Holaaa!!! SI, por fin! EL SEGUNDO CAPÍTULOO!! Espero que les guste!!

Muchas gracias por todos los reviews!! les aprecio mucho!!

Se que no es comida pero, Itadakimasu!! jaja, es sólo para que digieran mejor mis faltas de ortografía y gramática x3


Llegué a mi departamento a las nueve de la noche, luego de una tarde realmente estresante.

Primero: Filosofía.

Segundo: Medicina.

Tercero: Estresante vuelta en tren.

Claro que jamás me quejaba. YO, y nadie más que YO, había elegido esta forma de vida.

El conocimiento era un don precioso. Su precio era caro, pero valía la pena. O al menos eso me repetía yo para infularme ánimos.

-¡Karasu! –Exclamé feliz, cuando mi perro saltó sobre mí, en recibimiento. Él ladró en respuesta, y me pasó la lengua por la cara.

-¡Oye! ¡No hagas eso, asqueroso! –Reproché, pero sin borrar la sonrisa de mi rostro. Él ladró nuevamente.

-¿Qué voy a hacer contigo? –Suspiré. Me lo quité de encima y me fui a lavar la cara y las manos. Deposité mi abrigo y otras cosas que cargaba en una silla antes de ingresar al baño.

Al entrar, me miré en el espejo. Mis ojeras alcanzaban un tamaño alarmante. Alcé las cejas, perturbada. No había dormido decentemente desde hacía un mes. No me parecía que cinco horas de sueño bastaran. Suspiré, resignada, y abrí el grifo. Hice un hueco con mis manos y acumulé el agua allí. Sumergí mi rostro en aquel líquido y agregué jabón. Me enjuagué otra vez, y dirigí mi mirada al espejo, de nuevo. Lo que vi a continuación me aterró.

Una sombra negra y alta estaba parada justo detrás de mí. No podía ser mi perro, por que a pesar de ser un enorme ovejero belga, no podía aguantar tanto tiempo en dos patas.

Un escalofrío me recorrió. Mi visión estaba borrosa gracias al agua en mis ojos, así que me sequé lo más rápido que pude, y me di vuelta a la velocidad de la luz.

Me encontré con mi mejor amigo.

-¡¡KIBA, CASI ME MATAS DE UN INFARTO!! –Grité, exasperada.

Sonrió y puso esa de cachorro mojado, típica suya. Imposible enojarme con él.

-Lo siento, no pretendía asesinarte. Sólo pasaba para asegurarme de que todo estuviera bien –Contestó, avergonzado. Se adelantó unos pasos y me abrazó.

-¿Cómo has estado? –Preguntó, soltándome y normalizando esa expresión confiada y vivaz.

-Bien, ¿Y tú, inoportuno? –Bromeé.

-Bien, gracias –Respondió, esbozando una sonrisa adorable.

Ahora entendí por qué Karasu no había ladrado.

Mi perro era la cría de uno de los muchos perros de la familia de Kiba. Hace tres meses Yuuki, una pura raza belga, había dado a luz cinco hermosos cachorros. Yo me había enamorado de uno en particular: Karasu. Era el más tierno cachorrito del universo. Cada vez que visitaba a Kiba, me prendía jugando horas y horas con Karasu. Kiba sólo me miraba con una sonrisa en el rostro. Solía decirme que parecía a una pequeña el día de navidad.

Un día, se dio cuenta de que mi cumpleaños se acercaba de forma alarmante, así que decidió regalarme a Karasu, por falta de creatividad y presupuesto.

Fue uno de los días más felices de mi vida; mi mejor amigo me había regalado un perrito de cuarenta días de edad. Era el mejor amigo del mundo.

Supuse que por eso mi perro no había dado advertencia alguna; Kiba era su familia.

Supuse que también era la causa de esa alarmante entrada.

-¿Cómo van los estudios?-Inquirió.

-Bien, gracias. Oye, ¿Cómo entraste aquí? –Pregunté, alarmada.

-Llave de emergencia, proporcionada por ti tres meses atrás –Dijo, poniéndola a cinco centímetros de mi tabique. Hizo que me quedara bizca. Aparté su mano y me alejé unos pasos para regular mi vista. Me choqué contra el fregadero en el proceso.

Emití un quejido.

-¿Estás bien? –Inquirió, preocupado.

-Si, no importa –Respondí, sobando el lugar afectado, o sea, mi trasero.

-Me avisabas y lo filmaba: ese susto fue lo mejor. Además, debiste ver tu cara al ponerte bizca.

Fruncí el ceño ante su sonrisa.

-Cállate –Mascullé. Le propiné un suave empujón y lo aparté. Salí del baño, y con un gesto le indiqué que me siguiera. Caminé por los pasillos, con él a mis espaldas, y entré a la sala, la habitación más cercana.

