Advertencia: esta historia contiene temas de bullying, racismo, ansiedad, depresión, ideas suicidas, culpa, remordimiento y un estudio de la sociedad, por lo que no está recomendado para gente sensible o quienes no quieran leer sobre estos temas.

Boku no Hero Academia le pertenece a Kohei Horikoshi y a Shonen Jump, lo único que me pertenece es esta historia.


Izuku Midoriya estaba harto.

Toda su vida había querido ser un héroe, ayudar a los demás y hacer del mundo algo mejor… Su deseo no era tener fama, fortuna o ganar constantemente, simplemente era evitar que otras personas estuvieran en problemas o sufrieran… Pero, tras una serie de eventos que ocurrieron el mismo día, se dio cuenta que ese sueño era imposible.

Como siempre, en clase le trataban con burlas, críticas, odio, rechazo, indiferencia y apatía… Debido a que su maestro no fue discreto, y reveló que él quería ir a Yuuei, la mejor escuela de héroes del país, hizo que casi toda su clase se fuera en su contra.

Salvo por unas tres personas que no se rieron de él (pero que tampoco hicieron nada para defenderle), fue el hazmerreír en aquel día.

Su antiguo mejor amigo de la infancia, Katsuki Bakugo, le rompió el escritorio a base de explosiones, quemó y tiró su libreta número trece de "Análisis de Héroes" a una piscina con peces, le quemó el hombro nuevamente usando las explosiones… Y le dijo que se arrojara de una terraza, rogando a los dioses para tener una individualidad en su próxima vida.

Para colmo, mientras regresaba a casa, fue atacado por un villano hecho de baba, solo para ser salvado por All Might, su héroe favorito desde la infancia, lo cual le llevó a agarrarse a su pierna y terminar en un rascacielos con él, descubriendo su secreto (el cuál se juró que nunca revelaría, sin importar lo que pasara), y, tras preguntarle si podía ser un héroe sin ninguna individualidad, All Might le dijo que no, y que podría trabajar como un policía si quería seguir ayudando a la gente, debido a que tenía que soñar de manera realista.

Al bajar del edificio y regresar a casa, se encontró con la dura realidad de que el villano había escapado por su culpa, y que estaba poseyendo a Katsuki… Sin pensarlo, corrió hacia el lugar y atacó al villano con lo que pudo, lo cual, sin saberlo, motivaría a All Might a usar su poder un poco más para derrotarle y salvar el día.

Los héroes le regañaron por no tener individualidad, mientras que Katsuki recibió halagos por haber peleado, aunque sea un poco.

Tras irse del lugar y querer llegar tranquilamente a casa, Katsuki se apareció en su camino nuevamente.

Y estaba muy, muy encolerizado.

— ¿Cómo te atreves a ayudarme, estúpido Deku? — Gritó a todo pulmón mientras tomaba a Izuku del cuello de su uniforme. — ¡Nunca necesité tu ayuda, y no te debo absolutamente nada! De igual manera, no creas que por haberme ayudado volveremos a ser amigos, ¿es que eres un masoquista o algo así? —

Sucumbiendo a su ira, le dio un puñetazo en el brazo, para luego tomarlo y lanzarlo hacia otra calle aledaña, donde no había tráfico y nadie los vería. Cuando se aseguró de estar camuflado, le dio su característico derechazo en la nariz, rompiéndosela y haciéndole caer al piso, para luego darle un par de patadas en el estómago, y finalmente, agarrando su cabeza, para darle un último mensaje.

— Recuerda esto, DEKU… A nadie le importas, nadie quiere darte amistad, no tienes individualidad y no podrás ser un héroe nunca. De hecho, nadie te extrañaría, debido a lo patético que eres. Así que, apártate de mi camino, no entres a Yuuei, ¡Y NO VUELVAS A DAR A ENTENDER QUE ERES MEJOR QUE YO! —

Al terminar su frase, le dio una cachetada, lo cual le hizo caer atrás de una pila de basura, para luego irse furioso… Sin saberlo, esa acción causaría una divergencia en el universo, que cambiaría todo lo que él conocía.

En la mayoría de realidades, All Might encontró a Izuku en la calle principal, pero, al estar en un callejón estrecho, camuflado por bolsas de basura, y casi inconsciente por la brutal paliza, el Símbolo de la Paz decidió buscarlo en otros lugares por un par de horas, hasta que decidió ir a descansar para continuar con la búsqueda el día siguiente.

Lo que ni Katsuki, ni All Might se imaginaban… Es que no habría un mañana para Izuku.

