Nota de la autora: Miércoles, 26 de Julio de 2006.
¡ Hola cómo estáis!. Espero que genial. Yo algo morenita, he ido dos veces a la piscina y he ligado bronce. Jijijijijiiji. Bueno, aquí tenéis el esperado capítulo doce, creo que el título dice claramente cuál será el plato fuerte del cap. Igualmente os digo que de aquí al cap 15 (donde acabará el fic) aún quedan muchas sorpresas todavía. Espero que os guste el cap. Muchos besos y abrazos. RAkAoMi. ;-)
Aclaración: En este cap, se nombra la expresión "Deja Vû". Para aquellos que no la conozcan, es una expresión que se utiliza cuando las personas experimentamos la sensación de estar viviendo algo que ya nos ha ocurrido antes. Ej: película Matrix I. Cuando Neo comenta "Esto ya lo he vivido" y Trinity avisa a los demás que los súper malos han rebobinado la realidad virtual porque van a cambiar algo de esa realidad ficticia. Pos eso, que ya sabéis lo que es un Díya vú. (Que es como se pronuncia). Besotes popotes, como diría mi amiga Hibari Hanakoganei. :-)
ADVERTENCIA: En este capítulo, se dicen palabrotas, hay un poquito de tensión y también describo una escena de caricias y demás cosas que no llegan al sexo pero que igualmente pueden ofender la sensibilidad de algún lector/a. Si tú eres de ese tipo de lectores o lectoras que no aguanta este tipo de cosas, no te leas el cap, porque mucho me temo, que te vas a encontrar algunas de las cosas que acabo de mencionar. Avisado/a quedas, si lo lees y no te gusta, es tu problema, no el mío. He dicho. RAkAoMi.
Este capítulo también es largo. Pesa 336 kb sin contar con los reviews. Contando con los reviews pesa en total 472 kilobytes.
Ya sabéis, preparad refrescos, cigarrilos(a los fumadores como yo, les hará falta), snacks…etc etc. ;-)
Simbología:
La de siempre.
Música Recomendada:
- Banda sonora de Memorias de una Geisha, banda sonora el último samuray, "Yo te amo" (Chayanne), "Para tu amor" (Juanes).
Cap. Doce. "Gryffindor contra Slythering."
Contento, así fue cómo se sintió Harry cuando abrió los ojos y vio a Hermione mirándole con atención. La sonrisa de él, apareció de inmediato.
- Hola.
- Buenos días.- pronunció ella dándole un beso.- ¿Dormiste bien?
- Sí. ¿Y tú?
- También.
- Tengo que ir al baño.
Ayudándole a levantarse, caminaron los pocos pasos que les llevaban hasta el cuarto de baño que tenía la habitación. Uno lo bastante grande para dos personas.
En cuanto entraron, él le aplicó el desmaius. Ella hizo lo mismo con él cuando estuvo despierta. Hermione se lavó las manos y la cara con rapidez, pues no le gustaba ver a Harry inconsciente. Cepilló su pelo lo suficiente para dejárselo manejable y se recogió la melena en una cola de caballo medio alta. Cuando le aplicó el contra-hechizo, se dirigieron con rapidez al gran comedor, donde vieron a Ron sentado en la mesa de Ravenclaw, la casa de Luna.
- Buenos días, Ron.- pronunció Hermione con una sonrisa.
- Hola. ¿Qué tal estáis?
- Bien, gracias.- respondió Harry.
- Hoy es el último día del hechizo. ¿Verdad?
- Sí, y si Hermione no se equivocó en los cálculos, estaremos despegados a partir de las diez.
- Genial. Sólo quedan dos horas, no se os hará muy largo. ¿Queréis que me vaya con vosotros?
- No.- dijo la castaña amablemente.- No hace falta. Quédate con Luna, a la que por cierto aún no he saludado. Buenos días Luna. ¿Cómo estás?
La rubia de grandes ojos azules miró a la prefecta con expresión dulce y amable, esbozando una sonrisa amigable y bonita.
- Hola, Hermione. Buenos días. Estoy bien, gracias. ¿Y tú?
- Bien también, gracias.
- Hola Harry.
- Hola Luna.
- Ron me contó lo del hechizo y que estabais saliendo desde…el lunes, creo.
- Sí, así es.
- Espero que os vaya bien.
- Gracias Luna, eres muy amable.
- No es amabilidad, Harry, sino sinceridad. Vosotros tres, siempre me habéis caído muy bien. Sois buenas personas, eso no se ve todos los días.
- Una chica como tú, tampoco.- añadió Ron guiñándole un ojo. Luna bajó la mirada tímidamente mientras se ruborizaba un poco.
- Bueno…- pronunció Hermione.- Os dejaremos terminar de desayunar. Nos vemos luego. ¿De acuerdo?
- Sí.- añadió Luna antes de recibir un beso en su pelo rubio.- Que os aproveche el desayuno.
- A Hermione seguro que sí, come como una bestia…- dijo Ron, riéndose con ganas.
- Vamos…que tú comes poco. Seguro que en un concurso de tragones, te llevarías el primer premio.
- ¡Hey!- dijo el pelirrojo intentando parecer ofendido.- ¿Cuándo ha sido malo tener buen apetito?
- Nunca.- pronunció Luna.- Todo lo contrario más bien, la gente que disfruta el comer, suelen ser personas saludables. Además, a mí me da igual si comes mucho o poco, no fue por eso por lo que me enamoré de ti.- Sin añadir otra cosa, ella empezó a besarle y Ron no tardó nada en corresponderla.
- Vámonos ya.- dijo Hermione por lo bajo.- La parejita necesita privacidad.
- Como si hubiera mucha en el gran comedor.- respondió Harry usando el mismo tono.- ¿Es que no les da vergüenza que todo el colegio les vea besándose?
- No. Porque nadie está mirándoles. Echa un vistazo, Harry. Dime qué ves.
- Muchas personas desayunando.
- Correcto. ¿Ves a alguien mirar en esta dirección, más concretamente en la que están Luna y Ron?
- Pues no.
- Están demasiado concentrados en otras cosas que no sea desayunar o hablar con sus amigos.
- Supongo que tienes razón. ¿Qué te sirvo primero?.- preguntó sentándose delante de un rincón de la mesa de Gryffindor, donde no había nadie y que tenía de todo lo que les gustaba a Harry y Hermione.
- Nada, gracias.
- ¿No tienes hambre?- la miró como si alucinara, sabiendo lo mucho que comía ella siempre.
- Tanta que hasta me comería una vaca, pero no necesito que me llenes el plato, puedo hacerlo por mí misma.
- ¿Usando sólo una mano?
- Igual que tú. Además, todo lo que tenemos delante no necesita servirse con dos manos. Puedo pinchar las tostadas con el tenedor o incluso usar la cuchara para echarme mermelada, también soy capaz de coger la jarra de zumo con una mano y llenarme el vaso. Eso sí, tendrás que sujetármelo, si no te importa, claro.
- Para nada.- añadió él con una sonrisa, pues le encantaba serle útil.- ¿Lo agarro ya?
- Sí por favor. El zumo de naranja tiene una pinta estupenda. Creo que voy a llenar el vaso casi hasta arriba.
- Hermione…
- ¿Sí?
- El vaso que has cogido es más grande que el mío.
- ¿Y?
- ¿No será malo tanta vitamina?. A ver si te va a dar un subidón y luego te pones nerviosa…
- Pfjajajjaja. ¡La vitamina C no es como la cafeína, Harry, no provoca efectos secundarios!
- Igualmente pienso que tomar mucho zumo no puede ser bueno.
- A mí no me sienta mal, además, me da energías de sobra para soportar la mañana.
- Pero si tú ya tienes una energía impresionante sin tener que beberte un zumo…
- El zumo de naranja me gusta horrores, eso es lo mismo que muchísimo, y pienso tomarme todo el que me de la gana. ¿Comprendido?
- Sí.
- Entonces cambia de tema, estoy empezando a cansarme de hablar de esto.
- Perdona.
- No, si no me molestó, es sólo que no considero necesario darle tantas vueltas al hecho de que me guste beberme un gran vaso de zumo. Como si son miles de vasos. ¿Qué más da?. Los zumos no engordan.
- Yo no lo decía por eso, sino por si podían sentarte mal. Además, Hermione, ya te lo dije una vez. No me gustas por tu figura sino por lo que tienes dentro del cuerpo. Y añado también, que si engordaras, seguirías pareciéndome atractiva.
- Seguro…
- Lo digo en serio.
- Puedes decir latín, si quieres. La única realidad, es que a los chicos no os gustan las chicas gordas, ya sea muy gorda o poco gorda, la cuestión es…que en cuanto veis a una chica entradita en carnes, en seguida le perdéis el interés. Antes os fijáis en una anoréxica, que en una regordeta.
- Habrá chicos así, no digo que no, pero yo no soy así. A mí el aspecto me importa poco…
- Claaro. Si yo tuviera la cara llena de verrugas con pus, te enamorarías de mí en seguida. ¿Mmm?
- Bueno…
- ¿Lo ves?
- Espera, me interrumpiste antes de que terminase.
- De acuerdo, dime lo que querías decir.
- Reconozco que si no te conociera de nada, y te viera como tú me has puesto de ejemplo…no me fijaría en ti como chica atractiva. Seguro que te recordaría como alguien…
- ¿Repugnante?
- Es posible, pero también pienso que si llegara a conocerte y me gustara lo que viera…puede que me enamorase de ti y te viese como la mujer más guapa del mundo por muchas verrugas llenas de pus que pudieras tener por la cara.
- ¿Y si además de en la cara las tuviera por todo el cuerpo?
- Pues…sería más asqueroso aún, no lo niego, pero llegaría un momento en que ni las vería.
- Ya…ya…
- ¡De verdad, Hermione!
- De acuerdo, te creo.
- ¿Y yo qué?.- preguntó él mientras pinchaba tortitas con chocolate.
- ¿Tú qué, de qué?
- ¿Te fijarías en mí, si tuviese la cara y el cuerpo llena de verrugas asquerosas?
- Por supuesto que sí. Incluso tú sabrías que me habría fijado en ti…
- ¿Por qué?
- Porque saldría corriendo nada más verte.
Él escupió la tortita y se partió de risa.
- ¡Mala!
- No, al contrario. Soy muy buena, he sido sincera. Malos son los que mienten. Pero yo no suelo mentirte nunca. Bueno…casi nunca.
- ¿Cuántas veces me has mentido?
- ¿Y yo qué sé?. No las he contado. No es que cuente cada mentira que puedo soltar durante todos los días y meses que tienen los 7 años que llevamos aquí.
- No, claro que no. Fue una pregunta estúpida.
- No lo fue, Harry. Lo que sí puedo decirte, es que…cuando te he mentido, no me he sentido bien.
- ¿Remordimientos de conciencia, quizás?
- Tan grandes como ni te imaginas. Es peor que hacer exámen de conciencia.
- ¿Tú crees?
- Pues sí. Tú puedes examinar tu conducta con los demás y seguir pensando que has actuado bien y ellos no. Aunque en realidad sea todo lo contrario a lo que tú crees pero…cuando le mientes a alguien…no puedes engañarte a ti mismo creyendo que has hecho bien porque sabes de sobra que la mentira, la mires por donde la mires, nunca es buena y tampoco produce cosas buenas.
- A veces sí.
- ¿Por ejemplo?
- Imagínate que…no sé, tienes eh…una amiga que todo el mundo considera fea. Imagina también que hay un baile¿no, entonces ella se arregla pero no queda bien sino más fea de lo que es. Imagina que te pregunta…¿qué te parezco Hermione?
- ¿Un adefesio?
- Seguramente sí, te lo parecería. Pero…¿de verdad le dirías eso, o al ser tu amiga intentarías decirle algo, para que se sintiera mejor, aunque ese algo fuese falso?
- Yo le diría la verdad, Harry, aunque esa verdad pudiese doler. El ejemplo que me has puesto no es válido para mí. ¿Sabes por qué?
- No, cuéntamelo.
- Porque yo también sé cómo se siente una persona que no sólo se considera fea sino que sabe que todo el mundo la considera así…
- ¿Todo el mundo, Hermione?
- Bueno, casi todos menos tú.
- Y Ron, él tampoco te considera fea.
- Pero no piensa que sea guapa. Lo que intento decir es…¿por qué hacerle creer a alguien algo que no es cierto, para qué engañar a esa persona… para intentar que se sienta mejor, y eso de qué le valdrá si cuando llegue a ese baile todo el mundo…o casi todo el mundo…se reirá de ella?. Venga, a ver si puedes responderme a eso.
- Te voy a responder por partes. Primero, Ron no piensa que seas guapa, es cierto, porque guapa le parece Luna y no tengo que decir más sobre eso. Segundo, para él no eres guapa, es verdad, pero también es verdad que no te considera fea. Te recuerdo que en cuarto curso, te pidió ir al baile. No lo hizo por lo que tú crees…eso de que creía que no tendrías pareja. Bueno, un poco sí fue por eso pero…principalmente te lo pidió porque le gustabas.
- ¿De verdad?
- ¡Pues claro!. La cuestión es, que si tú te consideras fea…vale, pero ni él ni yo lo pensamos. Por otra parte…sí, decirle a alguien feo que no está tan mal no es una mentira tan cruel como tú piensas. Principalmente porque puede ser que a los ojos de esa persona no estés tan mal y por otro lado también, si esa persona es amigo o amiga tuya…está claro que dirá lo que sea para hacer que te sientas mejor. ¿No crees?
- Lo que yo creo es que mentir es malo. No conseguirás convencerme de lo contrario, Harry. Te aseguro que yo al menos, prefiero una verdad dolorosa a una mentira piadosa. ¿Me has entendido?
- Sí, Hermione, todo.
- Me alegro. ¿Me pasas un bollo con nata, por favor?
- Aquí tienes. Igualmente, sigo pensando que hay mentiras buenas y malas. Y respecto a lo de antes, eso del baile y de que todo el mundo se reiría de esa persona cuando ella llegara…déjame decirte, que ese ejemplo tampoco vale para ti. Porque cuando tú llegaste al baile de cuarto año, incluso a Draco Malfoy se le cayó la mandíbula, al verte. No fui yo el único que se quedó idiota. Por lo tanto…no, no creo que nadie te considerase fea aquella noche en concreto. La frase "¿es esa Hermione Granger?. ¡Qué cambiada está!" Fue la que más oí antes de sacar a Parvati a la pista de baile.
- Sí…- dijo ella con una sonrisa soñadora.- Yo también recuerdo eso.
- Entonces no estabas tan fea como tú creías, más bien estabas…preciosa, realmente preciosa. ¿Aún tienes el vestido?
- Sí, pero ya no me sirve, he crecido.
Harry experimentó un Deja Vû. Acababa de acordarse que eso mismo fue lo que ella le dijo antes de decirle, en su sueño, que le quería y que si quería contemplarla, no era necesario mirar la foto porque podía hacerlo directamente. Recordando lo que sucedió después, sintió un enorme cosquilleo interno, pero en seguida volvió a poner los pies en la tierra pues sabía que aún faltaría algún tiempo, antes de que ellos hiciesen el amor.
Una sonrisa algo tonta apareció en su rostro, con sólo imaginarse desnudándola, llenándola de besos y caricias por todas partes.
- Harry…
- ¿Mmm?
- ¿Te ocurre algo?
Él negó con la cabeza, sonriendo aún.
- Pues tienes una expresión algo…tonta, en la cara.
Él se rió por lo bajo, ella levantó una ceja.
- ¿De verdad que estás bien?
- Sí.- volviendo a adoptar su expresión normal, él la miró de lleno y ella sintió las mariposas internas algo inquietas.
Tenía que reconocerse así misma, que por mucho que le mirase, no se cansaba jamás, de admirar los ojos verdes tan bonitos que él tenía.
Unos ojos que no sólo cambiaban de tonalidad según les diera la luz, sino que eran capaces de contarle muchas más cosas que las que podían decir sus labios. Labios que encontraba igual de irresistibles y bonitos, que sus ojos. Ahora…los ojos verdes de Harry le estaban diciendo que él la deseaba, mucho muchísimo. Ella tragó saliva mientras se metía en la boca otro trozo de tortita con nata.
- ¿Te pongo otra tortita?
Ella negó con la cabeza, incapaz de usar la boca más que para tragar la tortita y evitar decir algo inapropiado. Algo como…"No quiero tortitas, te quiero a ti".
Porque la verdad para ella era, que también le deseaba, no sólo ahora, sino desde hacía dos noches. Ella sabía que el deseo sexual era algo más que normal entre dos personas que se gustaban mucho pero sabía sobre todo, que ella no se acostaría con él hasta que sintiese amarle de verdad y eso era algo que aún no estaba segura de sentir.
- ¿Quieres más cacao, Hermione?
- No, gracias.- volviendo a poner los pies en el suelo, se limitó a terminar de desayunar mientras él comía más despacio, pues estaba poniendo más atención en observarla, que en masticar.
Al sentirse observada tan directamente, Hermione agachó la cabeza lo suficiente hasta que su melena le tapó la cara, se estaba ruborizando y no quería que él lo viera.
