Por si alguien me estaba esperando (sé que hay un par de personitas por ahí – espero), aquí estoy para cumplir lo que hace tanto tiempo prometí: subir el cuarto y último capítulo. No tengo perdón... si sirve de consuelo, mi pendrive ha estado extraviado todo este tiempo. Hasta puse carteles de "Se ofrece recompensa" en casa por si alguien de mi familia lo encontraba... ¡Me merezco todas las collejas que quieras darme, Na-chan! ¡Tú también puedes, Luanda-chan! ¡No os cortéis! ¡Sometedme a una tortura infernal!

Lo de Panini es una vergüenza... han tardado en sacar el tomo 8 y; para postre, lo han editado mal y lo están retirando del mercado. Aunque ahora me lo tomo con mucha más calma. Se lo podéis preguntar a mi distribuidor habitual de tendencias manga (me lo acabo de inventar).

Disclaimer: No poseo los derechos de Instituto Ouran Host Club. Los tiene Bisco Hatori. No me pertenecen ni Yasuchika, ni Haruhi, ni Mitsukuni. Tampoco Kurumi, ella es propiedad de Na-chan. Bueno, es mi ahijada. Meiko sí me pertenece

Dedicatorias: Va para unas cuantas personas, aviso. En primer lugar, cómo no; la que me ha brindado una bonita, coqueta y encantadora amistad: Na-chan, esto es pa´tí. ¡Pronto volveremos a estar juntas! Pero como no somos dos, sino tres, también se lo dedico a Luanda, como una forma de agradecerle todas las fantásticas historias que cuelga por aquí y por allá (maquíllate, maquíllate).

Además, va para todo aquél que se haya mantenido en la espera, tejiendo y destejiendo un ajado tapiz. Y para quien no haya esperado nada. Y para Alana-chan, Selene-chan, Tari-chan, Rune-chan, Thithen... que sé que nunca leerán este fic.

También para Lau, Faith, Dani... sois muchos – me dejo unos cuantos- así que mandadme una relación completa de nombres, junto con un peluche rosa cada uno.

Y al nuevo envase anti-goteo de la Nocilla, para que vuelva pronto a su forma original, que no sólo nos permitía extenderla sobre el pan de una manera más decente, sino que proveía mi hogar de suficientes vasos para cinco meses sin lavavajillas.

CAPÍTULO CUATRO

El principio del fin (qué poco original).

Vestida de nuevo, Haruhi se encontró a sí misma siendo guiada hacia uno de los comedores principales de la casa. Ya llevaba un rato sentada, sola en aquella inmensa estancia, cuando escuchó quejas que venían por el pasillo. Distinguió la inconfundible voz de Satoshi que evidentemente estaba forcejeando con su primo para obligarle a hacer algo. El oír la voz de Yasuchika, aunque fuese a través de una pared, la consoló un poco. En esa casa no sólo estaban esos dos locos (Kurumi y Satoshi), también estaba él. Eso inclinaba un poco la balanza hacia el equilibrio (falta otra persona normal para que eso suceda). Suspiró. Era plenamente consciente de que el hecho de que Yasuchika estuviera cerca no la iba a salvar de ninguna catástrofe provocada por los otros dos.

¡Satoshi, te estoy diciendo que me dejes en paz! ¡No me empujes! ¡Suéltame!

Satoshi no contestó. Se limitó a proyectarlo sobre la silla situada enfrente de Haruhi.

¿Qué estúpida parodia habéis montado ahora, eh? ¡Me niego a que sigáis molestando a Haruhi con vuestras tonterías!

No es que no sea molesto, pero tampoco importa tanto. Cuanto antes termine mejor.

Conformaban una estampa extraña: se encontraban en medio de un comedor profusamente decorado, sentados a una mesa dispuesta como si les fueran a servir un banquete. Todavía no era la hora de la cena. Mantuvieron la mirada sin decir nada. Las palabras sobraban en ese momento. En ese momento llegó Kurumi y puso sobre la mesa, a una distancia equidistante de ambos, un humeante bol de ramen. Acto seguido se retiró junto a Satoshi, a ambos lados de la puerta, impidiendo que pudiesen escapar.

-¡Bien! Esta es la primera prueba. Ya podéis empezar.

- Creía que sólo me habíais impuesto a mí "el aprendizaje". ¿Qué hace Yasuchika aquí?

