- Ron¿Has visto a Harry? – el pelirrojo movió la cabeza de lado a lado en un gesto negativo –. Oh…
Lo había buscado en silencio por unos minutos, luego había preguntado a cada invitado por él y por último, había terminado sentada en la misma silla que había estado un tiempo antes junto a Harry, Ron y Hermione; eso ya hace media hora antes. Sólo unos malditos treinta minutos, musitó mientras tomaba una copa de la bandeja flotante que se detenía junto a ella. Caminó algunos pasos antes de detenerse frente a su madre y padre, quienes conversaban amenamente con sus nuevos consuegros. Ginny iba preguntar nuevamente cuando vio una luz proveniente de su cuarto. Frunció el entrecejo al percibir don sombras demasiado juntas una de la otra. Entonces cayó en cuenta que Hermione también estaba ausente en la celebración. Dejó de oír las voces y la música mientras se limitaba a observar la pequeña ventana (el marco de ésta casi tocaba el inicio del techo) el pequeño destello de luz y las dos figuras.
- ¿Qué sucede, hija? – preguntó el señor Weasley al ver el gesto de Ginny -. ¿Has dejado una vela encendida?
- ¿Qué? – dijo ella saliendo de sus cavilaciones -. Lo siento. ¿Qué has dicho, papá?
- Si has dejado una vela encendida, queguida – contestó la señora Delacour con su pésimo inglés. Ginny hizo una mueca.
- Iré…iré a apagarla.
La señora Weasley abrió los ojos desmesuradamente, intentando articular alguna palabra, pero ninguna salió de su boca por más que intentara. Su esposo puso los ojos en blanco y el señor Delacour soltó una carcajada. Al instante Arthur Weasley abrazó a su esposa sintiéndose culpable.
- Ginny, querida, ve a apagarla antes que causes un incendio… - ordenó el señor Weasley, comprensivo, y luego agregó con una sonrisa maliciosa – y a tu madre le de un infarto.
- ¡Arthur! – exclamó la señora Weasley.
- ¡Los Weasley y el humog! Al pareceg lo llevan en la sangre – dijo el señor Delacour sonriendo. Ginny rió nerviosa, alisando las arrugas inexistentes de su vestido, y volvió a mirar hacia la ventanilla.
- Yo… enseguida volveré – se excusó Ginny y se perdió entre la multitud. Lo último que oyó antes de cerrar la puerta fue una estruendosa carcajada de su prima Mafalda.
El cuarto de Ginny era una habitación ubicada en la tercera planta de la madriguera, más espaciosa que la de Ron, pero menos que la de sus padres. En ella había dos camas, una provisoria durante la estadía de Hermione, separas por la mesita de noche que sostenía una montaña de libros. A Harry le agradaba el ambiente de aquella habitación, iluminada sólo por una pequeña llama de una vela que sostenía él.
Harry y Hermione se encontraban sentados en el borde de la cama, leyendo los libros que le podrían proporcionar ayuda para la misión. Aunque aquello fuera una pérdida de tiempo porque ambos sabían que no encontrarían nada en las líneas del texto, pero sí les daría tiempo para estar juntos. La música era apenas un murmullo para sus oídos y el voltear de las páginas era lo único audible junto a los ronroneos de Crookshanks, que dormitaba pegado a la pierna derecha de Harry.
- Harry – susurró Hermione, observándolo. Harry dejó de prestarle atención al libro y miró a su amiga -, la carta…, la carta de R.B.A ¿La tienes? – el chico asintió lentamente y le pareció ver en los ojos de Hermione que se debatía interiormente por lo que diría – Bueno, yo… eh… ¿podría leerla? – preguntó insegura -. Nunca la hemos leído, tú solo nos contaste sobre su contenido y… me preguntaba si podría leerla.
Harry sintió que le debía algo, fuese lo que fuese, y consideró que la carta sería una excelente alternativa para pagar aquello. Entonces se preguntó por qué lo hacía. Seguramente recibiría un sermón sobre su riesgo y cómo protegerse. Sin embrago, hurgó en los bolsillos de sus pantalones y la encontró junto al medallón, el falso horrocrux.
- Siempre la llevas contigo… - Harry asintió, sonriendo nostálgicamente - ¿Por qué?
- No lo sé.