No sabía por qué, pero le daba vergüenza que él la viese colorada y aunque no quería que la viera así, la vio, porque Harry apartó un mechón de su pelo castaño y lo colocó tras una de sus orejas. Cuando él vio el rubor que cubría sus mejillas, no pudo hacer otra cosa más que sonreír para seguidamente darle un beso en la mejilla que estaba más cerca de él. En vez de retirarse, preguntó a uno de sus oídos…
- ¿Por qué estás roja?
Ella sólo pudo emitir un pequeño sonido de timidez, él le dio otro beso en la mejilla.
- ¿Sabes que colorada también estás linda?-
- No…- fue todo lo que pudo decir en aquél momento, pues aún la invadía la vergüenza.
- Pues ya lo sabes. Me gustas de cualquier forma y aspecto, Hermione. Colorada, normal, comiendo poco o mucho…todo eso da igual. Lo importante para mí, es que sigues siendo tú misma.
"Ya no siento vergüenza sino mucha hambre. Hambre de Harry. Como no se calle me lo voy a comer aunque estemos en medio del gran comedor."
- Con verrugas de pus o sin ellas…gorda o flaca…qué más me da. Sigues siendo Hermione, la chica que me vuelve loco.
"Hijo de su madre…me resulta sexy hasta susurrándome en el oído. Manda narices…"
- Desde hace dos años me estás volviendo loco…
"Harry por favor…cállate ya que no respondo…"
- Y qué chico no se volvería loco por alguien como tú…
"Ay Merlín…me está dando calor… un calor interno de lo más raro y excitante…"
- Si lo tienes todo. Eres guapa, tu cuerpo es bonito, tu corazón más bonito aún. ¿Fea tú?. Por favor…lo dirás en broma. Si tú eres fea…yo soy el hermano gemelo de Malfoy.
"¿Por qué tienes que ser tan maravilloso conmigo?"
- No, Hermione Granger, no hay nada feo en ti. En ti…sólo hay belleza, una infinita belleza…
"Harry…te quiero. Te quiero mucho mucho mucho mucho."
- Digas lo que digas, para mí eres la mujer más hermosa que existe en la faz de la tierra…
"Por favor, que se calle ya. No lo soporto más, otra frase así y me lo comeré a besos aunque me vea todo el colegio."
- De verdad, Hermione. No hay nadie como tú en todo el mundo. Para mí no.
"3, 2, 1…"
- Y nunca lo habrá.
"O."
Él dejó de hablar, porque ella le tapó la boca…besándole de forma apasionada sin importarle nada, si todos los presentes les veían. En cuanto él notó que ella comenzaba a besarle, no tardó ni dos segundos en usar su mano libre para aferrarle la espalda y apretarla contra sí todo lo que podía mientras la besaba con la misma urgencia y necesidad, con que ella le besaba a él.
Ella se inclinó más hacia él, hasta que los dos terminaron tumbados en el banco donde estaban sentados. Por suerte ningún compañero de casa les llamó la atención, pues donde ellos estaban no había nadie alrededor, pero por desgracia también, una tos suave los interrumpió. Pensando que sería Ron, decidieron ignorar dicha tos, hasta que sonó más fuerte.
- ¡Ejem!
Cuando Hermione abrió los ojos y vio quién era, tuvo que hacer un esfuerzo por no desmayarse allí en medio.
- Profesor Snape…- dijo llena de vergüenza mientras volvía a sentarse en el banco.
Ante la mención del profesor de pociones, Harry reaccionó rápido. Sentándose también y apartándose lo suficiente de Hermione como para que pudiese correr el aire entre ellos.
- Menudo espectáculo más…deplorable.- comentó con voz amarga y despreciativa, algo normal en él.- Hacía años que no veía a dos alumnos comportarse con tanta falta de decoro. Aunque no me extraña nada que sea así, al fin y al cabo, uno de ellos es igual de desvergonzado que lo fueron sus padres.
- Cállese.- pero no fue Harry quien lo dijo, sino Hermione. Cosa que sorprendió al moreno bastante.- No se le ocurra insultar a Harry en mi presencia, de ese modo no. No pienso consentírselo, profesor Snape, al igual que tampoco toleraré que falte el respeto de Lilian Evans y James Potter. Sé perfectamente que ustedes tres no se llevaron bien pero…eso no le da derecho a insultarles, más todavía cuando están muertos y no pueden defenderse. Eso sí que es un comportamiento deplorable. Debería darle vergüenza.
El jefe de la casa Slythering se agachó lo suficiente como para dejar su rostro de piel cetrina a tan sólo unos milímetros del de Hermione. Con voz suave pero contundente le respondió…
- Será un placer para mí tenerla castigada hasta final de curso, señorita Granger. Ha vuelto a faltarme el respeto…
- No lo he hecho, sólo he sido sincera.
- La sinceridad a veces no es conveniente, debería usted saberlo con lo "lista" que ha sido siempre...
- Váyase a la mierda.- Esta vez fue Harry quien habló.
- No, váyanse los dos. Están castigados hasta final de junio. ¿Queda claro?
Hermione miró hacia la mesa de los profesores. Pidiendo ayuda a Dumbledore con la mirada, el director del colegio estaba hablando con Hagrid, pero sólo necesitó un segundo para mirar a la castaña y asentir con la cabeza. Ella suspiró aliviada.
- A partir de hoy.- siguió diciendo Snape.- Les quiero ver en mi aula después de comer. La limpiarán hasta que el suelo no sólo brille sino que además quede completamente blanco. Me da igual las muchas horas que eso les ocupe pero allí les quiero ver. Si faltan aunque sea un solo día o si llegan tarde alguna vez…haré de su estancia aquí…un verdadero infierno. ¿Me han entendido los dos?
- Sí señor.- contestaron al unísono.
- Bien, no tengo más que decir salvo…les espero esta tarde.
- No será necesario, Severus.- pronunció Dumbledore justo a su lado.
- Pero Dumbledore.- dijo Snape más asombrado de verle allí que de que le quitase la autoridad delante de dos alumnos.- Estos jóvenes me han faltado el respeto. Tengo todo el derecho a castigarles. Usted lo sabe…
- Lo que yo sé, es que el señor Potter y la señorita Granger hablarán conmigo en mi despacho y ésa es mi última palabra al respecto.
- Pero…
- ¿Recuerdas lo que te dije en cierta ocasión?
"Déjales tranquilos, Severus, o seré yo quien te castigue."
- Sí señor, lo recuerdo bien.
- Pues ya está todo dicho. Señor Potter, señorita Granger, los espero en mi despacho cuando termine el partido de Quidditch. ¿De acuerdo?
- Sí señor, allí estaremos sin falta.- pronunció Harry sin ocultar su voz de alivio. Cualquier castigo que les impusiera el director del colegio, no sería nada comparado al de Snape, eso lo tenía más que claro.
- Y ahora váyanse, o llegarán tarde a su primera clase. Hoy es viernes, tienen encantamientos a primera hora. ¿Recuerdan?
- Sí.- dijo Hermione sonriendo de oreja a oreja, entendiendo el mensaje oculto de aquellas palabras.- Hasta luego profesor Dumbledore. Vamos Harry.
No tuvo que repetírselo, él se levantó en seguida, y junto a ella, comenzaron a caminar en dirección a la salida del gran comedor, mientras Snape y el mago anciano, conversaban en voz baja. Harry no sabía de qué hablarían, pero tampoco le interesaba demasiado. Su único interés era asistir a la clase de Flichwick y ver si al salir, se liberaban del hechizo.
- Ha sido fantástico. ¿Verdad?.- pronunció Ron mientras caminaba junto a Harry y Hermione en dirección a su siguiente clase.
- Sí.- respondió la castaña.- Cuando ví a Malfoy fallar con el hechizo, tuve que necesitar de todo mi autodominio para no reírme en su cara.
- Se merece ser el único que no lo consiguió, es un castigo divino por ser un imbécil durante siete años seguidos. ¿Verdad chicos?
- Pues sí.- pronunció Harry sin poder ocultar la sonrisa que asomaba en su bonito rostro.- Ya sabía yo que llegaría un día en que quedaría en ridículo delante de todo el mundo sin ser nosotros los causantes de su humillación. Aunque debo decir también, que tampoco me sienta mal hacérselo pasar mal.
- No digas eso, Harry, no está bien.- dijo Hermione con ese tono maternal que siempre empleaba con él cuando quería hacerle ver lo que estaba bien y lo que no.- Por muy mal que nos caiga Malfoy, no creo que se merezca que nos alegremos de sus desdichas y mucho menos que disfrutemos provocándoselas.
- Pues yo sí disfruto, para qué voy a mentirte. Llevo siete años aguantando sus gilipolleces, ya estoy harto.
- Yo también.- añadió Ron.- Sea justo o no, me alegro de que algo se le tuerza.
- Sois terribles.- comentó Hermione mirándoles con dureza.- ¿Es que no os he enseñado nada durante estos 7 años?
- Sí, muchas cosas.- volvió a decir Ron.- Por ejemplo…que hay que estudiar hasta la saciedad, que hay que ser leal y fiel a tus amigos y que…
- ¿Y que…?. Un momento Ron, creo que siete años de convivencia no se pueden resumir en dos ejemplos y un "y que…"
- Ya, Hermione, pero es que me gusta enfurruñarte. ¿Acaso es un crimen?
- Weasleys, se llamen como se llamen, todos son imposibles.
Tanto Ron como Harry se rieron abiertamente, pero de repente se quedaron callados. Cosa que fue advertida por Hermione. Ella ladeó su cabeza para mirarles y se dio cuenta que no estaban a la vista. Giró el cuello un poco más y entonces los vio, completamente inmóviles a unos pasos detrás de ella.
- ¿Qué?.- Pero ellos no dijeron nada. Sólo Ron se atrevió a decir…
- La…muñeca, Hermione. Harry…tú…¿No te das cuenta?
Ella se miró la muñeca, volvió a mirar a Harry, se frotó los ojos tres veces para comprobarlo y efectivamente, él seguía estando a unos cuatro o cinco pasos de distancia de ella. Entonces se percató.
- ¡Somos libres, libres. Yuuhhhh!- Estaba tan contenta que hasta daba saltos. Pero entonces se fijó en Harry y notó que tenía una mirada algo triste. Ella se acercó rápidamente a él.
- Hey…- dijo suavemente.- Esto no cambiará nada entre nosotros. Seguiremos juntos a pesar de todo. ¿Recuerdas?
- Sí.- contestó él con una voz más que feliz y con el rostro iluminado de repente.
- Lo único que va a cambiar.- añadió Ron.- Es el hecho de estar juntos las 24 horas, porque no creo que Dumbledore os permita seguir durmiendo juntos ahora que estáis separados.
- Oh, no.- Pronunció el moreno con clara desilusión.
- ¿Y qué más da que no durmamos juntos?.- dijo Hermione de forma resuelta.- Antes de estar pegados tampoco lo hacíamos.
- Antes no era tu novio.- dijo Ron en tono de "¿cómo no has pensado en eso?"- Si yo estuviera en su lugar, también me deprimiría un poco. Después de siete días durmiendo con mi novia, que me quiten eso de repente, no creo que me alegrase demasiado.
- Oh, claro, entiendo. Pero eso no cambiará el resto de la relación. Seguiremos juntos el tiempo en que compartamos cosas. ¿Qué más dan unas pocas horas de sueño estando separados?.
- Da mucho, Hermione.- fue todo lo que añadió Harry.
- Seguid hablando luego.- dijo Ron comenzando a caminar.- Como no lleguemos pronto a clase, nos van a castigar y lo que es yo, no tengo ninguna gana, he quedado con Luna esta tarde y no pienso llegar tarde por culpa de un castigo. ¿De acuerdo?
Ellos sólo asintieron con la cabeza mientras seguían a su amigo pelirrojo.
- Bueno.- dijo Ron al salir de Pociones.- No ha sido tan malo. Creí que Snape volvería a fastidiar algún Gryffindor pero por alguna extraña razón, hoy se ha portado como cualquier otro profesor decente.
- Será que lo del otro día le afectó.- comentó Harry en medio de Ron y Hermione.
- O quizás está harto de fastidiarnos.- dijo ella. Sus dos mejores amigos la miraron como diciendo "no te lo crees ni tú". Ella sólo se rió un poco.
- Deberíamos entrenar una última vez. ¿No, Harry?
- No, Ron, con lo de ayer tuvimos suficiente, además, es la hora de comer. No sé tú, pero yo me muero de hambre.
- Yo también.- añadió Hermione, sus tripas sonaron para demostrar que decía la verdad. Harry y Ron se rieron.
- Será mejor que comamos algo antes de que nuestra niña mimada se desmaye de hambre.- añadió el pelirrojo riéndose de nuevo.
- ¿Niña mimada yo?.- Hermione le miró con incredulidad.- Seré muchas cosas, no lo niego, pero de mimada no tengo nada. Mis padres me educaron bien.
- Me refería a nosotros. No me digas que no te hemos mimado mucho porque sabes que sí.
- Si con mimos te refieres a pelearte conmigo casi todos los días de los 7 años que llevamos siendo amigos, Ron, entonces sí, me has mimado muchísimo.
- Anda y vete al cuerno cordialmente.
- Yo también te quiero.
- No tanto como yo.- pronunció Harry agarrando su mano.
- Ya lo sé.- ella sonrió, entrelazando sus dedos con los de él.
Ron abrió la puerta grande que daba acceso al gran comedor. Sin apartarse los tres ni un milímetro, caminaron al unísono hasta llegar a la mesa de Gryffindor y buscar el sito más alejado del resto de sus compañeros. Como llevaban haciendo una semana.
- Dentro de poco me preguntarán por qué no hacemos vida social.- comentó el pelirrojo metiéndose un trozo de pan en la boca.
- ¿Por qué lo dices?.- preguntó Harry mientras usaba una mano para agarrar la jarra de agua.
- Porque desde el hechizo, siempre nos hemos apartado de los demás, a la hora de comer sobre todo. Eso desde luego, es algo que llamaría la atención de cualquiera. ¿No creéis?
- Lo que yo creo.- dijo Hermione mirando con ganas el pollo asado.- Es que el pollo tiene una pinta estupenda y ahora que puedo usar mis dos manos con total libertad, voy a coger la fuente y servirme todo lo que me de la gana.
- No lo hagas.- dijo Ron, cosa que llamó la atención de sus dos amigos.
- ¿Por qué no?.- preguntó ella.
- Porque prefiero que todos sigan creyendo que estáis pegados. No os sirváis comida, no hagáis nada anormal desde que comenzó el hechizo. Yo os serviré todo, como he hecho días atrás. Creo que es lo mejor, porque si Malfoy planea sorprenderos durante el partido, más sorpresa será para él veros despegados. Por lo tanto, no es conveniente que lo sepa antes de tiempo. ¿No creéis?
- Creo que tu ingenio nunca dejará de asombrarme.- dijo ella con una sonrisa.- Y estoy totalmente de acuerdo contigo. ¿Harry?
- Sí, Hermione, yo también estoy de acuerdo en eso.
- Genial. Se va a enterar ese rubio de piel pálida de quiénes somos nosotros. Porque yo al menos, pienso ayudaros en cuento le vea haceros lo más mínimo.
- ¿Y el partido qué?.- preguntó la castaña.
- Al partido que le den por culo. Sinceramente diré…que mis dos amigos son más importantes que todos los puntos que puedan marcarnos.
Hermione se echó hacia delante y le dio un beso suave y dulce en la mejilla. Harry frunció el ceño pero entendió que aquella muestra de cariño, era algo normal entre ellos. Al fin y al cabo, él no era el único mejor amigo de Hermione.
- ¿Pollo entonces, Hermione?.- preguntó el pelirrojo mirándola sonriente.
- Mucho, Ron. Ponme la pechuga y las alas, me encantan las alas del pollo.
- ¿Quieres guarnición?
- No, con el pollo tendré bastante. Además, lo que lleva de acompañamiento no me gusta.
- ¿Harry?
- Yo no quiero pollo, Ron, gracias. Pero si me sirves ensalada y un tazón de crema de calabaza te lo agradeceré mucho.
- ¿Dejándome la saeta de fuego para mañana?. Es que me gustaría dar un paseo con Luna.
- De acuerdo. Mañana será toda tuya.
- Bueno…si quieres usarla para dar una vuelta con Hermione…
- No, gracias.- dijo la castaña.- Si tengo que pasear con Harry prefiero hacerlo con los pies sobre el suelo.
Ron se rió un poco mientras servía de todo lo que le habían pedido sus dos mejores amigos.
Harry y Hermione hicieron lo que habían acordado. Siguieron comiendo y comportándose como si aún estuviesen pegados. Al terminar el almuerzo, Ron se fue al dormitorio de los chicos de séptimo para cambiarse y ponerse el equipo de Quidditch mientras Harry y Hermione se dirigían a la habitación de ella para cambiarse también.
Ahora que estaban libres, Harry no tuvo que usar el desmaius en Hermione, sólo tuvo que meterse en la habitación del prefecto mientras ella se iba a la de la prefecta para preparar lo que se pondría: El chándal Nike que le había regalado Megan y que tanto le había gustado a Harry.
Sabiendo como sabía lo peligroso y accidentado que era el Quidditch, Hermione tuvo la precaución de hacer aparecer un corpiño protector.
