Nota de la autora: 1 de noviembre de 2006.

¡Buenas!. Siento el retraso en subir el último cap del fic, pero desde el 14 de septiembre estoy trabajando y me han vuelto a mandar a Almería pero en un pueblo de montaña que está súper aislado y como no tengo internet en la casa de alquiler donde vivo, sólo puedo hacerlo desde el pc del colegio. Como hoy es fiesta, he aprovechado para venir y publicarlo.

Advertencia: En este capítulo, hay expresiones malsonantes que podrían ofender la sensibilidad de algunas personas. Existen también algunas escenas íntimas que no son lemon ni lima (al menos para mi modo de ver) pero igualmente están ahí. Si tú eres de esas personas a las que no les gusta leer ese tipo de cosas, puedes saltarte las escenas. Eso sí, no voy a decir ahora en qué momento aparecerán, para no fastidiaros la sorpresa. Ah sí, se me olvidaba. El capítulo pesa en su totalidad 853 kb. Como veis, es enormemente largo, así que lo he dividido en dos partes para facilitaros la lectura porque si no quedaría inmenso y por experiencia propia sé, que estar frente a una pantalla de pc leyendo durante más de dos horas seguidas es tiempo suficiente para que escuezan los ojos. Si decidís leeros las dos partes seguidas, sed lo suficientemente previsores de prepararos refrescos, snacks y de ir al baño antes de comenzar la lectura. Ah sí, preparad los clínex por si hay algún lector o lectora sensible, puede que se os escape alguna lagrimilla que otra. Un saludo y un abrazo, nos vemos en mi segunda nota de autora al final del cap. RAkAoMi. ;-)

Peso de esta primera parte: 376kb.


Simbología:

- Guión y letra normal, diálogos.

- Los pensamientos internos van con letra cursiva y comillas.

- Lo que relata Lily en su diario, va en comillas pero con letra normal. También va con letra normal y comillas un refrán que nombraré en algún punto del cap.

Música recomendada:

- Cualquier música instrumental que sea bonita y os guste. Yo os recomiendo cualquier melodía de "Memorias de una Geisha", en especial una que se llama "Confluence" y que es la que ponen en la famosa escena del final de la película cuando Sayuri (Chio) y el presidente están hablando en el puentecito de la casa de té. Aunque hay una canción cantada, mitad inglés, mitad español, interpretada por Lucie Silvas y Antonio Orozco que se llama "What you've made of" que es ideal para toda la historia, además, la he usado para escribir todo el epílogo en su totalidad. Sí, llené la barra del Windows Media Player con la misma canción siempre. Os aseguro que pega con todos y cada uno de los momentos de este último y definitivo capítulo del fic "Pegado a ti". Que lo disfrutéis. ;-)


Epílogo. Cap. 15. "Tres historias de amor". (Parte I)

Cuando Hermione abrió los ojos, lo primero que vio fue el amanecer a través de una de las ventanas de la enfermería.

Recordando claramente dónde estaba y por qué llegó allí, se puso de lado para poder mirar a Harry que aún seguía dormido.

Sin temor a despertarle, acarició su cara de forma lenta y suave, recorriendo cada contorno, dibujando con su dedo índice cada rasgo de aquél rostro masculino que tanto había admirado desde siempre. Como si quisiera con ello, grabar en sus huellas dactilares cada recuerdo táctil de aquella piel varonil. Una que era algo áspera pero al mismo tiempo suave como la de un bebé.

Él movió la cara un poco, ella se detuvo momentáneamente para ver su reacción.

Una parte de ella quería seguir aunque él despertase, otra le decía que debía dejarle dormir, al fin y al cabo, él también estaría agotado tras la noche anterior, aunque Hermione tenía segurísimo que no estaría ni la mitad de cansado que lo estaba ella.

Sentía que gran parte de sus fuerzas habían vuelto y que el cuerpo ya no le dolía tanto como cuando terminó la lucha, pero a pesar de haber dormido gran parte de la noche, no sentía que estuviese al cien por cien de sus capacidades físicas y motoras.

Probablemente necesitaría todo un día de reposo para volver a ser ella misma. Aunque lo que menos le apetecía era tirarse todo ese día de reposo, en la enfermería. Puede que fuese el lugar más adecuado para un descanso absoluto pero prefería mil veces estar en su habitación, que en aquél lugar tan impersonal.

Harry se movió, colocándose de lado y de cara a ella, cosa que aprovechó Hermione para darle un beso en los labios. Por un momento se imaginó que estaba viviendo uno de aquellos cuentos infantiles que tanto le gustaban y que en su día le contó su madre.

El primero que le vino a la mente fue el de la bella durmiente, sólo que en esta ocasión concreta, no era una princesa quien dormía sino un chico.

Harry era el príncipe dormido, y ella la princesa salvadora que rompería el hechizo al despertarle con un beso de amor verdadero porque para Hermione, desde el instante en que supo que le amaba, los besos que le dio estando él hechizado por culpa de Malfoy, unido al que le acababa de dar, eran los más verdaderos que le había dado.

Si días atrás se había dejado besar o le había besado porque le apetecía, ahora lo hacía porque lo sentía. Sentía que esa era la mejor forma no verbal, de demostrarle que le amaba de verdad. Lo malo para ella era que aquél príncipe durmiente no podía ser consciente de su amor porque aún seguía durmiendo.

Ella sabía que él solía tener un sueño profundo, pero también le daba rabia el hecho de que no despertase ni con sus besos. Ya no sólo por esa fantasía del cuento sino porque tenía unas ganas enormes de mostrárselo y no sólo por medio de besos.

Le besó de nuevo esperando que esta vez surtiese efecto, pero al ver que no fue así, se limitó a observarle mientras le tocaba suavemente aquél pelo rebelde que nunca se dejaba peinar y que le daba un aspecto algo excéntrico y sexy al mismo tiempo. Igual de sexy que cuando lo tenía mojado.

Una sonrisa algo tonta se le formó en la cara cuando rememoró una imagen clara del último baño que habían compartido.

Aquél Harry empapado, lleno de gotitas que corrían por su cuerpo, con los ojos cerrados bajo el grifo y el pelo echado hacia atrás mientras terminaba de enjuagarse, fue lo suficiente vívido para que no sólo se le dibujase una enorme sonrisa sino que además emitiese una risilla algo pícara.

No lo suficientemente alta para conseguir despertarle pero sí para que fuese audible. Y fue en ese preciso momento en que terminaba de reírse cuando él abrió los ojos. No podía ver bien a causa de no tener las gafas puestas, pero supo sin ninguna duda que aquella risilla alegre y traviesa venía de Hermione, pues el recuerdo de él abrazado a su cintura era el último que había tenido antes de caer dormido.

Harry también sonrió, pero ella no lo vio, estaba demasiado ocupada centrando su vista en el pecho de él, aún cubierto por el jersey manchado de sangre seca. Una sangre que había pertenecido a ella y que se había detenido en el instante en que la señora Pomfrey la sanó.

Hermione metió una mano bajo el jersey, tocando la camisa escolar que había debajo. Introdujo la mano bajo ella y comenzó a subirla lentamente, recorriendo con suavidad aquél pecho sobre el que se asentaba su cabeza. Dejó la mano quieta sobre su corazón, sintiendo sus latidos, y se dio cuenta que empezaban a sonar más deprisa, y cuando escuchó un suspiro de complacencia, supo sin lugar a dudas que él estaba despierto.

Ella le dio los buenos días con un beso, tal y como había hecho en otras ocasiones, sólo que esta vez, era un beso mucho más sentido, cosa que Harry notó, no tardando nada en devolverle el beso de igual manera mientras ponía sus manos en la espalda de ella y ejercía algo de fuerza para apretarla más contra su cuerpo.

Hermione no se quejó, aunque le dolía, pero no por culpa de Harry sino porque no estaba bien del todo. Cuando Harry dejó de besarla, lo primero que hizo ella fue colocar su cabeza en el espacio que había entre el cuello de él y su hombro derecho mientras sentía cómo él le daba un beso en la frente para seguidamente unir una de sus manos a otra de las de ella.

- Buenos días.- dijo Harry dándole otro beso pero ahora en el cabello.

- Buenos días.- contestó ella entrelazando sus dedos con los de él.

- Debo suponer…por la forma de saludarme… ¿Qué te encuentras mejor?

- Sí. Pero aún no estoy completamente bien.

- ¿Te duele algo?

- La espalda y…ahora la cabeza.

- Llamaré a la señora Pomfrey.- Él intentó levantarse, pero ella le detuvo, haciendo presión en su pecho hasta volver a tumbarle.- ¿No quieres que vaya?

- No.- dijo ella suavemente.- Prefiero que estés conmigo un poco más, si no te importa.

- Por supuesto que no.- Él la besó otra vez.- Es sólo que quiero asegurarme de que estás bien.

- Estoy bien, Harry.

- Pero aún te duele el cuerpo.

- Pues claro, lo de anoche no fue una pelea inocente. Por poco me muero.

- Y todo por mi culpa.

- No, por la de Malfoy. Él lo provocó todo.

- Deberíamos ver a Dumbledore y contarle lo que recordamos. Además…quiero saber qué ha hecho con ese cretino y sus amigos.

- Espero que los haya expulsado, porque como no sea así…bueno, creo que dejaré de ser esa chica que siempre hace lo correcto. Por una vez en mi vida voy a actuar de forma imprudente e incluso agresiva como me los encuentre por el castillo.

- Lo mismo digo y añado algo más. Como pille a Draco y compañía caminando tranquilamente por Hogwarts, les voy a hacer algo tan horrible que me mandarán a Azkaban de forma inmediata.

- Eso si no me envían a mí primero, porque pienso hacerles papilla en cuanto estén a mi alcance.

- ¿Quieres matarles?

- Se lo merecen. ¿No crees?

- Pues sí, pero tú siempre has dicho que el asesinato está mal por muy justificado que pueda estar.

- Y lo sigo pensando pero…tengo unas ganas locas de cometer más de una locura contra ellos. ¿Me convierte eso en una mala persona?

- No lo sé, yo creo que simplemente es algo normal que sientas esas cosas después de todo lo que has pasado.

- Creo que te haré caso y antes de hacerles algo, averiguaré, tal y como tú has dicho, qué ha hecho Dumbledore con ellos.

- Averiguaremos, porque yo pienso ir contigo. ¿Quieres que vayamos ahora?

- No. Ahora sólo quiero descansar y si es contigo mejor todavía.

- ¿De verdad te encuentras bien?

- Sí. ¿Por qué insistes tanto?

- Porque no entiendo…

- ¿Qué me apetezca tanto estar junto a ti?

- Sí. No es que me queje ni nada es sólo…que no es normal en ti. Normalmente soy yo el que insiste en permanecer a tu lado pero desde anoche… cuando llegamos a la enfermería…tú estabas y sigues estando…

- ¿Demasiado cariñosa?

- Sí, y también muy…

- ¿Receptiva a tu contacto?

- Ajá…

- Y eso hace que te preguntes por qué. Bueno, la respuesta es simple. Me he dado cuenta…mejor dicho, anoche me di cuenta de algo… importante. Lo supe cuando me apuñalaste.

- ¿El qué?

- Que te quiero…de una forma especial.

- Ah, bueno, eso ya lo sabía. Me quieres mucho porque soy tu mejor amigo y tu pareja. ¿Verdad?. Es algo que me has dicho muchas veces.

- Pero no te he dicho lo más importante.

- ¿Lo más importante, qué es?

Cuando estaba a punto de responder, la señora Pomfrey entró en la estancia dispuesta a examinar a Hermione, por lo que Harry tuvo que levantarse y apartarse un poco para que la enfermera pudiese trabajar.

Un poco después, la buena mujer se retiró tras decirle a Hermione que estaba bien y que podía irse si así lo quería. Ella no lo dudó un instante, levantándose de la cama en cuanto la señora Pomfrey salió de la habitación. Acababa de dar los primeros pasos hacia Harry cuando sintió un mareo repentino y se tambaleó, pero él la agarró justo a tiempo, evitando que su cuerpo tocase el suelo de forma brusca.

- Puede que en opinión de la señora Pomfrey estés bien, pero yo creo que necesitas descansar más.

- ¿Me llevas a mi habitación, por favor?. Prefiero estar allí.

- Por supuesto. Apóyate bien en mí.

- Gracias.

- De nada. Por ti…lo que haga falta.

- Te quiero Harry.

- Y yo a ti.

- No lo digo por decir…

- Yo tampoco.

Con cuidado, apoyó la cabeza en uno de sus hombros y dejó una de sus manos en la cintura de Harry.

Él también agarró la de ella, ejerciendo un agarre firme pero cariñoso, para poder tirar de Hermione mientras comenzaban a caminar lentamente hacia la salida de la enfermería. Por un momento Hermione pensó que la señora Pomfrey les detendría cuando les viese pero ella no estaba a la vista. Hermione sólo pudo suponer que habría salido de la estancia, aunque eso era algo que no solía hacer a menudo.

Una vez frente a la puerta de su habitación, ella quitó el hechizo protector y abrió la puerta, volviendo a protegerla con el hechizo en cuanto estuvieron dentro. Aún agarrada a la cintura de Harry, se aproximó a la cama, donde se tumbó en cuanto su cuerpo tocó el colchón. Sin preocuparse si quiera de apartar el edredón y la sábana.

- ¿Vas a dormir?- preguntó él cuando la vio entrecerrar los ojos.

- Lo necesito.- dijo mientras se ponía de lado y se encogía un poco.

Cuando Harry la vio encogerse, supo que tenía frío. Se acercó a una de las ventanas y la cerró, comprobando que las demás estaban cerradas.

Seguidamente regresó a la cama y se colocó detrás de Hermione, para poder mover sus piernas lo suficiente hasta que pudo apartar el edredón y la sábana, tapándola hasta que sólo quedó fuera su cabeza y algo de su pelo castaño, que seguía siendo tan alborotado como siempre había sido pero sin presentar un aspecto tan salvaje y descuidado como cuando era pequeña.

Aquél cabello podía ser tan rebelde como el suyo propio, aunque el de ella se dejaba peinar y el de él no, pero aún siendo un pelo horrible para muchos chicos, a Harry le parecía un pelo precioso simplemente por ser de ella.

Pensando que quizás se habría dormido porque no había hablado ni tampoco se había movido mientras él la tapó, Harry salió de la cama con lentitud y se dispuso a coger una silla para sentarse al lado de la cama y poder observarla de frente, pero justo cuando estaba a punto de coger la silla, escuchó la voz de Hermione decirle…

- ¿No quieres tumbarte conmigo?

Y fue una pregunta lo suficientemente efectiva para él, como para olvidarse de la silla y volver a la cama con rapidez, aunque se metió en ella sin hacer movimientos bruscos. Harry se colocó detrás de ella y de lado, justo de cara a la espalda de Hermione.

Estaba a punto de rodear su cintura con una de sus manos, cuando vio que ella cambió de postura hasta quedar de cara a él. Tenía los ojos cerrados pero él sabía que no estaba dormida del todo, ya no sólo porque le hubiese hablado, sino porque acababa de abrir los ojos lo suficiente como para poder mirarle directamente.

- No sé si tienes sueño pero…preferiría que te quedaras aquí a que estés sentado en una silla que dentro de poco te producirá dolor de espalda. Además, en la silla no puedo hacer esto.- Pronunció acercándose a sus labios y regalándole un dulce beso que él correspondió enseguida.

- No tengo mucho sueño pero me quedaré contigo porque quiero y porque además, me encanta que hagas eso.

- ¿Esto?.- dijo volviendo a besarle.

- Sí, eso.- respondió devolviéndole el beso.

- A mí lo que me encanta es estar contigo.- Pronunció cobijando su cabeza en el pecho de Harry.

- Lo mismo digo.- Él acarició su espalda por encima de la túnica que le había puesto la noche anterior. Una túnica que era suya y que ya olía a Hermione, cosa que le encantaba.

- Si no te duermes…- dijo ella con voz adormilada.- Despiértame a la hora del almuerzo.

- De acuerdo.- respondió apoyando una mano en su cintura.- ¿De verdad estás bien?

- Ahora sí.

- ¿Ahora?

- Ajá…

- ¿Por qué?

- Porque estoy contigo.

- Hermione…- dijo, sabiendo que esa frase tenía un trasfondo que antes no había tenido, porque el tono de voz y la forma dulce y cariñosa en que ella lo había dicho, se lo demostraban. Cuando ella no contestó la segunda vez que él la llamó, supo que ahora sí que estaba dormida de verdad. Así que se limitó a tenerla en sus brazos mientras contemplaba su pelo castaño y lo acariciaba de vez en cuando.


Tras pasar gran parte de la noche en el despacho de Dumbledore relatando lo ocurrido y todo lo que recordaba, Ron Weasley despertó bostezando y con ojeras bajo sus ojos azules.

Dormir 4 horas no era algo a lo que estuviese acostumbrado. Tras ducharse y ponerse el uniforme escolar, se dirigió a la enfermería para ver cómo estaban sus dos mejores amigos. Le sorprendió no verlos allí, pero en cuanto la señora Pomfrey le dijo que le había dado el alta a Hermione, el pequeño de los chicos Weasley no perdió tiempo en dirigirse a la habitación de la prefecta, llamando a la puerta en cuanto la tuvo delante.

Un poco después, Harry la abrió lo suficiente para que él pudiera pasar al interior, cosa que hizo enseguida, encontrándose a Hermione completamente dormida en su cama.

- La señora Pomfrey dijo que estaba bien del todo.

- Sí, pero sigue cansada. Le dije que la dejaría dormir hasta la hora del almuerzo.

- ¿Te vienes a desayunar?. Me gustaría contarte las novedades.

- Hazlo aquí, no quiero dejarla sola.

- Eso no importa, Harry, dormirá toda la mañana y si se despierta, seguro que va a buscarnos.

- Pero le prometí quedarme con ella…

- De acuerdo, como quieras.

- Cuéntamelo todo con pelos y señales, pero no hables muy alto.

Ron cogió una silla y se sentó en el escritorio de Hermione, Harry se sentó en otra justo de cara a él.

- Dispara Ron.

- Todo se resume en que le conté a Dumbledore mi versión de lo ocurrido, que lo hice delante de Malfoy y compañía y que cuando terminé, el director les hizo varias preguntas después de haberles obligado a tomar veritaserum. Malfoy lo contó todo, incluso lo que te hizo con el polvo, algo que yo no sabía. Después de terminar con ellos, me hizo salir de su despacho para hablar con ellos en privado.

- ¿Entonces no sabes si les ha expulsado?

- No, pero yo creo que sí lo ha hecho, porque no les he visto aún.

- Bueno, es pronto todavía, es posible que aún estén arreglándose en sus dormitorios.

- No lo creo, tú sabes tan bien como yo que Malfoy y compañía son de los que madrugan siempre, igual que Hermione. ¿De verdad está bien?

- En cuanto a sus heridas sí, pero yo creo que hoy no asistirá a ninguna de sus clases. Como te dije antes, está agotada y necesita reposo absoluto.

- No me extraña, la pobre lo pasó muy mal anoche.

- Y todo por mi culpa. Intenté matarla¿sabes?. Yo fui quien la apuñaló, no lo hice de forma consciente pero lo hice igualmente y eso es algo que me mata.

- No te sientas culpable, Harry, estabas hechizado, no podías hacer nada para evitarlo.

- Pero en tercero…cuando intentaron aplicarme la maldición imperius yo me resistí a ser dominado. ¿Por qué no pude hacerlo con aquél polvo?.

- Porque es un polvo muy poderoso, capaz de anular hasta la voluntad de la persona más resistente. Dumbledore me lo explicó.

- ¿Delante de Malfoy y sus colegas?

- Sí. Ya sabes cómo es. Nunca oculta las cosas importantes aunque pueda estar rodeado de gente non-grata.

- ¿Y qué dijeron Malfoy y los demás?

- Nada, callaron como cobardes. Pero durante toda la explicación, Draco no dejaba de sonreír de forma burlona. Te juro que necesité de todo mi autocontrol para no hechizarle allí mismo.

- Yo lo habría hecho.

- Yo no, y menos aún delante del director del colegio. No quiero que me expulse. Además, acuérdate de lo que nos dijo la noche en que le grité a Ginny.

- Lo recuerdo, dijo que no diésemos más espectáculo.

- En efecto, así que no podía hacer algo impulsivo sin riesgo a ser castigado. ¿Y la verdad?. No me apetecía nada que Malfoy y compañía me viesen en semejante situación. Creo que por una vez en mi vida, tuve muy presente el consejo de Hermione.

- ¿Cuál?

- No meterme en líos si no era necesario.

- Te escucho y no me creo que seas tú el que habla.

- Ya, no suelo actuar responsablemente. ¿Verdad?

- Pues no. Yo diría que de los tres, la única persona responsable al cien por cien es Hermione…

- Por mí puede seguir siéndolo. No tengo ninguna intención de quitarle el título…

- Eres de lo que no hay, Ron.

- Qué puedo decir, Harry, soy único en mi género.

- Pues sí.

- ¿Vienes a desayunar o no?. Quizás nos enteremos de si les han expulsado. Si no están en el gran comedor seguro que los han echado.

- La verdad es que me encantaría salir de dudas. Pero no quiero incumplir mi promesa…

- Oh vamos, no me vengas con eso. Siempre has hecho lo que te ha dado la gana sin contar con las promesas que le hubieras podido hacer a Hermione.

- Pero ahora es distinto, Ron, ahora sí me importa incumplir una, sobre todo si se la he hecho a ella.

- Si cuando yo digo que estás enamorado hasta los huesos es porque es verdad.

- ¿Y eso es algo malo?

