Nota de la autora: Lunes, 26 de junio de 2006.
¡Hola cómo estáis! Espero que bien. Siento mucho no haber actualizado la semana pasada, es que no pude venir a casa. Os aviso que este cap también es largo. No lo hago largo por fastidiar, es que llevo mucho sin actualizar y es mi forma de compensaros la espera. No sé a vosotros/as, pero a mí, me gusta como lectora de fics, leer un capítulo largo si me he tirado mucho tiempo (más de dos semanas) sin que el autor actualice. Personalmente opino que después de tan larga espera, qué menos que un cap largo que cuente muchas cosas y que me entretenga durante un rato. No sé si el cap os entretendrá mucho o poco, pero igualmente espero que os guste cuando lo leáis. De todos modos siempre tenéis la opción de saltaros el cap si os resulta demasiado incómodo leeros un capítulo largo, yo no quiero que alguien se sienta obligado a leerme. ;-)
Os mando un beso fuerte y un gran abrazo. RAkAoMi.
Simbología: La de siempre.
Música recomendada:
- Sigo apostando por El cartero y Pablo Neruda, Lost (Perdidos, en España) y cualquiera que tenga piano. Es que el piano ambienta que da gusto.
Cap.8. "Érase una vez..."
- Me acabo de acordar de algo.- pronunció Hermione mientras seguía a Harry por los pasillos de Hogwarts.
- ¿De qué?
- Que Ron nos dijo esta mañana que esta tarde saldría con una chica, así que supongo que no vendrá a explorar con nosotros por mucho que se lo pidamos. Lo más probable es que en este momento esté en alguna posada de Hogsmeade jurándole amor eterno a la chica esa.
Él la miró de forma incrédula- ¿De verdad lo crees?
- No.- dijo ella negando con la cabeza y riéndose a la vez.- El día en que vea a Ron Weasley jurarle amor eterno a alguien, pensaré que estoy en un universo paralelo al nuestro.
- Sí, es más probable que entre en el equipo de los Chudley Cannons a que se declare apasionadamente a alguien.- comentó Harry remarcando el "apasionadamente" con exagerado tono dramático, lo que provocó que su mejor amiga volviese a reírse.
Hermione recordó cuarto año y el día en que Ron le pidió ser su pareja para el baile, dando por hecho que ella iría con él porque nadie más se lo habría pedido.
- No he conocido a un chico menos romántico y delicado que él. Imagino cómo le habrá pedido salir a la pobre chica, sea quien sea.
- ¿Invitándola a un partido de Quidditch?
- No, yo creo que más bien le habrá dicho algo como…"Bueno, como yo sé que te gusto y tú también me gustas, no tienes más remedio que salir conmigo. Nos vemos a las 5 en la posada de Madame Rosmerta." Ése sí que sería el estilo de Ron. Me juego el cuello a que le ha dicho algo parecido.
- Seguro.
- De todas formas no lo sabremos hasta que vuelva y nos lo cuente.
- Oye Hermione…
- ¿Qué?
- ¿A ti te gustan los chicos románticos?
- ¿Por qué lo preguntas?
- Por curiosidad, pero también por lo que has comentado sobre Ron y su falta de romanticismo.
- Ah, ya.
- ¿Te gustan o no?
- Sí, pero en su justa medida porque mucha cursilería más que gustarme me cansa.
- ¿Y cómo se sabe cuándo se es demasiado o poco romántico?
- Supongo que cuando te lo dice la pareja o cuando haces algo por ella y ves su reacción. Desde luego si te pone cara rara o te habla en un tono distinto al habitual, está claro que muy cómoda o contenta no está.
- Hasta ahí llego, tan tonto no soy.
- ¿Cuándo he dicho yo que lo seas?. Sólo te estaba poniendo un ejemplo, pero no pretendía ofenderte.
- No me has ofendido. Era una forma de hablar.
- Ah, vale, entonces te malinterpreté, perdona.
- No hay por qué. Bueno, según el mapa del merodeador, en este pasillo existen tres pasadizos secretos.
- ¿Dice el mapa lo que tienen?
- No, sólo indica los pasadizos.
- ¿Muestra el tamaño?
- Sí, hay dos grandes y dos pequeños.
- Metámonos primero por el pequeño, y si da la casualidad que damos con algo peligroso podremos salir enseguida.
- Bien pensado, Hermione.- "Como siempre."- ¿ El pequeño entonces?
- Sí.
- Sígueme, es por el primer pasillo a la izquierda.
Cuando abrieron la puerta que se encontraron, lo primero que vieron al cerrarla, fue la más absoluta oscuridad.
Harry recordó de inmediato su experiencia en la pequeña alacena bajo las escaleras donde le obligaban a dormir siendo un niño de once años. Aquél sitio siempre estaba oscuro, y por mucho que lo intentara, nunca se acostumbraba.
De repente, un montón de lucecitas empezaron a flotar en el aire. Hermione no pudo evitar soltar un pequeño grito de emoción y sorpresa.
- ¡Son luciérnagas, Harry, luciérnagas. No puedo creerlo!
Ella rió entusiasmada mientras estiraba hacia arriba el brazo de su mano libre, intentando atrapar alguna.
- Oh…- pronunció ella con desilusión.- no puedo cogerlas, son demasiado pequeñas. Necesito el tarro mágico de McGonagall, pero no lo tengo.
- ¿Tanta ilusión te hace tenerlas?
- Sí, desde hace días. Ya sé que parece algo tonto o incluso infantil, pero igualmente quiero cogerlas. Ya no porque me gusten sino porque era el deseo de Megan y mío. Si las atrapo, será una forma de acordarme de ella.
- Tú ya te acuerdas mucho de ella.
- Lo sé, sólo intento decirte que coger luciérnagas tiene un valor sentimental para mí, uno muy importante que tiene relación con mi amistad con Megan.
- Comprendo.
- Pero da igual, por mucho que lo desee, sin el tarro mágico nunca podré atraparlas.
- No creas, Hermione, hay una forma y ahora la verás.
Él sacó su varita del bolsillo de su túnica y tras apuntar a unos cuantos bichitos brillantes pronunció…
- ¡Inmovilus!
De inmediato, las luciérnagas se detuvieron flotando aún en el aire.
- Ahora podrás coger todas las que quieras.
- ¡Gracias!
Ella agarró cuatro, abriendo la palma de su mano libre para enseñárselas a Harry.
- ¿No te parecen preciosas?
- Pues no, son sólo bichos y los bichos no es que me gusten especialmente.
- Ya sé que son bichos, Harry, pero no me digas que no es bonito verlos brillar en la oscuridad.
- A mí me resultan más bonitas otras cosas, Hermione.
- Bueno, pues estos bichitos, son para mí, los insectos más hermosos que existen y si no te gustan me da igual, ahora que a mí me encantan.
- Ya, eso está claro, no paras de decirlo…
- Mira Harry, mira su luz. Es como tener pequeñas estrellas en la palma de la mano. ¿No crees?
- Lo que yo creo es que eres una romántica empedernida.
- Pues sí...¿ahora te das cuenta?. Después de 7 años juntos…mucho has tardado en descubrirlo.
- Es que tú, normalmente, no das ningún signo de romanticismo.
- No se puede ser romántica yendo a clase, Harry, pero si te fijaras más en los pequeños detalles te darías cuenta que en este castillo existen muchas personas románticas además de mí.
- Eso ya lo sé, pero yo me refería a ti en concreto. El resto de Hogwarts me trae sin cuidado.
- Jijjijijiji, eres terrible.
"Soy un chico terriblemente enamorado de ti. Y tengo unas ganas locas de besarte ahora mismo, porque verte rodeada de luciérnagas brillantes, me dan ganas de eso y más cosas, pero no las haré sin tu consentimiento, aunque no puedo negar que las deseo enormemente. Merlín, Hermione, si es que con la luz de estos bichitos estás increíble, o mejor dicho…" - preciosa.- pronunció él ahora de forma audible. Ella le miró al oír aquello.
- ¿Perdón?- preguntó Hermione para confirmar si había oído bien.
- Nada.- dijo Harry, no queriendo repetirlo.
Ella agachó la cabeza volviendo a mirar las cuatro luciérnagas que aún estaban inmóviles en la palma de su mano libre. No supo por qué, pero ya no le parecían tan fascinantes como antes.
- Vámonos.
- ¿Qué?
- Que nos vayamos, quiero irme.
Ella dejó caer los bichitos, que volvieron a flotar en el aire.
- ¿No vas a llevártelos?.- preguntó él asombrado de lo que ella acababa de hacer.
- No.
- Yo creí que los querías.
- Antes sí, pero ahora no.
- ¿Por qué?
- Porque no y no pienso seguir hablando del tema. ¿Nos vamos?
Ella empezó a caminar y él, lógicamente, la siguió hasta la puerta. Harry quitó el hechizo paralizante y las luciérnagas volvieron a volar libremente por la oscuridad. Él cerró la puerta suavemente y comenzó a caminar junto a Hermione rumbo a la salida.
- ¿Pero qué te pasa?- preguntó al ver que ella llevaba varios minutos en silencio absoluto, cosa que era bastante anormal sabiendo lo habladora que siempre había sido.
- Nada.
Lo dijo en un tono tan cortante, que Harry supo sin problemas que ese "nada" significaba en realidad "todo."
- No mientas, Hermione, sé que te ocurre algo y quiero saber qué es.
- No tiene importancia, de verdad que no.
- Aún así quiero saberlo.
- Pues yo no voy a decírtelo por mucho que insistas.
- ¿Estás molesta conmigo?
- No.- "Sólo desilusionada."
- ¿He hecho algo que te ha afectado?
- Puede.
- ¿Qué fue?
- ¿Y qué más da?. Ya ha pasado.
- Hermione, quiero saberlo.
- Y yo no quiero decírtelo por mucho que insistas.
- ¡Pero es que yo necesito saber qué he hecho para que te enfades conmigo!
- ¡Pues si tú no sabes lo que has hecho, indica que hablas por hablar o que haces las cosas sin pensar. Llevo 7 años diciéndote que hay que pensar antes de hacer o decir algo. Ahora no pretendas que te diga dónde o cómo has metido la pata. Eso tienes que averiguarlo tú. Ya eres mayorcito para que yo esté continuamente pendiente de ti!
Él se detuvo bruscamente, ella retrocedió un poco debido al impulso.
- Así que es eso, hice algo que no te gustó.
- ¡Sí, lo reconozco, vale, lo hiciste. Hiciste algo pero no te lo voy a decir y no insistas más, estoy perdiendo la paciencia!
- No entiendo por qué te alteras tanto. ¿Tienes la regla?- preguntó él de forma inocente. Ella le miró como si estuviese a punto de asesinarle.
- ¿Cómo has dicho?
- Que si tienes la regla.
- ¡TÚ ERES GILIPOLLAS O TE LO HACES!. ¿QUÉ TIENE QUE VER EL PERÍODO FEMENINO CON MI ESTADO DE ÁNIMO?. ¡A VER!
- Bueno…tú me dijiste hace tiempo…cuando me hablaste de la regla…que algunas mujeres se volvían más sensibles de lo normal y que cualquier cosa las alteraba demasiado. Ahora tú has reaccionado de forma exagerada a algo que yo he hecho y no sé qué ha sido ni por qué no quieres contármelo. Así que sólo puedo suponer que te pase algo como la regla para que te portes así conmigo.
- ¡ Pues no, no es la regla. Además, si la tuviera, me verías hinchada, y ahora mismo no lo estoy!
- Bueno, eso sí es verdad.
- ¡Y alteraciones emocionales no es lo único que nos pasa, también nos da un tremendo antojo de comer chocolate, al menos a mí!
Él estalló en carcajadas, ella le miró más seria aún.
- ¡Harry, para ya, no tiene gracia!
- Perdona.- él le hizo caso, como siempre.
- Que te quede clara una cosa. Cuando una mujer se altera, no es por culpa de la regla, sino porque simplemente está dolida por algo. Y como vuelvas a soltarme otro razonamiento tan machista y retrógrado como ese, te dejo de hablar en lo que queda de día. He dicho.
- Y yo he dicho que lo siento, Hermione. No pretendía ser machista, sólo te dije lo que pensaba.
- Pues fue un pensamiento de lo más machista y tú sabes que no soporto el machismo.
- Sí que lo sé, por eso me disculpo. Sobre todo al darte una impresión equivocada.
- De acuerdo, acepto tus disculpas.
- ¿Aún quieres irte?
- Sí, además, tengo hambre. ¿Es ya la hora de la cena?
- No, aún falta media hora, pero nos vamos si tanto te apetece.
- Me apetece mucho.
- Tú camina que yo te sigo.
- ¿Qué tal tu cita?- Preguntó Hermione a Ron mientras cogía crema de calabaza con la cuchara.
- Bien.
- ¿Entonces puedo felicitarte por tener novia?
- Supongo que sí.
- Felicidades Ron.
- Gracias Hermione.
- ¿Y quién es?.- preguntó Harry mientras pinchaba patatas fritas.
- Luna.
- ¿Lunática Lovegood?- preguntó Hermione con tono incrédulo.
- No la llames así, por favor. Reconozco que está algo chiflada pero es una buena persona.
- No lo dudo.
- ¿Y desde cuándo te gusta?. Nunca me lo contaste.
- Desde el curso pasado, no te dije nada porque pensé que era algo pasajero pero cuando llegué este año y la ví, me dí cuenta que no era una simple atracción lo que sentía por ella.
- ¿Estás diciendo que te has enamorado de ella?
- Pues sí. Y por lo que ella me dijo esta tarde, al parecer siempre ha estado enamorada de mí. Se alegró mucho cuando le pedí salir hoy. Estaba tan entusiasmada que se enganchó a mi cuello de un salto y me plantó un beso increíble. Me quedé muerto de asombro, ella se disculpó pero le dije que no se preocupara porque no me había molestado. No creo que a ningún chico normal, le moleste que su chica le bese de repente.
- No, claro.- comentó Harry mirando de reojo a Hermione, pero ella estaba tan atenta a la historia de Ron, que ni se enteró.
- Entonces…ya no pasarás tanto tiempo con nosotros¿verdad?.- preguntó la castaña.
- No, pero eso no quiere decir que os vaya a dejar de lado, procuraré repartir mi tiempo con ella y con vosotros. Por mucho que me guste Luna, vosotros erais mis amigos antes de conocerla y siempre hemos sido el trío inseparable, ahora no voy a romperlo porque me haya echado novia. No sería justo.
Hermione no dijo nada, sólo se levantó lo suficiente para echar su cuerpo hacia delante por encima de la mesa darle un abrazo a Ron con su mano libre a la vez que le daba un suave beso en la mejilla.
- ¿Te he dicho alguna vez que te quiero mucho?.- pronunció ella con ternura.
Ron no pudo más que sonreír dulcemente y corresponder al abrazo.
- Sí, alguna vez me lo has dicho, aunque no tanto como me gustaría escucharlo.
- Supuse que lo sabrías sin necesidad de decírtelo con frecuencia.
- Y no me hace falta que lo hagas, Hermione, yo lo sé, pero agradezco que igualmente lo digas. Yo también te quiero mucho, siempre te he querido mucho.
Él le acarició el pelo con suavidad y ella emitió un suspiro de complacencia.
Harry por su parte, sentía que iba a reventar. Sabía que entre Hermione y Ron no había nada y que nunca lo habría, y también sabía que aquél abrazo y aquellas muestras de cariño eran normales entre dos amigos que se conocían desde hacía años.
Dos amigos como ellos, pero a pesar de saberlo, no podía evitar sentir unos celos terribles hacia Ron por el simple hecho de que la estuviera tocando y también le estuviera acariciando el pelo. Ese pelo tan alborotado y abundante que tenía ella y que para muchos era horrible pero que para él era bonito sólo por ser de ella.
Cuando Ron ladeó la cara para darle un beso en la mejilla y acariciar su espalda un poco, Harry pensó que iba a matarle o más bien echarse hacia delante y estrangularle.
"Aparta tus manos de ella, es mía."
Su lado posesivo y celoso empezaba a tomar el control pero entonces el responsable y razonable entró en acción.
"Tranquilo, no hacen nada malo. Ella también ha hecho eso contigo, tú lo sabes."
Esa opinión pareció apaciguar al lado celoso y posesivo y también al agresivo, que estaba a punto de lanzarse sobre Ron, pero optó por aguantarse.
- Bueno.- pronunció el pelirrojo separándose de ella.- Tras este bonito abrazo, me voy.
- ¿A dónde?.- quiso saber Hermione.
- A dar un paseo con Luna por los terrenos del lago. A ella le encanta ese sitio y como aún nos falta una hora antes de que nos manden a dormir, voy a aprovecharla.
- Que lo pases bien, Ron.- pronunció Harry.
- Gracias. Adiós a los dos.
- Adiós.- pronunció el moreno mientras le veía salir del comedor acompañado de Luna, que iba agarrada de su mano.
- Mierda…- dijo Hermione con fastidio.- adiós a las luciérnagas.
- ¿Pero no dijiste que no las querías?
