Princesa#1: El fin de un Emperador

Callisto siguió manteniendo una expresión estoica a pesar de que le costaba respirar por su propia cuenta, ni siquiera los artefactos mágicos que los magos pusieron tanto empeño en crear pudieron ayudar en eso.

El viejo emperador sabía que ya era su hora para partir de este mundo.

Le hubiera gustado que lo único que viera antes de morir, fuera el hermoso rostro de su amada princesa, con los ojos cerrados pudiera volver a ver aquella mirada turquesa que eran la luz de su día y su larga cabellera de un rosa intenso que no dudaba que las rosas de su palacio envidiarían su color.

Verla una última vez, haría que su alma pudiera irse en paz.

Le hubiera encantado que fuera así, pero lamentablemente tenía esas personas que lo miraban con eje de tristeza alrededor de su cama.

*lloriqueo*

- ¡Hyung-nim! – Sollozo su medio hermano aun lado de la cama mientras apretaba las sábanas en un intento de calmarse.

Sus mejillas estaban cubiertas de lágrimas y su nariz fluía dos líneas de mocos.

Una marca de enojo apareció en un costado de su frente al notar que su hermano menor se sonaba la nariz con esas mismas sabanas que lo cubrían. A pesar de querer corregir esa insolencia de su parte, no hizo nada para regañarlo como acostumbraba a hacerlo en sus primeros días de convivencia.

Raymond Régulo.

El hijo ilegítimo que tuvo el anterior emperador con una sirvienta hace sesenta años.

Vivió toda su adolescencia como un pobre plebeyo en las afueras de la capital, hasta que él entró a su vida y le dijo que en realidad era su medio hermano y su futuro heredero.

Podía recordar con claridad como Cedric se palmeo la cara justo en el momento en que le reveló el secreto de nacimiento al adolescente, pero él pensaba que ser directo al respecto era más sencillo que alargar lo inevitable.

Y que el muchacho le faltaba un hígado más grande para ser su sucesor, su hermano tan pronto como escucho la noticia, se desmayó aun estado de pie y cayo de cara al suelo.

Si su hermano se desmayaba por cualquier noticia impactante, ya podía ver los muchos errores que podía cometer en el futuro. Enseñar años de modales y conocimientos de la nobleza a un plebeyo, es en mejor de las palabras, un trabajo molesto con una pequeña probabilidad de éxito para preparar un perfecto sucesor al trono.

Pero era un riesgo que estaba dispuesto a correr, por eso lo agarro del cuello de su camisa y lo llevo a rastras en dirección al carruaje para no perder más tiempo.

Le enseño a base de lágrimas y sangre todo lo que necesitaba para sobrevivir en la sociedad noble, y pronto sus esfuerzos obtuvieron frutos cuando llego el momento de su debut. Su forma de actuar y de hablar, era lo que se esperaba de alguien de la realeza.

Y aunque aún le faltaba un largo camino por recorrer para que le dejase el trono a su hermano menor, su existencia en el palacio le ayudó mucho cuando esos tontos nobles no dejaban de presionarlo de que consiguiera una emperatriz para asegurar que el linaje real permaneciera.

seguramente para él y para fortuna de los nobles ruidosos, Cedric pudo contenerlo en todas las ocasiones en que se reunían para influir en sus decisiones, como deseaba sacar su espada y rebanara esas lenguas insolentes.

Pero eso parecía darles un hígado más grande a esos gusanos sobre sus peticiones de que debían de elegir a una joven noble para ocupar el asiento de la emperatriz.

(T/N: Es un dicho coreano que se usa para burlarse de las personas que actúan imprudentemente sin temer las posibles consecuencias. 'Hígado' aquí es un símbolo de coraje/tripa).

Y por mucho que Cedric intentara evitar una masacre al esconder su espada, (donde sea que lo escondiera el maldito) no estaba dispuesto en dejar que lo presionaran con un matrimonio político, solo para satisfacer sus viejos traseros.

