PARA NO OLVIDAR
Capítulo 4: Las pruebas de la existencia
-Kurowarin, ¿porque no te das cuentas de que esta estrategia no funciona? –le pregunta Fye mientras lo ayuda a levantarse del suelo. –Con ese comportamiento tuyo, nadie te va a dejar entrar a ninguna parte.
-¿Ah sí? ¿Tienes alguna idea mejor?
-Las moscas se atraen mejor con miel que con hiel, ¿nunca escuchaste eso?
La contestación de Kurogane es interrumpida por una voz femenina.
-Vaya, vaya… Pero miren quienes volvieron a aparecer.
La mujer de la sonrisa socarrona no es otra que Nakuru, quien observa con satisfacción a los policías que han fallado en otro de sus intentos.
-¿Cómo ha estado señorita Akitsuki? Se la ve radiante hoy…
-Pues bien, ya que anduvimos libres de ustedes por un rato. ¿No tienen cosas que hacer más que estar aquí?
-Pues… tenemos que cumplir con nuestro trabajo. –señala la canasta. –Espero sea comida para nosotros…
-¿Si tienen hambre porqué no piden pìzza?
-Ah… pizza, es rica pero no se compara a la comida casera. -¿Fue usted quién preparo esos ricos panecillos? "Si me hago amigo de ella, pronto nos abrirá la puerta. Será divertido"
-"Este tonto cree que no me doy cuenta de que intenta entrar. Le seguiré el juego por un rato, será divertido". Por supuesto, son mi especialidad,
-¿Y existe posibilidad de volver a probarlos?
-Hum… depende de cómo se porte. No se preocupe, la señora me dio ordenes de prepararles algo a diario.
-Oh, su señora es muy considerada de su parte. Agradézcale sus deferencias hacia mí. Y que disculpe la rudeza de mi compañero. Yo ya le explicado que es inútil todo lo que intente, pero es muy cabeza dura.
-¡Me alegro que por fin se dé cuenta! –ríe Nakuru. –Ahora si me permite, tengo cosas que hacer.
La mujer de larga cabellera castaña desaparece tras los árboles. La cara del policía morocho no le asusta al rubio que sigue sonriendo.
-¿Qué diablos fue todo eso? –masculla Kurogane aún molesto por el golpe.
-Nunca entraremos allí si no tenemos una invitación. Pero en cambio si simplemente abrieran la puerta… pues no estaríamos haciendo nada malo al entrar. Mejor dicho, si entro, porque de ti Kuropin no creo que te vayan a dejar pasar. Ya verás, para la próxima conseguiré su teléfono particular.
-Más te vale que sepas lo que haces…
-Es obvio que te está tratando de sacar información. –murmura dentro de la canasta Spinel. –Cocinas horrible.
-¡Entonces no vengas a asaltar la cocina cuando preparo algo! –responde Nakuru. –Vamos a preparar la cena para Tomoyo, no tardará demasiado en volver.
Tomoyo recibe un libro con la figura de un león en la tapa y letras doradas que anuncian al best seller del año. Al darlo vuelta ve la foto de su amiga, tan sonriente como lo está en este momento que está entregándole el regalo.
-Así que "Luchadoras de leyenda", ¿eh? Oh, me alegro tanto. Siempre tuviste mucho talento para las historias, Naoko.
-Pues bueno, en realidad no podría lograrlo sin ayuda de Hikaru. Es a ella a quien se le ocurrieron esas ideas tan buenas. Yo solamente las pongo en papel.
-Oh, claro que no. Yo solamente empecé a contarles historias a los niños y… -sonríe nerviosa. –Naoko dijo que teníamos que armar en una historia, y al final se publicó.
-¡Y ahora son un éxito! No sé que le pasa a estas chicas, parece que no se tienen fe. –interrumpe Masaru, el hombre de la casa. –Sobre todo a mi hermana, mírela usted señora Hiragizawa, qué poca fe se tiene.
Una niña de trenza castaña jala de la pollera de Naoko.
-Mamá, ¿esa señora es amiga tuya?
-Si, iba a la escuela conmigo cuando era como ustedes.
-Pero es muy joven. –contesta un niño vestido con uniforme de preescolar. -Y tú eres más viejita.
-Si, tienes el pelo con canitas… -responde la hermana.
-¡Niños! –grita el padre al ver la escena.
-Oh, discúlpenlos por favor. –se apura a decir Hikaru. -Los niños dicen lo primero que se les pasa por la cabeza.
-No hay problema. Los niños son tan inocentes, disfrútenlos todo lo que puedan. El tiempo es cruel en su paso y cuando nos damos cuenta, ya se ha ido.
Con disimulo Naoko se acerca a su cuñada.