- Eso era antes, he vuelto a cambiar de opinión.
- ¿Y eso?
- Se me ha pasado el enfado, pero sigo pensando que deberías pensar antes de hablar, al menos conmigo.
- ¿Pero qué fue lo que te dije para ofenderte tanto?
- Una mentira.
- ¿Perdón?
- Dijiste…- ella le miró ahora de lleno- que yo era preciosa y luego lo retiraste, lo que me indicó que mentías.
- ¿Cómo dices?
- Si dices una cosa y luego la niegas, quien te escucha puede pensar que no lo decías en serio y claro, puede ofenderse. No me enfadé porque me hicieras un cumplido y luego lo retirases, me enfadé porque no me gusta que hables sin pensar, Harry, o que digas las cosas por decirlas¿me explico?.
- Perfectamente.
- Entonces todo aclarado.
- Aún así no te mentí.
- ¿Perdón?
- Cuando te dije preciosa no mentía. De verdad me lo pareciste en aquél momento.
- ¿Qué momento?
- Cuando la luz de las luciérnagas te iluminó, me pareciste tan bella que esa palabra fue la primera que vino a mi mente.
- ¿Y si de verdad pensabas eso por qué lo negaste luego?
- Porque me daba vergüenza. Bueno, no eso exactamente. Más bien me daba miedo tu reacción.
- ¿Crees que me enfadaría contigo por decirme algo bonito?
- Pues sí, últimamente estás de lo más susceptible.
- Bueno, eso es verdad.
- ¿Y por qué, Hermione?
- Porque desde que sé lo que sientes por mí, no paro de comerme la cabeza y de analizar mis emociones.
- ¿Y cómo están?
- Igual de alteradas que yo.
- ¿En un buen sentido o en uno malo?
- Ambos. Todo depende de la situación.
- Ah, ya entiendo.
- Ron estará con Luna en los terrenos pero…podemos explorar otros sitios. ¿Te apetece dar un paseo nocturno?
- ¿Hoy no tienes guardia?
- Sí, dentro de dos horas, pero hasta entonces estoy libre.
- ¿Por dónde quieres ir?
- ¿Entonces te vienes?
- Pues sí, de todos modos no tengo más remedio…
- Oye, no tenemos que ir a la fuerza, sólo si te apetece.
- Sí, venga, será interesante. Cojo el mapa y nos vamos.
- No te hará falta, sé perfectamente dónde iremos.
- Entonces te sigo.
- ¿Dónde estamos?.- preguntó Harry mirando a su alrededor.- No conozco este sitio.
- Lo sé, por eso te he traído, aunque me hubiese gustado más hacerlo por la mañana, a plena luz del día es mucho más hermoso, pero tenía miedo de que se me olvidara otra vez.
- ¿Querías que viera un montón de árboles?.- preguntó él en tono de "tú estás mal de la cabeza".
- No, quería que vieras un árbol en concreto. Uno que está por…allí, cinco pasos delante nuestra.
Ellos caminaron hasta el lugar y cuando llegaron, ella usó su varita pronunciando el hechizo "Lumus", que le permitía iluminar el alrededor como si usase una linterna.
- Mira Harry, mira bien ese tronco y dime qué ves.
- Nada especial.- dijo él con sinceridad.
- Mira otra vez, un poco más arriba de tus ojos y dime qué hay.
- Parecen unas…letras.
- Correcto. ¿Puedes leerlas?.- Ella acercó más la luz de la varita, alumbrando los caracteres que estaban grabados en el tronco.- ¿Las ves?
- J.P. y L.E. para siempre.- pronunció él conforme las leía.- ¿Son siglas?
- Sí.
- De…¿mis padres?
- Efectivamente.
- Este árbol…¿es su lugar especial?
- Eso parece. Aunque yo diría más bien que es el sitio donde se juraron amor eterno, aunque suene cursi decirlo.
- No es cursi, para mí no. No hay nada cursi en mis padres.
- Oh, sí que lo hay. O mejor dicho…lo había. Si te contara todo lo que he llegado a saber de ellos y su romance, te asombrarías de lo cursi que llegaron a ser, pero supongo que es normal en una pareja enamorada.
- Tú…tú has…¿investigado a mis padres?
- Sí, hace años.
- ¿Por qué?
- Sentía curiosidad.
- ¿Y qué descubriste?
- Muchas cosas, tantas que podría aburrirte si te las contara todas.
- Hermione.- pronunció él con suavidad.- Son mis padres, y apenas los conocí. Murieron cuando yo tenía un año. ¿Cómo podría aburrirme si me hablaras de ellos?. Tengo unas ganas locas de saber lo más posible.
- Yo pensé que no todo te resultaría interesante.
- Si tú no tuvieras padres, estarías de acuerdo conmigo que hasta en el detalle más tonto, tendrías curiosidad por saber cómo fue.
- Supongo que sí, perdona, no pensé en eso.
- Cuéntame lo que sabes.
- Puedo tardar horas.
- Tengo todo el tiempo del mundo.
- Pero yo no, dentro de hora y media tengo guardia en los pasillos.
- Puedes seguir contándome cosas allí.
- ¿Tanto interés tienes?
- Como ni te imaginas.
- Entonces te las contaré.
- Gracias.
- Siéntate, Harry, y ponte cómodo.
Él obedeció de inmediato, sentándose en el suelo y apoyando su espalda y cabeza en el tronco del árbol de sus padres. Ella quedó justo delante de él.
- Cuando quieras, Hermione.
- ¿Puedo pedirte una cosa?
- Lo que quieras.
- Cierra los ojos mientras hablo y no los abras hasta que te avise.
- ¿Por qué?
- No preguntes, sólo hazlo.
Harry obedeció otra vez, cerrando los ojos y relajándose, mientras la voz de Hermione comenzaba a escucharse de una forma especial, con un tono único y determinado que usaba ella cuando le contaba algo bonito, como un cuento o una novela romántica que le hubiese encantado.
Él sintió que era eso mismo lo que escuchaba, un bonito romance entre dos personas que se enamoraron profundamente la una de la otra y que llegaron a quererse tanto y de manera tan real y pura, como pocas personas habían logrado sentir.
Conforme ella hablaba, imágenes de sus padres empezaron a aparecer en su mente. Les veía tan claro como si los tuviese delante, y en cierta manera así era porque estaban en sus recuerdos aunque él no los recordara a menudo.
- Entonces un día…- continuó ella.- Lily se dio cuenta que James no era sólo un chico problemático, sino el hombre de su vida. No sabía cómo ni cuándo se había enamorado de él, sólo sentía que lo había hecho y de una forma bastante real y profunda.
Ella no quería aceptarlo. ¿Cómo podía haberse enamorado de un chico al que reñía más que alababa?. No lo entendía por más vueltas que le daba, pero lo cierto era que ese sentimiento estaba ahí, desde hacía tiempo, sólo que había tardado en verlo.
James, sin embargo…lo sabía desde hacía mucho, años en realidad.
Pero tenía miedo, un miedo terrible de contarle lo que sentía por ella y que ella no le tomase en serio o que se burlase de él o incluso que no le creyese.
Porque él era un chico más conocido por sus bromas pesadas que por su honestidad. Así que durante un tiempo, se limitó a seguir admirándola en silencio y a tratarla como siempre. Demostrándole un interés normal, que no le hacía pensar a ella ni a nadie, que él sintiese algo más por ella que el mero sentimiento de ser una compañera más de clase.
Una noche, Lily fue castigada injustamente. Una de sus compañeras la acusó de algo que no había hecho, pero todas las pruebas la culpaban así que no tuvo más remedio que aguantarse y aceptar el castigo.
James sabía que era inocente, pero dijo que había colaborado con ella y fue castigado también. Ella se enfadó mucho con él por mentir pero él le dijo luego, que lo había hecho para poder estar con ella a solas porque necesitaba decirle algo importante.
Lily pensó que tendría relación con lo ocurrido y le dejó hablar, pero cuando él le confesó de qué trataba, ella se quedó sin habla porque él no le habló del culpable, sino de lo que sentía por ella.
Ella no quería creerlo, pensaba que él le tomaba el pelo, le acusó de querer jugar con ella, pero entonces él la besó y fue en ese momento que entre la rabia que ella sentía hacia él y el amor que le transmitió aquél beso, que Lily supo que James decía la verdad, y no sólo sus palabras, sino también sus labios, que la besaban de una forma que no habría sido posible si todo hubiese sido una broma pesada.
Un beso falso no podía transmitir tanta pureza y Lily lo sabía. Sabía que él la quería de verdad, como había asegurado justo antes de besarla, y sabía también que él y no otro, era el chico adecuado para ella.
Lily decidió arriesgarse y mandar al cuerno sus miedos e inseguridades con respecto a James. Ella respondió su beso y James supo entonces, que ella también le quería. Fue en ese preciso momento cuando ambos sintieron en su interior, que habían encontrado a su pareja y que nunca la perderían.
Ellos se hicieron pareja esa noche y no sólo en un sentido físico porque también se unieron sus almas.
Desde entonces, nadie que les viera juntos, podría decir que esa pelirroja y ese moreno fuesen el chico y la chica que durante años anteriores parecían haberse odiado profundamente.
James y Lily se juntaron en séptimo y a final de curso se casaron. La última noche que pasaron en Hogwarts, grabaron sus iniciales en el tronco del árbol favorito de Lily y se prometieron estar juntos por siempre. Pero un juramento no fue lo único que hicieron aquella noche, porque también hicieron algo que deseaban secretamente desde hacía mucho y que provocó que nueve meses después, naciese su primer y único hijo: Harry.
La prueba viva del gran amor de sus padres y un niño especial, no sólo por sus grandes poderes sino porque sería el destinado a vencer al mago más malo y tenebroso que jamás hubiese conocido el mundo mágico.
Harry era el orgullo de sus padres, pero por desgracia, no llegaron a conocerle mucho porque aquél mago malo los mató una noche.
Harry sólo tenía un año y parecía no ser consciente del peligro que corría.
Por eso, cuando Voldemort mató a James, fue a por el bebé, pero en el último momento, su madre le protegió.
Se colocó delante de él y recibió la maldición que él lanzó al pequeño. Ella murió, pero creó un escudo protector que Voldemort no esperaba y cuando él atacó de nuevo al bebé, ese escudo protector, creado por el amor y sacrificio que había hecho la madre de Harry, protegió al niño, haciendo que la maldición rebotara y le diera de lleno al quien la lanzó.
El niño quedó marcado por la maldición y la cicatriz tomó forma de rayo, la misma que tenía la maldición. A partir de entonces, el niño y el mago malo quedaron conectados pero aún así, la madre de Harry seguía protegiéndole, pues su amor aún seguía siendo un potente escudo que Voldemort no podía destruir. Ese escudo acompañó al niño hasta que tuvo once años. Edad con la que volvió a enfrentarse al mago malo, esta vez con plena consciencia de todo lo que ocurriría.
El escudo perdió su poder tiempo después, pero igualmente el niño siguió viviendo y creciendo, mientras Voldemort planeaba futuras formas e intentos de acabar con él antes de que su poder fuese demasiado peligroso para él.
Pero no podía destruirle por mucho que lo intentaba, porque Harry era un mago muy poderoso, igual de poderoso que lo fueron sus padres, pero sobre todo, no lograba destruirle porque el niño tenía in su interior un poder que él no conocía, ese poder era el amor y el amor es lo único que alguien malo y egoísta como Voldemort no puede conocer por mucho que se empeñe, porque el amor es algo que alguien malo no siente, no puede sentirlo porque si lo hiciera, dejaría de ser malo ya que el amor sólo lleva a hacer cosas buenas y puras.
El niño tiene mucho amor dentro de él, tanto que ni si quiera es consciente de todo, sólo de una parte. Pero ese todo existe, siempre ha existido.
Se lo dieron sus padres, su padrino, la familia de su mejor amigo, el director del colegio y por último…su mejor amiga, la chica que más le quiere y que ha estado siempre a su lado y seguirá estándolo aunque él no quiera, aunque se lo prohíba.
Ella no va a dejarle nunca, porque le quiere mucho, siempre le ha querido mucho, porque él también es alguien muy especial para ella, siempre lo ha sido y no sólo por ser el famoso Harry Potter, "el niño que vivió", como le dicen muchos, sino porque ante todo, Harry Potter es y será siempre su mejor amigo y sólo por eso, ella estará ahí siempre, para lo bueno y para lo malo, tal y como ha hecho desde que le conoció siendo una niña de once años y se hizo amiga suya.
Ella ha crecido, se ha hecho grande junto a él y también han crecido los peligros y problemas que rodean a Harry y a ella sólo por el hecho de estar con él, pero eso es algo que no le importa, jamás le ha importado porque lo que cuenta para ella es que él esté bien, y ella hará cualquier cosa, lo que sea, para lograr eso.
No importa si es peligroso o si su vida corre peligro por el hecho de ayudarle, eso a ella le da igual, siempre le ha dado igual. Ella sólo quiere que él sea feliz, eso tan sólo…y hará lo que esté en su mano para asegurarle esa felicidad, aunque tenga que dar su vida en el intento. Porque ella…sería capaz de darla.
Hermione se calló y se dio cuenta que Harry estaba llorando de forma silenciosa, sus lágrimas eran visibles y no sólo las de él, sino las de ella, y las vio cuando cayeron en sus dedos. Unos que usó para taparse la boca y ahogar un sollozo que quería salir, pero ella no lo permitió.
Ella pronunció su nombre y cuando él abrió los ojos y la vio con el rastro de la última lágrima, su primera reacción fue echarse hacia delante y abrazarla, apoyando su barbilla en la nuca de ella.
Hermione no dijo nada, sólo correspondió al abrazo mientras la voz de Harry se dejaba escuchar para decirle un "Gracias" tan dulce y sincero que ella sintió que la emoción volvía a embargarla, dejando salir otras pocas lágrimas que él no vio.
- De nada.- pronunció ella apoyando su barbilla en uno de los hombros de él.
- De verdad, muchas gracias. Ha sido…lo más bonito que me han contado nunca.
- ¿Qué parte?
- Todo, Hermione. Me ha encantado todo.
- Yo…me alegro.
- ¿Cómo averiguaste lo de mis padres?
- Tengo mis medios y también buenas fuentes. Sirius, Dumbledore y McGonagall son quienes me lo contaron todo en su día.
Ellos creyeron que algún día querrías saberlo pero pensaban que nunca preguntarías y cuando lo hice yo, estuvieron encantados de darme todos los detalles sabiendo que yo era tu amiga.
- Mi mejor amiga.- pronunció él suavemente acariciando su espalda con la mano libre.
- Sí.- pronunció ella dejando salir un suspiro de complacencia ante la caricia recibida.
- Y la persona que más quiero.- añadió él en un tono cariñoso que sólo reservaba cuando estaba con ella a solas.
- Yo también te quiero mucho, tú lo sabes.
- De una forma sí lo sé, de la otra…
- Aún no, Harry, pero puede que eso cambie algún día.
- Tal y como te dije antes, Hermione, tengo todo el tiempo del mundo y lo usaré para esperarte aunque sea una eternidad.
- Gracias…
- De nada.
- Deberíamos volver o llegaré tarde a la guardia.- dijo ella separándose de él hasta quedar de nuevo justo delante suya.
- ¿Pueden castigarte si llegas tarde?
- Sí.
- ¿Aunque seas prefecta?
- Precisamente por serlo se supone que no debo retrasarme, tengo que dar ejemplo.
- Tú lo has dado siempre, incluso antes de ser prefecta.
- Gracias.
- De nada, es la verdad.
- ¿Volvemos?
- Te ayudaré a levantarte.
- Gracias otra vez.- pronunció ella al ponerse en pie.
- No hay de qué.- "Es un placer para mí tocarte, aunque sea de forma momentánea."
Mientras caminaban de regreso al castillo, Harry agarró su mano, ella la aceptó y no la soltó hasta que se encontraron con los demás prefectos.
- Te toca las mazmorras, Hermione.- comentó el prefecto de Ravenclaw.- Potter, sabemos lo del Glueforte pero el que estéis pegados no te da derecho a intervenir o castigar a los alumnos. La prefecta es ella y no tú. ¿Queda claro?
- Sí.- contestó Harry mirando al prefecto con algo de recelo.
- Bien. Yo tengo la biblioteca. Hermione, si me necesitas, ya sabes qué hacer.
- Sí, gracias Charlie. No te preocupes, estaré bien, además, tengo a Harry.
- Ése es el problema.- añadió el Ravenclaw con voz desdeñosa y tras decir eso último, salió del pasillo poniendo rumbo a su destino.
- ¿Qué ha querido decir?.- preguntó Harry cuando el chico se hubo marchado.
- Nada malo.
- No soy idiota, Hermione, ese tío quería decir algo con eso de que yo era el problema. ¿Podrías contármelo?
Ella se rió un poco al ver su expresión de molestia.
- Es sólo que se preocupa por mí. Charlie sabe que los líos te acompañan siempre y como yo suelo estar contigo cuando esos líos se producen, por eso piensa en ti como un problema.