Hermione lo miró, intercambiando su vista entre los ojos de Harry y su mano, y mordió su labio inferior nerviosa. Hace mucho tiempo que no se encontraba en una situación así con Harry. Ella creyó que jamás volvería a hacer ese papel, no desde el año anterior, cuando sintió que sus pensamientos con los de Harry iban en contra a los suyos. En el preciso instante en que Ginny le dijo que haría el ridículo hablando de quidditch, prometió dejar a sus amigos hacer lo que quisieran, dejar de ser su conciencia y ayudarlos cuando ellos se lo pidieran; aunque siempre los vigiló a cierta distancia y se opuso a algunas de sus ideas, pero en realidad lo intentó. En ese tiempo se preguntó seguidamente por qué lo hacía, por qué siempre iba tras Harry, por qué siempre se enfadaba con Ron…, pero ninguna de ellas llegó a su mente, y eso de una u otra manera la afectó; todas las mañanas se levantaba con un humor de perros, y ver a Ron con Lavender no solucionaba los problemas, de hecho, la hundía más en su soledad. Intentó dejar a Harry, pero nunca lo logró. Ella nunca hacía algo para ella misma… sólo lo hacía para Harry. Era como una cuerda atada a su cuello; cada vez que se alejaba del muchacho sentía un tirón que lo hacía volver a él y mantenerla a su lado. Entonces se rindió y apoyó a Harry hasta el último momento. Nunca podría dejarlo, no a él.
- ¿Puedo? – preguntó Hermione, acercando su mano a la de Harry.
- Yo la leeré – dijo Harry, alejando la de su alcance. La chica lo observó por un momento a los ojos y luego apartó su vista rápidamente. A Harry le pareció ver un nuevo matiz en sus ojos marrones.
- Si tú lo deseas – musitó ella, mirando sus manos que jugueteaban nerviosamente en su regazo -. Adelante.
- Sí.
Harry dejó el medallón a su lado, pasó la vela a Hermione y desplegó la carta lentamente. Hermione pensó que cada segundo que pasaba era como si pasara un minuto, su amigo se estaba tardando demasiado en desdoblar una carta. Esperó unos segundos hasta que finalmente Harry la tenía en sus manos totalmente lisa, pero de decepcionó al ver la pelea en el interior en él. Se propuso esperar a que él tomara la iniciativa, pero nunca llegó. Hermione se exasperó y preguntó bruscamente, encarándolo:
- ¿La leerás?
Harry dejó de observar la carta y levantó su rostro despacio.
- ¿Qué esperas?
- Yo… yo… - …me pregunto por qué lo hago. Ron no está aquí. – eh…
- ¿Tú qué?
- Ya sabes lo que dice. No sé por qué querrías leerla.
Los ojos de Hermione brillaron peligrosamente. Abrió la boca para decir algo, luego la cerró, la volvió a abrir, y finalmente la cerró indignada. Intentó respirar tranquila, asegurándose que su enojo no saliera a flote. Harry no confía en mí, pensó. Su vista se dirigió a la llama que flameaba libremente. Deseó ser ella y no sentir el dolor debido a la inseguridad de Harry. Harry no confía en mí, repitió, razonando cada palabra. Pues, que no lo haga. Dejó caer un poco de esperma en la superficie lisa de un libro y pegó la vela en ella con fuerza. Que no lo haga…
- ¿Estás molesta?
- No – dijo secamente, evitando de toda costa un par de ojos verdes.
- ¿Entonces…?
- ¿Qué?
- ¿Lo estás?
Hermione tomó una gran bocanada de aire y suspiró; era hora de sacar a luz su reluciente papel de actriz. Volteó su rostro lentamente y, en el preciso instante en que se encontró con la mirada de Harry, sonrió comprensivamente. Ella se consideraba una buena actriz; si no lo fuera, ella no hubiera podido ocultar sus emociones al resto del mundo, excepto a su fiel amigo, Víktor Krum, y todo lío referente a Ron.
- No, Harry, no estoy molesta – susurró suavemente, mientras que, interiormente, deseaba estrangularlo con sus propias manos. Intentó serenarse y repitió:-. No lo estoy.
Harry, inmediatamente, observó la carta y exhaló aliviado. Por un momento creyó que Hermione estaba molesta realmente. Que equivocado estaba…
- Creí que te habías enfadado.
- ¿Creíste que me había enfado por no ser digna de tu confianza? – preguntó, con un tono peligrosamente suave y sonrió -. Que equivocado estás, Harry.
- Bueno…, sí – respondió el chico, avergonzado, y un poco molesto.
Luego un tenso e incómodo silencio, hasta que Hermione, lentamente, se levantó de la cama. Crookshanks ni siquiera se inmutó por el movimiento y se pegó más a la pierna de Harry, frotando su cabeza y dejando pelos anaranjados en su pantalón.
- ¿Dónde vas? – preguntó Harry desde la cama, sacudiendo las pelusas dejadas por el gato.
- Es la boda de Bill y Fleur. Supongo que por ser una invitada debería estar celebrando con ellos ¿no?