-Hikaru, a Tomoyo se le murió su esposo y su hijo en un accidente de avión hace muchos años. Sé amable con ella por favor.
La mujer de cabellos rojizos dirige su mirada a la señora de negro. Con paciencia veía los juegos de los chicos, pero quizás esa misma escena la hacía sufrir. Piensa en la discusión con Umi, y su comentario sobre tener sus propios hijos. ¿Habrían podido tener sus propios hijos de haberse podido quedar en Céfiro? Ya nunca lo sabría.
Sus ojos se humedecen, detalle que no pasa desapercibido por la viuda. El hermano, en cambio, deriva la conversación.
-Qué bueno que siendo que no se ven hace tantos años se lleven tan bien.
-¿Cómo no voy a estar feliz de ver una amiga después de todo este tiempo? –responde Naoko.
-Pero tristemente a veces la gente cambia, y aquellos que creíamos conocer ya no es así. –contesta su cuñada.
-Igual a mí me gusta creer que aunque las personas puedan cambiar a lo largo de la vida, siempre queda algo de aquellos que conocimos en el fondo, porque es imposible equivocarse tanto… -responde la mujer de lentes.
-Estoy de acuerdo. –agrega Tomoyo. –Tanto en la amistad como el amor, si es verdadero, es para toda la vida sin lugar a ninguna discusión. No importa el tiempo o la distancia o cuanto la gente cambie. Hay cosas imposibles de borrar del corazón.
-Pero eso no quita que la gente cambie. –agrega Masaru. –Por eso me gustan las fotos de mi familia de niños; Hikaru, mis otros hermanos y yo, por más que quisiéramos ya nunca seremos nuevamente de esa manera. Es imposible volver el tiempo atrás… Si no tuviera esas fotos, creo que ni yo mismo me acordaría.
Watanuki entra a su casa en la pensión, depositando las compras en la mesa. En su cabeza no dejan de girar lo que pasó en el día: la clienta nueva, las sospechas de Doumeki, las palabras de su jefa… Está tan cansado que le gustaría ir y echarse a dormir hasta el día siguiente, pero la malvada de Yuuko lo hizo buscar por todos lados los ingredientes, y ahora se le había hecho tarde para preparar la comida.
Busca en una de las repisas un viejo libro de cocina, y allí se topa con la foto de sus padres. Sin saber porqué insiste, vuelve a pensar en Tomoyo, ¿qué podría ser lo más preciado para ella? Y si el precio era lo más preciado, el deseo debía haber sido importante. La única persona que había pagado con lo más preciado en esa tienda fue Syaoran, quien luchaba por recuperar los recuerdos de la princesa, y cuando ella los recuperara nunca recordaría lo vivido por ambos anteriormente. Debió haber sido algo más que importante tanto el precio como el deseo.
Con cuidado toma el retrato; cuando sacaron esa foto, él era tan chico… ni siquiera lo recuerda. Si no la tuviera, ni siquiera recordaría como lucían exactamente. Pero allí está esa imagen, que aunque se desgaste con el tiempo esos eran ellos, y ese era él, eran la prueba de la existencia que ese momento ocurrió, tal y como la clienta conservaba la foto de su hermana desaparecida. Ojalá hubiera habido algo más: una ropa con su olor, o al menos un video con sus voces y sus gestos, pero lamentablemente nunca había encontrado nada de eso. Dejando el cuadro, agarra el libro de comidas que buscaba y se dispone a empezar su trabajo.
-Hablando de viejas épocas, Yamasaki me habló de un reencuentro de alumnos –agrega Tomoyo. –Me pidió que te avisara si te viera.
El rostro de Naoko cambia rápidamente a un gesto más seco. Vigilando que los niños siguan jugando en el living, responde:
-Discúlpame Tomoyo por lo que voy a decir, pero a ese pueblo del infierno no vuelvo a pisar nunca más. Vas a creer que es superchería, pero ese lugar está maldito, nada prospera. Mi papá tenía dos negocios en la plaza dónde íbamos a comprar los ositos y los dos cerraron. Y así pasó con mucha gente. No es por el pasado… es por el presente que no voy. Y tú Tomoyo, ¿en qué parte de Tokio resides ahora?
-No vivo en Tokio, volví a la casa donde vivía con Eriol.
Un silencio incómodo ocupa la habitación, aún así Naoko lo ignora.
-Pero… ¿De verdad has vuelto allí? ¿Y no te da miedo? Estás en medio de la carretera, viviendo tú sola… ¿no es peligroso?
-Es mi casa, no se me ocurre un lugar donde pueda estar más segura. Por eso evito salir.