- Qué va, todo lo contrario. Es sólo que me asombra verte así, no estoy acostumbrado a este Harry tan…distinto al que siempre he conocido.

- Yo podría decir lo mismo de ti. Creo que desde que estás con Luna has cambiado bastante. Te has vuelto más…persona, podría decir.

- Entiendo por dónde vas, y sí, estoy de acuerdo con eso. ¿Te vienes a desayunar o qué?

- Vale, me iré, pero en cuanto sepa qué ha ocurrido con Malfoy, Crabbe, Goyle y Zabini, volveré con Hermione y no pienso volver a dejarla ni aunque el mismísimo Voldemort se presentase de improviso en el colegio.

- Esperemos que no, tiemblo sólo de pensarlo.- Ron tragó saliva y Harry se rió un poco.

Cuando llegaron al Gran Comedor, vieron que los sitios que solían ocupar los cuatro Slytherin estaban vacíos. Eso no les aseguraba que les hubieran echado del colegio, pero al menos les permitió comer con tranquilidad, pues no tenían que soportar los intentos de provocación que solían hacerles aquellos chicos cuando les tenían cerca.

En un momento del desayuno, Dumbledore se puso en pie y apuntó con su varita a su garganta, para activar el hechizo "sonorus" que solía emplear cada vez que quería ser escuchado con claridad por todos los presentes.

- Gente de Hogwarts.- comenzó el mago anciano y sabio con la tranquilidad que siempre le caracterizaba.- Tengo que comunicaros algo. Desde hoy, los alumnos Draco Malfoy, Blaise Zabini, Crabbe y Goyle, todos pertenecientes a la casa Slytherin, dejarán de asistir al colegio.

Anoche ocurrió algo terrible que ellos promovieron atentando contra las vidas de los señores Harry Potter, Colin Creevey, Ronald Weasley y la señorita Hermione Granger. He podido saber que todo era una venganza por parte de estos cuatro alumnos Slytherin.

Como sabéis, hace poco avisé a estos cuatro chicos que si volvían a hacer alguna de las suyas serían expulsados de inmediato. Y también sabéis que creo en las segundas oportunidades. Puedo decir que se la di a ellos y no han sabido aprovecharla, por lo tanto, me he visto en la necesidad de echarles del colegio.

Quizás algunos de sus compañeros Slytherin pensarán que he sido injusto, pero si conocierais con todo detalle lo que ellos hicieron, veríais que he sido bastante clemente con el castigo impuesto.

Aunque añado también, que el hecho de que ya no estén en Hogwarts, no les evitará un castigo aún peor que el de la expulsión y es todo lo que tengo que decir acerca de todo esto. Gracias por vuestra atención, podéis continuar con el desayuno. Señor Potter, Señor Weasley, levántense de sus asientos y acudan a mi despacho inmediatamente.

Sin más que añadir, tanto el director del colegio como Harry y Ron abandonaron el gran comedor.

En cuanto estuvieron en el despacho de Dumbledore, tomaron asiento algo intranquilos, pues en sus fueros internos ambos pensaban que también serían castigados. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando comprobaron que en vez de un castigo, lo que recibieron fueron elogios por parte de aquél hombre que tanto respetaban y valoraban, sobre todo Harry.

- Ya sé que no es muy normal en un director el hecho de elogiar a dos estudiantes por defenderse y atacar en una pelea pero…considero que actuasteis muy bien, sobre todo tú, Harry. El señor Weasley me dijo que cogiste a la señorita Granger en brazos en cuanto la viste herida y que saliste corriendo en dirección a la enfermería.

- Así fue, señor.

- Hiciste algo muy bueno, Harry. Pensar en otra persona antes que en ti mismo es algo digno de reconocimiento. Me siento orgulloso de ti, muchacho.

- Gracias señor.

- Y de usted también, señor Weasley. Anoche fue usted muy valiente, ser sincero delante de tus enemigos no es algo fácil. Además, pude apreciar claramente que hizo usted un esfuerzo por no perder el control delante de aquellos cuatro. Podría haberles atacado y sin embargo se contuvo por prudencia, muy bien Ron, eso dice mucho de lo que ha madurado usted.

- Gracias.- dijo más colorado que su pelo, cosa que produjo una sonrisa repentina en aquél anciano mago.

- ¿A qué se refería usted cuando dijo que Malfoy y sus amigos tendrían un castigo peor que la expulsión?- preguntó Harry.

- A nada en particular.

- Por favor señor, díganoslo. Necesitamos saberlo, al menos yo.

- Yo también lo necesito.- secundó Ron- No creo yo que una expulsión represente algo grave para ellos.

- Desde luego que no, aunque sí les ha afectado algo, al fin y al cabo son "sangre limpia" y los sangre limpia siempre se jactan de ser los mejores en la magia y eso incluye dar un buen ejemplo y no creo que ellos lo hayan dado.

- Déjese de rodeos y díganos de una vez de qué se trata ese castigo tan terrible.- Volvió a decir Harry, que no podía ocultar su inquietud en el tono con que hablaba.

- Bueno…tras despedir al señor Weasley, me quedé un rato más hablando con esos cuatro chicos y pude apreciar varias cosas imperdonables en sus actitudes. Entre ellas el hecho de no mostrar ningún arrepentimiento acerca de lo que habían hecho.

Pero lo que más me asombró fue oír por parte del señor Zabini que le había fastidiado mucho el que ustedes dos aparecieran en el momento justo en que estaba a punto de abusar sexualmente de la señorita Granger. Cuando le escuché decir que vosotros dos le habíais fastidiado la diversión, pude comprobar que estaba más loco de lo que había creído en un principio.

- Muy cuerdo no está, eso seguro.- secundó Ron.- Pero eso es algo que hemos sabido siempre. Esa casa de serpientes no es famosa por tener a buenas personas entre sus integrantes y mucho menos, cuerdas.

- Tengo que darle la razón en eso señor Weasley, aunque tampoco voy a decir que todos los magos y las brujas salidos de Slytherin sean peligros andantes. Algunos sí son buenos.

- Pero no abundan.- volvió a decir Ron.

- Por desgracia no.- apoyó Dumbledore.

- ¿Y Malfoy, señor, también se quejó de algo o por el contrario se alegró de todo lo que había hecho?-preguntó Harry.

- La verdad es que en ese momento no dijo nada, fue lo suficientemente prudente de no jactarse de lo que había provocado pero…también estaba claro para mí que le había encantado hechizarte para que intentases matar a Hermione. Sé por la señora Pomfrey que ella está bien pero no la ví en el desayuno así que supongo que estará descansando en su habitación. ¿Acierto?

- De pleno, señor. Le prometí despertarla a la hora del almuerzo pero dudo mucho que asista a sus clases de esta tarde, ni si quiera creo que hará sus tareas de prefecta. Puede que su aspecto físico sea bueno pero aún está débil anímicamente. Cuando se levantó de la cama de la enfermería por poco se cae de boca contra el suelo.

- No me cuentes más, se mareó de repente. ¿Verdad?

- Sí señor.

- Seguro que le bajó la tensión. Algo normal después de lo ocurrido. La verdad es que me asombra la gran fortaleza que ha tenido siempre. Puede que otra en su lugar, que no fuese ella, no hubiese sobrevivido a lo de anoche. Pero si hay algo que ha distinguido siempre a la señorita Granger, además de su gran inteligencia y perseverancia en el estudio, es…que ha sido y sigue siendo una mujer excepcional, igual que lo fue tu madre, Harry.

- Gracias señor.

- No hay por qué, sólo digo la verdad.

- Por favor, díganos de una vez cuál es ese castigo peor que la expulsión.- volvió a pedir Harry.

- Ah sí, aún no os lo he dicho. Bueno, es algo que ya conocéis de sobra. El peor castigo que puede tener un mago o una bruja es ir a Azkaban.

- ¿Les ha mandado allí?.- preguntó Ron sin ocultar su asombro.

- Por supuesto que sí. Pero no yo personalmente sino Fudge. En cuanto supe todo lo ocurrido gracias al veritaserum, y después de mandar a esos chicos a sus dormitorios, llamé a Fudge por la red flu y le conté todo. Él mismo admitió que se merecían ir allí y eso fue lo que hizo.

- ¿Y qué es lo que nos asegura que no vendrán sus padres a sacarles?.- preguntó Ron.- Todo el mundo mágico sabe que el señor Malfoy tiene mucha influencia.

- Fudge me aseguró que no habría manera de liberarles, quédese tranquilo señor Weasley, ninguno de ellos volverá a molestarles nunca más.

- ¿Les aplicarán el beso del dementor?.- preguntó Harry.

- No lo sé, pero no me extrañaría que así fuese, después de todo ese es el castigo más severo que existe para los peores crímenes y creo que lo que hicieron esos cuatro chicos no fueron cosas inofensivas. Sobre todo las que hizo el señor Malfoy y el señor Zabini.

- Crabbe y Goyle no se portaron tan mal como ellos pero al fin y al cabo fueron cómplices de todo.

- Así es, Harry, por eso mismo se merecen el mismo tratamiento que sus compañeros.

- No puedo decir que me alegre de lo que les espera pero…admito que una parte de mí les deseaba eso y cosas peores.

- Es normal que sientas así, Harry, al fin y al cabo le hicieron mucho daño a alguien muy especial para ti y creo que no tengo que especificar más. ¿Verdad?

- Sí señor.

- ¿Podemos irnos ya, profesor?.- preguntó Ron mientras se movía algo inquieto en su asiento.

- Por supuesto. Creo que ya os he entretenido bastante.

- Espero no llegar tarde a la clase de Snape.- dijo el pelirrojo poniéndose en pie.- No quiero ni imaginar lo que me hará como llegue el último. ¿No vienes, Harry?.- preguntó al verle sentado aún.

- No, quisiera hablar con Dumbledore en privado, si no os importa, claro.

- Por supuesto que no.- contestaron los dos al mismo tiempo.

- Búscame cuando termines.- dijo Ron dirigiéndose a la puerta.- Hasta luego señor.- dijo mirando a Dumbledore.- Gracias por informarnos de todo.

- De nada señor Weasley, que tenga una buena mañana.

- Gracias señor. Harry…nos vemos luego.

Cuando Ron se fue, Harry comenzó a inundar a preguntas al director del colegio. Quería saber si había más cosas que no les hubiese contado pero Dumbledore no le aportó nada nuevo pues había sido sincero en todo lo que les había dicho. Tras darle las gracias y despedirse, Harry se encaminó a la puerta, pero cuando estaba a punto de abrirla le hizo una última pregunta.

- ¿Qué fue lo que rompió el hechizo y que me hizo volver a la normalidad, señor?. Hermione me dijo que fue un beso pero yo creo que me oculta algo más. ¿Usted lo sabe?

- Sí, Harry.

- Entonces dígamelo, por favor.

- La única manera de romper el efecto del polvo es usar el amor verdadero.

- ¿Cómo ha dicho, señor?

- He dicho, que hay que usar el amor verdadero para romper la mala influencia de ese polvo tan dañino. Creo que está muy claro lo que quiero decir con esa frase, Harry.

- No lo comprendo del todo, señor.

- No te preocupes, llegado el momento lo harás. O quizás será la propia Hermione quien te lo termine de aclarar. Cuando lo haga…espero que ambos estéis en vuestras plenas facultades físicas y psíquicas.

- ¿Por qué, ocurrirá algo malo?

Dumbledore se rió un poco al ver lo inocente que era al no comprender el trasfondo de aquella cuestión.

- No, Harry, al contrario. Más que malo es algo buenísimo para los dos. Eso sí, procura respirar hondo porque lo vas a necesitar.

- Me está preocupando, señor.

El mago anciano volvió a reírse.

- Vamos Harry, vete a clase o donde quieras, estás perdiendo un tiempo precioso al quedarte conmigo tanto rato.

- ¿Por qué me dice eso?

- Porque es cierto. Cuando veas a la señorita Granger mándale de mi parte mis mejores deseos y dile también que no se preocupe por sus clases o sus tareas de prefecta de hoy. Yo me ocuparé personalmente de excusarla ante los profesores y sus compañeros prefectos.

- Gracias señor.

- De nada muchacho. Que pases un buen día.

- Y usted también. Hasta luego.

- Hasta luego Harry.

Cuando él salió y cerró la puerta, Dumbledore no pudo evitar mover la cabeza de un lado a otro mientras sonreía como un niño travieso.


Harry llegó a la puerta de Hermione, sabía que estaría dormida, y como conocía el hechizo que quitaba la protección a la puerta porque Dumbledore se lo había dicho la noche anterior, no tuvo ningún problema en entrar en su habitación. Volviendo a activar el hechizo en cuanto estuvo dentro y con la puerta cerrada.

Se acercó hasta la cama para comprobar cómo estaba. Con tranquilidad vio que aún dormitaba y por la expresión relajada y tranquila de su rostro estaba claro para él que disfrutaba de un sueño pacífico. Como no tenía ganas de tumbarse, agarró una silla y la acercó a la cama, pudiendo observarla con total claridad. Un poco después, ella empezó a moverse de forma inquieta, como si quisiera escapar de algo terrible que la estuviese amenazando.

Cuando él la escuchó gritar el nombre de Blaise, supo que estaba reviviendo el intento de violación. Estaba a punto de susurrarle algo para tranquilizarla pero entonces ella se relajó y volvió a quedarse callada.

Pasados unos minutos ella volvió a hablar pero él no entendió lo que decía, lo que sí escuchó claramente fue su nombre, probablemente estaría soñando con él y lo que intentó hacerle porque llegó un momento en que ella se puso a llorar mientras decía "Harry, escúchame. Concéntrate en mi voz. Sabes que la conoces. Yo no soy mala, siempre he cuidado de ti. No me hagas más daño, por favor, no me obligues a hacértelo aunque sea en defensa propia. No quiero hacerlo, lo último que quiero en esta vida, es hacerte daño."

Harry sintió claramente cómo se le encogía el estómago pero su angustia remitió un poco cuando Hermione volvió a quedarse callada.

Un poco después, ella volvió a pronunciar algo, pero él no logró entenderlo, era como si ella estuviera susurrando. En el instante en que la vio poner la boca como si estuviera a punto de dar un beso, él comprendió que ella estaba reviviendo el momento en que le deshechizó.

Un poco después, ella volvió a llorar y también a hablar, él se acercó más para intentar escucharla con mayor claridad, pero más que palabras, lo que ella emitía ahora parecían balbuceos, hasta que llegó un momento en que ella dijo claramente "Nada importante" y fue entonces que Harry supo sin duda en qué parte de su sueño estaba, en el instante en que él volvió a recuperar la normalidad y le preguntó qué le había ocurrido a ella para estar tan mal.

No volvió a escucharla hablar y su llanto cesó y luego se quedó tan relajada que nadie diría que había tenido una horrible pesadilla.

Harry se acordó de algo, ni Dumbledore ni Ron le habían hablado de Colin.

Recordó que cuando le convirtieron en gusarajo, Hermione lo metió en una burbuja con oxígeno a la que le había dado el aspecto de una bola de cristal y luego la había guardado en el bolsillo de la túnica de Harry. Él metió la mano en uno de los bolsillos, lo hizo con cuidado para no despertar a Hermione pues ella seguía vestida con la túnica de él.

En el primer bolsillo no estaba, miró en el segundo y la encontró. Cuando miró aquél gusarajo, se preguntó cómo es que nadie se acordó de que él estaba allí, pero enseguida encontró respuesta a esa pregunta. Ron se había quedado inconsciente y cuando despertó, era normal que no recordase todos los detalles de lo ocurrido, que se olvidara de la existencia de Colin no era algo tan extraño.

De todos modos para Harry tampoco era normal que Dumbledore no hubiese hecho lo posible por conseguir la bola y devolverle al rubio su forma original. Pero teniendo en cuenta que él sabía que Hermione llevaba la túnica de Harry y que estaba inconsciente en la enfermería, era muy normal que la hubiese dejado descansar sin acercarse siquiera para decirle a la señora Pomfrey que buscase en los bolsillos para sacar al chico de allí.

Harry salió de la habitación y se dirigió al despacho de Dumbledore, quizás aún se encontrase allí y pudiese devolver a Colin a la normalidad. Seguro que no era agradable estar veinticuatro horas bajo el aspecto de aquella cosa insignificante.

Tras llamar a la puerta, el director la abrió. Harry no explicó nada, sólo le entregó la bola diciendo "es Colin" y con la misma desapareció, volviendo rápidamente a la habitación de Hermione y dando las gracias a Merlín porque nadie hubiese entrado en ella ya que se había olvidado de poner el hechizo protector. Volvió a aplicarlo en cuanto la cerró y cuando estaba a punto de llegar a la cama de Hermione, se dio cuenta que aparentaba estar despierta pues tenía los ojos abiertos.

- ¿Hermione?- preguntó con cautela.

- Qué.- respondió ella mirándole.

- ¿Cómo te encuentras?

- Mejor, gracias. ¿Has salido?

- Sí, recordé que tenías la bola de Colin en uno de los bolsillos de mi túnica y fui corriendo a dársela a Dumbledore para que le deshechizara.

- Eso está bien, Harry. Espero que Colin no tenga secuelas negativas. No sé si será bueno haber estado un día entero convertido en… ¿Qué era?

- Gusarajo. ¿Qué tal tu cabeza?

- Ya no me duele y la espalda tampoco. Voy a intentar levantarme, necesito una ducha.

Ella se levantó con lentitud para evitar marearse, cuando sus pies tocaron el suelo pudo comprobar que no sentía angustia.

- Creo que ya estoy bien del todo. ¿Nos vemos dentro de un rato?

- ¿Cómo de grande?

- El suficiente para que a los dos nos de tiempo a ducharnos y arreglarnos. ¿Has desayunado ya?

- Sí, fui con Ron al gran comedor y allí nos enteramos que Dumbledore había expulsado a Malfoy y sus amigos y no sólo eso, porque luego habló con nosotros en su despacho y supimos además que los han enviado a Azkaban y que nunca volverán por mucho que sus padres lo intenten. Lo más probable es que les apliquen el beso del dementor.

- Qué horrible pero mentiría si dijera que no se lo merecen.

- Estoy de acuerdo con eso. Volveré en unos…quince minutos.

- Espera Harry.

- Qué.

- Tengo que darte la túnica. Si me das diez segundos para ponerme algo que me tape te la devolveré enseguida.

- No hay prisa.

- Pero igualmente la necesitas. ¿Quieres que nos quiten puntos porque no lleves tu uniforme con el equipo completo?. Yo desde luego que no.

- Ésa es mi Hermione.- dijo sonriéndole.

- La única y genuina, sí.- Ella le guiñó un ojo mientras se dirigía al baño para ponerse un albornoz, Harry no pudo dejar de sonreír mientras la contemplaba. Un poco después, ella le devolvió la túnica.- Aquí tienes, señor Potter. Asegúrate de lavarla y secarla con un hechizo, y no estaría de más que usaras otro hechizo para quitar el agujero que tiene a la altura del abdomen.

- Agujero que yo ocasioné cuando intenté matarte. ¿Verdad?

- Eso ya no importa, te dije que no eras tú realmente el que lo hizo. Prométeme que no te torturarás con eso.

- No puedo prometerte eso.

- Tendrás que hacerlo, porque no estoy dispuesta a volver a tocar el tema. Lo que te dije anoche lo mantengo. Te he perdonado y no te guardo rencor por lo que intentaste pero te aseguro que me enfadaré mucho contigo si me haces hablar de ello otra vez. No es algo que quiera recordar mediante una conversación.

- Lo supongo.

- Bueno, te veo luego. No te des prisa en volver, yo pienso tomarme mi tiempo en ducharme en condiciones. Necesito quitarme todo este olor a rancio que tengo encima.

- Yo no huelo nada.

- Tendrás el olfato estropeado porque me huelo hasta yo…

- Será obsesión tuya.

- Me da igual si lo es o no, necesito estar bajo la ducha como mínimo diez minutos y no tengo más que decir.

- Está bien, Hermione, te veré en diez minutos o más tiempo si quieres.

- No, con diez o quince minutos bastarán para mí.

- De acuerdo, quince minutos. ¿Puedo llevarme el diario de mi madre?. Quiero consultar una cosa.

- Pues claro que puedes, yo te lo regalé. ¿Recuerdas?. No necesitas mi permiso.

Sin perder más tiempo, él abandonó la habitación tras decirle ella dónde estaba guardado el diario. En cuanto cerró la puerta, ella le aplicó el hechizo protector y se fue directa al cuarto de baño. Pero no tardó diez minutos ni tampoco quince, sino cuarenta porque en cuanto estuvo bajo el agua caliente y cerró los ojos para evitar que el champú le entrase en ellos, se puso a llorar de forma descontrolada y se dio cuenta que no podía parar.

Ella sabía que sólo estaba liberando toda la angustia y tensión que había acumulado de la noche anterior pero igualmente sintió que no había habido muchas ocasiones en su vida en que había llorado tan sinceramente y de forma tan sentida como ahora.

Sobre todo porque en cuanto intentaba calmarse y relajarse, volvía a tener flases de lo que había intentado hacerle Zabini y ya no sólo es que llorase de nuevo sino que encima sentía que le daban arcadas del asco que sentía. Habría sido mucho peor para ella, estaba segura, que él hubiese conseguido su propósito, pero igualmente aquella experiencia le había resultado de lo más humillante y traumática.

Aunque también estaba segura que mientras estuviera con Harry, nunca jamás volvería a experimentar algo tan horrible como aquello.