A Harry le pareció escuchar cierto tono de ironía en su voz, y eso lo alivió. Por un momento creyó que Hermione no le preocupa si falta de confianza, por un momento creyó que su amiga estaba siendo indiferente respecto a lo que le sucedía. Sonrió interiormente y, con brusquedad, se levantó de la cama. Crookshanks gruñó.
- Espera - dijo Harry acercándose a ella -. No hemos averiguado nada.
- Y no lo haremos. No tenemos suficiente información, Harry. Tal vez… en Hogwarts, ahora no.
- Pero…
- No, Harry – cortó Hermione, dejando la vela en el escritorio -. Hoy no.
Sin dejar de mirarla a los ojos, Harry se sintió decepcionado. Esperaba pasar un tiempo con Hermione, compartir lo que la perturbaba. Pero no consiguió nada de ella, más que una amiga molesta. Ahora se sintió culpable por no conseguir lo que quería. Su interior era un caos, un lugar atiborrado de profundos pensamientos.
Sus ojos establecieron una conexión con los de Hermione, un contacto conocido para ambos. Entonces fue cuando Harry percibió un nuevo matiz en sus ojos marrones, sintió que estaban conectados por algo más profundo que la amistad y que eso nunca nadie lo cambiaría. Un suspiro escapó de sus labios y sintió que le debía una explicación. Él no deseaba que su amiga creyera que no confiaba en ella.
Harry carraspeó para deshacer nudo en su garganta, mientras que Hermione se llevaba un rizo tras su oreja.
- Espera – dijo Harry finalmente, y la voz le sonó rara.
- Ahora no, Harry – insistió ella, suavemente -. Deben estar buscándonos.
El chico desplazó su mano hasta el hombro de Hermione, la deslizó por su brazo hasta llegar a su muñeca y sus dedos se cerraron en torno de ella, sobre el puño de su túnica negra. Tiró ligeramente de ella y la sentó en el borde de la cama, y él hizo lo mismo después.
- ¿Qué quieres, Harry?
Él no contestó a la pregunta. Se acercó un poco más a ella hasta que sus piernas sólo se encontraron separadas por la fina tela del vestido, la de la túnica y la del pantalón y sus dedos se entrelazaron con los de ellas.
- ¿Estás molesta? – le cuestionó, sin apartar la vista de ella.
- No lo estoy, Harry.
- ¿En serio?
- No – contestó algo fastidiada.
- Quiero decirte que no fue mi intención que sintieras que no confío en ti, pero necesito comprender algunas cosas antes de contárselas a ti y a Ron. Pero cuando llegue el momento tú y Ron serán los primeros en enterarse del contenido de la carta.
Hermione asintió y el amago de una sonrisa apareció en su rostro. Luego, se produjo un momento de silencio en el que nadie hizo nada, excepto el mero contacto que aún mantenían.
- ¿Harry?
Lentamente, Harry volteó el rostro para encontrase con Ginny apoyada en el marco de la puerta y sonrió culpable, sin saber por qué. Deslizó sus dedos entre los de Hermione, se levantó y se acercó a la pelirroja.
- Ginny… ¿Qué… qué haces aquí? De-deberías… estar abajo…, con los… invitados – balbuceó nervioso, mientras revolvía su cabello que, con tanto ahínco, intentó arreglar durante toda la tarde.
- Tú también… - Ginny miró sobre su hombro y agregó – y Hermione.
- Estábamos… estábamos…
¿Por qué sentía cómo si estuviese haciendo algo malo con Hermione?
- Harry me preguntaba sobre ti, Ginny.
El chico se sobresaltó al oír la voz de su amiga. No se había dado cuenta que se había aproximado a ellos y se ubicaba a su lado y frente a Ginny.
- ¿En serio, Harry?
- Sí – contestó el chico, cohibido. Agradeció a Hermione con la mirada y ella asintió disimuladamente.
- Iré a la fiesta¿vienen?
- No. Harry y yo nos quedaremos – dijo Ginny, sin darle tiempo al muchacho para replicar. Él deseaba acompañar a Hermione -. Ve tú.
- Nos vemos.
Hermione hizo un gesto con la mano y se marchó por el pasillo, sintiendo unas intensas ganas de ir donde Ron, dar el siguiente paso y besarlo. ¿Por qué Harry y Ginny podían ser felices, mientras ella y Ron no se atrevían dar el siguiente paso? Pues, esto cambiará esta noche, se dijo para sí mima cuando bajaba las escaleras.
Harry la observó hasta que su figura se perdió en la oscuridad del pasillo.
A Ginny Weasley no le pasó desapercibido el nerviosismo de "su" chico y la túnica de él sobre el cuerpo de Hermione.