- ¿Me estás diciendo que me considera una mala compañía para ti?
- Algo así.
- Pues dile de mi parte que se meta su opinión en el culo.
- Pffjajajajajjajajaaaaaa.
- ¡No te rías, no tiene gracia!
- Pfjajajajjajajajajaa.
- ¡Hermione!
- ¡Lo siento!.- pronunció ella ahogando las últimas risas.- no pretendía reírme de ti, es que me ha hecho gracia tu reacción. Parecías celoso.
- ¿Celoso yo, del imbécil ese?. Por favor, no lo dirás en serio.
- Pues es lo que aparentas.
- ¿Por qué, por decirte que se meta su mala opinión de mí por el culo?. Eso no es estar celoso, es estar cabreado, muy cabreado. Será subnormal…mira que decir eso de mí…¡si no me conoce!
- Bueno…en cierto modo sí te conoce, porque yo le he hablado mucho de ti y de nuestras aventuras.
- ¿Y por eso me considera un peligro?
- Supongo que sí.
- ¿Para todo el mundo o sólo para ti?
- No sé, Harry. Supongo que sólo para mí.
- ¿Y no será que piensa eso porque tú le gustas y no quiere que estés conmigo?
- No creo, él sabe que tú y yo sólo somos amigos. Además, es normal que se preocupe por mí, al fin y al cabo somos compañeros.
- Pues yo creo que te ve como algo más que una simple compañera de guardia.
- Y yo creo que estás exagerándolo todo. Charlie nunca se ha comportado conmigo como algo distinto a un compañero. Digas lo que digas, yo no creo que me vea de otra forma.
- Pues yo creo que sí te ve como algo más.- dijo él con voz recelosa en un principio para luego cambiarla y tratar de imitar la voz de Charlie cuando dijo…- Llámame si me necesitas, Hermione, yo seré tu caballero de reluciente armadura.- Ella se rió con ganas, sobre todo cuando Harry añadió con su verdadera voz…- será imbécil…- y entonces se rió más todavía.
- Estás celoso, reconócelo.
- Vale, lo reconozco.
- Pero Harry…no tienes por qué estarlo.
- ¿Qué no?
- No. A mí no me gusta Charlie, nunca me ha gustado, y me da igual lo que según tú, pueda sentir por mí, no voy a salir con él por mucho que me lo pida…
- ¿Seguro que no te gusta?.- preguntó él mirándola de forma escrutadora.
- ¡No!.- contestó ella riéndose de nuevo.- te lo juro.
- Vale, me lo creo.
- Escucha...¿oyes eso?
- ¿El qué?
- Viene del fondo de las escaleras que llevan a las mazmorras.
- Pues vamos a ver qué es.
- ¿Ves?. Ya estás listo para otra aventura.
- Esto no es una aventura, es una misión de busca y captura.
- ¿Y acaso eso no es una aventura también?
- Tienes razón. Después de ti, Hermione, tú eres la prefecta.
Ella comenzó a caminar hacia las escaleras mientras Harry la seguía con una sonrisa.
- ¡Lumus!.- pronunció ella iluminando el lugar y descubriendo de paso al causante del ruido.- ¡Crookshanks!.- dijo acercándose a él y poniéndose de rodillas en el suelo.- ¿Qué haces aquí, cariño?
Harry sintió un poco de envidia de que ese "cariño" se lo llevase el gato y no él.
- Deberías estar durmiendo.- dijo Hermione acariciando la cabeza de su mascota, que ronroneó complacida para dar un salto y cobijarse en su regazo .
Por un instante, Harry deseó ser ese gato feo y que fuese él quien estuviera en aquél regazo recibiendo aquellos mimos.
- ¿Has visto algo extraño?.- preguntó ella. El gato pronunció lo que parecía un leve gruñido.- Nada¿eh?. Entonces vete a dormir.
Ella lo dejó en el suelo y el minino desapareció en dirección a su habitación de prefecta.
- No es por ofender, Hermione, pero… ¿no había otro más bonito en la tienda?.
- Ya sé que es feo, pero no fue su aspecto lo que llamó mi atención, sino su magia. Crookshanks posee un gran instinto mágico, lo supe en cuanto le ví.
- ¿Con sólo mirarle?
- No. Es que estando en la tienda, se escapó una mascota metamórfica.
El dueño del local no era capaz de encontrarla porque había adoptado la forma de una silla.
Crookshanks fue el único animal que empezó a mirar la supuesta silla. Maulló fuerte para llamar la atención del mago y cuando él se acercó, el que sería después mi gato, clavó las uñas en una de las patas de la silla y claro, la supuesta silla gritó de dolor. El dueño de la tienda le devolvió a su forma original y volvió a meterle en la jaula. Yo no tardé en preguntar cuánto costaba el gato y el mago me lo vendió encantado. Me dijo que nadie lo quería por culpa de su aspecto.
- No me extraña, mira que es feo el puñetero.
- A mí me da igual su aspecto, lo que me importa es que es capaz de ver lo que nadie puede. Y no sólo con aquella mascota, porque acuérdate que cuando estábamos en tercero y Scabbers se escapó, Crookshanks fue el único que se dio cuenta que la rata de Ron era en realidad un animago, y por eso fue que le perseguía siempre.
- Ya, eso no se me olvidará nunca. Fue gracias a tu gato que pillamos a Colagusano, aunque luego escapara.
- Bueno, míralo por el lado positivo, gracias a él conociste a tu padrino.
- Sí, eso no puedo negarlo.
- ¿Qué hora es?
- Las dos menos cuarto de la madrugada.
- Quince minutos más y podré acostarme. La verdad es que me apetece, estoy agotada.
- Sí, hoy ha sido un día de lo más completito.
- Y que lo digas, quitando el castigo de Snape y el nuevo trauma que me has causado por culpa del entrenamiento, la verdad es que me lo he pasado bien.
- ¿Todavía sigues con lo del Quidditch?. Si sólo fue un inocente vuelo en escoba…
- ¿Inocente?. Y una mierda, no me desmayé de milagro.
Él se rió, ella le miró molesta.
- Tú sigue riéndote de mí, pero igualmente te digo que el miércoles no jugarás.
Él detuvo la risa de repente.
- Yo jugaré ese partido y tú también aunque no quieras.
- Harry, no puedes obligarme a hacer algo que no quiero.
- Sí que puedo.- pronunció él de forma presuntuosa. Ella le miró con dureza.
- No, no puedes, y si lo intentas, acabarás convertido en babosa antes de que te des cuenta.
- No tendré que obligarte, vendrás por tu propia voluntad.
- ¿ Y eso por qué?
Él no dijo nada, sólo sonrió de forma enigmática y comenzó andar hacia la salida de las mazmorras.
- Harry¿qué me estás ocultando?- preguntó ella mientras le seguía.
- Nada.- Él se rió por lo bajo y ella le gruñó un poco, lo que hizo aumentar su risa.
- Creía que sólo los animales hacían eso.
- Anda y vete al carajo cordialmente, guapo.
Harry rió otra vez mientras se alegraba interiormente de que le hubiera dicho guapo.
- Son las dos, Hermione.- pronunció él subiendo las escaleras que llevaban al dormitorio de ella.
- Por fin.- pronunció ella entrando en la estancia y cerrando la puerta con un hechizo protector.- Si no me acuesto pronto, creo que me dormiré de pie.
- ¿Tan cansada estás?
- Como ni te imaginas.
- ¿Y eso?
- Demasiadas emociones fuertes en un mismo día y no me preguntes por qué, no voy a explicártelo. Sólo quiero dormir.
Él la siguió hasta la cama y en cuanto estuvieron sentados en ella, Hermione se quitó los zapatos y se dejó caer de espaldas sobre el colchón.
- ¿No vas a cambiarte?.- preguntó mirándola con curiosidad.
- No.- respondió ella con los ojos cerrados.
- Te arrugarás el uniforme.- comentó sabiendo lo muy cuidadosa que era ella siempre con sus ropas escolares.
- Al uniforme que le den por culo.- respondió con sinceridad.
Harry la miró como si no creyese lo que había oído.
- ¿Hermione?
- ¿Mmm?- pronunció ella sin abrir los ojos.
- Nada, que pases buena noche.- dijo él comprendiendo que había hablado en serio.
- Tú también.- respondió ella con voz adormilada y dejando salir un potente bostezo que ni se molestó en disimular.
Harry rió al verla bostezar pero se le cortó la risa cuando la vio acurrucarse y hacerse un ovillo. Él estaba junto a ella, a su lado, y aunque aún no se había cambiado, decidió que si ella iba a dormir así, él también podría hacerlo.
Se quitó los zapatos, el cinturón del pantalón, la sudadera de manga larga y las gafas. Apagó la luz y se acostó justo al lado de ella, quedando de cara a Hermione.
Un poco después, él sintió cómo le abrazaba ella. Si alguien le hubiese visto en aquél momento, podría decir con total seguridad que Harry Potter acababa de sonreír con tanta complacencia y tan sinceramente como en pocas ocasiones lo había hecho. Ésta era una de ellas.
Él usó su mano libre para rodearle la cintura. Tras apoyar su barbilla en la cabeza de ella, besó su cabello alborotado y cerró los ojos dispuesto a dormirse mientras aspiraba de forma silenciosa el aroma natural que emanaba de su pelo castaño. Uno que le recordó al albaricoque y él sabía que ella no usaba ningún champú con esa fragancia. La tenía de forma natural, cosa que le encantó.
Los dedos de su mano libre acariciaron su vientre aún cubierto por la ropa. Ella se estremeció un poco y él sonrió más, si es que aquello era posible.
Cuando subió la mano para tocar su cuello, Hermione tembló otro poco, él se detuvo por miedo a que despertase pero cuando la escuchó respirar de forma rítmica y pausada, supo que estaba dormida, o al menos lo parecía.
La tenía tan cerca…sería tan fácil darle un beso en los labios…
Una parte de él quería hacerlo pero otra le decía que no, porque no era correcto. Sería como aprovecharse de ella y eso no estaba bien. Además, si ella despertaba de repente y sentía que la besaba, se enfadaría mucho con él y tampoco quería eso.
Aguantándose las ganas, decidió que lo mejor era dormirse y que ya llegaría otra ocasión en la que pudiese besarla y si tenía la suerte suficiente, puede que incluso ella estuviese de acuerdo, tal y como había ocurrido esa tarde cuando estaban bajo el árbol.
"Sería su forma de darme las gracias, pero fue un beso después de todo y eso es lo que cuenta para mí."
Soltando un suspiro de complacencia, él se acurrucó contra ella todo lo que pudo mientras sentía el calor corporal que emanaba de su cuerpo femenino, envolverles.
Hermione sonrió, pero él no lo vio. Ella no estaba dormida del todo pero le faltaba poco para lograrlo.
Tener a Harry tan cerca y sentir cómo la envolvía con su cuerpo era algo más que agradable, además de que se sentía protegida y eso era algo que no experimentaba a menudo.
Sólo con sus padres y en muy contadas ocasiones. Como cuando era pequeña y tenía un mal sueño.
Su madre llegaba de inmediato a su lado y hacía lo mismo que había hecho Harry, tumbarse a su lado y acurrucarse contra ella, como queriéndole transmitir con su cuerpo adulto "no pasa nada, estás a salvo", aunque no sólo pretendía transmitírselo con su cuerpo porque también lo hacía con su boca, pues su madre se lo decía mientras la abrazaba contra su pecho.
Recordó también que su madre no era la única que se transformaba en un refugio humano, porque su padre también lo hacía. Como aquella vez cuando, teniendo ocho años, llegó a casa llorando porque dos niños de su colegio muggle se habían reído y burlado de sus colmillos largos. Su madre no estaba en casa y fue su padre quien la consoló. La colocó en su regazo y la acunó mientras le quitaba las lágrimas y le decía cosas dulces al oído. Cosas como…
" No llores más, pequeña, tú eres preciosa aunque algunos niños te digan que no. Se meten contigo porque eres diferente y lo diferente siempre asusta. Pero tú no eres fea, eres muy bonita aunque ellos no lo crean.
Mamá y yo te hicimos con mucho amor y algo que se hace con amor no puede ser feo. ¿Me entiendes cariño?"
Ella le dijo "Sí" a su padre y cuando terminó de asimilar sus palabras, se dio cuenta que la tristeza se había ido.
Recordaba también que su padre se tumbó con ella y que la abrazó contra su pecho mientras le acariciaba el pelo.
Ella se durmió igual que si le hubiesen administrado un potente sedante y en cierto sentido así había sido sólo que el sedante había sido su padre y sus bonitas palabras.
Él le contaría más tarde, que fue su madre quien los encontró así y quien la llevó a su cama, donde despertó horas después viendo cómo sus padres la contemplaban con una dulce sonrisa en la cara. Ella dijo que estaba bien y ellos la acompañaron hasta el salón, donde almorzaron en perfecta armonía.
Una que aún conservaban a pesar de que ella hubiese crecido lo suficiente para no necesitar unos cuidados como aquellos.
Hacía años que había aprendido a afrontar por sí misma sus problemas, a no huir de ellos y a plantarles cara, así como a las personas malas que querían dañarla de alguna forma.
Ella era fuerte y valiente y no se dejaba amedrentar por nada ni nadie, al menos en apariencia porque en la intimidad de su dormitorio las cosas eran distintas. Podía llorar sin que nadie lo supiese, evitando así demostrar lo frágil que era en realidad. Cuanto menos supiesen de sus debilidades e inseguridades, mejor, menos daño le harían. Si ella aparentaba ser dura y resistente, ellos no podrían con ella y terminarían dejándola por imposible, cosa que ocurría a menudo.
A pesar de todo, ella no se creía indestructible ni tampoco superior a nadie, simplemente no se dejaba influenciar por la gente o la opinión que pudieran tener de ella, aunque dicha opinión fuese negativa.
Ella no tenía por qué cambiar su forma de ser si no gustaba a la gente, tenía muy claro que si no gustaba no era problema suyo sino de los demás.
Si ella aceptaba a la gente tal y cual era, ellos también debían hacer lo mismo para con ella y si no lo hacían a ella le daba igual porque Harry tenía razón en lo que le había dicho aquella tarde bajo el árbol.
No estaba sola, tenía a mucha gente que la quería y con eso tenía bastante. ¿Qué más le daba que las demás personas del castillo no la quisieran?.
A ella eso le traía sin cuidado porque ellos no eran gente importante su vida, sólo caras y cuerpos que veía a diario. Pero su familia, Megan, Ron y Harry sí eran importantes, lo suficiente para importarle su opinión o lo que pensaban de ella. Sobre todo le importaba la opinión de alguien en concreto, un chico moreno que dormía ahora a su lado. Uno que aseguraba amarla de verdad, tal y como le dijo en su día James a Lily.
Por un instante se sintió como Lily al escuchar la declaración de James. Ella, al igual que la madre de Harry, no pudo creer en un principio, que él se hubiese enamorado de ella, pero también sabía que no era algo imposible, porque tal y como le había dicho Ginny aquella tarde, había influido tanto en Harry, habían compartido tantas cosas y le había enseñado tantísimo, que lo raro hubiera sido que él no terminase amándola.
Hermione tenía muy claro que no era tan guapa como Cho, pero si lo que buscaba Harry era un alma bonita, eso lo tenía ella con creces. Y no es que lo creyese ella, es que lo creían todos los que la conocían y trataban. Porque incluso Ginny se lo había dicho, que era una buena persona, y eso que en apariencia, Ginny no la soportaba porque le tenía celos.
Hermione sabía que ella y Ginny nunca serían amigas íntimas, pero tampoco quería que lo fueran. Ginny para ella no era más que la hermana pequeña de Ron, pero nada más. Porque para que ella pudiese considerar amiga a una chica, tenía que haber compartido con ella una serie de cosas y experiencias que nunca compartió ni vivió con la pequeña de los Weasley.
No, la pelirroja jamás sería su amiga, pero ella la trataría con amabilidad mientras Ginny no hiciera algo para provocar algo distinto a la cordialidad.
Harry se movió y la acercó más a él de forma inconsciente, parecía como si quisiera protegerla o que fuese ella quien le protegiese a él.
Igualmente le gustó la sensación que experimentó al estar tan cerca de él, encerrada en aquél abrazo apretado que su cuerpo masculino le ofrecía.
¿Qué más le daba que lo hiciera inconscientemente?. Lo importante para ella es que con Harry, al igual que con sus padres, tenía una sensación de paz y seguiridad completas y que su cuerpo masculino la protegía de todo, aunque fuese de un peligro inexistente en aquél momento. Pero esos brazos fuertes y delgados la rodeaban ahora como diciéndole "no pasa nada, estás a salvo". Tal y como su madre le dijo en aquella ocasión.
Ella le acarició el rostro y él se movió un poco. Temió despertarle así que se detuvo. Él no abrió los ojos pero ella supo que había sentido aquella caricia cuando la mano libre de él le devolvió el gesto, acariciando su cara también.
- ¿Estás despierto?.- preguntó con voz suave y baja.
