Nota de la autora: Miércoles, 29 de marzo de 2006.

¡Hola cómo estáis! Espero que genial. Muchísimas gracias a todos vuestros reviews.

Pido disculpas por haber tardado tantísimo en subir cap pero he estado y sigo estando muy ocupada. No todos los findes puedo venir a casa (viajar es caro) y tampoco todos los que vengo tengo tiempo de sentarme frente al pc (una tiene su vida y al estar fuera, tanto mi familia como mis amigos reclaman mi compañía, es normal.) Además, la página me ha dado problemas, no sé por qué, pero no me dejaba subir el cap, me ponía dos mensajes distintos de error. Por fortuna ya se me han solucionado. Como sabéis, el 7 de febrero fue mi cumple, muchas gracias por todas vuestras felicitaciones dejadas en los reviews. ¿Qué cuántos he cumplido? 29, pero a mí me da lo mismo. Eso de la edad no es que me obsesione. Os prometo intentar actualizar el fic más seguido durante las vacaciones de semana santa. Espero que os guste este cap. Un beso fuerte. RAkAoMi. ;-)


Simbología:

Con guión y letra normal: diálogo.

Con cursiva y comillas: pensamientos.

Música recomendada:

Ninguna por el momento pero si queréis poner alguna, que sea bonita, pues en este fic no va a haber escenas de tensión.


Cap. 3. "Es ella quien te gusta¿verdad?."

- Potter...¿qué hace aquí? Usted no está castigado.

- Me apetecía venir.- respondió Harry con cierta ironía mientras miraba a Snape con cara de pocos amigos.

- Ya, ya, claro. Cómo iba a dejar al amor de su vida sola¿mm?

- ¡Profesor, ya basta!- dijo Hermione con total seriedad.

- ¡Cállese Granger! No está en condiciones de ordenarme nada.

- Con condiciones o sin ellas, como le haga algo a Harry va a acordarse de mí el resto de su vida, lo juro.

- Vuelva a amenazarme Granger, o atáqueme, hágame algo horrible, vamos, déme motivos para que la expulsen.

- Hermione… ¿De qué habla?- preguntó Harry por lo bajo.

- Eso es lo que usted quisiera¿verdad? Pues se va a quedar con las ganas. No he venido a pelearme con usted, he venido aquí a cumplir con el castigo impuesto por Dumbledore. Dígame por dónde empiezo y le prometo que no notará que estamos aquí.

- Aquí la única persona que va cumplir con el castigo, será usted, Granger, Potter esperará fuera.

- No lo haré.- respondió Harry con total decisión.

- Señor Potter, deje de poner a prueba mi paciencia¿quiere? Usted no está castigado por el momento, así que márchese.

- No señor, no lo haré. Me quedaré con Hermione y la ayudaré a cumplir el castigo, pero no insista en que me vaya porque aunque quiera, no puedo hacerlo.

- ¿Y por qué motivo?

- Porque no puedo separarme de ella hasta que se cumpla una semana.

- ¿De qué está hablando?

- Él se refiere, señor, a que su queridísimo alumno Draco Malfoy, lanzó un hechizo contra mí, pero fue Harry quien lo recibió. Por culpa del "Glueforte" él y yo estamos pegados por una de nuestras muñecas y hasta dentro de 7 días no se pasará el efecto.

- Enséñenme las muñecas.

Ella levantó la muñeca de su mano derecha y Snape no pudo disimular la mirada de asombro al verla unida a la de Harry.

- Así que pegados…

- Sí señor, gracias a su alumno favorito.- dijo Harry con acidez.

- Según lo veo yo- volvió a intervenir Hermione- tiene usted dos opciones, profesor, o nos quita el hechizo o nos deja pegados. De cualquier modo, nosotros no sabemos el contra hechizo, por lo tanto, sólo podemos esperar a que se pase el efecto.

- ¿Y bien?- preguntó Harry- ¿Va a separarnos o a dejarnos unidos?

Snape pareció meditarlo y finalmente comunicó su decisión.

- Podría deshechizarles, pero el Glueforte es un fuerte hechizo, y sólo quien lo usó puede despegarles con éxito. Si yo les despego podría causarles daños mayores.- comentó el profesor mientras recordaba la advertencia que Dumbledore le había hecho cuando había entrado en su aula minutos antes de que ellos dos llegasen. "Déjales tranquilos, Severus, o seré yo quien te castigue."

El profesor de pociones no era tonto, conocía perfectamente todo el poder que tenía aquél anciano mago.

En su fuero interno reconocía que se había pasado mucho en su clase, pero el odio que sentía hacia Harry era tan profundo como el que sintió por su padre, James. Y fue ese mismo odio el que le llevó a humillar a Harry en plena clase. Pero Snape no era estúpido, sabía perfectamente hasta dónde podía llegar, además, el hecho de saber que Dumbledore le estaría vigilando le hacía pensarse mucho el no tomar represalias contra el joven Potter.

- Entonces, señor, sólo le queda una opción, dejarnos pegados.- volvió a añadir Hermione.

- Sí, eso parece.

- ¿Sería tan amable de decirme por dónde empiezo a limpiar?

- Por los calderos, pero le prohíbo que use la magia, hágalo al estilo muggle.

- ¿A mano?

- Eso mismo.

- Muy bien, déme los productos de limpieza y empezaré enseguida.

Snape hizo aparecer un cubo lleno de agua y un bote de jabón líquido junto a un paño de tela.

- Ahí tiene, Granger.

Harry fue el primero en coger las cosas pero cuando estaba a punto de echar jabón y agua en el primer caldero, oyó al profesor de pociones pronunciar su nombre.

- ¿Qué, señor?

- Usted no puede limpiarlos, es Granger la única que está castigada.

- Pero señor, una de sus muñecas está unida a la mía, si no la ayudo, ella sólo podrá usar una mano.

- Pues que la use.- respondió el profesor con una sonrisa maliciosa.

- No es justo, señor.

- La vida no es siempre justa, Potter.

Harry miró a Hermione, como preguntándole con la mirada qué debía hacer. Ella sólo asintió con la cabeza, indicándole con ello…"obedece, es lo mejor." Así que no le quedó más opción que ayudarla a recogerse el pelo en un moño alto y ver cómo empezaba a limpiar aquél caldero de aspecto y olor repugnante, usando sólo la única mano que no estaba en contacto con la de él.

Tres horas después, todos los calderos estaban tan limpios que hasta brillaban.

- He terminado señor.- dijo ella limpiándose el sudor de la frente.

- ¿Podemos irnos ya?- preguntó Harry.

- No, aún no. Falta fregar el suelo.

- ¿Qué?- preguntó el moreno de forma incrédula.

- No importa Harry, puedo hacerlo.

- Pero Hermione…estás agotada.- añadió él por lo bajo.

- Que no te engañe mi aspecto, Harry, por dentro aún me quedan fuerzas.

- Pero…

- Harry, puedo hacerlo.

Sin más que añadir, ella se acercó hasta el cubo de agua y la fregona que había hecho aparecer Snape y se puso a fregar todo el suelo de la clase mientras Harry interiormente, lanzaba todas las palabrotas y maldiciones que conocía hacia el odioso y abusivo profesor de pociones.

Una hora después, el suelo del aula relucía tanto que hasta el mismo Snape podía ver su reflejo en las piedras que lo cubrían.

- ¿Puedo retirarme ya?- preguntó la castaña mientras sentía un leve mareo.

- Sí Granger, ya basta por hoy. La espero mañana a la misma hora.

- Sí señor.


- ¿Te encuentras bien?- preguntó su mejor amigo al ver el pálido aspecto que empezaba a adquirir su piel.

- Sí, es sólo…que estoy algo cansada.- musitó ella mientras caminaba hacia su habitación.

- No me extraña, te ha explotado de lo lindo.

