Los personajes son propiedad de Meyer.


Clases particulares.

-Este ejercicio está genial. –Dijo Edward corrigiendo el último ejercicio de economía, sin ningún tipo de duda la asignatura que peor se me daba.

-Gracias por tu ayuda. –Dije sin mirarle y jugando con un lápiz. –La verdad es que nunca pensé que Edward Cullen se ofrecería a darme clases, aunque me pida a cambio lo que me pide. –Dije lo último con una risita nerviosa. –Has cambiado, poco pero has cambiado.

-Y yo nunca pensé que Isabella Swan, hija del jefe de policía, aceptase mi oferta. –Dijo poniendo el cuaderno enfrente de mí con nuevos ejercicios. –Ahora jugaremos. –Dijo con una sonrisa pícara.

-¿Jugar? ¿A qué? –Pregunté mirando los ejercicios y dándome cuenta de que eran bastante parecidos a los anteriores.

-Son las cuatro de la tarde, Charlie llegará en cuatro horas y tú aún no me has pagado mi clase. –Oh, no. Yo ya sabía por dónde iba. –Cuando tú hagas un ejercicio bien me quitaré yo algo de ropa, cuando te equivoques te la quitaras tú.

-No me puedo negar, así que, de acuerdo. –Dije suspirando y cogiendo un lápiz para comenzar a hacer los ejercicios lo mejor que sabía.

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Los dos estábamos medio desnudos. Edward iba solo en calzoncillos y a mí sólo me quedaba la ropa interior y una camiseta interior muy fina. La verdad es que no podía quitar la vista de Edward, era el cuerpo más perfecto que había visto nunca.

-Eh, Bella. –Dijo llamando mi atención. –El último ejercicio está mal. –Dijo con una sonrisa en la cara para más tarde mirarme directamente a mis pechos y después a mis manos que jugaban nerviosa con un lápiz.

Medité durante unos minutos que quitarme. Sí me quitaba la camiseta interior me quedaba en sujetador, sólo tenía que pensar que estaba en bikini para que no me diese tanta vergüenza. O también me podía quitar el sujetador y me quedaría con la camiseta interior, la camiseta era muy pero que muy fina, se me notaría todo. La mejor opción era quitarme la camiseta y eso hice.

-Toma. –Dije dándole la camiseta para que la pusiese junto con mi otra ropa.

-Es hora de que me pagues mi clase. –Dijo levantándose del escritorio y haciendo que yo me levantase con él, para más tarde sentarme encima de él en la cama. Y empezó a dejar un camino de besos, desde mi cuello hasta el escote de mi sujetador.

-Edward. –Dije en un suspiro.

-¿Qué te pasa, mi vida? –Dijo con una sonrisa arrogante. –Hoy sólo voy a tocarte. –Dijo mientras me tumbaba en la cama y él se tumbaba encima de mí intentando no poner todo su peso sobre mi cuerpo.

Me empezó a besar la tripa y se entretuvo unos segundos en mi ombligo haciendo que suspirase más de una vez. Me quitó el sujetador sin ningún tipo de cuidado por si lo rompía o no, y me dio un beso apasionado mientras una de sus manos subía a mi pecho derecho y lo masajeaba.

Flash Black.

-¡Bella, te toca girar la botella! –Gritó mi mejor amiga, Alice. Sin pensármelo dos veces me acerqué a la botella y puse el dedo meñique mirando a Edward, según una amiga del campamento era la única formar de trucar este juego. Gire la botella mientras cerraba los ojos y rezaba todo lo que sabía para que el truco funcionase y me tocase besarme con Edward.

¡El truco funcionaba!

-Bella, Edward. –Dijo Alice muy seria. –Os toca meteros en la habitación de mis padres durante quince minutos y besaros. –Dijo mientras nos obligaba levantarnos y nos empujaba a la habitación de sus padres para más tarde en cerrarnos en ella.

-Bueno. –Dije sentándome en la cama y mirando fijamente a Edward, el qué estaba apoyado en la puerta.

-Bells, ven. –Dijo sin moverse. Yo como una tonta fui hasta él, me quede a dos pasos de él. Cuando me quise dar cuenta Edward me estaba besando y poco a poco nos estábamos acercando a la cama de sus padres. Mis brazos estaban alrededor de su cuello y sus manos estaban en mi culo. En otra situación y con otro chico me habría molestado mucho, pero de Edward no me molestaba nada. Enamorada.