Harry no respondió y ella supuso que estaba dormido tal y como aparentaba.
- Descansa, tú también lo necesitas.- pronunció dándole un beso en la mejilla, volviendo acomodarse mientras colocaba su cabeza bajo el cuello y hombro derecho de él. Colocándose de lado y dejando su mano libre en el pecho de Harry.- Gracias por todo, Harry, de verdad.
Su mano libre acarició su pecho aún cubierto por la camiseta de manga verde que se había puesto él aquella tarde.
Ella notó el calor que desprendía el cuerpo de él. La noche era calurosa y ella sabía que tarde o temprano él empezaría a sudar pero le daba igual, en aquél momento el sudor de Harry era la última de sus preocupaciones y las que tenia que no eran muchas, le parecían más importantes que el hecho de que él necesitase un baño cuando despertase.
Además, oler como Harry tampoco sería un problema, él sería el único que la olería y de momento no se había quejado y Hermione dudaba de que alguna vez lo hiciera, se había vuelto demasiado considerado con ella como para quejarse de algo así.
"Y todo porque le gusto.".- Se dijo ella mentalmente.- "Bueno, me da igual el por qué, pero tengo que admitir que me gusta el cambio. Prefiero al Harry de ahora al de antes, aunque a veces me entren ganas de taparle la boca. Y eso que yo creía ser pesada por hablar mucho…pues me parece que en cuestiones de habla, me ha superado con creces."
- Me da igual lo cambiado que estés o lo charlatán que te hayas vuelto.- dijo ahora de forma audible pero usando todavía el tono bajo.- Me gustas así.
Ese "Me gustas así" debió de escucharlo él porque a pesar de estar dormido, la abrazó un poco más, y ella no pudo evitar sonreír cuando notó cómo él abrazaba su espalda a pesar de no ser consciente de hacerlo. Cosa que la sorprendió pues parecía como si el cuerpo de Harry fuese capaz de percibir lo que ella decía o sentía por él a pesar de que su mente se encontrase ahora en el reino de Morfeo. Uno que le brindaría un buen sueño ya que se le veía relajadísimo.
Fue entonces que recordó lo que él le dijo tras despertar bajo el árbol.
"Cómo no voy a estar a gusto estando contigo."
- Si sólo estando conmigo puedes dormir bien, prometo dormir contigo todo lo que haga falta hasta que me digas que las pesadillas han dejado de aparecer.- Acercándose a su oído, pronunció suavemente…
- Voy a cuidar de ti siempre, como siempre he hecho. No importa lo que pase entre nosotros, yo siempre estaré ahí, te lo prometo. No tienes nada que temer, conmigo estás a salvo, siempre lo estarás, Harry, siempre. Porque te quiero mucho, siempre te he querido mucho y nunca dejaré de hacerlo.
Quiso darle otro beso en la mejilla pero sus labios aterrizaron en otra superficie, su boca, aunque no fuese esa su intención.
No supo si fue él quien se movió en el último momento o si fue ella que no calculó bien pero cuando se dio cuenta que fueron los labios de Harry y no la mejilla lo que besó, Hermione se percató que en vez de asustarse o sorprenderse, sintió una extraña calidez que le gustó sobremanera.
Estuvo a punto de besarle otra vez para comprobar si volvía a sentir lo mismo pero no lo hizo, algo en su interior le dijo que si debía volver besar a Harry, tenía que hacerlo cuando tanto él como ella fuesen conscientes de aquél beso.
- Buenas noches, Harry.- pronunció volviendo a esconder su rostro entre su cuello y hombro derecho.- Te veré por la mañana.
Tapándose un poco con la sábana, cerró los ojos esperando el nuevo día, mientras esperaba que el sueño volviese a invadirla y rememorando a la vez, la bonita sensación que había tenido al besarle.
Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue dos preciosos ojos verdes mirándola con atención, como si llevasen horas contemplándola.
- Hola.- dijo él suavemente.
- Hola.- respondió ella de igual forma.
- ¿Has dormido bien?
- Como un tronco. ¿Y tú?
- Sí, no puedo quejarme, aunque no me siento el hombro derecho.
- Perdona, es culpa mía. Me dormí sobre él, enseguida me aparto.
Ella intentó alejarse, pero él la detuvo.
- Ni se te ocurra.
- Pero Harry, debes estar incómodo. Tu hombro ha soportado el peso de mi cabeza toda la noche, por eso se ha dormido. Déjame apartarme.
- No.
- No voy a irme si es eso lo que te preocupa.
- No es eso.
- ¿Entonces qué?
- Que quieras apartarte cuando tú misma has reconocido que quisiste dormir así. Tendré el hombro dormido, pero no me duele. Y creo que no te he pedido que te quites, así que no lo hagas.
- ¿De verdad no te molesto?
- ¿Molestarme?. Hermione por favor, debes estar bromeando. ¿Cómo va a molestarme que quieras estar cerca de mí?. Tú estás mal de la cabeza.
- Tengo la cabeza perfectamente.
- Pues no lo parece, mira que preguntarme eso sabiendo lo que siento por ti…
- Es sólo que no quería molestarte.- pronunció ella agachando la mirada un poco.
- Tú nunca me molestas, bueno, casi nunca, porque cuando voy al baño sí, pero tampoco es insoportable.
- Suerte que se inventó el "desmaius". ¿Verdad?
- Sí. ¿Y a qué se debe que te durmieras en mi hombro?.- "Tengo curiosidad".
- No sé, me apetecía.
- ¿Quieres decir que de verdad querías estar así de cerca mía?
- Sí. ¿Qué tiene de raro?. No es que nunca lo haya estado.
- Durmiendo no. Sólo en los momentos…tensos, por así decirlo.
- Oye, en los alegres también. ¿O se te ha olvidado el gran abrazo que te di el año pasado cuando ganasteis la copa de Quidditch? Y si mal no recuerdo me dijiste que por poco te rompí la espalda.
Él se rió un poco recordando aquello.
- Es que exageré un poco, aunque sí me hiciste algo de daño. A veces creo que tienes una fuerza sobrehumana.
- ¿Yo?. Qué va, no tengo ni media bofetada.
- Jaja…muy graciosa, señorita Granger. Digas lo que digas, yo sé que eres fuerte.
- Sí bueno…puede que no levante pesas de 1000 kilos, pero seguro que podría hacerte daño si de verdad lo quisiera.
- ¿Cómo cuándo por poco le partes la nariz a Malfoy cuando estábamos en tercero?
- Por ejemplo.
- Menudo puñetazo le diste, creo que es uno de los recuerdos más alegres de mi juventud.
- Ni que fueras un viejo ahora.
- No, pero sí más mayor.
- Sólo tienes dieciocho años.
- Y tú los cumplirás dentro de pocos días.
- Pues no pienso celebrar nada hasta que nos despeguemos, pero si mis cálculos no fallan, lo estaremos antes de mi cumple.
- ¿Esa cabecita tuya nunca deja de pensar cosas?
- Jamás. ¿Qué le hago?. Yo soy así.
- Y no lo querría de otra manera.- él la cobijó bajo su cuello y acarició su cabello, ella sonrió complacida sin que él la viera.
- Harry…
- ¿Qué?
- ¿De verdad te gusto tal y como soy?- preguntó ella algo insegura.
- Pues claro. ¿Es que no te lo he demostrado ya?.- respondió él con voz suave y dulce.
- Sí pero…
- Pero qué, Hermione.
- Aún me cuesta creer que pueda gustarte por mí misma. Me refiero a…que no soy perfecta, tengo muchos defectos, unos que algunas personas encuentran insoportables. ¿Por qué tú no?
- Quizás porque llevo tantos años contigo, que esos defectos me parecen normales. O a lo mejor es que son tan poco importantes para mí, que ni los cuento.
- Creo que lo entiendo.
- Como si hubiera algo que no entendieses. Siempre has sido inteligentísima.
- Hay cosas que no comprendo, Harry, a pesar de lo lista que pueda parecerte.
- La más lista de todas las chicas que he conocido, aunque tampoco he conocido muchas.
- Será porque no has querido, porque mira que tienes admiradoras…
- Chicas que sólo aprecian mi fama, no a mí.
- Podrían hacerlo si las dejaras acercarse lo bastante como para conocerte.
- No quiero que me conozcan.
- ¿Por qué?. A lo mejor encuentras alguna que te guste.
- La única chica que me gusta, ya me conoce lo suficiente.
Hermione volvió a sonreír al escuchar aquella respuesta.
- ¿Es una chica que lleva siete años contigo?
- Sí.- dijo él, ella pudo intuir la risa que ocultaba aquella respuesta.
- ¿Una que tiene un pelo horrible?
- Qué va, es bonito lo que pasa es que tiene mucha cantidad.- comentó él pasando su mano libre por su melena castaña.
- La suficiente como para que no lo pueda peinar fácilmente.- dijo ella sonriendo.
- Ya ves tú, como si eso fuese un problema para que alguien se fijase en ti.
- ¿Alguien como tú?
- O como cualquier otro chico de este castillo.
- Pues que yo sepa, no se me ha acercado ninguno. Sólo los que según tú, quisieron burlarse de mí.
- Esos no eran chicos, eran cabrones y a los cabrones no hay que tenerlos en cuenta.
- Eso mismo dice Megan.
- Porque es verdad.
- Tienes el pelo hecho un desastre.- pronunció ella riendo por lo bajo y acercando los dedos de su mano libre a su flequillo.
- Es así desde que recuerdo. Déjalo, Hermione, no tiene solución. Por mucho que lo intentes, no se dejará peinar.
- Eso es lo que más me gusta.
- ¿Qué no pueda peinarme?
- No, que tu pelo sea un reto constante para mí y debo añadir…que siempre me han encantado los retos.
- A mí también.- comentó bajando un poco la cabeza para que ella alcanzase mejor su cabello negro.
- Ya está, flequillo colocado.- pronunció ella en tono triunfante.- te dije que lo conseguiría.
- ¿Hay algo que no puedas hacer?
- Volar.
- Usa una escoba, es fácil.
- Qué manía con eso. ¿Cuándo entenderás que me dan pánico las alturas?. Da igual que esté sobre una escoba voladora o una escalera normal, la cuestión es que no puedo soportar dejar el suelo.
- Pues en tercero te subiste conmigo en un hipogrifo.
- Eso fue distinto, teníamos una misión que cumplir.
- Misión que tú solita decidiste llevar a cabo. Te recuerdo que fuiste tú la que usaste el giratiempo para que pudiésemos salvar a Sirius.
- Y volvería a hacerlo si fuese necesario. Sobre todo sabiendo lo muy importante que era él para ti.
- ¿Por qué, Hermione, por qué te empeñas tanto en cuidar de mí y en conservar todo lo que me importa?
- Porque sé que eso te hace feliz.- dijo ella con sinceridad.
- ¿Tú quieres que sea feliz?
- Por supuesto. Creo que es algo normal siendo tu amiga.
- La única que he tenido y pienso tener.
- Sí, vamos, que no vas a tener más amigas aparte de mí.
- No.
- ¿Por qué?
- Porque no llevan media vida conmigo, tú sí.
- Te voy a decir lo mismo que mis padres: No voy a vivir eternamente.
- Ni yo.
- Y por eso debes buscar más personas que te quieran aparte de mí.
- ¿Tú me quieres?.- preguntó él en un tono que indicaba claramente un sentido distinto al amistoso.
Ella lo intuyó, intuyó el trasfondo de aquella cuestión, pero no quiso entrar en el juego, no de momento.
- Qué pregunta, por supuesto que sí, Harry, y tú lo sabes.
- Yo lo decía en otro sentido.
- Lo sé, pero no me hagas decirlo otra vez.
- Entiendo.
- No, no lo entiendes. Porque casi a diario me haces la misma pregunta y yo ya no sé cómo decirte que no quiero decir "sí" a algo que no estoy segura de sentir. ¿Cuándo entenderás que no quiero jugar contigo?.
- Eso lo entiendo, Hermione. Desde el primer día que me lo dijiste.
- Entonces deja de presionarme tanto. Al final vas a conseguir que me harte y te mande al carajo, y esa vez no será de manera cordial.
- ¡No, eso no!
- Pues no me preguntes lo mismo todos los días, me agobias mucho cuando lo haces.
- Perdona, no era mi intención.- dijo él con voz sincera.
- Ya sé que no, pero igualmente lo haces. Te voy a decir algo que ya te dije en otra ocasión, Harry, cuando esté segura de lo que siento por ti, si es lo que tú esperas, te lo demostraré de tal forma que no te quedará duda alguna de lo sincera que seré con respecto a eso.
- Te creo. Siempre lo he hecho es sólo que…
- Que te cuesta esperarme, ya lo sé.
- ¿Lo sabes?
- Pues claro. No eres el único que has sentido algo así. Cuando se desea mucho una cosa y se tarda en conseguirla por la razón que sea, la espera se convierte en algo insoportable o incluso insufrible. Se pasa mal¿verdad?
- Mucho.
- Y es porque son más potentes las ganas de tenerlo que las posibilidades de conseguirlo.
- Efectivamente.
- Es igual que cuando quieres comprarte algo carísimo y sabes que tardarás mucho en poder hacerlo, sobre todo si no eres rico.
- Yo sí, gracias a mis padres y su herencia.
- La cuestión es, que por muy imposible que parezca, al final se consigue, sobre todo si se desea de verdad.
Harry la miró de forma significativa al oír lo último.
- ¿Quiere eso decir que llegará un día en que te enamorarás de mí?
- Sí.- dijo ella con sinceridad.
- ¿Un día lejano o cercano?
- No lo sé, pero puede que no sea tan lejano como imaginas.
- Hermione… ¿Es eso una indirecta?
- No, es un hecho posible. Lo único que intento decirte es que empiezo a verte como…
- ¿Algo distinto a tu mejor amigo?
- Sí y no.
- Explícate.
- Aún eres mi mejor amigo, y eso sigue predominando sobre otros sentimientos nuevos que empiezo a tener respecto a ti. Pero también es verdad que ya te veo más como un chico, antes no me ocurría eso.
- Creo que te entiendo. Te refieres a que me veías más como un hermano que como alguien del sexo masculino. ¿Verdad?
- Correcto. Eso es lo que pasa por pasar años junto a una persona que tiene una estrecha relación contigo y que no es de tu familia.
- Pues para mí, tú y Ron sois mi única familia. Sobre todo desde que perdí a Sirius en quinto año.
- Algo que de verdad lamento, sobre todo no haber podido hacer algo para evitarlo.
- No podías por mucho que lo quisieras, estabas peleando contra los mortífagos.
- Igual que tú.
- Y que Neville y otras personas que estaban allí.
- Aún así me habría gustado intentar algo pero cuando le ví pasar a través del velo supe que ya no volvería.
- Una parte de mí aún piensa que lo hará. Recuerdo que se escuchaban voces tras el velo.
- Voces de gente muerta.
- ¿Tú crees?
- Sí y no me preguntes cómo lo sé. Lo único que puedo decirte es que la primera vez que entramos en aquella sala y escuché aquellas voces, tuve un mal presentimiento, uno que se cumplió cuando Sirius murió.
- ¿Intuiste que era un velo mortal?
- Sí, fue algo que sentí con total claridad. Por eso te insistí tanto en dejar aquella sala cuanto antes, lo que nunca llegué a sospechar es que terminaríamos luchando en aquél lugar.
- Bueno, nadie puede saber todo lo que va a ocurrir.
- Se supone que los videntes sí.
- Pero tú no crees en ellos.
- No, todos los que he conocido, han sido unos farsantes.
- ¿Nos duchamos?. Tengo un calor tremendo.
- Claro, esta noche ha hecho mucho calor y eso unido a que has dormido con la ropa puesta y que no era precisamente fresca, es lo que ha ocasionado que ahora te estés asando.
- Pues sí. Y por cierto, tú también has dormido sin cambiarte, seguro que también tienes calor.
- No tanto como tú porque mi uniforme es más fresco que lo que tú llevas. Yo llevo falda y tú no.
- Pues la pobre ha quedado hecha una pena.- comentó él bajando la mirada y viendo lo arrugada que estaba.
Aunque no fue eso lo único que vio, pues pudo apreciar una buena vista de sus bonitas piernas ya que la falda se había subido lo suficiente como para mostrar sus muslos, unos que a Harry le parecieron perfectos y unos que ella no había ocultado de la vista de él porque no se había fijado en el detalle de la falda descolocada y él desde luego, no iba a decírselo, pues prefería disfrutar de aquella bonita vista un poco más.
- Tus pantalones también están arrugados.- dijo ella echándoles un vistazo.
- Me da igual como estén, aún sirven.
- En otra ocasión quizás, ahora tienes que ponerte el uniforme. Tenemos clase a las nueve. Vuelve a ser Lunes.
- Ya, ya, otra vez aguantando lo mismo. Clases aburridas, profesores desagradables, bla bla bla.
Ella rió al escuchar su tono desilusionado.
- No todo es tan malo, al menos en Historia de la Magia puedes distraerte un poco. Te recuerdo que la imparte un profesor fantasma que no despega la vista del libro en toda la hora de clase.