- ¡Primer fallo!- le espetó Kurumi con un bocinazo que le llegó hasta el oído interno.- Ya no existe el "yo" o el "él". Habéis alcanzado un nivel superior del karma: ¡el "nosotros"! Se supone que Yasuchika te completa, es tu otra mitad, tu media naranja. Ahora formáis un todo.- añadió, encajando las palmas de ambas manos (y a ver quién es el valiente que le dice que no)- La evolución de una parte afecta a la otra, de forma que se restablece el equilibrio entre las dos. Por tanto, la participación de Yasuchika es esencial. ¡Sin él la prueba no tendría sentido!

Se hizo el silencio. Satoshi asentía para sí mismo de vez en cuando, reflexionando sobre el profundo significado de las palabras de Kurumi. Pero ni Haruhi ni Yasuchika se movieron.

-¿Qué se supone que tengo que hacer con el bol?

- ¿Qué se hace habitualmente con la comida?- le respondió Satoshi con una sonrisa.- Debes pensar siempre en lo más lógico, y esa será la respuesta a tus problemas. (La lógica de Satoshi muchas veces no es LÓGICA)

Haruhi cogió el bol. Con dos dedos atrapó uno de los escurridizos fideos, y a continuación lo lanzó con precisión contra la pared opuesta.

¡Pero qué haces!- le gritaron Kurumi y Satoshi a la vez.

¡Pues comprobar que esté al dente, caray! ¡Es lo que se hace antes de servir los fideos!- sobrepasado todo límite, ella también gritaba.

¡La comida se COME!- le aclaró Kurumi- ¡Es algo obvio! ¡Todo el mundo lo sabe!

¡Está bien! Ya me lo voy a comer ¿vale?- y agarró el bol con ambas manos.

Oye, que no han dicho que sea sólo para tí. Tengo un poco de hambre.-le pidió Yasuchika.

Pero es que me apetece ramen. Y yo también tengo hambre. Apenas he merendado.

Yo no he comido nada desde el mediodía.- aún así Haruhi no mostraba la menor intención de soltar los fideos.- Pero qué egoísta llegas a ser cuando te lo propones.

¿Qué me dices de tí?- contraatacó ella con un leve sarcasmo- No sólo permites que me utilicen de conejillo de indias para este experimento sino que además quieres quitarme MI comida.

No es tu comida. Además, no es bueno que comas mucho.

¿Qué quieres decir?

Yasuchika simplemente permaneció en un elocuente silencio, mirándola fijamente, con una leve sonrisa, seguro de que al final el triunfo sería suyo. Haruhi se incorporó de la silla, protegiendo el bol todavía, y lo miró airadamente. En el ambiente se respiraba tensión (una vez más). Mientras tanto, Kurumi y Satoshi observaban desalentados cómo se iban desarrollando las cosas. Se respiraba tan poco amor... era tanta la hostilidad que manifestaban por la conquista de un simple bol...

Además la forma de pasar la prueba no era complicada en absoluto. Conociendo el carácter poco dado al romanticismo de Haruhi, Kurumi sólo esperaba un encuadre estereotipado de "la parejita compartiendo el mismo bol de ramen, tan tierno que hasta alguno puede llegar a sufrir arcadas." Pero en vez de eso, Haruhi muy enfadada, ya no por el bol (aunque hay que reconocer que es como una niña pequeña cuando quiere), sino por el golpe bajo de insinuar pero no decir lo que pensaba – por otra parte, era plenamente consciente, aún encendida por la ira, de que Yasuchika no se lo decía en serio, y que no intentaba atacarla en su autoestima, sino ocasionar con ese comentario una cascada de remordimientos en la propia Haruhi para que le diera el bol.-había tirado el bol por la ventana. Aunque lo gordo era que había tirado el bol por la ventana, sin haber abierto la ventana (de hecho lo tiró hacia atrás, por encima de su hombro, sin mirar). No podía haber nada que se alejara más del romanticismo que esa situación.

¡Haruhi! ¡Eso que acabas de hacer es muy poco femenino!- exclamó Kurumi, obviando el hecho sus propia conducta habitual no se basaba en una actitud femenina.- ¡Muy mal! No habéis pasado la prueba. ¡Se suponía que teníais que compartirlo! ¿No te acuerdas, hermano?- Y citó de memoria- Tu príncipe de cuento de hadas es la única persona con la que compartirías la comida...