-Pues no te pierdes de nada. Tomoeda cambió mucho. Ya no es el pueblito lindo de cuándo éramos chicas. Mucha gente se fue, y la que se quedó vive realmente mal. Yo no sé cuando pasó esto. Primero empezaron a subir las hipotecas… eso fue… Claro, en la misa de los cuarenta y nueve días de Sakura ya me estaba diciendo Yamasaki que no le andaban bien los negocios. A lo mejor él no te dijo nada, pero fue por eso que peleó con Chiharu, por dinero. Y después de eso vino todo cada vez peor… sí, más o menos para la época que fallecieron ellos.
-Cariño, por favor… -la reprende su esposo.
-Perdona, Sakura era tu mejor amiga, ¿te molesta que hable de esto?
-No. No. Yo estuve mucho tiempo fuera y la verdad me interesa saber que pasó. Por lo pronto estoy tratando de ayudar un poco con el dinero de mis empresas. Sería lindo que Tomoeda recuperar aunque sea un poco de su antiguo esplendor, aunque no sea más que un homenaje a aquella época.
Naoko la mira con dulzura, y tomando sus manos le dice:
-Ay, que buena que eres Tomoyo. Con todo lo que te ha pasado… otra se hubiera ido a darse la gran vida o se hubiera encerrado sin que nada le importara.
-¿Y qué ganaría con ello? No sé si ustedes saben, pero a mi ya no me queda más familia. El día que mi esposo falleció le juré a su memoria que si hay algo que esté a mi alcance hacer, no dejaré de ningún modo de hacerlo. Estoy en una buena posición económica, y buena parte de mi tiempo disponible. ¿Por qué no hacerlo?
-Ten por seguro que un día recibirás la recompensa por tu buen corazón, querida amiga.
Hikaru observa a la viuda llevarse la mano del anillo al corazón, su mente vuelve a compararla con el extraño nerviosismo de Umi al sacar la alianza de la cartera. Dos mujeres tan parecidas en posibilidades, y tan distintas en ver la vida. No le parece que ni ella ni su amiga hubieran sufrido ni una pizca de lo que Tomoyo, por eso no tendrían derecho a quejarse de su suerte que, aunque amarga, no podía ser tan difícil como la de aquella mujer.
-Señora Hiragizawa, no sé si usted es muy creyente pero veo cuanto sufrimiento ha soportado, así que solamente piense en que tu hijo está en un lugar mejor que este.
Tomoyo abre sus grandes ojos, y con serenidad toma un sorbo de café.
-Si, pienso en eso todos los días, y es lo único que me da paz.
Tomoyo se incorpora con las pocas fuerzas que aún conserva, reteniendo a la bruja en la puerta del jardín..
- Eriol me dijo antes de morir que tú fuiste la encargada de enviar al hijo de Sakura a empezar su viaje. Ya que debo separarme de ellos, pues quiero que envíes a Mamoru y a Yukiko con ellos.
-Entonces, si te dijo eso también te dijo cual fue el precio que pagaron.
Tomoyo asiente.
-Pagaré con lo que sea, no me importa si es mi vida.
-Si puedes sacrificarla es porque no te importa lo suficiente... Incluso aunque lo aceptase, no te alcanzaría. Fueron dos vidas por una sola persona, contigo ni siquiera completas un viaje.
Tomoyo eleva la vista hacia el cielo estrellado, sintiéndose el ser más limitado del mundo. Ahora, como antes, es incapaz de salvar la vida de los que ama. Pero Yuuko ya ha pensado en todo. Porque la chance de que ese niño pueda hacer algo es mínima, pero es más que cero y a veces, eso lo es todo.
-…Tal vez no puedas ir viajando por otros mundos, pero puedo enviarte a un lugar en donde tampoco irán a buscarte. ¿Quieres que tu hijo pueda cumplir con su destino?
-Si, eso quiero. Pero no tengo nada que dar…Si no es mi vida, ¿qué puedo ofrecer?
Los ojos escarlata de bruja centellean en la noche:
-En es caso, por este deseo el precio que pagues es un poco menor pero aún así es muy alto. El precio que pagues será equivalente a arrancarte el corazón.Chiharu se levanta para traer un café mientras que su marido se lleva a los chicos a dormir. Antes se despiden de su tía con un abrazo, y luego salen corriendo a su cuarto. Tomoyo pregunta:
-Hikaru, usted parece ser una persona muy cariñosa con los niños, y ellos con usted.
-Si… Me encantan, si pudiera tendría mil.
-¿Y aún así no se ha casado? Me cuesta creer que una persona tan dulce como usted le cueste encontrar a alguien. Sin embargo, por la forma en que me ha estado mirando creo que también ha tenido una gran pérdida.
La mujer de pelo rojo se sorprendió; al parecer la viuda intuye algo.