- Eso le quita emoción al hecho de portarse mal.
- Eres incorregible.- añadió ella riendo por lo bajo.
- Pues claro, soy un Potter. Me viene de familia.- pronunció él con tono orgulloso.
- Ya lo sé.- dijo ella riéndose otra vez.- Tu padre era tremendo. Menudos disgustos le dio a tu madre cuando era prefecta.
- Igual que tú lo eres ahora.
- Sí. La única diferencia con tu madre y yo…
- ¿Es que ella se enamoró de mi padre y tú no de mí?
- No. La diferencia entre ella y yo es que ella intentaba cambiar a tu padre para que no fuese tan…
- ¿Gamberro?
- Sí, pero yo no necesito hacer eso contigo. Tú no eres un gamberro, sólo un chico muy curioso amante del riesgo.
- Bueno, yo no gasto bromas pesadas a la gente, eso sí es verdad, pero tienes que reconocer que no puedo evitar meterme en líos, y eso es algo que sí comparto con él.
- Cierto. Pero yo no tengo por qué llamarte la atención cuando te ves en uno porque normalmente yo también me veo implicada lo quiera o no.
- ¿Te molesta eso?
- ¿El qué, meterme en líos contigo?
- Sí.
- Al principio de conocerte…sí me molestaba, pero hace muchos años que terminé aceptándolo.
- ¿Aceptaste que no podrías evitar meterte en líos si estabas conmigo?
- No, acepté que los líos siempre te perseguirían hicieras lo que hicieras. Porque es verdad que hay veces que no los buscas, más bien te los busca otra gente.
- Muy cierto.
- Bueno, tras esta interesante charla, creo que debemos levantarnos. No eres el único que necesita ducharse. Por cierto¿qué hora es?.
- Las siete.
- Una hora perfecta para empezar el día.- Ella intentó incorporarse pero él le dio un tirón en la muñeca para llamar su atención.- ¿Qué?
- Nada, que acabo de darme cuenta que tienes unos pelos terribles recién levantada.
- ¿Cómo?.- dijo ella de forma incrédula y cuando él estalló en carcajadas, ella no pudo evitar reírse también.- Debería darte un almohadazo por lo que me has dicho, pero no lo haré porque sé que es verdad. Y sólo para que lo sepas, señor Potter, tus pelos tampoco están para salir en una foto ahora mismo.
- ¿Y qué?. A ti te gustan igualmente¿no fue eso lo que dijiste antes?
- Sí, si mal no recuerdo.
- Entonces me da igual el aspecto que tengan.
- ¿Vamos a seguir hablando de tus pelos o me vas a hacer el favor de venir conmigo a la ducha?
- Pues claro, no me perdería esa ducha por nada del mundo.
A pesar de que él lo dijo con total naturalidad, Hermione sintió algo nuevo, como una especie de deseo tremendo por el hecho de que él volviese a estar con poca ropa frente a ella. Eso fue algo que la descolocó un poco, pero supuso que era algo normal sabiendo como sabía ya en su interior, que él le gustaba muchísimo, al menos físicamente, porque en otros aspectos distintos a ese y al amistoso, aún no tenía las cosas demasiado claras.
- Venga, Harry, o se nos hará tarde.
Ella le dio la mano libre, él la agarró sin dudarlo y se levantó sin dificultad.
Tras coger lo que necesitaron, Harry se dirigió a la puerta y la abrió.
- Después de ti, señorita Granger.
- ¿Y eso por qué?
- Porque las damas van primero. ¿No?
- Sí, al menos eso dice el protocolo.
El baño transcurrió con normalidad, salvo por el hecho de que Hermione empezaba a sentir cosas que antes no había experimentado con tanta claridad como en aquella ocasión.
Decir que sentía mariposas revolotear en su estómago cada vez que él la tocaba, era decir poco porque lo más correcto sería decir que le daban unos calores internos tremendos o que se imaginaba así misma saltando sobre él y comiéndoselo a besos.
Ella supuso que todas esas sensaciones y deseos sólo indicaban una cosa que ya sabía, que él le gustaba muchísimo, pero tenía que admitir que antes era una admiración más personal que carnal y vaya deseos carnales que empezaba a tener…
Cuando contemplaba su torso, se imaginaba tocándolo por todas partes.
Si por ejemplo se fijaba en su trasero cubierto por el bañador, pensaba qué tacto tendría sin ropa que lo cubriera.
Y si por casualidad miraba sus labios, no podía evitar sentir la tentación de probarlos inmediatamente, y eso que ya lo había hecho en anteriores ocasiones, sobre todo cuando era él quien la besaba de forma repentina.
Por primera vez en días, Hermione sintió unas ganas locas de ser ella quien le besara por sorpresa, pero no iba a hacerlo en aquél baño por muy sensual o erótico que fuera aquél entorno.
"Esto es igual que hacer el amor por primera vez. Se debe hacer de pleno consentimiento y porque se sienta de verdad. Además, después de decirle que aún no lo tenía claro, ahora no puedo besarle de repente. Una cosa es el deseo y otra el amor, o al menos eso es lo que me dijo Megan.
Yo creo que antes de cruzar la línea y meter la pata si me dejo arrastrar por ese deseo, debo pensar muy bien cómo podría afectarle a Harry el hecho de besarle sin él esperarlo o sin decirle nada. Mal, muy mal, eso seguro. Él no se merece eso. A la mierda el deseo."
- Harry, vámonos.- pronunció ella con decisión.
- Espera que me enjuague el pelo.
Una vez hubo acabado, salieron del baño y volvieron a la habitación de Hermione para cambiarse las ropas. Tras usar el desmaius, se vistieron con rapidez para poner rumbo a la primera clase de la mañana, cuidado de criaturas mágicas con su buen amigo Hagrid.
- Buenos días, alumnos de séptimo.- comentó el semigigante en tono alegre.- Vamos a empezar con un pequeño repaso de las criaturas mágicas más importantes que habéis estudiado conmigo. Comenzaremos con el hipogrifo. Harry, si eres tan amable, explica a la clase cuál es la clave para conseguir su atención.
- Ser amable y tratarles con respeto.
- ¡Muy bien, 100 puntos para Gryffindor!
- ¡No es justo, siempre favorece a la casa de Potter!.- gritó Malfoy a pocos pasos de Harry y Hermione.
- ¿Quiere probar usted, Señor Malfoy?. Demuéstrenos lo que sabe. Díganos cuál es el secreto para dominar a los escregrutos de cola explosiva.
- No…no me acuerdo.
- Entonces no habrá puntos extras para Slythering, qué pena.- Por el tono en que lo dijo Hagrid, estaba claro que no lo sentía en absoluto.
- Asqueroso semigigante…- pronunció Draco por lo bajo.
Harry le miró con asco, el rubio le hizo un gesto de burla.
El moreno estuvo a punto de sacar la varita para atacarle, pero el suave apretón que le dio Hermione a su muñeca libre, le hizo contenerse.
Malfoy miró a la castaña e hizo el gesto de vomitar.
Harry volvió a intentar sacar la varita pero ella pegó su espalda al pecho de él y le agarró la cintura, impidiéndole así el movimiento corporal.
El Slythering se rió y pronunció "patético" en un tono discreto pero lo suficientemente audible para que lo escuchasen los dos amigos.
- Déjame, Hermione, déjame que le de su merecido.
- No, eso es lo que quiere. Provocarte para que armes un lío y te castiguen, no le des el gusto de salirse con la suya.
- Pero mírale, no para de burlarse.
- ¿Y acaso eso es nuevo para nosotros?
- No, pero…
- Pero nada, Harry. Como le ataques me enfadaré mucho contigo. ¿Quieres eso?
- No.
- Entonces hazme caso, por favor.
- Está bien.
Ella se giró y le encaró, se puso de puntillas y le dio un suave beso en la mejilla. La mirada dura de Harry se suavizó de inmediato.
- Asegúrate de lavarte la cara, Potter, no vaya a ser que te peque algo infeccioso.- pronunció Malfoy con claro despecio.
- Será cabrón…- masculló Harry por lo bajo.
- ¿Y a ti qué te importa lo que pueda pegarle, o es que te da rabia que sea cariñosa con él, preferirías que lo fuese contigo?
Tanto Harry como Draco e incluso Hagrid, se quedaron mudos al escuchar las palabras de Hermione, dichas en un tono alto y claro.
- ¿Yo, querer cariño tuyo?. Antes muerto que dejar que me toques.
- Menos mal, Malfoy, por un momento llegaste a preocuparme. Si llegas a decir que quieres un beso mío habría pensado que perdiste la cabeza aunque muy centrado no has estado nunca.
- ¡Puta, pagarás por esta ofensa!.- el rubio se acercó a ella y empuñó su varita pero Hagrid reaccionó a tiempo, colocándose entre ellos.
- ¡Señor Malfoy, contrólese. No toleraré este tipo de comportamiento en mi clase. Otra falta de respeto como esa y me aseguraré personalmente de llevarle al jefe de su casa para que le de su merecido!
Draco bajó la varita y volvió a reunirse con sus compañeros pero no antes de añadir por lo bajo…
- Nos volveremos a ver, sangre sucia. Esto aún no ha terminado.
- Cuando quieres y donde quieras, Malfoy, allí estaré.- pronunció ella desafiante. El rubio la miró con asco y se alejó.
Cuando la clase terminó, tanto Harry como Hermione pusieron rumbo al castillo pero a un paso más lento que los demás.
- ¿Por qué vamos tan despacio?- preguntó el moreno.
- Porque no quiero darle a Malfoy la oportunidad de hacernos alguna jugarreta.
- No puede, Hagrid va con él. Lo más seguro es que lo escolte hasta su próxima clase. Algo que por otra parte no suele hacer él normalmente.
- Es una suerte tenerle como amigo. ¿Verdad?
- Sí. ¿Viste la cara de Draco cuando se le puso delante?. Creí que se mearía encima.
- Bueno, es que tener a un semigigante mirándote con cara non-grata no creo que deje indiferente a nadie. Hasta yo me habría asustado…
- ¿Qué tenemos ahora?
- Encantamientos. Luego tú tienes adivinación y yo Aritmancia.
- ¿A la misma hora?
- Sí.
- Entonces me saltaré adivinación. Forma parte de tu castigo ir a todas tus clases. ¿No?
- Efectivamente.
- Bueno, por un día que no vea a Trelawney no creo que me suspenda.
- ¿Por qué sigues en esa asignatura?. Creí que no te gustaba.
- Y no me gusta, pero es la única clase donde puedo relajarme.
- Con tanto incienso y hierbas aromáticas no sé cómo no terminas colocado perdido.
- Pfjajajajajjaaaa.
- Tú ríete todo lo que quieras, pero a veces pienso que las ocasionales predicciones de Trelawney son fruto de un fuerte colocón.
- Yo también lo he pensado pero sé que es vidente aunque sólo sea muy de vez en cuando. En tercero tuvo una premonición estando yo y ella solos en el aula.
- ¿Y se cumplió?
- Por lo que recuerdo sí.
- ¿De qué iba?
- Da igual, ya es agua pasada. ¿Entramos?. Quizás Flichwick nos diga cómo deshechizarnos.
- Creí que no querías separarte de mí antes de tiempo.
- Y no quiero, pero lo de antes con Malfoy me ha hecho replanteármelo.
- ¿Y por eso quieres romper el hechizo, para poder darle una paliza sin que yo te detenga?
- Sí. ¿Tan malo es eso?
- No, malo no. Más bien normal siendo tú un chico. Os puede la testosterona, eso es una verdad universal.
Harry le abrió la puerta con amabilidad.
- Después de ti, señorita Granger.
- Gracias, señor Potter.- ella agradeció el gesto con una caricia en su mejilla. Él sonrió complacido.
Tomaron asiento cerca de Flichwick y escucharon con atención el comienzo de la clase. Una vez hubieron terminado, se dirigieron a clase de Aritmancia, la asignatura favorita de Hermione y la que más detestaba Harry después de pociones.
- Te lo juro.- pronunció él cuando salieron del aula.- otro día escuchando adivinación por medio de números y soñaré con ellos.
Ella rió con ganas.
- Eres un exagerado.
- Sí, claro, como a ti te encanta esa asignatura…
- Igual que a ti el deporte del Quidditch. Yo no lo encuentro nada interesante y a ti en cambio te apasiona y no entiendo por qué. Si tiene más peligro que cosas buenas o instructivas.
- Es que sentir el viento en la cara es genial, además, eso de hacer piruetas en el aire o bajar en picado es lo más alucinante que he sentido en mi vida.
- Digas lo que digas no conseguirás convencerme. El día en que yo llegue a amar el Quidditch como tú, me pellizcaré para comprobar que no estoy alucinando.
- Si llega ese día seré yo el primero que alucinará.
- Por cierto¿por qué no le has preguntado a Flichwick lo del hechizo?. Creí que querías despegarte hoy.
- Es que lo he pensado mejor.
- ¿Ya no quieres darle una paliza a Malfoy?
- Sí, pero eso puedo hacerlo después del hechizo. Prefiero disfrutar los días de convivencia que nos quedan antes del viernes.
- Contando con hoy, nos quedan cuatro.
"En cuatro días pueden pasar muchas cosas, Hermione. Cosas geniales para mí, sobre todo si tus sentimientos siguen cambiando a mi favor. Me pregunto qué ocurrirá si te beso. A lo mejor esta vez no te enfadas conmigo."
- Oye…
- ¿Qué, Harry?
- Si te besara ahora…¿te enfadarías?
- ¿Cómo dices. Y por qué querrías besarme ahora?. Estamos en medio del pasillo donde cualquiera puede vernos.
" No me has dicho que no te bese, sólo me estás planteando lo inoportuno del sitio. Lo que quiere decir…que no te desagrada la idea."
- Bueno, eso es verdad. Pero no hay nadie cerca de nosotros.
- Eso sí.
- ¿Entonces, puedo besarte?
- ¿Por qué?. No hay ningún motivo para hacerlo.
- El motivo es que me apetece, Hermione.
- Pues a mí no.- "En realidad sí, cualquier momento es bueno estando contigo pero…besarte sólo hará que me confunda más."
- Comprendo. Entonces no te lo volveré a pedir por el momento pero…
- ¿Qué?
- Si por un casual, fueses tú quien quisiera besarme…
- ¿Te enfadarías si lo hiciera?
- No, qué va. Sólo te pido que no me pidas permiso para hacerlo.
- ¿Perdón?
- Que me beses sin consultármelo.
- ¿Y eso por qué?
- Porque prefiero no saberlo, me gustan las sorpresas.
- Pues yo pensé que lo de besarse era cosa de dos, y que por eso, había que pedir permiso.
- ¿Y eso quién lo dice?
- ¿Todo el mundo?
- Yo no conozco a nadie que piense así.
- Pues yo sí, todas las personas de mi entorno muggle opinan eso.
- ¿Tu familia y Megan?
- Sí.
En ese momento, él tiró de ella y la arrinconó contra una esquina de la pared. El pulso de Hermione se aceleró de forma inmediata.
- ¿Qué estás haciendo?
- Calla, habla bajo, Malfoy está justo al lado.
- No le veo.
- Está al otro lado de la pared. Quiero saber si planea algo.
- ¿Y para qué?. No podrás hacerle nada estando conmigo.
- Ya lo sé, pero igualmente quiero enterarme, así estaremos en preaviso.
- Verdad.
- Shhhh, creo que está diciéndole algo a Crabe.
Hermione y Harry concentraron toda su capacidad auditiva en intentar escuchar lo que los dos Slythering comentaban, pero era difícil pues ellos también hablaban en voz baja. Sólo consiguieron escuchar cosas sueltas, como…
- ¿Seguro que funcionará?.- preguntó la voz de Crabe.
- Por supuesto, mi padre lo ha usado muchas veces cuando ha querido hacer algo de forma…encubierta.
- ¿Pero y si no funciona y Potter o Granger te delatan?
- Lo arreglaré de tal modo que serán incapaces de creerle.
- Si tú lo dices…
- ¿Cuándo piensas hacerlo?- preguntó ahora Goyle, el otro amigo de Malfoy.
- El fin de semana, puede que el viernes o sábado, no lo sé aún.
- Para ese día ya estaremos separados.- dijo Hermione por lo bajo, pero Harry le puso un dedo en la boca para hacerla callar. Ella obedeció de inmediato, mientras sentía las mariposas revolotear nuevamente en su estómago.
- Tenemos que tener cuidado, Malfoy, esto es demasiado arriesgado.- pronunció de nuevo Goyle.
- ¿Y cuándo hemos hecho cosas sin correr algún riesgo?
- Nunca, pero esto es diferente.- añadió Crabe.- Él tiene razón, hemos de ser cuidadosos.
- Ya lo sé, estúpido. Y ahora vámonos, tenemos pociones dentro de diez minutos.
- Con Gryffindor, como siempre. Odio esa estúpida casa y sus estúpidos estudiantes.- dijo Goyle con asco.