Kurumi, déjalo, me trae malos recuerdos...- dijo Yasuchika ligeramente pálido. Ya había pasado un tiempo desde aquello, pero el recuerdo del que fue su primer beso se conservaba muy nítido en su memoria. Creía que se había enamorado, pero, como sucede a menudo, su propia inocencia le había jugado una mala pasada. Por lo menos ninguno de sus hermanos sabía nada de aquello. Satoshi guardaba celosamente su secreto. Como de momento no se le requería, se le permitió retirarse a descansar a su cuarto. (En realidad lo obligaron, porque la siguiente prueba era una sorpresa)

Haruhi no conocía los detalles, pero sospechaba que estaba relacionado con el día en que ambos chicos habían acudido al club de Hosts con la petición más inusual de toda la breve historia del club. Las palabras que Kurumi había recitado de memoria se referían a un test que una vez publicaron en la revista que vendían para las clientas. Era un test para encontrar a tu príncipe de cuento de hadas (¿qué os esperabais?)A Haruhi le daba mucha grima la revista del club.

- ¡Pero no importa!- aclaró Kurumi entusiasmada- Ya había previsto esta contingencia, así que he pensado en otra nueva prueba.

- Por favor, no...- dijo Haruhi con un hilo de voz. No se veía capaz de soportar otra prueba.

-¡Ésta es muy fácil! ¡Sólo tienes que preparar galletas!- la animó Satoshi.

Ya en la cocina, Kurumi y Haruhi, ambas provistas de sendos delantales, se pusieron a hacer galletas. La primera hornada de Haruhi era de jengibre con apenas un toque de azúcar, y fueron descartadas por Kurumi, quien las consideraba prácticamente insípidas (es decir, que no eran lo suficientemente dulces). Aprovechando que en la despensa había en abundancia, se pusieron a hacer galletas de chocolate. La mitad de la cocina en la que estaba Kurumi quedó hecha un desastre, a pesar de que no era la primera vez que hacía galletas. Pero en casa de su tía abuela (aunque Kurumi la consideraba una abuela más, ya que era fascinante, y la adoraba) todos los primos se reunían para hacer galletas y pasteles, dulces y picantes, para desayunar. Todavía lo hacían cuando se quedaban a dormir allí. Acabó manchando la cara de Haruhi con chocolate, y lo que con su primo Satoshi se habría convertido en una fenomenal batalla campal por la cocina, acabó cuando Haruhi se limpió pacientemente la mancha con un trapo. Le estaban entrando ganas de matarla, o al menos de cortarle las preciosas coletas.

Acabaron haciendo trece hornadas de galletas de chocolate. No había en toda la cocina una superficie libre. Entonces Haruhi se dio cuenta no sólo de que se lo había pasado bastante bien, sino de que no conocía la finalidad de esta prueba. ¿Cómo podía alguien juzgar la tendencia romántica de una persona induciéndola a hornear galletas?

Entonces la propia Kurumi fue a buscar a su hermano. Cuando Yasuchika vio tal cantidad de galletas, que despedían un aroma fragante y muy, muy dulzón – por órdenes de Kurumi, no se había escatimado con el azúcar- se mareó. Y cuando Satoshi le dijo, muy sonriente, que tenía que comérselas todas, porque Haruhi las había preparado expresamente para él –Haruhi se enteró al mismo tiempo que Yasuchika de ese detalle- se le revolvió el estómago, pero aún así, todo contrito, intentó comérselas. Al llegar a la quinta galleta se le hizo un nudo en el estómago que impidió que toda masa de naturaleza dulce pasara más allá. Decidieron dejarlo, porque por más esfuerzos que ponía en tragar, estaba empezando a ponerse violeta (hay que admitir que el chico le ponía empeño).

Sois una desgracia...-suspiró Kurumi, con restos de abatimiento en su voz.- ¿En serio no preferís dejarlo?- añadió con una de las sonrisas que la caracterizaban.- Saldríamos todos mejor parados...

No seas agorera- le espetó Satoshi (después de lo que los disgustos que le habían costado las tendencias de Yasuchika, estaba encantado con Haruhi- vale, no estaba encantado con ella, pero por lo menos era una chica, travestida, pero fémina al fin y al cabo.)- Es que eran pruebas con trampa. La primera no estaba muy clara –eso no quita el hecho de que hallan montado un cisco por un bol de ramen. Kyôya: La gente de a pie se toma muy en serio las ofensivas con la comida. Y la segunda iba claramente contra los principios de Yasuchika. Ya verás como la siguiente la superan. Es mucho más simple. Una prueba clara de romanticismo y amor verdadero.