Él la protegería siempre, tal y como ella había hecho con él durante los siete años de amistad que habían compartido y seguían compartiendo y también estaba segura de otra cosa, que Harry, jamás en su sano juicio, intentaría hacerle lo que quiso lograr Blaise. Pues ella sabía con seguridad que él la amaba de verdad y una persona que ama de verdad a otra nunca intenta hacer algo degradante o humillante para la persona amada.

Justo cuando había logrado tranquilizarse un poco y cuando también empezaba a echarse la crema suavizante, escuchó la voz de Harry, algo alarmada, llamarla desde el otro lado de la puerta.

- ¿Qué?.- preguntó cerrando el grifo de la ducha para oírle mejor.

- ¿Estás bien?

- ¡Sí, dame sólo dos minutos para enjuagarme y ponerme el albornoz!

- ¡Llevas mucho rato ahí dentro, como tardes más en salir te juro que entro aunque tenga que derribar la puerta!

- ¡No será necesario, espérame, enseguida salgo, te lo prometo!

- ¡Contaré hasta diez!

- Cabezota…- murmuró por lo bajo enjuagándose a velocidad de vértigo. Acababa de cerrar el grifo y ponerse el albornoz cuando se escuchó un potente ruido de algo roto. Ella no pudo evitar la cara de asombro que puso cuando vio a Harry en el suelo diciendo una palabrota mientras se ponía en pie.- ¿Es que has perdido el juicio?. ¡ Te has cargado la puerta!

- Te dije que lo haría, has tardado más de diez segundos.

- ¿Y qué esperabas?. ¡Un pelo como el mío no se enjuaga en ese tiempo!

- ¡Es que estaba preocupado, vale!

- ¡Pero si te dije que estaba bien!

- ¡Pues mentiste, que tardases tanto en ducharte no era algo normal en ti!

- ¡Por todos los magos y brujas, Harry, si estuviese mal de verdad no te habría contestado!

- Oh, es verdad. Lo siento.

- Más lo siento yo. La puerta tiene siglos de antigüedad, te has cargado una reliquia.

- Bueno, tú puedes repararla con un hechizo. ¿No?

- Sí, pero eso no quita lo que has hecho. Mira que eres bestia cuando te lo propones.

- ¿Y qué esperabas que hiciera, quedarme sin hacer nada?

- ¡Por última vez, Harry, te dije que estaba bien!

- ¡Pues no es verdad, tienes los ojos rojos e hinchados, eso sólo te pasa cuando has llorado mucho!

- ¡Qué novedad, como si nunca me hubieras visto así!

- ¿Y por eso no tiene que afectarme?

- Yo no he dicho eso, sólo he dicho, que no deberías preocuparte por ver en mi cara las señales del llanto. Y antes de que me lo preguntes, no pienso decirte por qué lloré. Y ahora, si te apartas de mi camino, te agradeceré mucho que me dejes vestirme.

- Desde luego, cuando estás de mal humor no hay quien te aguante.

- Yo también te quiero.

- Anda y vete al cuerno.

- Lo dicho, te quiero tan apasionadamente que te voy a pedir en matrimonio ya mismo.

- Que te den.

- No, que te den a ti y por partida doble. Una por cabezón y otra por destrozar la puerta del baño. ¡So animal!

- ¡Es la última vez que me molesto en tirar una puerta para ver si estás bien!

- ¡Genial, sobre todo porque no tenías por qué romperla después de haberme escuchado hablarte!

- Argggg.

- Jújúú…tienes la misma expresión rabiosa que pone Ron cuando le tengo harto.

- ¡Me importa un pepino!

- Cálmate ya, como te sigas poniendo de mala leche vas a romper algo y no estoy dispuesta a arreglar cada estropicio que ocasione tu genio incontrolado.

- ¡Nos quieres dejar tranquilos a mí y a mi genio!

- Vale, como quieras. Me voy a vestir y te aconsejo que no intentes derribar la puerta de mi habitación por mucho que pueda tardar. Tengo que pensar qué me pongo.

- ¡Pero qué dices, hoy no es sábado ni domingo. Tenemos clase, sólo puedes ponerte el uniforme!

- Cierto, pero igualmente tengo que escoger la ropa que llevaré debajo.

- Tú estás mal, muy mal, digas lo que digas no estás bien, Hermione.

- Estoy bien, muy bien, digas lo que digas no conseguirás convencerme de lo contrario, Harry.

- Pues nada, pase su majestad.- dijo apartándose de mala gana.- Y que tarde la reina todo lo que quiera en vestirse. Para lo que te va a servir…

- Perdona. ¿Cómo has dicho?

- He dicho, que te va a servir de poco que tardes en arreglarte. Siempre tienes la misma cara te pongas lo que te pongas…

- Me voy, no te aguanto.

- Yo tampoco cuando te portas así conmigo.

- Vamos, que tú eres santo, no te jode…

- Lo dicho Hermione, vete al cuerno.

- Si me indicas el camino me iré encantada.

- ¡Vístete de una vez y déjame tranquilo un rato!

Ella le miró enfurruñada pero en cuanto entró en su habitación y cerró la puerta, estalló en carcajadas silenciosas tras taparse la boca para que él no la escuchase reírse, sabiendo como sabía lo mal que le sentaba que se riera a su costa.

Puede que en un principio se hubiese enfadado con él por haber derribado la puerta, pero llegó un momento en que más que enfado, lo que sintió fue risa al ver la manera en que se iba enfadando con ella tras cada cosa en la que ella le replicaba.

A Hermione le divertía sobremanera verle aquella expresión enfurruñada que él había tenido pero también se dio cuenta que aunque en apariencia él estaba molesto con ella, sus ojos verdes no expresaron en ningún momento, desprecio u odio contra ella. Más bien lo que reflejaron fue preocupación por ella, cosa que ella no consideraba algo negativo sino todo lo contrario.

Mientras Hermione se vestía, Harry se sentaba en la cama para leer el diario de su madre con tranquilidad. Lo había intentado en su dormitorio pero allí corría el riesgo de que alguien entrase de improviso y él no tenía ganas de explicarle a nadie por qué estaba leyendo un diario que no estaba escrito por él, aunque fuese de su madre. Tras pasar unas páginas, llegó al tema que le interesaba.

"Arggg, estoy tan harta de discutir con James día sí y día también…un día de éstos le voy a mandar al carajo de forma definitiva. Anda y que le aguante su madre. ¡Hombres, todos son iguales. Unos superficiales, materialistas y sin pizca de sensibilidad. Y se pasan el día pensando con el pene!. ¿Será por eso que son tan torpes para comprender los trasfondos de las cosas?. Como James, es tan inocente en algunos aspectos que a veces pienso que me está tomando el pelo aunque en el fondo sé que no es así. Bueno, tengo que reconocer que para ser un hombre, es bueno.

En fin, tiene sus defectos como cualquier persona pero…para mí son tan insignificantes que ni los tengo en cuenta, menos cuando se pone en plan…superficial. ¿Será imbécil el tío, pues no me ha dicho hoy que no hace falta que me arregle porque siempre estoy igual?.

Yo lo mato y remato, bueno no, que si lo hago me quedo viuda antes de tiempo y tampoco me conviene pero es que…¡me saca de quicio!. ¡Cómo se puede ser tan…cabeza hueca para decirme algo así!. Vale, lo dijo por la rabia del momento pero jo…con lo poco que me gusta arreglarme, para una vez que admito que quería ponerme guapa para él…¡va y me suelta eso de "hagas lo que hagas estarás igual que siempre"!. ¿Sí, verdad?. Pues si llega un día en que nos casemos, se va a maquillar su abuela, porque yo no.

El peinado bonito lo llevará su madre, porque yo pienso ir con la melena al viento y sin desenredar siquiera. Vamos, es que ni siquiera pienso ponerme ese liguero que siempre llevamos bajo el vestido las novias muggles. Que no, que no pienso ni comprarme ropa interior sexy. ¡Es que hasta soy capaz de no depilarme las piernas ni las ingles!. Te vas a enterar tú de lo que es una mujer peluda. Bueno, tampoco soy el oso yogui pero como ellos no tienen que depilarse no saben lo mal que lo pasamos las mujeres.

Jújújúuu. Me gustaría ver qué cara pondría James si un día apareciese en su habitación con un aparato de cera caliente y le dijera con voz risueña "Hola cariñín, he venido a depilarte." Ay que me parto de risa yo sola con sólo imaginármelo con los lagrimones cayéndole por la cara tras cada tirón de cera. Juas juas juas…si es que lo estoy viendo "'Lily por favor ten compasión de mí, esto duele mucho!".

Jújújújú…qué mala soy…pero él se lo habría buscado, que conste. En fin, si él piensa de verdad que siempre estoy igual haga lo que haga o me ponga lo que me ponga, se va a enterar dentro de nada de quién es Lilian Evans con los pelos de la melena de cualquier manera y con la ropa sin conjuntar siquiera.

Y esto lo digo porque dentro de 5 minutos pienso cambiarme de ropa para ir con él a Hogsmeade, y me voy a poner el chándal más viejo y horrible que tenga, los zapatos que peor le peguen y para rematar, me voy a peinar con un moño alto y tan antiguo como los que solía ponerse mi abuela. ¡Para que luego se me queje con razón, qué Coño!. Jodido imbécil, anormal, superficial y…¡y de todo lo malo que pueda tener por ser hombre. No le aguanto no le aguanto y no le aguantoooooooo!."

Un poco después, el texto cambiaba completamente. Cosa que alivió a Harry bastante.

"James Potter es el hombre más maravilloso de todo el mundo mágico y terrenal también. ¡No sé cómo pude escribir antes que no le soportaba si en realidad tengo que contener los suspiros con sólo verle!. Já, me da la risa con sólo recordar la cara que puso cuando me vio vestida de forma tan horrorosa. Y cuando vio el moño…bueno, creo que hasta le tembló una ceja. Juajuajuajuajua.

Lo mejor fue cuando le miré con cara enfurruñada y le dije muy seria "¿Qué?" y me dice como si tal cosa…"Nada, que aunque lleves esta pinta horripilante, me sigues encantando". ¿A qué es un cielo?. Porque vamos, seamos claros, cualquier chico que no fuese él, podría hasta haberse reído de mí. Pero James jamás lo haría, me ama de verdad, yo lo sé. Aunque a veces me pone de los nervios, sobre todo cuando me saca el tema del sexo.

Por eso puse antes que sólo piensa con el pene. Parece que le obsesiona hacer el amor conmigo. ¡Por Merlín y toda su magia, que en una relación eso no es lo más importante!. Al menos no lo es para las mujeres pero como ellos son más…animales, podría decir, supongo que por eso les importa tanto.

Lo que él no sabe es que esta noche pienso sorprenderle con una cena romántica en la sala de Astronomía y si al final la cosa va a más pues…por mí encantada. Espero que él sepa que si decido dar ese paso esta noche será porque quiero darlo y lo más importante es que quiero darlo sólo con él por ser él.

Y a todo esto…acabo de acordarme de que aún…¡no me he depilado las piernas, oh no, qué catástrofe!. ¿Dónde mierda he puesto el aparato de la cera, dónde?. ¡Joder, ni si quiera tengo una cuchilla para afeitármelas!. ¿Por qué mierda no habrán inventado un hechizo para estas cosas si los hay para cosas realmente estúpidas?. ¡Necesito a mi madre, ella siempre sabe dónde están mis cosas. Buaaaaa!"

- ¿Qué estás leyendo con tanto interés?.- escuchó preguntarle la voz de Hermione justo detrás de él.

- El diario de mi madre. Ahora estoy en algo realmente divertido. Está buscando un aparato de…cera, creo, para depilarse las piernas por si mi padre y ella hacen el amor esa noche.

- Ah, ya, esa parte es realmente genial. Yo me reí mucho cuando la leí por primera vez.

- Esto… ¿sigues enfadada conmigo?

- No, perdona lo de antes. Sé que yo también fui…desagradable pero es que…bueno, digamos que estaba algo…agobiada.

- Da igual, Hermione, todos tenemos días malos.

- ¿Puedo sentarme a tu lado y leer contigo?

- Pues claro.

- ¿Ya no estás enfadado?

- Lo estaba, pero cuando me puse a leer el diario se me pasó. No sabía que a mi madre…bueno, supongo que a cualquier chica, os preocupa el tema ese de los pelos en las piernas.

- A mí personalmente no es que me preocupe mucho, es decir, no voy a sentirme menos atractiva por tenerlos pero tampoco da buena impresión una mujer peluda. Sobre todo en la sociedad tan…superficial donde vivimos. Tú tienes suerte, al ser un chico, no te meten desde pequeño, la idea de que tienes que cuidarte, maquillarte, tener buen aspecto, depilarte y cosas así. Eso sólo lo hacen con nosotras y no entiendo por qué. Supongo que lo que intento decir es que a nosotras se nos exige más cuidado físico y mejor presencia sólo por ser mujeres.

- Pero si tú nunca te maquillas… ¿Qué más te da entonces esas…exigencias?

- Porque me importan. De todos modos puede que no sea una psicótica de la estética, pero suelo depilarme con regularidad simplemente por motivos de higiene. ¿Sabías que los pelos son focos de infecciones?. Por eso cuando operan a alguien, lo primero que hacen los médicos es afeitarle.

- Pues no lo sabía.

- Pero si sale hasta en la tele.

- Ya te conté que normalmente no me dejan ver la tele.

- Ah sí, lo olvidé.

- Oye…

- Qué.

- Perdona lo de antes, cuando te dije que daba igual que te arreglaras o no porque estabas igual.

- Ah, eso. No tiene importancia.

- Sí la tiene. Verás, mentí cuando te dije que siempre estabas igual, no es verdad. Porque hay veces en que estás realmente guapísima aunque no lleves maquillaje o te hayas quitado los pelos esos de las piernas. Lo que intento decir es que yo…

- Me quieres tal y como soy. ¿Verdad?

- Exactamente.

- Pues yo digo lo mismo.- Ella le regaló un beso, él olvidó pronto el diario de su madre y centró toda su atención en besar y mimar a Hermione durante un buen rato. Pasado el cuál, se quedaron tumbados y acurrucados en los brazos del otro.

- Harry…

- Qué.- contestó acariciándole suavemente el pelo castaño.

- Tengo que decirte algo.

- Pues dímelo.

- Anoche, cuando estabas hechizado e intentaba devolverte a la normalidad yo…te dije muchas cosas pero una en concreto que creí surtiría efecto.

- Ah sí, en la enfermería me comentaste algo. Dijiste que no funcionó y por eso me besaste.

- Sí, pero igualmente quiero decírtela pero antes…vuelve a lavarte el pelo.

- ¿Perdón?

- Es que…es que…- de repente ella estalló en carcajadas y todo su cuerpo tembló debido a la risa y aunque Harry estaba algo mosca por lo que ella le había dicho, terminó riéndose también.

- Eres de lo que no hay, Hermione.- Dijo una vez se hubo calmado.

- Ya…ya…soy única en mi género. ¿Mmm?

- Pues sí, pero no lo querría de otra manera.- Él la besó otra vez y ella correspondió encantada.

- Vuelve a ducharte y lavarte la cabeza Harry, te hace falta. Y contrario a lo que puedas pensar no es porque huelas mal sino porque quiero hacer algo especial esta tarde y…prefiero que los dos olamos bien para el otro.

- ¿Seguro que te encuentras bien?

- Que sí, qué manía con preguntarme eso.

- Es que estás de un rarito…

- Que no, hombre, estoy en mis cabales. Ya sé que parezco rara porque estoy de lo más complaciente y cariñosa contigo y puede que te suene más raro todavía que te diga que te duches porque hay sorpresa. En vez de darle tantas vueltas a mi comportamiento, limítate a hacerme caso sin más y puede que luego, una vez que lo hayas visto, oído y vivido todo…me digas si mis rarezas te parecieron bien o no.

- Tú estás tramando algo. ¿Verdad?

- Pero qué listo eres.- dijo ella con ironía.- ¿No te acabo de decir que he preparado algo especial para los dos?. Pues esa frase indica que sí he tramado algo. Y ahora…¿te duchas o te ducho?.- dijo de forma seria, Harry se rió.

- Si te duchas conmigo será mejor aún.

- Ah no, de eso nada señor Potter. Ni pienses por un momento que me meteré desnuda contigo en una ducha si ni siquiera nos hemos casado.

- ¿Cómo has dicho?.- Ahora sí que la miró alucinado del todo.

- He dicho, que no me bañaré contigo y sin ropa a no ser que seas mi marido y eso de momento no lo eres.

- Un…un momento, Hermione. ¿Son imaginaciones mías o estás insinuando que accederías a bañarte conmigo desnuda si fueses mi esposa?

- No son imaginaciones tuyas, por supuesto que lo he dicho.

- Entonces… ¿Quiere eso decir que estás considerando la posibilidad de aceptar mi propuesta de matrimonio?- él ya no podía abrir los ojos más de los que los había abierto ya.

- Pues…no, yo no he dicho eso. Lo estás malinterpretando. Te he dicho, que me bañaría contigo sin ropa si tú y yo estuviésemos casados pero no te he dicho que quiera casarme contigo aunque…

- Qué.- dijo sintiendo que el estómago se le acababa de subir a la garganta, pues una parte de él esperaba que ella dijera "sí quiero" en ese preciso instante.

- No creo que fuese una idea tan mala. Al fin y al cabo, siempre nos hemos llevado muy bien. ¿No?

- Sí, claro.- pronunció sin ocultar la decepción en su tono de voz.

Hermione tragó saliva sin que él la viera, sabía que él lo estaba pasando mal porque ella no había respondido como él había esperado pero estaba segura que para Harry todo valdría la pena más tarde porque ella iba a hacer algo muy muy especial para los dos, sobre todo para él.

- ¿Te apetece que demos un paseo antes del almuerzo?.- preguntó ella en el tono más animoso que pudo sacar. Harry asintió con la cabeza sin mostrar ningún entusiasmo, más para complacerla que porque de verdad le apeteciera salir con ella.

- Si no quieres que salgamos, dilo. Tampoco es que me vayas a matar del disgusto. ¿Sabes?

- Pues la verdad es que no, Hermione, no tengo ganas de pasear contigo ahora. Sólo quiero desaparecer durante un rato. Nos veremos en el almuerzo.

Antes de que ella pudiera detenerle, él salió rápidamente de la habitación dando un portazo. Por segunda vez, Hermione tragó saliva.

Una parte de ella temía que Harry se hubiese cansado de esperarla, que por fin se hubiese dado cuenta que era tonto seguir amándola cuando ella aún no le había dicho lo que sentía por él. Sobre todo después de lo que habían pasado la noche anterior y por eso, podría fácilmente darse por vencido con ella y hacer lo posible por olvidarla.

Un nudo se le formó en el estómago cuando se imaginó que además de renunciar a seguir enamorado de ella, lo haría también como amigo suyo.

Cuando ella vio en su cabeza una imagen clara de Harry diciéndole que no quería volver a verla y que no volviese a hablarle nunca, Hermione volvió a llorar. Así que hizo lo primero que se le ocurrió para intentar retener a Harry, salir corriendo a buscarle aunque tuviese el pelo empapado como aún lo tenía. Si se resfriaba le importaba poco, lo esencial era decirle a Harry que esperase un poco más, sólo unas horas y entonces, todo sería distinto, muy distinto.


Harry leía el diario de su madre con tranquilidad, mientras intentaba borrar de su memoria la última respuesta decepcionante por parte de Hermione. Llegó un momento en que se sintió incapaz de seguir leyendo, lo que menos le apetecía era enterarse de lo felices que eran sus padres por poder estar juntos o de cómo James iba a pedirle a Lily que fuese su esposa, cosa que la madre de Harry estaba a punto de contar y que su hijo estaba a punto de leer.

Sin ningún cuidado, echó el libro a un lado de la cama, tumbándose y soltando más de una expresión malsonante que expresaban claramente su decepción y su frustración. Justo cuando estaba a punto de sacar las palabrotas más fuertes y que no solía decir normalmente, llamaron a la puerta. No pensaba abrirle a nadie, ni aunque fuese el mismísimo Dumbledore para decirle algo importante. A la mierda el mundo y todos sus habitantes, Harry sólo quería estar solo y descargarse a gusto, ya fuese a base de palabrotas o llanto, aunque en realidad estaba haciendo las dos cosas a la vez.

Desde el otro lado de la puerta, Hermione seguía esperando que Harry le abriera. Sabía que no estaba en la ducha, lo más seguro fuera que estuviera en plan "paso del mundanal mundo" porque así era como solía reaccionar él cuando estaba de verdad molesto por algo. Pero Hermione no iba a permitirle que reaccionara así a menos que hubiesen hablado primero.

- ¡Ábreme la puerta, Harry, o la haré desaparecer, lo juro!

- ¡Vete Hermione, ahora no quiero verte!

- ¡Harry, abre, tengo que hablar contigo, es urgente!

- ¡Pues yo no tengo ganas de escucharte. Métete la urgencia por donde te quepa!

- ¡Maldito seas Harry Potter, maldito seas mil veces. Sabes qué, a la mierda la puerta y tú también. Que te den, así de claro. No pienso volver a preocuparme de intentar arreglar algo entre nosotros cuando tú no colaboras. Que te jodan, Harry, que te jodan mil veces. IMBÉCIL, ERES UN IMBÉCIL Y MÁS IMBÉCIL SOY YO POR HABERME ENAMORADO DE TI!

- ¿Qué?.- Dijo Harry más para sí mismo que para ella.- Tú estás…estás…¿lo estás?. ¿HERMIONE SIGUES AHÍ?- gritó levantándose rápidamente de la cama sin importarle si tiraba el diario de su madre al suelo, cosa que sucedió. Pero cuando abrió la puerta, ella ya no estaba. Harry sólo tuvo una reacción posible, salir corriendo a buscarla. Puede que Hogwarts fuese enorme, que estuviese lleno de pasadizos, pero él los conocía muy bien. Además, tenía el mapa del merodeador para poder encontrarla fácilmente así que no dudó en sacarlo y activarlo.

- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.- en cuanto el mapa se activó, buscó con rapidez y ansiedad el nombre y apellido de Hermione Granger pero no lo encontraba.

Cosa que no entendió, cuando el mapa era capaz de enseñar a cualquier habitante de Hogwarts aunque fuese un mago o una bruja en su forma animal. Tal y como sucedió en tercer año cuando vio el nombre de Peter Pettigrew cuando aún era la rata de Ron.- Mierda...¡mierda, por qué no apareces, pero qué coño pasa!. ¡Travesura realizada!- Cuando el mapa volvió a quedar en blanco, Harry decidió recorrerse todo el castillo aunque se perdiese el almuerzo, la tarde e incluso la noche entera. Le daba igual todo, con tal de encontrar a Hermione pronto, lo demás no tenía ninguna importancia para él.

Atravesando a velocidad los pasillos de Hogwarts, Hermione corría hacia el exterior sintiendo que le faltaba el aliento y que el corazón estaba a punto de salírsele del pecho. Evitó chocarse con objetos y personas pero no podía evitarlas a todas.

Una de las personas con las que chocó bruscamente fue con Colin Creevey, que ya había recuperado su cuerpo humano.

Cuando él la vio caer al suelo y escucharla quejarse, quiso ayudarla a levantarse, pero ella le apartó la mano con brusquedad. Él intuyó que ella no estaba bien y quiso agacharse para ver qué le ocurría pero sólo consiguió ver el pelo castaño de Hermione tapándole el rostro. Ya que ella tenía la cara ladeada hacia abajo y su melena le tapaba las facciones.

Colin intentó apartarle con suavidad el cabello pero entonces ella se levantó con rapidez y echó a correr otra vez. Él le dio alcance y la detuvo agarrándola fuertemente de una mano. Ella se enfadó más aún.

- ¿QUIERES DEJARME EN PAZ?. ¡QUIERO ESTAR SOLA, ENTIENDES COLIN, SOLA. COMO LO HE ESTADO SIEMPRE!

- Pero qué dices. Nunca has estado sola, Hermione. Siempre has estado rodeada de gente que te ha querido. ¿Recuerdas?. Tu familia, tus amigos de aquí…No digas cosas que no son ciertas. Cálmate y cuéntamelo todo, sabes que puedes hacerlo. Soy tu amigo¿o lo has olvidado?

- No…- dijo ella aún llorando de manera sentida.- Colin, perdona lo de antes. Aprecio lo que intentas hacer por mí pero déjame en paz, lo necesito. Necesito estar sola. Por favor, suéltame, tengo que irme, necesito salir de aquí o explotaré.

- De acuerdo Hermione, vete. Pero no hagas ninguna locura.

- Eres un buen amigo, Colin.- Ella le dio un beso en la mejilla y reemprendió su carrera. Desde la distancia, Colin rogaba internamente porque no sucediese algo tan terrible como él mismo pensaba.

Porque desde luego, ver la expresión de dolor, ira, frustación y también decepción que había visto en la cara de Hermione y escuchado en su tono de voz cuando le dijo que siempre había estado sola, le transmitieron que ella podría cometer alguna insensatez, como el suicidio, pero una parte de Colin le decía también a él, que ella no era de ese tipo de personas que se mataban a la mínima de cambio.

No, lo más probable es que sólo necesitase exteriorizar su dolor, cualesquiera que fuese el motivo que lo hubiese provocado. Entonces, a Colin se le encendió la bombilla.

"Harry, algo le ha sucedido con Harry."

Y por primera vez en su vida, la admiración que siempre había sentido por "el niño que vivió" se transformó en un enorme enfado en el momento en que pensó que quizás él le habría hecho o dicho algo malo para poner a Hermione en aquél estado tan depresivo.

Así que salió a buscarle sin perder un instante más. Puede que él no estuviese enamorado de Hermione pero la apreciaba lo bastante como para hacerle algo horrible a quien quiera que fuese el que la hubiese hecho daño de alguna forma. Aunque eso significase darle una paliza bestial al chico que siempre había sido su ídolo más admirado.

Harry corría, corría todo lo deprisa que le permitían sus piernas, atravesando pasadizos, subiendo y bajando escaleras, buscándola por todos los rincones ocultos y conocidos de Hogwarts. Incluso volvió a visitar aquellos sitios que sólo había visto una vez como las habitaciones por las que pasó en busca de la piedra filosofal y hasta intentó volver a abrir el acceso que daba a la cámara de los secretos, porque él pensó que si el mapa no mostraba a Hermione quizás era porque ella se hubiese ocultado en algún lugar inaccesible.

Cuando comprobó que ni si quiera podía abrir el acceso a la cámara de los secretos, perdió la esperanza de encontrarla y se dejó caer sentado en el suelo del baño de Mirtle la llorona y cuando ella apareció a su lado preguntándole qué le ocurría, él le gritó de tal manera, que hasta ella se asustó a pesar de ser un fantasma. Mirtle desapareció tan rápidamente como había aparecido y Harry se quedó tranquilo. Por fin podría llorar, patear el suelo o maldecir todo lo que le diera la gana.

Estaba a punto de levantarse para enjuagarse los ojos cuando sintió la presencia de alguien a su espalda. Cuando se giró pudo ver la cara airada de Colin Creevey. Antes de que Harry pudiera preguntarle qué quería o si se encontraba bien, el rubio le propinó un potente puñetazo en la nariz que le provocó sangre. No contento con eso, Colin le agarró del cuello de la camisa y le estampó contra la pared.

- ¡Qué Coño le has hecho, eh, qué le has hecho a Hermione para que esté tan destrozada!

- ¿La has visto?.- preguntó Harry con ansiedad.- ¿Dónde está?

- ¡No lo sé y aunque lo supiera no te lo diría. No sé qué pasa contigo, Harry, pero ella no merece que la hagan llorar, ni si quiera tú. Me da igual lo muy enamorado que diga Ron que estás de ella. Alguien que quiere de verdad a otro alguien jamás le hace llorar. No tienes idea de cómo lloraba. Tenía el corazón roto, y puede que hasta el alma. Te juro que te voy a patear hasta que me duelan las rodillas, te lo mereces con creces!

Colin estaba a punto de cumplir con su amenaza pero se detuvo en cuanto escuchó a Harry decirle…

- Tienes razón.

Y aquella frase le sirvió de aliciente al rubio para intentar calmarse y recuperar parte de la cordura que había perdido con su enfado.

- Ella no se merece eso. Tampoco merece a alguien…como yo. Al fin y al cabo…no soy tan estupendo como muchos piensan.

Ni siquiera sé expresar lo que siento. No la mayoría de las veces aunque con Hermione…siempre ha sido distinto, muy distinto.

Ella…siempre ha sabido sacar lo mejor de mí. Pero ahora…ahora…la he destrozado. Y todo por mi culpa, porque siempre es mi culpa. Parece que estoy destinado a perder a las personas que más quiero. Puede que no las mate yo directamente pero todas acaban muriendo o apartándose de mi lado. Yo…yo…

- Oh no, no, no llores Harry. Yo no pretendía eso. Perdona, por favor, perdóname. Me pasé mucho antes. Es que yo también quiero mucho a Hermione aunque…de forma distinta a ti pero…por favor, no te vengas abajo ahora. Si quieres te ayudaré a buscarla, pero antes te curaré esa nariz. Creo que te la he roto. De nuevo perdón. Quédate quieto mientras uso el hechizo curativo. Me lo enseñó mi madre. ¿Sabes?

Harry no dijo nada, sólo lloró más, pero no se movió mientras Colin usaba la magia curativa.

- Ya está, Harry. Como nueva.

- Gracias…

- De nada. ¿Quieres que te acompañe a buscar a Hermione?

- Para qué, si no sabes dónde está.

- Pero tengo una ligera idea.

- ¡Dímelo!- pronunció agarrándole del cuello de la túnica.- ¡Dime dónde está, dónde crees tú que está ella. Necesito saberlo. Es importante que la encuentre, muy importante. Debo pedirle perdón, debo decirle que aún la quiero, debo evitar que se aleje de mí. Ella no puede alejarse de mí, menos ahora que sé que me quiere. Dímelo Colin, dímelo maldita sea!

- Me…me estás ahogando.- pronunció más que pálido.

Harry ejerció menos fuerza pero no liberó su agarre.

- Colin por favor, dímelo.

- Creo…creo que puede estar…estar en…en…

- ¡Habla!

- El lago. Más concretamente en…una zona de…de arbustos que ella suele visitar cuando quiere…estar sola.- finalizó el rubio recuperando el aire que había perdido antes.

- ¡Sé dónde está eso. Gracias Colin!

Cuando el rubio vio la sonrisa que Harry le dedicó, le fue difícil creer que era el mismo chico que hacía tan sólo unos segundos por poco le había asfixiado.

- Suerte Harry.- pronunció cuando le vio alejarse. "La vas a necesitar."


Tumbada bajo la sombra de un árbol frondoso y completamente hecha un ovillo, Hermione cerraba los ojos para intentar relajarse. Ya había dejado de llorar y estaba empezando a recuperar el aire perdido tras su frenética carrera, una que fue mucho más enérgica que cuando estaba dentro del castillo corriendo por los pasillos.

Ella había usado su última energía atlética para llegar a aquél lugar que tanto le gustaba. Aquellos arbustos podían servirle de refugio si así lo quería ella. Sobre todo porque gracias a la magia de su varita, había conseguido que los arbustos la cobijasen bajo lo que parecía una tienda de campaña hecha con las hojas de aquellas plantas. Había sido tan sumamente previsora de hacerlo de manera que la ocultaran de la presencia y mirada de gente no deseada.

Pues estaba segura que nadie se aventuraría a entrar en aquél lugar después de que ella le hubiese dado un aspecto algo tétrico porque también había hecho aparecer maleza y espinos alrededor de su cabaña particular. Pero Hermione no contaba con una cosa, había alguien a quien los espinos, la maleza y el aspecto tétrico le resultaban insignificantes porque había pasado por experiencias mucho peores que la de encontrarse con un lugar como aquél.

Esa persona era Harry, quien acababa de llegar al escondite secreto de Hermione.

Desde el techo de arbustos que la cobijaba, ella escuchó la voz de él llamarla, pero ella no respondió. No tenía ganas de verle ni hablar con él, mucho menos después de haberle gritado que estaba enamorada de él. Había sentido tanta rabia al ver que él no quería abrir la puerta para hablar con ella, que le gritó de mala gana lo que tanto ansiaba decirle en un entorno y ambiente mucho más romántico y amable que el que habían tenido al lado del dormitorio de Harry.

Hermione había imaginado que después de cenar, darían un romántico paseo por los terrenos del lago. Que ella le llevaría hasta el árbol de los padres de Harry y allí, sentados bajo sus hojas, ella le diría a Harry que le amaba desde anoche.

Luego ella le besaría muchas veces, incontables veces y quizás, si la ocasión lo propiciaba, puede que incluso terminase haciendo el amor con él y cumpliría así, no sólo dos de los deseos que Harry le había dicho que tenía con ella, sino los que también tenía la propia Hermione.

Porque ella creía firmemente en lo que una vez le dijo su madre, que cuando se ama a alguien y se hace el amor con él o ella, ésa es la prueba más clara de tu amor por él o ella y que no hay mejor forma ni más bonita que esa, de demostrarle amor a tu pareja. Pero ya no podría hacerlo, porque Harry le había dejado más que claro que no le interesaba escucharla y mucho menos pasear con ella.

Él no quería saber lo que tenía ella preparado. Él no quería estar con ella ni siquiera lo suficiente como para averiguarlo, porque el peor temor de Hermione se había hecho realidad.

Harry se había cansado de esperarla, se había cansado de amarla y también se había cansado de que ella no fuese clara con él acerca de lo que sentía.

Qué tonta fue por contestarle que estaría bien que se casaran porque siempre se habían llevado muy bien. Ella sabía que aquella respuesta le había dolido a Harry, porque no era la que él esperaba escuchar pero es que Hermione no quería decirle "sí quiero porque te amo" en aquél lugar, en la habitación de ella.

Puede que fuese su espacio personal pero no era un sitio especial para ella. El árbol de los padres de Harry sí lo era. Pero ella no pudo declararse allí porque él no le dio la oportunidad. Todo eso le dolía, le dolía mucho, tanto como nunca llegó a imaginar. Y como estaba bastante dolida con él, por eso mismo no quería contestarle y demostrarle así, que estaba allí.

A Harry le importaba poco si ella contestaba o no. Sabía que estaba allí. Ella le dijo días atrás que ése era su sitio preferido para reflexionar, relajarse o pensar en sus cosas. El sitio estaba bastante cambiado desde la última vez que lo visitó con ella, pero él sabía que esos cambios se debían a la magia de Hermione porque aquellas plantas no podían crecer tan rápido en tan poco tiempo y mucho menos hacerlo en forma de cabaña.

Harry lo intentó una vez más, pronunció su nombre de nuevo, pero esta vez con más suavidad, con un tono mucho más tranquilo, intentando transmitirle confianza. Hermione siguió sin contestar.

- No me obligues a usar mi magia para hacer desaparecer la cabaña y descubrirte. Sé que estás ahí, Hermione, lo quieras o no, voy a entrar a hablar contigo.

- ¡Lárgate de aquí, ahora no quiero verte!.- dijo ella hecha una furia desde el interior del refugio.

- No me voy a ir por mucho que insistas. O sales ahora mismo o me meto yo, y además, usaré un hechizo para impedir que me eches.

- ¡Harry James Potter Evans!.- pronunció ella saliendo de la cabaña con tanto ímpetu que hasta él se asustó.- ¡Eres el chico más…imposible, pesado, cabezota y obstinado que he conocido en toda mi vida. Por qué no puedes respetar mi intimidad, por qué no me dejas sola. Es que no entiendes que no quiero verte ni hablar contigo. Antes me has dejado bastante claro que no querías verme ni escucharme, ahora no pretendas que te reciba con los brazos abiertos. Idiota!

- Insúltame todo lo que quieras, la verdad es que me lo merezco.

- ¡No vayas de víctima ahora porque no conseguirás compadecerme!

- No pretendo eso.

- ¿Y qué es lo que quieres entonces?

- Que me escuches.

- ¡Que te escuche tu madre!

- No puede, está muerta.

- ¡Era una forma de hablar!

- Pues podrías haber sido más amable.

- ¡Que te den!

- Hermione, entiendo que estés furiosa conmigo pero…dame una oportunidad de explicarme, por favor. Llevo recorrido casi todo el castillo para encontrarte y decirte algo.

- ¿El qué?

- Que te quiero y que necesito que me perdones. Sobre todo ahora, que sé que tú también me quieres de la misma forma que yo a ti.

- ¿Ah sí, y por qué estás tan seguro de eso?

- Porque tú me lo gritaste. Dijiste…que yo era un imbécil y que tú lo eras más por haberte enamorado de mí.

- ¡Por supuesto que lo soy, una enorme y gigantesca imbécil!

- No es verdad.

- ¡Sí lo es!

- ¿Por qué piensas eso?

- ¡Pues porque es algo estúpido enamorarte de alguien que ya no te ama!

- ¿Y quién te ha dicho a ti que ya no te amo?.- Él intentó acercarse a ella pero ella retrocedió unos pasos, alejándose de su alcance.

- ¿Qué quién me lo ha dicho?.

¡Tú, con tu comportamiento de antes!. No querías verme, no querías escucharme, te fuiste de mi habitación dando un portazo después de decirte que no sería una mala idea casarnos por el simple hecho de que siempre nos hemos llevado bien. Sé que esa no era la respuesta que esperabas oír, pero tampoco quería decirte "sí quiero" en aquél lugar!

¡Yo siempre lo imaginé de otra manera. De una forma romántica y bonita, en un sitio especial bajo un ambiente y entorno más especial todavía. Pero no, no puedo hacer eso realidad porque tú ya no me amas y digas lo que digas, sé que es así!.- Ella volvió a llorar y él sintió que se le partía el corazón al verla sufrir de aquella manera tan sentida y sincera.

- Hermione escúchame. Por favor, escúchame atentamente. Yo, aún te amo. Te lo juro. Que me hubiera enfadado antes no implica que haya dejado de amarte o de estar enamorado de ti. Simplemente…me puse de mal humor porque como tú bien has dicho, la razón que me diste para casarte conmigo no era la que yo esperaba oír pero…acabas de admitir que sí quieres casarte conmigo. Así que…eso me hace pensar…me hace creer…quiero creer que si has dicho eso es porque me amas. ¿Verdad?

- Sí. ¿Satisfecho?

- Mucho.

- ¡No, quieto, quédate donde estás. No intentes tocarme, abrazarme, besarme o lo que sea que quieres hacerme. No necesito tu cariño ahora, no lo quiero. Ahora mismo tu sola presencia sólo hace que me ponga más mala de lo que estoy ya!

- ¿Te encuentras mal?

- ¡Físicamente no, interiormente estoy hecha mierda y todo por tu culpa!

- Ya te he pedido perdón. ¿Tengo que volver a hacerlo para que me creas?

- ¡No!

- Entonces…déjame acercarme por favor, déjame abrazarte, sólo quiero eso, de verdad.

- ¡Mientes!

- No, de verdad que no. Sólo quiero estar contigo. Quiero…que me dejes ser tu refugio. Uno humano. ¿Me dejas?

- No.

Él comenzó a andar hacia ella muy lentamente, para darle la posibilidad de salir corriendo si así lo quería. Pero Hermione no huyó, se quedó quieta donde estaba así que Harry siguió acercándose a ella hasta que ella ya no tuvo opción de escapar porque él se había puesto delante de ella y detrás sólo había hojas que servían de apoyo a su espalda pero también le cortaban el paso.

- Por favor, no llores más. Ya has llorado bastante.- Él acarició una de sus mejillas, retirándole las lágrimas con suavidad. Ella agachó la cabeza y rompió a llorar de forma angustiosa. Harry pasó sus brazos por detrás de la espalda de Hermione y tiró de ella hasta que la tuvo cobijada en su pecho. Acarició su espalda lentamente mientras le pedía en voz baja que se calmara. Ella tardó un poco en tranquilizarse pero finalmente lo hizo. Cuando él dejó de escuchar su llanto, sintió cómo un gran peso se liberaba de su pecho.- ¿Te encuentras mejor ahora?- le preguntó al oído aún usando el tono bajo.

- Sí.- dijo ella casi inaudiblemente.- Gracias por…estar aquí pero sobre todo…quiero agradecerte que sigas conmigo a pesar de todo.

- Cómo no iba a hacerlo. Ya te lo he dicho, te sigo amando a pesar de lo ocurrido. Además, es como tú me dijiste en una ocasión.

Que las parejas discutan o se peleen no quiere decir que vayan a romper de repente. ¿Verdad?. Y yo no quiero romper contigo. Jamás he querido.

Yo quiero…lo que más quiero…es estar junto a ti siempre. Quiero seguir creciendo contigo, quiero pasar contigo el resto de mi vida. Maldita sea, incluso quiero ser el padre de tus hijos y hacerme tan viejo que hasta necesite de tu ayuda para acostarme. Yo quiero…quiero, deseo y necesito, ser parte de tu vida y que tú y sólo tú…lo seas de la mía. ¿Me has comprendido?

Ella asintió con la cabeza muy lentamente, como si le costase moverla.

- Entonces mírame, necesito que me digas mirándome a los ojos, que es verdad que me amas. Por favor Hermione, dame ese gusto.

- No…no puedo.

- ¿Por qué?

- Porque estoy horrible. Me duelen los ojos, seguro que los tengo hinchados y…necesito un pañuelo. Con tanto llanto tengo la nariz inundada de…bueno, ya me entiendes.

- Sí, perfectamente. Tengo un pañuelo en el bolsillo de mi túnica. Espera, te lo sacaré. Toma.

- Gracias.

Tras sonarse la nariz, se guardó el pañuelo en un bolsillo.

- Te lo devolveré cuando lo haya lavado.

- No hace falta, puedes quedártelo si quieres.

- No, el pañuelo es tuyo. Debes tenerlo tú.

- Lo compartiremos. ¿Te parece bien?

- Bueno.

- ¿Puedes mirarme ahora?

- No. Sé que estoy horrible.

- No es verdad.

- Sí lo es.

- No, para mí no. Sigues siendo la misma Hermione de siempre que tanto me gusta. Venga, mírame. No muerdo. ¿Sabes?

- Sí que lo sé.

- ¿Me mirarás?

- ¿Es necesario?

- Para mí sí.

- Qué más da, Harry. Ya sabes lo que siento por ti, lo que siento en realidad. No necesitas que te lo repita mirándote a la cara. Eso no cambia lo que tengo dentro.

- Para mí sí es necesario. Cuando yo te dije lo que sentía por ti…no me escondí como tú estás haciendo. Te miré directamente y te lo solté sin rodeos. Yo quiero que hagas lo mismo, verás como te sientes mejor así.

- Me siento bien ahora que lo he soltado todo. Yo soy así, cuando me descargo me tranquilizo inmediatamente.

- Hermione por favor…

- Está bien, pesado, te daré el gusto de decírtelo mirándote pero luego no me hagas repetirlo. ¿De acuerdo?

- Sí.

Ella apartó la cabeza lentamente de su pecho, tardó dos o tres segundos en levantarla lo suficiente hasta encararle de frente. Con una voz algo temblorosa por la emoción que sentía, Hermione le dijo a Harry en un tono bajo y dulce a la vez…

- Te amo.