-Toma asiento –Ordené. Notó la autoridad de mi tono-. No te alarmes –Repuse, al mirar su expresión contrariada-, sólo discutiremos el asunto de la llave. Te diré unas palabras y tú me dirás lo primero que se te viene a la cabeza –Propuse.

Asintió, divertido.

-Emergencia –Comencé.

-Ahora –Respondió, con una arrogante sonrisa en el rostro.

-Llave.

-Ahora –Repitió.

-Kiba…-Dije, impaciente.

-Hola –Contestó, entretenido.

-Tarado –Suspiré.

-¡Yo! –Exclamó. Una tierna y gigantesca sonrisa se extendió por sus facciones.

Esbocé una sonrisa torcida.

-No tienes remedio –Expresé resignada, alzando mi ceja izquierda y entrecerrando los ojos.

-Lo sé –Repuso, sonriente, y me abrazó.

-¿Universidad? –Interrogó, observando algo por encima de mi hombro. Mi mirada se encontró con las tres enormes pilas de libros sobre una mesa posicionada en el centro de la habitación.

-Ahja –Asentí-. Tú sigues sin concurrir una, ¿no?-Inquirí. Asintió, avergonzado.

-Cursar para veterinario ocuparía un preciado tiempo en mi vida –Justificó.

-Vaya excusa –Comenté. Él suspiró y me soltó. Retrocedió dos pasos.

-¿Quieres tomar algo?-Preguntó. Me indicó que lo siguiera.

-Si –Accedí, y lo seguí por los pasillos, sin saber a dónde nos dirigíamos. Lo comprendí a dos puertas del destino.

-¿Qué tienes? –Pregunté jugando, al llegar al lugar, o sea, mi propia cocina.

-Tengo…-Sopesó, y abrió la puerta de mi heladera- Tengo Coca-cola, Sprite, agua mineral y… ¡¿Cerveza?!-Exclamó, boquiabierto- ¡¿Porqué una monja como tú tendría cerveza?!

-Primero que nada, no soy una monja –Aclaré, enumerando con mis dedos-. Segundo, sobró de una fiesta, no me la tomé yo sola. Tercero, el alcohol no es mi pasión, así que deja de preocuparte –Finalicé. Kiba se tranquilizó.

-¡No quiero que te parezcas a tu prima!-Exclamó en broma, pero yo lo tomé muy a pecho.

-Kagome recayó en ese estado por una cuestión emocional, no tienes ningún derecho a recriminarle nada –Reproché, tan seria como pude.

Kiba se quedó mudo.

-Mi prima se convirtió en alcohólica luego de la ruptura con tu primo, Inuyasha, pero debes admitir que su relación era enfermiza; ni siquiera tendrían que haber empezado a salir –Opiné, molesta. Crucé los brazos, arqueé la ceja izquierda y me mordí el labio.

-No quiero sonar atrevido, pero... jamás lo supe. ¿Qué pasó entre ellos?-Inquirió, apenado y avergonzado por preguntar.

No supe qué responder; yo tampoco conocía la historia del derecho y del revés, a pesar de que la protagonista fue mi prima…

-No es la hora ni el momento para relatarlo –Evadí. No me daba la gana de contar lo poco que sabía. Además, era una historia plenamente familiar; sólo yo y mi familia teníamos derecho a saber lo ocurrido. Su familia no se hablaba con la de Inuyasha hacía mucho tiempo, así que él también carecía de información.

Kiba cerró la puerta de la nevera.

-Lo siento; no me incumbe en lo más mínimo –Se disculpó, cambiando el semblante serio y reemplazándolo por esa maldita cara de cachorro que yo tanto amaba.

-¿Te puedo abrazar? –Pregunté, conmovida.

Asintió. Era demasiado tierno coma para golpearlo. Pero una vez que apartara la vista de esa angelical cara, sería arena de otro costal.

Me adelanté unos cuantos pasos y lo abrasé. Él correspondió al gesto. En el momento más emotivo del abrazo, le propiné una patada en la pantorrilla. Se arqueó de dolor.

-¡¡VIOLENTA!! –Acusó, sin aire en los pulmones.

-¡Me lo debes por el susto que me diste! –Aclaré- Esa patada no salió de la nada.

-Hiciste un verso sin esfuerzo –Dijo, todavía doblado de dolor, con la voz cortada por la falta de aliento. No podía creer que, aun muriéndose del dolor, gastara bromas.

Suspiré.

-Deja que te ayude, tonto.

Tome su brazo derecho, lo pasé por mis hombros y lo ayudé a incorporarse.

-¿Quién te enseñó a patear así?

-Mi prima –Respondí orgullosamente.

-Lo supuse, esa patada va por parte de ella, ¿Verdad?

-Hmph –Asentí.

Mi amigo inhaló con profundidad y se desprendió de mí.