Me tumbo en la cama y él se puso encima. Sus manos se pasaron a los lados de mi cabeza para sujetar todo su peso. Poco después sus labios bajaron hasta mi cuello y una de sus manos se coló por dentro de mi camiseta y me tocaron un pecho. Sin ninguna duda esto estaba llegando demasiado lejos.

-Edward…Para… -Dije casi sin poder hablar. Él paró.

-¿Qué te pasa? –Preguntó demasiado frio para mi gusto.

-Esto estaba llegando demasiado lejos. –Dije sin mirarle a la cara. –Tenemos quince años, yo ahora no quiero hacer eso…

-Como quieras. –Dijo quitándose de encima y poniéndose al lado de la puerta.

Fin del Flash Black.

Cuando necesitamos aire sus labios bajaron hasta mi cuello, dejando un camino de besos húmedos hasta mi pezón izquierdo, al cual lo chupo, mordió y lamió. Luego se pasó al pezón derecho donde le hizo lo mismo que le había hecho al izquierdo y mientras tanto me masajeo el pecho izquierdo. Yo simplemente gemía su nombre y enredaba mis dedos en su pelo atrayéndole más a mí.

Cuando se cansó de mis pechos su mano bajó hasta mi sexo. Ahora sí que gemí bien fuerte. Acarició mi clítoris para más tarde quitarme el tanga, bueno más bien me arrancó el tanga, e introdujo un primer dedo en mí.

-Oh…sí…Edward….

Poco después metió el segundo dedo y empezó a bombear, esto era un paraíso. Sin ninguna duda había sido una buena, no, buenísima idea aceptar la oferta de Edward. No podía parar de gemir y suspirar su nombre y diciéndole que no parase.

Cuando metió el tercer dedo pensé que iba a explotar, tanto placer no podía ser bueno.

-Edward…más…rápido. –Dije como malamente pude.

No hizo falta que terminase de pronunciar esas tres palabras para que Edward aumentase el ritmo de sus dedos. Dios, si con la mano sabía hacer eso no me quería ni imaginar lo que podía hacer con otras partes del cuerpo.

-Córrete nena, córrete para mí. –Dijo Edward sacándome de mi trance y haciendo que me corriese.

-Edward, esto ha estado…genial. –Dije casi sin respiración.

-Sólo te quería demostrar de lo que soy capaz. –Dije levantándose y dándome la ropa para que me vistiese. –Mañana te toca darme placer a mí.

-Claro. –Dije aún con la respiración un poco agitada y vistiéndome. -¿Qué hora es?

-Las ocho menos cuarto. –Dijo terminando de vestirse. –Mejor me voy ya, no quiero que el jefe de policía me ponga una orden de alejamiento por pervertir a su hija. –Dijo antes de darme un beso y salir por la puerta de mi habitación dejándome sola.

Recogí la habitación y me di una ducha. Sí alguien me había dicho que si suspendía tendría esto todos los días del verano, había suspendido todas las asignaturas más de una vez. Cuando terminé de ducharme le preparé la cena a Charlie, yo no tenía ni pizca de hambre, estaba demasiado nerviosa como para comer algo.

Piii Piii Piii

-¿Diga? –Cogí el móvil, como de costumbre, sin mirar quien era.

-Bella. –Dijo Jacob al otro lado de la línea.

-Eh, ¿qué tal? –No hablábamos desde que lo dejamos, y no terminamos nuestra relación muy bien que digamos.

-Bien. –Dijo un poco nervioso. –Bella…yo…-Hubo otro silencio que yo no pensaba romper. -¿Quieres quedar conmigo mañana para cenar?

-Claro. –Una voz dentro de mí me decía que le tenía que decir que no, pero como siempre yo iba al revés.

-Genial. –Su voz estaba mucho más alegre. –Paso yo a buscarte a las nueve.

-De acuerdo. Adiós. –Dije antes de colgar y de dejarme caer en el sofá del salón para caer profundamente dormida.


Segundo capítulo. Antes de nada gracias por las 24 rewiers y los favoritos y alarmas.

Decirme en que puedo mejorar, que está mal, dadme ideas y decidme cosas que os gustarían que pasase. Todo es aceptado ;)

Pasaros por mi otra historia : Más que amigos, amantes. Y si podeis dejar rewiers ;)

Gracias.