-Pues sí, pero en mi caso no es alguien que ha muerto…
-¿Entonces está muy lejos, verdad?
-Sí. Todos dicen que no debo perseguir ilusiones del pasado, que debo continuar con mi vida. Pero aunque no pueda ver a esa persona, siempre llevo su recuerdo en mi corazón. Y tengo la esperanza de que algún día nos podamos volver a encontrar…
En el castillo de Céfiro…
-Mamoru. Ven aquí. Quiero hablarte de algo.
Lantis obliga al muchacho a que lo siga hasta uno de los rincones del castillo. El muchacho de ojos amatista se siente asustado; su maestro no suele llamarlo si no es para corregirlo.
-Ma-maestro… ¿qué necesita? –pregunta, haciendo una reverencia.
Lantis abre la mano del muchacho y pone en ella un collar.
-Abrela.
-Si-si.
Dentro del medallón se encuentra la foto de una mujer de cabellos de color fuego. Mamoru nota que se trata de una adolescente, pero el color del papel indica que fue tomada hace cierto tiempo.
-Pronto volverás al Mundo Místico. Cuando estés allí quiero que le entregues a esta mujer esto y que le digas algo.
-¿Qué?
-Dile que yo tampoco he olvidado.
-Está bien... ¿Dónde vive?
-No sé.
-¿¡Cómo que no sabe!? Quiero decir… es muy difícil encontrar a alguien sin su dirección.
-Pues, según sé suele estar en un lugar llamado La Torre de Tokio.
-Ah... entonces. ¡Un momento! ¡La Torre de Tokio es enorme! ¿Cómo voy a hacer para…?
Mamoru se frena en seco; sin darse cuenta está contradiciendo a su maestro y a Lantis no le gusta en absoluto eso. Sin embargo, el caballero negro no le presta atención a la reacción del joven, parece más interesado en lo que se pregunta.
-Dime Mamoru… ¿alguna vez te has separado de alguien que fuera muy importante para ti? ¿Alguien que extrañes más que a nadie?
-Bueno, muchas veces pienso en mi papá, murió cuando era chico.
-Pero murió… para bien o mal su alma siguió un camino. Me refiero a alguien que fuera más importante que cualquiera y sin embargo, nunca se lo has demostrado lo suficiente.
El chico baja la mirada, recordando el día en que su madre decidió que debía alejarse de su lado e ir a Céfiro. Era verdad que la extrañaba mucho, pero con el tiempo se había acostumbrado a no depender de ella. Sin embargo, él tuvo la suerte de poder irse con Yukiko, lo cual aumentó el precio que su madre le pagó a la Bruja de las Dimensiones. Luego responde:
-No… pero imagino que ha de ser terrible.
-Memoriza bien la foto. Así si la ves repentinamente estarás seguro de que es ella.
Después de un rato más, Tomoyo se despide de Naoko y su familia. Antes de entrar al auto rentado, le da un abrazo a su vieja compañera y un consejo a la mujer de pelo rojo.
-¿Sabe qué señorita Hikaru? No importa lo que digan los demás, no renuncie a ese deseo. Una vez alguien me dijo que lo único importante para volver un deseo realidad es la intensidad con la que deseamos, y he puesto mi empeño en qué así sea…
-Está bien…
-Tomoyo, no te pierdas. –le pide Naoko.
-¡Es verdad! ¡Haremos alguna actividad entretenida! –exclama Hikaru. –Y quizás podamos seguir conversando.
Tomoyo asiente, y sin más gesto que una reverencia, se dirige al auto que pidió fuese a buscarla. Ella levanta su vista al cielo; la luna se alza en su punto más alto. Al pasar por las calles se da cuenta que está cerca del barrio en que se encuentra la tienda. Ojala pudiera hablar nuevamente con Watanuki antes del inicio del Obon, y con ese pensamiento se dirige de nuevo a su mansión en Tomoeda. "Sólo una noche más", piensa. Cierra los ojos y se refugia en su mundo, el de los recuerdos.
-Dime, Tomoyo… ¿son para ti importantes los recuerdos?
-Claro que sí. –la mujer se sonríe. –Son lo único que queda de los momentos felices. Tengo toda una colección de recuerdos…
-¿Y los tienes bien memorizados?
-Pues… tengo en una caja todas las filmaciones de Sakura y en otra los objetos. De ese modo no he perdido detalle. Y además tengo un álbum de fotos, tengo fotos desde que Sakura y yo éramos niñas… y otro álbum dedicado a mi boda y…
-¿Y recuerdas bien que cosas tienes guardadas?
-Si, tengo un listado, pero en realidad si pienso un poco no lo necesito. Tengo todo en cajas de colores, pero siempre las estoy mirando así que…
De repente, la mujer de ojos amatistas enmudece.
