¿Por qué?

¿Por qué me temes?

¿Por qué te inquietas?

¿Por qué me etiquetas?

¿Por qué me defines?

¿Por qué?

Porque no sigo tus criterios que ni siquiera son tuyos.

Porque soy peligroso.

Peligroso porque vivo.

Peligroso porque pienso.

Peligroso porque respiro.

Porque río, porque lloro.

Peligroso porque siento.

Porque no nací oveja y tampoco nací borrego.

Porque nací cabra. Rebelde. Con cuernos.

Nací salmón y venzo la corriente mientras que a ti te arrastra sin remedio.

Y me temes.

Me temes porque donde tú ves negro yo veo un abismo.

Más profundo que el mar, más profundo que el infierno, más alto que el cielo.

Me temes porque tú dices blanco y yo veo el paño de hipocresía que te hace ciego.

Me temes porque mis lágrimas son lágrimas de tinta que inventan mundos que te quedan lejos.

Y pinto ideas.

Y pinto cielos

Y cambio los colores, las formas, los acentos.

Miedo. Miedo. Miedo.

Miedo al pájaro que vuela.

Muy alto. Sobre tu cabeza.

Lejos de la jaula. Lejos de su encierro.

Y canto.

Y conjuro la aurora de un mañana nuevo.

Miedo al mosquito. Pequeño, ruin, traicionero.

Que mi voz es el zumbido que amenaza con despertar a un mundo que tú quieres dormido.

Miedo. Miedo. Miedo.

Miedo porque hablo. Miedo porque callo.

Miedo porque grito y porque susurro.

Porque me muevo. Porque estoy quieto.

Miedo. Miedo. Miedo.

Porque te conozco y te hago necio.

Porque te desnudo cuando te veo.

Porque te hago débil cuando te hablo.

Me tienes miedo, miedo, miedo.

Me creías ciego. Me creías sordo. Me creías mudo.

Pero hablo. Y oigo. Y veo.

Tenías voz. Tenías oído. Tenías ojos.

Pero estás mudo. Y sordo. Y ciego.

Me creías muerto y ahora vivo.

Te creías vivo y estás muerto.

Dime ahora, amigo mío:

¿Quién dices que está cuerdo?

Porque me temes, me llamas:

"¡Loco! ¡¡Loco!! ¡¡¡Loco!!!"

Me tienes miedo y lo gritas en las plazas.

"¡Loco! ¡¡Loco!! ¡¡¡Loco!!!"

Repítelo cuanto quieras.

Escríbelo.

Proclámalo cual pregonero.

En las plazas y en las puertas de la ciudad.

Fustígame. Quémame. Lapídame.

Cuélgame de la horca o clávame en el madero.

Y tatúame en el pecho:

"Este hombre murió porque no estaba cuerdo"

Hazme mártir. Mártir de la locura.

Mártir de tu locura.

Y que el mundo me señale con el dedo.

Esa humanidad dormida, se levante y diga:

"Este hombre murió porque no estaba cuerdo"

Hazme mártir. Mártir de la cordura.

Mártir de tu cordura.

Que si tú eres el cuerdo, yo no quiero tu cordura.