Malfoy y Crabe se rieron mientras se alejaban. Sólo cuando sus pasos y risas dejaron de ser audibles, Harry y Hermione salieron de su escondite.
- Así que planean hacernos algo.- dijo él.- Ya sabía yo que Malfoy no se conformaría con la simple riña de Hagrid.
- Bueno, tal y como le dije antes en los terrenos…donde quiera y cuando quiera, allí estaré.
- Yo también.
- Además, repito lo que te he dicho, si lo hace el viernes o sábado nos vendrá hasta bien, porque para entonces ya estaremos deshechizados y podremos movernos con total libertad.
- Eso es verdad.
- ¿Qué crees que habrá planeado?
- Ni idea, pero conociéndole, no será algo bueno.
- El día en que ese tío haga algo bueno o noble, me pellizcaré para ver si estoy soñando.- añadió ella con una risa suave, una que le encantó a Harry.
- Sí, hasta yo mismo pensaré que sueño.
- Lo único bueno que tienen los Malfoy es su gran riqueza y su estilo.
- ¿Estilo, en qué?. El padre de Draco tiene unos pelos horribles y la madre una cara de amargada que ni te cuento y si hablamos del hijo único entonces…bueno, es mejor no decir nada, podrías tener pesadillas.
Hermione volvió a reírse y Harry sonrió complacido al ver que se estaba divirtiendo gracias a él.
- Independientemente de cómo sean sus padres, tienes que reconocer que Draco no es tan feo.
Harry puso cara de susto al oír eso.
- ¿Acaso te gusta?
- ¿Qué?.- dijo ella con incredulidad.- ¡Por supuesto que no!. Yo tengo mejor gusto que eso. Pero reconozco que no es feo del todo. En realidad es bastante atractivo, si no fuera porque es un imbécil integral creo que me uniría a su séquito de admiradoras.
Ella puso una mirada soñadora y dejó salir un suspiro como de enamorada. Harry sabía que ella bromeaba en todo momento pero aún así, no pudo reírse.
- Como me digas un día, que te gusta Malfoy, te juro que te dejo de hablar de por vida.
Él lo dijo bastante serio y ella dejó de reírse.
- Además de que te llevaré a San Mungo para que te hagan un chequeo cerebral. Porque no creo que enamorarse de ese capullo sea algo sano.
Ahora ella se rió de verdad, con carcajadas incluidas. Él siguió mirándola serio.
- No bromeo, Hermione.
- Ya sé que no.- dijo ella aún riéndose.- Es sólo que me hace gracia lo que me has dicho. ¿Chequeo cerebral, a mí?. No es por presumir ni nada pero…creo que soy una de las pocas personas cuerdas que existen en este mundo mágico. No necesitarás hacerme ningún chequeo, Harry, porque si un día me enamoro de Malfoy, créeme que seré yo, la primera en hacerme ese chequeo.
- Sí claro…
- Créeme, él es el último chico de este mundo en el que me fijaría.
- Pero si dijiste que te gustaba…
- No, dije que le consideraba atractivo, no que me gustara.
- ¿Y no es lo mismo?
- No. Yo puedo pensar que un chico es atractivo, pero de ahí a que me guste hay un laargo trecho…
- Ah, vale. Creo que lo he entendido.
- Eso espero. ¿Qué hora es?
- Las doce y diez, llegamos tarde a pociones.
- Mierda, bueno se pondrá Snape. Y con lo que nos quiere…- pronunció ella en tono irónico.
- Sí, seguro que nos da dos besos en cuanto entremos en clase.- añadió él mientras caminaba a su lado.
- Si pudiera…me saltaría la clase.
Él la miró como si no creyese lo que había oído.
- Pero si tú nunca pierdes clases…
- Normalmente no, pero alguna vez sí que lo he hecho, lo que pasa es que no te lo he dicho.
- Un momento, es verdad que tenemos algunas asignaturas que no compartimos contigo pero igualmente no te he visto pasar de ninguna clase. Si te las saltaras, yo lo sabría porque te habrían castigado y ya sabes lo rápido que corren las noticias en Hogwarts.
- Sí que lo sé, pero también sé que no me castigarían por saltarme una clase si fuese por un motivo justificado.
- ¿Qué me estás ocultando, señorita Granger?
- Nada, sólo que no soy tan aplicada ni perfecta como tú me ves. Y eso es lo único que te diré al respecto, señor Potter.
- Ah no, de eso nada. Ahora no te pongas misteriosa, cuéntamelo todo.
- No tengo ganas…- dijo ella canturreando, Harry no pudo más que sonreír, incluso en aquél instante en que ella bromeaba, le resultaba encantadora.
- ¿Tú crees que Snape perderá alguna vez esa expresión huraña que tanto le caracteriza?- preguntó ella cuando salieron del aula de pociones.
- Qué va, perdería todo su encanto.- añadió Harry en tono sarcástico, provocando que ella se riera un poco.
- Ah¿pero ese hombre lo tiene?
- Supongo que para algunas personas sí, las que estén suficientemente enfermas como para considerar encantador a ese elemento.
- Entonces estoy sana, porque yo no le veo el encanto por ningún lado.
- Ni yo. Queda media hora para el almuerzo. ¿Te apetece hacer algo antes de comer?
- Lo que sea menos quedarme quieta.
- No te gusta estar sin hacer nada. ¿Verdad?
- Pues sí. ¿Cómo lo has sabido?.- dijo ella haciéndose la inocente.
- Intuición masculina.- respondió él con tono pretencioso. Ella volvió a reírse.
- ¿Y te dice esa intuición lo que me apetece hacer ahora?
- No, pero conociéndote, intuyo que tendrá relación con los libros.
- Premio gordo para el caballero.
- ¿A la biblioteca entonces, señorita?
- No, a mi habitación, porque es allí donde está el libro que vamos a consultar.
- ¿Vamos?
- Sí, tú también vas a leerlo.
- ¿De qué va?
- Ya lo verás…- pronunció ella con un tono misterioso y sonriendo de forma enigmática.
Una vez en su dormitorio de prefecta, Hermione se acercó a un cajón de su mesita de noche y sacó un libro pequeño de tapas marrones con filos dorados.
- Ten Harry, échale un vistazo.
- ¿Por qué?. Creí que eras tú quien iba a leerlo.
- Quiero que lo leas tú primero, o al menos que le eches un ojo.
- De acuerdo.
Él intentó abrirlo, pero no pudo. Hermione se reía cuando escuchaba los sonidos de frustración que él emitía.
- Es imposible, no se abre por mucho que lo intento.
- Si deseas leerlo de verdad, se abrirá automáticamente.
- ¿Perdón?
- El libro está pensado para que lo lea una persona que de verdad lo desee. Pero esa persona debe desearlo de corazón y sin malas intenciones. ¿Me explico?
- Creo que sí. Es como cuando yo cogí la piedra filosofal en primer curso. La agarré porque quería cogerla pero no usarla.
- Correcto. Esto es lo mismo. Debes querer leer el libro pero no usar su contenido.
- Entendido.
- Vamos Harry, hazlo. Desea de corazón poder leer lo que contiene.
Él obedeció y en menos de un segundo, el libro se abrió.
- Parece un diario…- dijo él mirándolo por encima.
- No lo parece, lo es.
- ¿Es tuyo?
- No.- canturreó ella.- Es de otra persona. Si te limitaras a leer algo, sabrías a quién pertenece.
- ¿Puede ser…de Ron?
- Vuelves a fallar…- canturreó de nuevo ella.
- Vamos Hermione, no seas mala, dime de quién es.
- No soy mala, es que quiero que lo descubras tú. Hazme el favor de dejar de preguntarme cosas y limítate a leer algo del libro. Creo que no tendrás ningún problema en averiguar quién fue el dueño o la dueña.
- Vale, te haré caso.
Un poco después, él abrió mucho los ojos y ella sonrió complacida, pues acababa de comprender que él sabía ya a quién pertenecía el diario.
- ¡No puedo creerlo!
- Sabía que te sorprendería.
- Más que sorpresa es…alegría.
- Eso también lo sabía. Sería raro que no te alegrases al saber de quién era.
- ¿Cómo lo conseguiste?.- preguntó él pasando página tras página y leyendo a una velocidad pasmosa.
- Digamos que cayó un día en mis manos. Estaba en el dormitorio de las chicas, buscando mi propio diario. Siempre lo ponía en el mismo sitio pero aquella vez no estaba allí. Busqué en otro lugar y entonces lo encontré. Pero casualmente, mi diario estaba al lado de otro, ese mismo que tú tienes ahora.
- ¿Y no me lo has enseñado hasta ahora?
- No, porque primero quería leerlo. Espero que no te importe.
- No, sabiendo lo mucho que la admiras.
- Un mucho muchísimo.
- ¿Sigues admirándola después de leerlo todo?. Porque estoy seguro que te lo habrás leído.
- Cada una de las trescientas páginas. Y sí, la sigo admirando. Ahora más que antes.
- ¿Por qué?
- Porque después de leer sus pensamientos y sentimientos más íntimos…sé con seguridad que tu madre no sólo fue una bruja extraordinaria sino también una persona estupenda. Cosa que no me extraña nada, porque su hijo también lo es.
- Gracias.
- De nada.
- No entiendo por qué estaba en tu cajón, pero seguro que hay algún motivo. A lo mejor ella lo dejó allí para que tú lo encontraras.
- ¿Y cómo iba a hacer eso?. Está muerta desde hace años…
- No tengo ni idea, pero seguro que fue ella quien lo puso ahí.
- ¿Y por qué querría que lo leyese yo antes que tú?. Al fin y al cabo tú eres su hijo.
- Tampoco tengo respuesta para eso, sólo puedo decir que mi madre tendría sus motivos para actuar así.
- Supongo que tienes razón.
- Ya casi es la hora de comer. ¿Podemos volver luego?. Quiero terminar de leerlo. Pero esta vez sin prisas.
- Claro. Ese libro te pertenece por derecho. Puedes leerlo todo cuanto quieras, no necesitas mi permiso.
- Sí lo necesito, apareció en tu cajón, no en el mío, por lo tanto el libro es tuyo.
- No, ya no, te lo regalo.
- Gracias otra vez.
- Otra vez de nada.
- ¿Nos vamos?
- Después de ti.
Tras el almuerzo, que transcurrió con tranquilidad porque Ginny había vuelto a sentarse lejos de ellos, Harry y Hermione se fueron a dar una vuelta por el lago, ya que Ron se había ido con Luna. Terminaron sentándose bajo el árbol donde estaban grabadas las iniciales de los padres de Harry. Con la luz del día, Harry reparó en algo que no se había fijado la noche anterior, las iniciales de sus padres estaban dentro de un corazón. Él sonrió al verlo.
- Sí que fueron cursis.
- Bueno, es algo normal en una pareja enamorada meter sus iniciales dentro de un corazón. No me digas que nunca has visto algún árbol con un corazón como este.
- Pues no. Sólo en las pelis.
- Ah, pero…¿tú ves películas románticas?
- Alguna vez, cuando mi tía Petunia las pone y me deja quedarme a ver la tele. Personalmente no me gustan demasiado, me resultan muy cursis pero es eso o nada, y prefiero ver eso que quedarme encerrado en mi habitación.
- Claro, yo también lo preferiría. ¿Qué tipo de películas ve tu tía?
- Sólo las que son en blanco y negro.
- ¿Quiere eso decir que no has visto nunca una película romántica que se haya hecho en color?
- No.
- Vaya, lo siento. Porque hay algunas realmente geniales y no son tan cursis. Muchas de ellas mezclan el romance con la comedia por lo que se te hace bastante entretenido y poco pesado el verla.
- Supongo que no me pillaría un trauma si viese alguna.
- ¿Y qué tal este verano?. Podrías venir a mi casa a pasar algunos días.
Yo tengo muchas pelis y no todas son románticas, también me gustan de terror o suspense. Las de acción no mucho, casi todas son iguales, mucho puñetazo y peleas espectaculares que son más irreales que posibles y además la mayoría son muy machistas.
Las chicas siempre son súper tetonas y con casi nada en el cerebro, algo que me pone enferma y encima, parecen adictas al sexo. En cuanto el protagonista hace el más mínimo signo de acercamiento, ellas se echan en sus brazos. Qué asco, de verdad. Las mujeres no somos así, bueno, no todas, porque hay algunas que sí.
- Claro, igual que hay chicos de todo tipo.
- Pero nosotras somos muy distintas a vosotros, en muchos aspectos, pero en el sexo sobre todo. Vosotros sois más…animales, podría decir, aunque no sé si esa es la palabra correcta. La cuestión es…que a vosotros os puede más el instinto sexual que lo que podáis sentir en ese momento.
- ¿Qué piensas, que vamos acostándonos con toda chica que se nos ponga por delante?
- Pues sí, si ella os lo pone en bandeja, os da igual que sea fea o guapa, la cuestión es pasar un buen rato en la cama, por así decirlo.
- Pues te equivocas del todo. Al menos conmigo. Yo no soy así.
- Eso ya lo sé, tú eres diferente y no lo digo porque seas mago, sino porque tus circunstancias han sido muy especiales.
No has tenido una infancia normal, ni unos padres en tu crecimiento que te haya orientado sobre el sexo y otras cosas.
Tampoco has tenido amigos que te hayan hablado de esas cosas o que te hayan contado sus experiencias, por lo tanto, es normal que tú no pienses de esa forma, pero créeme cuando te digo que a la mayoría de los chicos les importa más mojar el churro que lo mucho o poco que puedan sentir por la chica con quien lo mojan.
- ¿Mojar el churro?
- Sí, lo aprendí de mi primo, él lo llama así y de otras formas peores, pero ésa es la más suave.
- Pues tu primo tiene un mal gusto que no veas.
- Eso ya lo sé, dime algo que no sepa.
- Que no sé cómo serán el resto de chicos de este mundo, pero yo no entro dentro de los que me has hablado. Yo no he practicado el sexo en mi vida y el día que lo haga, será porque quiera yo y la chica en cuestión que esté conmigo y también espero que esa chica seas tú.
- Harry por favor…no me saques el tema otra vez.
- No iba a preguntarte nada sobre tus sentimientos, sólo quería que supieras que eres tú con quien yo quiero hacer el amor algún día.
- De acuerdo, me doy por enterada.
- ¿Y tú qué piensas?
- ¿Del sexo?
- Sí, de eso estamos hablando…¿No?
- Yo pienso lo mismo que otras chicas, que ha de hacerse porque se quiera mucho a alguien. No veo mal que la gente practique el sexo por gusto o diversión, pero yo desde luego no pienso hacerlo. Para mí el sexo va ligado al amor de una pareja y no puedo verlo de otra forma simplemente porque es así cómo me han educado. ¿Me comprendes?
- Perfectamente.
- A mí también me gustaría algún día practicarlo con la persona a la que yo ame, sea quien sea.
"Yo, quiero ser yo, Hermione. Por favor, deja que sea yo. Me da igual lo mucho o poco que tardes en pensar eso de mí, pero piénsalo. Para mí lo importante es creer que seré yo y no otro quien compartirá esa experiencia contigo. Una que será muy hermosa, yo haré que lo sea si me das la oportunidad. Te lo prometo."
- ¿Y has pensado ya en alguien?
- ¿Perdón?
- Me refiero a si tienes una idea determinada de con quién te gustaría perder la virginidad. No sé, alguien como...ese chico ideal con el que tú sueñas.
- ¿Qué es lo que quieres saber, si ya tengo puestos mis ojos en alguien, es eso?
- Más o menos.
- Pues...digamos que sí tengo a alguien en mente, pero no creo que se haga realidad con él.
- ¿Por qué, tan inalcanzable es?
- Sí mientras yo viva en Inglaterra, él vive en los Estados Unidos.
- ¿Te gusta alguien americano?
- A mí y a muchas otras chicas del planeta. No soy la única admiradora de Brad Pitt¿sabes?
- ¿Brad Pitt, el actor, lo dices en serio?
- Pues claro.- dijo ella emitiendo una suave risita, lo que le indicó a Harry que ella estaba bromeando, aún así, él quiso seguir el tema.
- No me digas...no me digas que te acostarías con ese tío simplemente porque le admiras.
- No sólo por eso, es que me gusta muchísimo. Igual que a ti te gustará mucho cualquier actriz o modelo que tú consideres guapa.
- Bueno, sí, tengo algunas en la lista, pero yo sé que nunca las conoceré así que prefiero imaginarme ese tema con alguien más real y cercana para mí.
- Pues claro, lo mismo que yo.
- Un momento, que yo sepa, Brad Pitt no es cercano a ti. ¿O ahora resulta que es íntimo amigo de tus padres?
- ¿Qué?. Pfjajjajajajajajajaaaaa. No digas tonterías, por supuesto que no.
A ver, se supone que estamos hablando hipotéticamente del tema del sexo. ¿No?. Bueno, pues en mi imaginación me encantaría acostarme con Brad Pitt.
¿Qué hay de malo en eso si en la imaginación de cada persona todo es posible?.
