Pasaron varios meses bastante plácidos en la Sociedad de Almas

– ¿Estás despierto?

– …

– ¿Me oyes?

– …

– ¿No?... ¿Y ahora?

– …

– ¿Mejor?

– …

– ¿Me vas a hacer caso?

– …

– ¿Seguro?

– …

– ¿Quieres que hablemos de…?

– …

– ¿Qué te pasa?

– …

– ¿Te he hecho algo?

– …

– ¿Entonces… porqué estás así conmigo?

– …

– ¡¿Qué?!

– …

– ¿Te aburro? ¿Qué pasa? ¿No quieres seguir con esto?

– …

– ¿Crees que me importa?

– …

– ¿Qué clase de actitud es esa?

– …

– ¿Crees que así cambiarás el mundo?

– …

– ¿Sentado en ese puto sofá todo el día?

– …

– ¿Cruzado de brazos como si la cosa no fuera contigo?

– …

– ¿Realmente eres tan idiota o sólo te lo haces?

– …

– ¿Pero quién te crees que soy? ¿Tu puta?

– …

– ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que sí?! ¡¿Quién mierda te crees?! ¡¿Cómo te atreves?!

– …

– ¿Quieres guerra?

– …

– Puto teléfono… ¿Sí, quién es?

Cariño, ¿estás lista?

– Tardo… 10 minutos…

Eso mismo dijiste hace media hora. ¿Qué hacías?

– Er... Nada, sólo estaba…

Da igual. 10 minutos y estoy ahí, que no hay mucho sitio donde aparcar.

– De acuerdo.

Le echó una mirada furtiva al espejo. ¿Realmente se estaba volviendo tan loca?