- Ya, pero yo me lo busqué. Aunque…volvería a hacerlo si él volviese a portarse como lo hizo.

- ¿Me contarás de una vez lo que ocurrió?

- Luego. Ahora no. En este momento lo único que me apetece es llegar a mi habitación y tumbarme en la cama.

Ahora fue Harry el que palideció.

- Si te preocupa el qué dirán, déjame decirte que desde hoy y hasta que termine el efecto del hechizo, tanto tú como yo, compartiremos una misma habitación.

- ¿Cómo?- preguntó un más que blanco Harry Potter a la vez que se percataba que el camino que ella tomaba no era el del dormitorio de las chicas.

- Dumbledore me dijo que eso era lo mejor considerando nuestra situación. Además, como este año soy prefecta, tengo derecho a una habitación para mí sola. Así que…de ahora en adelante, no tendré que dormir en el dormitorio de las chicas. No te preocupes por las habladurías, excepto Ron, ninguno de nuestros compañeros y compañeras saben que estamos pegados, aunque no creo que tarden mucho en darse cuenta.

- No me preocupan las habladurías, llevo viviendo con ellas toda mi vida sólo por ser "el niño que vivió".

- Es que antes pusiste una cara que…

- ¿Qué?

- Bueno no sé, parecía como si te preocupase mucho el que la gente supiese que íbamos a compartir habitación.

- No, que sepan que compartamos habitación no me preocupa, que compartamos la cama sí. "Mierda¿he dicho eso en voz alta?"

- ¿Por qué? Todos saben que entre tú y yo no hay nada más que una profunda amistad.

- Ya.

- Oye Harry…

- ¿Qué?

- ¿Estás bien?

- Sí.

- ¿Seguro? Cada vez estás más blanco.

- Estoy bien. "Es que me ha afectado eso de compartir la cama."

- ¿Seguro que estás bien?

- Que sí.

- ¿Y por qué sudas tanto?

- Tengo calor. "Sólo de imaginarte en la cama junto a mí y no durmiendo precisamente, es que me entra de todo por el cuerpo."

- Pues yo tengo hambre.

- Y yo.

- Pero antes prefiero tumbarme un rato.

No terminó de decirlo cuando se tambaleó, él la agarró justo a tiempo.

- ¿Estás bien?- preguntó con los ojos llenos de preocupación.

- Sí, gracias, sólo un poco mareada.

- ¿Quieres que te lleve?

Ella se rió un poco, de una forma que para Harry resultó la mar de encantadora.

- Estoy mareada, no inválida. Prefiero entrar por mí misma, pero gracias por preocuparte.

- De nada.

La sonrisa que él le dedicó, le resultó a ella como una de las más bonitas que le había visto.

Poco después se detuvieron frente a una bonita puerta de roble. Ella pronunció una contraseña y la puerta se abrió, dando paso a una bella habitación consistente en un pequeño saloncito de estar y tres puertas.

- La primera puerta es la habitación del prefecto, estaría ocupada si hubiera uno. La segunda puerta es la habitación de la prefecta y la tercera es un baño.

- ¿Quieres decir que esta habitación está pensada para un chico y una chica?

- Por supuesto. ¿Es que no sabías que los prefectos pueden compartir estancia aunque sean de casas diferentes?

- Pues no.

- A pesar de todo, Hogwarts es muy estricto con eso de las casas, por eso no suelen juntar a prefectos de casas distintas.

Esta habitación está pensada para un prefecto y una prefecta de Gryffindor.

- Entiendo.

- Aunque por el momento, Dumbledore no ha nombrado prefecto a nadie de nuestra casa.

- Excepto a ti.

- Sí, así es.

- Enhorabuena Hermione.

- Gracias.

- ¿Se te ha pasado el mareo?

- No del todo.

- Ese sofá de ahí parece lo bastante grande para dos personas.

- ¿Te importaría mucho que nos sentáramos un rato, Harry?

- No.

- Gracias.

- De nada. "Por ti, lo que quieras."

Una vez en el amplio y cómodo sofá, ella se sentó de lado y le miró con expresión solemne.

- Oye Harry…

- ¿Qué?

- Hay algo que me preocupa un poco.

- ¿El qué?

- ¿De verdad no te molesta estar pegado a mí las 24 horas?

- No. ¿Por qué habría de molestarme?

- Porque no eres libre de hacer lo que quieras, ahora tendrás que hacerlo todo conmigo y…bueno, es sólo que no quiero que te sientas agobiado por mi causa. Por eso, si ves que todo esto te resulta insoportable, sólo dímelo y no tardaré ni dos minutos en llevarte junto a Dumbledore y pedirle que nos separe.

- De acuerdo.

- ¿Y bien?

- ¿Y bien qué?

- ¿Quieres que nos separemos?

- ¿Y tú?

- Yo pregunté primero.

Ahora fue él quien la miró con seriedad.

- Mira Hermione, no sé lo que te ocurre. Pero me da la sensación de que es algo relacionado conmigo.

- Contigo no me pasa nada.

- Mientes.

- No.

- Sí lo haces.

- Te aseguro que no.

- Hermione, nos conocemos desde hace con éste… 7 años ya. Sé perfectamente cuándo estás mintiendo y cuándo diciendo la verdad y ahora estás mintiendo o como mínimo ocultándome algo. Hazme el favor de soltarlo de una vez o te aplico un hechizo para averiguarlo.

- No te atrevas.

- Entonces dime qué te ocurre. Pareces estar obsesionada con el hecho de que nos despeguemos.

- No es por mí, es por ti.

- Yo estoy bien.

- No es verdad, yo sé que no.

- ¿Y por qué no lo es?

- Porque tú no estás cómodo conmigo, lo sé, hace tiempo que lo sé y Ron también lo sabe.

- "Claro que lo sabe, yo mismo le dije el año pasado que me gustabas, pero creo que a lo que tú te estás refiriendo no tiene nada que ver con eso." - ¿Esto tiene que ver con esa paranoia tuya de que él y yo estamos mejor que cuando no estás con nosotros o con el hecho de que seas tú la que creas que prefiero estar con él que contigo?

- Ambas cosas.

- Creo que el mareo te ha afectado el cerebro.

- Mi cerebro y yo estamos perfectamente y respecto al mareo…ya se me ha pasado del todo.

- Pues yo creo que estás mal de la cabeza.

- No, para nada.

- ¿Y por qué piensas así?

- Porque es la verdad, Harry. Pero ya no me importa, de verdad que no. Acepté hace mucho que prefieras estar con él que conmigo. Sólo quiero que entiendas, que cuando te conté aquello, no me refería a quién quieres más, simplemente dije que puedo ver y notar que estás más a gusto con él que conmigo, y es normal, él es un chico igual que tú y por lo tanto podéis compartir más cosas que conmigo pero…quiero que sepas algo.

- ¿El qué?

- De los dos…yo soy quien más te quiere.

Él se quedó helado y estuvo pensando qué debía decirle o cómo debía reaccionar. Él sabía que ella lo decía de corazón y que no era una declaración de amor sino más bien una forma de demostrarle lo mucho que le apreciaba.

En realidad, hacía muchos años que él sabía que ella le apreciaba muchísimo y que ella, a diferencia de Ron, había sido la amiga más fiel y leal que había tenido en toda su vida. Ron le había fallado un par de veces, aunque siempre estuvo ahí.

Ella…nunca le había fallado y lo pidiera él o no, siempre estaba ahí, porque él sabía que ella le quería y le valoraba lo suficiente como para no apartarse de su lado aunque hubiesen discutido o se hubiesen mandado al carajo.

A la hora de la verdad, Hermione Granger siempre estaba a su lado, apoyándole, guiándole, protegiéndole, acompañándole, y demostrándole de muchas formas distintas, que los amigos al igual que el matrimonio, estaban para lo bueno y para lo malo. Y ella, sin ninguna duda, era una amiga de verdad, como pocas personas podían serlo.