- Yo también a ti. Y siempre lo haré.- contestó de igual manera, acercándose lo suficiente a ella hasta que posó sus labios en los de Hermione, quien no tuvo más reacción que la de rodear su cuello para corresponder aquél beso que luego se transformó en muchos más. Cuando él se retiró ella sólo tuvo algo que decir…

- Mentiroso, dijiste que no me besarías.- pero no era un reproche por el tono en que lo dijo.

- Bueno…tú no me lo impediste.

- Culpable.

- ¿Estás mejor ahora?

- Sí, gracias.

- De nada.

- ¿Qué quieres hacer ahora?

- ¿Sinceramente?

- Sinceramente.

- Creo que no estaría mal que entrásemos en tu cabaña y nos mimásemos durante un buen rato.

- Eres de lo que no hay, Harry.

- Gracias a ti sí.

- ¿A mí?

- Por supuesto. Tú me has enseñado a ser persona. Llevas años enseñándome a serlo.

- Eso es…es…el cumplido más bonito…que me han hecho.

- Será un cumplido para ti, para mí es la verdad.

- Te quiero Harry.

- Y yo a ti.

- Mucho muchísimo.

- Lo mismo digo.

- De acuerdo, pasaremos a mi cabaña pero no quiero estar mucho tiempo. Me muero de hambre. No he comido nada en toda la mañana.

- Sólo falta una hora para el almuerzo. Luego podrás comer todo lo que te apetezca.

- ¿Aunque sea a lo bestia?

- Pues claro. No es la primera vez que te veo hacerlo.

- ¿Vienes o no?.- preguntó ella a punto de entrar en el refugio.

- Sí.- contestó él con una sonrisa mientras le agarraba una de sus manos.

Hermione se agachó lo suficiente hasta poder entrar en la cabaña, luego tiró un poco de Harry y él entró también, cerrando la puerta y haciendo aparecer un cerrojo que accionó en el instante en que fue visible. Ella se tumbó en el suelo y se puso de lado, dejándole espacio a Harry para que se acomodara como quisiera. Él se colocó detrás de ella, agarrando la cintura de Hermione con las dos manos.

En el instante en que ella volvió a ladearse hasta quedar de cara a él, volvieron a besarse y no pararon hasta que se les acabó el aire. Pero como ya tenían bastante experiencia en el tema, aguantaron bastante antes de retirarse.

Luego, ella cerró los ojos y él la cobijó en su pecho, abrazando su espalda mientras Hermione le escuchaba susurrarle al oído palabras de amor y promesas de un futuro juntos. Ella no dijo nada, se limitó a relajarse en aquél refugio humano en que se había convertido Harry. T

al y como él le había prometido antes y también tal y como había visto convertirse a su padre cuando ella era una niña pequeña que llegaba llorando a casa buscando consuelo y que luego terminaba dormida en sus brazos. Justo como estaba ahora sólo que aquellos brazos no eran los de su padre sino los de Harry.

- Hey bella durmiente.- dijo él a uno de sus oídos.- Despierta, es la hora de comer.

- Mmmm.- Ella se cobijó más en su cuerpo evitando por todos los medios despertarse. Estaba demasiado a gusto para volver a la realidad antes de tiempo.

- Te morías de hambre. ¿Recuerdas?.- dijo él sin ocultar la risa que sentía al verla hacerse la remolona, cosa que no era muy habitual en ella. Aunque una parte de Harry se sentía más que feliz al ver que ella no quería apartarse de él aún.

- Y me muero de hambre.- dijo una adormilada Hermione sin abrir los ojos.- Pero estoy demasiado a gusto ahora para levantarme.

- Vale, nos quedaremos aquí todo lo que quieras. A mí no me importa.

- Eres un cielo.

- Contigo solamente.

- ¿Te he dicho ya que te amo?.- dijo ella abriendo los ojos y acercándose a sus labios.

- Sí, pero no me importaría volver a escucharlo.

- Te amo Harry.

- Y yo a ti Hermione.- Él devolvió el beso que ella le dio. Hermione iba a darle otro pero le sonaron las tripas, lo que provocó que tanto ella como Harry, se rieran bastante.- Me parece que alguien necesita comer algo urgentemente. Te ayudaré a levantarte.

- No hace falta, puedo sola, pero gracias igualmente.

- De nada.

- Ten cuidado al salir, Harry.- dijo ella quitando el cerrojo y abriendo la puerta.- Recuerda que no debes incorporarte del todo hasta que hayas salido. El techo de la cabaña es más bajo que tú.

- Lo sé.

Una vez fuera, Harry dejó una mano en la cintura de Hermione y sonrió al ver cómo ella hacía lo mismo con la de él. Juntos y al unísono, caminaron tranquilamente en dirección al castillo.


- ¿Qué tal todo?- preguntó Ron mirando a Hermione mientras se servía carne asada con patatas.

- Bien.- respondió ella pinchando pescado asado.

- ¿Te ha contado Harry lo de Malfoy y sus colegas?

- Sí, y puedo decir, aunque suene mal, que me alegra que los hayan mandado allí. Se lo merecen.

- Yo también lo creo. Oye Hermione... ¿Qué tal si hacemos una fiesta para celebrarlo?

- No te pases Ron. Eso sería muy cruel, lo más seguro es que los maten los dementores y no creo que eso sea algo bueno de celebrar.

- ¿Ni si quiera un poquito?

- No, alegrarse de las desgracias ajenas no es correcto.

- Eres demasiado honorable, Hermione.

- ¿Entrenaréis esta tarde al Quiddicth?

- Deberíamos.- dijo Harry.- Pero prefiero estar contigo.

Ron emitió un silbido.

- Ya empalagas, Harry.

- Vete al cuerno cordialmente.

- Vale me voy, pero eso no impedirá que nos ganen en el próximo partido.

- ¿Cuándo lo tenéis?

- Ah, la semana que viene. Creo que repetimos contra Ravenclaw. ¿No Harry?

- Sí.

- Entonces deberíais entrenar esta tarde. Además, yo tengo mis propias obligaciones. Tengo una clase a la que asistir y luego reunión de prefectos más una guardia esta noche. Por mí podéis entrenar todo el tiempo que necesitéis, no tendré tiempo ni de echaros de menos.

- ¿Quedamos o no, Harry?- preguntó el pelirrojo mirándole de forma ilusionada.- Venga di que sí.

- Nos veremos a las 4.

- ¡Guay!. Avisaré al equipo.

- Hermione.

- ¿Sí?

- Sé que estarás muy ocupada toda la tarde y parte de la noche pero…¿Crees que podrás buscarme un hueco?

- No Harry, lo siento.

- ¿Ni si quiera después de la guardia?

- Después de la guardia sí, pero terminaré muy tarde, puede que a la una de la madrugada.

- Te esperaré.

- Pero Harry, estarás agotado.

- Tú más que yo, eso seguro.

- Yo ya estoy acostumbrada a trasnochar.

- Si tú puedes yo también.

- Es cabezota como él sólo. ¿Eh Ron?

- Eso no es nuevo. La cabezonería es algo que compartís los dos. Aunque tú eres peor que él.

- Pues tú tampoco eres perfecto.

- Ya, pero tengo más encanto que tú.

- Pretencioso…

- Sabelotodo repelente y petulante.- Dijo Ron intentando provocarla, pero por la sonrisa que tenía y por el tono de voz que estaba empleando, Hermione sabía que no iba en serio sino más bien como un juego.

- Ron…no me provoques.- dijo ella siguiéndole el juego.- Ya sabes que no saldrás bien parado.

- No me das miedo…- dijo él canturreando y seguidamente le tiró una patata a la cara. Hermione emitió lo que parecía un ruido de fastidio, pero en vez de enfadarse le devolvió el proyectil a Ron, sólo que ella le tiró lechuga de su ensalada.

- ¡Guerra!.- gritó el pelirrojo. Y entonces toda la mesa Gryffindor, comenzó una batalla de comida donde cada integrante lanzaba algún alimento sólido a la cara y pelo de la persona que tenía en frente. El resultado fue digno de una foto.

No había ni un solo estudiante que no hubiera sido manchado con algo de la mesa. Cuando los profesores usaron sus hechizos para detener todo el asunto, los alumnos y las alumnas se tranquilizaron, pero incluso después de recibir una reprimenda general y siendo obligados a abandonar el gran comedor, nadie pudo impedir que se fueran soltando más de una carcajada, sobre todo cuando se miraban los unos a los otros.

- ¡Necesito una ducha!- dijo Hermione aún riéndose mientras intentaba quitarse salsa de la cara y parte de su pelo castaño.

- Yo también.- comentó Harry que tenía las gafas y la nariz llena de trozos de pescado que tanto Hermione como Ron le habían lanzado.

- Pero qué guapo estás.- comentó ella con burla. Él le sacó la lengua de forma burlona y ella volvió a reírse.- Será mejor que me de prisa en asearme antes de mi próxima clase.- Tras quitar el hechizo protector y abrir la puerta, entró en su habitación seguida de Harry. Ella se le quedó mirando.

- ¿Qué?.- preguntó él con curiosidad.- ¿Aún tengo pescado por la cara?

- Y por el pelo también.- Dijo ella riéndose por lo bajo.- Estás hecho un desastre. Corre a ducharte antes de que aparezca Crookshanks y te confunda con un pescado andante.- Ella volvió a reírse pero se le pasó en cuanto Harry comenzó a besarla y caminar con ella hacia la cama. Donde cayeron de golpe.

Hermione se apartó un poco recuperando el aire e intentando incorporarse, pero Harry se lo impidió tirando de su espalda hacia abajo, atrayéndola de nuevo hacia él.- Harry…tengo que ducharme.

- No te hace falta.- Él intentó besarla otra vez, pero ella se apartó justo a tiempo.

- Sí me hace falta. Huelo a carne asada y salsa tártara. Quiero volver a oler como una persona y no como un aperitivo.

- Pues eres un aperitivo irresistible.- Cuando él comenzó a retirarle la salsa de la cara por medio de besos y otras cosas, ella sólo pudo reírse mientras le pedía que se detuviera, más por reprimirse que porque no le gustara. Porque la verdad era que aquella limpieza labial le estaba empezando a producir un cosquilleo de lo más extraño y sus mariposas no es que estuvieran revoltosas es que estaban frenéticas.

- Harry por favor…- pronunció más como un suspiro que como una súplica.- Estate quieto.- Cuando ella gimió, él se volvió loco. Y lo que comenzó siendo un juego por parte de él, se convirtió en una especie de batalla donde las protagonistas eran las manos de los dos que parecían estar compitiendo por ver quién desvestía antes al otro.

En el instante en que ella se quedó en ropa interior, Harry se quedó quieto, como si acabase de tomar conciencia de repente de lo que estaban haciendo y de lo que seguramente seguiría después.- ¿Ocurre algo malo?.- preguntó Hermione bajo él.- ¿Soy yo, no te…gusto así?.- dijo con algo de inseguridad y también timidez.

- No digas tonterías, por supuesto que me gustas así. Es sólo…que creo que estamos corriendo mucho. Es decir yo…bueno, había imaginado esto de otra forma y desde luego no tenía nada que ver con estar cubiertos de comida y salsas pegajosas. Lo que intento decir es que…

- Te lo habías imaginado más romántico y bonito que como estamos ahora. ¿Verdad?

- Pues sí. ¿Es eso raro?

- No, qué va. Yo creo que es algo normal. ¿Y sabes qué?. Yo también lo he imaginado así. Así que sólo tenemos dos opciones posibles…

- Dilas.

- Una es seguir como si nuestro aspecto nos diera igual y dar este paso de forma poco…habitual, porque no creo que haya muchas parejas que tengan su primera vez después de una guerra de comida y la otra opción es detenernos ahora, que cada uno se duche y arregle en su habitación y posponer este momento para cuando tengamos una ocasión tan especial y romántica como siempre lo hemos imaginado. ¿Qué opinas?

- Que las dos cosas me resultan muy tentadoras.

- ¿Pero cuál de las dos prefieres?

- Ninguna. Elige tú porque yo soy muy capaz de seguir ahora y dar ese paso contigo aunque tenga el pelo más que pringoso.

- En el cuello también tienes pescado…

- Hermione por favor, dame una respuesta.

- A mí…no me importaría seguir pero…quiero que sea especial y bonito y ahora…no es que me sienta incómoda, bueno…algo sí pero no por ti sino por estar cubierta de salsa pringosa. Lo que intento decir es que prefiero esperar una ocasión mejor que la que tenemos ahora que también es buena pero no es como siempre pensé que sería. ¿Me entiendes?

- Perfectamente.

- Y bueno, ya que te dije lo que sentía en un momento y ambiente poco…romántico, porque fue en medio de una pelea nuestra, pues…prefiero que esto que está a punto de ocurrir entre nosotros y que es algo más que especial e importante para mí, sí sea…en un entorno mucho más especial que este.

- Comprendido.

- ¿Te parece bien, Harry?.

- Sí.

- No lo digas sólo por complacerme, dilo si de verdad lo sientes.

- Sí Hermione, siento que estoy de acuerdo contigo.

- Gracias…

- No hay por qué. Bueno, aunque no vayamos a hacer el amor ahora…¿Puedo igualmente explorar un poco?

- ¿Explorar el qué?

- Tu cuerpo. Quiero saber si tienes más comida o salsa en sitios que no son visibles por culpa de la ropa…

- ¡Harry!.- exclamó ella cuando le vio acercarse peligrosamente al sujetador.- ¡Ni se te ocurra, no seas guarro!- Él se rió.

- De guarro nada, soy muy higiénico. ¿No ves que sólo intento limpiarte?.- pronunció riéndose por lo bajo e intentando quitarle el sujetador, pero ella se lo impidió cruzando los brazos sobre su pecho aún cubierto. Aquella reacción de Hermione hizo que él se riera más aún.- ¿Es que me tienes miedo?. Ni que fuera a comerte…

- ¡Pues parece que sí, me estás mirando con hambre!

- Te estoy mirando con hambre, sí, pero no con la que tú crees…

- La madre que te parió. ¡No me digas esas cosas!

- ¿Por qué, te molestan?

- ¡Qué va, es que no tienes ni idea del efecto que me producen!

- Dímelo…- dijo de forma sensual mientras comenzaba a mordisquearle el cuello. Ella sólo podía suspirar de puro gusto.

- Por Dios…- fue todo lo que pudo pronunciar cuando él trazó un camino de besos desde uno de sus hombros hasta su cadera, lugar donde se deleitó de lo lindo, combinando los besos con las caricias manuales. Justo cuando ella sintió que estaba a punto de perder del todo la cabeza y hasta el autocontrol, llamaron a la puerta y Harry no tuvo más opción que detenerse.

- Pero qué oportuno.- dijo él con fastidio mirando la puerta como si fuese su peor enemigo. Cosa que hizo reír un poco a Hermione.

- ¿Quién es?.- preguntó ella en el tono más natural que pudo sacar.

- Soy Colin. No te he visto desde esta mañana y quería saber si estabas bien.- dijo el chico desde el exterior.

- Sí lo estoy, Colin. ¡Gracias!.- gritó un poco, pues aún estaba en la cama y no al lado de la puerta precisamente.

- ¿Podrías salir un momento, Hermione?

- ¿Pero qué mosca le ha picado?.- preguntó Harry con algo de mal humor.

- Hasta que no vaya y le vea no lo sabremos.- Respondió ella apartándose de él y saliendo de la cama.

- No le des mucha bola. Aún tengo hambre.- Él volvió a usar el tono sensual pero Hermione no quiso que le afectara, su prioridad ahora era hablar con Colin. Pero antes de verle, se puso una bata. Que la viera en ropa interior no estaba entre una de sus prioridades.

- ¿Ves Colin?. Estoy bien.- Dijo frente a él cuando había abierto la puerta lo suficiente como para que él la viera de cuerpo entero.

- Ah, qué alivio. Como esta mañana estabas tan mal…

- Eso fue esta mañana, ahora estoy bien.

- Así que Harry lo ha arreglado.

- ¿Perdón?

- Es que me choqué con él y…bueno, discutimos. Él me dijo que quería encontrarte para arreglar las cosas. Me alegra saber que todo está bien entre vosotros.

- Como dije esta mañana, eres un buen amigo. Muchas gracias por estar ahí.

- De nada. Para eso están los amigos. ¿No?

- Sí.- Ella le dio un beso en la mejilla, él sonrió.

- Nos veremos en la cena, Hermione.

- Hasta luego Colin.

Despidiéndose con la mano, él salió corriendo mientras decía…

- ¡He quedado con una chica!

Hermione le gritó "¡Suerte!" mientras movía la cabeza de un lado a otro y cerraba la puerta suavemente.

- ¿No vas a ponerle el hechizo?.- Preguntó Harry aún tumbado en la cama.

- No, porque tú vas a salir ahora.

- ¿Me estás echando?

- Sí. Tengo una clase esta tarde y luego mis tareas de prefecta. ¿Recuerdas?

- Aguafiestas….

- Lo siento señor Potter, pero en el mundo no sólo existimos nosotros.

- No es justo…

- Tal y como dijo Snape hace algunos días…la vida no es siempre justa.

- ¿Nos veremos luego?

- Voy a terminar tarde…

- Me da igual…

- Te dormirás aburrido de esperarme.

- Todo lo contrario. Esperarte será lo que me mantenga despierto.

- Vale. Nos veremos luego.

- Es en serio Hermione, te estaré esperando.

- Te creo.

- Tal y como tú dijiste antes, dúchate antes de verme.

- Y tú también, hueles fatal después de jugar al Quidditch.

- Qué amable eres.- dijo él de forma sarcástica. Ella se rió.

- Creo que sé por qué me quieres duchada. Pero una cosa te digo…

- Dila.

- Por mucho que no te guste ese olor, pienso oler a fresa esta noche.- Ella lo dijo en tono travieso, como intentando mosquearle. Pero él no reaccionó así, sino dándole un beso de los que hacen historia mientras volvía a usar el tono sensual para responderle…

- Mejor, así tendré más ganas de comerte.

Ella le dio un pequeño manotazo en el pecho mientras reía al decirle…

- Pervertido.

- Sólo contigo.- Tras darle otro beso, él se levantó y salió de la cama.- Nos veremos esta noche, tigresa.

- ¿Cómo me has llamado?.- Ella volvió a reírse.

- Tigresa.

- ¿Y por qué?

- Porque según dijiste tú en uno de los partidos de Quidditch, yo soy tu tigre. ¿No?. Así que tú eres mi tigresa.

Ella estalló en carcajadas.

- Pero bueno, de qué te ríes.

- ¡De lo que has dicho!

- No fue algo gracioso.

- Sí porque yo no te dije "eres mi tigre", te dije…"a por ellos, tigre". Era una expresión más de ánimo que otra cosa pero vale, si tú quisiste interpretarlo así, por mí bien. Porque la verdad es que…tienes razón. Eres mi tigre y yo…de acuerdo también, tu tigresa. Jújújújújú.

- A veces no te entiendo.

- ¡Somos dos tigres felices!. Juajuajuajaujuaaaaaa.

- Pero mira que eres rarita cuando quieres.

- Juajuajuajuajujuaaa.

- Será mejor que me vaya.

- ¡Hasta luego tigre!- Hermione hizo como que rugía y volvió a reírse. Harry la miró como si se hubiese golpeado la cabeza de repente y cuando vio cómo la miraba, ella se rió más todavía.

- Adiós Hermione. Te sigo queriendo aunque seas más rara que un perro verde.

- ¡Adiós Harry!.- pronunció alegremente.- ¡Te sigo queriendo aunque no entiendas mi sentido del humor!

- Hay muchas cosas de ti que no entiendo pero igualmente me gustas.

- ¡Eres un amor de tigre!. Juajuajuajuajujuaa.

- Que te den cordialmente.- Cuando él cerró la puerta y comenzó a alejarse, todavía oía las carcajadas de Hermione. Él movió la cabeza de un lado a otro pero no pudo evitar sonreír.


La tarde transcurrió con tranquilidad tanto para Harry como para Hermione. Ella asistió a su clase, él al entrenamiento.

Volvieron a encontrarse durante la cena y mientras ella iba a su habitación para adecentarse un poco antes de la guardia, Harry entraba en su dormitorio para coger su Saeta de fuego y salir volando por la ventana. Tenía algo que hacer. Preparar una noche de ensueño para él y Hermione.

Pensaba hacerlo en la torre de Astronomía, igual que en su día lo pensó su madre con James pero cuando estaba a punto de abrir la ventana para pasar, se dio cuenta que ya había una pareja en actitud más que cariñosa allí, así que desechó la idea de usar el lugar para sus propósitos.

Dando una vuelta por el cielo nocturno de Hogwarts, pensó que la cabaña de Hagrid estaría bien, pero echar a su amigo semi-gigante sin saber cuánto tiempo le llevaría, no le parecía una buena idea. Así que sólo pudo pensar en otro lugar ideal para ellos dos. El árbol de sus padres.

Hermione le había dicho que aquél lugar también era especial para ella y Harry sabía que allí era donde James había pedido matrimonio a Lily. Cuando recordó eso, sacó el diario y empezó a releer toda esa parte. Quizás encontrase algo que le diese una idea de lo que él quería conseguir.

Descendiendo hasta tierra, dejó la saeta en la hierba y se sentó con la espalda apoyada en un tronco. Sabiendo que sería una lectura larga pero desde luego, entretenida. Tras usar el lumus para alumbrar las páginas, comenzó con su lectura.

" ¡Síiii!. Hoy ha sido el día más feliz de mi vida, o quizás debería decir la noche, porque aún no ha amanecido. Aunque la verdad es que la tarde de ayer y la noche que le siguió, también me encantaron pero la noche de hoy se ha llevado sin duda el primer premio a la noche perfecta.