Hermione tomó una copa de hidromiel de la bandeja que flotaba frente a ella, la alzó mientras murmuraba "salud" y la llevó a sus labios, disfrutando del sabor dulce del alcohol. Caminó entre las mesas; saludando a conocidos y no tan conocidos, practicando francés y bebiendo su copa. Cuando la terminó, cogió otra y se sentó en la banca frente a la escultura de hielo de un ángel. Cerca de ella había una pareja de ancianos hablando en francés. A Hermione le pareció oír que charlaban acerca de la madriguera y el estilo Weasley.
En realidad estaba haciendo grandes esfuerzos por no echarse a llorar. Ella pensaba que si le quedaba algo de dignidad, no lloraría frente a él. Ninguna lágrima, Hermione. Se propuso que esa noche la disfrutaría y no pensaría más en él. No después de la forma en que le respondió… o, mejor dicho, no le respondió.
Luego de dejar a Harry y Ginny en el cuarto, había encontrado a Ron charlando con Fred, George y Mafalda, le había pedido si podía hablar con él a solas y, cuando los gemelos y su prima se habían alejado, lo besó, sin decir ninguna palabra.
Había soñado noches enteras con que ese beso fuera perfecto; que Ron la cogiera de la cintura y ella le revolviera su cabello pelirrojo; que fuera pasional y excitante; o por lo menos, que hubiese respondido al contacto de sus labios. Pero en cambio, mientras los labios de ellas se movían sobre los él, Ron permanecía estático. Hermione se separó a los cinco segundos después, evadiendo a toda costa su mirada. Se disculpó, excusándose que iría por una copa, y se marchó con un nudo en la garganta y el recuerdo más humillante de su vida.
Los sueños no iban con ella, en cambio, la razón, sí.
Y todo eso había sucedido hace unos diez minutos y aún sus mejillas estaban ruborizadas por la vergüenza.
Hermione dejó la copa a su lado y se cobijó en la túnica de Harry, inspirando su aroma. Deseó ser abrazada y consolada por alguien, que su madre estuviera allí y le asegurara que todo saldría bien, que Ron apareciera disculpándose y le regalara una flor. Cualquier cosa, pero que alguien le regalara un poco de cariño.
Cogió otra copa, sin detenerse a observar demasiado, y la llevó a su boca. Le agradó el sabor, era embriagador, pero al instante en que tocó su garganta, comenzó a toser. Rápidamente, dejó el licor a su lado y llevó una de sus manos a su pecho, en un vano intento de disminuir el ardor de su interior, y tosió disimuladamente, asegurándose que nadie la viera en ese estado. No pudo aguantar por mucho tiempo; sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a toser con vehemencia.
Los ancianos, que anteriormente charlaban, le observaron en un gesto molesto y luego continuaron su plática, donde el tema principal era ella y su "adicción" por el alcohol. Furiosa, cogió el whisky y se alejó de la pareja, murmurado por lo bajo todos los insultos franceses del cual tenía conocimiento. Sin pensarlo demasiado, entró a la pequeña cocina de los Weasley y cerró la puerta, cargando su espalda en ella. Suspirando, cerró los párpados y fue deslizándose poco a poco por la superficie de madera, hasta que un ruido la sobresalto. Cayó bruscamente al suelo, derramando el contenido de la copa sobre su vestido.
- ¡Mierda! – exclamó, apresurándose a buscar su varita.
- Lo…lo siento, Hermione.
La muchacha se sobresaltó por segunda vez en un minuto y enrojeció violentamente al escuchar esa voz. No atreviéndose a levantar el rostro, observó la horma de unos zapatos desgastado por unos largos segundos y, lentamente, alzó la vista y se detuvo en los ojos azules de Ron. Inconscientemente, se pegó más a la superficie de madera y tragó el nudo que comenzaba a formarse en su garganta.
- No…no quise asustarte – dijo Ron avergonzado, tendiéndole una mano. Hermione tardó en cogerla e, impulsada por la fuerza del pelirrojo, se levantó. Apenas estuvo de pie, soltó su mano y evito a toda costa su mirada.
- No lo has hecho, Ronald.
Pretendió que su voz sonara neutra, pero con lo enfadada que estaba, su tono sonó frío y sombrío. Hermione le dio la espalda a Ron con la excusa de buscar un poco de té en los estantes de la cocina, tardándose más de lo debido en encontrarlo. Cuando dio con él, buscó los utensilios necesarios para prepararlo, con la esperanza a que Ron abandonara la cocina antes de iniciar una conversación.
- ¿Estás enfadada?
Claro que no, Ronald. Estoy aquí preparando una taza de té y necesito concentración. Así que no me pongas los pelos de punta porque después no responderé. Saldrás al patio trasero con las piernas unidas. Procura mantener silencio si no lo deseas o vete.