A estas alturas Haruhi se esperaba cualquier cosa. Cualquiera. Menos un salón enorme lleno de alumnas de todos los cursos – de secundaria a bachiller- apelotonadas; conversando a gritos y ocasionando una algarabía ensordecedora. Reconoció a varias chicas que la solicitaban a menudo –chaqueteras-, y a otras clientas asiduas del club. Esta vez Satoshi iba a explicarle la prueba – ya que había sido obra suya, sólo podía haberla imaginado él -y a ayudarla a pasarla. Porque tanto Kurumi como él daban por hecho que Haruhi nunca había participado en una subasta.

La siguiente prueba es muy fácil. Además, te hemos allanado el camino, no puedes fracasar. En una subasta lo que se intenta es sobrepasar la última oferta para así conseguir llevarte el objeto en cuestión.

Sé cómo se participa en una subasta, gracias.- le cortó Haruhi.- Y sea lo que sea lo que pensáis subastar, no me interesa.

Satoshi sonrió: - Yo no estaría tan seguro.

En ese momento entró en el salón Kurumi, junto con Yasuchika. Ante el asombro de Haruhi y la expectación del resto de las chicas, sentó a su hermano en una silla frente a todo el público, y ella cogió un micrófono:

¡Bienvenidas, señoritas! Ha llegado el momento que todas esperabais. ¡Sólo la chica más audaz – y más rica- podrá hacerse con este gallardo semental! ¡Además es por una buena causa! (Ejem, ejem ¬¬) ¡Preparaos, porque vais a dejar vuestras tarjetas de crédito temblando! ¡Comienza la subasta con 82.000 yenes! Venga, ¿quién da más?

Haruhi observaba todo mareada. ¡82.000 yenes! ¿En serio se lo podían permitir? A pesar de que ya estaba acostumbrada a escuchar cifras astronómicas, no pudo evitar que la embargara la desazón. ¡Ella no podía pagar tanto por Yasuchika! Mientras tanto, ya se habían comenzado a hacer las primeras ofertas:

¡La chica del sol rojo ofrece 83.000! ¡Un momento, la estrella lila de la esquina sube a 90.000!

Haruhi, ¿qué haces? Rápido, haz tu oferta, antes de que la subasta suba más. En el momento en el que tú entres, la subasta parará.

Aunque halláis amañado la subasta, yo no puedo pagar tanto.- respondió Haruhi con desaliento. No iba a decir que no le gustaría ser rica, pero para ella la única importancia del dinero no iba más allá de cubrir sus necesidades más básicas. Nunca había sido caprichosa ni había añorado los privilegios de las gentes más pudientes. Pero esto era distinto. Estaban subastando a Yasuchika, y al final iba a ganar la subasta cualquiera de las chicas que llenaban el salón. Chicas de buena familia, con recursos económicos y que durante toda su vida habían recibido una educación exquisita. Tal vez más adecuadas para salir con Yasuchika que ella misma. Haruhi procedía de otra realidad distinta. Más humilde.

Mientras seguía con sus tribulaciones, la subasta estaba empezando a sobrepasar límites increíbles:

¡Ofrezco 250.000 yenes!- exclamaba una chica que agitaba excitada una paleta con un perrito verde por encima de su cabeza.

¡Yo ofrezco 300.000!- se apresuró a contrarrestar un periquito azul eléctrico.

¡Haruhi, haz algo!- Satoshi la sujetó por los hombros, y le miró directamente a los ojos - ¿Cómo puedes ser tan desastre? ¡No te quedes ahí parada!

¡ZUMBAAA!

¡Auch! ¡Pero no me pegues!- protestó mientras se frotaba la adolorida cabeza- ¿Por qué me has dado un capón?- inquirió molesta.

¡Porque estás papando moscas mientras Yasuchika es subastado entre un montón de chicas! ¡Por eso!

¡No es mi culpa! ¡Yo no tengo una cuenta bancaria de mi papaíto que me respalde!

¿Por qué no dices nada? ¡Sé que tengo razón! ¡Si sólo dispusiesen de su asignación semanal, no podrían permitirse muchas cosas!- a estas alturas muchas desviaron su atención al escuchar los gritos de lo que parecía ser una loca (no la reconocieron porque estaba fuera de sí)

¡Shhh! ¡No grites!- se volvió a quedar pensativo- Te están mirando todas.- bajó un poco más la voz- Ellas- las señaló- están participando únicamente con sus asignaciones.

