Era obvio que lo hacía para molestarme, él ni siquiera comía sólidos y menos aún había probado alguna vez algo hecho por mi hermana.
- ¡Espero que te atragantes!
Tomé mis cosas y me fui.
Sabía que era un comportamiento infantil, pero realmente me molestaba que hiciera ese tipo de cosas con el único fin de provocarme; yo no había hecho ningún comentario sobre sus infundados celos hacia Lyserg sólo para hacerlo sentir mal…
Una ligera colisión entre yo y alguien más me sacó de mis cavilaciones.
- Ay, discúlpame..- ¡H-horo-horo!
- Tamao, hola.
En cierto modo, me causaba gracia que ella se disculpara por todo, ya que nuevamente, yo ni siquiera me había percatado de que habíamos chocado.
Tamao me sonrió tímidamente.
- Hacía mucho que no te veía. Digo, realmente, no es como si te buscara ni nada, pero no te había visto, es todo.
- Sí, últimamente he estado ocupado…
Era una forma de decirlo. Lo cierto es que, durante los últimos días, Ren y yo nos la habíamos pasado quedando en cualquier sala vacía, o en el baño del primer piso al que nadie iba. Acababa de darme cuenta de que era una manera de segregarnos; en los momentos en que lo hacíamos, me había parecido enteramente natural.
- Ya veo…
- ¿Tamao? ¿Qué haces con este?
- ¡Señorita Anna!
Nos volteamos al mismo tiempo, ambos tomados de improviso por la voz siempre amenazante de Kyouyama. Ella ya no estaba con Yoh, sino que llevaba un montón de libros en su regazo y me observaba con desconfianza.
- Oye, Usui, no me digas que ahora te gustan las niñas.
- Señorita Anna, apenas soy dos años menor.
- Espera un momento – hablé-, ¿ustedes se conocen?
Admito que fue una pregunta estúpida, era evidente que se conocían; pero resultaba difícil de creer que una chica dulce como Tamao fuera amiga de una chica como Kyouyama, que, bueno, no era dulce del todo.
- V-vivo con la señorita Anna y sus abuelos, en el templo Funbari.
- No conozco ese lugar – comenté; en realidad, mi sentido de la orientación se volvía nulo cuando se trataba de un sitio distinto de donde yo habitaba-. Oye, y ¿por qué le dices señorita? ¿Acaso es tu jef- ¡Aauch!
No había visto venir el golpe. De un momento a otro, un fuerte dolor se había apoderado de la zona posterior de mi cabeza.
- ¡Dos golpes en un día!
- Como su superior, ella me debe respeto, aunque no sé si entiendas ese concepto, Usui. Tamao, acompáñame.
- S-sí… - los ojos violáceos de Tamao me escrutaron con preocupación, así que le sonreí como pude, después de todo, no era como si me extrañara la actitud violenta de Anna.- Hasta luego, Horo-horo.
- Claro, nos vemos.
- …
- …
- Usui.
Había alcanzado a dar apenas un par de pasos cortos, cuando Kyouyama volvió a llamarme. Me volteé, y vi que Tamao ya se había encaminado en sentido contrario, mientras que Anna, quien se había detenido, me observaba con seriedad.
- ¿Necesitas algo? – pregunté.
En verdad, me resultaba difícil molestarme con ella a pesar de su trato tan vil, yo no era una persona rencorosa en ese aspecto. Porque, en el fondo, sabía que como amiga/novia de Yoh – o lo que sea que fuesen-, no podía tratarse de una mala persona.
- No salgas muy tarde hoy. – se volteó nuevamente, para seguir caminando.
- …
- …
- …
- … - sólo alcancé a reaccionar cuando casi la perdía de vista.
- ¡¡Espera, ¿es una amenaza?!!
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦ N i c t o f i l i a ◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
-¡Ya te dije que no es gracioso! – chillé. Ren sólo acentuó su siniestra sonrisa, antes de pararse de su improvisado asiento sobre una de las rocas del cerro.
- Es un poco gracioso.- me contradijo; cómo no, parecía que todo el mundo me llevaba la contra aquel día.
No era mi culpa. Era distinto trepar hasta lo alto del cerro de día que cuando el cielo ya oscurecía, no tenía por qué avergonzarme por haberme caído tantas veces que no alcanzaba a contarlas.
Me arrodillé una vez más, sacudiendo la tierra del uniforme que aún llevaba puesto.
No me había percatado de que Ren había quedado tan cerca, hasta que nuestras miradas se cruzaron. Estábamos tan próximos que no podía respirar normalmente sin rozar sus labios, los que, por cierto, seguían curvados en una mueca maligna.
- Realmente quiero besarte ahora mismo, Horokeu.