-Ya veo. Me quitarás mis recuerdos, ¿no es verdad?
-No puedo quitarte tus recuerdos… porque eres la única testigo que sabe lo suficiente. Llegará el momento en que necesites de ellos, alguien debe poder contar tu historia cuando sea el momento necesario. Pero del algún modo debe pagarse el precio…si estás tan segura de ellos, deberás prescindir de cualquier sostén material. -El cabello de la bruja brilla tanto como el aura de la luna sobre sus espaldas, antes de dar el precio final. –Te recuerdo que aún estás a tiempo de retractarte.
-No, no volveré atrás.
-En ese caso… Mamoru Hiragizawa y Yukiko Mitsuki… Dos almas, dos personas queridas. Lo que atesores de tus dos personas más queridas… ese será el precio.
El coche estaciona frente a la mansión Hiragizawa. Con paso cansado, Tomoyo entra en la casa, sin siquiera preocuparse por la policía. Cuando llega al salón, se quita los zapatos con molestia al tiempo que se recuesta sobre el sofá. Nakuru aparece para preguntarle cómo le había ido y si desea cenar, ella se niega. "Pero tal vez una copa de vino estaría bien", agrega; la comida le había caído un poco pesada pero no podía decir nada para no desairear a Naoko. Se desabrocha unos botones de su blusa negra, los días de calor del verano se hacen sentir porque incluso de noche el clima está pesado. Mira el libro que le había regalado su amiga y comienza a leer a hojas salteadas: es sobre magia, viajes a otros mundos, hechos predestinadamente fatales… Rápidamente lo deja; leer no sirve si no te distrae de la vida cotidiana.
Cierra los ojos de cansancio, pese a que odia dormir. Para mucha gente dormir significa cumplir ficticiamente algún anhelo del inconsciente, otras que tienen percepción sobenatural reciben así sus visiones sobre el futuro. También puede que crucen a otro mundo donde encuentran a las personas que ya no están en la Tierra. A lo sumo viene algún recuerdo de su antigua vida, aquella en que iba con Sakura y los niños a la tienda de compras, para luego volver y cenar en su casa con Eriol y Shaoran que se quejaban siempre de cuánto se habían demorado. Pero esto suele ocurrir muy de vez en cuando.
Prefiere entonces, no dormir sino soñar despierta. La pesadez del clima y el vino ayudan bastante a eso. Enciende la radio, a esa hora pasan esas canciones tan raras…
Me ni utsuru no ga warui yume nara /Si los malos sueños se reflejan en mis ojos
me wo tsuburu no wa warui kuse na no /es porque tengo la mala costumbre de cerrarlos Entonces de a poco se le figura la presencia de Eriol, tal como solía pararse frente a la ventana… con su silueta alta y delgada, luciendo alguno de sus sacos largos, ofreciendo su siempre misteriosa sonrisa. Y tanto así que juraría que es él mismo quien está parado allí.
El hombre se da vuelta y le habla, acomodándose los lentes.
-No, mi querida Tomoyo, en realidad eres tú misma pensando en Eriol.
Kyouoshii dareka no namae kuchi zusamu/ Susurro para mi el nombre de ese alguien, es enloquecedor
Nante suteki na Kono yo wa yume da Anata to yume de aeru/ Que maravilloso, este mundo es un sueño, y en un sueño puedo encontrarte
Eriol tiende su mano, sacándola a bailar. Su cuerpo se vuelve liviano, y se mueve de manera acompasada con la música, borracha más de nostalgia que del alcohol. Gira y
gira alrededor del salón, como si diera un gran show para un único espectador.
Los párpados se le cierran por momentos, pero la mirada de Eriol la obliga a mantenerse atenta, tal como lo había hecho siempre. Nunca precisó explicarle que era lo que quería o dejaba de querer con ninguna palabra, simplemente con mirarla ella entendía. Su mirada se vuelve extraña, como las de aquellas veces. Sólo faltaría que se sacara los lentes, pero no, sus ojos recorren sus mejillas, sus orejas y lo poco que la blusa deja entrever de su cuello. Y aunque su boca estaba tan cerca de su piel, nunca alcanza a tocarla. Ella se vuelve a recostar sobre el sillón, sin que él se aparte, sin que él la sostenga.
Itoshii… anata wo omoi yami kakeru/ Qué adorable… pensamientos te corren en la oscuridad
Tobira ga hiraku Sekai ga hiraku/ La puerta se abre, el mundo se abre
Kono yo ni ikita akashi /es la prueba de que he vivido en este mundo.
Ella intenta poner distancia entre ambos, asfixiada por el calor a su alrededor y el de su propio cuerpo.
-¿Por qué me haces esto?