- Yo también te quiero Hermione.

- Lo sé.

- Y no quiero despegarme de ti, al menos por el momento.

Ella sonrió aliviada.

- Gracias.

- No me des las gracias, no tienes por qué, sólo fui sincero.

- Eso también es de agradecer. ¿Nos vamos a comer?

- Vale.


- ¿Y bien?- preguntó Ron mientras se servía un poco de pescado y patatas asadas.

- Pues nada, me ha hecho limpiar toda la clase.

- ¿Incluyendo el suelo?

- Sí.

- Qué cabrón.

- Dime algo que no sepa.- añadió ella mientras se tomaba la crema de calabaza.

- Hay que ser cerdo asqueroso para mandarte limpiar un suelo de piedra que tiene cientos de años.- añadió Ron de nuevo.

- Él es así.

- ¿Y mañana tienes que volver?

- Sí, todos los días durante esta semana.

- ¡Pero mañana es sábado!

- ¿Y qué? Estoy castigada¿recuerdas? Los castigos no hacen distinciones entre los días de la semana. De todas formas me da igual, después de lo limpia que dejé la clase hoy, por mucho que él la ensucie mañana, no me costará tanto trabajo asearla.

- Claro. Oye Harry¿qué vas a hacer con lo de mañana?

- ¿Mañana?

- Sí, mañana vas a Hogsmeade con mi hermana¿recuerdas?

- Mierda, se me olvidó.

- A mí no.- añadió Hermione mientras con la mano libre se partía carne asada que, para su suerte, estaba la mar de blanda.

- Irás¿verdad?- volvió a preguntar Ron- ¿o vas a dejarla tirada?

- Pues yo…

- Harry, le dijiste que irías con ella, ahora no puedes echarte atrás. Quedarás como un cerdo si lo haces.

- Pero es que...

- ¿Qué?- añadió Hermione- Ron tiene razón, le dijiste a Ginny que irías con ella. Una cita es importante, Harry, ahora no puedes cancelarla, sobre todo después de decirle que querías ir.

- Pero es que estamos pegados.

- Eso no es problema. Sabes que hay solución, Dumbledore¿recuerdas?

- ¿Le vais a decir que os despegue?

- En cuanto Harry lo pida. Y creo que hoy podría ser un buen día, él tiene razón, no podrá tener una cita con tu hermana en condiciones si yo estoy todo el rato con él.

- ¿Harry?- preguntó Ron.

- Yo…

- ¿Te vas a despegar de Hermione o no?

- No.- lo dijo tan convencido, que hasta él mismo se sorprendió.

- ¿Por qué no?- preguntó ella.

- Porque no.

- Eso no es una respuesta, tienes que dar un motivo de peso.

- Sí Harry, ella tiene razón, dí por qué prefieres dejar tirada a mi hermana y seguir pegado a Hermione.

Ron habló serio pero en sus ojos, Harry pudo ver una mirada de burla y varias intenciones ocultas. Él quería que le dijese a Hermione lo que sentía por ella, pero Harry no iba a hacerlo, menos todavía cuando estaban en el comedor del colegio, donde cualquiera podría escucharle.

- Harry, estoy esperando una respuesta.- volvió a decir Ron.

- Paso de ti.- contestó el moreno de mala gana mientras tragaba patatas asadas.

- ¡Harry!- Hermione le miró alarmada.

- ¿Qué?

- ¡No le contestes así, él no tenía mala intención!

- Ya. "No te lo crees ni tú, como si no le conocieras después de tantos años."

- ¿No será que la compañía de nuestra querida amiga es más apetecible para ti que la de mi querida hermanita?- dijo Ron en tono de burla, ganándose una más que mirada afilada del moreno- ¿es eso?

Él no contestó.

- Harry…- canturreó Ron- respóndeme…

- Vete al carajo. Esa es mi respuesta.

Ron sonrió ampliamente mientras Hermione miraba a Harry como si estuviese mal de la cabeza.

- Os veré en transformaciones.- pronunció el pelirrojo mientras se ponía en pie y abandonaba el gran comedor.


- ¿A qué ha venido eso?- preguntó Hermione mientras seguía a Harry por los pasillos que conducían al aula de la profesora McGonagall.

- No sé de qué estás hablando- dijo él para intentar disimular.

- Hablo de tu comportamiento en el almuerzo. ¿Por qué has sido tan desagradable con Ron?

- Porque se lo buscó.

- No te entiendo, Harry, de verdad que no. Y digas lo que digas, estás rarísimo.

- Estoy perfectamente.

- Ya, y los burros vuelan.

- Déjalo¿quieres?

- Lo dejaré porque paso de discutir, pero esos cambios de humor tuyos no son normales.

- ¡Que no me pasa nada, Hermione, y no tengo cambios de humor!

- Sí que los tienes. Y Ron es la prueba, antes fuiste muy antipático con él, no fue normal cómo te pusiste.

- ¡No me puse de ninguna forma, sólo contesté sus malditas preguntas!

- Con un tono nada amigable, tal y como estás haciendo ahora conmigo.

- Lo siento¿vale?

- Vale. ¿Me dirás ahora qué te pasa?

- ¡Nada, maldita sea, no me pasa nada, deja de preguntarme eso!

- Harry por favor, deja de gritarme.

- ¡Entonces deja de preguntarme lo mismo tantas veces, te he dicho que no me sucede nada y que estoy bien!

- Lo que tú digas.

Entraron en el aula y se sentaron. Vieron a Ron cerca de ellos y al lado de Neville, quien miraba la demostración de McGonagall como si no entendiera nada de lo que veía. Una vez terminada la clase, Harry fue el primero en levantarse y salir del aula, arrastrando con él a Hermione y dirigiéndose al estadio de Quidditch.

- ¿Dónde vamos?

- A entrenar.

- ¿Entrenar?

- Al Quidditch, esta semana me toca entrenamiento, lo sabes de sobra. Todos los lunes, miércoles y viernes entrenamos, y hoy es viernes.

- ¿Vas a entrenar a pesar de que estemos pegados?

- Pues sí¿algún problema?

Ella asintió moviendo la cabeza de forma enérgica.

- ¿Cuál es?

- Que yo no me subo a una escoba ni aunque fuese el mismísimo Brad Pitt el que viniese en una a recogerme.

- Ah sí, tu actor favorito.

- Que está como un queso, sí, pero esa no es la cuestión. La cuestión es, Harry, que me da pánico volar, y tú lo sabes de sobra.

- Hermione, no te va a pasar nada. Además, estarás conmigo. Soy un experto en la escoba¿recuerdas?

- Ése es el problema, tu gran experiencia.

- ¿Y por qué es eso un problema? Yo diría que es una ventaja.

- Porque no te da miedo nada, ni las acrobacias a toda velocidad, pero yo…tiemblo sólo de pensarlo.

Él agachó la cabeza un poco, sonriendo con sólo imaginar a una Hermione temblando de pies a cabeza y a él sujetándola y susurrándole palabras dulces para tranquilizarla. Un pensamiento de lo más agradable aunque irrealizable para él, al menos por el momento.

- Hermione, te prometo que no te pasará nada. Estarás delante de mí. Yo te sujetaré todo el rato. ¿De acuerdo?

- No.- respondió ella mientras intentaba frenar el avance de Harry. Pero era inútil, él no se detenía por más que ella se lo pedía.

Ya estaban ante las puertas del gran estadio y ella, mirándole con la mirada de súplica más conmovedora que pudo poner en aquél momento le dijo en tono suplicante…

- Por favor, te lo ruego, no me hagas subir a esa cosa infernal. Te prometo que te haré los deberes de todo un mes, o que te daré masajes cada vez que te hagas daño en los entrenamientos o en los partidos después de que nos despeguemos, pero por lo que más quieras, Harry, no me obligues a subirme a una escoba, aunque sea la tuya.