Fue automático. Instantáneamente, sentí cada rincón de mi cuerpo llamándolo, como si estuvieran incendiándose cada una de mis células.
Había sido difícil llegar a una síntesis luego de nuestra pelea, que básicamente no había sido un enjambre de gritos e insultos, sino horas de silencio y uno que otro comentario desagradable (sobre todo, los suyos).
Pero, en el fondo, yo desde el inicio había sabido que no tenía tanta fuerza de voluntad como para pasar un día entero sin estar cerca de Ren, no a causa de algo tan estúpido como un malentendido, o incluso menos que eso.
Así que al concluir el almuerzo, durante el que había terminado comiendo solo en la mesa que siempre usábamos – claro, si hubiera sido por mí, tampoco habría necesitado ingerir nada y me habría ahorrado el mal rato, pero no poseía su mismo metabolismo-, había tenido que ir al laboratorio, llegar al último puesto, mirarlo y tragarme el orgullo.
"Esto es tonto, Ren" y me había sentado a su lado. Y se había sentido tan bien, a pesar de que seguía siendo culpa de ambos y no sólo mía, si bien era yo quien había hablado primero. De cualquier modo, Ren no me habló hasta que terminaron las clases.
"Demos una vuelta".
Eso explicaba que nos encontrásemos en el cerro a esas horas, luego de caminar por ahí durante un largo rato.
No se me ocurrió qué decir, era ilógico, hasta cierto punto, que unas cuantas palabras de su parte lograraran provocarme de esa manera, aunque por otro lado, era evidente que yo no iba a quejarme si él…
- Puedo volver en otro momento.
Me sobresalté bastante cuando oí una voz que claramente no era la mía ni la de Ren. A nuestra izquierda, donde comenzaba la pendiente llena de árboles, vi la figura de un chico cuya fisionomía estaba protegida por la penumbra.
- ¿¡De dónde demonios salió?! – exclamé sin pensar, poniéndome de pie al instante y chocando ligeramente contra Ren, que se encontraba un paso detrás de mí.
- ¿Qué estás haciendo aquí?
Nunca lo había escuchado tan molesto, ni siquiera la vez que me había marchado de mi casa con un portazo, dejándolo hablando solo. Sentí un escalofrío es la espalda; no obstante, el recién llegado simplemente se rió.
Y por alguna razón, tuve la sensación de que ya había escuchado esa risa antes.
REN.
- Sólo hago una visita local. El paisaje es hermoso, por cierto.
Tuve que contenerme en cuanto, al decir lo último, sus ojos escrutaron sin el menor reparo toda la anatomía de Horo-horo.
- ¿Quién es él, Ren? – oí al mencionado preguntarme, pero sólo alcancé a dirigirle una breve mirada, antes de que Hao se encaminara hacia nosotros.
- Yo mismo puedo presentarme. Ren y yo somos viejos amigos.
No podría haber sido más preciso; a presente, cualquier amistad había quedado atrás, desde el momento en que había ignorado mis exigencias sobre mantenerse lejos de Horokeu.
- Es… es igual a…
En cuanto estuvo lo suficientemente cerca de nosotros, percibí la estupefacción irradiada por la esencia del único humano presente, y comprendí, tras analizar con más atención a Hao, que poseía un sinnúmero de rasgos en común con Yoh Asakura.
- Me llamo Hao, es un placer.
Ni siquiera me percaté del momento en que mis manos se habían aferrado a cada uno de los hombros de Horo, que se encontraba sinceramente impresionado.
Yo sólo pude maldecir a Hao por su elección. Desde que lo conocía, es decir, un tiempo inverosímil, su facultad para adoptar cualquier apariencia se veía limitada simplemente por la imaginación; no podía inventar aspectos, pero tenía la facultad de usurpar cualquier ADN que se hubiese encontrado a su alcance en cualquier momento.
Era evidente que no era casualidad, y que sus intenciones, al haber adoptado aquella forma familiar para Horo, eran tan lóbregas como el cielo que nos cubría.
- ¿Qué? ¿No vas a dejar que nos saludemos, Ren?
- Aléjate.- fue un susurro apenas, pero supe que lo había distinguido, tanto por su sonrisa macabra como por el brillo de sus ojos, que no anunciaba nada bueno.
- No me has respondido.- la voz de Horo me sorprendió, se había mantenido tan callado que, por breves instantes, había tenido la esperanza de que comprendiera que no era una situación con lugar para sus escándalos.- ¿Quién es él? ¿Es amigo tuyo?
- Me ofende que desconfíes de mí, Horo-horo.
Hao se aproximó aún más, y tuve que contenerme para no lastimar a Horo con mi agarre.