-Ya estoy mejor, gracias –Su habitual sonrisa se transformó en una mueca de sarcasmo.

Miré la hora en el reloj de la cocina. Las 23:34.

Kiba copió mi gesto.

-Mejor me voy antes de que mi madre me mate. Nos vemos –Se despidió con un beso en la mejilla y partió corriendo. Karasu lo siguió, ladrando.

Escuché el sonido de la puerta principal cerrarse. Suspiré. Mi perro volvió hacia donde yo estaba. Me agaché y lo acaricié.

-Curioso, que nuestro amigo sea mayor por cinco años y aún viva con su madre, mientras nosotros vivimos solos –Observé.

Besé a Karasu en la coronilla y me fui a buscar lo que había dejado encima de la mesa. Al pasear por el pasillo, me puse a pensar en la extraña coincidencia que había experimentado este día; en el poco común almuerzo, para ser más específica, y en la persona con quien me encontré allí. Sonreí; pensar en él me hacía bien, me gustaba.

Entre pensamiento y pensamiento, llegué a la sala. Tomé mis libros y mi chaqueta y los llevé al estudio. Luego entré al lavadero. Revisé los bolsillos de la prenda para ver si había quedado algo dentro, y me encontré con un papelito doblado en cuatro.

-¿Qué hace esto aquí?-Mi chaqueta no había sido usada en todo el día, salvo dentro de la universidad, donde hacía más frío que afuera.

Sin importar de dónde proviniera, desdoblé el papel y leí las palabras escritas en tinta roja. Mi sonrisa se ensanchó aún más cuando terminé. Ahora entendía mejor el propósito de aquel abrazo.

Tomé un imán y con él sujeté el papel en el refrigerador. Lancé una carcajada de puro nerviosismo y me fui caminando a mi cuarto. Él tendría que esperar hasta mañana.


Luego de que Manami se fue, me quedé en las escaleras para esperar a la persona que nos había interrumpido. Me pegué a la pared opuesta (para que no me viera) y esperé a que esa persona terminara de bajar las escaleras.

Me sorprendió enterarme de que era Yoshiko. Me di cuenta al escuchar el repiqueteo de sus tacones. Confirmé mis sospechas al ver a la joven latinoamericana, vestida con una falda de Jean y una camisa negra. Digo latinoamericana porque, independientemente de tener nombre japonés, su madre era de nacionalidad Venezolana, tal como ella. El japonés era su padre. Claro que conservaba algunos rasgos por parte de su este: Sus ojos "achinados", sus pronunciados pómulos y su corta estatura (1, 56 metros).

Cuando terminó de bajar, caminó unos pasos hasta el portón y murmuró algo que sonó como: "creí haber oído algo". Al darse vuelta, se topó conmigo. Se sobresaltó.

Itachiquédemonioshacesaquí!-Exclamó. Las palabras salieron pegadas por el susto.

-Sólo intentaba matarte, Yoshiko-chan, eso era todo. –Expliqué, con una sonrisa sarcástica asomándose por mi rostro.

-Tú siempre tan tierno.

-Tú siempre tan exagerada.

No había hablado con ella en un mes y, sinceramente, no me complacía volver a hacerlo.

-Así que… nos encontramos otra vez –Comentó. Sus palabras siempre habían sido obvias- ¿Cómo has estado?-Preguntó, cambiando esa expresión de enojo por una sonrisa "tierna" y amistosa. Clásico de ella.

-Bien… supongo… ¿Y tú?-Inquirí, pero no por interés, sólo cortesía.

-Muy bien, gracias –Respondió.

-Se te nota-De acuerdo, quizá si estaba algo interesado, pero tampoco me mataba la curiosidad…al menos no tanto… acerca de un tema en particular-. Oye, ¿Deidara sabe algo?- Solté.

Su expresión cambió. Su rostro se puso serio.

-No, y tampoco tiene que saberlo –Cortó-, lo nuestro ya quedó en el pasado; dos patéticos meses sin sentido –Típica respuesta de chica resentida-. ¿Sabes? Manami tampoco tiene porqué saberlo –Agregó, esbozando una sonrisa cómplice y guiñándome el ojo.

-¿De qué mierda hablas?-Interrogué, sudando.

-Sólo insultas cuando estás nervioso…-Canturreó.

-Cállate- Exclamé furioso y me di vuelta, dándole la espalda. Demonios, la chica me conocía bien.

-Comportarte como un niño no te ayudará.

-¿Niño? La única niña aquí eres tú –Farfullé.

-Tsk, si claro-Masculló. Me dio la vuelta y se colocó delante de mí.

-Puedo ayudarte –Ofreció. Debió ver mi cara de pocos amigos, por que luego agregó asustada:-Si tú quieres, claro.