La única persona que deseaba casarse y estar a su lado por el resto de sus días, ya no estaba en este mundo. Había días, demasiadas para que pudiera dar un número exacto, en que deseaba que fuese él el que estuviera al borde de la muerte y no su princesa, su delicado cuerpo cubierto de rojo como cientos de pétalos de rosas pegados a su piel y aquel olor metálico que odiaba tanto, esa imagen permanecía grabada en su mente, tal vez por fue así como se despidió de ella.

Por un momento él pensó que se quejaría por eso, pero lo único que salió de sus pálidos labios fue un gemido de dolor. Fue entonces que se dio cuenta de algo, Penélope no sobreviviría si se quedaba en este mundo.

Por eso le rogo entre lágrimas que aceptara volver a su mundo.

El infierno sin ella era algo de que estaba dispuesto a cruzar con tal de que Penélope pudieran vivir sus sueños a salvo. Fue así como se despidió de su princesa y para entonces ya habían pasado sesenta años desde que Leila fue detenida. Ni siquiera sabe cómo pudo seguir adelante con su vida tras las secuelas del ataque de Leila hacia el imperio.

En un mundo seguro, quiero que seas un emperador perfecto y que sonrías brillantemente.

Tenía la certeza que su princesa tenía algo que ver con esa decisión.

La puerta de su habitación de repente se abrió en un estruendo y fuertes pisadas resonaron por todo el lugar hasta que una persona se detuvo a un lado de la cama del viejo emperador.

Los ojos de todos estaban puestos en una mujer.

Parecía tener alrededor de veinte años, vestía una camisa de botón blanca, un simple pantalón café oscuro de cintura ancha con diseño de botón y unas botas negras de tacón bajo que le llegaban hasta por debajo de la rodilla. Su piel era lechosa, su cabello rubio brillante recogido en una alta coleta y sus grandes ojos, que contribuían a su apariencia juvenil, eran de color verde suave, que podían compararse al de una piedra de peridoto.

Al contrario de lo que podía esperarse de una joven dama de la nobleza, esta jovencita tenía la fuerza necesaria para derrotar un escuadrón de caballeros de la guardia real, solo usando una cuchara como arma.

Se trataba de su segunda sobrina nieta, Olivia Regulus, la tercera en la línea de sucesión y para una gran intranquilidad de los nobles, una copia exacta de su personalidad de cuando era mas joven. Fue en un banquete real que llego a escuchar en secreto de esas comparaciones de unos aristócratas chismosos, recuerda haber bufado de risa por esas tonterías.

No creía que fueran similares, seguramente esos nobles estaban borrachos para atreverse a decir esas comparaciones en el palacio.

Solo fue cuando le regalo una espada a su sobrina nieta para su cumpleaños que pudo darse cuenta de que esos nobles no estaban ni en lo más mínimo borrachos, ver con sus propios ojos a su sobrina perseguir con la espada en alto a su hermano mientras ambos corrían por todo el castillo, que pudo entender más a Cedric y su manía de esconder su espada en cualquier oportunidad.

Tal vez era el karma que le estaba haciendo pagar por todas las canas prematuras que brotaron de la cabeza de su secretario en su juventud.

- ¡Tío abuelo Callisto! – Exclamo la señorita dejándose caer de rodillas al suelo al mismo tiempo que se aferraba a su huesuda mano.

Pequeñas lagrimas sobresalían de sus ojos verdes al verlo postrado en su cama sin fuerzas.

A pesar de que no debería de hacer ningún esfuerzo en esos momentos, el viejo emperador hizo un intento de girar su cuello para mirar a su sobrina nieta y transmitirle algunas palabras que necesitaban ser escuchadas.

- Mi querida Olivia – Murmuro Callisto apretando la callosa mano de la joven. – Es una alegría que estes aquí en estos momentos –

- …tío abuelo –

La princesa Olivia cerró los ojos y dejó caer algunas lágrimas por el rabillo de sus ojos.

Le era tan difícil ver a su tío en este estado.

Mientras sollozaba, Callisto susurró palabras que parecían rígidas.

- ¿Podías hacer que tu abuelo dejara de limpiar sus mocos en mis sabanas? –

Tras escuchar su petición, la joven princesa levanto la mirada hacia el otro lado de la cama y por primera vez desde que entró a la habitación, noto la presencia de su abuelo Raynold sonando su nariz con la sabana roja que cubría el débil cuerpo de su tío abuelo Callisto.