Había tenido mucho tiempo sobre el mundo como para ver cosas insanas, pero nada se comparaba a lo que había conocido en los años que había compartido con aquel sujeto. Por eso, la idea de tenerlo cerca de Horo era algo superior a mi autocontrol.
- Hao.
Fue una reacción colectiva, los tres nos volvimos al mismo tiempo; cuál no fue mi asombro al ver a la versión joven del aludido, que aún llevaba el uniforme, del otro lado del boscaje en que nos encontrábamos.
- ¿Y-yoh? ¿Es pariente tuyo? – inquirió Horo, completamente confuso; acerqué mi rostro a su oreja, cuidándome de no quitar la vista de Hao.
- Cierra la boca. – en otras circunstancias, me habría metido con él, como era mi costumbre; pero había demasiada tensión como para pretender que se trataba de una situación cotidiana.
De todos modos, Horo me lanzó una mirada de mosqueo y no agregó nada más.
- Jijiji, es la primera vez que vengo aquí de noche.
- …
Sorpresivamente, Hao no había dicho nada en aquel intervalo de tiempo, y aunque no le había quitado la vista de encima, no vi ningún ademán de moverse por su parte.
- Veo que llegaste antes, Hao.
- … Yoh.
- ¿Qué demonios significa esto? – inquirí, mientras Horo movía la cabeza de un lado a otro con el fin de contemplar alternativamente a cada uno de los visitantes. Contra todo pronóstico, Hao permaneció callado y fue Asakura quien respondió.
- No he tenido la oportunidad de presentarlos. Él es mi hermano Hao.
Fue cuando comprendí que, a pesar de su aparente inocencia, Yoh Asakura era igual de peligroso que mi antiguo camarada.
- ¡Espera un poco, Yoh, tú no tienes hermanos!
- Claro que sí. Sólo que no habías podido conocerlo, Horo-horo.
Estaba demasiado tranquilo. Lucía demasiado natural a pesar de estar diciendo una mentira de tamaño calibre. Me alivió el pensar que Horo-horo ya no frecuentaba a aquel sujeto, quien sin duda alguna representaba algo mucho peor que el propio Hao.
- No entiendo…
- ¿Qué es lo que quieres?
No era claro a quién me dirigía, eran dos rostros iguales y no confiaba en ninguno de ellos, pero a la vez, sus intenciones parecían completamente distintas. Hao volvió a reírse, incrementando así mis deseos de destrozar su cínica cara. Lo único que parecía diferenciarlo de su versión humana, aparte de su excesivo ego, era esa risa que comenzaba a hartarme.
- Sólo pasaba a saludar, es todo.
- Me temo que no te creo.- le comuniqué, sabiendo que no tenía posibilidades de alejarlo a menos que me dediciera a atacarlo. Cosa que, evidentemente, no podía hacer frente a dos humanos.
- Tranquilo, ya los dejo para que sigan en lo que estaban.- se dio la vuelta, tan confiado como siempre. El infeliz sabía que yo no podría hacerle nada con Horo tan cerca.
Asakura pasó junto a nosotros, dedicando a Horo una sonrisa tan hipócrita que tuve que esforzarme por mantenerme en mi lugar.
- Nos vemos en clases.
- …
- Nos estaremos viendo, Ren.- fue lo último que escuché de Hao, antes de que desapareciera por donde había llegado y agregara, ya a lo lejos:- ¡Un placer, Horokeu!
Yoh había desaparecido junto con él.
†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦ N i c t o f i l i a ◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†◦†
- Puedes burlar la seguridad de la casa de tus vecinos exclusivamente para verme, pero no puedes con esto… - murmuré, dejando que mi vista se perdiera en el ya familiar cuadro enmarcado por su ventana.
Mis manos recorrieron lentamente su pecho y abdomen – sentí cada fragmento del frágil tejido apenas protegido por la ropa, esperando a que lo alcanzara- mientras rozaba con mis labios su cuello a punto de hervir a causa de mi tacto.
- E-es tu culpa por… ahh-ah…
Ignoré sus quejas, ocupado como estaba en deslizar mi diestra por debajo de su camisa ya bastante desordenada, mientras una fuerza que me parecía magnética me impulsaba a disminuir todo espacio entre nuestros cuerpos.
Intentaba con todas mis fuerzas librarme de aquel estado de alarma que se había adpoderado de mí desde el encuentro con Hao; sobre todo porque, precisamente en aquellos momentos, requería de todo mi autocontrol para no llevar las cosas demasiado lejos, como mis sentidos me reclamaban a gritos que hiciera.
Sin embargo, por más que el deseo fuera un innegable factor en aquel instante, lo cierto es que una parte de mí seguía en permanente alerta, como si algo se hubiera activado al ver que mi antiguo compañero no se marcharía pronto.