Había leído sobre ellos, eran parecidos a los chalecos antibalas muggles y sabía que la protegerían de cualquier impacto peligroso en la zona torácica y en la lumbar. Ella lo observó con atención.
El corpiño no era grueso ni tampoco abultaba demasiado, por lo que se camuflaba perfectamente entre la ropa. Cuando ella lo miró más detenidamente, se percató de que era más parecido a un corsé de encaje que a un corpiño propiamente dicho.
De hecho, lo que parecía ser encaje negro, no era sino una fina pero resistente tela mágica tan dura como el acero. Tras colocárselo, cerró la cremallera que tenía a un lado y el corpiño se ajustó mágicamente a su pecho, cubriéndolo por completo pero sin llegar a cortarle la respiración. Ella se dio cuenta que también se ajustaba a su espalda, justo en la zona que había bajo los omoplatos.
El corpiño terminaba en la cadera, donde quedaba más suelto. Un lacito negro a cada lado del corpiño, le dio a entender a Hermione que no eran dos simples adornos, sino la apertura de emergencia, por si la cremallera se rompía. Hermione se miró en el espejo y no pudo evitar silbar al verse con aquél atuendo. Incluso ella se veía sexy.
" Me pregunto qué diría Harry si me viese con esto."
Por su parte, él estaba terminando de vestirse con el equipo de Gryffindor. Se tomó unos segundos para mirarse al espejo e intentar recolocarse el pelo pero sólo consiguió desordenárselo más todavía. Soltando un suspiro de fastidio, salió de la habitación para esperar a Hermione.
- Hermone…¿te queda mucho?.- preguntó Harry desde detrás de su puerta.
- No, en seguida voy.
Tras recogerse el pelo en un moño a media altura, se colocó una camiseta de tirantes anchos, metiéndosela por dentro del pantalón.
Seguidamente se agachó lo suficiente para poder atar los cordones de sus zapatillas deportivas, haciéndole un doble lazo y volvió a incorporarse.
Echándose una última ojeada en el espejo de cuerpo entero que había en una de las puertas interiores de su armario, Hermione asintió con la cabeza, dándose así misma la aprobación. Se colocó varias horquillas en el pelo para evitar que se le escaparan algunos rizos cortos y tras darse un poco de crema protectora en la cara, salió de la habitación cerrando la puerta suavemente.
Cuando Harry la vio, tuvo que tragar saliva. Aquél chándal que le había regalado su mejor amiga y que ya le había visto en otra ocasión, le sentaba más que bien, marcando su figura estupendamente. Observó que se había anudado los cordones de la cintura del pantalón, evitando así que se le bajara.
Interiormente, maldijo el no poder ver su cadera pues estaba tapada por la camisa que ella llevaba bajo la sudadera. Se dio cuenta también, que su cara brillaba un poco, seguramente debido a alguna crema hidratante que se habría puesto.
No queriendo contenerse por más tiempo, se acercó a ella lo bastante como para poder besarla mientras la estrechaba contra su pecho.
Cuando él recorrió su espalda, notó el corpiño. Él no era un experto en prendas íntimas femeninas, pero había visto suficientes películas antiguas con su tía Petunia, como para saber lo que era aquél atuendo. Apartándose de ella un poco, sonrió pícaramente con sólo imaginarse el aspecto que tendría ella con nada más que eso puesto.
Cuando Hermione vio su expresión, no pudo evitar reírse al suponer lo que estaría pasando por su cabeza en aquél momento, cosa que no la extrañó en lo más mínimo, al fin y al cabo él era un chico.
- Es un corpiño protector, Harry, para evitar los golpes. Descubrí su existencia en una de las revistas "Corazón de Bruja" que tenía Lavender en su cama. Ella me dejó leerla y ví la sección que hablaba sobre la ropa interior mágica que protegía a las mujeres de los ataques corporales. No sé qué nos habrá preparado Malfoy, pero pensé que esto podría serme útil. Al menos tendré protegida esa parte de mi cuerpo. Aunque sea parcialmente.
- ¿Y qué querías en vez de un corpiño, ponerte una armadura?.
- Hombre, tanto no pero…tampoco me habría importado ponerme una si eso me asegurase salir ilesa de lo que nos espera. Eso sí, preferiría una armadura que no fuese de acero, deben de pesar una barbaridad. Me imagino con eso puesto y tú sin poder despegar por culpa del peso.
Harry estalló en carcajadas con sólo imaginarse a Hermione de aquella guisa.
- Estarías muy graciosa. ¿También te pondrías el casco?
- Pues claro. Si hay que usar una armadura, se usa con todo.
Él volvió a reírse.
- Vámonos ya, Harry, tenemos sólo diez minutos para llegar al estadio.
- Abre la ventana.
- ¿Por qué?
- Porque vamos a salir volando por ella.
- ¿Qué qué?. Ah no, de eso ni hablar.
- Hermione, tal y como tú has dicho, tenemos sólo diez minutos para llegar al estadio antes de que empiece el partido.
No sé tú, pero yo no puedo recorrer el castillo y la distancia que hay hasta el estadio, tan sólo corriendo en ese tiempo. A menos que conozcas un hechizo que haga a nuestras zapatillas correr a la velocidad de la luz, mucho me temo que tendremos que ir volando si no queremos llegar tarde. Y para rematar, soy el capitán del equipo, razón de más para no retrasarme.
- Está bien, Harry. Iremos volando. ¡Pero no hagas florituras con la escoba!
- Tranquila, no las haré hasta que empiece el partido.
Una vez que Hermione abrió la ventana completamente, volvió hasta Harry. Ella se sentó delante de él, tal y como llevaba haciendo los distintos días que habían entrenado estando pegados. Él agarró la escoba con una mano, dejando la otra en la cintura de Hermione. Ahora que podía hacerlo, no iba a desperdiciar la ocasión, ya no por el simple gusto de tocarla sino para agarrarla mejor, haciendo así que ella se sintiese más segura encima de la escoba.
Tras pegar una potente patada al suelo, salieron volando a una velocidad suficiente para no asustar mucho a Hermione, pero también lo suficientemente rápido como para llegar pronto al estadio.
Nada más tocar el suelo, Harry repasó con su equipo la táctica que seguirían y tras desearle suerte a todos, salieron al estadio de Quidditch.
Todo Hogwarts estaba allí, incluso Colin, que a pesar del incidente del día anterior, le había sido permitido volver a comentar el partido, sobre todo cuando un buen número de estudiantes pidió a la profesora McGonagall que le dejase hacerlo. Pues se lo habían pasado en grande escuchando sus ocurrencias.
El equipo de Slythering y el de Gryffindor se colocó en sus puestos. En cuanto la señora Hooch soltó la snitch, comenzó el juego.
El aire soplaba en los oídos de Hermione y Harry, mientras la saeta de fuego corría a gran velocidad en busca de la pelotita dorada y pequeña.
Cuando Hermione creyó ver un brillo dorado, avisó a Harry, quien no tardó en descender en picado, provocando entre otras cosas que ella gritase de terror.
- Tranquila.- dijo él a uno de sus oídos.- Te tengo agarrada de la cintura, no puedes caerte.
Malfoy les seguía a poca distancia, siendo también un buscador, debía atrapar la pelota antes que Harry. Justo cuando el moreno alargó la mano para atraparla, el rubio arremetió contra su saeta de fuego, provocando así que Harry y Hermione desviaran su trayectoria de forma momentánea.
- ¡TRAMPOSO DE MIERDA!- gritó Colin sin poder contener su rabia- ¡ESO NO VALE!
- ¡CREEVEY!- gritó McGonagall.- ¡CONTRÓLESE!
- ¡ES QUE NO ES JUSTO, PROFESORA!
- ¡EL PARTIDO, COLIN!
- ¡SÍ SEÑORA. POTTER RECUPERA EL RUMBO, VUELVE A ESTAR EN CABEZA. VAMOS HARRY, ATRAPA LA SNITCH ANTES QUE MALFOY. DALE SU MERECIDO AL IMBÉCIL ESE!
- ¡CREEVEY!
- ¡PERDÓN, PROFESORA. SLYTHERING BATEA, GOLPEA FLINCHLEY Y…SÍIIII, SALVADA POR RON WEASLEY. MUY BIEN RON, ASÍ SE HACE!
- ¡COLIN!
- ¡LO SIENTO. SLYTHERING CONTRAATACA, SE DIRIGEN A LA ZONA DE GINNY. VAMOS GINNY, DEFIENDE TU ÁREA. NO DEJES QUE MARQUEN, NO SE LO MERECEN. NO, NO, PROFESORA, DEJE LA VARITA QUIETA. AHH, POR SU CULPA AHORA TENGO CARA DE BERENJENA!
- ¡COMENTE BIEN Y NO VOLVERÉ A HECHIZARLE!
- Cuanto más vieja más cascarrabias…- comentó él por lo bajo.
- ¡LE HE OÍDO, CREEVEY. SI SE METE OTRA VEZ CONMIGO LE SUSPENDO DE AQUÍ A QUE TERMINE EL CURSO!
- ¡LA PROFESORA MINERVA MCGONAGALL ES LA MEJOR PROFESORA DE TODO EL COLEGIO!
- ¡NO ME HAGA LA PELOTA, SIGA COMENTANDO EL PARTIDO!
- ¡SÍ SEÑORA. A VER…¿PERO DÓNDE ESTÁN HARRY Y HERMIONE!
Detrás de una nube, ahí estaban. Harry se había ocultado momentáneamente, mientras esperaba que Hermione recuperase el aire, pues se había mareado un poco debido a tantos giros y vueltas repentinas.
- ¿Estás mejor?.- preguntó mientras le daba aire en la nuca, usando los dedos de la mano que no agarraba la escoba.
- Sí, se me está pasando. Esto no fue buena idea, Harry, debí quedarme en tierra.
- No digas tonterías.
- No lo son, tienes que reconocer que soy más una molestia que una ventaja para ti. Fíjate, por mi culpa has tenido que parar y si Malfoy atrapa la snitch antes que tú, ganarán el partido y teniendo en cuenta todos los puntos acumulados que nos llevan de ventaja, no creo que consiguiésemos superarles de aquí a final de curso. Sin duda lamentaré no ganar la copa de la casa pero lamentaré más todavía que perdáis la del Quidditch por causa mía.
- Hermione, mírame.
- Ya lo hago.
- Tú no tienes la culpa de nada.
- Sí que la tengo.
- No, no es verdad. Si Gryffindor va detrás de Slythering este año no es por tu causa y si perdemos la copa de Quidditch tampoco será por tu culpa. Será porque no habremos jugado bien y eso es lo último que diré al respecto.
- Pero si no estuviera contigo…jugarías mejor. Siempre has jugado mejor sin mí.
- Si tú no estuvieras conmigo, no jugaría mejor. Contrario a lo que puedas creer, no me desconcentras. Ya no. He aprendido a no desconcentrarme, contigo chillando. No me importa que tengas miedo, en realidad lo prefiero.
- ¿Prefieres que me asuste?
- Pues sí.
- ¿Por qué?
- Porque así sé que estás bien. Sin duda sería anormal en ti, volar conmigo sin emitir ni un grito.
- Masoquista, tú disfrutas viéndome pasarlo mal. ¿Verdad?
- No, pero reconozco que me gusta verte asustada. Porque así puedo hacer algo para intentar calmarte.
- No necesitas hacer nada para calmarme, Harry. Cuando me asusto de verdad, no se me pasa el miedo por mucho que intentes protegerme. De todos modos te diré otra cosa.
- Qué.
- Por mucho miedo que tenga, sé de sobras que mientras esté contigo…no me ocurrirá algo peor. Porque tú estarás ahí igual que lo estaré yo para ti.
- Te quiero Hermione.
- Yo también a ti. Lo sabes. ¿Verdad?
- Sí que lo sé.
- Volvamos al juego. Ya me siento mucho mejor.
- De acuerdo.
- Pero antes…¿Me das un beso?
- ¿Uno solo?
- De momento me conformo con uno.
Sin añadir nada más, Harry cumplió su deseo. Cuando se retiró, ella le miró sonriente.
- A por ellos tigre.
Harry sonrió ante el nuevo apodo. Tras agarrarla de la cintura, sujetó con más fuerza la escoba y se lanzó en picado a toda velocidad hasta salir de la nube y volver a ponerse a la vista de todos los jugadores.
- ¡AHÍ VA POTTER DE NUEVO. VENGA HARRY, ESTÁS A PUNTO DE ALCANZAR A MALFOY!
- ¡COLIN!
- POTTER Y MALFOY ESTÁN A IGUAL DISTANCIA. AMBOS BUSCANDO LA SNITCH. MALDITAS NUBES…NO VEO NADA.
- ¡CREEVEY!
- ¡QUÉ QUIERE QUE DIGA, PROFESORA, HAN DESAPARECIDO TRAS LAS NUBES, NO VEO UN CARAJO!
- ¡ESA LENGUA, COLIN!
- QUÉ PESADA ES USTED, PARECE MI MADRE…
Colin se quedó callado momentáneamente debido a un coscorrón que le arreó McGonagall.
- ¡CRABE GOLPEA, DETIENE GINNY, GOYLE CONTRAATACA, SÍ, BUENA PARADA DE RON WEASLEY. SOIS LOS MEJORES, CHICOS!
- ¡COLIN!
- ¡DÉJEME TRANQUILO, ES LA EMOCIÓN DEL MOMENTO!
- ¡COMO NO RETRANSMITA EN CONDICIONES LE QUITO EL "SONORUS"!
- ¡PUES SI QUITA EL HECHIZO LA GENTE NO ESCUCHARÁ NADA!
- ¿QUIERE DEJAR DE REPLICARME, CREEVEY?
- ¡ AHÍ VA DE NUEVO FLINCHLEY, MENUDO GOLPE LE HA DADO A LA QUAFFLE. OH NO, HA MARCADO. PERO BUENO GRYFFINDOR, QUÉ OS PASA HOY!. ¿SOIS LEONES O MARMOTAS?. ¡PARECÉIS DORMIDOS!. ¡NO, NO, PROFESORA, NO ME PONGA CARA DE BERENJENA OTRA VEZ, SERÉ BUENO, LO PROMETO!
- ¡CONTINUE COMENTANDO!
- SÍ SEÑORA. SLYTHERING CONTRAATACA, DETIENE GINNY, CRABE GOLPEA DE NUEVO, OTRA VEZ LA PARA GINNY. ESTO PARECE UN PARTIDO DE TENNIS MUGGLE.
- ¡CREEVEY!
- ¿QUÉ?. SI ES VERDAD. HERMIONE ME HABLÓ DE ESE JUEGO HACE TIEMPO.
- ¡SIGA COMENTANDO!
- ¡BIEN, HA MARCADO RON. VIVA GRYFFINDOR, SOMOS LOS MEJORES!
"PORRÓN"
- AUCHH. SERÁ USTED VIEJA, PERO NO VEA LA FUERZA QUE TIENE.
"PORRÓMPONPÓN"
- ¡BESTIA!
- ¡EL PARTIDO, COLIN!
- PUES COMO SIGA DÁNDOME COSCORRONES ME VA A DEJAR TONTO Y YA NO PODRÉ COMENTAR NADA.
- ¡A VER SI ES VERDAD QUE COMENTA USTED EN CONDICIONES!
- ¡POTTER Y MALFOY DE NUEVO A LA VISTA. YA ERA HORA. PARECE QUE HARRY HA VISTO LA SNITCH. MALFOY LE SIGUE DE CERCA. ¿Y HERMIONE POR QUÉ NO GRITA, SE HABRÁ QUEDADO RONCA?
- ¡CREEVEY!
- ¡LO SIENTO, PROFESORA. POTTER DESCIENDE RÁPIDAMENTE, HERMIONE SE ECHA HACIA DELANTE TODO LO QUE PUEDE. POTTER ESTÁ…¿ENCIMA DE HERMIONE?. AH NO, ES QUE HA PUESTO LA CARA EN SU ESPALDA. ¡VENGA HARRY, CÓJELA YA, LA TIENES A PUNTO!
- ¡COLIN!
- POTTER ESTIRA LA MANO Y…¡LA PERDIÓ POR CULPA DE MALFOY. LE HA ECHADO A UN LADO!. ¿SERÁ CRETINO?
"PORRÓNN"
- ¡ ES USTED UNA AGRESIVA, PROFESORA MCGONAGALL!
"PORROMPONPÓN"
- ¡ PERO TAMBIÉN ES LA BRUJA MÁS SABIA DE HOGWARTS!
- ¡DEJE DE DORARME LA PÍLDORA Y LIMÍTESE A RETRANSMITIR. TENDRÍA QUE HABERLE DEJADO EL PUESTO A OTRO!
- ¡Y UNA LECHE. A NADIE MÁS QUE A MÍ LE APASIONA EL QUIDDITCH. BUENO, QUIZÁS A HARRY!
- ¡COLIN!
- ¡QUE SÍ, QUE SÍ, QUE YA LO SÉ. EL PARTIDO, SÍ. PARECE SER QUE HARRY ESTÁ A PUNTO DE ATRAPAR LA PELOTITA, A VER SI ESTA VEZ PUEDE…ÉL ESTIRA EL BRAZO Y…¡MALFOY LE HA DADO UN GOLPE CON LA ESCOBA, POTTER Y GRANGER SE DESVÍAN DE NUEVO DE LA TRAYECTORIA. ESTO NO ES JUSTO. SEÑORA HOOCH, PITE FALTA!