Empezaré por la tarde de ayer, cuando nos fuimos a Hogsmede conmigo vistiendo una ropa horrible y llevando un moño antiguo más horrible aún. A pesar de mi aspecto, James no se quejó, sólo dijo que seguía encantándole a pesar de mi apariencia y cuando me dijo que estaba seguro que me había puesto así para fastidiarle no pude evitar decirle que había acertado mientras me partía de risa yo sola. Pero entonces él me besó y se me quitó la tontería de repente.

Como dije, pasamos una tarde de fábula en Hogsmeade pero al volver, nos despedimos para ducharnos y cambiarnos para la cena en el gran comedor sólo que cuando estaba a punto de llegar, James apareció y me dijo que tenía que acompañarle a un sitio. Pensando que sería la biblioteca, porque a veces vamos allí cuando quiere que le ayude con los deberes, le dije que tenía que ir a mi habitación a coger mis cosas pero él no me dejó. Me dijo que no íbamos a ir a ese lugar y que le siguiera sin hacer preguntas. Así que le obedecí sin rechistar, porque me moría de curiosidad.

Salimos del castillo y nos dirigimos a los terrenos del lago. Caminamos por zonas llenas de arbustos y plantas hasta que llegamos a una arboleda.

Yo había oído hablar de ella alguna vez pero jamás la había visto. En un principio no me pareció un sitio especial pero James me dijo que sí lo era, pues aquellos árboles, sólo en determinadas noches del año, revelaban su secreto.

Cuando le pregunté cuál era el secreto, él se rió un poco y me dijo que no me lo contaría porque entonces dejaría de ser un secreto. Me pidió que me sentara bajo uno de los árboles, él se sentó a mi lado y entonces empezó lo bueno. Creo que en vez de resumirlo, es mejor que lo cuente detalladamente. Diálogos incluidos porque para mí no tienen desperdicio.

- ¿Estás cómoda?

- Sí, gracias. ¿Y tú?

- Contigo siempre lo estoy, menos cuando nos peleamos.

- Me refería a tu postura, James.

- Ah, eso, sí, estoy cómodo. Quiero que cierres los ojos y te relajes, Lily.

- ¿Perdona?

- Que cierres los ojos, te relajes y no pienses en nada. Simplemente limítate a respirar tranquilamente y a escuchar.

- ¿Escuchar el qué?

- Lo que sea. Tú sólo escucha. ¿De acuerdo?

- Vale. ¿Los cierro ya?

- Sí.

Cuando lo hice, él se quedó callado y no habló durante un buen rato. Estuve a punto de llamarle porque incluso llegué a dudar de que estuviese a mi lado pero entonces ocurrió algo asombroso. El silencio que me había rodeado, se rompió debido a un sonido precioso, como un susurro dulce. Cuando me concentré más intentando descifrar qué decía aquél susurro pude comprobar que parecía contar una historia, y así era.

Era como un cuento infantil, pero en vez de ser de príncipes y princesas iba sobre un mago y una bruja que se habían enamorado perdidamente el uno del otro cuando en un principio eran los peores enemigos. No pude evitar pensar en James y en mí, no puedo decir que antes fuésemos enemigos pero…tampoco éramos los mejores amigos.

Más bien éramos dos personas que no nos soportábamos, o quizás debería decir que era yo la que no le soportaba porque él mismo me dijo hace tiempo, que siempre le gusté.

La historia del susurro se resume en que aquél mago y aquella bruja, comenzaron muy mal y terminaron muy bien. Bueno, no tan bien, porque ella murió. Él era un mago al servicio de un rey de Inglaterra y cuando su señor le mandó acompañarle a una batalla, el mago no tuvo más opción que obedecer porque en aquella época, decir que no a los deseos de un rey era buscarse la muerte. Entonces él se fue, no iba a luchar, pero igualmente estaría en peligro por estar presenciando una guerra.

En medio de aquella batalla encarnizada, una flecha hirió el pecho del mago y él se desmayó. El rey, dándole por muerto, ordenó que se lo llevaran e incinerasen el cuerpo, pero cuando acababan de ponerle en la pira de troncos, el mago despertó, y los soldados encargados de la tarea se asustaron y se fueron corriendo de allí.

El mago aprovechó la ocasión para escapar y reunirse con su amada pero cuando llegó a la casa de ella, se encontró con todo cerrado y con la puerta y las ventanas tapiadas con ladrillos. Él no sabía si era porque había abandonado aquél hogar o porque la hubiesen condenado a muerte dentro de su casa y por eso habían tapado cualquier vía de escape.

El mago usó su magia para abrir la puerta y cuando entró en la casa y llamó a la bruja, nadie respondió. Él buscó algún signo de lucha, pero no vio ninguno.

Buscó rastros de sangre, pero tampoco había. Sólo pudo pensar que ella había abandonado la casa y se había marchado a otro lugar. Entonces el mago se puso a reflexionar y llegó a la conclusión de que ella se había ido, sí, pero por otro motivo distinto a todos los que había pensado él. Ella no había escapado y tampoco había muerto asesinada dentro, ella se había ido de casa porque quería morir.

Él recordó que ella, en una ocasión, le dijo que si él no estaba en el mundo, ella no quería vivir porque él era su vida y el mago llegó a la conclusión de que ella, por algún medio, se había enterado de la supuesta muerte de él y por eso había decidido dejarlo todo y morir también, porque ella también le había dicho que le seguiría a cualquier parte, aunque fuese al reino de los muertos.

El mago sabía que había un lugar muy especial para ella al que recurriría para poder suicidarse sin que alguien lo impidiera así que se encaminó hacia allí lo más aprisa que le permitieron sus piernas ya que era arriesgado para él usar una escoba voladora a plena luz del día.

Cuando llegó al lugar, que no era otra cosa que un pozo muy profundo, el mago se asomó, pensando que vería su cuerpo, pero no podía ver nada, sólo oscuridad. Recordó que aquél pozo era tan profundo, que jamás se veía el fondo. Intentó llamarla, pero ella no respondió. Usó la magia para iluminar el interior del pozo pero tampoco dio resultado. Estaba a punto de darse por vencido y tirarse también, cuando escuchó la voz de ella preguntarle…

- ¿Eres tú amor mío?

- Sí.- dijo él más que emocionado.- Espera ahí, te sacaré.

- No, no puedes. Ya no pertenezco al mundo de los vivos. Me dijeron que habías muerto en la batalla y decidí seguirte para cumplir mi promesa. Pero cuando llegué al reino de los muertos no te ví y Hades me dijo que aún seguías vivo y que me habían engañado. Sabes que no puedo volver por mucho que lo intentes. Una muerta no puede vivir entre los vivos. Lo siento amor, tendrás que vivir sin mí.

- No, no quiero. Me tiraré al pozo y moriré, así estaremos juntos por toda la eternidad.

- ¡No lo hagas!

- Sí lo haré.

- ¡Quiero que vivas!

- Sin ti no. No quiero.

-¡Te mereces una vida feliz junto a otra mujer a la que puedas querer!

- Ya hay una mujer a la que quiero.

- ¡Estoy muerta, olvídame, búscate otro amor!

- No quiero, sólo te quiero a ti.

- Y yo a ti, pero ya no podemos estar juntos. Puede que me suicidara, pero sé que había llegado mi hora, en cambio tú…tú aún puedes seguir viviendo, Hades no te espera aquí hasta dentro de muchos años.

- No quiero vivir esos años si no estás conmigo. Digas lo que digas, me tiraré al pozo y me reuniré contigo.

- Hades no dejará que nos reunamos. No ha llegado tu hora, si fuerzas tu muerte, él te castigará dejándote en otro sitio del inframundo donde no podamos vernos por mucho que lo intentemos. Me lo ha dicho.

- Pues dile de mi parte, que no hay manera de conseguir separarme de ti. Allá voy…

- ¡Nooo!

Pero por más que ella gritó intentando hacerle desistir de su propósito, él desobedeció y se tiró dentro del pozo. La caída fue mortal y cuando él descendió al inframundo, el rey de los muertos, Hades, le recibió y le dijo que por haber desobedecido a su amada, él no volvería a verla en toda la eternidad.

El mago se enfureció pero Hades se mantuvo tranquilo.

- ¿No te das cuenta?.- le dijo el dios- ¿Qué lo único que ella quería fue que continuaras con tu vida?. La historia que te contó acerca de mí era mentira. Pero ahora tú, con tu desobediencia e imprudencia, la has hecho realidad.

- Pe…pero yo creí que todo era cierto…

- No lo fue. Ella sólo buscaba una excusa de peso para que cumplieras su último deseo.

- ¿Cuál?

- Que no te quitaras la vida.

- Pues no lo ha conseguido.

- Porque la has traicionado.

- ¡Nunca lo he hecho!

- Sí, desde el instante en que no le hiciste caso, no respetaste su voluntad y el no respetar a la persona que supuestamente amas, es traicionarla. Ella confiaba en ti y tú has traicionado su confianza, luego no puedes quererla tanto como aseguras o como tú crees.

- ¡POR SUPUESTO QUE LA QUIERO, LA AMO MÁS QUE A MI VIDA!- gritó el mago fuera de sí.- ¡NO VUELVAS A PONER EN DUDA, JAMÁS, EL AMOR QUE SIENTO POR ELLA!

- Lo puse en duda porque has actuado como si ella no te importara nada.

- ¡NO ES VERDAD!

- Sí lo es, ya te lo he explicado.

- ¡DEVUÉLVEMELA, TE LO SUPLICO!

- No, y no supliques porque no conseguirás compadecerme, lo que tienes tú te lo has buscado.

- ¡SI NO LA TRAES, LLÉVAME A MÍ CON ELLA, TE LO RUEGO!

- ¿Es que estás sordo o te has vuelto estúpido de repente?. Te he dicho que no y es que no. Estarás solo por toda la eternidad pero de acuerdo, no seré tan cruel y os permitiré veros al menos una vez cada cien años.

- ¡ESO ES MUCHO TIEMPO!

- Peor sería que no la vieras nunca. ¿No crees?

- Sí, desde luego. Y… ¿no hay ninguna posibilidad de que alguna vez, podamos estar juntos de forma definitiva?

- Sólo una…

- ¿Cuál?

- Romperé el castigo cuando encontréis otra pareja que sí se quiera de verdad. Que sean capaces de respetarse tanto como para hacer caso de lo que diga su pareja por muy descabellada que parezca la idea. ¿Me has entendido?

- Sí, te refieres a que debo aprender de esa pareja.

- Exactamente. Cuando entiendas que en el amor verdadero no imperan los deseos egoístas de uno, comprenderás dónde fallaste y estarás de acuerdo conmigo en que te merecías esta…maldición.

- De acuerdo Hades, acepto el castigo.

Y así fue, una noche cada cien años, los espíritus del mago y la bruja se reencontraban durante tres horas. Luego, ellos volvían a desaparecer de la vista del otro. El mago siguió buscando la pareja perfecta durante mucho tiempo pero jamás la encontró y en realidad nunca podría encontrarla porque no existe la pareja perfecta como tampoco existe la persona perfecta.

Escuché la voz de James diciéndome que abriera los ojos y cuando lo hice, ví a los árboles brillando en la oscuridad. Era como si sus hojas fuesen fluorescentes. James me dijo que estábamos contemplando algo único, y yo le creí. Fue una visión maravillosa, aunque lo más maravilloso para mí fue el momento en el cuál, en medio de aquél silencio que volvía a envolvernos, James se acercó hacia mí y me besó.

Luego me preguntó si había podido entender toda la historia y yo le dije que sí. Cuando me preguntó qué conclusión había sacado, le dije que no existía nadie perfecto pero que eso no significaba no ser feliz junto a tu pareja. Porque por muchos defectos que podamos tener las personas, si intentamos arreglar las cosas, al final todo irá bien. Tal y como les pasó al mago y a la bruja de la historia. Ellos nunca estarían juntos por siempre pero al menos durante el tiempo en que lo estuvieran, serían felices.

James sonrió y me dijo que él opinaba lo mismo que yo y luego me llevó a uno de aquellos árboles y me preguntó…

- Aunque no exista la pareja perfecta, dime Lily. ¿Crees que yo podría ser la tuya?

Y no dudé un instante en responderle que sí.

Cuando volvió a besarme, ocurrió algo asombroso, los árboles se llenaron de luz y yo me aparté de James para verlo. Durante tres o cuatro segundos, pude ver la figura brillante de dos personas, un hombre y una mujer, que me sonreían mientras se agarraban de la mano. Algo en mi interior me dijo que eran el mago y la bruja de la historia. Quizás no era un cuento después de todo.

Cuando ellos se besaron y desaparecieron, comprendí que James y yo habíamos roto la maldición que durante tanto tiempo les había mantenido separados. Tenía que ser así, pues tanto él como yo, habíamos demostrado más de una vez, y no sólo esa noche, que nos queríamos de verdad y que antes de pensar en nosotros mismos, pensábamos primero en el bienestar del otro.

Pensé que la noche no podría tener más sorpresas, pero me equivoqué, porque tras caminar un poco junto a James, me encontré con una zona rodeada de flores donde había un mantel y varias cosas necesarias para un picnic.

- ¿Qué te parece?- me preguntó él algo inseguro.- He tardado un poco en conseguir todo lo que te gusta de la cocina muggle, faltan algunas cosas pero…

- Está perfecto James, me encanta.- Cuando me senté, él se puso delante de mí y empezó a servirme un poco de todo.

Tuvimos una cena tranquila y de lo más romántica, porque estábamos iluminados por la luz de la luna además de un farol de acampada que hizo aparecer James. Puede que esa noche estuviese con un mago pero en realidad me sentía como si estuviera con un chico normal y corriente, un muggle como yo, ya que James no abusó de la magia en ningún momento, sólo la usó cuando lo creyó necesario.

Cuando terminamos de cenar, recogimos todo y él hizo aparecer una manta con dos almohadas, donde nos tumbamos para admirar el cielo nocturno que estaba realmente precioso. Había tantísimas estrellas y brillaban tanto, que incluso creí que todo aquello no era más que un bonito sueño que estaba teniendo pero aquello era real, muy real. Lo supe en el instante en que él comenzó a besarme y acariciarme. Lo que siguió luego no voy a describirlo, sólo diré, que si esa noche pensé que era la más especial de mi vida, me equivoqué, porque la que le siguió fue mejor aún.

Nos quedaba sólo un día que estar en Hogwarts antes de terminar el curso y abandonar el colegio de forma definitiva. Resumiré diciendo que la mañana transcurrió entre notas finales, mi discurso de despedida de nuestra promoción y luego nos dieron la tarde libre. Creí que James iría a buscarme para dar una vuelta por los terrenos del lago pero no apareció hasta después de la cena.

Me llevó a otra zona de los terrenos también desconocida para mí, pero que se parecía mucho a la arboleda de la noche anterior. Aunque aquella segunda zona de árboles, me gustó más que la primera.

Aunque no hubiese picnic, nos lo pasamos de maravilla. Estuvimos charlando y riéndonos durante mucho rato, sobre todo cuando recordábamos anécdotas de cuando él hacía trastadas con sus amigos y luego yo le llamaba la atención.

Él mencionó también la pelea que tuvo con Severus y me preguntó si aún le guardaba rencor por su comportamiento, pero yo le dije que no, porque entendía qué le había llevado a actuar así.

Entonces James se quedó callado y con una expresión entre seria y concentrada. Me di cuenta que estaba pensando en algo que le preocupaba bastante. De hecho, cuando decidió hablarme, lo hizo con una voz algo temblorosa por los nervios que claramente tenía. Algo en mi interior me dijo que iba a comentarme algo importante aunque no podía imaginar cómo de importante iba a ser en nuestras vidas.

- Li…Lily…

- Qué.

- Anoche… ¿Lo pasaste bien?

- De fábula, James.

- Para mí también fue…fantástico pero…esta noche podría ser mejor aún si tú aceptaras…si quisieras…

- Si aceptara y quisiera el qué.- Dije, intentando animarle a que continuara, pero él volvió a quedarse en silencio. Me fijé en sus ojos y me di cuenta que expresaban mucha preocupación, como si dentro de su cabeza se estuviera librando una gran batalla con sus pensamientos o sentimientos.- James, dímelo, sabes que puedes contarme cualquier cosa.- Pronuncié lo más amablemente que pude, intentando transmitirle la confianza que necesitaba.

Creo que surtió efecto durante un leve instante porque él intentó hablar de nuevo, pero sólo logró balbucear algo intendible para mí. Fui consciente de que no lo diría fácilmente, así que probé otra táctica.- Está bien, si no te ves capaz, no me lo digas, muéstramelo.- Él me miró de lleno, con una expresión algo animada, como si aquella sugerencia mía fuese la solución que estaba buscando.

- ¿Confías en mí Lily?- preguntó agarrando mi mano y sin mostrar nervios en su voz ahora.

- Por supuesto que sí, lo sabes de sobra.- Contesté volviendo a usar el tono amable y confiado.

- Entonces ven conmigo. Necesito enseñarte algo.

- ¿Dónde vamos?.- pregunté mientras le seguía pasando entre algunos árboles.

- Es una sorpresa.- Me dijo con esa expresión traviesa y risueña que sólo aparecía en su cara cuando estaba preparando alguna de sus bromas.

Un poco después, él se detuvo y apoyó su espalda contra el tronco de un árbol, manteniéndose en aquella posición como si su vida dependiera de ello.

- James… ¿estás bien?

- Sí.- dijo de forma muy escueta.- ¿Por qué lo preguntas?- Me dijo en un tono algo acusatorio, lo que me demostró que volvía a estar nervioso.

- Bueno, es que te noto muy nervioso y…eso no es muy normal en ti. Es como si…como si me estuvieras ocultando algo. Algo…que te diese un miedo terrible decirme. ¿He acertado?

- Al completo.

- ¿Y qué es eso que tanto te aterra?

- Más de una cosa, pero una principalmente.

- ¿Cuál?

- Antes de meterme en eso, dime sinceramente si tú…aunque no es que lo dude, es decir…lo sé pero necesito volverlo a escuchar. Dime si tú…

- Suéltalo de una vez, James.- dije algo impaciente.

- Eres feliz conmigo.

- ¿Cómo?. Por supuesto que sí. Si no lo fuera, no habría estado contigo durante todo este tiempo.

- Ya, pero…crees que…¿Serás feliz conmigo aunque el colegio termine mañana?

- ¿A qué te refieres?- pregunté sintiendo cómo el estómago se me acababa de subir a la garganta, porque algo en mi interior me dijo que aquella pregunta no era tan simple como parecía.

- Antes de aclarártelo contéstame a otra pregunta. ¿Quieres seguir conmigo cuando acabemos el colegio?

- Pues claro, y creo que te lo he dicho más de una vez. No es que no lo hayamos hablado antes.

- Ya, sólo quería asegurarme de que no habías cambiado de opinión.

- ¿Me vas a decir de una vez a qué viene tanto misterio?.- Dije a punto de reventar de curiosidad e impaciencia enorme.

- Bueno yo…sólo intento saber si tú…si tú quieres…si estás dispuesta a…si…maldición, no puedo decirlo. Tendré que enseñártelo sin más.

- ¿Enseñarme el qué?

- Lily, mira atentamente.

- ¿A dónde?

- Aquí.- Y entonces se apartó del tronco y allí, iluminadas por la luz del hechizo lumus que él usó, se leían claramente las palabras de una frase que cambiaría mi vida y la de él, para siempre.- Lilian Evans...¿Quieres casarte conmigo?- y mientras yo parpadeaba varias veces y me frotaba los ojos otras tantas comprobando que aquello era real, escuché su voz preguntarme…

- ¿Lo harás?- con un tono algo temeroso e inseguro.

Supongo que tardé en responderle más de lo que él esperaba, porque me dio unos suaves golpecitos en la espalda para devolverme al mundo terrenal y cuando me giré hacia él para poder encararle directamente, ví que sus ojos marrones volvían a expresar miedo, pero yo iba a mostrarle que no tenía nada que temer, así que le respondí de la única manera que se me ocurrió en aquél momento. Saltando sobre él y besándole apasionadamente diciéndole entre beso y beso…

- ¡Lo haré, lo haré, sí quiero James, por supuesto que quiero casarme contigo!

Debido al salto que pegué, nos caímos al suelo. Y aunque al principio él se quejó un poco por el impacto, dejó de hacerlo en el instante en que comencé a besarle y cuando me separé un poco para darle mi respuesta, él no sólo se sintió aliviado sino que empezó a besarme de una forma tan sensual y pasional, como nunca antes lo había hecho.

Rodamos varias veces sobre la hierba del suelo y cuando quise darme cuenta, estábamos en ropa interior. Agradecí interiormente haber encontrado el aparato de la cera aquella mañana y haberme depilado porque sólo con pensar que un momento tan especial como ése se hubiera visto truncado por la cara de susto que habría puesto James al verme con los pelos en las piernas, se me quitaba las ganas de todo.

Pero como no era el caso, en vez de desanimarme lo que hice fue participar activamente de todo lo que hicimos. Y cuando los dos estábamos como nuestra madre nos trajo al mundo, James me soltó un "te amo" tan dulce y sincero para mí, que por poco lloro de emoción.

Bueno, la verdad es que lo hice, aunque él pensó que fue por haberme hecho daño al unirse a mí la primera vez. Le dije que no, que estaba bien y que no me dolía tanto como para llorar aunque me mentiría a mí misma si dijese aquí que no me dolió porque algo de dolor sí que sentí, pero se fue pronto.