Por supuesto que nada de eso salió de su boca, pero ignoró todo sonido proveniente del pelirrojo, o procuró hacerlo. Cuando llenaba la taza color tiza con agua tibia no pudo evitar escuchar el sonido producido por los dedos de Ron impactar contra la superficie de la mesa. Nerviosa, rebalsó la taza y murmuró por lo bajo una palabrota, mientras oía a Ron disimular carcajadas con un ataque de tos. Aquello le enfureció más. Dio media vuelta y lo encaró, mirándolo fijamente.
- ¿Qué te parece tan gracioso, Ronald?
- Yo… hum…– balbuceó – no creo que lo entiendas.
- ¡Entonces procura no reír frente a mí! – espetó con fastidio mientras adoptaba una posición que expresaba molestia. Cruzó los brazos a la altura de su pecho y esperó una respuesta por parte de Ron, lista para debatir -. Intento preparar té y no puedo concentrarme mientras estás tú aquí
- ¡Yo estaba aquí antes que tú llegaras! – replicó él, igual de fastidiado – ¿Crees que me apetece marcharme sólo porque tú me lo ordenas?
- ¿Por qué me haces sentir así? – gritó Hermione, y sacó su varita -. ¿Por qué, por una maldita vez, no concuerdas conmigo y me dejas en paz, eh¡Por una maldita vez deja de criticarme por lo que me gusta hacer!
- ¡Entonces hazlo tú también! – bramó Ron con su rostro virando a un rojo granate.
- ¡Lo hago! – le espetó ella con rabia – ¡O lo intento! En cambio tú no pierdes oportunidad para criticarme. ¡Es fastidioso¡Si tan sólo intentaras no meterte conmigo en todo momento las cosas irían mucho mejor, y no sería necesario defenderme con la misma piedra!
Silencio. Ron sacó su varita, pero, al contrario de Hermione, no la apuntó.
Hermione respiraba agitadamente, apretando la varita con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos de la presión. Notó una opresión en el pecho y comenzó a respirar más deprisa. Ron la miraba con los ojos tan llenos de rabia que Hermione no puedo por menos de sentir el peso de la culpa depositada en ella. No es tu culpa, se repetía tratando de convencerse. Se detestó a sí misma por ser la causante. Inspiró profundamente, relajando la tensión de su cuerpo, bajó la varita y habló con una voz peligrosamente suave.
- ¿Ves, Ron? Siempre estamos peleando, enfadándonos y molestándonos – las primeras lágrimas se deslizaron por las mejillas de Hermione. A ella no le importaron, y siguieron cayendo libremente - No vale la pena iniciar una relación si somos así, nos haríamos daño. Lo siento si te besé y te incomodé. Creí que alguien debería dar el primer paso.
Ron, lentamente, aflojó la expresión ceñuda de su rostro, mientras que poco a poco el color rojo granate iba desapareciendo.
- Hermione, has dado el primer paso – dijo el auténtico Ron mientras guardaba su varita y se aproximaba a ella.
Hermione dio un respingo y, sintiendo como su corazón se aceleraba, retorció un par de paso hasta tocar la pared con su columna. Miró a Ron directamente a los ojos y movió la cabeza en un gesto negativo. Sintió como los temblorosos dedos del pelirrojo tocaban sus hombros y ella cerró los párpados, dejando que se deslizara por su rostro otras lágrimas, y mordió su labio inferior.
Su mente empezó a rebobinar los acontecimientos del día. Se detuvo y reprodujo el beso que le había robado a Ron. La reprodujo una y otra vez deteniéndose en el preciso instante en que sus labios tocaron los de él. Has sido una imbécil, Hermione. La imagen iba y venía como un bumerang. Le fastidiaba como un dedo de alguien le clavara repetidamente en el pecho. Cada vez con más fuerza, primero raspando la piel, luego rajándola, pinchando y pinchando hasta que por fin la desgarraba y le alcanzaba el corazón. El punto donde más le dolía.
Un nervioso Ron acercó su rostro al de Hermione.
Tres, dos, uno…
Repentinamente el rostro de Hermione se giró hacia un lado, consiguiendo que Ron sólo pudiera rozar sus labios con su mejilla. Lentamente, el pelirrojo se alejó unos cuantos pasos mientras sus orejas se teñían de un rojo parecido al de su cabello.
- Ya has perdido tu oportunidad, Ron – dijo Hermione tranquilamente.
Ron parpadeó un par de veces sin saber qué decir. Observó el perfil de Hermione por un breve instante y, con la voz tomada, finalmente preguntó:
- ¿Qué oportunidad, Hermione?
- Ron – dijo Hermione apartándose un castaño rizo de la cara y mirándolo por primera vez desde que él intentara besarla -, en diciembre del año pasado tuvimos una oportunidad y nos enfadamos. Luego, en marzo tuvimos otra y no la aprovechamos. ¡Y hace unos minutos tuvimos otra y no resultó!