La profesora de vuelo no lo hizo, Colin soltó una expresión mal sonante por lo que se ganó otro coscorrón de McGonagall.
- ¡POTTER Y GRANGER SE ACERCAN A LOS JUGADORES. PARECE SER QUE LA SNITCH VA EN ESA DIRECCIÓN. VAMOS CHICOS, TENÉIS QUE ATRAPARLA ANTES QUE MALFOY, DESPUÉS DE CÓMO SE ESTÁ PORTANDO, NO SE MERECE GANAR!
McGonagall no replicó nada esa vez, secretamente, estaba de acuerdo con el rubio.
- ¡POTTER ESQUIVA LA QUAFFLE, BAJA EN PICADO, ALARGA LA MANO Y…¿SE LE HA PRENDIDO FUEGO. PERO QUÉ ESTÁ OCURRIENDO?
- ¡Aqua!- Hermione apagó el fuego de inmediato, usando también otro hechizo que curaba las quemaduras.- Lo aprendí en un libro de hechizos sanadores básicos. Pensé que sería útil conocerlo.
- Gracias, Hermione.
- No hay de qué. ¿Ves la snitch?
- No, la he vuelto a perder. Todo por culpa de Goyle. Si no se hubiese cruzado en mi camino…maldito sea.
- ¿Crees que eso formará parte del plan de Malfoy?
- Es posible.
- Te ha quemado una vez, pero no le dejaré que lo haga una segunda. Acércame a él, Harry.
- ¿Cómo dices?
- Que me acerques a Goyle, eso he dicho.
- ¿Por qué?
- Tú no preguntes, sólo hazlo.
- Pero Hermione, si lo hago y actúas por tu cuenta. Se darán cuenta que ya no estamos pegados.
- ¿Y qué?. Tal y como dijo Ron, será una sorpresa para ellos. Hazme caso, Harry, sé lo que me hago.
- Está bien. Agárrate fuerte, voy acelerar.
- De acuerdo.
En menos de dos segundos, Harry se paró en seco justo delante de Goyle. El chico gordo no supo qué hacer, pero Hermione lo tenía más que claro.
La castaña se incorporó lo suficiente de la escoba hasta quedar sentada. Sacó la varita de debajo de su camiseta y antes de que el Slythering pudiera evitarlo, empleó un hechizo que le puso el pelo verde y cara de calabacín. Tanto Harry como ella se partieron de risa al verle así.
- Eso te enseñará a no hacerle daño a Harry.
Goyle intentó hechizarla también, pero ella le lanzó otro hechizo, convirtiendo sus manos en dos flores.
- Estás para una foto.- comentó sin ocultar sus carcajadas. Harry también se rió, la visión que presentaba Goyle era bastante cómica.
Cuando más se estaban riendo, un potente golpe al final de la saeta de fuego, hizo que se les cortase la risa de repente. Él se puso hasta pálido, al ver que Hermione caía al vacío de repente, pero ella tuvo el suficiente reflejo como para intentar agarrar el mango de la escoba. Sólo una de sus manos lo consiguió. La otra quedó suspendida en el aire, igual que su cuerpo.
Todo el público enmudeció de repente, incluso Colin se quedó callado.
- Aguanta, Hermione, en seguida te subo.- Él le habló calmado, pero por dentro estaba aterrado.
Ella no dijo nada, sólo le miró llena de angustia.
Harry dejó una mano agarrando la escoba. Echó su cuerpo hacia abajo para alargar un brazo y usarlo como envoltura alrededor de la cintura de Hermione. Cuando la tuvo agarrada, volvió a incorporarse. En cuanto Hermione sintió que su cintura tocaba la escoba, subió las dos piernas, hasta que volvió a sentir la escoba en medio de ellas.
- ¿Estás bien?
- No, pero viva sí. Gracias a ti.
- Tú también me has salvado otras veces.
- Igualmente te lo agradezco.
- ¿Quién habrá sido?
- Puede que Crabbe, estaba cerca de Goyle.
- ¿Le damos su merecido?
- En cuanto me sueltes la cintura y me dejes darme la vuelta.
- Cuando quieras, Hermione.
- Ya.
- ¿Estás bien así?- preguntó al verla tumbada hacia delante, dándole la espalda.
- Sí, no te preocupes.
- Agárrate fuerte a la escoba.
- Por supuesto.
Harry giró en redondo y se dirigió hacia Crabbe como una bala. El Slytherin tragó saliva. Cuando Harry estaba a punto de darle un escobazo, recibió otro golpe y de nuevo se vio impulsado hacia atrás.
- ¡Ha sido Malfoy, Harry, le he visto!
- Hijo de puta…se va a enterar.
- Debería decirte que eso sólo nos buscará líos y hará que perdamos puntos pero…creo que por una vez, voy a dejarte que le des una paliza si es eso lo que quieres.
- Es difícil pegarle estando en una escoba voladora pero te aseguro, Hermione, que pienso darle todos los puñetazos que me sea posible.
- Tú tienes los puños y yo la varita preparada.
- Estoy a punto de llegar.
- Dale un escobazo, a ver si se atreve a venir por nosotros.
- De acuerdo.
En cuanto estuvo a su alcance, Harry chocó su escoba con la de Malfoy, haciéndole retroceder. El rubio soltó una palabrota y se dispuso a perseguirles.
- ¡ ESTO ES LO MÁS RARO QUE HE VISTO EN MI VIDA. MÁS QUE UN PARTIDO DE QUIDDITCH, PARECE EL CORRE QUE TE PILLO!- exclamó Colin al ver la persecución aérea que mantenían.
- Potter…como te pille te vas a enterar.
- Qué miedo Malfoy.- dijo él de forma burlona.- Me están dando escalofríos.
- Imbécil…
- Él no es imbécil, tú sí.- pronunció la castaña en cuanto le vio al lado de ellos.
- Granger…maldita sangre sucia. Como te ponga las manos encima te vas a enterar.
Harry se paró en seco. Malfoy pasó de largo pero en seguida retrocedió hasta quedar frente a los dos.
- Vamos Malfoy.- dijo ella.- Ahora estoy delante tuya. Atácame si tienes valor.
- No, Hermione, déjame a mí.
- No, Harry. Prefiero ser yo la primera en darle un soberano bofetón, o quizás le lanzaré un hechizo que afeará su pálida cara. Ya veré…
- Te odio, Granger.
- El sentimiento es mutuo. Malfoy.
- ¡Te vas a enterar. Tallantallegra!
El hechizo se perdió en el aire cuando Harry ladeó la escoba antes de que la magia le diera a Hermione. Ella ladeó la cara lo bastante como para darle un beso rápido a modo de agradecimiento y seguidamente volver a mirar a Malfoy, dedicándole una sonrisa de triunfo.
- Acércate a él, Harry.- pronunció ella por lo bajo.- Ponte a su lado.
- ¿Qué pretendes?
- Tú hazlo.
En cuanto lo hizo, ella le dio un puñetazo al rubio, haciéndole sangrar la nariz. Él intentó devolverle el golpe, pero Hermione agachó la cara por lo que Malfoy sólo pudo golpear el aire.
- Vámonos, Harry.
- ¿Por qué?
- Quiero que nos siga y sé que lo hará.
Harry no preguntó más, se limitó a obedecer. Sabía que no se lo decía porque sí, sus razones tendría y conociéndola como la conocía, él sabía también que Hermione aún guardaba más de una sorpresa tanto para Malfoy como para Crabbe y Goyle.
El líder del trío Slythering les seguía de cerca pero aún no les daba alcance. Cuando Harry estaba a punto de llegar hasta Crabbe y Goyle se encontró con dos bludgers que le venían de frente. Tuvo el tiempo justo de pasar por debajo de ellas antes de que aquellas bolas impactaran en su cara. Malfoy no fue tan rápido de reflejos y cuando las bludgers estaban a punto de golpearle, cambiaron de rumbo y se pusieron a perseguir de nuevo a Harry.
- ¡Está claro que las han hechizado contra nosotros!- gritó Hermione.- ¡Son como torpedos, no se detendrán hasta habernos derribado!
- Eso no ocurrirá. Mi escoba es más rápida que ellas.
- No te confíes, Harry, recuerda que con la magia todo es posible.
- Por supuesto que me confío, conmigo está la estudiante más sabia de todo el colegio. Si a mí no se me ocurre algo para deshechizarlas, seguro que a ti sí.
- ¡Yo no conozco hechizos para deshechizar bludgers!
- Pues entonces emplea alguno para destruirlas.
- ¡No puedo, ahora no me acuerdo de ninguno!
- ¡Pues haz memoria, están a punto de alcanzarnos!
- ¡Es que no me acuerdo, estoy bloqueada!
- ¡Pues estamos jodidos, muy jodidos!
- ¡Harry, cuidado, gira, por tu madre gira en redondo, vienen de frente!
- ¡Agárrate fuerte!
- ¡Es lo que llevo haciendo desde hace rato. Ahhhhhhh!- pronunció cuando notó cómo giraban a 360 grados.- ¡La madre que te parió!.- dijo cuando estuvieron nivelados de nuevo.- ¡Por poco me da un infarto!
- ¡Pero si tú me pediste que lo hiciera!
- ¡No creí que fuese tan horrible!
- ¿Ves las bludgers?
- ¡No, creo que se han perdido!
- Eso es imposible. Una bludger hechizada nunca pierde el objetivo.
- ¡Coño!
- ¡Qué pasa ahora, deja de moverte tanto que no veo!
- ¡Espera que me tumbe otra vez!. ¿Ves ahora mejor?
- ¡JODER!
- ¡DÍMELO A MÍ. TENEMOS DOS BLUDGERS QUE NOS VIENEN DE FRENTE Y POR SI FUERA POCO, TAMBIÉN VIENE LA QUAFFLE. ESA BOLA SÍ QUE DOLERÁ COMO NOS DÉ!
- ¡BAJARÉ EN PICADO!
- ¡NO, VOY A INTENTAR OTRA COSA. TÚ SÓLO MANTÉN EL RUMBO, SIGUE DIRECTO HACIA ELLAS!
- ¿QUÉ PRETENDES, HERMIONE?
- ¡DEMOSTRAR A TODO HOGWARTS LO QUE PUEDE HACER UNA BRUJA MUGGLE QUE CONOCE EL SURF!
- ¡NO ENTIENDO NADA!
- ¡ TÚ SÓLO AGARRA LA ESCOBA FUERTE, HARRY, PASE LO QUE PASE, NO PERMITAS QUE SE DESNIVELE O ME CAERÉ!
- ¡POR SUPUESTO QUE NO TE DEJARÉ CAER, SÓLO DIME QUÉ PRETENDES!
- ¡ PONERME DE PIE!
- ¿QUÉ TU QUÉ, ES QUE HAS PERDIDO LA CABEZA?
- ¡LA TENGO EN SU SITIO, GRACIAS. AHÍ VIENEN, HARRY!
- ¡HERMIONE NO HAGAS TONTERÍAS!
- ¡TRANQUILO, SÉ LO QUE ME HAGO!
Ante los incrédulos ojos de todo el colegio, y del propio Harry, la castaña tomó impulso y se puso de pie, de lado, sobre la escoba, mientras estiraba los brazos para mantener el equilibrio. Justo cuando la quaffle y una de las bludgers iba a darle en plena cabeza, pegó dos puñetazos, uno a cada bola, alejándolas momentáneamente de ellos. No pasó ni dos segundos hasta que las vio venir de nuevo, pero ahora, junto a la segunda bludger.
Hermione sacó la varita, recordando cuál era el hechizo que hacía estallar las cosas. Lo usó en las tres bolas, pero sólo consiguió destruir la quaffle. Las bludgers siguieron persiguiéndoles. Intentó destruirlas también pero no funcionó.
- ¡PLAN B!- gritó ella aún de pie sobre la escoba.
- ¿QUÉ PLAN ES ESE?- gritó Harry aún sentado.
- ¡PODER FEMENINO AL ATAQUE!
- ¿CÓMO HAS DICHO?
- ¡QUE VOY A EMPLEAR MI INGENIO EN VEZ DE LA MAGIA, ESO HE DICHO, HARRY!
- ¡CREO QUE HAS PERDIDO EL JUICIO!
- ¡JÁ, YO SÉ PERFECTAMENTE POR QUÉ LO DIGO. ACÉRCATE MÁS A LAS BLUDGERS!
En cuanto las tuvo a su alcance, Hermione se agachó lo suficiente hasta agarrar con sus manos la escoba. Estiró las piernas hacia arriba y lanzó dos patadas potentes que hizo descender a las bludgers al suelo del estadio.
- ¡ABAJO, HARRY!- gritó ella aún con las piernas en alto, con lo que daba la impresión de estar haciendo el pino.
Ellos descendieron en picado, a toda velocidad.
Ella ya no gritaba de miedo, la adrenalina que sentía imperaba sobre el terror. Justo cuando estaban a ras del suelo, Hermione saltó y atrapó las dos bludgers. Cayó al suelo arenoso rodando con ellas hasta que se detuvo. Las bludgers hacían temblar su cuerpo debido al movimiento que aún conservaban, parecía que querían escapar del fuerte agarre que ella ejercía. Pero Hermione estaba decidida a no soltarlas pasara lo que pasara.
- ¡RON!- gritó ella mirando hacia arriba.
- ¡QUÉ!- pronunció el pelirrojo mientras descendía hacia ella.
- ¿RECUERDAS EL HECHIZO QUE TE ENSEÑÉ?
- ¿EL QUE SERVÍA PARA HACER DORMIR?
- ¡SÍ, ÉSE. ÚSALO EN LAS BLUDGERS, VOY A SOLTARLAS!
- ¡PERO HERMIONE, ESE HECHIZO ES PARA LAS PERSONAS!
- ¡ME DA IGUAL, ÚSALO EN ELLAS, QUIZÁS FUNCIONE!
- ¡DE ACUERDO!
- ¿PREPARADO RON?
- ¡SÍ, SUÉLTALAS YA!
- ¡AHÍ VAN!
Ella abrió sus brazos, las bludgers salieron volando hacia arriba pero Ron ya estaba esperándolas. En cuanto estuvieron a su altura el pelirrojo lanzó el hechizo, que las golpeó de lleno. Las bludgers se quedaron quietas, flotando levemente, como si efectivamente estuvieran dormidas.
- ¡HA FUNCIONADO, HERMIONE, ERES UN GENIO!
- ¡EL MÉRITO ES TUYO RON!- gritó ella sonriendo de oreja a oreja.
El pelirrojo cogió las bludgers y se las devolvió a la señora Hooch. Ella las hizo desaparecer y les entregó otras dos, además de una quaffle nueva.
- ¿No va a suspender el partido?
- No, señor Weasley. Esto está demasiado interesante como para perderme el espectáculo. Pero no se preocupe, tomo nota de todas las tácticas sucias que están usando los señores Malfoy, Crabbe y Goyle.
- Gracias, señora Hooch.
- Vuelva con su equipo, Weasley.
- Sí señora.
Ron volvió a ascender y voló en dirección a Hermione que aún estaba de pie sobre el suelo. Vio a Harry acercarse a ella, intentó subirla pero falló. Cuando él pasó de largo, Ron aprovechó la ocasión para acercarse a ella lo bastante como para agarrarla de la mano. En cuanto ella cogió su mano, él tiró de ella y Hermione se subió a su escoba, justo detrás de él.
- Llévame con Malfoy, Ron, se va a enterar de quién soy yo.
- ¿No prefieres ir con Harry?
- No. Él debe atrapar la snitch antes de que Malfoy se acuerde de su existencia. Acércame lo bastante a Harry como para avisarle.
- De acuerdo. Agárrate fuerte. Mi escoba no es tan veloz como la de Harry, pero también es potente.
- No te preocupes, Ron, te aseguro que no me caeré.
- ¡Harry!.- pronunció ella cuando estuvo a su altura.
- ¡ Venía a buscarte!
- ¡No te preocupes por mí, sino de la snitch. Tienes que atraparla antes de que Malfoy lo haga. Ahora está más concentrado en nosotros que en la pelota. Ve por ella!
- ¡No, tú eres más importante!
- ¡Harry, estoy bien. Además Ron está conmigo. Él no dejará que me hagan daño!
- ¡Por supuesto que no, Harry. Hazle caso a Hermione. Vete a buscar la snitch!
- ¡No quiero!
- ¡HARRY!.- gritó ella con todas sus fuerzas.- ¡COMO NO ME HAGAS CASO NO VOLVERÉ A DEJAR QUE ME METAS MANO NI SI QUIERA POR DEBAJO DE LA MESA!
La audiencia pronunció un sonoro "OHHH" que dejó claro a la castaña que todo el mundo la había escuchado.
Ella se puso roja de vergüenza, Ron se rió con ganas, más por lo que había gritado que por las cosas que estaba gritando ahora la gente.
Frases como…"¡VAYA CON LA SABELOTODO!" o como "¡QUÉ CALLADITO TE LO TENÍAS, POTTER!", aunque la más sonada fue " ¿ME DEJAS QUE YO TAMBIÉN TE TOQUE, GRANGER?" pronunciada por un Slytherin en la grada cercana a donde estaban los tres Gryffindors.