Era demasiado sospechoso, demasiado peligroso para mi gusto.
- Ah, a-ahí no… ¡Aaa-aah…!
Fue sorpresivo, y volvió toda intención de desentendimiento más fácil de lo que yo habría esperado que sería. Pues, contra todo pronóstico, y luego de interminables años probando distintos festejos libidinosos cuyo único beneficio habían sido escasos minutos de un efímero placer, tras tan solo oír aquel incorruptible resuello a tan escasa distancia, advirtiendo a Horokeu desvanecerse entre mis brazos ante tan breve toque, me sentí endurecer como no recordaba haberlo hecho jamás, mientras a lo largo de mi organismo una sacudida abrazante dominaba poco a poco el manejo de mis instintos.
- ¡¡Hermanoooo, Reeeen, a comeeeeeeeeeer…!!
Pese a la detención abrupta de nuestros movimientos, tanto su respiración acelerada como el incremento progresivo de su bombeo cardíaco, que mi audición conseguía percibir sin dificultad, eran lo suficientemente altos como adivinar cuántos niveles invisibles habíamos traspasado y habríamos seguido traspasando de no haber sido por el súbito –e inoportuno- llamado.
Hacía un tiempo que me había percatado, pero aquella vez fue definitivo que la esencia de Horo, desde el flujo de su sangre hasta sus más débiles exhalaciones, significaban para mí un arma de doble filo: primero que nada, representaban una clara amenaza con respecto a mi tarea de encubrimiento entre los mortales, puesto que tales eran las provocaciones ocasionales, que no resultaba seguro en cuanto a lo que mantener un bajo perfil se refería.
Y por otro lado, era también una de las posibles razones por las que alejarme de su persona había resultado menos sencillo o banal para mí desde un principio: era como si algo me llamara, me llevara hacia él, y lo curioso era que yo no lo había terminado de comprender hasta el momento en que mis labios habían degustado los suyos.
- Este… vamos a comer.
- … vamos.
Sin embargo, ahora entendía que, sin saberlo, él era lo que yo, desde hacía mucho tiempo, había estado buscando.
Perra.
Sí, lo soy, gran novedad xD
Ahora, luego de aclarar mi merecido de ser insultada por la grosera demora bastante poco justificada - era llegar y subir, total, estaba escrito- y que roza lo imperdonable - pero, si no me perdonan, no sabrán lo que pasa en el capítulo siguiente-, quiero decir que Realmente Amor, Zerbrechlich, En tus manos, ACASC y mis otros fics - digamos que esos son los más activos en la actualidad- están en proceso de actualización.
Por otro lado, tengo unas cuantas dudas. No respecto al fic - por ahora, tengo bastante claro hacia dónde indica la brújula-, sino a otros proyectos que para desgracia de la lectora estricta, yo ya he iniciado.
1) Un Oneshot MUY LEVEMENTE SiriusRemus, centrado en el primer día de Rem como alumno de Hogwarts. Llevo como 15 páginas y aún no lo termino, además de que descubrí luego de las 12 primeras, que estaba totalmente fuera del canon la escena más larga xD pero es bastante verosímil, creo yo. En fin, mis disculpas porque me he enfrascado un poco en este trabajo, aunque demoraré mucho en subirlo - me cuesta que me convenzan las cosas no AU.
2) Otro Oneshot - de momento- sobre A de Death Note. Será Slashy of course. Un BBxA levísimo, pero que me gusta la idea - aún no llego a ese punto, el fic es A-Centric. Me inventé un personaje tan cute y uke que me dan ganas de saber dibujar a lo DN xD
3) El menos explotado de todos, uno que podría catalogarse de típico. Éste no me ha quitado nada de tiempo, pero tengo ciertas escenas muy gestadas en mi cabeza, además de que creo que les interesará a muchas por ser de este mismo fandom. Con un protagonismo giratorio - esto es, no se trata de alguien en especial-, se centra en la vida de cinco o seis jóvenes, donde Anna es una chica cuyos mejores amigos son sólo chicos, ella niega estar enamorada de ninguno y cree que las niñas coquetas son odiosas; dos de sus amigos sienten una cierta posesividad el uno por el otro y así un montón de cosas que uds pueden adivinar por ser yo la mente criminal. Es AU, school type y el título que pensé era algo como Me cago en Venus, una referencia a la teoría de que las mujeres son de Venus (y los tíos, de Marte).
Whatever, esas ideas me han quitado un poco de concentración respecto a este fic. Ahora, me disculpo nuevamente. Espero que les haya gustado (sobre todo la última escena, ju). Una sorpresa bastante..., sorpresiva, se viene en el capítulo 10.
Nos vemos!