Hermione cerró los ojos apretando los párpados y se limpió los rastros de lágrimas con brusquedad.
- Hermione¿en realidad crees que nuestras oportunidades ya han acabado? – preguntó Ron, súbitamente enternecido.
- Sí – contestó ella con firmeza.
- ¿Por qué?
- Porque si no funcionó antes¿por qué funcionaría ahora¿Qué ha cambiado entre nosotros que nos ayude a estar juntos, Ron? – frotó su frente con cansancio y prosiguió – Míranos en el pasado, ahora y en el futuro. Somos demasiados distintos como para intentar ser…
La chica calló y se ruborizó.
- ¿Ser…ser novios? – apuntó Ron tan rojo como Hermione, o más.
- ¿Entiendes lo que quiero decir? – preguntó ella, aún cohibida por la situación – Mira, Ron. Quizás si no hubieras salido con Lavender o yo no hubiera invitado a McLaggen, sólo quizás, nosotros no nos hubiéramos enfadado por meses…
Ron enrojeció violentamente. Era obvio que Hermione nunca se enteró del verdadero motivo de su enojo, y era mejor que nunca se enterara.
- ¿Entonces esto acaba antes de haber empezado? – preguntó él, bajando la mirada mientras guardaba su varita.
- Sí – musitó ella cruzando las manos a la altura de su estómago -. Además no era el mejor momento para iniciarlo, Ron.
- ¿Por qué dices eso?
- Harry, Ron; Harry está en un momento crucial en su vida. Tiene a pocas personas a quien aferrarse y de esas pocas, nosotros somos unas de ellas. No podemos arriesgarnos a enfadarnos cuando él necesita nuestra ayuda más que nunca. Somos sus amigos y debemos apoyarlo. Con lo celosos que somos, lo más probable, es que nos paleáramos continuamente, y eso no ayudaría a Harry.
Ron levantó la vista y la miró fijamente. Hermione pudo apreciar un brillo nunca antes visto en los ojos azules de Ron. Sabía lo que se avecinaba.
- ¿Entonces todo es por Harry? – cuestionó en un tono molesto.
- No sólo por él, es por Harry y por nosotros.
Hermione pasó junto a Ron para sentarse en una silla frente a la mesa de la cocina, al lado de la ventana. Ron la imitó y se sentó en el lugar opuesto a ella.
- ¿Por nosotros? – preguntó Ron mirando sus manos sobre la mesa.
- Ron, con lo complicada que es la vida, me esfuerzo en hacer las cosas tan simples como sea posible. Sé que atenerme, sé lo que voy a hacer, adónde me dirijo y quién veré cada día. Con lo complicada e imprescindible que es la gente que me rodea, lo que necesito es estabilidad – apartó la vista de la ventana y miró a Ron a los ojos por primera vez desde que se sentaran -. Y tú – tomó aire -, tú le robas simplicidad a mi vida. Cambias las cosas de sitio y la pones patas arriba. Y a veces me gusta, Ron. Me haces reír, me haces enfadarme conmigo misma y haces que me sienta como alguien que no quiero ser – dejó de sonreír -. Pero hace un momento me hiciste sentir como alguien que no quiero ser. Necesito que las cosas sean simples, Ron.
Se hizo un tenso silencio entre ellos. Finalmente habló Ron.
- Siento mucho lo que sucedió, Hermione. Fue como si me paralizara y…, sabes como me pongo en esos momentos – se interrumpió para dilucidar los acontecimientos - ¿Sabes? Estuve…estuve mucho tiempo esperando que algo sucediese entre…tú…tú y yo, y no sucedió hasta hoy. Eres valiente, Hermione. Yo… yo nunca lo hubiera hecho si tú no hubieras…ya sabes qué.
Hermione se sonrojó y se atusó el pelo.
- Tengo un amigo a quien ayudar, unos padres a quines no sé cómo enfrentar, personas que esperan lo imposible de mí, personas que no creen que fracasaré algún día. Hace unos minutos me he dado cuenta que soy igual a ellos, porque creí que nunca fracasaría aguardando por… ti. Un muchacho que me hace sentir fatal cada cinco segundos – tomó aire -. Te tengo afecto, Ron, de verdad, pero en un momento dado pienso que me quieres y al siguiente que no me quieres. No sé que está pasando entre nosotros. Bastante sufro ya con los quebradazos de cabeza que tengo como para ofrecerme a soportar más.
Hermione se restregó los ojos con cansancio, al instante en que ambos se sumían en una profunda contemplación de sus propias manos. Una lágrima recorrió su mejilla lentamente, mientras que las otras rápidamente rondaron por su rostro.