"Lo que más quiero eres tú." - Hermione.- dijo él posando su mano libre en uno de sus hombros- te prometo que no te pasará nada.

- ¿Me lo prometes o me lo juras?

- Ambas cosas.

- ¿De verdad estarás pendiente de mí?

- Todo el rato.

- ¿Pase lo que pase?

- Y pese a quien pese.

- Entonces vale.

Él sonrió ampliamente.

- Pero…

- ¿Sí?

- Prométeme que no harás acrobacias a no ser que sea absolutamente necesario.

- No las haré si no hacen falta, lo juro.

Ahora fue ella la que sonrió ampliamente.

- ¿Entramos?

- Después de ti.- contestó ella empujando la puerta que daba acceso al gran estadio.


- ¡Ahhhhhhhhhh!- gritó ella sin poder ocultar su miedo mientras descendían a toda velocidad.

- ¡Cálmate!- añadió él detrás suya.

- ¡Nos vamos a matar!- pronunció ella cerrando los ojos fuertemente.

- ¡No digas tonterías, todo está controlado!

Hermione sintió el aire golpearle el rostro. Pensó que cuando bajasen, tendría los pelos igual de tiesos que si se hubiese electrocutado. A pesar de eso, le daba lo mismo su aspecto, lo único que le importaba era besar el suelo en cuanto tocasen la tierra. Y eso fue lo que hizo en el mismo momento en que sintió que la escoba se detenía. Cuando Harry la vio agacharse y ponerse a cuatro patas sobre la tierra para seguidamente regalarle un beso, no pudo más que soltar una tremenda carcajada.

- Estás mal de la cabeza¿lo sabías?

- Ríete si quieres, pero me alegro de seguir viva.- contestó ella poniéndose nuevamente en pie y escuchando cómo Harry despedía a su equipo, que, para sorpresa de ella, no hizo ninguna pregunta cuando la vieron subirse en la escoba de él una hora y media antes.

- ¡El lunes a la misma hora!- dijo Harry a sus compañeros, y en cuanto se marcharon, él volvió a mirarla, comprobando que el color de su piel había vuelto aunque ella seguía dándose aire con la mano que no tenía pegada a la de él.- Eres una exagerada.

- Ya, claro…como a ti te encanta volar y además no te da miedo nada…

- Me dan miedo muchas cosas. "Perderte, la que más."

- No me lo creo.

- Pues créetelo porque es verdad.

- ¿A qué le teme el valiente Harry Potter?

- Necesito una ducha.

- No me cambies de tema y contéstame.

- Ya te he dado una respuesta, te dije que le temo a muchas cosas.

- Ponme un ejemplo.

- Los dementores.

- Eso ya lo sabía, dime otra cosa diferente.

- Ahora no me apetece hablar de eso. Pero me muero por una ducha caliente.

- Entonces vamos.- pronunció ella echando a andar en dirección a los vestuarios, pero se detuvo en cuanto tomó conciencia de lo que había dicho. - Coño…

- ¿Ahora caes en la cuenta de lo que implica, verdad Hermione?

- ¡No puedo ducharme contigo!

- Sí puedes, igual que pudiste hacer tus cosas conmigo en el servicio. Sólo hay que usar el desmaius.

Ella suspiró aliviada.

- Ah vale, tienes razón, no hay problema entonces.

- "No, si el problema lo tengo yo. Porque aunque entres en la ducha estando desmayada, para mí seguirás siendo la mar de apetecible."

- Pero ahora que lo pienso, no será necesario que me provoques un desmayo, puedo ducharme al mismo tiempo que tú. Me pongo un bikini y ya está.

A él se le acabó el aire de repente.

- ¿Te encuentras bien?- preguntó ella al ver lo pálido que se había puesto.

- Perfectamente.- contestó él con dificultad.

- Creo que será mejor que te lleve a la enfermería.

- No, no te preocupes, no me pasa nada. "Sólo tengo subida de hormonas. Por todos los magos y brujas, tú en bikini duchándote a mi lado. Sólo de pensarlo me pongo malo."

- ¿De verdad te encuentras bien?

- Sí.

- ¿Y por qué estás sudando otra vez?

- Soy un adolescente, Hermione, sudamos por cualquier cosa.- contestó él diciendo lo primero que se le ocurrió, curiosamente, ella no rebatió eso aunque sí añadió otra cosa.

- Puede que no haya hecho ningún esfuerzo comparado contigo, pero yo también necesito una ducha, Harry.

- Vayamos a tu habitación a por tu ropa.

- No hace falta. ¿Para qué está la magia? Puedo usar el accio.

- ¿Para traer tu bikini?

- Y tu bañador, y todo lo que queramos.

- ¿Y no será un poco raro ver prendas de ropa volar hasta aquí?

- Como si nunca hubieras visto cosas raras en el mundo mágico. Harry, creo que de verdad estás mal, menuda pregunta acabas de hacerme.

- No, estoy bien, simplemente pensé con mi parte no mágica.

- ¿Algo más que añadir?

- No.

- ¡ACCIO BIKINI NEGRO, ACCIO BAÑADOR DE HARRY, ACCIO GEL, CHAMPÚ Y CREMA, ACCIO TOALLAS!

En un instante, las cosas estuvieron a su alcance. Seguidamente hizo aparecer una bolsa donde guardó todo.

- Se te olvidó el maquillaje y el resto de cosas que uses para ponerte guapa.- dijo él en tono bromista.

- Anda y vete al carajo, guapo.

Él se rió y secretamente se alegró de que ella le llamase guapo, aunque no era la primera vez que se lo decía.

- Sabes perfectamente que no soy como Parvati y Lavender que se tiran horas frente al espejo.

En lo que a mí respecta, con lavarme la cabeza con un champú y un acondicionador, tengo bastante. Yo paso mucho de mascarillas capilares, cremas hidratantes para el cuerpo y demás tonterías. Si con el gel de ducha, el champú y la crema suavizante me quedo ideal¿para qué echar más potingues al cuerpo? Sólo conseguiría terminar más pegajosa que el super glue y en vez de tener la piel suave, la tendría resbalosa como una babosa.

Ahora él se reía a carcajada limpia.

- Tú sigue riéndote de mí, que ya verás.

- ¿Qué me harás, mmm?

- No hagas que te responda a eso y mejor vamos a ducharnos, empieza a picarme la cabeza, eso es un signo inequívoco de que necesito lavarme el pelo.

- ¿Cada cuánto te lo lavas?- preguntó él mientras andaban hacia los vestuarios.

- Un día sí y otro no. ¿Y tú?

- No sé, no tengo una norma marcada. Me lo lavo cuando lo veo muy sucio o cuando me pica la cabeza, como te pasa a ti.

- A mí me ocurre eso porque tengo mucho pelo y por eso si no me lo lavo a menudo, luego me pica pero tú no tienes ni la mitad del pelo que tengo yo, así que no tendría por qué escocerte.

- Será que tenemos un pelo parecido, al menos en el aspecto. ¿Te has fijado que tanto el tuyo como el mío son difíciles de peinar? Bueno, yo es que llevo años que no me lo peino, con desenredármelo me sobra. A decir verdad, me da lo mismo el aspecto que tenga. Creo que soy como tú en eso, Hermione, paso muy mucho de cuidarme más de lo estrictamente necesario.

- Sí, tienes razón, eres un desastre en lo que al cuidado físico se refiere, pero igualmente te quiero.

- Ya lo sé.- contestó él sonriendo de forma genuina.

- Aunque no es tu pelo lo que más me gusta, sino tu corazón.

Él se detuvo de repente y ella chocó con su espalda.