Ahora bien, si quieres que sea seria, te diré sin broma alguna, que no tengo candidato a la hora de decirte con quién me gustaría acostarme por primera vez, pero una cosa sí que la tengo clara. El día que de ese paso, será porque tanto él como yo queramos y lo daremos porque nos queramos de verdad no porque nos dejemos arrastrar por el calentón del momento o por un enorme subidón de hormonas. ¿Me comprendes?
- Claro, yo pienso igual.
- Ya me he dado cuenta. Es curioso lo muy parecidos que somos en algunos aspectos.
- Bueno, sí, pero en otras cosas somos muy distintos, pero eso también es guay. Si tú y yo fuésemos iguales en todo sería la mar de aburrido porque nunca nos sorprenderíamos el uno al otro. ¿Verdad?
- Pues sí.
- Oye Hermione...
- ¿Qué?
- Estaba pensando...
- ¿En qué?
- En lo que me contaste anoche sobre mis padres y su romance. No deja de sorprenderme, sobre todo el hecho de que mi madre se enamorase de él cuando en apariencia ella no le soportaba.
- No sé, Harry, puede que simplemente, se cumpliera en tus padres ese dicho que dice..."El roce hace el cariño." O quizás el otro de..."Del odio al amor sólo hay un paso."
- Yo creía que era al revés. "Del amor al odio sólo hay un paso."
- Bueno sí, pero supongo que también se pude aplicar en el otro sentido.
- Y el detalle de meter sus iniciales en un corazón...
- ¿Qué?. Yo creo que es algo muy bonito.
- ¿No te resulta demasiado cursi?
- No...
- ¿A ti también te gustaría que tu novio pusiera vuestras iniciales en un corazón y las grabara en el tronco de un árbol?
- Bueno, no es que sueñe con ello pero...sí, no estaría mal. Sería un bonito detalle. ¿Puedo preguntarte por qué quieres saberlo?
- Simple curiosidad.- "Si llega el día en que tú seas mi novia, yo también haré lo mismo que mis padres, más todavía sabiendo que te gusta la idea."
- ¿Quieres saber algo más?
- No, de momento. Aunque...
- Venga, Harry, suéltalo.
- Me gustaría saber por qué encontráis las chicas tan romántico eso de poner corazoncitos en los árboles. No sé, yo creo que hay otras formas de ser romántico sin hacerle una herida al pobre arbolito...
- Pfffjajajjaajjajjajjajaaaaaa. ¿Ahora te has vuelto ecologista o qué?
- No, es que...en fin...¿por qué un árbol, por qué no escribir simplemente una nota diciéndole lo - que sientes por ella y lo mucho que la quieres?
- Eso también es bonito pero...si lo que te preocupan son los árboles, déjame decirte que el papel sobre el que escribimos, sea de folio o pergamino, viene de los árboles.
- Ya sé de dónde viene el papel, yo me refiero a que...qué más da si lo escribes o no en un corazón, y que ese corazón esté en el tronco de un árbol o en uno hecho de plastilina. La cosa es...que lo cuenta es la intención. ¿No?
- Sí, eso es lo principal. Porque eso es lo que hace encantador el detalle.
- Pues ya está...
- ¿Esto del corazón en el árbol te ha calado hondo, eh?
- ¿Por?
- Porque llevas media hora dándole vueltas a lo mismo.
- Sólo quería saber tu opinión.
- ¿Para qué?. Y no me digas otra vez lo de por curiosidad porque no me lo trago. Cuando tú tienes curiosidad por algo, dejas de preguntar una vez que se te ha resuelto la duda pero como sigues hablando de lo mismo está claro que no es sólo curiosidad. Venga Harry, confiesa. ¿Por qué tanta pregunta sobre el corazón?
- Ya te lo he dicho, quería saber lo que pensabas. Quería saber si a ti...te gustaría...que alguien hiciese eso mismo por ti.
- Ah, ya entiendo. ¿Y luego qué, le dirás al chico en cuestión que la mejor manera para conquistarme es meter nuestras iniciales en un corazón sobre el tronco de un árbol?
- No. Porque si algún día me dices quién es el chico que te gusta, y ese chico no soy yo, no pienso decirle nada para que te conquiste. Es más, ni si quiera le hablaré aunque esté contigo.
- ¿Por qué?. Se supone que eres mi mejor amigo y que deberías ayudarme.
- Mejor amigo sí, pero tonto no.
- ¿Tonto, y por qué ibas a ser tonto?. No lo entiendo.
- Hermione...es obvio. ¿Qué chico en sus cabales ayudaría a que otro chico conquistase a la chica que le gusta cuando esa chica es tu mejor amiga y además también te gusta?
- Porque esa chica, es eso mismo, tu mejor amiga, y la amistad está por encima de todo, incluso del amor.
- Pues yo no pienso así. El amor es una cosa y la amistad otra. Te lo digo ya, no esperes de mí ayuda alguna, si te enamoras de alguien ajeno a mí.
- ¿Quiere eso decir que dejarás de ser mi amigo también?
- No. Quiero decir que no tengo estómago para ayudar a otro tío a que te enamores de él. O ayudarte a que le conquistes. Eso es lo que intento decir. ¿Me has entendido ya?
- Sí.
- Pues mejor, porque no pienso seguir hablando de esto.
- ¿Estás enfadado conmigo?
- No, pero no me gusta pensar en ese tipo de cosas.
- ¿Por qué no?
- Porque tú eres mía.
- ¿Cómo has dicho?
"¡Peligro, peligroooo! Arréglalo ahora, idiota. Arréglalo o ella te acusará de machista redomado."- avisó su parte racional.
"Pero si no lo dije con intención machista. Es sólo que ella...me pertenece. Y creo que no necesita aclaración, cualquiera lo entendería."- dijo su lado posesivo.
"¿Hay alguien ahí o me he equivocado de cerebro?"- volvió a decir el lado racional-"Perdóname don pasional pero... es de Hermione Granger de quien estamos hablando.
Esa chica necesita aclaraciones por todo y no es porque sea idiota sino porque siempre le busca el trasfondo a todo, incluso a las cosas que en apariencia no lo tienen. Ya puedes usar un buen argumento pero procura que no sea machista porque entonces te mandará al carajo supremo y sabes que tiene un genio terrible cuando se enfada. ¿Quieres sufrir su ira?"
"No."-respondió el lado posesivo con sinceridad.
"Pues ya puedes buscar una explicación válida porque te está mirando con una cara que...me está dando miedo hasta a mí."
"Lo he pillado. Gracias por el consejo."
"De nada, y ahora arréglalo, tigre."
"Vete al carajo."
"Me voy donde quieras pero arréglalo antes de que ella pierda del todo la paciencia."
- Harry...¿puedes explicarme a qué ha venido eso de que yo soy tuya?
- A nada, simplemente te dije lo que pensaba.
- ¿Tú piensas que eres mi dueño?
- No.
- ¿Entonces por qué has dicho eso?
- Yo no he dicho eso, yo he dicho que tú eres mía, no que yo sea tu dueño.
- Perdona pero...decir que yo soy tuya es como decir que te pertenezco y no creo que eso sea verdad.
- Sí lo es. Tú me perteneces como yo a ti o incluso a Ron. Los tres nos pertenecemos, los tres somos de los tres, llevamos muchos años juntos y hemos pasado de todo, tanto bueno como malo como para poder pensar que nos pertenecemos los unos a los otros.
- Ah...vale, ya entiendo. Siento haberte malinterpretado, es que creí que lo decías en otro sentido.
- Por eso te lo he aclarado. Pero igualmente repito lo dicho. Tú eres mía como yo soy tuyo.
- Lo capto.
- Y por eso y no por otro motivo, no voy a ayudarte a conquistar a otro chico y tampoco voy a echar una mano a cualquier chico que me pida consejo o ayuda para conquistarte. En mi sincera opinión diré, que quien quiera conquistarte lo ha de hacer por sí mismo porque yo no tengo por qué meterme en eso. No es mi tema y tampoco quiero que lo sea.
- Lo comprendo.
- Me alegro.
- Así que...¿soy tuya?- volvió a preguntar ella, esta vez en un tono suave que denotaba de todo menos enfado o ira.
- Por supuesto, y yo tuyo.
- Tú eres...mío...- volvió a decir ella, pero esta vez con un tono ausente, como si estuviera pensando en el trasfondo de esa frase.
Una que él ya le había explicado, pero algo en el interior de Hermione le decía que esa explicación no era del todo válida para ella. Debía de haber algo más que él no hubiera dicho, un algo más que ella sentía que estaba ahí, que era algo real, sólo que por el momento no era capaz de ver qué era, pero su intuición le decía también, que cuando lo averiguara, se sentiría más que bien.
- Creo que ya sé por qué se enamoraron tus padres.- dijo ella para cambiar de tema.
- Ilústrame.
- Creo que en ellos se cumplió eso de… "El amor es ciego y se presenta cuando menos te lo esperas." Porque yo creo firmemente que nadie elige de quién se enamora, simplemente sucede que un día te das cuenta de lo importante que es esa persona para ti.
- Y de lo mucho que representa para ti.- añadió él en tono dulce y suave.
- Correcto. Supongo que eso mismo fue lo que le ocurrió a tu madre. Un día se dio cuenta que James no era sólo el chulo del colegio sino el hombre de su vida y supongo también que cuando llegó a esa conclusión, dejó de verle como alguien problemático y pasó a ser su héroe particular.
- ¿No estás exagerando un poco?
- Quizás sí, pero yo creo que algo parecido le debió de ocurrir a tu madre con tu padre porque si no…no lo entiendo.
- Pues yo creo más lo que dijiste antes, eso de que "el roce hace el cariño". Tanto reñirle y llamarle la atención debió de crear una especie de vínculo entre ellos. ¿No?
- Quizás sí, de todos modos no lo sabrás hasta que te leas el diario…
- Algo que pienso hacer en cuanto tenga ocasión.
- Bueno, está en mi habitación, de ahí no se va a mover hasta que tú lo cojas.
- A no ser que vuelva a aparecer en otro sitio.
- No creo que eso suceda, según tú, ella lo puso a mi alcance. ¿No?. Por lo tanto, no tiene por qué llevárselo y dárselo a otra persona.
- Oye Hermione…
- ¿Qué?
- ¿De verdad piensas lo que has dicho antes, eso de que el amor es ciego?
- Pues sí. ¿Por qué lo preguntas?
- Por nada, es sólo que estaba dándole vueltas a eso y tu explicación y creo que estoy de acuerdo contigo.
Yo no elegí enamorarme de ti…
- Ya lo sé, las chicas que te gustaron antes de mí no se me parecían en nada, ni si quiera en el aspecto físico.
- Pero un día…me di cuenta que ya no eras sólo mi mejor amiga sino…alguien más que especial e imprescindible para mí.
- Gracias, supongo.- contestó ella algo colorada, él se rió un poco al ver su repentino sonrojo.
- No estoy haciéndote un cumplido para que me des las gracias, sólo estoy sincerándome contigo.
- Bueno pues…gracias otra vez, sincerarse también es de agradecer.
- ¿Vas a darme las gracias cada vez que te diga algo agradable?
- Supongo que sí.
- Entonces vas a gastar la palabra de tanto usarla.
- Pfjajajjajaa. Las palabras no se gastan, Harry, por mucho que las usemos.
- Ya lo sé, tontorrona, era una forma de hablar.
A pesar de ese insulto, ella no pudo ofenderse, pues él lo había dicho con cariño y era imposible para ella que dicho así, le sentase mal.
- ¿Sabes qué?
- No, qué.
- Estaba pensando en que te ha faltado un par de cosillas cuando antes has hablado sobre lo que representa enamorarse de alguien.
- Es posible, yo no me he enamorado todavía como para saber lo que se siente.
Aunque él sabía que ella no sentía más que amistad por él, el simple hecho de que ella dijese eso de "no me he enamorado nunca" le dolió. Una parte de él esperaba que tarde o temprano ella cambiase de opinión respecto a lo que sentía por él y aunque ella no le había rechazado en ese momento, el decir "no me he enamorado" también era una forma de rechazo hacia él aunque no fuese esa su intención.
Harry decidió seguir con la conversación por mucho que le pudiesen doler las respuestas que ella diese. Respuestas que también le servirían a él para conocer otras facetas de su personalidad. Unas que iba descubriendo con cada día que pasaba con ella y unas que le resultaban muy interesantes y reveladoras, aunque a veces pudiesen doler.
- ¿Me dejas que añada más cosas para que sepas cómo se siente alguien enamorado?
- ¿Alguien como tú?
- Sí. Creo que soy un buen ejemplo.
- Estoy de acuerdo. Habla.
- Yo creo…creo…que cuando te enamoras de alguien…es una experiencia fantástica. Al principio da un poco de miedo, porque empiezas a sentir cosas que nunca antes habías sentido. Pero luego…todo empieza a cambiar, de un modo distinto pero también bonito.
- ¿Quieres decir que empiezas a verlo todo de color rosa?
- No, me refiero a que…esa persona…deja de ser alguien cotidiano para convertirse en una especie de diosa para ti. O sea, hablo desde la perspectiva de un chico a una chica, claro…
- De eso no tengo ninguna duda. Continúa.
- La cosa es…que ella deja de ser una simple chica…para ser el centro de tu mundo. Ella es lo primero que piensas cuando te despiertas y lo último que ronda por tu mente cuando te duermes.
- Eso sí lo sé.- "Tú sueñas conmigo."- Me lo dijo Megan, pero ella se refería a su novio, claro.
- Te lo dijo porque es verdad y añadiré más cosas. Por ejemplo…que te encanta estar con ella, aunque sea haciendo algo aburrido.
- Ah¿sí?
- Sí, porque el aburrimiento te da igual, lo importante es el tiempo que pasáis juntos.
Hermione se quedó callada y él continuó hablando, usando ahora un tono mucho más dulce y suave que el que había empleado hasta entonces. Ese tono sólo lo había usado con ella cuando estaban a solas, igual que lo estaban ahora y era un tono que a ella le encantaba escuchar porque también le transmitía un montón de sensaciones y sentimientos bastante agradables y que no solía sentir en otras circunstancias salvo cuando estaba con él sin nadie más alrededor.
- Ella es…- continuó la voz de Harry aún usando el tono bonito.- Es la que hace que un día horrible sea estupendo sólo por el hecho de estar contigo. Ella…ella puede hacer muchas cosas aún sin ser consciente del efecto que producen en ti. Ella…es alguien tan especial, importante e imprescindible para ti y tu vida….que sin ella nada tiene sentido. Es…como el aire que necesitas para respirar y cuando ella no está contigo es como si te ahogaras, como si tuvieras algo dentro que te impide vivir…
- Qué…bonito…- logró pronunciar Hermione, sintiéndose cada vez más enternecida y emocionada.
- No, no es bonito. Es la realidad. No te estoy poniendo ejemplos bonitos, te estoy diciendo lo que siento de verdad. Intento decirte…que esa ella…eres tú. Tú produces todo eso en mí y otras muchas cosas que no te he dicho aún pero que están ahí igualmente.
- Yo no…ahora mismo no puedo…decir cómo me siento. Creo que es la primera vez en toda mi vida que no puedo encontrar las palabras adecuadas para hacerle entender a alguien…cómo me siento…
- Ese alguien no necesita palabras…le basta con ver tu expresión y sé…que es todo menos desagradable.
- Y cómo podría mirarte mal después de todas las cosas hermosas que me has dicho.
- Aún hay más. ¿Quieres oírlas?
- Por supuesto.
- Como decía…ella se convierte en algo tan imprescindible en tu vida, como el aire que necesitas para respirar y…
- Un momento, Harry, no es por ser cortapunto ni nada pero…¿No es un poco exagerado comparar el enamoramiento con el aire para respirar?
- No…de hecho…es bastante acertada esa comparación.- añadió él con una sonrisa que para Hermione resultó preciosa.- Es la verdad, Hermione.
Cuando quieres a alguien de verdad se convierte en el centro de tu existencia, igual que el aire, sin él no podemos respirar y si no respiramos morimos. Esto es lo mismo, sólo que el aire…es ella…eres tú. Si a ti te ocurriese algo…si un día tú murieras yo…yo no podría seguir. Sin ti no. Tú eres…eres alguien muy importante para mí…lo más importante que tengo en mi vida y haré lo imposible por no perder eso…por no perderte. Porque no creo que pudiese soportar la idea de perderte.
- Oh…
- Además, el tiempo vuela cuando estás con ella. Hagas lo que hagas…todo te sabe a poco.
- ¿Cómo de poco?
- Un poco muyy pequeño.
- ¿Tanto te gusta estar con ella?.- "¿Conmigo?"
- Como no tienes idea. Es algo de lo que no me canso jamás. Ya sea riñéndome o felicitándome por algo, todas y cada una de las veces en las que tú compartes algo conmigo…me gusta. Lo que no me gusta nada es quedarme solo y sólo me siento solo cuando tú no estás.
- ¿Y qué sería lo ideal?.- "Para ti."
- Que no te marcharas nunca.
- ¿Por qué?
- Porque cuando no estás conmigo el tiempo es una tortura. Una insufrible.