Aquello significaba el fin de algo que había empezado hace tres años. Días de enojo, días de nostalgia, días de peleas, días de celos. Hermione se preguntó si durante ese tiempo existieron momentos felices, en los que ella se sintiera a gusto, en donde su razón y sentimientos estuvieran de acuerdo. Pero era uno o lo otro, no los dos. Entonces, bebiendo de su taza de té, se dio cuenta que si algo hubiera sucedido entre ella y Ron, nunca hubiera sido feliz.
Ron supo ver la angustia de Hermione y ella la de él, y sin necesidad de hablar de ellos ambos lo supieron. Había llegado la hora de dejar de andar en las nubes y en cambio mantener los pies en la tierra a la que siempre debieron haber permanecido arraigados.
Sin embrago, Hermione no pudo evitar sentir que algo muy grande y pesado había dejado atrás. Un peso que durante tres años había llevado en su espalda y ahora, libre, podía hacer lo que su corazón y mente le mandaban. Como uno. Tal cual como a ella le gustaba.
- ¿Es la túnica de Harry?
Hermione asintió y se cobijó en ella, mientras Ron fruncía el entrecejo.
Definitivamente todo había acabado.
Ginny reía mientras daba vueltas al ritmo de la música. Harry, su pareja de baile, tiró del brazo de ella, acercándola a su cuerpo y alejándola, nuevamente, en el mismo instante en que las notas musicales cesaban. Finalmente, deslizó sus dedos por su brazo y liberó su mano del agarre de la de ella.
- ¡Eso estuvo fantástico¡No sabía que eras tan buen bailarín!
- Yo tampoco… - dijo él, notando sus mejillas arder.
La frente de Harry estaba reluciente a causa del sudor, el nudo de su corbata estaba media desecha y su cabello más revuelto que nunca. Al contrario que Harry, Ginny lucía mucho más presentable que él. Su largo y liso cabello pelirrojo seguía tan sedoso como antes y las flores de su peinado aún estaban en su sitio, aunque su rostro estaba brillante después de pasar casi media hora en la pista de baile.
Luego de su pésima experiencia en el Baile de Navidad de cuarto año, Harry prometió que jamás volvería a pisar una pista de baile, o por lo menos a que consiguiera mejorar sus pasos. Pero él le había jurado a Ginny, cuando fueron novios, bailar una canción en la boda de Bill y Fleur. Harry lo había olvidado, al igual que muchas cosas, y la hermana pequeña de su mejor amigo le cobró su promesa en cuarto. Él, incapaz de decir no a una chica, aceptó, sintiendo que se libraba de su culpa. Él no sabía el por qué se sentía de esa manera, si Ginny no le había encontrado haciendo nada malo con Hermione.
Una mano se cerró en torno a la suya y al girarse, Harry pudo ver a Ginny tirando de él. Ella guió a Harry a través del gentío hasta un lugar apartado junto a las mesas rebosantes de comida, donde la música no se escuchaba tan fuerte y la gente se sentaba a descansar. Harry se acercó a la mesa de las bebidas y tomó un vaso.
- ¿Cómo te la estás pasando? – preguntó Ginny, bebiendo de su vaso.
- Hum…bien; no ha estado nada mal.
- ¿Otra canción?
- Estoy exhausto, Ginny – contestó, arroyando las mangas de su camisa – Vamos por Ron y Hermione.
Harry tomó la mano de ella y quiso guiarla entre la multitud, pero Ginny se quedó muy quieta en su lugar. Él le cuestionó con la mirada que sucedía, sin embrago, no recibió ninguna respuesta por parte de Ginny. Finalmente, Harry suspiró y preguntó:
- ¿Qué pasa, Ginny?
- ¿No piensas qué Ron y Hermione quieran estar…? – la pelirroja calló, esperando una interpretación por parte de él. Exasperada, continuó - ¿solos?
- ¿Solos¿por qué Ron y Hermione querrían estar solos, eh?
Harry no entendía nada y Ginny enarcó una ceja, cruzando los brazos a la altura de su pecho.
- ¿No lo ves?
Ron y Hermione solos, Ron y Hermione solos; mis mejores amigos solos; personas que se gustan solos…
Y se le hizo la luz.
- Ah.