- ¿Ocurre algo?- le preguntó aún de espaldas a él y viendo que agachaba la cabeza.

- Repítelo.- dijo él en una voz que para ella sonó extraña, como si fuese demasiado seria y al mismo tiempo llena de miedo.

- ¿El qué?

- Lo que has dicho, repítelo, por favor Hermione.

- ¿Qué repita el qué, que es tu corazón lo que me gusta de ti en vez de tu pelo?

Él no contestó esa vez, sólo hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

- ¿Por qué quieres que lo repita, acaso te ha sentado mal?

Él movió la cabeza de forma negativa.

- Mira, no sé lo que te ocurre. Actúas como si fuese la primera vez que te dijese algo bonito y no es así.

Creo que llevo años demostrándote que tú eres lo más importante para mí, lo que más valoro del mundo mágico y…bueno, en lo que se refiere a mis amistades también eres el más importante para mí pero esa no es la cuestión. No entiendo lo que te sucede Harry, estás muy raro digas lo que digas. Cambias de humor, me pides que te repita cosas que tú ya debes saber…en fin…dime lo que te pasa de una vez, por favor.

- Tú eres muy lista, deberías saberlo.- volvió a añadir él con aquél extraño tono de voz entre serio, asustado y ahora también dulce.

- Me subestimas, Harry, no soy tan inteligente como crees, hay cosas que se me escapan y la de ahora no logro alcanzarla.

- Pues está delante de tus narices, hace tiempo que lo está pero si tú no eres capaz de verla, yo no voy a decírtela.- volvió a decir él en un tono serio y con una determinación que nunca se creyó capaz de sacar, mucho menos delante de ella, la chica que amaba en secreto.

- ¿Y por qué no? Yo quiero que me lo digas.

- ¿Por qué?- preguntó él aún sin mirarla a la cara y manteniendo todavía la cabeza gacha.

- Porque si es algo importante para ti, lo suficiente como para que no puedas contármelo pero que igualmente quieres que sepa, deberías decírmelo o al menos hacer algo que me diese una pista de lo que trata, porque te juro que no tengo ni idea de lo que es, y quiero saberlo.

- ¿Seguro que quieres?

- Por supuesto que sí.

- Aunque…pueda provocar que…¿Me odies?

Ella giró un poco y se puso a su altura, encarándole, aunque él seguía sin mirarla.

- Yo nunca podría odiarte, Harry.- dijo ella con voz dulce y sincera. Él levantó la cabeza y clavó su mirada verde en la marrón de ella. Una gran mezcla de emociones inundaban sus ojos, ella podía ver algunas, otras no, pero las que vio… le gustaron.- Harry por favor…dímelo.

- Yo…

- ¿Tú?

- Yo…te quiero.- dijo él susurrando por lo que ella no pudo oírle a pesar de su cercanía.

- ¿Qué dijiste? No lo escuché.

Él tomó valor y también aire, decidido a subir el tono un poco más.

- Que yo…yo te…te…

- ¿Tú me qué?

- Yo te qui- pero no pudo terminar la frase porque Ginny pronunció su nombre y cuando él miró en dirección a ella, la vio detenerse a sólo tres pasos de donde estaba con Hermione. Él la maldijo interiormente, por su culpa no había podido declararse y le había costado tanto trabajo reunir el valor para hacerlo…

- Ron me dijo que estarías aquí- pronunció la pelirroja mientras tomaba aire tras su larga carrera- Ah, hola Hermione.

- Hola Ginny.

- Bueno yo venía a buscarte porque quiero saber a qué hora quieres que quedemos mañana y claro, también dónde quedamos.

- "Me importa un pepino lo que quieras y como lo quieras, no quiero salir contigo ni mañana ni otro día. Al menos en plan cita."

- Harry…- dijo Hermione en voz baja- Ginny espera una respuesta, vamos, dile algo.

- Yo…

- ¿Te parece bien a las doce? Es una buena hora para pasear y ver tiendas.

- "¿Ver tiendas contigo? Preferiría mil veces encerrarme en la biblioteca con Hermione aunque sólo fuese para verla estudiar."

- Además podríamos ir a la tienda de bromas de Zonko, seguro que a esa hora no está tan saturada.

- Ya.- fue todo lo que él musitó.

- Entonces qué…¿quedamos a las doce?

- Pues…

- ¿Qué tienes ahí, Hermione?- preguntó Ginny al ver la bolsa donde ella había guardado las cosas para el aseo.

- Oh nada, cosas para la ducha.

- ¿Ducha?

- Sí, es que ahora iba a darme una.

- ¿Me dejas la crema suavizante, Hermione? Se me ha acabado la mía.

Antes de que dijese algo, Ginny le quitó la bolsa y metió la mano, sacando la crema suavizante y dejando caer por accidente el bañador de Harry.

- ¿Y esto qué es?- preguntó la pelirroja al ver esa prenda sin duda masculina.

- Es mío.- respondió Harry quitándosela y volviéndola a meter en la bolsa.

Ginny le miró y luego a Hermione y con los ojos más que abiertos preguntó…

- ¿Es que ibais a ducharos juntos?

- Pues…- volvió a decir Harry incapaz de acabar la frase.

- Sí, así es.- dijo Hermione con total naturalidad.

- ¿Qué me he perdido?

- Que estamos pegados, y hasta que pase la semana no podremos despegarnos.- volvió a decir Hermione.

- ¿Pegados, por qué?

- Por culpa de Malfoy. Nos lanzó el Glueforte y se nos pegaron las muñecas, una de Harry y otra mía.

- Vaya faena.

- Ya ves.

- Si quieres cancelar la cita, lo entenderé.- comentó Harry por primera vez desde hacía unos minutos.

- No, no, yo quiero ir contigo aunque estés con Hermione.

- Ya.

- Bueno, entiendo que no sería lo mismo que estando solos pero…nos lo pasaremos bien¿verdad Harry?

- No sé.

Esa respuesta descolocó a Ginny y la cara ilusionada que había tenido hasta ahora, se transformó en una de confusión.

- ¿No sabes si te lo pasarás bien conmigo o no sabes si te apetece venir?

- Ambas cosas.

- Un momento...¿me estás diciendo que quieres cancelar la cita?

- Sí.

- Si es por lo de estar pegados hay solución. Puedo buscar a Malfoy y obligarle a que os despegue.

- Ni si quiera Malfoy conoce el contra hechizo, sólo nos queda esperar a que se pase el efecto.- dijo Hermione.

- ¿Y Dumbledore? Seguro que él puede ayudaros.

- Ya se lo hemos consultado.- volvió a decir Hermione.

- ¿Y?

- Sólo depende de nosotros. Podemos esperar a que se pase el efecto o que sea él quien nos libere.

- Entonces id a pedírselo, yo os acompañaré.

- No.- dijo Harry con decisión.

- ¿No?- pronunció Ginny mirándole con el ceño fruncido.

- Ya me has oído, he dicho no.

- ¿No quieres despegarte de Hermione?

- No, no quiero.

- ¡Pero Harry, si no lo haces no podremos tener una cita en condiciones!

- Me da igual, yo no quiero una cita contigo ni mañana ni otro día.- lo dijo con tal convicción, que hasta él mismo se sorprendió.

- ¿Por qué no?- preguntó la hermana pequeña y única de los pelirrojos Weasley.

- Porque no me gustas en ese sentido.- añadió con total sinceridad .

- Pero tú…tú me dijiste…en el gran comedor me dijiste que sí, que querías venir conmigo. ¿Por qué ahora no quieres?

Y Harry, mirándola serio, volvió a tomar valor y respondió…- porque me gusta otra chica.- y fue como si para Ginny cayese una enorme jarra de agua fría sobre su cuerpo.