Todo el graderío Slytherin se rió con ganas, pero se quedaron mudos en el momento en que Harry, se acercó hasta el chico y le metió un puñetazo que le quitó las ganas de seguir hablando. El graderío Gryffindor estalló en aplausos y gritos de " ¡BIEN HECHO, HARRY!". Él decidió ignorar a la audiencia, volviendo rápidamente junto a Ron y Hermione pero ella fue firme en su orden anterior.
- ¡QUE TE VAYAS DE UNA VEZ A POR LA SNITCH!
Él obedeció. Marchándose a la velocidad del rayo en busca de la pelotita alada.
- Llévame con Malfoy, Ron. ¡Date prisa!
- A veces eres peor que mi madre, creo que tienes más genio que ella.- dijo el pelirrojo mientras la llevaba en dirección al rubio, que parecía estar pensando en lo que hacer, si buscar la snitch o atacar a la castaña.
- Soy una mujer con carácter, simplemente eso.
- Eso ya lo sé, dime algo que no sepa.
- Que has mejorado mucho en los hechizos y en el Quidditch. Estoy orgullosa de ti, muy orgullosa.
Ron se sonrojó un poco.
- Gracias, Hermione.
- No te pongas colorado, no es la primera vez que te hago un cumplido.
- Ya, pero…no sueles hacérmelos a menudo. Aún no me acostumbro.
- Oh vamos, Ron, deberías saber, sin necesidad que te lo diga, que me siento muy orgullosa de ti, igual que lo estoy de Harry.
Sois dos chicos estupendos.
- Gracias a ti y todo lo que siempre has hecho por nosotros, incluso todo lo que nos has enseñado. Reconozco que a veces me resultas pesada, sobre todo cuando nos obligas a estudiar mucho pero también reconozco que si no fuera por ti, no habríamos aprobado ninguna asignatura.
- Eso desde luego que sí es cierto.- comentó en la manera repelente que tanto la caracterizaba.- Y no es por presumir, pero sí es verdad que sin mis conocimientos, no daríais ni una.
- No voy a discutir eso porque sé que es verdad. Lo que sí te voy a pedir es que me digas qué quieres que haga.
Estamos a punto de alcanzar a Malfoy.
- Con que me dejes lo suficientemente cerca para poder saltar y subirme en su escoba, me conformo.
- De acuerdo, Hermione. Prepárate, voy acercarme ya.
- Estoy lista, Ron.
El pelirrojo hizo lo acordado, acercándose lo bastante al rubio hasta casi tocar con su escoba la de él, ella tomó impulso, pero justo cuando estaba a punto de aterrizar sobre su escoba, Malfoy reaccionó, alejándose de ella lo suficiente como para evitarle el aterrizaje.
Hermione cayó al vacío gritando de terror, pues no había nadie a su alcance ni tampoco una escoba donde agarrarse.
Ron le pegó un tremendo puñetazo a Malfoy en su pálida cara por haberla dejado caer mientras le insultaba con ganas. De repente tomó conciencia de que su mejor amiga estaba cayendo al vacío y cuando escuchó sus gritos de pánico, no dudó ni un segundo en ir a rescatarla, metiéndole a su escoba toda la velocidad que pudo.
Los gritos de Hermione sonaron por todo el estadio de Quidditch y si la audiencia enmudeció la primera vez que la vio caerse de la escoba de Harry y quedar agarrada a ella con tan sólo una mano, ahora viéndola caer al vacío, la gente no se atrevía ni a respirar.
Caía, caía a una velocidad impresionante. Ella supo que sólo harían falta unos minutos para llegar al suelo y morir a causa del impacto. Ninguna persona humana por muy mago o bruja que fuese, sobreviviría a una caída de más de 500 metros de altura.
Invadida por el pánico, ni si quiera fue capaz de usar la varita para emplear algún hechizo que le evitara el tremendo golpe.
Ron aceleró todo lo que pudo intentando alcanzarla antes de que fuese demasiado tarde, pero su escoba no era lo suficientemente rápida.
- ¡HERMIONE!.- gritó intentando llamar su atención.- ¡NO TE PREOCUPES, YA CASI ESTOY!
Él sabía que era imposible que lograse rescatarla a tiempo, aún así, quería infundirle esperanzas mientras descendía en picado hacia ella.
Hermione había dejado de gritar, lo único que se le ocurría era rezar internamente todas las oraciones que se sabía. Mientras caía, se dio cuenta que Ron estaba demasiado lejos y no lograría rescatarla a tiempo, ni si quiera Harry estaba a la vista. Pensó que si moría de un golpe contra el suelo, sería una muerte estúpida y prefería morir como siempre lo imaginó, luchando junto a Harry para intentar derrotar a Voldemort.
Pensó también que ahora sí que tenía un motivo de peso para no gustarle el Quidditch. Iba a pensar más cosas, pero entonces sintió que la agarraban de un brazo y de repente se vió así misma siendo impulsada hacia arriba, hasta quedar sentada en una escoba. La audiencia suspiró aliviada. Hermione no terminaba de creerse que fuese esa persona quien acababa de rescatarla.
- ¡GINNY!.- pronunció sin ocultar su asombro.- ¿POR QUÉ ME HAS SALVADO?
- Porque no te deseo la muerte.
- Yo…gracias Ginny.
- De nada. ¿Quieres que te lleve con Harry?
- No, prefiero que me dejes en el suelo. Creo que ya he tenido suficiente vuelo por hoy.
- ¿Cuándo os habéis despegado?
- Después de las diez. Por favor, llévame al suelo.
- No.
- Ginny, no quiero estar aquí arriba, necesito estar en tierra.
- Lo siento, Hermione, pero no voy a cumplir tu deseo.
- ¿Por qué no?
- Porque no.
- Entonces llévame con Harry.
- Eso sí que lo haré, prefiero que estés con él a que lo estés conmigo.
- ¿Por qué eres tan desagradable conmigo?.
- Porque te lo has buscado. Si no me hubieras quitado a Harry yo no tendría por qué tratarte así.
- ¡YO NO TE HE QUITADO A HARRY, CUÁNTAS VECES TENDRÉ QUE DECÍRTELO!
- Todas las que quieras, de todos modos no te voy a creer. Me mentiste una vez, Hermione, y con esa vez he tenido suficiente.
- ¡YO NO TE HE MENTIDO!
- ¡SÍ LO HAS HECHO!- Ginny se paró en seco, flotando aún en el aire.- ¡DIJISTE QUE NO SENTÍAS NADA POR HARRY Y SÍ LO SIENTES!
- ¡TE DIJE LA VERDAD, EN SU MOMENTO NO SENTÍA NADA POR ÉL, PERO ESO HA CAMBIADO. POR QUÉ NO LO ENTIENDES!
- ¡ESO PUEDO ENTENDERLO, LO QUE NO COMPRENDO ES QUE SE HAYA ENAMORADO DE TI DE FORMA NATURAL. CHO ERA TODO LO CONTRARIO A TI.
ERA GUAPA, COQUETA, POPULAR Y ADEMÁS BUENA EN EL QUIDDITCH, ENTIENDO POR QUÉ A HARRY LE GUSTABA ESA CHICA PERO TÚ…TÚ NO TIENES NADA DE TODO ESO PARA LLAMAR SU ATENCIÓN. TÚ NO ERES ESPECIAL SALVO POR EL HECHO DE SER UNA SABELOTODO. POR MERLÍN, HERMIONE, SI NI SI QUIERA TE MAQULLAS. TAMPOCO ERES COQUETA NI FEMENINA!. ¿POR QUÉ IBA HARRY A FIJARSE EN ALGUIEN COMO TÚ?.
- Eso pregúntaselo a él, no a mí.- contestó con toda la tranquilidad que pudo, aunque por dentro se moría por darle más de una bofetada pero tampoco quería dar semejante espectáculo delante de todo el colegio. Una cosa era agredir a Malfoy y sus amigos en defensa propia, otra muy distinta era comenzar una pelea con la persona que le acababa de salvar la vida. Eso era algo que nadie esperaba ver.
- Por última vez, Hermione. Qué le has hecho a Harry para que se enamore de ti.
- Nada. Simplemente ser yo misma.
- Tú misma no eres nada especial.
- Eso no ha impedido que se fije en mí. Quizás para ti no sea especial, Ginny, pero sí lo soy para Harry. Me basta con eso.
- Te detesto.
- Lo sé. Lo irónico del asunto, es que yo no te odio. Más bien me das pena, mucha pena.
- ¿Por qué?
- Porque ya no eres tú misma. No sé qué te ha ocurrido para que te vuelvas así, pero ya no queda nada de aquella chica alegre y simpática que solías ser. ¿Y sabes qué te digo?. Que es una lástima porque antes…Harry sí te apreciaba pero ya no. Tú solita has hecho que te desprecie.
Ginny bajó la cabeza, dejando salir las lágrimas, con la voz rota, pronunció…
- Lo sé.- Y eso fue lo último que dijo antes de ponerse a llorar de forma descontrolada.
Hermione se compadeció de ella y sin pensarlo dos veces la abrazó, pero Ginny se apartó bruscamente.
- ¡No quiero tu compasión, no me toques. Eres como la peste para mí!
Aquella última frase sí que la hirió lo bastante como para causarle el llanto. La castaña rompió a llorar mientras veía a Ginny volver a poner en marcha la escoba poniéndola en dirección a Harry, que ya estaba a la vista y se dirigía velozmente hacia ellas.
- ¡Toda tuya!.- pronunció la pelirroja, deteniéndose a su lado y empujando a Hermione hacia él. Harry la agarró por la cintura, Hermione se movió hasta darle la espalda mientras veía a Ginny marcharse para volver a ponerse en su puesto.
- ¿Estás bien?
- Lo estaré.- dijo sin querer mirarle. Lo que menos le apetecía era que la viera llorar.
Verla no la vería al estar de espaldas a él, pero Harry sabía que ella lloraba porque su cuerpo temblaba.
- ¿Qué te ha hecho, Hermione?
- Nada, Harry. Sólo decirme lo que piensa de mí. ¿Has encontrado la snitch?
- Sí, estaba fuera del estadio, a punto de entrar en el bosque prohibido. La tengo en uno de mis bolsillos.
- ¿Y por qué no la enseñas?
- Primero quería saber si estabas bien.
- Lo estaré en cuanto toquemos el suelo.
- De acuerdo, Hermione, ya nos vamos.
Harry aceleró, hasta llegar a la vista de todos. Él mostró la pelotita dorada y Colin gritó entusiasmado, dando por vencedor a Gryffindor, pero los puntos acumulados de Slythering aún les superaban.
- Creo que hemos perdido.- dijo el moreno mientras se dirigía a los miembros de su equipo, que aún estaban en sus puestos.
- Ha sido culpa mía. Seguro que mi comportamiento nos ha hecho perder puntos.
- No digas tonterías, tú sólo has hecho lo que creíste conveniente. Sinceramente…me siento orgulloso.
- Gracias.
- De nada. Es la verdad.
- Vamos a ver a los demás.
- Estamos llegando, Hermione.
En cuanto estuvieron a su alcance, todos los miembros del equipo, incluso Ginny, lanzaron gritos de júbilo. Hermione mantuvo la cabeza baja mientras escuchaba el jaleo.
- ¡VIVA GRYFFINDORRR!- gritó Colin entusiasmado, esta vez, la profesora McGonagall no dijo nada. En su interior, se sentía orgullosa de los miembros de su casa. Muy orgullosa. Sobre todo de Hermione y de lo valiente que había sido. Cosa que no la extrañaba en absoluto, porque ella sabía que la castaña lo era.
- ¡HEMOS GANADO, VAN DOS VICTORIAS CON ESTA, SI SEGUIMOS ASÍ, NOS LLEVAREMOS LA COPA DE QUIDDITCH. YUUHHH!- gritó Ron.
- ¡CONTINUEMOS LA CELEBRACIÓN EN LA SALA COMÚN!- propuso Ginny.
- ¡NOS LO MERECEMOS!.- pronunció Seamus Finnigan.
Ron usó el hechizo sonorus e invitó a todos los Gryffindors a la celebración. Todos los miembros de su casa estallaron en gritos de júbilo y aplausos entusiastas.
- ¡VENGA HARRY, VÁMONOS YA!- propuso Seamus, pero el moreno negó con la cabeza.
- Id vosotros, yo os veré más tarde.
- ¿Por qué?.- quiso saber Ron.
- Tenemos que ver a Dumbledore por un asunto.- comentó Hermione, que ya se sentía con fuerzas para mirar a los demás.
- Entonces nos vemos luego.- dijo Ginny sonriente, sobre todo al ver los ojos llorosos de Hermione.
Cuando todos se alejaron, Harry descendió a tierra, una vez en el suelo, él dejó la saeta en la arena y abrazó a Hermione, que rompió a llorar refugiada en su pecho.
- ¡ES HORRIBLE, DE VERDAD ME ODIA!
- ¿Quién?.- preguntó con voz suave mientras acariciaba su cabello.
- ¡GINNY!
- ¿Te dijo que te odiaba?
- ¡Sí. Incluso me dijo que no la tocara porque yo era como la peste para ella!
- ¿Por qué la tocaste?
- ¡Sólo intentaba consolarla, Harry, me dio pena verla llorar!
- ¿Y por qué lloraba?
- Porque le dije…le dije que tú la despreciabas y que ella sola había conseguido eso. Supongo que fue eso lo que la hizo llorar. ¡Me siento tan mal!
- Shhh…cálmate, por favor. No llores más. No has hecho nada malo.
- ¡Cómo que no. He hecho llorar a una persona. Eso no está bien, nada bien!
- Ella también te ha hecho llorar a ti más de una vez, Hermione. ¿Acaso eso sí está bien?
- ¡No!
- Entonces no te sientas culpable, no tienes por qué.
- ¡Por supuesto que sí tengo por qué. Yo sé lo desesperada que se siente. Si no estuviéramos juntos, no habría perdido la cabeza!
- ¿Qué insinúas, que rompamos para que ella recupere la cordura?
- Yo no he dicho eso pero…quizás sea una opción.
- ¡ES QUE TE HAS VUELTO LOCA DE REPENTE!- pronunció alejándose un poco de ella para mirarla de frente.
- No. Sólo digo, que si rompemos, puede que Ginny vuelva a ser la que era.
- ¡PUES YO NO PIENSO ROMPER CONTIGO PARA QUE ELLA VUELVA A LA NORMALIDAD. ME NIEGO EN ROTUNDO A HACER ESO!
- Pero Harry. ¿Es que no entiendes que todo esto es culpa nuestra?. Si no estuviéramos juntos ella no…
- ¡ESO QUE ESTÁS DICIENDO ES UNA ENORME TONTERÍA. EL QUE ROMPAMOS NO VA A DEVOLVER A GINNY A LA NORMALIDAD. ELLA SÓLO RECUPERARÁ EL BUEN JUICIO CUANDO ELLA QUIERA. ADEMÁS, CREO QUE TAMBIÉN SE ENFADARÍA SI ESTUVIESE CON OTRA CHICA DISTINTA A TI. LA CUESTIÓN NO ES QUE TE ODIE PORQUE ESTÉ CONTIGO, LA CUESTIÓN ES QUE ODIARÁ A TODA CHICA CON LA QUE SALGA, TODA LA QUE NO SEA ELLA!
- Yo no lo creo. El problema no lo tiene con otras chicas, lo tiene conmigo.
- ¿Pues sabes lo que yo creo?. Que Ginny te tiene envidia y por eso te ha cogido todo ese odio que dice sentir por ti.
En el fondo, le gustaría ser tú.
- Pues claro que sí, así podría estar contigo. Eso es lo único que ella quiere.
- ¡PERO ES QUE YO NO QUIERO ESTAR CON ELLA, HERMIONE, QUIERO ESTAR CONTIGO. ES A TI A QUIEN YO AMO!
- Ya lo sé. Cálmate por favor. No me gusta que te alteres.
- ¡Y CÓMO NO VOY ALTERARME. SÓLO DICES SIN SENTIDOS!
- Digo lo que pienso, Harry, sólo eso.
- ¡PUES PIENSAS MAL, MUY MAL!
- Vámonos ya, Dumbledore nos espera.
- Está bien, Hermione. Dejaré el tema por el momento. ¡Pero no pienses que romperé contigo para darle el gusto a Ginny, porque no lo haré.
Yo sólo aceptaré que rompamos si eres tú quien lo decide, pero porque tú quieras, no porque quieras complacer a Ginny!
- Comprendido.
- Usaremos la escoba, así llegaremos antes.
Ella se montó delante, como siempre hacía. Él agarró su cintura con una mano y con otra cogió la escoba. Tras dar una patada, se elevó en el aire. Comenzando a volar a una velocidad rápida pero no lo bastante como para asustar a Hermione.
Estaban a medio camino de la ventana del despacho del mago anciano, cuando Hermione divisó tres figuras que se acercaban a ellos a toda velocidad.
- Viene alguien, Harry, mejor dicho varios.
- ¿Puedes verles las caras?
- Aún no, están lejos. Pero creo que llevan las túnicas de Slytherin.
- Seguro que son Malfoy y sus amigos.