-No, querida Tomoyo. Yo no estoy haciendo nada, son tus propios deseos haciéndose presente.
-Pero… si eres un producto de mi mente, entonces ¿no deberías obedecerme si te pido "detente"?
-No querida, no es tu mente la que entra en contradicción, son tus propios pudores. Pero la fuerza del deseo siempre puede más, porque sólo puedes negar los deseos concientes. El resto depende de ti, y al mismo tiempo no. Qué interesante contradicción…
Tomoyo está a punto de pedirle una explicación, pero el ring ring del teléfono la interrumpe.
-¿No contestas?
Usu beni midarete Manatsu no yo no yume yume/ Rojo pálido que se esfuma, entre sueños, sueños de una noche de verano
De repente, el corazón le pega un vuelco. Estaba allí en la habitación completamente sola, finalmente se había despertado del ensueño en el que se había sumergido. Lo único real era el sonido del teléfono sonando constantemente. Aún turbada, ella contesta.
-Residencia Hiragizawa.
-¿Señora Tomoyo? Soy yo… Kimihiro Watanuki. ¿Se acuerda de mí?
-Claro que me acuerdo de ti, Kimihiro. –contesta ella incorporándose en el sillón, mientras se arregla la ropa. –¿Cómo me preguntas eso?
-Bueno… es una forma de decir. Perdona que la llame tan tarde, pero usted dijo que podía preguntarle cualquier cosa, ¿verdad? Porque estuve pensando en algo que usted dijo…
-Espera, lo que vas a preguntarme es serio, ¿verdad? –su viste se dirige hacia la ventana. La oscuridad de la noche no permite ver nada, pero no por eso olvida la vigilancia. ¿Y si intervinieron los teléfonos, y la policía está escuchando? El Licenciado Lamperougue le había dejado un número con línea imposible de rastrear. En ese momento ella lo miró con extrañeza; a veces su abogado parecía más delincuente que en un letrado, o quizás la diferencia no era tan grande después de todo. Pero fue el mismo Eriol el que lo había dejado a cargo, así que no podía poner en duda su competencia o su confianza y los policías están realmente obsesionados con averiguar algo; cualquier prevención es poca.
-Corta. Yo te llamo enseguida.
Sin entender mucho, Watanuki hace caso a lo que pide Tomoyo. Al rato suena su propio teléfono.
-Ahora podemos hablar. ¿Qué me estabas por decir, Kimihiro?
-Es que… vi un diario viejo que hablaba del accidente de su esposo. Pero decía que su hijo también había muerto, y usted me dijo que estudiaba en el extranjero. ¿Por qué me mintió?
-Yo no te mentí, Kimihiro. –su relato se corta un instante. –Es que… la verdad nadie sabe donde está mi hijo, ni siquiera yo. Él está bien… pero tuve que enviarlo lejos porque aquí hay personas que quieren hacerle daño. ¿La señorita Yuuko no te lo dijo?
-No, dijo que yo debía preguntárselo a usted a ver qué me respondía.
-Pues esa es la verdad. No veo a mi hijo hace años y no está en este mundo, pero no porque haya muerto. Yo hice un trato con Yuuko para mantenerlo a salvo. En realidad no fue mi intención hacerles creer que estaba muerto, pero de algún modo todo coincidió con la muerte de mi esposo, y creí que sería lo mejor dada las circunstancias. Pero nunca tuve intenciones de engañarte a ti, Kimihiro.
Watanuki hace unos segundos de silencio al otro lado del tubo; se siente mal por haber desconfiado de la señora que tan amable había sido con él. "Todo por culpa del tonto de Doumeki, que me metió ideas en la cabeza, pero también es mi culpa por hacerle caso", se reprocha. Pero había otra cosa que aún no le había explicado.
-Señora, ¿porque me estaba mirando ese día a la salida del colegio?
-Porque me recuerdas a alguien…
-A su hijo…
-En parte. Pero la verdad no sé como es ahora, ojala se parezca a ti.
-Entonces… a su esposo.
-Un poco. Te le pareces mucho a cuando era joven…
Esas palabras le recordaron a algo que dijo Mokona una vez. "Te pareces mucho a él". Después comprendió que se referían al mago Clow Reed, alias "cuatro ojos" como le dice Yuuko. A Watanuki se le hace extraño que cómo él podía parecerse a dos personas distintas.
-…pero no te lo dije porque quizás te hacía sentir incómodo. Mi esposo decía que las comparaciones no eran buenas, él odiaba que lo compararan así que aprendí a no hacerlo. Más allá de cualquier similitud, yo fui a conocerte a ti.
Esta vez el que queda sin reacción es Watanuki, luego de unos momentos contesta:
-Perdóneme, señora, la estoy molestando con preguntas… ha de estar cansada.