...- se estaba poniendo blanca- Ah...

Como colofón, un cangrejo magenta gritó:

¡Subo a 2 millones!

¡Pues yo ofrezco 4 millones!- contraatacó un cerdito de color turquesa. Algunas de las chicas se iban retirando, considerando que no merecía la pena pagar tanto por alguien tan borde. Pero todavía quedaban muchas chicas dispuestas a luchar a muerte por llevarse a Yasuchika (Y: no soy una mascota)

¡Hermana, por favor, préstame tu paga! ¡Te prometo que te la devolveré!- la chica se quedó en silencio, con el móvil muy pegado a su oreja - ¡Ahora no tengo tiempo para explicarte para qué la necesito, pero luego lo entenderás todo!- cerró su móvil- ¡Yo doy 20 millones de yenes!- exclamó triunfal, enarbolando un papagayo negro como estandarte. Por un momento se hizo el silencio, como muestra de respeto a la audacia de la aludida. Pero enseguida se retomó la batalla:

¡50 millones de yenes! ¡Yo ofrezco 50 millones!- el perrito verde volvió a la carga.

Estaba claro que eso se les estaba yendo de madre. Yasuchika temblaba de anticipación al pensar cuáles eran las expectativas de aquellas jovencitas al ofrecer tanto por él. El futuro no le auguraba nada bueno. Estaba yendo cada vez a más, y algunas de ellas parecían estar dispuestas a endeudarse de por vida.

¡Cien millones!- un unicornio celeste brincaba contento.

¡150 millones!- estaban comenzando a decir auténticas barbaridades.

En ese momento apareció una nueva pujante que no había participado hasta ese momento. Llevaba una paleta diferente a las de las demás chicas. Era un pony. Pero no un pony cualquiera. Era Lucero Cascabel. Su voz sonó clara entre los ruidos de fondo, diciendo una única vez su oferta. Tampoco hizo falta que la repitiese, nadie podía superarla. Había ganado la subasta con un gran margen.

Algunas de las chicas estaban un poco desilusionadas por no ganar la subasta, pero el poder del MOE comenzaba a envolver el salón. ¡Hacían tan buena pareja! ¡Sólo faltaba que se besasen!

Pero Meiko no aparentaba estar muy por la labor. Simplemente atravesó el salón con paso resuelto y tomó a Yasuchika del brazo gentilmente. Por su parte, a Yasuchika le era imposible describir la sensación de alivio que lo embargaba. Meiko era tan racional… casi tanto como Takashi. No era ésta la primera vez que deseaba que ocupara el lugar de Satoshi en lo que el aludido solía denominar "su preparación para convertirlo en un hombre de pro". Pero si Meiko se encargara de él, Satoshi pasaría a cuidar de Kurumi… y eso era aún mas inquietante que el hecho de soportar a Satoshi día sí, día también.

¡Meiko, esto no es justo!- dijo Kurumi con un gracioso mohín, a los que se resistían muy pocas personas (entre ellas sus dos hermanos mayores – cuando la situación lo requiere, por mucho que suplique Kurumi, a Mitsukuni le importa un comino).- ¡Hay muchas chicas que estaban pujando honestamente, no puedes boicotear la subasta justo ahora!

¿Cómo se te ha podido pasar por esa cabecita carente de juicio subastar a MI primo?- hablaba con un tono firme. No estaba enfadada ahora que había podido poner fin a esa tontería, pero sí un poco molesta. De hecho, cada vez ejercía más presión sobre la fosa cubital (véase, flexura del codo) de Yasuchika. Si hubiesen intentado separarlos, al menos se quedaba con el brazo.

¡También es mi hermano!- replicó molesta.- ¡Es más mío que tuyo!

Dime por qué.

Aunque la pequeña, sigo siendo una Haninozuka. ¡Tú siempre me cedes amablemente parte de lo que te corresponde cuando compartimos algo!

Te era más fácil decir que vuestro parentesco es mayor. Y habría sido más contundente.

Además, ¡No sois primos hermanos! – esa acusación la lanzó en el mismo que tono que si hubiese pronunciado "Además, ¡habéis tenido cinco hijos en secreto!".- ¡Yo sí que soy su hermana hermana!

Para mi desgracia…- resopló Yasuchika- Pues que sepas que si pudiese, ahora mismo cambiaba a Meiko por ti.

¿Te crees que a mí me gusta ser la hermana de un pervertido cochino? ¡Yasuchika, tú… eres un degenerado! ¡No duermo tranquila por las noches pensando que me puedo quedar embarazada cada vez que se me rompe la cama!