En total, fueron diez años de bullying y conflictos, el no tener un padre que le apoye, el ver que perdió a su mejor amigo por no tener individualidad, el hecho de que ni su madre, o el ídolo de su infancia, creyeran en él… Al parecer, los eventos que vivió en ese día fueron la gota que derramó el vaso.

Al levantarse y ver la hora, vio que faltaba poco para anochecer, por lo que se levantó, aguantando las lágrimas, sabiendo lo que tenía que hacer.

Si era un cáncer, que sacaba lo peor de las personas, hacía que todos le odiaran y mandaran a la basura, por lo que nadie le aceptaría siendo el mismo… Tenía que ser erradicado de raíz, era lo correcto.

Al menos podría tener paz tras una vida llena de tormento y abuso.

Encontró una tienda de artículos generales, cuyo edificio tenía una terraza donde se podía ver el horizonte de la ciudad por tan solo quinientos yenes la hora, por lo que Izuku pagó el precio para que le dejaran estar allí al menos un par de horas (el tiempo que faltaba para cerrar).

Fue ahí cuando tomó su libreta y escribió sus últimas palabras. Le agradeció a su madre todo lo que hizo por él, por todo el cariño que le dio a pesar de las dificultades de la vida que tuvieron, le pidió perdón por lo que estaba a punto de hacer, y le dijo que siguiera adelante, ya que sabía que era una mujer fuerte.

También le agradeció a All Might, por haberle dado esperanza desde que era pequeño, y dijo que no le guardaba ningún rencor en absoluto. Le pidió que siga haciendo lo que mejor sabía hacer, dar esperanza a la humanidad con su gran sonrisa. Sabiamente, no escribió nada sobre el secreto, ya que podrían encontrar su libreta… Aquel secreto se lo llevaría a la tumba.

De igual manera, explicó que no pusieran cargos contra los dueños de la tienda. Dijo que esta decisión era cien por ciento suya, y que no era justo que esas personas sufrieran por ello.

Finalmente… Le escribió un leve mensaje a Katsuki y al resto de sus compañeros de clase. Tras lo que ocurrió hoy, se dio cuenta que el explosivo joven no había sido su amigo en diez años, y que probablemente sí era masoquista, ya que le seguía a pesar de todas las veces que fue tratado con crueldad. Lo mismo aplicaba para casi todas las personas del curso, excepto por esos dos chicos y esa chica que nunca le trataron mal.

Incluso así… Una parte de él no quería que Katsuki, o el resto de su clase sufriera, por lo que escribió una simple oración que resumía sus pensamientos.

"Les perdono a todos".

Dejó instrucciones para su funeral, pidiendo que cremaran su cuerpo y lo arrojaran al mar, y que donaran todas sus cosas a la caridad… Quizá así por lo menos daría alegría a una que otra persona con lo que alguna vez le hizo feliz.

Cuando terminó, guardó la libreta en su mochila junto a su teléfono, se sacó los zapatos y los puso junto a su mochila, para dar a entender que su muerte no fue un homicidio o algo similar… Y fue ahí cuando se dio cuenta que no paraba de llorar.

Estuvo llorando de rodillas cerca del borde de la terraza por más de media hora, intentando pensar en algo que le diera la esperanza que necesitaba para salir adelante, mientras sentía las lágrimas mezcladas con la sangre seca que tenía cerca de la boca… No tenía amigos ni amigas, no tenía familia a excepción de su madre, casi no tenía apoyo para salir adelante... Y fue ahí cuando recordó que muchas personas sin individualidad se terminaban suicidando antes de graduarse, ya que no tenían oportunidad alguna en la vida, ya sea en el ámbito laboral como en el social.

Finalmente, consiguió el valor necesario para saltar.

Se puso de pie e hizo una leve oración, rogando por tener una individualidad en su próxima vida, para poder hacer algo bueno por los demás… Y, finalmente, saltó de la terraza, viendo como el piso se acercaba más y más, hasta que lo último que escuchó fueron unos gritos y el crujir de su cuerpo…

Aquel día, Izuku Midoriya, de catorce años, quien en otras realidades traería esperanza y paz a muchas personas… Terminó con su vida, ya que no soportaba la dura realidad que tenía que soportar a diario.

Al igual que él, muchas personas sin individualidad enfrentaban destinos similares… Pero lo que no sabía, es que, gracias a su muerte, se iniciaría una reacción en cadena que haría que las personas similares a él pudieran tener esperanza y recibieran mejores tratos en la sociedad.

Esta no es la historia de cómo Izuku Midoriya se convirtió en el Símbolo de la Paz… Esta es la historia de cómo Izuku Midoriya fue la antorcha que inició un movimiento que eventualmente acabaría con el abuso de las personas sin individualidad.