-Yoshiko…-Comencé, pero no supe cómo seguir- Yo… Tú…

-Él, vosotros, nosotros ellos…-Bromeó. Comenzó a reír sola: hacía eso cada vez que recordaba un chiste bueno- Esa broma me la enseñó ella -Agregó, divertida.

-El punto es que apenas la conozco y no sé a qué me llevará esto –Expliqué-. Lo siento, pero la verdad es que no sé que hacer –Confesé-. Además, en caso se saberlo, ya puse un plan en marcha- Añadí, no muy convencido.

-Tú y tus planes-Suspiró.

-Te hartaste de ellos, ¿No?-Inquirí.

-Yo…-Sus ojos se humedecieron- Itachi, tu nunca estabas y… jamás demostraste -una lágrima solitaria recorrió su mejilla- ni la más mínima muestra de afecto y…-Se calló-Lo lamento -Se disculpó, limpiándose la lágrima con la manga de la debería decir esto, al menos… no ahora.

Involuntariamente extendí mi mano para tocar su mejilla, pero la bajé al darme cuenta de lo que eso suponía. Ella siempre había sido una reina del drama, pero la tristeza y la verdad de sus palabras me abrumaron.

Su rostro volvió a sonreír. El único dato que demostraba que alguna vez había llorado eran sus ojos inflamados.

-En fin, ¿Cuál es tu plan?-Preguntó.

-Yoshiko…Ni puta idea -Confesé. Lo que dije a continuación fue denigrante:-¿Me puedes ayudar?

-¿Yo, a ti? ¿Ayudarte a ti? ¿A Uchiha Itachi? –Sus ojos se abrieron lo más que pudieron, enfatizando su asombro.

Asentí con la cabeza. Su sorpresa era insultante.

Rió un rato antes de contestar.

-Claro: Esto será divertido.

Suspiré. Supe que si quería que me ayudara, empezaría por contarle la idiotez que había cometido minutos antes.

-Verás, mi "desesperación" me llevó a hacer algo que se parece a unos de los planes de conquista de mi estúpido hermano menor…

-Le diste tu número, ¿verdad? –Interrumpió.

Asentí, avergonzado. Bajé la cabeza.

Exhaló con violencia y sonrió maternalmente. Palmeó mi hombro.

-No te preocupes. Conociéndola, se lo tomará con humor. Continúa.

-No pasó nada después de eso, por que…-Levanté el rostro, con una mirada asesina en el-Tú nos interrumpiste.

Retrocedió unos pasos, con una gotita de sudor en la frente.

-¡Sereno, moreno! –Exclamó. Puso sus manos delante de su cara, en señal de defensa- No lo sabía, lo siento –Se disculpó.

Solté rápidamente el poco aire que quedaba en mis pulmones, y serené mi mirada.

-Lo siento. Sabes lo malo que soy a la hora de demostrar emociones-Me excusé.

Exhaló nuevamente.

-Si que lo sé… –Concedió. Caminó en círculos a mí alrededor y se detuvo en mi espalda- Escucha: ayudarte sólo lo hará más obvio. Si la quieres, ve por ella, pero deberás ir solo.

-¿A qué se debe el súbito cambio de opinión? –Pregunté, confundido. De todos modos yo estaba, en cierto modo, acostumbrado a ello.

Vaciló. Sopesó la pregunta unos largos segundos.

-No quiero ayudarte por que… Es mi mejor amiga. No quiero sentirme cómplice si llegas a lastimarla. La quiero mucho, es como mi hermanita menor, pero menos molesta que mi hermana biológica –Explicó. Su tristeza era claramente visible. Pero su rostro pasó de triste a curioso en apenas medio segundo- ¿Conoces a Natsuki, mi "estúpida hermana menor"?- Citó. Esa era la frase que yo usaba cuando Sasuke se ponía pesado, y la que había pronunciado minutos antes.

-Hmph, algo recuerdo. Bajita, rechonchota y de aguda pero estridente voz, ¿verdad?- Aquel último rasgo era el más irritante.

Yoshiko soltó una carcajada.

-Si, exacto. Esa misma-Su sonrisa se tornó burlona. Continuó riéndose un buen rato.

-Yoshiko…-Llamé. Necesitaba recuperar su atención. Sí que sufría de DDA*.

Dejó de reírse y se secó una pequeña lagrimita con la manga de la chaqueta de Jean.

-¿Si?

-Gracias. Te aprecio mucho, lo creas o no –Confesé, con una paternal sonrisa en el rostro-. Por cierto, Pateé a Sasuke por el incidente de año nuevo-Agregué.

-Me parece bien- Su mano buscó la mía, y al encontrarla, la estrechó con fuerza.

-Violenta. No me gusta golpear a mis seres queridos –Permití que un dejo de culpabilidad traspasara mi voz.