¡Si no saltaras de esa forma, todavía conservarías la primera cama que te compraron! No me culpes a mí porque TÚ seas una pequeña bestia loca.

¡Bueno, ya basta!- con un poco de esfuerzo Meiko consiguió alzar la voz por encima del barullo.- Se acabó esta estúpida discusión. La cosa es que, como yo he ganado la subasta, Yasuchika ahora me pertenece – pensamiento colectivo de "esto no es normal ¬¬ -. Y como es mío, decido devolverle su libre albedrío para que actúe conforme le parezca.

Dicho esto lo soltó, como quien pone en libertad el pajarito que un día encontró herido (en plan "¡Vuela libre! ¡Vuela alto! ¡Más alto! ¡Ups! ¡Pero cuidado con el Jumbo!"). Y ya pasado el peligro de ser vendido cual vulgar esclavo, Yasuchika, haciendo caso omiso a todas las chicas (qué borde), agarró a Satoshi por un lado, y a Haruhi por el otro –aunque con muchísimo más cariño. Todas las jovencitas mantenían la compostura, a pesar de que en su fuero interno se dijesen sí mismas: "Qué ¿final? feliz más raro.

Pero, de momento, todo parecía haber acabado bien. Salvo por un pequeño detalle:

Pss, Meiko…- la llamó Kurumi.

¿Sí?

No te hagas la tonta. Acoquina la pasta.

¿Me vas a hacer pagar a TU hermano?

¿En efectivo o con tarjeta?- había pocas cosas más dulces que una venganza categórica.

Serás…- iba a decir algo inapropiado sobre toda su familia, pero se contuvo.- ¡MPH! ¿Aceptáis cheques?

¡Claro!

Cuando todas las chicas que habían sido convocadas para la subasta hubieron abandonado la mansión, Haruhi volvió a encontrarse, sin poder hacer nada para evitarlo, frente a una amonestación de Kurumi. Pero esta vez parecía habérselo tomado mejor.

Está bien. Haruhi Fujioka, eres dura de mollera. Así te lo digo. Pero también es cierto que tienes valor. ¡Coraje, muchacha! De eso tienes mucho, y los Haninozuka lo apreciamos en su justa medida. ¡Así que no me doy por vencida! Te aseguro que cuando salgas por la puerta, serás todo lo que tienes que ser para vivir entre nosotros.

¿Terminator? – le preguntó inocentemente. En serio creía que iba a tener que convertirse, como mínimo, en algo parecido.

Kurumi no contestó. Por una vez, se aguantó las ganas de darle. Entre otras cosas, porque Satoshi ya le había pegado dos veces. En vez de eso, cogió de una mesa próxima dos objetos: un carboncillo y un cuaderno de dibujo.

¿Qué es lo más romántico que has visto en tu vida, Haruhi?

Vamos, es algo que hemos visto todos, incluso la gente con pocos recursos financieros. ¿Cuál es la ESCENA más romántica de la PELÍCULA más romántica sobre la faz de la Tierra, y quizás también en algún otro universo alterno?

¡Titanic! ¡La escena en que Leo pinta a Kate Winslet desnuda, sólo con el diamante!

No querrás… - Yasuchika no quería continuar la frase, ante la certeza de que eso era lo que su hermana quería. ¡Tendría que haber elegido el hámster!

¡Sí! Vas a dibujar a Yasuchika, también con un diamante. Bueno, diamante no es, porque en casa no guardamos las joyas. ¡Pero en la teletienda por Internet hemos conseguido una réplica casi exacta al original!

¡Estás más loca de lo que pensaba si crees que voy a desnudarme delante de ti para que veas como Haruhi me dibuja con ese engendro de plástico barato colgado del cuello!

Tienes que colaborar. Ahora formáis un todo…

No sigas con esa absurda cantinela. Bastante hemos sufrido ya por esa tontería. No quiero que Haruhi lo vuelva a pasar mal por culpa de vuestro aburrimiento.- le pasó un brazo por los hombros, al tiempo que la miraba preocupado. Estaba claro que su mirada decía muchas cosas. Haruhi le sonrió.

No te preocupes, Yasuchika. Todo está bien. Y, si lo prefieres, te puedo dibujar de cabeza.

¡Entonces ya está! ¡Dentro de nada, la boda!- exclamó entusiasmada, al tiempo que le pasaba las dos cosas a Haruhi para que empezase.