- Oh, entiendo.- fue lo que musitó en un principio, mostrando su desilusión, pero eso dejó paso a la ira, que expresó sin ningún tapujo.- Eres un cerdo Harry, no tienes perdón. Me creas ilusiones y ahora me las quitas. Eso es despreciable, tanto como lo eres tú.

- Ginny, no te pases.- dijo Hermione seria.- al menos ha sido sincero. Eso le honra. ¿No crees?

- Tú cállate, nadie te ha pedido tu opinión, metomentodo.

- No le hables así.- dijo él mirándola enfadado también.- Y no la insultes.

- No la insulté, dije la verdad, siempre se mete en todo.

- Ginny- intervino ahora Hermione- entiendo que estés molesta con Harry, pero no la pagues conmigo, por favor.

- ¡Que te calles, Idiota!- Ginny le tiró el bote de crema pero Hermione agachó la cabeza justo a tiempo, cuando la levantó, recibió un empujón que la impulsó dos o tres pasos atrás pero en cuanto volvió a estabilizarse (gracias a que Harry la agarró) vio con asombro que Ginny también retrocedía, aunque con más fuerza que la que le había afectado a ella y Hermione sólo pudo suponer que Harry la habría empujado.

- Quítate de mi vista inmediatamente y no vuelvas a acercarte a mí o a Hermione hasta que te disculpes.- pronunció él con un tono más que firme y volviendo a meter la crema suavizante en la bolsa de su mejor amiga.

- ¡Se lo diré a Ron, le diré que me empujaste!

Hermione no pudo más que mirar con creciente asombro a Harry. Una cosa era pensar que él podía hacer algo así y otra era confirmarlo.

- Pues yo le diré que su hermana es una niña caprichosa, que se enfada porque le niegan lo que quiere. Venga, ve con tu hermanito, ya veremos cómo reacciona cuando le cuente cómo has insultado a su mejor amiga. No sé qué es peor, el empujarte yo o cómo has actuado tú, pero creo que Ron sí lo sabrá y me parece que estará de acuerdo conmigo en que te has pasado mucho.

Ginny se puso en pie mirándole furibunda.

- ¿Crees que me importa lo que le digas, y crees de verdad que se pondrá de tu parte antes que de la mía?

- Me importa una mierda lo que tú creas, lo único que sé es que no pienso seguir hablando contigo a no ser que te disculpes con Hermione.

- ¡No pienso hacerlo, ella se lo buscó!

- Vete Ginny.- para sorpresa de la pelirroja no fue Harry quien lo dijo, sino Hermione.- vete ahora.

- ¡Me iré cuando quiera, no porque tú me lo digas!

- Te irás ahora, o no respondo.- volvió a decir ella seria.

- ¿Me estás amenazando?

- Avisando, que es distinto.

- Tus avisos me dan igual, no te tengo miedo¿sabes?

- Yo a ti tampoco.

- ¡No te soporto!- gritó Ginny intentando empujarla de nuevo, pero se encontró con la mano libre de Harry bloqueándole el movimiento.

- Si lo intentas otra vez, olvidaré que eres la hermana de mi mejor amigo.

- ¿ Serías capaz de pegarme?

- Puedes apostar a que sí.

- ¿Me pegarías por defender a Hermione?

Él no respondió, pero Ginny comprendió su silencio.

- Claro que lo harías, pero no porque sea tu amiga sino porque es ella quien te gusta¿verdad?

- Basta Ginny.- dijo Hermione adoptando una pose protectora para con Harry aunque sabía que Ginny no iba contra él sino contra ella.

- Qué patético Harry, mira que enamorarte de ella…pensé que tenías mejor gusto.

- ¡Vete, vete ahora!- gritó Hermione de nuevo.

- Si ni siquiera es femenina. No sé qué le ves. Con ese pelo horroroso, esa soberbia de sabelotodo y con un gusto pésimo para la ropa.

Harry, qué bajo has caído.

- ¡Ya está bien!- pronunciaron los dos al mismo tiempo, cosa que les hizo mirarse sorprendidos, pero la sorpresa les duró un segundo, el tiempo que necesitó Hermione para volver a dirigirse a la pelirroja.

- Mira Ginny, siento mucho que te haya sentado mal el rechazo de Harry, pero para tu información, entre él y yo no hay nada aparte de una buenísima amistad.

Si te lo crees o no, sinceramente me da igual, lo que sí me importa son tus malos modos. Así que…por tu bien te aconsejo, que te largues ahora mismo porque como vuelvas a abrir la boca para otra cosa que no sea decir adiós, te juro por lo más sagrado que no volverás a hablar en una semana, pero tranquila, no es lo que crees.

No voy a rompértela, aunque ganas tengo, simplemente voy a hacer invisible esa parte de tu cara y te aseguro que por más que Ron me lo pida o incluso si lo hace toda tu familia, eso no hará que cambie de opinión. Ya te he aguantado bastante, Ginebra Weasley, y esa es mi última palabra. Tú verás lo que haces.

Por un instante, Ginny agarró su varita, pero la mirada de advertencia de la castaña y la del propio Harry indicándole "ni lo intentes" la hicieron desistir de su propósito. Optó por marcharse, aunque no lo hizo diciendo adiós, sino insultando a Hermione con unas palabrotas la mar de fuertes y echándole la culpa de todo.

Harry estuvo a punto de ir tras ella, pero Hermione se lo impidió diciéndole algo que ya le había dicho en anteriores ocasiones, aunque no con Ginny precisamente, sino con Malfoy.

- ¡Harry no! No merece la pena.

- ¡Pero ella te agredió!

- ¿Y qué?

- ¡Que no es justo!

- Tal y como te dijo Snape, la vida no es siempre justa. Además, a mí me da igual que se haya enfadado, no es que sea mi mejor amiga precisamente.

- Pues yo creí que entre ella y tú existía una amistad.

- La misma que puedo tener con los gemelos. Ella es la hermana de Ron, simplemente eso. El hecho de que a veces hayamos hablado no significa que sea una buena amiga mía porque no lo es. No tenemos una relación muy cercana que digamos. Creo que simplemente me habla porque soy amiga de su hermano y también tuya. Al fin y al cabo, a ella siempre le has gustado. ¿Sabes?

- ¿Siempre, cuándo es siempre?

- Desde que te conoció siendo tú un niño de once años a punto de tomar el tren de Hogwarts.

- ¿Lo dices en serio?

- Totalmente. Ella lleva años sintiendo algo por ti. Por eso no me extraña que haya reaccionado como lo ha hecho, aunque no entiendo muy bien por qué la ha tomado conmigo pero sí puedo comprender que se enfade cuando has cancelado la cita. En cierto sentido tiene derecho a enfadarse porque…ella había conseguido algo que llevaba años deseando y de repente tú se lo has quitado. Es normal que se enoje.

- Pues para mí sigue siendo una niña caprichosa.

- Ginny tiene muchas cosas buenas y malas, pero no creo que uno de sus defectos sea el ser caprichosa. De cualquier modo, podrías haber sido más delicado con ella.

- Que la jodan.

-Vale, lo que tú digas, pero por favor, cálmate.

- Lo siento. Es que…hay cosas que me sacan de quicio. Y que insulten a mi mejor amiga "y la chica que quiero" es una de ellas.

- Puedo entenderlo pero…olvídalo ya¿quieres?

- De acuerdo.

- Además, una buena ducha caliente nos espera¿recuerdas?

- Sí. "Como para olvidarlo."

Hermione volvió a adoptar su tono amigable y alegre de siempre.

- Entonces qué…¿nos quitamos todo este olor a Quidditch?

- Claro.

- ¿Me frotarás la espalda?

Harry tragó saliva.