-Si yo te parezco violenta, espera a conocer mejor a Manami, amigo –Exclamó. Soltó mi mano bruscamente. Dudó, pero la buscó nuevamente.

-Te deseo lo mejor. Que tengas suerte –Dijo, sonriente. Pero una mirada asesina reemplazó esa cálida luz café- La lastimas y…-Reflexionó un instante- No, espera, ella te lastimará.

-¿Tan mala es?

-Conmigo, si.

-Yoshiko, para ti, esto es doloroso –La pellizqué con la menor fuerza posible.

Retrocedió unos pasos, frotándose con fuerza el lugar afectado.

-¡ESO DUELE!-Recriminó.

-¿Lo ves?

-Okay, okay, soy una debilucha –Admitió, hastiada-. Pero es una persona dulce, cuando se lo propone… lo cual sucede casi nunca, pero tú vas a ser el afectado, así que has lo que quieras –Y dicho esto, subió las escaleras, sin siquiera despedirse.

-También es un placer volver a verte –Elevé mi tono de voz lo suficiente como para que pudiera oírme.

Paró en seco. Se dio vuelta y me miró avergonzada.

-Perdón –Bajó de un salto los tres escalones que había avanzado y, al usar tacones, se tambaleó. La atajé justo antes de que se cayera. Alzó la vista, ruborizada ante el hecho de que mi rostro estuviera a tan escasos centímetros del suyo, y se apartó de inmediato.

-Esto…Nos vemos…Fue lindo volver a verte… mándale un saludo a tu madre de mi parte, ¿De acuerdo?- Me dio la espalda y se marchó a toda velocidad. Tropezó nuevamente al llegar al cuarto escalón.

-¡Estoy bien, estoy bien! –Gritó antes de que pudiera reaccionar, y se dirigió hacia el apartamento a paso redoblado.

Sonreí, y me fui por donde había venido.


Llegué al apartamento con la lengua afuera, producto del esfuerzo de subir siete pisos sin parar. Correr, decididamente no era lo mío.

Esperé unos minutos en la puerta antes de entrar. Debía normalizar mi respiración o todos se darían cuenta.

Inhala… Exhala...

Procuré no pasar mucho rato, por lo que entré tan pronto como pude.

Veía demasiadas películas de espionaje. Algún día me volvería loca. Suspiré. "Tú y tus delirios Yoshiko. Ni que te estuvieran escuchando al otro lado de la puert"…; pero un chillido interrumpió mis cavilaciones. El ruido provenía de la puerta. Alguien la abrió lentamente. El rostro de Sasori asomó por la puerta.

-¡Oh! ¡Eres tú, Yoshiko!- Exclamó, aliviado- Lo siento- Se disculpó-, oí algo detrás de la puerta, ¡Y no sabía de que se trataba!- Rió, como si fuera algo completamente ridículo.

Lo era, en realidad lo era, pero no era posible que hubieran oído mis sordos jadeos. ¡Más aún cuando había intentado ahogarlos con mi brazo!

Reí estúpidamente.

-¿Enserio?- Mi rostro era el vivo retrato de la sorpresa fingida- Wow, debes tener un sentido de la audición en perfectas condiciones, entonces –Mascullé, pero conservando esa irritante mueca.

Sasori se movió y me invitó a pasar.

El bullicio me recibió. Busqué a Konan con la mirada, ignorando a todo el mundo.

Alguien me palmeó la espalda. Me di vuelta y me encontré con el expectante rostro de mi nueva amiga.

Fuimos a sentarnos a un sillón.

-¡¿Hablaste con ella?!-Preguntó apenas nos sentamos. Su voz no superaba el tono del murmullo.

-No –Susurré. Esbozó una mueca de decepción-, pero pude charlar con él –Mi sonrisa se tornó pícara.

-¿Qué pasó? ¡Cuéntame todo!-Exigió.

No supe que decir. No fue una conversación muy trascendente, que digamos.

-Pues…, está bastante interesado, pero no sabe que hacer al respecto –No pareció contenta con tan poca información-. Me pidió ayuda…

-¡¿Itachi?! ¡¿Pidiéndole ayuda a alguien?!-Su notorio entusiasmo me interrumpió- ¡¿Qué le dijiste?!

-¡Calma, Konan!-Supliqué- Le dije que si, pero luego me rehusé –Estaba a punto de volver a interrumpirme-. Las razones son personales –Añadí, enfatizando "personales"

Su semblante demostró cierta decepción, pero luego dijo:-De acuerdo; fue tu decisión, no tengo derecho a cuestionarla.

-Gracias.

En ese momento, Deidara llegó y se derrumbó en el sofá, justo en medio de nosotras dos. Pasó un brazo por detrás de mí, en el respaldo del asiento.

-¿Se puede saber sobre qué cuchicheaban ustedes dos? –Enarcó una ceja.