No te pases…- le amenazó su hermano.

Por primera vez en toda la tarde, se estableció el silencio en el dormitorio de la pequeña de los Haninozuka. Haruhi se concentraba en su tarea, y el resto – Meiko incluida – se miraban unos a otros, o contemplaban un punto concreto y banal del cuarto. Bueno, Satoshi estaba apuñalando de nuevo al globo terráqueo de Kurumi. El nerviosismo de todos – menos Haruhi, que no estaba nerviosa para nada- crecía por momentos. No se atrevían a hablar, y se aburrían profundamente.

¡Ya está! – exclamó triunfal, exhibiendo una amplia sonrisa y su obra por doquier, a todos y cada uno de los ocupantes del cuarto.

Se acercaron a mirarla, curiosos como mínimo. Y se quedaron sin palabras. Era un boceto tan… cutre. Lo único que lo diferenciaba del ahorcado eran las gafas, el flequillo y el pedrusco (un manchón más denso). Pero, por alguna razón no muy halagüeña, no se podía negar que ése de ahí era Yasuchika. Kurumi saltaba sobre su cama, toda gozosa.

¡Bien! ¡Prueba superada! ¡Una vez más, hago una muestra de mi genio sin par!

¡Descanso!-añadió Satoshi- ¡Yo creo que todos lo deseamos! ¡Felicidades, Haruhi! ¡Ya eres una chica completa!

Como todo comentario, Meiko se acomodó en su butaca cual gata perezosa y retomó su lectura. Y Haruhi y Yasuchika salieron del infierno, por fin libres, para ir al cuarto de Yasuchika (a terminar los deberes).

Ya había pasado bastante rato cuando llamaron a la puerta. Entraron Mitsukuni y Takashi, que para variar, habían estado fuera de la mansión de los Haninozuka. Habían estado entrenando en el dojo familiar de los Morinozuka (como consecuencia de un comentario de Mitsukuni: Papá, dejo el dojo. "Pues vete al de tu primo, que seguro que tienen un hueco chiquitito para mi hombrecito varonil"). Ya faltaba poco para que anunciasen la cena, y los tres hermanos, viendo que no llegaban a tiempo a la cena en su casa, iban a cenar allí. De hecho, su madre no consideraba cenar en casa de los Haninozuka "cenar fuera de casa".

Había sido un día duro, y regresaban cansados. En cierta manera, representaban para sus hermanos menores unos héroes ya un poco anticuados – en la era de la informática y la fibra óptica- con un cierto regusto a desvaído. Apoyando su cabeza en ambas manos, Meiko no pudo evitar sonreír al acordarse de su niñez, cuando cualquier suceso era una aventura, y Takashi era un dios todopoderoso dispuesto a salvarla de cualquier peligro. Cuántas travesuras habían cometido en esa casa… o en la suya. Menuda pandilla. Por muy diferente que se sintiese, por más que fueran tranquilidad y estabilidad emocional las únicas aspiraciones de su vida, lamentaba que esa época hubiese muerto. No iba a decírselo a nadie, y menos a Satoshi, pero se había divertido. Mucho. Y llegaría el día en que conociese a alguien, y se enamorase. Y a partir de entonces dejaría de ser, poco a poco, la pequeña Meiko Morinozuka. Tendría otro apellido, una casa distinta de los dos hogares que constituían sus raíces, sus propios niños más adelante. Faltaban varios años para que todo esto sucediera, y no podía evitar mirarlo con una mezcla de aprensión y de esperanza. Quería y no quería que el tiempo pasara.

Para Kurumi las cosas resultaban mucho más sencillas. No imaginaba una realidad en la que no estuvieran presentes Mitsuku-nii y Takashi, Meiko o Satoshi. De Yasuchika podía prescindir, aunque no todo el tiempo, naturalmente. Tal vez un domingo cada tres semanas… era una buena frecuencia para visitarlo en el Himalaya.

Su mundo era perfecto tal y como estaba. ¿Para qué cambiarlo? Se lo había pasado fenomenal, su primo sí que sabía divertirse. No dejaría que nada la separase de Satoshi. Y, sin embargo, tampoco podía decir muy bien porqué. Salvo por el hecho de que cuando no estaba por casa, se aburría bastante más.

Satoshi…- le tuvo que pellizcar para que le prestase atención.- ¿No deberíamos ir a buscar a esos dos destalentados?