- ¡Abuelo! –

Exclamo la princesa soltando con cuidado la mano del viejo emperador para después correr al lado de su abuelo. Olivia saco un pañuelo de uno de los bolsillos de su pantalón y procedió a utilizarlo para ayudar a su familiar a sonarse la nariz, la cual tenía dos líneas gruesas de mocos transparentes.

- …. Querido – Murmuro en voz baja la persona que se encontraba parada a un lado del príncipe heredero, sosteniendo un par de pañuelos mojados.

Callisto se rio ante la vista de su familia, pero su risa rápidamente se convirtió en un ataque de tos seca. El viejo emperador se cubrió la boca para sofocar su tos, su repentino ataque parecía durar mucho tiempo, pero unas suaves y firmes palmadas en su espalda, de alguna manera le ayudaron que parara.

Se dio la vuelta para ver la persona que le ayudaba y noto que se trataba de su cuñada. La persona que hace unos momentos se lamentaba con cariño de la moquea de su esposo en su lecho de muerte.

Una adulta que poseía un largo cabello rubio arenoso claro y ojos grises azulados, la señorita Aris era de las pocas señoritas nobles con una edad similar a su hermano menor y cuya familia no se unió a los magos afilados a Leila junto con los seguidores del segundo príncipe. A pesar de que era la hija de un conde, tenía la intención de unirla con su hermano, Raymond, en un matrimonio concertado para armar la primera base de fuerza que necesitaría para ser contado como su heredero.

Sin embargo, su primera reunión fue… peculiar.

- ¡Príncipe! Escuché que hiciste un gran trabajo en la revisión del derrumbe, gracias a usted estamos saliendo de las secuelas de la inundación del año pasado – Lo felicito una joven de unos dieciséis o diecisiete años.

Los grandes ojos de la niña, que aún se vieron muy jóvenes, brillaron con curiosidad.

- … hahaha. No hice mucho en realidad, señorita Aris –

Se excuso el rubio mientras se reía con nerviosismo y se llevaba una mano a su cabeza para rascarse la nuca.

La timidez del príncipe heredero y la personalidad apasionada de la joven fue algo divertido de ver en cada reunión en que asistía con ellos.

Y no, no negaba que los espiaba.

Sentía que, si se perdía un momento de ese par, no tendría nada con que burlarse para la hora de la cena. Ver las distintas expresiones que ponía su hermano en un segundo era lo suficiente divertido para aliviar su estrés.

Callisto cerró los ojos un momento.

Definitivamente va a morir, recordar tantas cosas del pasado en un solo día, ya era un leve aviso para lo inevitable.

Y un paso hacia su último deseo.

Curiosidad que anhelo#1

El hermano ilegitimo de Callisto se menciona en el último capítulo de las historias paralelas de la novela, exactamente no dice que sea su hermano, solo que es una variedad de sangre y me gustaría pensar que se refería a un bastardo del anterior emperador.

(Fragmento del capítulo 40: "... No hace mucho encontré a un niño con una variedad de sangre mezclada. Voy a adoptarlos a todos pronto". En ese momento, Callisto de repente sacó a colación un tema repentino.

"¿Esperar lo?"

"Dice que tiene unos 15 años. Si vas a morir durante tres años, no será útil para cuando seas adulto".)

Me encantaría que ese fuera el tema, detesto crear personajes originales para mis historias, yo soy de esas personas que les gusta estar pegada al cannon.

Un ejemplo, la señorita Aris, la esposa del hermano oculto de Callisto es el personaje que sale en el capítulo 65 del manhwa y el 70 de la novela. La única excepción es la princesa Olivia, un personaje que tuvo mucho debate si debió agregarla para la historia y uno de los pocos vínculos afectivos que tiene nuestro Callisto después de la muerte de Penélope.

Aunque siendo sincera, la historia es mas como unos relatos cortos sobre la vida de Callisto antes de conocer a Cha Siyeon,

Llegando a este punto de mi narrativa, ¿Qué nombre le vendría bien a Callisto para la historia?