-Cosa de chicas, metido –Respondió Konan, resentida.

Mi novio –que hermoso sonaba- se giró hacia mí. Me perdí en esos ojos azules, ese par de hipnóticos zafiros.

-Estábamos hablando de la reacción de Itachi ante Manami –Contesté, casi automáticamente, con la mirada perdida en su rostro, y voz enamorada.

Konan me dedicó una mirada particularmente asesina. Deidara simplemente se quedó mudo, reflexionando.

-Si, es cierto. Estaba bastante entusiasmado en esa charla –Coincidió, aún ensimismado-. Tu amiga también parecía interesada –Agregó.

-Es que es la chica del tren –Se me escapó, nuevamente.

Su expresión cambió.

-¡¿Enserio?! –Un descomunal asombro posesionó su semblante.

-Felicidades, Yoshiko, ¡Has ganado el concurso: Reina de la taradez! –Masculló Konan.

Deidara hizo caso omiso a mi amiga.

-Si, ¿Porqué? –Enarqué una ceja. No comprendía el súbito cambio de actitud.

-¡Jamás pensé que viviría para ver este día! –Exclamó, loco de alegría- ¡¿Itachi, enamorado?!

-¿Eres bipolar o algo? ¿Por qué estás tan contento? –Preguntó Konan.

-¡Ahora tengo material de sobra como para molestarlo durante diez años! –Feliz como una lombriz, me dedicó la sonrisa más hermosa que vi en la vida- ¡Gracias, Yoshiko! –Me besó en el cuello.

-De nada –Yo seguía perdida en mi perfecto mundo junto a mi perfecto novio.

-¡Enserio te aprovechas de la pobre muchacha! –Murmuró Konan.

Deidara estaba a punto de marcharse, cuando Konan aferró su brazo con las uñas y tiró de él hacia abajo. Mi rubio preferido hizo una mueca de dolor.

-Le dices algo a alguien, y te mato. ¿Me oíste?-Susurró en su oreja.

Deidara asintió repetidas veces con miedo, luego se marchó, aterrado.

-¿Porqué hiciste eso? ¡Pobre Dei-chan!-Recriminé, tan pronto como mi pareja se fue.

-Yoshiko, no tenemos tiempo para eso pero…-Paró la oración en seco-, ¡Tengo una idea!-Continuó. Hablaba como si fuera un plan ultra secreto del gobierno- Pero necesitaremos la ayuda de dos "machos" –Añadió, dirigiendo una siniestra mirada hacia nuestros desdichados novios.

-¿Tú amas a Pein, verdad?

-¡Por supuesto! ¿Por qué preguntas?- Enarcó una ceja.

-¡Por que lo haces sufrir demasiado! –Respondí.

Suspiró.

-¿Cuál es tu idea? -Corté.

-Idearemos "encuentros casuales", como por coincidencia, y… -En ese momento, lo único que me recordaba a Konan era un científico loco, como el de la película "Lluvia de hamburguesas",

-Konan, Konan, cálmate –Intervine-. No podemos meternos así como así en su vida amorosa.

Infló los cachetes y frunció el ceño.

-¿Porqué no?

Enarqué una ceja.

-No seas ridícula, Konan.

-De acuerdo.

-Promete que no te entrometerás –Lo solté sólo para molestarla, pero de por sí toda la conversación había sido en broma. Es decir, no éramos tan metidas. Íbamos a ayudar a Manami, claro, pero no para tanto.

-Lo prometo, Yoshiko –Bufó.

-Así está mejor –Sonreí con todas mis ganas. Ella hizo lo mismo. Ambas estallamos en carcajadas.


-¿Qué les pasa a esas dos? –Preguntó Pein. Miré en la dirección en la que este observaba. Se referías a nustras novias, cuchicheando en aquel rincón.

-Mmm…-Musité-, Cosas de chicas –Sonreí y bajé la vista, buscando divertido la marca de las uñas de Konan en el brazo-. En fin, ¿Qué decías? –Me di vuelta para retomar la conversación con mi jefe y mis colegas.

Dos horas pasaron desde el final del almuerzo. Ya habíamos limpiado y arreglado el caos.

Me tumbé en el sofá más cercano. Yoshiko, tan agotada como yo, se sentó a mi lado.

-Tengo sueño –Se quejó.

Levanté mis brazos e hice señas para que se recostara sobre mí. Se dejó caer… y el impacto me cortó la respiración.

-¡Lo siento mucho Dei-chan! –Gritó. Apoyó ambos brazos en mi pecho, dificultando aún más el ejercicio de mis pulmones.

Tosí un buen rato. Cuando me recuperé, eché una ojeada a su rostro moreno, preocupado como sólo una madre puede preocuparse por su hijo. Entonces simplemente reí. Las carcajadas brotaban de mi pecho y yo seguía sin saber el motivo. Sólo reía sin control.