¿Haru-chan está aquí?- el rostro de Mitsukuni se iluminó- ¿Se quedará a cenar? ¡Le daremos tarta!

Ante esa pregunta, los tres chicos se limitaron a mirarse entre ellos, sin contestar. La explicación era demasiado larga como para resumirla en cinco minutos escasos, que era lo que calculaban para que sonara el gong de la cena. Meiko fue a sentarse en el regazo de Takashi, sonriéndole. Cuando Takashi la abrazaba, se sentía muy bien… sus inquietudes desaparecían. Le daba igual ver aparecer a Kurumi al volante del coche de su padre, o enfrentarse a muerte con Satoshi, utilizando los abanicos del salón, herencia de los Haninozuka durante cientos de años. Todo eso perdía importancia. Y mientras se perdía en su mundo…

¡Yo también quiero con Taka!

¡BLUM!

En el suelo, se dedicó a mirar enojada a su hermano.

¡Bestia, no eres más que una bestia parda!

Los dos no cabemos…- se limitó a replicarle, seguro, encima del mayor de los Morinozuka.

¡Claro que cabemos dos!- exclamó contenta Kurumi- ¡Satoshi, hazme sitio! – y se abalanzó sobre el pobre desgraciado.

Meiko buscó ayuda en Mitsukuni:

Haz algo… ¡van a desgraciar a Taka-nii!

Que no, tonta, es más resistente que todo eso. Dime, ¿qué le han hecho?

Nada preocupante, Kurumi sólo la ha secuestrado, se la ha llevado a tomar helados, la ha dejado medio desnuda y ha impartido un curso intensivo de feminidad.

¡Veo que os lo habéis pasado bien! ¡Haru-chan pronto será de la familia!

…- Meiko lo miró, con escepticismo. Si ella fuese Haruhi, se lo pensaría mucho antes de tomar una decisión que podía arruinar su salud mental.

¡Me pido ser el padrino!- añadió, muy contento.- Meiko… estarías mejor si te levantaras del suelo ¿ne?

Al apoyar las manos para darse impulso, notó un objeto bajo la palma de su mano izquierda. Un discreto camafeo… nada ostentoso, que Haruhi llevaba al cuello. Se lo habría quitado durante el cacheo… se lo tenía que devolver. Aunque ni siquiera de plata- bastante cutre, pensó. Y al abrirlo, un destello rodó hacia el suelo. Lo cogió entre el índice y el pulgar. ¿Una esquirla de cristal? Tan deslustrada, no podía ser otra cosa, ni siquiera circonita.

Pero que cutre… no me extraña que se lleven de maravilla.

¿Decías algo?

Antes de contestar, la salvó el gong. Era hora de cenar.

¡El gong! ¡A cenar!

Antes de que los demás reaccionasen, Kurumi y Satoshi ya corrían escaleras abajo.

-Yo iré a avisar a la parejita.- se adelantó Meiko. Id, o si no, no habrá cena para cuando lleguemos.

Mientras iba por los pasillos jugaba distraídamente con el colgante, mientras pensaba en el feliz día en el que dejaría de apellidarse Morinozuka. Llamó antes de entrar, y esperó hasta que le dieron la anuencia. Sobre el escritorio de su primo, en un jarrón de cristal, estaban las flores que había ayudado a limpiar en el lavabo de Kurumi. Haruhi estaba mirando por encima del hombro de Yasuchika cómo éste terminaba sus deberes, y se volvió al escuchar una carcajada a sus espaldas:

¿Sucede algo?

Nada… es sólo que verdaderamente eres una romántica, aún sin la ayuda de Kurumi. Además, creo que perteneces al tipo de las incurables.

… No entiendo nada – "en esta casa están todos locos".

Vamos, es hora de cenar. Haruhi, a ti también te esperan.

¿Eh? –miró a Yasuchika.- Voy a conocer a tus padres…

Como toda respuesta, y ante lo que parecía evidente, el chico asintió.

Eso parece.

Y también a los míos.

¿Los Morinozuka están aquí?

No, pero conociendo a Hanami, llamará corriendo a mi madre para que vengan a cenar. Es posible que vengan hasta los abuelos.

Ante la idea tan divertida de cómo se iba a desarrollar la velada, Meiko comenzó a reírse, cada vez con más fuerza y ganas, atragantándose incluso. Sin saber ella misma que, aunque se casase un millón de veces, ni siquiera con un alemán apellidado Studebaker, nunca dejaría de ser una Morinozuka.