- ¿Pero qué quieren ahora?. El partido ya terminó.
- No lo sé, pero seguro que nada bueno. Agárrate fuerte, Hermione.
- Ya lo hago.
Ella se tumbó hacia delante, permitiéndole una mejor visión del panorama. Harry tragó saliva. Draco, Crabbe y Goyle llevaban lo que parecían ser unas bludgers extrañas. Nunca vistas por ningún jugador de Quidditch.
-Esto me huele mal, muy mal.
- No te preocupes, Harry, yo te protegeré.
- No lo dudo, pero mucho me temo que lo que van a usar contra nosotros, no puede detenerse con magia. Jamás he visto bludgers como esas. Aunque quizás no sean bludgers pero se les parecen bastante.
- Tengo la varita preparada.
Pero no tuvo tiempo de usarla, porque justo cuando ella se preparó para apuntarles, una de las extrañas bludgers se acercó peligrosamente a su cabeza.
Hermione tuvo el reflejo de ladear la cara justo a tiempo pero eso no evitó que la primera bludger la rozara, arañando su frente. La sangre no tardó en brotar pero ella no se lo dijo a Harry. Lo que menos quería era preocuparle. Usó la varita para aplicarse un hechizo curativo que cerró la herida, justo cuando acababa de hacerlo, otra bludger le dio en pleno estómago. Ella tosió fuerte.
- ¿Estás bien?.- preguntó él a su espalda.
- Sí, no te preocupes.- Mintió lo mejor que podía.- Ya no me duele.- Aunque en realidad sentía que se estaba quedando sin aire por momentos, pero ella aguantó lo mejor que pudo.- ¡ABAJO, HARRY, VIENE HACIA TI!
- ¡YA LO VEO!
Él descendió en picado, ella gritó de terror mientras agarraba con fuerza su trozo de escoba. Harry volvió ascender buscando a los tres Slytherin que parecían haber desaparecido de repente.
- Seguro que están ocultos tras alguna nube. Cobardes de mierda…
- Déjalo Harry, vámonos ya. ¿No dijiste que estábamos cerca del despacho de Dumbledore?
- Sí. Creo que sólo nos faltan unos 500 metros.
- ¿Cuánto es eso en tiempo real?
- Si le doy caña a la escoba, menos de un minuto.
- ¡Pues dásela, Harry. No quiero más ataques sorpresas!
- ¡Sujétate bien!
Harry aceleró más, Hermione sintió que el aire aullaba en sus oídos. Harry divisó la ventana, estaba comenzando a frenar cuando los tres Slytherin aparecieron de repente, rodeándoles. Él se paró en seco.
- ¿Cómo coño han hecho eso?.- preguntó sin ocultar su asombro.
- Magia avanzada.- respondió ella mirándoles desafiante.- Existen hechizos que permiten hacerte invisible por un corto tiempo.
Seguro que lo han usado para sorprendernos.
- Pues ha funcionado.
- ¿Qué pasa Malfoy, no tuviste bastante antes. Quieres que te rompa otra cosa además de la nariz?
- ¡Cállate Granger, no estás en condiciones de amenazarme. Otra palabra más y seré yo quien te rompa algo!
- ¡Atrévete si tienes huevos!.- gritó Harry sin ocultar su rabia.- ¡COMO LE PONGAS UNA SOLA MANO ENCIMA TE VAS A ENTERAR DE QUIÉN SOY YO!
- DÉJALO, POTTER, DE NADA SERVIRÁN TUS AMENAZAS. ESTA VEZ SEREMOS NOSOTROS QUIENES OS DEMOS VUESTRO MERECIDO. HAGÁIS LO QUE HAGÁIS, LLEVÁIS LAS DE PERDER.
- ¡CUIDADO HARRY!- gritó ella cuando vio que lo que parecía una bludger ardiendo, se dirigía hacia él.
Harry reaccionó a tiempo, llevando la escoba hacia un lado. Goyle contraatacó, lanzando otra de las extrañas bludgers que pasó rozando un lado de la cabeza del moreno. Él gritó de dolor sin poderlo evitar. Hermione se enfadó, mucho.
- ¡COBARDES DE MIERDA. SÓLO LE ATACÁIS PORQUE NO PUEDE DEFENDERSE BIEN. VENID POR MÍ. VAMOS, OS ESTOY ESPERANDO!
- ¡A POR ELLA, GOYLE!.- gritó el rubio. El Slytherin obedeció, lanzando su bludger contra Hermione pero ella la detuvo haciéndola estallar con ayuda de su varita.
- ¡SÓLO QUEDAN DOS!.- dijo triunfante.- ¡VENGA, LANZADME LAS OTRAS, IGUALMENTE LAS DESTRUIRÉ!
Draco y Crabbe maldijeron de rabia, lanzándole las bludgers, ella cumplió su amenaza, destruyéndolas también.
- ¡PLAN B!- gritó el rubio. En un instante, ambos chicos se pusieron a cada lado de Hermione. Cada uno usó una mano para atrapar uno de sus brazos. Ella hizo fuerza para evitar que la sacaran de la escoba. Harry también hizo fuerza en el agarre que tenía en su cintura, pero no funcionó. Con impotencia vio cómo se la llevaban de su lado.
- ¡HERMIONE!- pronunció mientras les seguía.
- ¡VETE A BUSCAR A DUMBLEDORE, HARRY, NO TE PREOCUPES POR MÍ!
- ¡CÓMO NO VOY A PREOCUPARME!
- ¡QUE TE VAYAS HE DICHO. PUEDO ARREGLÁRMELAS SOLA!
- ¡POR MERLÍN Y TODA SU MAGIA, HERMIONE, CÓMO COÑO VAS A HACER ALGO SI ESTÁS SUSPENDIDA EN EL AIRE!
- ¡ME DA IGUAL, ENCONTRARÉ LA FORMA DE LIBERARME. VETE A BUSCAR A DUMBLEDORE Y PÍDELE AYUDA, HAZLO YA!
- ¡NO!.- Él aceleró, hasta ponerse delante de Malfoy. Golpeó su escoba contra la del rubio, echándole a un lado, haciéndole desviarse, uno de los brazos de Hermione se liberó de su agarre, ella quedó agarrada al brazo de Goyle. Harry no tardó en ponerse a su lado.
- ¡COGE MI MANO!- Él estiró el brazo, pero ella no lograba agarrarlo.- ¡AGUANTA, HERMIONE, NO SUELTES A GOYLE!
Harry los rodeó, hasta ponerse al otro lado del chico, sin dudarlo un segundo, golpeó su escoba con su saeta, la escoba del Slytherin tembló, él soltó a Hermione. Ella cayó al vacío gritando de terror pero su cuerpo nunca llegó a tocar el suelo, ya que cayó de golpe en la escoba de Harry. Él hizo lo posible por no perder el control de la escoba mientras ella escondía la cabeza en su pecho. Estaba llorando de terror y no quería que él la viera.
- Tranquila.- dijo cuando escuchó sus sollozos.- Ya estás a salvo. Pronto estaremos con Dumbledore, allí no podrán hacerte daño.
- Te quiero Harry, te quiero mucho.
- Yo también a ti.- Él sonrió dulcemente, dando un beso a su cabeza mientras aceleraba en dirección al despacho del profesor anciano.
Harry llegó a la ventana del director de Hogwarts, se detuvo el tiempo justo para abrirla. Acababa de hacerlo cuando escuchó el sonido de algo que se acercaba a toda velocidad. No tuvo tiempo de ver qué era, porque Hermione se incorporó lo bastante hasta quedar de cara a él.
Ella apretó los muslos contra el mango de la escoba, mientras cruzaba las piernas por debajo de la escoba para sostenerse mejor. El sonido era más potente ahora y ella supo que la quaffle ardiente llegaría de un momento a otro.
Hermione puso sus brazos en cruz para evitar que aquella pelota grande golpeara en el cuello y hombro de Harry. Su cara estaba a la misma altura de la de él. Evitando así que lo que venía hacia ellos, impactara en el rostro de él. En menos de un segundo sintió un potente golpe en plena espalda. Ella gritó de dolor cuando recibió el impacto. Harry gritó de rabia mientras Malfoy y Goyle escapaban riendo a más no poder.
La primera reacción de Harry fue perseguirles pero decidió no hacerlo, primero quería ver cómo estaba ella.
Permanecía quieta, parecía no querer abandonar su postura. Harry se apartó lo suficiente como para que la cara de ella se alejara de su rostro.
Se dio cuenta entonces que se había quedado inconsciente, sobre todo al ver cómo su cuerpo caía hacia un lado. Él la sujetó con un brazo, antes de que ella se cayera de la escoba. Como pudo, entró en el despacho de Dumbledore mientras lanzaba todas las palabrotas malsonantes que conocía, todas dirigidas a los dos Slytherin.
Justo cuando Harry tocó el suelo, Albus Dumbledore entró en su despacho, viéndole colocar a la inconsciente Hermione en uno de los sillones que había en la estancia.
- ¿Qué ha ocurrido, Harry?- preguntó el mago anciano acercándose rápidamente a ellos.
- Malfoy, Crabbe y Goyle nos han atacado otra vez. Parece ser que no tuvieron bastante con hacerlo durante el partido.
- Déjame verte.
- Mi herida es superficial, señor. Hermione está peor que yo. Examínela antes a ella, por favor.
- Lo haré, Harry, pero primero voy a curarte la herida de la cabeza. Tienes lo que parece un corte bastante feo justo arriba de tu oreja derecha. Estate quieto un segundo. Ya está.
- Gracias, profesor. ¿Mirará a Hermione ahora?
- Por supuesto. Pero tendré que desvestirla, al menos hasta dejarla en ropa interior.
- ¿Perdón?
- Tengo que saber qué le han hecho.
- La hirieron en la espalda, señor.
- Entonces sólo tendré que examinar esa parte.
Dumbledore usó la varita para hacer desaparecer la sudadera y la camiseta de tirantes de Hermione, dejándola sólo en su corpiño protector, que le llegaba desde la cadera hasta los pechos. Harry miró a otra parte mientras el mago viejo reía un poco al ver su sonrojo repentino. Cuando el anciano vio que no tenía ninguna herida en la parte de alante, la colocó bocabajo con mucha delicadeza. En el instante que observó el aspecto de su espalda, tragó saliva de forma sonora.
- Por Merlín y toda su magia.- dijo el director del colegio sin ocultar su asombro.- Qué…atrocidad le han hecho.
Aquella frase llamó la atención de Harry lo suficiente como para volver a mirar a Hermione.
Cuando sus ojos contemplaron la espalda del corpiño protector de ella completamente destrozado y el aspecto tan horrible que presentaba la piel humana de su espalda, toda llena de sangre y desgarros como si se la hubiesen arrancado a tirones, los ojos verdes de Harry se llenaron de lágrimas sin poderlo evitar.
Tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no dejar salir la rabia, porque podría destruir el despacho de Dumbledore con suma facilidad. En lugar de dejarse dominar por la ira, se obligó a calmarse mientras dejaba expresar su sincera opinión acerca de Malfoy y Goyle.
- ¡HIJOS DE PUTA, COMO LES PILLE LES VOY A DESTROZAR. LES PARTIRÉ LA CARA Y LO QUE NO ES CARA. AUNQUE TAMPOCO ME IMPORTARÍA HACERLES LO MISMO QUE LE HAN HECHO A HERMIONE. CUANDO TERMINE CON ELLOS NI SUS PROPIAS MADRES LES RECONOCERÁN, LO JURO!
- Cálmate Harry.- dijo Dumbledore con su característica voz amable y tranquilizadora de siempre.- De esto me encargo yo, por algo soy el director del colegio.
- ¡CÓMO MIERDA VOY A CALMARME, LE HAN DESTROZADO LA ESPALDA. ES COMO SI LE HUBIESEN ARRANCADO LA PIEL A TIRONES!
- Eso parece, pero no fueron tirones lo que emplearon, sino hielo.
- ¿CÓMO HA DICHO?
- He dicho, que usaron un hechizo que tiene el aspecto del fuego pero en realidad es hielo. El hielo también puede deteriorar la piel, eso es lo que usaron Malfoy y Goyle, fuego frío.
- ¿FUEGO FRÍO?
- Así es como se llama. Como te dije, parece fuego pero en realidad es hielo humeante. Por eso la espalda de Hermione presenta este aspecto. Aunque sin duda habría sido peor si no se hubiese puesto la protección del corpiño. Fue muy inteligente de su parte usar esa prenda, aunque no me extraña, la señorita Granger siempre ha sido muy inteligente. No te preocupes por ella, Harry, sé cómo ayudarla. En poco tiempo recobrará el sentido.
- Gracias, profesor Dumbledore.
- No me las des a mí, dáselas a Hermione cuando despierte. Conociéndola, estoy seguro que fue ella quien recibió el impacto para protegerte. ¿Verdad?
- Sí señor.
- Cuéntame cómo ocurrió.- pidió el anciano y sabio mago mientras retiraba el corpiño y comenzaba a aplicar hechizos curativos en la espalda de la prefecta.
- Cuando veníamos hacia aquí, Malfoy, Crabbe y Goyle aparecieron de repente. Los tres en sus escobas.
Llevaban una quaffle y tres bludgers muy extrañas. Nos rodearon y lanzaron las bludgers contra nosotros pero Hermione las destruyó con magia.
Sólo les quedaba la quaffle, supongo que la lanzaron contra mí, pero no la ví venir aunque ella sí. Se colocó delante mía, poniendo los brazos en cruz de tal manera que estuvieran a la altura de mi cuello y hombros. Incluso su cara estaba a la altura de la mía. Me dí cuenta que estaba usando su cuerpo a modo de escudo protector para mí. Todo ocurrió tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar, cuando la escuché gritar supe que había sido su espalda la que recibió el golpe.
Malfoy y Goyle se marcharon riéndose con lo ocurrido por lo que supongo que fueron ellos.
- Está claro que sí, Harry. Conozco lo suficiente a ese par, para saber que son capaces de tal cosa.
- Estoy tan harto de Malfoy y sus amigos…tanto…que un día cometeré una locura.
- Intenta no perder la cabeza, la necesitas en su sitio para poder luchar contra Voldemort.
- Ahora mismo él es la última de mis preocupaciones. Me interesa más Hermione. No puedo decir que me sorprenda lo que hizo, ella siempre me ha protegido de cualquier peligro.
- Lleva haciéndolo siete años, Harry, los que te conoce.
- Nunca podré agradecerle lo bastante, todo lo que ha hecho siempre por mí.
- Eso no hace falta, ella sabe que lo aprecias como también sabe lo mucho que la quieres.
- ¿Perdón?
- Soy viejo, Harry, no tonto. ¿Nunca has oído decir que los viejos tenemos mucha sabiduría?
- Sí señor.
- Pues mi sabiduría me dice que la señorita Granger sabe lo mucho que la quieres y también me dice que ella tuvo sus motivos para protegerte pero el principal fue el amor.
- ¿Cómo ha dicho?
- He dicho amor, Harry. Por amor a las personas o seres que queremos, somos capaces de cualquier cosa. Incluso de arriesgar nuestra vida por aquél o aquella a quienes amamos.
- Pero Hermione no me ama…ella me lo ha dicho.
- Pues mintió.
- ¿Qué?
- Que te ha mentido, o quizás no. Puede que ella piense que no te ama, pero yo sé que sí lo hace aunque quizás aún no se ha dado cuenta.
- Eso mismo me dijo la señora Pomfrey.
- Lo sé, ella me lo ha contado todo. Te diré lo mismo que te dijo ella. Cuando menos te lo esperes, Hermione te lo dirá.
- Eso lo sé, profesor. Ella prometió que me lo diría cuando lo supiera.
- Mira, ya está recuperándose. Se está moviendo.
- Lo veo.
- Au…- se quejó ella.
- ¿Hermione, me oyes?
- ¿Ha…rry?
- Sí, soy yo. Estoy aquí, en el despacho de Dumbledore.
- Quiero…quiero verte…pero no puedo...abrir los ojos...me duelen mucho…
- Profesor...
- Tranquilo Harry, es normal. Ten en cuenta que el fuego frío penetró en su piel y aunque le diese en la espalda, ha podido extenderse por todo el interior de su cuerpo. El frío congela los órganos. Es normal que no pueda abrir los ojos. Señorita Granger¿puede oírme?
- Sí señor… pero le oigo lejos…muy…lejos.
- ¿Por qué habla tan…bajo?
- Porque casi no nos escucha. Sus oídos también están afectados. Sólo necesita tiempo y reposo, al menos un par de horas. Luego estará bien del todo.
- ¿Podemos quedarnos aquí, señor?
- Por supuesto.
- Gracias, profesor Dumbledore.
- No hay de qué, Harry. Sabes que haría cualquier cosa por ti, yo te aprecio mucho.
- Yo también le aprecio, señor.
- Harry…
- ¿Qué, Hermione?- preguntó agarrando una de sus manos, para demostrarle que estaba a su lado.
- ¿Estás…bien?
- Sí.
- No te…hicieron…¿daño?
- No mucho. ¿Tú cómo estás?
- Jodida, realmente…jodida.
Harry se rió un poco, no se esperaba esa respuesta pero también se alegró de que dijese aquello, eso sólo demostraba que seguía siendo la Hermione de siempre.