Yoshi frunció el seño, y las carcajadas desaparecieron. De todas formas, la estúpida sonrisa seguía ahí.

-Lo siento, Yoshi. Desconozco la razón por la cual me he reído – Mi tono parecía del siglo XVII. ¿Porqué demonios había hablado así?

-Pareces del siglo XVII, ¿Porqué demonios hablas así? –Preguntó, como si fuera un eco de mi mente.

-No importa –Suspiré.

-Los siento –Hizo una mueca de tristeza, inflando los cachetes y abriendo desmesuradamente los ojos. En muchos aspectos, era muy similar a una niña pequeña.

Pero todas mis cavilaciones menguaron cuando trabó su boca con la mía.

"Acúsenme de pedofilia, no me importa", pensé.

Su lengua se enredó a la mía, y poco a poco nos fuimos recostando contra el sillón.

A la mitad del beso apasionado, alguien se aclaró la garganta. No separamos enseguida. Ya era el segundo beso que nos cagaban en el día.

-No pretendo interrumpir –Se disculpó Sasori. Rió nerviosamente, pero su carcajada fue desapareciendo, como si el viento se la llevara. Permaneció en silencio un largo minuto, mirándose los pies, incómodo. Se quedó en silencio por unos largos minutos.

-¡¿Ahja?! ¡¡Prosigue!! – ¿Qué no veía que estaba ocupado? Extendí mi brazo en su dirección e hice señas para que continuara. Miré de reojo a mi avergonzada novia que, ruborizada hasta la médula, escondía su cara de la vista de mi mejor amigo.

-¡Oh! Lo siento –Alzó la mirada, perturbado por mi alarido-. Etto… Pein nos requiere, je, je –Una risa nerviosa se escapó de su boca. Mi senpai solía sentirse culpable cuando nos interrumpía de esa manera.

Resoplé. "Dile que se vaya al carajo", dijo una pequeña vocecita en mi subconsciente.

-Estaré ahí enseguida, Sasori –Mi voz era monótona y monocorde.

Él se marchó, y mi novia aprovechó para retomar lo comenzado.

Me dejé llevar, pero luego me di cuenta de que había sido ascendido, y llegar media hora tarde al trabajo no sería un buen comienzo.

-Yoshi, calla, Yoshi – Murmuré. Se molestó, pero me escuchó-. Mira: te juro que me muero de ganas de quedarme, pero tengo -Enfaticé el tengo- que ir a trabajar –Comenzó a hacer pucheros, pero la detuve, presionando el dedo índice contra sus carnosos labios- Descuida –Proseguí, y me acerqué para murmurar a su oído:- Aún no he terminado contigo.

Me levanté y me fui por donde mi compañero había salido.


-¡Llegué! –Anunció la voz de Kisame desde la puerta.

-Me di cuenta en el momento en el que introdujiste la llave en el cerrojo, Kisame –Arrogancia al cien por ciento. Odiaba ser así, pero la actuación debía seguir.

Seguí concentrado en mi libro, una gastada edición de '302 versos sobre la perfección de la sabiduría', que ya había leído seis veces.

Estaba cómodamente sentado en el destartalado sofá de la sala, con los pies encima de la mesita ratona enfrente de este. Me incorporé del respaldo lentamente, dejé el libro a un lado y me quité los anteojos que usaba para leer. Últimamente estaba teniendo algunos ligeros problemas de visión.

-¿Porqué te fuiste tan temprano? –Interrogó una vez que legó a la habitación donde me encontraba- Hasta la pollita morena se fue después de ti, y eso que tenía que ir a la universidad –Supe que se refería a Manami.

-¿Sabías que está estudiando tres carreras?

-Si, escuché algo de tu "plática" –Se sentó a mi lado-. Le interesa la filosofía tanto como a ti y todo eso pero… ¿Que no es algo joven? –Tenía la confusión grabada en el rostro.

Reflexioné un minuto.

-Kisame, ¿Has estado enamorado de alguien, alguna vez en tu vida? –Fijé mis ojos en los suyos y enarqué una ceja.

-Eh… creo… en la secundaria, la hermosa Matilde y yo pasábamos todo el tiempo juntos –Su mirada se perdió en la nada-. Tenía unos hermosos ojos detrás de esos peculiares anteojos de Harry Potter. Su rostro también era bonito, pero los granos lo opacaban…

-Kisame –Llamé. Créanme que no estaba interesado en oír esa historia, así que reclamé su atención-, limítate a contestar la pregunta.

-Lo siento –Una gota de sudor bajó por su frente-. Si, me he enamorado una vez.

-De acuerdo…

-De Matilde.

-Genial…-Mascullé-. Ahora, podemos…

-Tenía unos hermosos ojos –Mirada perdida, perfecto.