-En realidad no tengo sueño, ¿qué estás haciendo tú?
-Preparo un budín inglés para Yuuko. Últimamente se le da por pedirme postres ingleses, pero este es difícil. No sé que se creen, que sé cocinarlo todo… Para mañana quiere pastel de peras, ciruelas y moras. ¡Con lo que me costó conseguir los ingredientes!
-He vivido muchos años en Inglaterra y conozco bastante de cocina. Quizás pueda irte guiando un poco, ¿por donde vas?
-Ya tengo lista la tarta, pero me queda demasiado denso el relleno…
-Ponle un poco de licor, pero tiene que ser dulce o no va a pegar con el almíbar. No se hace agua, lo absorbe la fruta. Después vas a tener que darle bastante frío o no se va a poder servir… ¿Qué más tienes que hacer?
-Crema Chantilly con fresas… siempre me queda pesada la crema, y aún no empecé.
-El secreto es el azúcar batido… si quieres te voy indicando mientras lo preparas.
-Pero… ¿cuánto se va a gastar de teléfono? Además, ya es tarde…
-No importa la cuenta. Y cómo dije, no tengo sueño. Más deberías preocuparte tú que debes ir a la escuela mañana. Si vamos hablando se pasa más rápido el tiempo…
-De acuerdo, ¿de qué le gustaría hablar?
-No sé. Hagamos algo, yo te pregunto algo y tú me preguntas algo. Un intercambio justo, como diría la señorita Yuuko. ¿Qué te parece?
-Muy bien, empiece usted.
-Bien, ¿qué hiciste en el día?
-Fui a la escuela, después a la tienda. Tenemos un nuevo caso, una mujer que busca a su hermana desaparecida. ¿Y usted?
-Me encontré con un compañero de la escuela, y luego fui a ver a otra que vive en Tokio. Escribe libros… ¿a ti te gusta leer?
Esa mañana, el sol asoma temprano sobre las colinas de Tomoeda, haciendo sentir el calor del verano desde las primeras horas. Aprovechando el último fresco, Nakuru trabaja en la cocina, bajo la atenta supervisión de Spinnel que levanta sus orejas al ver que se trata de una canasta de manju.
-¿Por qué les preparas comida a esos metidos? Deberías dejar que se aburran y se vayan.
-Suppy, Tomoyo pidió específicamente que la dejáramos sola hoy, siendo la noche del inicio del Obon. No sé que está preparando, pero la verdad no deja de preocuparme.
-Nakuru…
-Esta tarde nos iremos, y los únicos que se quedarán aquí son los policías. Por irónico que parezca, no nos conviene correrlos.
-Pero la casa está protegida por los poderes del amo Eriol. Él nunca hubiera dejado que le pasara algo a Tomoyo...
-Spinel, aunque nos duela, el amo Eriol está muerto. No importa cuanto pueda haber estudiado Tomoyo en Hong Kong o cuanto trabaje en sus planes, temo que parte o todo de este implica de algún modo que se exponga al peligro.
-Sabe bien que no puede entrar aquí. A mi jefa no le gustaría…
-¿Y cómo vamos a hablar con una reja de por medio? Si no puedo entrar, ¿por qué no sale usted?
-Voy a hacer eso, estoy por ir al mercado. ¿Está solo?
-Si, mi compañero aún no llega. Tengo todo este rato para conversar con usted… -responde él, guiñándole un ojo.
-Pero yo ya me voy. Tengo que preparar cosas para las festividades del Obon en el templo de Tomoeda.
-Ah, es cierto… supe que su jefa había comprado un templo. Me pareció una elección rara, habiendo tantas otras propiedades disponibles. Debe de tener en ese lugar un interés muy particular.
-La señora Tomoyo es una persona muy particular. Imagínese que darle comida a la persona que la está vigilando para acusarla. –contesta con astucia.
-Yo solamente hago mi trabajo. –sonríe el hombre de cabello rubio. –Como usted hace el suyo. Aunque después de tantos años trabajando para la misma persona, imagino la unirá un vínculo personal…
-¡Me alegro que se dé cuenta, detective! –fingiendo despreocupación le entrega un paquete. –Tenga, su comida del día.
Fye abre el pañuelo que envuelve la canasta, y con sorpresa se encuentra una tarjeta con el número personal de Nakuru.
-¿Eh? Esto es…
La alegría del rubio contrasta con el tono serio de la mujer con poder de luna.
-No sé si debería decirle esto, pero como de todos modos va a estar fisgoneando… La señora Tomoyo se quedará sola esta noche. Y ya que de todos modos hará su trabajo… ¿podría avisarme si ocurre algo?
-¿Y qué podría ocurrir que usted quisiera saber y dejara que yo me enterase? –pregunta el policía.