Nos quedamos dormidos y abrazados y sólo despertamos cuando empezamos a tiritar de frío, así que volvimos al castillo. Teníamos que hacerlo, ya no sólo porque corríamos el riesgo de pillar una pulmonía sino porque era la última noche del curso y en sólo unas horas, abandonaríamos Hogwarts para siempre. Y bueno, aquí estamos en mi cama de prefecta, aunque soy la única de los dos, que sigue despierta.

Él está durmiendo a mi lado, y durante las dos horas que han pasado desde que llegamos y nos metimos en la cama, no ha cambiado de posición. Sigue abrazado a mi cintura mientras escribo. Seguro que me está saliendo una letra horrible pero por lo menos se entiende.

Quizás debería dejar de escribir ya e intentar dormir algo, pero me resulta imposible. He vivido tantas emociones esta noche que ni dormir puedo. Sólo puedo pensar en nuestras futuras vidas, juntos. No sé qué nos deparará el futuro.

Puede que vivamos un tiempo feliz y terminemos separándonos si un día dejamos de querernos, aunque espero que no, a lo mejor suene muy infantil lo que voy a decir ahora pero yo espero estar enamorada de James todos los días del resto de mi vida.

Espero que seamos tan felices como los protagonistas de las películas románticas muggles que tanto nos gustan a mi madre y a mí. Espero…espero muchas cosas bonitas, pero sobre todo una, que pase lo que pase entre nosotros, no nos arrepintamos jamás de todo lo que hemos vivido como pareja. Al menos yo sé que nunca lo haré.

Uy…tengo que dejar de escribir, James se está moviendo, seguro que es porque se está despertando. Además, dentro de cuatro horas nos iremos de Hogwarts. Como dije antes, no sé qué nos deparará el futuro, pero espero que el tiempo en que vivamos juntos, sea el más feliz de nuestras vidas aunque yo ya soy muy feliz sólo por ser su pareja.

Te quiero James Potter. Siempre tuya, Lilian Evans."

Harry cerró el diario sintiéndose más que feliz y animado. Ya no sólo por la bonita historia que había leído, sino porque lo que había contado su madre, le había dado más de una idea, pero antes de llevarlas a cabo, tenía que prepararlo todo muy bien si quería conseguir un final satisfactorio.


Hermione estaba agotada, eran las dos de la madrugada. Tenía unas ganas enormes de echarse en su cama y dormir toda la noche, pero se acordó de que tenía que reunirse con Harry. Él dijo que la esperaría despierto. Quizás debería salir a buscarle, pero primero se daría una buena ducha caliente y relajante.

Cuando lo hizo, se vistió y se encaminó a la puerta, pero cuando estaba a punto de quitar el hechizo protector que la dejaría salir al exterior sin problemas, escuchó un ruido de golpecitos suaves provenientes de una de las ventanas. En el momento en que miró hacia allí, vio a Harry suspendido en el aire gracias a su saeta de fuego. Él hizo señas para que le abriera y ella obedeció de inmediato.

- Ven conmigo por favor.

-¿A dónde?

- A un sitio.

- No es por ser protestona ni nada pero…me muero de sueño. ¿No puedes esperar a mañana?

- No, no sería lo mismo. Además, me prometiste esperarme.

- No, fuiste tú el que lo prometió.

- Paso de discutir. ¿Vienes o no?

- Es que estoy muy cansada.

- Por favor Hermione.- Cuando él le puso la mirada de cachorrito, ella no pudo resistirse. Así que se subió a su escoba con ayuda de él. Colocándose detrás, como siempre había hecho. Una vez acomodada y agarrada a su cintura, Hermione sólo tuvo una petición que hacer.

- Ni si te ocurra hacer piruetas o florituras con la escoba, no estoy en condiciones de soportarlo.

- No te preocupes, no te asustaré.

Él emprendió el vuelo sin aumentar la velocidad más de lo necesario pero eso no evitó que ella llorase por culpa del aire nocturno que le resultaba más frío de lo normal a causa del vuelo. Como seguía teniéndole pánico a las alturas y al hecho de volar en una escoba, Hermione cerró los ojos durante todo el trayecto.

No supo si fue largo o corto, sólo entendió que habían llegado en el momento en que sintió la escoba detenerse y escuchar la voz de Harry pidiéndole amablemente que se bajara.

Ella miró a su alrededor. Pero no reconoció el lugar. Sólo fue capaz de ver algunos árboles pues la noche era bastante oscura.

- ¿Por qué estamos aquí, Harry?

- Porque necesitaba privacidad.

- En mi habitación la teníamos.

- A veces nos interrumpen.

- A estas horas no. Todo el mundo duerme.

- ¿Vas a rebatir todo lo que diga?

- No, es sólo que estoy agotada, eso me tiene de mal humor, perdona.

- Da igual. Ya que estamos aquí…¿No te importará esperar un poco más antes de acostarnos, verdad?

- ¿A…acostarnos?- a ella se le abrieron tanto los ojos que a Harry le dio risa.

- Sabes que no lo dije en ese sentido, aunque no me importaría que se hiciera realidad. Además, esta tarde hablamos de eso. ¿Recuerdas?

- Sí pero no dijimos que sería esta noche en concreto.

- ¿Ah no, y por qué te crees que te pedí que te ducharas?

- Eres un…mejor me callo.

- Tampoco es tan horrible. ¿O sí lo es para ti?

- Por supuesto que no, es sólo que esta noche no me encuentro con ánimos de hacer algo así. Como te dije hace unas horas Harry… quiero que sea especial y en un momento más especial aún y ahora no me siento nada especial y no creo que este ambiente lo sea.

- Tú sólo espera, luego dime lo que opinas.

- ¿Me has traído aquí especialmente para eso. Porque quieres acostarte conmigo?

- ¡Por supuesto que no!. Te he traído aquí porque tengo que pedirte algo importante para mí y…en fin, no quería esperar más para hacerlo. Sobre todo ahora que sabes de sobras lo que sientes por mí.

- Lo que siento por ti lo supe anoche, no sólo ahora.

- ¿Lo supiste cuando intenté matarte?

- Sí. Creo que te lo conté…

- Pues sí, pero no me dijiste todas las cosas que me contaste cuando estaba hechizado. Me gustaría saberlas.

- ¿Y luego podremos irnos?

- Claro, pero no a tu habitación.

- Jo…

- Vamos Hermione, seguro que te gustará cuando lo veas, o al menos eso espero…

- En fin, cuanto antes te lo diga, antes terminaremos. Presta atención porque luego no lo repetiré.

- Tienes toda mi atención ahora.

- Yo te dije…muchas cosas, pero creo que la más importante fue cuando te dije que te amaba. Recuerdo que dije algo como…Te amo, tal y como tú querías que lo hiciera. Te amo hoy y te amaré siempre…aunque me muera. Entonces te besé y se te cayó el puñal. Tus ojos volvieron a tener vida y despertaste de aquél estado…robótico y fue entonces cuando me dijiste que parecía que hacía un siglo que no me veías y me preguntaste qué había ocurrido…

- Tú dijiste…nada importante. Pero en realidad sí lo era. Aún no puedo creer que intentase matarte. Me siento fatal con sólo pensarlo.

- Pues no lo hagas. No tienes por qué sufrir innecesariamente. Además, en la enfermería te dije que no quería volver a hablar del tema.

Yo también sufro recordando todo aquello, bueno, eso y todo lo que me sucedió antes con Malfoy y Zabini. Sobre todo con Zabini.

Yo…sólo con pensar que no hubieras llegado a tiempo y que él hubiese conseguido violarme, yo…no puedo…no puedo decirte cómo me siento pero decir que me siento mal no sería del todo exacto, en realidad me siento…no sé cómo me siento, pero fue meterme en la ducha esta mañana y cerrar los ojos para que no me entrase el champú y de repente…de repente empecé a tener flases de todo lo ocurrido con Blaise y de repente también, estaba llorando y no podía parar y ahora…otra vez me está sucediendo lo mismo. Por favor Harry, no me hagas hablar más de esto. Por favor…

- No, no, tranquila, no llores. Yo no quiero eso. Lo que menos quiero es que sufras esta noche. Anoche sufriste bastante.

- ¡Te quieres callar de una puta vez, no me nombres más lo de anoche. Cómo tengo que explicártelo para que me entiendas!

- Si yo te entiendo, sólo intentaba hacer que te sintieras mejor.

- ¡Pues no me estás ayudando nada!

- Lo siento.

- ¡Ahora no bajes la cabeza como si sufrieras, porque si tenemos que decir quién está sufriendo más, te aseguro que yo me llevo el premio!.

¡Tú qué coño vas a entenderme, o comprender cómo me siento. A ti no te inmovilizaron al suelo con un hechizo, no usaron la magia para hacer desaparecer tu ropa, no te dejaron en ropa interior y te tocaron en zonas íntimas. NO TUVISTE QUE ESCUCHAR A MALFOY DICIÉNDOLE A BLAISE QUE NO LE IMPORTABA QUE ME VIOLASE PERO QUE TERMINASE RÁPIDO Y TAMPOCO TUVISTE QUE OÍR CÓMO BLAISE REÍA AL VERME ASÍ Y ENCIMA LE DIJO A DRACO QUE ME HARÍA SU ESCLAVA SEXUAL.

QUIERES SABER CÓMO ME SIENTO HARRY, ME SIENTO SUCIA Y POR MÁS QUE ME HE LAVADO SIENTO COMO SI EL OLOR CORPORAL DE BLAISE AÚN ESTUVIESE EN MI CUERPO Y POR SI TODO ESTO FUESE POCO, TAMBIÉN SIENTO QUE ME DA MIEDO HACER EL AMOR CONTIGO PERO NO POR LAS RAZONES QUE TE EXPLIQUÉ EN SU DÍA DE LA PRIMERA VEZ, SINO PORQUE CREO, QUE NO TE GUSTARÉ LO SUFICIENTE SOBRE TODO AHORA QUE SABES QUE OTRO CHICO ME HA TOCADO, Y TAMBIÉN TENGO MIEDO DE QUE DESPUÉS DE QUE LO HAYAMOS HECHO TÚ ME PERDERÁS EL INTERÉS Y ADEMÁS TAMBIÉN CREO QUE EN EL MOMENTO EN QUE INTENTES QUITARME LA ROPA DEL TODO, ME DARÁ TAL PÁNICO RECORDANDO LO QUE PASÉ CON ZABINI, QUE SÓLO SERÉ CAPAZ DE LLORAR A LO BESTIA TAL Y COMO ME SUCEDE AHORA.

Y AHORA DIME QUE ME ENTIENDES Y QUE SABES CÓMO ME SIENTO PERO NO VOY A CREERTE PORQUE TÚ NO ESTÁS DENTRO DE MI CORAZÓN PARA SABER TODO LO QUE ME TRANSMITE, ASÍ QUE AHÓRRATE LA PSICOLOGÍA BARATA, NO LA NECESITO. SÓLO QUIERO IRME DE AQUÍ, QUIERO ESTAR SOLA. MALDITA SEA, NO ME GUSTA QUE ME VEAS VULNERABLE Y DÉBIL!

- Hermione…

- ¡No, no te acerques más, no me toques, ni si quiera lo intentes!

- Por…Por qué. Acaso crees… ¿Qué te haría daño?

- ¡No, yo sé que no. Es que me doy asco, estoy sucia, entiendes, sucia!

- No es verdad, y tú lo sabes. Además, esta tarde tú y yo…estuvimos a punto de hacer el amor y a ti…no pareció importarte. Quiero decir…que no te ví como estás ahora. Parecías feliz…

- ¡Y lo estaba. Lo único que me ocurrió fue que me dejé llevar sin pensar, pero ahora no estoy bien!

- Ya…me doy cuenta.

- ¡Y tú tampoco estás bien, lo veo en tu cara. Lo estás pasando mal por culpa de mis gritos pero es que no puedo calmarme, Harry, por más que quiero no lo consigo. Necesito sacar toda esta…angustia que tengo desde anoche y prefiero hacerlo sola. Llévame a mi habitación y vete a dormir al dormitorio de los chicos, no puedo dormir contigo esta noche!

- Pues yo no pienso dejarte sola por mucho que me lo pidas o me lo ordenes. ¿Quieres echar fuera todo lo que llevas dentro?. Hazlo, pero hazlo conmigo.

Y no digas cosas que no son ciertas, porque no es verdad que dejarás de gustarme porque otro chico te haya tocado. No sé dónde lo hizo o durante cuánto tiempo, pero…eso no tiene importancia para mí, no en el sentido que tú me has explicado. Él no consiguió su propósito, eso es lo importante y tú sabes que también lo es para ti.

¿De verdad piensas que perderé el interés en ti después de que hayamos dado ese paso?. Por favor Hermione, no puedes creerlo de verdad.

Si alguna vez damos ese paso, más que perder el interés lo que harás será aumentarlo más aún habiendo hecho realidad uno de mis deseos. Aunque ya has cumplido el más importante para mí, decirme que me amas como yo a ti. A…Además, yo no voy a presionarte para…para que hagamos el amor. En realidad no tenemos que dar ese paso aún si tú no quieres…

- ¿Y si no quisiera darlo nunca, Harry, y si estuviera tan traumatizada que no me sintiera jamás en mi vida, con el valor suficiente para superar lo ocurrido y decirme a mí misma, ahora puedo hacerlo?. ¿Entonces qué, seguirías conmigo?

- Por supuesto que sí, Hermione.

- ¡Mientes. Los hombres necesitáis sexo en vuestras vidas para sentiros completos. Sobre todo si lo practicáis con la persona a la que amáis. Yo sé muy bien, que muchas parejas han terminado rompiendo porque alguno de los dos no quiso dar ese paso, sobre todo si era la chica quien no quería darlo!

- Mira Hermione, no sé…cuántos chicos habrán dejado a sus novias por algo tan tonto como eso pero…

- ¡No es tonto, Harry, es algo importante!

- Lo que intento decirte es que a mí el sexo me da igual. En realidad, tal y como te dije una vez, no sentía interés por él hasta que supe lo que sentía por ti.

- ¿Lo ves?. Tú mismo lo estás diciendo. Tú quieres dar ese paso conmigo porque me amas. Y yo también te amo a ti, pero no sé si tardaré mucho o poco en reponerme de esa…mala experiencia y si tú…si tú quieres romper conmigo porque no estés seguro de poder esperarme un tiempo indefinido o si en realidad quieres dejarme ahora yo…lo entenderé. De verdad Harry, no te lo echaré en cara.

- Piensas realmente…¿Qué quiero romper contigo ahora, ahora precisamente que te has sincerado tanto, que me has confesado tantas cosas que te asustan y te hacen daño. Crees de verdad que el tema del sexo es lo que más valoro en nuestra relación, que eso y sólo eso es lo que me importa y que si no lo tengo querré abandonarte?.

Si piensas todo eso, es porque no me conoces tan bien como yo pensaba. Puede que suene cruel lo que voy a decirte pero…me has decepcionado enormemente, Hermione. Nunca pensé que me tenías en un concepto tan…superficial.

- No Harry yo no…

- Ahórratelo. ¿Sabes qué?. Tienes razón. Es mejor que te lleve a tu habitación y te deje sola esta noche.

A decir verdad, creo que yo también necesito estar solo. Al menos hoy sí.

Quizás mañana lo vea de otra forma pero ahora…lo que menos me apetece es estar contigo. Y te voy a decir otra cosa.

Tenía…tenía preparado…algo realmente especial para nosotros, pensaba…que si todo salía bien, sería algo que te encantaría y yo me sentiría feliz por hacerte feliz a ti pero ahora…ahora creo que no soy el adecuado para hacerte feliz. No podría por mucho que lo intentara tú no…tú no me valoras lo suficiente. Puede que no te hayas dado cuenta pero…me lo has demostrado con lo que me has dicho antes. Al decirme que yo te dejaría por algo tan tonto como lo del sexo.

- ¿Y con eso tú deduces que no te valoro lo bastante?

- Sí, y repito lo de antes, también demuestras que no me conoces lo suficiente. Pensé que después de siete años juntos, sabrías de sobras que no soy un chico corriente o lo que los demás entienden como normal. Y no me refiero al hecho de ser un mago.

Tú sabes…sabes que no he tenido una vida normal y tampoco lo que cualquier chico ajeno a mí, ha podido experimentar.

Puede que para otros chicos el sexo sea importantísimo porque lo tienen casi todo en sus vidas pero para mí y mi vida…lo más importante es tener una persona a mi lado que me quiera de verdad y al mismo tiempo a quien yo también quiera de verdad. Pensé que contigo se había hecho realidad pero ahora veo que me equivoqué. Aunque no me extraña nada, parece que estoy condenado a perder siempre a las personas que quiero, de una forma u otra, siempre las pierdo.

Ella estuvo a punto de volver a rebatir alguna de las cosas que él acababa de decir, pero cuando le vio darle la espalda y temblar un poco, se dio cuenta que estaba llorando y que no quería que le viera. Hermione cayó en la cuenta entonces, que ella no era la única persona a la que no le gustaba derrumbarse delante de alguien, sobre todo alguien que era importante para ella y desde luego, Harry lo era. Era lo más importante, incluso más que su vida.

Con prudencia y mucha calma, se acercó hasta él. Quería mirarle a la cara y decirle algo, pero sabía que él no la escucharía. En realidad, ella sí que le conocía muy bien y sí que le valoraba muchísimo pero todo lo que le había dicho sobre el miedo que tenía de que él la dejara no era sino todas las inseguridades que tenía dentro de ella. Más como chica en sí que en lo que respectaba realmente a sus sentimientos por Harry o por cómo la valoraría él.

Hermione sabía que si no intentaba arreglar las cosas ahora, puede que luego no tuviese otra oportunidad de hacerlo. Harry podía ser una persona estupenda, pero también era muy rencoroso cuando quería. Si ella no se apresuraba en convencerle de que estaba equivocado, él no le daría otra oportunidad de intentarlo. Así que tomó valor y se colocó delante de él, preparándose para decirle sinceramente, lo mucho que representaba él para ella y lo importante que le consideraba en su vida.

- Harry yo…lo siento, lo siento mucho. Por favor, perdóname…

- Déjame en paz.

- No, no quiero. Además, tú tienes razón. He dicho muchas cosas que me hacen daño, cosas que me dan miedo y cosas…que me hacen sentirme insegura pero no respecto a ti, eso nunca.

Es sólo que yo…soy una chica y…tengo miedos e inseguridades como muchas otras. Lo que intento decirte es que…sí que te quiero realmente y te valoro más todavía. ¿Quieres saber la verdad?.

Fui sincera cuando te dije que no ocurría nada importante cuando tú me apuñalaste y empecé a desangrarme. Porque para mí, mi vida, no es importante. Y esto tiene mucho que ver con lo que siento por ti. La verdad Harry es que lo único importante para mí eres tú. Y tu vida me importa mucho más que la mía.

Cuando rompí el hechizo del polvo y volviste a ser tú, lo único que me importaba en aquél momento era ver que estabas bien y que volvías a ser tú mismo, por eso te dije que no importaba lo que ocurría, o que yo me sintiese mal, porque sabía que sería algo pasajero, sobre todo si moría. Pero no lo hice gracias a ti, tú me salvaste la vida y eso es algo que nunca olvidaré.

Demostraste que te importaba mucho, aunque eso es algo que yo he sabido siempre, aunque no me hubieses dicho nunca que estabas enamorado de mí. Puede que tú no te consideres un chico corriente por tus circunstancias y la verdad es que tienes razón en eso también. No eres un chico corriente pero…¿acaso hay alguien normal al cien por cien?.

No Harry, todas las personas, seamos magos, brujas o muggles, tenemos nuestras propias circunstancias que nos hacen especiales y distintos al resto. ¿Quieres saber otra verdad?.

En realidad sí me aterra que me dejes, ya no por lo que te grité antes sino porque yo sé, siempre lo he sabido, que no soy ni la mitad de especial que lo eres tú. Y en mi interior sé que te mereces a alguien que sea tan especial como tú o que al menos se acerque un poco a lo especial que eres y yo no lo soy. Nunca lo he sido ni lo seré.

- Cállate.- le dijo, pues no quería escuchar más tonterías de ese tipo, porque él creía que eso de que no era tan especial como él, era una enorme tontería. Cuando realmente para él, Hermione era la persona más especial y única que había conocido en toda su vida. Pero eso, ella no lo sabía en aquél momento, porque él no se lo dijo en voz alta. Así que ella siguió hablándole y él no tuvo más opción que escucharla, porque en el fondo quería escucharla siempre, durante todos los días de su vida.

- Pues vas a escucharme te guste o no. Que hayas roto conmigo no me impedirá decirte todo lo que quiero que sepas. Y te aseguro que vas a saberlo, aunque me vea obligada a hechizarte para conseguirlo.

- ¡Deja de decir estupideces, Hermione!

- ¡NO LO SON!

- ¡Sí que lo son!

- ¡ Es eso lo que piensas realmente, que sólo te estoy diciendo tonterías, pues sabes qué, Harry, lo tienes facilísimo para no seguir escuchándome. Monta en tu escoba y lárgate. Pero mañana tendrás que verme y por mucho que intentes evitarme sabes que no lo conseguirás, porque mañana seguiré estando en el colegio por mucho que eso pueda molestarte. Pero no te preocupes, no te torturaré con mi presencia más de un día. Eso te lo prometo!

- ¿A qué te refieres?

- ¡Creo que he sido muy clara, me voy de Hogwarts!

- ¿Cómo has dicho?

- He dicho…que me voy del colegio. ¿Y sabes por qué?. Porque ya no tengo nada que me retenga aquí. Lo único que ha evitado mi marcha durante 7 años, has sido tú. En una ocasión te dije, que no puedo estar en un sitio donde no me sienta querida ni valorada. Puede que tú no seas el único amigo que tengo aquí, porque sé que también están Ron y Colin además de otras personas que no voy a nombrar.