- Harry…
- Qué.
- Desde cuándo…desde cuándo sientes así…
- Desde que te conocí y te convertiste en la mejor amiga que he tenido jamás. Tú siempre has estado ahí, para lo bueno y para lo malo. Ron no, él me ha fallado en alguna ocasión, pero tú nunca.
- Es porque tú también eres alguien muy importante para mí.
- ¿Cómo de importante?
- Lo suficiente como para considerarte mi mejor amigo y no querer fallarte bajo ninguna circunstancia.
- ¿Unas circunstancias que implican peligro para mí?
- Mayormente sí, pero también me gusta estar contigo en los momentos buenos.
- En esos siempre lo has estado, igual que en los otros.
- Hubo un tiempo en que pensé que no valorabas lo mucho que me preocupaba por ti o todo lo que hacía por ti.
- Ese tiempo existió, fue al principio de conocerte, al principio de nuestra amistad. Yo no podía ver todo lo que hacías porque…nunca había tenido amigos, mucho menos una chica como amiga. Yo…no estaba acostumbrado a tus muestras de lealtad, fidelidad o incluso de cariño.
- ¿Por eso temblabas como una hoja cuando te abrazaba sin tú esperarlo?
- Sí porque…no sabía bien lo que significaba aquello. Mis tíos…no son personas cariñosas conmigo ellos nunca…bueno, digamos que no he sido un niño mimado durante mi infancia y por eso cuando tú…cuando tú me diste el primer abrazo o incluso el primer beso en la mejilla que he recibido yo…yo no sabía muy bien cómo debía comportarme o responder. Eso…unido a la sorpresa de esas muestras de cariño era lo que hacía que yo…me asustara.
- Entiendo. Yo sabía que no te gustaba vivir con tus tíos pero nunca pensé que no te hubieran dado una sola muestra de cariño. No puedo entender cómo es posible. ¿Quién no besa o abraza a un niño pequeño?
- Alguien que no siente nada por ese niño. Personas para los que el niño no es nada más que una molestia.
Una gran molestia que deben soportar por culpa de una promesa, una que se vieron obligados a hacer sin ellos quererlo.
Esa promesa…les obliga a cobijarme sólo porque mi tía es la hermana de mi madre pero ni ella ni su marido…ni mucho menos su hijo…me han querido jamás. Yo soy…soy un niño no deseado, Hermione. Y sólo cuando estoy contigo y Ron, me siento querido y valorado.
- Oh Harry, cuánto lo siento…
- Da igual, hace mucho tiempo que acepté que mis tíos nunca me querrían pero tampoco es algo que me duela porque yo tampoco les quiero.
No podría por mucho que lo intentara, ellos sólo me han dado una mala vida y aún me la siguen dando. Lo harán mientras siga bajo su techo y seguiré ahí hasta que Dumbledore considere que ya no corro peligro fuera de su casa.
- ¿Por qué?
- Porque debido al parentesco que tiene mi tía con mi madre, su hogar es el único sitio, según Dumbledore, donde Voldemort no podrá nunca hacerme daño. Digamos que es como un santuario que él no puede pisar ni destruir.
- Qué irónico. El único sitio que odias es el más seguro para ti.
- Eso parece.
- ¿Es por eso que nunca has venido a mi casa durante las vacaciones, porque tienes miedo de que no sea seguro para ti?
- No, no es por eso. Porque también sería insegura la casa de Ron y a su casa sí que he ido cada verano. Es sólo que yo…no puedo estar bajo el mismo techo que tú.
- Eso no es cierto. En el colegio lo estamos y ahora más que antes por culpa del hechizo de Malfoy. Si te daba cosa convivir conmigo ahora habrás podido superarlo gracias al Glueforte. ¿No?
- No. Ahora es peor que antes.- dijo él riéndose un poco.
- ¿Por qué, tan malo es vivir conmigo?
- No, qué va. Contigo es muy fácil convivir. Es sólo que yo…bueno, digamos que la convivencia a veces resulta un castigo para mí. Sobre todo cuando nos bañamos.
- ¿Y eso por qué?.- preguntó ella de forma inocente.- Ni que te fastidiase durante el baño.
- Pfjajajaja. No es eso. Hay que ver lo inocente que eres algunas veces, otra cosa que me encanta de ti. Verás, Hermione, cuando un chico se enamora de una chica y esa chica resulta ser su mejor amiga…digamos que…la visión que ese chico tenía antes de las cosas…cambia mucho, un mucho muy grande.
- Ah, ya, antes me lo explicaste.
- Sí pero…no te he dicho la parte física.
- ¿Perdón?
- Existe una parte física, es decir, una que tiene que ver conmigo y lo que siento cuando te veo con poca ropa o incluso cuando te estás bañando. Digamos que yo…bueno…me resulta algo incómodo compartir un baño contigo en esas circunstancias. Es que tú…bueno…verte en bikini me produce unos curiosos efectos. Tanto interior como exteriormente.
- Ah, creo que sé a lo que te refieres. Esos efectos tienen que ver con el deseo sexual. ¿Verdad?
- Ajá…
- Ah, bueno, eso es normal, Harry. Esas cosas le pasan a todos los chicos que les gusta una chica. Supongo que como bien has dicho antes, compartir un baño con la chica que le gusta al chico es algo…incómodo pero natural a la misma vez. Todas las cosas que tu cuerpo puede sentir o experimentar son naturales. No te preocupes por eso.
- Al principio sí que me preocupaba, pero ya no lo hago. Como tú bien has dicho, he terminado aceptándolo pero eso no quita que me siga poniendo nervioso cuando tú te bañas conmigo.
- Bueno, si te sirve de consuelo, no eres el único que se pone nervioso a la hora del baño.
- ¿Perdón?
- Yo también siento cosas…raras cuando te veo en bañador. Es algo que no entiendo. Al principio de bañarnos juntos eso no me ocurría. Pero de un tiempo aquí…eso ha cambiado. No sé por qué, no lo comprendo. No hablo de lo que tú has dicho antes, eso de las sensaciones corporales sino de…las mariposas.
- ¿Mariposas?
- Yo…a veces…en determinados momentos…siento como si…como si tuviese un montón de mariposas dentro de mi estómago que se ponen a revolotear como locas. Es como si tuviese unos retortijones rarísimos pero que a su vez no molestan. No sé cómo explicártelo pero…ahí está.
- Las mariposas…¿aparecen sólo cuando nos bañamos juntos?
- No, a veces cuando estamos muy cerca y otras cuando me pongo nerviosa estés o no conmigo.
- Comprendo.
- ¿Y por qué me pasa eso, tú lo sabes?
- Creo que me hago una ligera idea del por qué.- dijo él sonriendo de forma genuina.
- ¿Tendrías la amabilidad de decírmelo?
- Por supuesto. Yo te gusto.
- ¿Perdona?
- Digo, que lo de las mariposas te ocurre porque yo te gusto.
- ¿Estás seguro?
- Segurísimo.
- ¿Y cómo lo sabes?
- Porque a mí también me ocurre contigo. Pero en mi caso no son mariposas sino hormigas, lo que siento dentro de mi estómago. Millones de hormigas que corretean como locas dentro de mis tripas.
- Pfajjajajajajaaaa.
- ¿De qué te ríes?
- De tus hormigas. Me las imagino corriendo por el intestino y me da la risa. No sé, es algo surrealista.
- Enamorarse también es algo surrealista. Ya te he dicho que la realidad cambia por completo.
- Sí, lo recuerdo bien. Recuerdo con claridad todo lo que me has dicho antes.
- ¿Y te ha servido de algo?
- De mucho, muchas gracias.
- Muchas de nada.
- ¿Puedo decirte algo con sinceridad?
- ¿Y cuándo no lo has hecho?
Ella sonrió.
- Reconozco que esto de la convivencia forzosa por culpa de Malfoy es bueno en ocasiones y molesto a veces. Pero…
- ¿Molesto, cuándo te molesta mi presencia?. Quiero saberlo.
- Cuando voy al baño o cuando me obligas a subirme a la escoba o incluso cuando limpio en clase de Snape. Él no te deja ayudarme y tu presencia se convierte entonces en una carga.
- Lo siento.
- No, si tú no tienes la culpa. Sólo intento decirte que hay determinados momentos en que necesito estar sola, sin nadie alrededor.
- Te entiendo, yo también tengo momentos de esos.
- Claro, todo el mundo los tiene.
- No, Hermione, todos no. Hay personas que no soportan la soledad.
- Bueno, pues yo no soy una de ellas. Yo necesito mi espacio para ser feliz.
- Lo sé. Siete años contigo dan para saber eso y otras cosas tuyas. La verdad es que no he conocido a muchas chicas en mi vida pero…puedo decir con seguridad que eres la más independiente y autosuficiente de todas ellas.
- No tuve más remedio que aprender a valerme por mí misma desde pequeña, Harry.
- ¿Y eso?
- Digamos que en los colegios muggles a los que fui antes de saber que era bruja y venir a Hogwarts…no eran precisamente felices para mí. Yo no tenía amigos en aquellos colegios, por lo tanto, si alguna vez necesitaba ayuda no podía pedirla porque nadie se ofrecía a prestármela. La gente me odiaba. ¿Sabes?
- ¿No tenías ni un amigo?
- No.
- ¿De verdad?
- Sí.
- Vaya…
- Por eso me esfuerzo tanto en conservar los que tengo aquí. Aunque sólo sean dos chicos, pero dos chicos estupendos, eso sí.
- Bueno, la única chica en quien confiamos plenamente también es estupenda.
- Gracias.
- De nada. Somos estupendos gracias a ti y tus enseñanzas.
- No es verdad, vosotros sois como sois porque lo lleváis dentro. Yo no he tenido nada que ver.
- Hermione, tú has tenido mucho que ver en que seamos como somos, independientemente de nuestras personalidades. Sin tu guía y apoyo durante todos estos años, quién sabe lo que hubiera sido de nosotros.
- No exageres, Harry.
- No lo hago. ¿Tengo que enumerarte todas las veces que nos has salvado el pellejo o quieres que te diga todos los buenos consejos que nos has dado desde que te conocimos?. Porque si quieres puedo hacerlo.
- No, no quiero. Yo sé que me queréis mucho, no necesito explicaciones del por qué.
- Sería imposible no quererte, Hermione.- dijo él acariciándole la mejilla, ella suspiró encantada.
- Hay mucha gente que no me quiere, por mucho que yo la haya ayudado en el pasado. Pero es normal, yo no puedo pretender gustarle a todo el mundo que conozca o que todos ellos me quieran. Eso, además de ser egoísta es algo muy utópico e imposible porque cada persona tiene un gusto propio para elegir lo que quiere o le interesa.
- En eso estoy de acuerdo.
- De todos modos me da igual que la gente no me quiera o valore. Quienes me interesan que lo hagan ya lo hacen y con eso me doy por satisfecha.
- Como dije antes, es imposible no quererte.
- Gracias, yo también te quiero.
- Lo sé.- añadió él con una sonrisa sincera.
- Un montón, Harry.
- Eso también lo sé. Dime algo que no me hayas dicho.
- Ahora mismo estás muy atractivo.
Ella pensó que esa frase causó un efecto inmediato en Harry, porque enseguida se acercó tanto a ella, que Hermione pensó que la besaría de un momento a otro. Pero en vez de eso, él se acercó a su oído y susurró…
- ¿Nos vamos?. Es casi la hora de tu castigo.
Y ella sintió que se llevaba una desilusión enorme. No entendía por qué, pero en su interior, deseaba que él la besara.
- Eres terrible.- dijo ella en tono bromista.- yo creí que ibas…- pero no se atrevió a terminar la frase y eso llamó la atención de él.
- ¿Qué iba a qué, Hermione?
- A nada, Harry.
- Dímelo.
- No. Tengo un castigo que cumplir. ¿Recuerdas?
- Sí, pero igualmente puedes decírmelo por el camino.
- No, no lo haré. Arriba, señor Potter. Es hora de acompañarme a limpiar calderos repugnantes y malolientes.
- Yo no me muevo de aquí hasta que me digas lo que te estás callando.
- Ah, te aguantas. No te lo digo.
- Eres mala…
- Qué va, es que tengo derecho a la intimidad.- ella le guiñó un ojo y él sonrió de forma traviesa.
- Mira que dejarme con la intriga…qué poco me quieres…- él lo dijo fingiendo tristeza y ella no pudo evitar reírse sinceramente.
- A veces tienes mucha gracia, tengo que reconocerlo.
- ¿Le dirás a este gracioso lo que dejaste a medio terminar?
- No…- canturreó ella aún riéndose.
- Mala.- Él le sacó la lengua y ella aumentó su risa.
- Así soy yo. Alguien que te odia cordialmente.- Dijo para continuar con la broma.
- No es verdad, yo sé que en el fondo me quieres.- dijo él de forma presuntuosa y presumida. Ella sabía que bromeaba también, pero aún así quiso seguirle el juego.
- Un fondo muy profundo.- contestó como indicando "no te quiero nada de nada".
- ¿Qué?. - pronunció él en tono incrédulo, pero cuando ella le hizo burla, Harry se dio cuenta que simplemente estaba jugando con él.- Serás cruel...- volvió a decir él fingiendo tristeza profunda.
- Pues sí, soy un mal bicho.- afirmó ella para continuar con la broma.-¿Ahora te das cuenta?.
- ¿Perdona?- y esta vez sí que lo dijo sin fingir y sin ocultar su asombro.
- Tonto...te lo has creído. Pfjajajjajajajajajajajajaaaa
- ¡Ah no, de eso nada, ahora no te rías de mí. Ven aquí señorita Granger!
Antes de que ella dijese o hiciera algo más, él la atrapó en sus brazos. No le costó trabajo pues estaban cerca debido a la muñeca que tenían pegada gracias al hechizo de Malfoy.
Hermione no supo cómo, pero de repente se vio así misma en el suelo y a Harry justo encima de ella. Él empezó a hacerle cosquillas y ella se retorció intentando evitarlas mientras reía a más no poder. Llegó un momento en que estaban cansados, lo suficiente como para dejar de jugar, pero Harry no se cambió de postura y ella tampoco le pidió que lo hiciera. Él sólo la miró fijamente sin decir palabra y ella se preguntó en qué estaría pensando.
- ¿Qué, Harry?
- Nada.
- ¿Y por qué me miras tanto?
- Porque me gusta hacerlo.
Las mariposas volvieron a revolotear en el estómago de ella cuando escuchó esa respuesta. Un revoloteo que cada vez era más intenso, sobre todo al ver cómo la miraba él. Aquellos ojos verdes la observaban con tal intensidad que Hermione pensó que se derretiría de un momento a otro.
- Harry...
- Qué...
- ¿Te he dicho alguna vez que tienes unos ojos preciosos?
Él sonrió cuando escuchó eso en el tono dulce y suave en que ella lo dijo.
- Sí, alguna vez me lo has dicho. Dime algo que no sepa.- pronunció él también con tono suave.
- Cada día estás más guapo y no me canso de mirarte.- Ella acompañó esas palabras con una suave caricia en la mejilla. Harry no pudo más que mover la cara siguiendo la caricia a la vez que le regalaba un beso en la mano que le acariciaba.
- Hermione...
- Dime.
- Yo...yo quiero...deseo tanto...
- ¿Besarme ahora?.- preguntó ella como si le leyese el pensamiento.
- Sí...¿Puedo?
- ¿Tú qué crees?.- cuestionó sin abandonar el tono dulce y suave en su voz.
- ¿Qué no?
- Puede que sí o puede que no, ésa es la cuestión.- respondió ella de forma insinuante y acompañando esa insinuación de una sonrisa seductora.
- ¿Me estás diciendo que consideras la posibilidad de permitir que te bese?
- Exactamente.
- Entonces...¿me dejas o no?
- No lo sabrás hasta que lo intentes...
Esa respuesta fue el único estímulo que él necesitó para cumplir su deseo. Harry se echó hacia delante y se inclinó lo suficiente hasta que sus labios capturaron los de Hermione en un beso suave y algo tímido por miedo al rechazo. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando ella no sólo no le apartó sino que le devolvió el beso.
Continuará.
Nota de la autora:
Ya, ya lo sé, me queréis matar por dejar el cap ahí. Pero...os aconsejo que no lo hagáis u os quedaréis sin saber el final de la historia y os aviso que va a tener en total doce caps, así que sólo os quedan cuatro más para saber cómo, cuándo y dónde ellos se dirán todo lo que sienten el uno por el otro. El último cap será el más bonito, al menos para mi sincera opinión pero vamos, yo creo que cada cap tiene su encanto. Antes de pasar a los reviews os diré que he podido subir el cap hoy entre semana porque estoy en la sala de profesores del colegio.
PD: El 30 de junio termino de trabajar y me dan las vacaciones. Tengo hasta mediados de septiembre (que empieza de nuevo el curso escolar) para hacer lo que quiera, así que os prometo que en cuanto esté en Sevilla, actualizaré más a menudo que hasta ahora. Si me es posible subiré un cap por semana. Millones de besotes.