- Yo lo haré si me lo pides. Es lo mínimo que puedo hacer¿no?. Después de todo, has sido mi caballero de reluciente armadura.- dijo ella en tono bromista a la vez que le guiñaba un ojo. Harry la miró fijamente, pero ella podía ver la sonrisa en aquella mirada que él le dedicaba, además de la que empezaba a adornar su boca. Una boca que siempre le había encantado a ella aunque por el momento no le despertaba ningún instinto no propio de una amiga.

- Bueno, es que tú eras mi dama en apuros.- dijo él para continuar la broma- y un caballero siempre ayuda a una dama. ¿No?

- Efectivamente. Entonces…caballero Harry¿dispuesto a acompañar a esta dama en su aseo personal?

- Por supuesto, bella dama.- Él hizo una reverencia, ella se rió y Harry volvió a sentir miles de hormigas recorriéndole el estómago.


Mientras Harry y Hermione llegaban a los vestuarios y escogían la ducha más grande, Ginny hecha una furia, le contaba a su hermano lo que había ocurrido.

- ¿Insultaste a Hermione?

- ¡Sí!

- ¿Y le tiraste el champú a la cabeza?

- ¡Sí, y no era champú sino crema suavizante, a ver si prestas más atención a lo que te cuento!

- Oh oh…

- ¿OH OH, QUÉ, Qué significa oh oh?

- Oh oh significa…que cualquier oportunidad que pudieras tener con Harry la has perdido de manera irrecuperable.

- ¿Por qué, por meterme con su mejor amiga?

- Sí, pero sobre todo porque ella es la persona que más quiere él.

- ¡Así que yo tenía razón, está enamorado de ella!

- Sí, hasta los huesos. Ella le gusta desde hace año y medio, dos dentro de un mes, así que…lo siento Gin, pero no tienes nada que hacer.

- ¿Y a Hermione también le gusta Harry?

- No lo sé, pero creo que no.

- ¿Ella no te ha dicho nada al respecto?

- No, pero tampoco se lo he preguntado. De todos modos hace años que la conozco, si le gustase mi mejor amigo yo lo notaría.

- ¿Tú, tú que eres Don despistado? Tú no notarías un enamoramiento a no ser que te lo dijesen.

- Quizás, pero…hazme caso Ginny, por tu propio bien deja en paz a Harry, pero sobre todo…en lo que respecta al tema de Hermione. Porque si sigues molestándole con eso, lo único que lograrás será que te odie y tú no quieres eso¿verdad?

- No. ¡Pero es que me mata que sea ella quien le guste!

- ¿Por qué?

- ¡Porque mírala, Ron, no tiene ningún atractivo. Harry se merece a alguien mejor, alguien con más estilo. Alguien que esté a la altura de quién es él!

- ¿De quién es él o de su apellido?

- ¡De las dos cosas!

- No, Ginny, te equivocas. Harry no se fijaría en una chica por su nombre o por su aspecto, sino por lo que hay dentro de ella. Y puedo decir lo mismo con respecto a Hermione. No es una chica que se deje influir por las apariencias o por la fama.

- ¡Pero es que ella no lo merece!

- ¿Y a quién se merece Hermione?

- ¡A alguien tan raro como ella! Aquél jugador búlgaro le iba que ni pintado. Tenía la misma pinta extraña que tiene ella…

- Ya vale, Ginny.

- ¿Tú también vas a decir que me calle, que deje de meterme con ella?

- Sí, es mi amiga¿sabes?

- Pues no entiendo por qué. Tú nunca la soportaste.

- Eso fue al principio, después de conocerla me di cuenta de lo especial que era.

- ¿A ti también te gusta?

- Ya no, sólo me gustó cuando estaba en cuarto.

- ¿El año en que se celebró el torneo de los tres magos?

- Efectivamente.

- ¿Y por qué no le dijiste nada?

- Porque era la pareja de Krum y pensé que si iba con él, sería porque le gustaba. Así que era inútil decirle algo, me habría rechazado.

- Eso nunca lo sabrás.

- Ginny, fue con Víctor. ¿Es que eso no te dice nada?

- Sí, que aceptó porque sabía que nadie más se lo pediría.

- Bueno, eso también es posible pero…yo creo que de verdad le gustaba aquél chico.

- A mí me importa un comino quién le guste y quién no, pero me repatea que Harry esté colado por ella y que ella ni se entere.

- Es normal que no lo sospeche.

- ¿Tú crees?

- Claro, es más fácil ver a quién le gusta una amiga o amigo tuyo que ver a quién le gustas tú.

- Pues si no lo ve es porque necesita unas gafas enormes. Yo sólo necesité un instante para ver a Harry a la cara y darme cuenta de lo que sentía por ella.

- Y es algo muy fuerte, de verdad que sí. Yo creo que no sólo le gusta, creo que está enamoradísimo de ella.

- ¡Y ella ni si quiera lo sospecha, manda narices!

- Es normal, Ginny. Además, ella sabe de sobras, entre otras cosas porque conoce los gustos de Harry… que no es el tipo de chica en la que él se fijaría. Ella no es una Cho, ni si quiera se le acerca un poco. Así que es lógico que ella no piense que pueda gustarle a su mejor amigo. Por favor, Ginny, si no es por ellos hazlo por mí, déjales en paz. Acepta tu derrota y fíjate en otro. Seguro que encuentras a alguien que te guste y a quien tú también le gustes.

- Alguien que no será Harry.

- Pero que seguro que podrá quererte mucho y que te gustará lo bastante para que tú también le quieras mucho.

- Pero es que a mí me gusta Harry, siempre me ha gustado.

- Pues tienes una curiosa manera de demostrarlo. Has salido con un chico distinto cada año.

- Es que pensé…que si salía con otros chicos, él se fijaría en mí como chica y no como la hermana pequeña de su mejor amigo.

- Pues me parece que te ha salido mal la jugada.

- Eso parece, sí.

- ¿Les dejarás en paz, entonces?

- De acuerdo. ¡Pero no lo hago por ellos sino por ti!

- Ya.

- ¡Lo digo en serio! Prefiero que no me hablen a que dejes de hablarme tú.

- ¿Estás diciendo que me quieres?

- ¡Pues claro, Idiota, eres mi hermano!. ¿Cómo no voy a quererte?

- Porque te has pasado la vida diciéndome que me odias.

- Oh vamos Ron, eso es algo que se dicen todos los hermanos alguna vez en su vida.

- Alguna vez no es a diario, Ginny.

- Bueno, vale. No te odio¿de acuerdo? Es sólo que me gusta hacerte rabiar.

- Diciéndome eso no me haces rabiar, me haces daño.

- Perdona.

- Perdonada.

- Gracias por ser sincero, Ron. Creo que nunca había tenido contigo una charla tan sincera como ésta.

- Porque no querías. Podíamos haber tenido millones si te hubieras tomado la molestia de contarme cosas tuyas, como lo de Harry con Hermione.

- Lo siento. Prometo hacerte más caso a partir de ahora.

Ron sonrió. Al menos con su hermana, podría conseguir lo que nunca pudo con los gemelos, tener complicidad y confianza para contarse todo.


- Bueno, esta es la ducha más grande que hay aquí.- dijo Harry tragando saliva con sólo imaginarse a Hermione en bikini pidiéndole que le frotase la espalda.

- Yo creo que cabremos. Este…¿te aplico el desmaius para cambiarme o miras a otra parte?

- Puedo mirar a otra parte pero si quieres aplicarme el desmaius por mí estará bien. "Prefiero no enterarme de cómo te quitas la ropa."

- No, no quiero abusar de la magia. Esta mañana lo usé para ir al baño, prefiero que mires a otra parte.

- De acuerdo. "Joder…"

- Pero no mires¿eh?

- No lo haré. "Si lo hago no respondo y luego tú me matas. Así que…seré bueno."

- Cuando quieras, Harry.