Pero tú, tú Harry y sólo tú, has sido la única persona a la que he considerado como un verdadero amigo para mí. Tú y Megan, sois los dos amigos que más valoro pero tú…tú siempre has sido para mí…más especial que Megan. Mucho más especial, y ya te lo expliqué hace tiempo y no pienso repetirlo.

Sé cómo eres Harry, lo creas o no, sí que te conozco muy bien. Puedes pasar del amor al odio con una facilidad pasmosa y ahora sé que me odias, o al menos lo aparentas, por eso voy a quitarte un peso de encima y voy a marcharme del colegio. Cuanto antes mejor, así te haré un gran favor.

Ella le dio la espalda y se alejó lo suficiente para que él no pudiera tocarla a no ser que se acercara hasta ella.

Pero Harry no lo hizo, estaba demasiado ocupado asimilando todo lo que acababa de decirle. Sobre todo eso de que le haría un gran favor marchándose del colegio. Entonces él lo comprendió, entendió por qué le había dicho ella eso. Pensaba que era una molestia para él, que su existencia le incomodaba y por eso mismo quería marcharse. ¿Un favor, si se iba Hermione le haría un favor?. Ni pensarlo, eso le mataría.

- Tú estás loca, estás loca perdida.

- Es posible.- contestó ella retirándose las lágrimas que aún caían.- Pero eso dejará de importarte o preocuparte dentro de poco. Te lo prometo…

- No prometas cosas que no vas a cumplir.

- ¿Y quién coño te ha dicho a ti que no voy a cumplirlas?.- volvió a exclamar ella hecha una furia y girándose de repente para mirarle de frente.- ¡Yo siempre cumplo lo que prometo y tú lo sabes muy bien!. ¿Sabes qué, Harry?. Antes quería arreglar las cosas entre tú y yo, o al menos intentarlo, pero ya no. Para qué.

Creo que todo ha quedado más que claro entre nosotros. Pero una última cosa voy a decirte. Yo nunca, jamás, te he visto como un chico superficial y nunca en mi vida, desde que nos hicimos amigos, he dejado de admirarte y valorarte, y puedo decir que lo hice más cada día que pasaba junto a ti. Pero eso ya…no tiene importancia, ninguna importancia.

Puede que yo me haya buscado que ahora me odies o que no quieras estar conmigo pero tal y como tú dijiste antes…sólo estaba sincerándome. Perdóname por haberte confesado…mis miedos más íntimos. De verdad que siento haberte incomodado tanto.

He sido una estúpida al hacerlo, ahora veo que en realidad, tú eres el que tenía un concepto superficial de mí porque yo te aseguro que nunca me habría enfadado contigo si hubieras sido tú quien me hubiera confesado algo así o al menos parecido. Y ahora me voy, ya he hablado suficiente. Adiós Harry, espero que seas feliz y no lo digo con ironía. Ya no sé si te importará que te lo diga pero…eso es lo único que me ha importado siempre, tu felicidad.

Antes de que él pudiese evitarlo, ella salió corriendo. Harry montó en su escoba rápidamente y la persiguió, intentando darle alcance, pero Hermione usó la magia que había aprendido con el compendio de Klaus y se hizo invisible durante todo el camino, por lo que Harry no pudo encontrarla a simple vista. Pero había algo que sí podía encontrar y mostrar cualquier persona que estuviera en Hogwarts, aunque fuese una persona invisible.

Puede que la otra ocasión en que buscó a Hermione él no fuese capaz de encontrarla, pero no fue porque el mapa no dijera dónde estaba, sino porque él estaba tan frenético en encontrarla rápidamente que no había mirado bien, sino sólo por encima, y por eso no había visto dónde estaba ella.

Pero ahora, Harry se sentía con la entereza suficiente como para mirar todas las veces que fueran necesarias hasta dar con Hermione Granger. No habría nada ni nadie, que le impidiera dar con su paradero y de hecho, la encontró en menos de diez segundos. Había pisadas que se movían, pero no en dirección al castillo sino a la zona de arbustos donde ella se había refugiado aquella misma tarde.

Harry rogó por volver a tener éxito. Y si había podido arreglar las cosas con Hermione esa vez concreta, ahora esperaba volver a hacerlo.

En el momento en que llegó al lugar, se dio cuenta que estaba cambiado. Ahora no presentaba el aspecto de una cabaña sino el de una especie de pozo. Harry no pudo evitar recordar el cuento del mago y la bruja que había relatado su madre en el diario y con sólo pensar que Hermione fuese capaz de tirarse a un pozo que parecía no tener fondo, decir que se le revolvía el estómago sería decir poco porque en realidad sentía que estaba al borde de un infarto de miocardio.

- Hermione.- dijo con cautela.- ¿Estás ahí dentro?.- preguntó asomándose un poco a aquella especie de pozo.- Sal por favor, tengo que hablar contigo.

- ¡Ya está todo dicho!.- Exclamó ella desde el interior, cosa que tranquilizó a Harry, al menos estaba viva.

- Yo no, aún tengo…tengo algunas cosas que decirte. Por favor escúchame.

- ¡Puedes hablar, no voy a impedírtelo, pero no te aseguro escucharte!

- Estás portándote como una niña pequeña, una tonta e inmadura y tú no eres así.

- ¡Y tú qué mierda sabes cómo soy o no!

- ¿Cómo que no lo sé!. ¡Llevo 7 años averiguándolo!

- ¡Pues esos 7 años no te han servido de mucho. Hay mucho de mí que no conoces!

- ¡Y tú tampoco de mí!. ¿Acaso importa eso tanto?

- ¡A mí sí!

- No es verdad, sólo lo dices porque estás enfadada conmigo pero yo sé que en el fondo…más que enfadada lo que estás es muy triste. Puede que pienses que he roto contigo antes, pero no es verdad. En ningún momento te he dicho que quisiera romper, sólo dije que esta noche me apetecía estar solo…

- ¡También dijiste que tú no eras el indicado para hacerme feliz, que ya no querías intentarlo. Dime Harry, acaso no es eso un signo claro de una ruptura en nuestra relación!

- Vale, puede que tengas razón. Eso sonó a una ruptura en toda regla pero…no quería darte a entender eso.

- ¡Y qué querías entonces!

- Lo mismo que tú. Decirte cuáles eran…los peores temores que yo tenía respecto a ti. Es decir, yo también pienso que tú y sólo tú eres alguien más que especial y que te mereces a un chico especial que te quiera y valore como sólo tú mereces y creo que yo…me alejo mucho de ese perfil. Pero si me dejas, si tú quieres y me dejas, yo…intentaré serlo. Quiero intentar ser ese chico especial y único para ti. Por favor Hermione, dame otra oportunidad.

- ¿Otra?

- Sí, de verdad que la necesito. Porque no quiero ni imaginarme cómo será mi vida si te dejo marchar y te pierdo. Además, no puedes irte del colegio. Prometiste que siempre estarías conmigo, que nunca te alejarías de mí. Que estarías a mi lado aunque yo no quisiera. Tú dijiste…todo eso, lo recuerdo muy bien. ¿O es que lo has olvidado?

- No…

- Entonces sal de ese…pozo o lo que sea. Porque si no sales, entraré yo.

- ¡Ni se te ocurra, este sitio es mío únicamente, búscate otro!

- No, quiero estar en éste porque es aquí donde estás.

- ¡Pues yo no quiero que estés!

- Contaré hasta seis, y si no sales por ti misma, cosa que sé eres capaz de hacer, te juro que entraré ahí y te sacaré aunque tenga que hacerlo por las orejas.

- ¡Y serías tan bestia de intentarlo!

- Por supuesto que sí. Fui capaz de derribar una puerta sin usar la magia. ¿No?. Cogerte de las orejas y tirar de ti no creo que sea más difícil que eso.

- ¡Tú sí que estás loco perdido!

- Por ti solamente.

- ¡Cambia el chip, Harry, tus argumentos de chico enamorado ya no sirven para mí!

- Pues es lo único que tengo para ofrecerte, Hermione. ¿Sales o entro?

- No estás contando.

Harry sonrió, sabía que con aquella frase, ella le estaba dando a entender que le concedía una oportunidad. Él pensó que debía convencerla de que aún la quería, y debía hacerlo bien, porque puede que ella no le diese otra oportunidad. Aunque Harry sabía que ella no era ni la mitad de rencorosa que podía serlo él.

- 6, 5, 4…estoy contando Hermione. 3, 2, 1, 0. Allá voy…

- ¡No!

Harry se tiró al pozo, tal y como había hecho el mago, sólo que él no quería matarse. Además, el hecho de que Hermione le hubiese gritado "¡No!" tal y como lo había hecho la bruja que amaba el mago, le hizo volver a pensar que los dos estaban personificando el cuento, que por lo que había contado su madre, no era un cuento realmente sino una historia verídica.

- ¡Lárgate!.- pronunció ella en cuanto le tuvo delante.- ¡Por qué mierda has bajado, te dije que no te quería aquí. Por qué no puedes dejarme sola cuando te lo pido!

- Porque sé, por experiencia propia, que cuando nos encontramos tan mal como tú lo estás ahora, lo que menos necesitamos las personas es estar solas. Además, ya te lo dije antes, no pienso dejarte sola esta noche y mucho menos porque tú me lo ordenes.

- ¡Pues hace poco no pensabas así, tú dijiste que

- Sé lo que dije y lo retiro, Hermione. Puede que no sepa con seguridad si soy o no el chico adecuado para hacerte feliz pero desde luego, estaré encantado de intentar averiguarlo.

- Y si te das cuenta que no eres ese chico, entonces qué.

- Me alejaré de ti si es eso lo que quieres. Pero no lo haré a no ser que seas tú quien me lo pida.

- De…¿De verdad?

- Sí. Lo que yo quiera no importa, Hermione. Lo importante es lo que quieras tú. Eso es lo único que cuenta para mí.

- Y para mí…

- Entonces…¿todo está bien entre nosotros, volvemos a estar juntos?

- No…no lo sé, aún tengo miedo…

- Yo también. Me da miedo muchas cosas pero sé que si estás conmigo… puedo afrontar todo lo malo que pueda venirme, incluso al mismísimo Voldemort, porque ni si quiera él con toda su maldad y locura…me asusta tanto como el simple hecho de que tú…quieras dejarme.

- Yo…

- ¿Quieres?. Porque si es así, sólo dilo y seré el primero en alejarme de tu vida, pero dime algo ya, así sabré a lo que atenerme.

Sólo quiero que sepas, que los días que he pasado junto a ti por culpa del hechizo de Malfoy, unidos a los que hemos pasado como pareja, han sido los más felices que he vivido en toda mi vida.

Me importa una mierda las discusiones o peleas que hayamos podido tener, incluso la de esta noche. Porque todo lo bueno que he vivido a tu lado compensa todo eso con creces. Incluso…no me arrepiento de las cosas buenas que hemos vivido siendo los mejores amigos, y lo hemos sido durante 7 años. Si me dejas como novia…¿También lo harás como amiga?

- No…eso…nunca podría hacerlo. Me dolería mucho más…que el hecho de romper contigo. Se supone que la verdadera amistad está por encima de todo, incluso del amor de una pareja. Y nosotros…siempre hemos sido los mejores amigos. ¿No?

- Yo siempre lo he creído. Para mí…tú siempre has sido una verdadera amiga, incluso más que Ron. Ya te lo dije en su día.

- Lo recuerdo. Me alegra saber…que al menos estamos de acuerdo respecto a eso. Porque tú también sabes que eres el amigo más especial que tengo, al que más quiero, incluso más que a Megan.

- Y espero seguir siéndolo. Pero también espero ser más que eso. Pero el que lo siga siendo…sólo depende de ti, Hermione.

- No quiero perderte como amigo, Harry.

- De acuerdo, punto aclarado. Y respecto a lo otro… ¿Qué es lo que quieres de verdad?

- ¿Sinceramente?

- Por supuesto.

- No quiero perder nada de lo que teníamos. Lo quiero todo, tu amistad y…tu amor también. Crees que… ¿Aún podemos recuperar lo de antes?

- No, lo de antes no. Pero podemos tener algo mejor, mucho mejor.

- ¿Cómo de mejor?

- Eso depende de hasta dónde estés dispuesta a llegar conmigo.

- ¿Te refieres al sexo?

- No, me refiero a otras cosas, no sólo a eso. El sexo no es lo único importante para mí, tal y como te dije antes. Aunque tú no me creíste.

- Ahora sí, si te has molestado en buscarme para intentar arreglar las cosas, es porque de verdad te importo.

- Siempre me has importado, Hermione. No vuelvas a dudarlo nunca.

- No lo haré.

- Y tampoco dudes de que lo que siento por ti es real, muy real.

- Sé que lo es, porque yo también me siento así respecto a ti.

- Entonces… ¿Aún me amas?

- ¿Y tú a mí?

- Nunca he dejado de hacerlo.

- Ni yo.

- ¿Volvemos al castillo?

- ¿Y qué pasará con ese sitio especial que querías enseñarme?

- Seguirá allí cuando quiera volver a usarlo. Ahora eso no importa, lo único que importa eres tú.

- Oh, Harry…

- Te amo Hermione, no te preocupes de nada más. ¿De acuerdo?

- Sí.

- ¿Puedo besarte?

- ¿Por qué lo preguntas?

- Porque sé que cuando estás muy enfadada no te apetece que te mime pero a mí…me apetece mucho mimarte ahora. ¿Puedo hacerlo?

Ella sólo asintió con la cabeza y él no esperó más para cumplir su deseo, intentando además por medio de aquellos besos, que ella sintiese en su interior, que había sido sincero en todo lo que le había dicho, sobre todo cuando le dijo que la amaba, porque de hecho, era cierto.

La seguía amando a pesar de la gran pelea que habían tenido, una en la que podía haberla perdido si no hubiera hecho algo para remediarlo. Pero Harry ya había perdido a demasiadas personas importantes y queridas para él como para permitirse también, perder a Hermione. Eso era algo que intentaría evitar por todos los medios. Le daba igual por todas las dificultades o peleas por las que tuvieran que pasar como pareja porque para él, todo valía la pena con tal de estar con ella.

Hermione era mucho mejor que todo lo malo que pudiese ocurrirle a él estando con ella o sin ella. Pero sin duda, estar con ella era mejor que estar solo. Nunca le había gustado estar solo y le gustaba menos aún desde que supo que ella era su única razón de existir. Quizás no se lo había dicho a Hermione y puede que nunca se lo dijera, pero para Harry, sin ella, la vida no tenía sentido, igual que no la tenía para Hermione sin él.

Cuando él se retiró, ella le abrazó cobijándose en su pecho. Él besó su cabello y entonces sintió cómo ella levitaba hasta sacarlos a los dos del pozo.

Seguidamente lo hizo desaparecer recitando unas palabras que él no entendió. Cuando los pies de ambos tocaron el suelo, Harry agarró la escoba y se montó, dejándole a Hermione el espacio suficiente para que pudiera colocarse detrás de él. Una vez que él estuvo en el aire, no perdió tiempo en llegar al castillo. Metiéndose por la única ventana de la habitación de Hermione que aún estaba abierta.

Él descendió lentamente, hasta que sus pies tocaron el suelo. Cuando ella se bajó, él le dio un beso en los labios y puso rumbo a la ventana para salir de allí ya que él pensaba que ella querría dormir sola esa noche, tal y como le había dicho en medio de aquella gran pelea, pero entonces, la voz de Hermione se escuchó diciéndole de forma tímida…

- ¿Te quedas conmigo?

Y él no dudó un instante en responder…

- Siempre.

Y sin más que añadir, volvió a descender, cerró la ventana y se reunió con Hermione, que le esperaba con una sonrisa más que dulce y bonita.

- Voy a cambiarme Harry.

- Vale.

- Aún conservo un pijama tuyo. Te lo olvidaste. Lo dejé en la habitación del prefecto.

- Entonces me lo pondré.

Unos minutos después, Hermione aparecía en su habitación con un pijama que Harry no le había visto antes.

Puede que no fuese uno de esos sexys de encaje o seda, pero Harry sintió que se le cortaba el aire que respiraba en cuanto la vio con aquella camiseta de tirantes finos, escote de "V" y con una cintura suficientemente corta como para enseñar su ombligo y cadera.

El pantalón era corto, con lo que Harry podía ver sus piernas casi al completo, pues las enseñaba por debajo del muslo. El color también le favorecía mucho, pues era del mismo tono que sus ojos marrones. Unos ojos que siempre le encantaron a él.

Hermione también tuvo que reprimirse para no suspirar de gusto en cuanto le vio, porque el pijama que se había dejado olvidado Harry, era aquél verde y blanco que tan bien le sentaba. Un pijama que además, tenía un verde igualito al de sus ojos y aquellos ojos siempre le habían encantado a ella.

Él esperó a que ella se metiera en la cama, antes de tumbarse a su lado. Quería ver qué postura cogía ella para poder imitarla.

Ella se puso de lado, al igual que se ponía cuando estaban hechizados con el Glueforte, cosa que Harry agradeció interiormente porque se había acostumbrado a dormir con ella de aquella manera. Además, aquella postura le facilitaba enormemente el poder agarrar su cintura o incluso voltearla hacia él si quería sorprenderla con algún beso repentino. Aunque ahora mismo no sólo tenía ganas de darle uno sino millones.

Pero cuando la vio tumbada de aquella manera con aquél pijama, pudiendo además admirar sus bonitos hombros y parte de su espalda baja, Harry sintió que no sólo eran besos lo que quería darle aquella noche. Porque también se imaginó entregándole lo único que sabía le daría a la chica adecuada para él.

Pero después de que ella le hubiese confesado entre gritos y lágrimas, todo el asunto de Blaise, él dudada de si debía intentarlo si quiera, porque desde luego, aunque no fuese psicólogo profesional, sabía que ella tardaría algún tiempo en poder superarlo. Aunque también tenía clara otra cosa y era que ella lo superaría con su ayuda porque él no estaba dispuesto dejarla pasar por ese trago sola.

- Hermione…- dijo acercándose a ella lo suficiente como para que pudiera hablarle a uno de sus oídos.

- Qué.- contestó ella sin mirarle aún.

- Te amo.

- Lo sé.

- De verdad lo hago y no tengo prisa por hacer el amor contigo. Yo esperaré a que estés preparada para decírmelo y si al final no lo estás nunca, podré aceptarlo. Me conformo con que estés conmigo. Me da igual si nos casamos o no, pero prométeme que siempre estaremos juntos.

- Te lo prometo.

- Gracias…

- A ti, sobre todo por no darte por vencido e intentar recuperarme. Una parte de mí llegó a pensar que te había perdido para siempre.

- Eso nunca.- él la volteó hasta que ella quedó de cara a él.- Escúchame bien, porque sólo lo diré una vez. Antes muerto, que permitirme a mí mismo…el perderte. ¿Me has comprendido?

- Sí Harry, todo.

- Bien.

- Yo también te quiero Harry, y no lo digo por decir.

Él sonrió, diciéndole - Lo sé.- regalándole un beso de película. Ella lo devolvió de igual manera, pero en vez de continuar con más, se acurrucó contra él y cerró los ojos.

Harry no podía sentirse desilusionado con ella, comprendía muy bien que no tuviera ganas de nada más. Después de todo, había tenido un día agotador y no sólo por la pelea de ellos dos.

- Descansa Hermione, estaré aquí cuando despiertes. Siempre lo estaré, mientras tú me quieras contigo, yo no me iré nunca.

Ella volvió a llorar, pero esta vez, Harry sabía que no lo hacía de tristeza precisamente.

- Te quiero Hermione Granger, siempre te querré.

Tras darle otro beso, él se tumbó bocarriba en la cama y seguidamente tiró de ella hasta colocar su cabeza en su pecho pues sabía de sobras que ése era el sitio preferido de Hermione cuando quería esconderse en cierta manera de él, ya que seguía estando a su vista.

Él sintió cómo ella lloraba de forma más sentida pero aún silenciosa y cuando la vio agarrarse a su cintura, no pudo hacer más que susurrarle palabras de amor al oído intentando así, calmarla y transmitirle confianza, tal y como ella había hecho con él otras veces en las que él temía que ella le dejara.

Cuando él sintió que ella se había calmado, apagó la luz y abrazó su espalda con una mano, dejando la otra libre para tirar del edredón y la sábana y poder así taparse, tanto a él como a ella. Seguidamente cerró los ojos y esperó el nuevo día.

Sintiendo que sería aún mejor que el de hoy, que pese a haber tenido algunas cosas malas, había sido estupendo sólo por haber averiguado en el transcurso del mismo, que ella también le amaba, y ese simple pensamiento, le hizo sonreír. Y así fue como él se durmió, con una sonrisa en su rostro y con Hermione entre sus brazos.


(Fin de la primera parte).


Nota de la autora:

¿Qué decís, os ha gustado?. Pues aún queda lo mejor. Ya veréis ya. ;-).

No, no puedo responder a los reviews dentro del cap, ni en esta parte del capítulo, ni en la otra. Primero porque lo prometí, y luego porque no tengo ninguna gana de volver a recibir reviews non-gratos por parte de algunas personas a las que les molesta enormemente que yo dedique esa atención a mis lectores y lectoras dentro de un capítulo. Y no, no está prohibido por la página como ellos y ellas defienden.

A todos los que siempre sois amables y me habéis apoyado desde el principio, tanto a mí como a la historia, os mando un beso fuerte y un gran abrazo. RAkAoMi.

Las gracias las daré al final de la segunda parte del epílogo.