- Me duele todo. La cabeza…los ojos…los oídos…pero lo que más me duele es la espalda. Es como si me ardiera.
- Dumbledore dice que se pasará pronto, sólo necesitas descansar.
- Quiero irme a mi habitación, Harry. Por favor… llévame allí.
- Profesor…¿Es conveniente que la mueva?
- Yo preferiría que no, pero si ella quiere irse, no voy a impedírselo. Cógela en brazos y asegúrate de que su cabeza quede en tu hombro. Ella debe estar apoyada en ti todo lo que sea posible. ¿Me entiendes, Harry?
- Sí señor. No se preocupe por eso, sé cómo agarrarla. No es la primera vez que lo hago.
- Procura no tocarle la espalda.
- Comprendido, señor.
Sin esperar el consentimiento de ella, el moreno la cogió como la última vez, como si ella fuese una princesa de cuento. Una de sus manos estaba bajo las rodillas de ella, la otra bajo uno de los brazos de Hermione. El cabello de ella era lo suficientemente largo como para cubrir sus pechos, por lo que Harry no se los vio a pesar de saber como sabía, que ella estaba desnuda de cintura para arriba.
Dumbledore colocó la cabeza de la castaña en uno de los hombros de Harry y tras aplicarle otro hechizo curativo a la espalda de ella, se apartó de los dos jóvenes.
- Te voy a lanzar un hechizo que os hará invisibles durante todo el trayecto.
- Gracias, señor.
- Procura que descanse al menos durante dos horas. Si es posible, que duerma, eso sin duda la ayudará mucho.
- ¿Debo aplicarle algún hechizo para hacerla dormir?
- No, Harry, ya ha recibido mucha magia hoy. Sólo déjala descansar. ¿De acuerdo?
- Sí señor, así lo haré.
- Cuando llegues a su cuarto, túmbala en la cama pero bocabajo, es imprescindible que su espalda no toque el colchón. Te recomiendo también que abras la ventana, el aire fresco oxigenará su piel, eso hará que se le pase el dolor. ¿Me has comprendido?
- Sí señor. Muchas gracias por todo, profesor Dumbledore.
- A ti en todo caso por cuidar de ella.
- Siempre la he cuidado, señor, aunque no tanto como ella a mí.
- Tienes suerte de tener una amiga como Hermione. Cuídala mucho, te aseguro que es una mujer única en su género.
La mirada de Harry se suavizó de inmediato, sobre todo al escuchar lo último. Con voz suave, él respondió…
- Le prometo que haré lo que esté en mi mano para cuidarla siempre, profesor Dumbledore.
- No lo dudo, Harry, no lo dudo. Ahora vete, os veré en la cena.
Tras usar el hechizo de invisibilidad sobre ellos y también contarle a Harry cuál era el hechizo que debía usar en la puerta de Hermione para protegerla de los intrusos no deseados, el moreno salió del despacho del director del colegio de magia y hechicería poniendo rumbo a la habitación de la castaña. Él no sabía si estaba inconsciente o dormida, pero supuso que sería lo segundo pues ella respiraba igual que cuando dormitaba.
Nada más llegar a la estancia, Harry la dejó en la cama tal y como le había recomendado Dumbledore, poniendo mucho cuidado en hacerlo con suavidad y procurando también durante el proceso, no tocarla en ningún sitio indebido.
Regresó a la puerta, la cerró y le aplicó el hechizo protector. A continuación se acercó hasta la ventana y la abrió de par en par para que entrase el aire.
En cuanto lo hubo hecho, volvió con Hermione. Él apartó su melena de la espalda, dejándola expuesta al aire fresco.
Cuando consideró que ya había hecho todo lo que le habían aconsejado, comenzó a desvestirse. Quedándose sólo en una camiseta interior y sus boxers. Pensando que Hermione podría sentirse incómoda si le veía así, se puso el pantalón para dormir que había usado la noche anterior. Tras quitarse las gafas y dejarla en la mesita de noche, se metió en la cama tumbándose al lado de ella, sólo que en vez de estar bocabajo como ella, se colocó de lado.
Las ocho, ésa fue la hora en la que ella despertó. Lo primero que vio fue la almohada y el cabecero de la cama. Supo que se encontraba bocabajo. Cuando ladeó la cara, se encontró con Harry durmiendo a su lado. Hermione bajó la vista y pudo ver que él estaba agarrado a su cintura con las dos manos. Ella no pudo evitar sonreír.
Recordaba lo ocurrido y cómo se desmayó. Luego despertó en el despacho de Dumbledore pero tras hablar con él y Harry, volvió a caer en la inconsciencia. Supuso que Harry la habría traído a su habitación tal y como ella le pidió. Se dio cuenta que la espalda ya no le dolía pero no sabía si la tenía o no curada del todo. Con cuidado de no hacerse daño, se puso de lado para evitar que su espalda tocase el colchón.
Al notar el aire fresco en sus pechos y abdomen, se dio cuenta que estaba desnuda por toda esa zona. Se miró, frotándose los ojos dos veces como si no pudiera creérselo. Al principio se alarmó un poco al pensar que Harry la hubiese visto de esa forma, pero algo en su interior le dijo que él era demasiado bueno como para mirar sin su consentimiento. Ella se levantó de la cama con cuidado, tanto para no hacerse daño en la espalda, como para no despertar a Harry.
Lo primero que hizo fue ir directamente al baño para intentar mirarse la espalda. Por lo que pudo ver, estaba completamente sana, como si nunca la hubiesen dañado. Aprovechó también para hacer sus necesidades y cuando se limpió y lavó las manos, volvió a su dormitorio.
Harry seguía dormido así que ella aprovechó para ponerse algo que le tapasen los pechos.
Pensó en ponerse una camiseta grande pero al final se decantó por una de verano.
Hacía calor y aunque entraba aire fresco, sabía que no tardaría en ponerse a sudar si se abrigaba demasiado.
Tras ponerse la camiseta de tirantes finos se metió de nuevo en la cama. Tumbándose otra vez pero colocándose de lado en vez de bocabajo. Ella se limitó a observar a Harry, acariciándole suavemente el rostro mientras le oía respirar de manera tranquila y relajada. Tocó con delicadeza su cicatriz, recorriendo despacio su forma de rayo. Él se estremeció un poco, ella dejó de tocarle temiendo despertarle.
Un poco después, él abrió los ojos. Aunque no llevaba las gafas sabía que estaba despierta, porque ella le dio un beso. Él lo devolvió y ella le regaló otro. Harry sonrió complacido mientras le preguntaba cómo se encontraba.
- Estoy mejor, gracias.
- ¿Te duele la espalda?
- No.
- Dumbledore dijo que estaría bien en dos horas.
- Y lo está, me la he mirado en el baño.
- ¿Llevas mucho rato despierta?
- Unos quince minutos.
- ¿Por qué no me has despertado?
- No lo creí necesario.
- ¿Qué hora es?
- Las ocho y cuarto.- respondió tras mirar el reloj digital que tenía en la mesita de noche.
- ¿Tienes hambre, Hermione?
- Mucha.
- Entonces estás bien. Será mejor que nos levantemos. A las nueve cenamos.
- Oh, mierda…
- ¿Qué?
- Me he perdido el castigo de Snape…
- Podrás recuperarlo mañana.
- No podré, él me dijo claramente que no podía faltar ni un solo día a su castigo. Seguro que ahora me lo amplía.
- No lo hará, estoy seguro que Dumbledore le explicará lo ocurrido. Lo más probable es que Snape se vea obligado a castigar a Malfoy y sus dos amigos por lo que nos hicieron.
- Eso espero.
- En cuanto les pille les voy a…
- No Harry, no hagas nada. Deja que Dumbledore se ocupe de todo. Es lo mejor.
- Pero Hermione ellos te hicieron mucho daño y Malfoy por poco te mata. Él te dejó caer y si yo no llego a ponerme debajo tuya, te habrías estrellado contra el suelo.
- Pero no lo hice gracias a ti. Así que olvídate de ellos, al menos por el momento. ¿Lo harás?
- Sólo porque me lo pides tú.
- Gracias Harry.
- A ti en todo caso, sobre todo por protegerme. Siempre lo haces.
- Y seguiré haciéndolo mientras me sea posible. Yo también te agradezco que me salvaras la vida.
- Anda ya, si tú me la has salvado un millón de veces…
- Igualmente te agradezco que lo hayas hecho…
- No tienes que agradecerme nada, Hermione. No lo hice para que me dieras las gracias.
- Yo también te quiero mucho.
- Ya lo sé. Pero yo te quiero más.
- Eso también lo sé.
- ¿De verdad te encuentras bien?
- Sí.
- Pues deberíamos ducharnos, lo necesito.
- Harry…
- ¿Qué?
- Ya no necesitas que te acompañe en la ducha. Nos hemos despegado. ¿Recuerdas?
- Sí.
- Entonces no hables de la ducha en plural.
- ¿No vas a ducharte conmigo?
- No. Ya no tengo excusa para hacerlo.
- Pero Hermione, yo quiero bañarme contigo. Me he acostumbrado a tenerte allí…
- Harry, entiende lo que voy a decirte. Ahora estamos separados, ya no podemos hacer lo que antes hacíamos estando pegados. Dumbledore no lo permitirá.
- Él no tiene por qué enterarse.
- Él siempre se entera de todo, parece mentira que no lo sepas.
- Sí que lo sé, pero creo que no le importará que me acompañes en la ducha, al menos hoy. Sabe que has estado herida, además, él fue quien me mandó cuidarte. Lo que es yo, no pienso dejarte sola por lo menos hasta mañana.
- Te pidió que me cuidaras, no que te bañaras conmigo. Digas lo que digas, no voy a ducharme contigo.
- ¿Por qué?
- Ya te lo he dicho, no estaría bien y no quiero correr el riesgo de que nos riñan.
- Hermione, nadie va a reñirnos. Puede que Dumbledore se entere de lo de la ducha, pero estoy seguro que no se lo dirá a nadie.
- ¿También estás seguro que no nos llamará la atención?
- Sí.
- Vale, te haré caso. Me ducharé contigo. Pero mañana me ducharé sola te pongas como te pongas. ¿Está claro?
- Sí señora.
- Preparo las cosas y nos vamos.
- Voy a cambiarme, te veo en un minuto.
- De acuerdo.
Cuando ella se levantó, él se puso las gafas y pudo ver la camiseta que llevaba así que supuso que tenía la espalda perfectamente, tal y como ella le había dicho.
Harry se metió en la habitación del prefecto y se puso un bañador verde oscuro mientras que Hermione, en su propia habitación, se ponía un bikini rojo.
Se pusieron los albornoces y se reencontraron en la salita de estar. Se dirigieron a la puerta de salida, Harry la abrió y ella le aplicó el hechizo protector cuando él salió. Caminaron tranquilamente hacia el baño de los prefectos sin importarles nada si alguien los veía así vestidos, aunque nadie se cruzó en su camino.
Cuando llegaron, vieron la bañera con un poco de agua, supusieron que algún otro prefecto se habría aseado hacía poco. Se quitaron los albornoces y entraron en el agua sin dudarlo un segundo.
Hermione abrió el grifo del agua caliente mientras Harry hacía lo propio con el de la fría. Cuando el agua estuvo a su gusto, cerraron los grifos.
Ella se enjabonó el pelo usando las dos manos, alegrándose interiormente de poder usarlas por fin. Cuando se aclaró la melena, se enjabonó el cuerpo en todas las zonas que no tapaba el bikini rojo que se había puesto. Acababa de enjabonarse los brazos cuando sintió las manos de Harry enjabonar su espalda suavemente.
- Es la costumbre.- dijo el moreno mientras sonreía al poder tocar su piel con las dos manos, tal y como llevaba deseando desde hacía días.
- Gracias.- fue todo lo que musitó ella mientras disfrutaba su tacto suave y delicado. Hermione sintió que él tardaba más de lo debido, pero no le dijo nada. Para ella, era igual de agradable sentir que la tocaba, que lo era para él tocarla. Un poco después, él se retiró. Ella terminó de enjuagarse y se puso delante de él, disfrutando secretamente la visión de su cuerpo mojado.
- ¿Quieres que te lave el pelo?
- Sí.
- Agáchate un poco, sabes que no llego si estás de pie.
Harry se sentó en el suelo de la gran bañera de forma octogonal. Ella se acercó a los grifos de los champúes y geles aromáticos, echándose en la mano, un poco del champú que no tenía olor. Estaba a punto de enjabonarle la cabeza cuando él preguntó…
- ¿Qué champú has elegido?
- El inoloro.
- No lo quiero, quiero el de fresa.
- Pero Harry, ese aroma no te gusta…
- A ti sí.
- No voy a lavarte la cabeza con un champú que detestas por mucho que a mí me guste.
- Hermione, quiero me laves el pelo con el champú de fresa, si tú no lo usas, lo haré yo. ¿Está claro?
- Sí.
- ¿Entonces?
- Usaré el de fresa, en seguida vengo.
Una vez de regreso, volvió a colocarse tras su espalda y comenzó a enjabonar su pelo azabache con el champú de color rosa.
A Harry seguía sin gustarle el olor, pero ya lo toleraba más. Él había sido sincero cuando le dijo que prefería que usara ese champú.
Pretendía dormir con ella esa noche y ya que sería ella la única que olería su cabello de cerca, prefería que lo hiciera con un aroma que le encantaba, a otro que ni si quiera le llamaba la atención. Cuando Hermione le avisó, se apartó de ella y se situó bajo el grifo, enjuagándose rápidamente el pelo mientras ella contenía la respiración. Ver a Harry con los ojos cerrados echándose el pelo hacia atrás era algo que de verdad le encantaba.
Sobre todo cuando veía las gotitas de agua recorrer su piel. Por un instante, ella deseó ser gotita y recorrer todas las partes de su cuerpo que no llegaba a ver por culpa del bañador que le cubría. Cuando se dio cuenta de ese pensamiento, se ruborizó un poco. Dejó de pensar en eso pues sabía de sobras que el baño no era el lugar más apropiado para dejarse llevar por aquél tipo de ideas.
- Cuando quieras nos vamos.- dijo Harry ahora delante de ella.
Hermione tragó saliva de forma silenciosa. Por más que se duchase con él, no se terminaba de acostumbrar a verle mojado. Ella no tenía el valor para decírselo, pero le encontraba terriblemente sexy bajo aquella apariencia.
"Si es que está para comérselo y no dejar ni un poco. Pero qué buen parto tuvo su madre, por Dios. Más que un hombre, es un monumento viviente."
Ella se mordió el labio inferior cuando se fijó en su pecho bien formado, subiendo y bajando tras cada respiración.
Sintió que se le aceleraba el pulso de repente y que el calor la envolvía de pies a cabeza. No pudo evitar darse aire con la mano. Harry se rió un poco, sólo tenía que verla para darse cuenta lo que le ocurría. Sin dudarlo un segundo, agarró una de sus muñecas y tiró de ella, hasta cobijarla en el sitio que le había producido el calor. Usó sus manos para agarrar su delicada cintura, evitándole así la retirada. Ella apartó la cara de su pecho, y la subió lo bastante como para verle de frente.
Él descendió su rostro lo suficiente hasta estar a la altura del de ella, sin más la besó. Hermione no tardó en corresponderle, usando sus manos para comenzar a acariciar suavemente sus hombros. Él le dio más besos, mientras recorría la espalda de Hermione con una mano y usaba la otra para acariciar la cadera, completamente expuesta gracias a la cintura baja de la braguita del bikini.
Ella bajó una de sus manos, acariciando arriba y abajo el pecho de Harry, él soltó algo parecido a un gemido y Hermione supo que iba por buen camino por lo que continuó lo que hacía.
Harry se aventuró más aún, bajando la mano que tenía en la cadera de Hermione hasta dejarla en su trasero. Lo acarició suavemente, ella emitió un ruidito exclamativo debido a la sorpresa repentina pero no le detuvo. Puede que Harry estuviese tocándole una zona íntima de su cuerpo pero lo hacía con tanta suavidad que más parecía un masaje que algo sucio o no debido.
Hermione se preguntó si también debía tocarle allí, a lo mejor a él también le gustaba pero…¿y si no era así?.
Decidiendo que la mejor forma de averiguarlo era intentándolo, ella también le tocó el trasero con una mano. Supo que eso le había gustado a Harry en el momento en que él comenzó a besarla con más ganas que antes, dándole besos más íntimos y también más sensuales. Ella sintió que se derretía por dentro y no por culpa del agua caliente que les cubría de las rodillas para abajo.
Cuando Harry dejó su boca y comenzó a devorar su cuello, ella pensó que se volvería loca.
Echó la cabeza hacia atrás dejándole un mejor acceso mientras suspiraba y gemía de vez en cuando, supo que aquellos ruiditos estimulaban a Harry porque ahora no sólo eran sus besos los que se intensificaron, sino también sus caricias y tocamientos. Hermione perdió el equilibro, las sensaciones eran demasiado intensas. Cayó de espaldas en la bañera pero no se hizo daño, pues uno de los brazos de Harry, le sujetó la espalda, recibiendo él el impacto.
- ¿Te has hecho daño?.- preguntó preocupada.