Como pudo, él se giró un poco y ladeó la cabeza todo lo que le fue posible. Decidió enfocar su vista en las taquillas y pensar en otra cosa que no fuese el tener a la chica que quería cambiándose detrás suya. Creyó que no le costaría trabajo pensar en otra cosa pero…se equivocó. Porque Hermione, al tener sólo una mano para desvestirse no estaba precisamente cómoda, y no era de extrañar que entre prenda y prenda que se quitaba, comentase por lo bajo alguna que otra cosa al respecto. Cosas como…

- Mierda, esta jodida camiseta interior no quiere salir.

O como…

- La madre que parió al que inventó el sujetador. ¿No pensó en la gente que sólo podía usar una mano?

Y fue ante la mención de esa prenda en concreto cuando Harry empezó a pasarlo mal, pero no porque estuviera enfermo sino porque sus hormonas volvían a entrar en acción, produciéndole entre otras cosas, un enorme hormigueo por todo su cuerpo, hormigueo que se intensificaba conforme seguía escuchando ruidos de las prendas que conseguía quitarse Hermione.

" ¿Es el ruido del sujetador lo que he escuchado caer? Ella está sin eso…¿detrás mía, y a sólo un ladeo de cabeza? Ay mi madre…"

- ¡Bien!- pronunció ella al ver cómo caía la prenda- ahora me toca los pantalones…

"Pantalones…va a quitarse los pantalones, se va a quedar en bragas. ¡Por todos los demonios, Hermione, ten piedad de mí!"

- Por fin, menos mal que han caído.

"¿Qué es lo que ha caído? Ah sí, los pantalones"

- Mierda- masculló ella- si no hubiera sudado tanto, las braguitas saldrían fácilmente. ¿Por qué me las compraría de lycra?

"¿Bragas de lycra, de esas que se pegan al cuerpo como los bodys de aerobic? Ay lo que me está entrando…"

- Voy a matar a Malfoy, juro que lo mato. Joder, qué difícil es esto…

"Difícil lo tengo yo, qué coño, encima que me gustas sin tú saberlo tengo que escuchar cómo te quitas todo. Que lo dirás en voz baja, pero se escucha, bonita, se escucha perfectamente."

- Vale, ya casi está. A ver…sí, parte baja del bikini puesta…ahora sólo me falta la de arriba.

" Eso eso, tú dame más detalles. ¿Te gusta hacerme sufrir o qué?"

- Ay…no puedo sola.

"No me digas que me vas a pedir ayuda."

- Harry.

"No me lo pidas, por lo que más quieras, no me pidas que te abroche el sujetador del bikini."

- Harry¿podrías volverte? Necesito ayuda.

"Ostia..."

- No puedo atarme el bikini. ¿Me ayudas por favor?

" Yo sí que voy a necesitar ayuda como veas lo que pasa por la parte baja de mis pantalones. Te vas a llevar un susto…"

- Harry¿me oyes?

"Alto y claro, y mi amiguito inesperado también, si hasta está saludándote aunque tú no lo sepas."

- ¿Podrías volverte? Lo digo en serio.

"Yo también tengo un serio problema entre las piernas."

- Por favor Harry, échame una mano.

"¿Una sola? Te echaría miles pero es que…no te va a gustar si lo hago. Entre otras cosas porque tendré que volverme y cuando me veas…no quiero ni imaginarme cómo podrías reaccionar."

- ¡Harry, haz el favor de hacerme caso, mírame!

"No puedo…mi amiguito sigue despierto. Tengo que hacer que se baje. Ya sé, pensaré en algo horripilante. Malfoy…Malfoy diciendo que me ama apasionadamente. Uhgg…creo que voy a vomitar."

- ¡HARRY!

"Vale, ha funcionado. Así es como tienes que estar, quietecito. No se te ocurra volver a levantarte¿eh? Que ella no espera tu visita."

Hermione le arreó un coscorrón en la cabeza, consiguiendo que la mirase por fin.

- ¿Qué?- dijo él para hacerse el despistado.

- ¿Dónde tenías la mente?

"No creo que quieras saberlo."

- Llevo siglos llamándote.

- Perdona, es que estaba distraído.

- Ya. Bueno, ahora que tengo tu atención, hazme el favor de ayudarme a atarme el bikini al cuello y a la espalda, yo sola no puedo.

"Ya, ya lo sé. Llevas media hora diciéndolo."

Ella se levantó la melena y le dio instrucciones al respecto.

- ¿Te hago un nudo o un lazo?

- Las dos cosas, no vaya a ser que se suelte por accidente.

"Por mi bien espero que no lo haga."

Él tardó un poco, quizás más de lo debido para la opinión de Hermione, pero ella supuso que era normal porque seguramente él no ataba bikinis a las chicas todos los días.

- ¿Has terminado?

- Sí. "Y puedo decir que tienes la piel tan suave y cremosa como siempre imaginé que sería."

- Gracias.

- De nada. "A ti en todo caso."

- Ya que estoy de espaldas a ti, puedes empezar a cambiarte si quieres.

- Vale.

- Avísame cuando termines.

- Claro.

Al ser un chico, él no tenía tanta ropa interior que quitarse, así que no le costó tanto trabajo desvestirse. Pero a diferencia de Hermione, él no fue relatando lo que se quitaba y lo que no, sólo dejaba salir expresiones como "maldición" o "me cago en su puñetera madre" cuando algo le costaba más trabajo de lo normal. Pero sin duda fue cuando la oyó decir…

- ¿Quieres que te ayude?

Que terminó de quejarse.

- No, gracias, ya casi he terminado.

Y era verdad, pero también era cierto que prefería tardar siglos antes de que ella le echase una mano. Porque con sólo pensar que ella le tocase una sola zona de su cuerpo, las hormigas volvían a correr y eran las hormigas las que llamaban a esa zona que él quería mantener dormida.

- Ya puedes mirar, Hermione.

Lo hizo, y tuvo que retener el aliento. Ver a un Harry musculoso y en bañador no era algo que podía vislumbrar a diario.

Hermione tuvo que reconocer para sí misma que su mejor amigo estaba muy pero que muy bien. Quizás no era Brad Pitt, pero desde luego, tenía un cuerpazo impresionante. ¿Y desde cuándo? Seguramente desde que empezó a practicar el Quidditch 7 años atrás, aunque estaba segura que semejante cuerpo no había aparecido de la noche a la mañana.

Habría tardado años en tener el aspecto que tenía y tardaría otros pocos en terminar de perfeccionarse, sobre todo porque él era un chico adolescente y aún le faltaba mucho para tener el cuerpo de un hombre hecho y derecho. Pero Hermione esperaba secretamente, estar ahí para verlo. Y cuando fue consciente de ese deseo, empezó a pensar que quizás, después de todo, Harry Potter no era sólo su mejor amigo, sino un chico la mar de atractivo.

Uno que estaba libre, igual que lo estaba ella, y uno del que podría enamorarse casi sin darse cuenta, pues ya con ser su amigo, le adoraba. Y de la adoración al amor…no había nada de distancia.


Continuará.


Nota de la autora: Lo siento si no es todo lo largo que esperabais, aunque os advierto que pesa 180 kb sin contar con los reviews. Lamentablemente no puedo incluir contestaciones para todos porque me paso del límite permitido por la página (lo he comprobado varias veces, no es broma). Así que responderé algunos en este cap y otros en el siguiente. ¿Ok?

Respecto a Ginny, sé que os llamará la atención su comportamiento. Pero recordad que este fic no se basa en el sexto libro¿de acuerdo? Y por otra parte, tanto Ginny como Harry y Hermione son meros adolescentes y la adolescencia se caracteriza entre otras cosas, por ser una época de inmadurez y comportamiento en ocasiones irracional y más que temperamental. Y no, no he puesto así a Ginny porque la odie, sino porque creí que podría reaccionar así al ser más pequeña que Harry y Hermione y por ende, más inmadura que ellos.