-Algo imprevisto. No sé, cualquier cosa. –La mirada de Nakuru se ensombrece de un modo muy poco frecuente en ella. -Nunca antes había dejado a Tomoyo por tanto tiempo… Desde que se quedó viuda, he cuidado permanentemente de ella. Pero ella mismo dio la orden de quedarse sola. Me preocupa que le ocurra algo. Si lo hace, le haré manju durante toda una semana… ¿Tenemos un trato? –pregunta, recuperando su gesto habitual.
Dándole una mordida a uno de los panecillos blancos, Flowright responde.
-Claro. ¿Por qué no?
Varias horas más tarde, Tomoyo despierta en su habitación. Había estado hasta tarde hablando con Watanuki la noche anterior y se había quedado dormida con el teléfono del otro lado de la cama. Aunque hacía casi diez años que Eriol había muerto, seguía conservando su espacio en el lecho sin sobrepasarse ni un centímetro, aunque se moviera durante el sueño. Sin siquiera ponerse las pantuflas se levanta para observar por la ventana y cómo era de esperarse está allí la policía. Se va tornando fastidiosa esa situación, cada vez que mira al auto sabe que está aquel hombre de ojos penetrantes e intenciones poco amables. Incluso podría jurar que sentía su mirada en ese mismo momento, estudiando sus movimientos, tratando de saberlo todo de ella.
Se vuelve sobre su ropero a cubrirse con su bata. La idea de estar desnuda ante un extraño, y sobre todo ese extraño alteraba su tranquilidad de un modo muy particular. Quizás Lamperougue tuviera razón y les debía poner una demanda y punto. O a lo mejor mover un poco su influencia ante el Prefecto Imonoyama, después de todo un miembro del CLAMP Campus como lo fue ella, lo es para toda la vida así que no podría negarse. Al instante se reprocha ese pensamiento; debería estar usando su cabeza para pensar en cosas más productivas hasta la llegada del Obón, enfocándose en su plan para no cometer ningún error.
El día anterior había deseado que Watanuki se comunicara con ella y eso se había cumplido, así que es posible que su deseo del día de hoy se cumpla también. Eso la llena de satisfacción. Hoy, como ayer y anteayer, es un día para recordar los tiempos pasados. Pero, si todo sale bien, será un día que deje una marca por sí mismo. Un verdadero día para no olvidar jamás.
18 de octubre de 2009
¡Hola a todos, qué alegría verlos tan pronto!
Ante todo quiero agradecer a todos aquellos que me han dejado mensajes en los diferentes sitios y decirles que tengo en cuenta todas sus sugerencias. Para aquellos que me han dicho que se pierden o no conocen a todos los personajes que aparecen de distintos crossovers, pueden ver en mi blog Making the fic un resumen que puse sobre los personajes secundarios que aparecen. Cabe aclarar que a diferencia de otras historias, ningún personaje será inventado por mí excepto Mamoru (el hijo de Tomoyo) y Yukiko, cuya imagen pueden ver también en LJ y en blog. Con respecto a la canción que escucha Tomoyo en la radio, se trata de Kagerou, el segundo ED de XXXHolic que si no conocen o no recuerdan pueden escucharlo en la versión del capítulo publicado en mi LJ (busquen la dirección en mi profile)
La razón por la que decidí colocarla fue porque esta escena es una de las primeras que pensé para la historia, en el ya pasado verano y porque la música fue una de las inspiraciones para el clima general de la historia.
¡Por fin pude develar el secreto del título y el motivo sobre el cual gira el fic. Esta historia comencé a armarla hace un año, cuando creíamos en el manga de Tsubasa que Sakura y Shaoran habían muerto por hacer vivir a Watanuki. Mi mente (además de estar en shock, Sakura muerta, ¡por Dios!) empezó a trabajar sobre cómo reaccionaría Tomoyo si algo así ocurriera, sabiendo lo apegada que fue toda su vida a Sakura. Considerando todas las cosas que hacía para ella, imagínense cuanto debe haber sufrido al entregar todas sus posesiones, quedándose sólo con el recuerdo. Así como en Tsubasa el olvido de Sakura es el motivo del viaje, los recuerdos son el motivo de la vuelta de Tomoyo. ¿Vieron que pese a todo, sigue teniendo coherencia con Holic?
No tengo mucho que aclarar esta vez, ahora sí, un capítulo sólo y termina esta historia (aunque no sea el definitivo). Espero con ello poder dedicarme a otras historias que ya llevan mucha demora y a su vez dedicarme a trabajar en la versión en inglés de Nueva Infancia, para poder sacar su continuación, es decir esta historia.
Saludos a todos.
Vicky Yun Kamiya