-¡Concéntrate, Kisame! –Exploté.

-Perdón –Se llevó una mano a la nuca; la otra la puso frente a sí. Sendas gotas cayeron por sus sienes-. ¿Alguna vez te enamoraste?

-Yo…-Las palabras se me trabaron en la garganta. Tuve que hacer un esfuerzo para dejarlas salir- Si…una vez, hace mucho tiempo…-Kisame estaba simplemente estupefacto- ¡Pero eso no es el punto! –Mi exclamación lo sacó del trance-, el punto es que ya olvidé cómo se siente, tanto que no podría reconocerlo una vez que vuelva a suceder…

Kisame entró en trance nuevamente, pero yo ya no lo prestaba atención, estaba muy ocupado dejando parte de mis emociones salir a la superficie.

-Yo... de veras la quiero, Kisame.

Esa última confesión me sorprendió hasta a mí.

-¡¿TÚ?! ¡¿Interesándote por alguien?! –Recriminó, parándose de un salto del sofá, como si este lo estuviera electrocutando.

-¿Acaso está tan mal que quiera salir con alguien?

-No, no, no, no me malinterpretes –Se puso nervioso-. Es sólo que… es… raro.

-¿Raro?

-Bueno…-Se sentó nuevamente-, no eres el tipo de persona que se enamora fácilmente –Reflexionó un instante, y miró para el costado-. Definitivamente tampoco eres del tipo de persona que siente, pero…, bueno… ¿Quién soy yo para juzgarte? Después de todo, eres humano.

-Te entiendo.

-¡¿TÚ?! ¡¿Me entendiste?! –Adoptó la misma pose envarada al pararse.

-Kisame, ¿hasta cuando vas a seguir?- Estaba comenzando a hartarme.

Se quedó mudo, apuntándome con un dedo acusador. Seguramente estaba pensando en qué decir.

-Yo…Ella…-Su voz sonaba ahogada- ¿Sabes qué? Mejor me voy a dormir una siestecita –Dio media vuelta (con el índice aún en alto) y se marchó a su habitación.

Cerró la puerta con una fuerza innecesariamente excesiva, y el portazo se debió haber oído en todo el edificio.

¿Por qué tanto revuelo? ¡Ni que le hubiera dicho que soy gay! ¡Que tipo exagerado!

¿Por qué mierda había abierto mi bocota? ¡Ah, si! ¡Porque soy imbécil!

Tomé mi libro, me puse los anteojos y retomé mi lectura.

No habían pasado ni dos minutos, cuando escuché el timbre.

"Genial. Seguro que es un vecino. Ese Kisame y su maldito portazo", pensé.

Me levanté y fui a abrir la puerta. Me encontré con Sasori y Deidara al otro lado de esta.

-Llama a Kisame. Tenemos una emergencia -Sus rostros estaban dominados por la seriedad y la preocupación.

Arqueé una ceja.

-¿Qué tan grave? -Pregunté.

-Tan grave que si no llegamos al cuartel en dos minutos, Pein nos va a castrar.

-¡KISAME! ¡APÚRATE QUE NOS VAMOS! -Grité en dirección a la puerta del dormitorio.

No hubo respuesta. Suspiré.

-Esperen un segundo - Di media vuelta y me encaminé a su cuarto.

Entré de sopetón. Estaba profundamente dormido. Me aproximé en silencio y, al llegar a su lado, tomé un lado del colchón y lo di vuelta.

-¡DESPIERTA, INUTIL! -Ahora yo di el portazo.

Arrojé los lentes sobre el sofá y caminé hacia la puerta.

-Ya nos alcanzará después -Deidara y Sasori intercambiaron una mirada de terror, pero se apresuraron al elevador. Cerré la puerta tras de mí y los seguí.


*DDA: Déficit De Atención.


Gracias por leer!!

Lamento si los desilusionó, lo que pasa es que en este momento hay un virus troyano en mi portatil, asi qeu estoy triste y asustada por el bien de esta, por lo que tuve que terminarlo a los apurones, ¡AQUÍ EN FF!

no quería borrarlo, por lo que me apuré a postarlo lo más pronto posible.

Sepan disculpar la tardanza y los errores. GOMEN, GOMEN!!

Sepan que jamás dejaré ningún fic, no importa cuanto tarde en subir ningún capítulo.

No olviden dejar reviews!!

Os quiero muchísimo!! cuídensee!!

SÉ QUE QUIEREN PRESIONAR ESE BOTÓN!!

OOOOOOO88888OOOOOOO

OOOOOOO88888OOOOOOO

OOOOOOO88888OOOOOOO

OOOO888888888888OOOOO

OOOOO8888888888OOOOOO

OOOOOO8888888OOOOOOO

OOOOOOOO8OOOOOOOOO