- Que más da.- siguió besándola sin importarle otra cosa ajena a eso.
Pronto estaban tumbados en el suelo de la bañera pero el agua no les estorbaba.
El fondo no estaba lo suficientemente lleno como para cubrirles todo el cuerpo. Hermione sólo notaba el agua bajo su cuerpo, no por encima. Lo que tenía encima era el cuerpo de Harry, que parecía haber cobrado vida propia, sobre todo sus manos, que la recorrían por todos los sitios donde podía alcanzar. Llegó un momento en que Hermione sintió que perdería el control del todo.
Si no le detenía ahora, no le costaría nada entregarse a él aunque estuviesen en una bañera. Ella no quería eso.
Quería dar ese paso, sí, pero una vez que le dijera cuánto lo amaba y todavía no tenía claro si le amaba, lo que sí sabía es que le quería muchísimo, tanto como para morir por él, aunque eso lo tenía claro desde que era una niña, y aunque habían pasado siete años desde que se conocieron con tan sólo once años de edad, Hermione sabía claramente, que pasara lo que pasara entre ellos, ella le protegería siempre por encima de todo.
Porque para ella, la vida de Harry era mucho más valiosa que la de ella.
- Harry…- pronunció inundada de un calor muy agradable.
- Qué…- respondió sin dejar de tocarla, besarla y acariciarla por todas las partes que podía aún llevando ella el bikini.
- Debemos parar ahora…antes de que perdamos el control.
- No quiero detenerme ahora, Hermione, me gusta estar contigo así.
- Pero Harry…
- ¿Mmm?
- No quiero perder la virginidad así…
Aquél comentario sí que le hizo detenerse. Él la miró de lleno, con una expresión que Hermione no fue capaz de interpretar.
- ¿Crees que te haría el amor aquí?. Bueno…cambiaré la pregunta porque confieso que sí podría hacerlo. ¿Crees que haremos el amor si no nos detenemos?
- Sí.
- ¿Tú quieres hacer el amor conmigo, aquí y ahora?.- "Dime que sí dime que sí por favor por favor."
- Yo…sólo sé que tengo miedo de dejarme llevar y acabar haciendo eso…y es algo lo suficiente importante para mí como para no querer dejarme llevar por el calentón del momento o incluso no permitir que ocurra en un lugar como este. ¿Me entiendes?
- Sí, Hermione. ¿De verdad creías que íbamos a terminar teniendo sexo?
- Tenía toda la pinta de ser así.
- Confieso que no me habría importado que ocurriese pero…me habría gustado más, que lo hiciéramos cuando tú dijiste, cuando sintieses que te habías enamorado de mí.
- Y sigo pensando que eso es lo mejor, Harry. Sobre todo para ti. Yo sé que me amas y que haces todas estas cosas por eso mismo. Sé que el sexo también es importante para ti y por eso quiero que demos ese paso cuando yo te diga lo que tú quieres escuchar. Lo que llevas dos años y una semana, deseando escuchar.
- Aún lo deseo, pero mantengo lo que dije. Esperaré todo lo que tú necesites.
- Gracias. ¿Nos vamos?
- No…
- ¿Por qué?
- Digamos que ahora mismo no me conviene levantarme.- contestó él algo colorado, pues le invadía la vergüenza. Pero ella no se rió ni burló, entendía perfectamente lo que le ocurría.
- Avísame cuando se te pase.- le dijo con total naturalidad.
- Hermione…
- ¿Qué?
- Como no te apartes de mí no se me va a pasar nunca.
- Perdona.
Ella rodó alejándose de él, luego caminó lo suficiente hasta quedar sentada a unos pocos pasos de Harry, sentándose en el suelo de la gran bañera. Él también se sentó, pero en vez de mirarla, miró el agua. Hermione se dio cuenta que se sentía avergonzado.
- Harry…
- ¿Qué?- siguió mirando el agua.
- No te sientas mal por eso. No tienes por qué. Es lo más normal del mundo.
- Igualmente me da apuro, Hermione.
- Pues yo no me avergüenzo de ti. Más bien me siento orgullosa.
- ¿Cómo dices?
- Digo…que me siento orgullosa de que seas un chico normal y corriente.
Te has tirado años diciéndonos a Ron y a mí que sólo querías ser un chico como cualquier otro. Bien, puedo decir que lo eres. Quitando el hecho de que seas mago y que tu nombre sea famoso, no eres un chico distinto a los demás. Tu cuerpo es normal y tiene las reacciones propias de cualquier chico de tu edad. No debes sentir vergüenza por haberte excitado antes. Eso es algo más que natural, Harry. Además, a mí también me pasa contigo.
Ahora sí que la miró.
- Supongo que lo raro sería que no me ocurriese, más todavía sabiendo como sé, lo mucho que me gustas. El deseo sexual, la excitación, los calores, el pulso acelerado, la respiración agitada…y demás cosas que nos han ocurrido son cosas muy normales y naturales. No hay por qué avergonzarse de ello.
- Ya, pero…tú no tienes una parte del cuerpo que parece despertar de repente.
- No, pero tengo otras que son sensibles al tacto y que me hacen suspirar de una forma que normalmente no suelo hacer. Creo que no necesito decirte más. Tú ya lo sabes.
Él sonrió de forma cómplice sabiendo a lo que se refería, ella se sintió aliviada, parecía que Harry se sentía más confiado ahora.
- ¿No te molesta que te toque esas…partes?
- No. Más bien me gusta mucho cuando lo haces pero también reconozco que me asusta un poco que un día no sea capaz de aguantarme y parar a tiempo.
- Eso debería decirlo yo. Seguro que tú no sientes una presión interna…ahí abajo como a mí me ocurre.
- Lo que yo siento ahí abajo…como tú has dicho, más que presión es…no sé cómo definirlo. Pero es como si tuviese muchas cosquillas internas o como si…tuviese ganas de ir al baño aún sabiendo que no es eso, aunque es una sensación muy parecida. ¿Tú también lo sientes?
- Yo siento como si…dentro de esa parte mía, existiese una carga que tuviera que liberarse dentro de tu cuerpo pero…sé que no puedo hacerlo sin tu consentimiento. Y de momento no quieres. ¿Verdad?
- Prefiero esperar, Harry, simplemente eso. ¿Puedes aceptarlo?
- Sí, Hermione. Pero también te digo que es muy frustrante eso de…excitarme y tener que detenerme de repente.
- Para mí también es frustrante.
- Si quieres, nos vamos. Esa parte mía ha vuelto a su sitio.
- Claro, sólo despierta con la excitación y ahora mismo no estás excitado. ¿Verdad?
- Pues no. ¿Debería estarlo?. Sólo estamos hablando.
- Ya, pero hay chicos que se ponen como motos sólo con hablar de sexo.
- Yo sólo me pongo como una moto cuando nos besamos de cierta manera pero sobre todo cuando te tengo debajo de mí. No sé muy bien por qué es, pero me resulta muy excitante verte en mi poder, aunque suene mal decirlo.
Ella le sonrió dulcemente. Le encantaba ver lo inocente que era él. En realidad era como un niño pequeño que decía las cosas tal y como las pensaba, sin ninguna malicia o ironía. Harry tenía picardía para según qué cosas, pero no tenía la suficiente como para captar algunos dobles sentidos o como para pensar el efecto que podrían producir algunas cosas que dijese o hiciera. Eso le demostraba a Hermione lo muy noble que era.
Hermione sabía que Harry no era un chico corriente, por muchos motivos distintos, pero sobre todo por la forma de ser que tenía.
No conocía ningún chico de dieciocho años que fuese como él. Sobre todo porque los que ella conocía de esa edad, no solían ser tan honestos y sinceros como él siempre lo era con ella.
Hermione no sabía si él era así gracias a la influencia de ella, o porque simplemente le salía de dentro, lo que sí tenía muy claro, es que ella se había tirado siete años enseñándole tanto a Harry como a Ron, que la honestidad y la sinceridad estaban por encima de todo y que debías ser así si querías que las personas de tu alrededor, confiaran en ti. Ella confiaba muchísimo en él, tanto, que incluso pondría su vida en sus manos.
- Hermione…
Su voz la sacó de sus pensamientos, dándose cuenta de que el agua se había enfriado.
- Dime, Harry.
- Vámonos, me está dando frío.
- A mí también.
Ella se puso en pie, cuando lo hizo, el agua resbaló por su cuerpo. Harry tuvo que tragar saliva dos veces.
Era increíble lo sexy y tentadora que le resultaba ella estando empapada, aunque lo que más despertaba su deseo sexual era imaginarse ser cualquiera de esas gotitas que recorrían su figura espectacular. Quizás para otros chicos del castillo Hermione no era una chica que llamase demasiado la atención, pero para Harry, era la mujer más preciosa y extraordinaria que había conocido en toda su vida.
Cuando estuvieron fuera de la bañera, se pusieron los albornoces y comenzaron a caminar de regreso a la habitación de ella. Él hizo todo el camino agarrando una de sus manos. Sin importarle lo más mínimo que alguien le viera.
Una vez cambiados con sus uniformes escolares, se fueron al gran comedor. Sentándose junto a Ron en cuanto le vieron.
La cena transcurrió con normalidad, salvo por el hecho de que Dumbledore quitó puntos a la casa Slytherin por haber jugado sucio.
Cuando los miembros del equipo Slytherin protestaron, el director del colegio dijo que todo era culpa de Malfoy, Crabbe y Goyle pero no dio más detalles.
Justo cuando los compañeros de su mesa empezaban a pedir explicaciones, el profesor Snape, jefe de la casa Slytherin, se puso en pie y comunicó a todos los presentes que tanto Draco Malfoy, como Crabbe y Goyle estarían castigados sin jugar al Quidditch hasta nueva orden.
La señora Hooch, profesora de vuelo y responsable de arbitrar los partidos de Quidditch, también se puso en pie y les quitó puntos, alegando que los tres habían atentado contra la dignidad del deporte además de poner en peligro la seguridad y la vida de Harry Potter y Hermione Granger, cosa que todos sabían era cierta.
Incluso la profesora McGonagall, jefa de la casa Gryffindor, restó otros pocos de puntos por haberse comportado de forma tan indigna. Era una vergüenza, según dijo ella, que tres estudiantes de Hogwarts demostrasen comportamiento semejante.
Cuando Dumbledore anunció que Slythering había perdido en total 500 puntos, y que ahora era la casa de Gryffindor la que iba en cabeza, se produjo un enorme jaleo de gritos y aplausos proveniente de la mesa que ocupaban Harry, Hermione y Ron.
Ravenclaw, la casa de Luna, también aplaudió y se alegró mucho por ellos, incluso Hufflepuff lo hizo.
Esas dos casas reconocían que los tres Slytherin se habían pasado mucho durante el partido. No se merecían los puntos que habían tenido antes.
Si supiesen además, lo que les hicieron a Harry y Hermione después del partido, seguro que se habrían alegrado más aún, de que les quitaran aquellos puntos.
La mesa de Slytherin, fue la única que no aplaudió, mantuvo el silencio mientras sus ocupantes miraban con mala cara a los tres chicos culpables de su vergüenza. Pero lo peor para ellos tres no fue eso, sino que el equipo de Quidditch les pidió que abandonaran. No tenía sentido que estuvieran en el equipo si los habían castigado sin jugar.
Los tres se quedaron más que sorprendidos de aquella petición. Ellos se negaron, pero el equipo fue firme en su decisión, no les querían con ellos si lo único que iban a hacer era perjudicarles con su forma de actuar. Malfoy y sus dos amigos, no tuvieron más remedio que callarse y comer en silencio.
Cuando terminaron de cenar, tanto Harry, como Ron y Hermione, salieron del gran comedor y pusieron rumbo a sus respectivas habitaciones. Salvo por el hecho de que Harry, en vez de caminar hacia el dormitorio de los chicos de séptimo, lo hizo en dirección a la habitación de Hermione, tal y como llevaba haciendo una semana.
- Harry.- comentó Ron a su lado.
- ¿Qué?
- ¿Es que no vas a dormir con nosotros?
- No.
- ¿Por qué?. Ya no estás pegado a ella. Debes volver a la normalidad, y sabes perfectamente que está prohibido que duermas en su habitación si tú no eres prefecto.
- Dumbledore me dijo que la cuidara, Ron. Lo único que te diré, es que esta noche no me apartaré de su lado.
- ¿Qué es lo que me he perdido?. En la cena no me comentaste nada.
- No me apetecía hablar de eso. Sólo tienes que saber, que después del partido, Malfoy, Crabbe y Goyle nos atacaron con una quaffle y tres bludgers extrañas.
Ellos lanzaron las bludgers contra nosotros, pero Hermione las destruyó, cuando Malfoy y Goyle me lanzaron la quaffle sin yo esperarlo, ella me protegió con su cuerpo. La quaffle impactó en su espalda hiriéndola terriblemente pero ya está bien. Dumbledore la curó. Fue entonces cuando me pidió que la cuidara. Entenderás por lo tanto, por qué esta noche no dormiré con nuestros compañeros. Hermione es mi prioridad.
- Como debe de ser. No te preocupes Harry, le diré a los demás el motivo de tu ausencia.
- Gracias Ron, eres un buen amigo.
- Vosotros dos también lo sois. Voy a darle las buenas noches a Hermione, Harry.
- Ni que necesitaras mi permiso.
Ron se rió mientras se acercaba a la castaña, que estaba deseándole buenas noches a Neville Longbottom. Cuando el chico se fue, él habló.
- Harry me ha contado lo ocurrido después del partido. ¿De verdad estás bien?
- Sí Ron, perfectamente. Dumbledore me curó y muy bien debo decir. Ni si quiera tengo cicatrices. No sé muy bien lo que usaron Goyle y Malfoy en la quaffle que me golpeó, pero sé que me produjo sangre porque tengo la cintura del pantalón de mi chándal un poco manchada.
- Hijos de puta cuando les pille les voy a…
- No, Ron, deja esto en manos de los profesores y el director del colegio. Es lo mejor. Además, después de todos los puntos que les han quitado esta noche, dudo mucho que nos alcancen pronto. Lo que tenemos que procurar es seguir ganando puntos en vez de perderlos y sabes bien que el mal comportamiento no hace que los ganemos.
- Sí que lo sé, Hermione, llevas siete años diciéndonos que no nos metamos en líos…
- Y qué, nunca me hacéis caso…
- ¿Por qué vamos a hacértelo?. Si tú también estás con nosotros cuando esos líos se producen.
- Bueno, eso sí es verdad.
- En fin, me voy a dormir. Estoy hecho polvo. Demasiadas emociones fuertes durante el partido. Nos vemos mañana. ¿Sí?
- Por supuesto Ron. Buenas noches, que tengas dulces sueños.
- Si son con Luna seguro que lo serán.
- Jjijjijijijii. Dudo mucho que si sueñas con ella lo hagas de forma…encantadora. Seguro que sueñas guarrerías.
- ¡Oye!
- Pfjajajajajajaa. Era broma Ron, no dudo de que tus intenciones con Luna sean buenas y puras.
- Jo, tampoco lo pongas así. Que parece que no hago nada con ella y tampoco es eso. Que yo la beso y otras cosas. En fin, lo normal en un chico de mi edad. ¿No?
- Sí Ron, lo normal.- Dijo ella sin poder contener la risa- Buenas noches.
- Buenas noches Hermione. Que descanses.
- Lo mismo digo.
Cuando ella le perdió de vista, se reunió con Harry, que aún estaba esperándola, apoyado en una esquina. En cuanto la tuvo a su lado, la besó suavemente, agarrándola de la cintura mientras caminaban hacia la habitación de ella.
Nada más asegurar la puerta, se metieron en sus dormitorios para ponerse el pijama. Cuando Harry terminó de cambiarse, apareció en la habitación de Hermione, ella ya le estaba esperando en la cama. Dio unas palmaditas indicándole que podía tumbarse a su lado. Él no tardó en obedecerla.
En cuanto él se acomodó, ella le dio un beso de buenas noches y se cobijó en su pecho, dejando su cabeza bajo su cuello. Él besó su cabello mientras dejaba una mano en su espalda y otra en su cadera. Le deseó una buena noche y cerró los ojos, sintiéndose más que relajado y tranquilo por el simple hecho de tenerla en sus brazos, completamente protegida con su agarre. Hermione se durmió con una sonrisa más que dulce, sabiendo que nada malo le ocurriría mientras estuviera con él.
Continuará…
Nota de la autora:
Buenooo… tres capítulos más y esto se termina. Para aquellos que queríais saber lo que iba a ocurrir en el partido…ya lo habéis visto. Ante la posible pregunta de…¿se conformará Malfoy con lo ocurrido o planeará algo peor?. Yo sólo digo que…ya lo sabréis a su debido tiempo.
¿Seguirá Ginny siento tan rencorosa, odiosa y demás cosas terminadas en "osas" y otros calificativos negativos no dichos?. Pues…ya lo veréis.
Lo único que comento sobre ella, es que no está tan loca como parece, aunque algo desequilibrada sí que está. Dicen que el amor vuelve locas a algunas personas… ¿Será ese el caso de Ginny o simplemente ha confundido amor loco con algo peor?
Os mando un beso fuerte y un gran abrazo. RAkAoMi. Gracias por seguir ahí. ;-)