Así que era eso. Harry no se había parado a pensar en ello por vergüenza que le producía. Imaginó que en breves instantes que Ron y Hermione lo saludarían tomados de la mano, que bailarían pegado uno al otro, que Hermione llamaría mamá a la señora Weasley y hermana a Ginny. Se adelantó al unos meses, donde sus amigos compartían una sesión de besos, mientras él, solo, buscaba información en los libros de su mejor amiga. Imaginó una de sus estúpidas discusiones matutinas y una reconciliación para nada inocente, una conversación entre el maravilloso trío de Hogwarts, en cual el tema principal eran las virtudes y defectos de la pareja. Pensó que en los momentos de peligro Hermione buscaría la mano de Ron y no la de él, que abrazaría a su mejor amigo y no él, que aumentaba su preocupación por Ron y no por él. Se figuró a él sentado frente a la chimenea de la sala común, mientras sus mejores amigos se besaban apasionadamente en el sofá escarlata. Imaginó un Ron intelectual, hablándole sobre runas antiguas. Y así surgieron una serie de pensamientos en su mente, una por una, donde por cada segundo que pasaba, menos le apetecía la idea de tener a sus dos amigos de novio.
Harry movió la cabeza, intentando que las imágenes, creadas por su mente precipitada, desaparecieran tal cual como aparecieron. Bebió su vaso de un solo trago y buscó con la mirada a Ron y Hermione, pero no encontró ningún rastro de ellos. Sintió como el pulso se le aceleraba y sus manos comenzaban a sudar.
- ¿Sucede algo, Harry?
El chico dio un respingo y, antes de mirar a Ginny, observó la pista de baile en busca de una cabellera pelirroja o castaña. Terminó mucho más frustrado que en su primera búsqueda. Por tratarse de una celebración Weasley, había una plaga de cabezas pelirrojas, mientras que el castaño se encontraba en menor cantidad, pero era tan común que no dio ningún resultado. Decepcionado, volvió su rostro al de Ginny y negó.
- ¿Crees qué ya haya pasado algo? – preguntó la chica, con una sonrisa curiosa en sus labios.
Harry frunció el ceño, negándose a pensar en algo así. Se puso en puntillas para tener una mejor visión de la fiesta, esperando que en cualquier momento aparecieran sus amigos.
En cualquier momento, Harry, susurró una voz dentro de su cabeza. A Harry le pareció percibir una cierta similitud con la de Hermione intentando tranquilizarlo. Tomó otro vaso y se lo bebió de un trago.
- En cualquier momento – musitó en voz baja.
- ¿Qué has dicho, Harry?
- ¡Nada! – dijo rápidamente, demasiado rápidamente.
Ginny no siguió insistiendo y se sentó en una silla, junto a Harry, que se empeñaba en ver a través de la gente. Exhaló con exageración, apoyando su mentón en la palma de su mano y se dedicó a enrollar un largo y pelirrojo cabello en su dedo. Escuchó a Harry murmurar algo y se sentó junto a ella. Ginny permaneció en silencio, jugueteando con el mismo mechón.
Harry miró a Ginny y se sintió nervioso e inquieto. Quizá no estaba dedicándole la atención que debía. Ella había aceptado su decisión con una madurez que Harry nunca esperó de ella, Ginny había actuado normal para no incomodarlo, le había echo reír y había disfrutado sus pláticas. Y ahora él estaba allí, preocupándose por algo que ni siquiera sus narices tenían el derecho de irrumpir. No se estaba comportando de la manera adecuada. Él esperaba, cuando la guerra finalizara, volver con Ginny. Aunque no puedo sacarse de la cabeza a Ron y Hermione durante el tiempo que estuvo con Ginny, Harry intentó hacer que ella se sintiera a gusto con él.
¿Y si lo he echado todo a perder?, pensó. Ahora o nunca.
Haciendo acopio de su valentía, preguntó:
- ¿Quieresbailarconmigo?
Ginny frunció el entrecejo y se acercó más a él.
- Claro que sí – dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja.
Harry buscó su mano y guió a Ginny entre el gentío, al mismo tiempo que una melodía movida comenzaba a sonar. Él se preguntó cómo lo harían sus pies para mantener el ritmo de esa música, si apenas podía manejarse con una lenta. Inspiró profundamente y algo muy extraño sacudió su mente. Aspiró nuevamente, pero nada sucedió. Entonces Harry se preguntó por qué ya no olía el perfume floral que antes caracterizaba a Ginny.
- ¿Harry?
Harry parpadeó un par de veces y salió de sus cavilaciones.
- ¿Bailamos? – preguntó Ginny, mirándolo con confusión.
Harry intentó olvidar el pequeño pencarse e hizo que Ginny diera una vuelta con gracia, sonriendo. De repente Ron apareció por detrás. Chocó a su vez con su hermana, y Harry le sujetó para no caer.
- ¡Estaban aquí! – gritó, para hacerse escuchar sobre la música - ¿Interrumpo algo¡Mejor me voy…¡nos vemos, chicos!
Y guiñando, se perdió entre la multitud.
- ¡Argh! – gruñó Ginny – ¡Ron es tan cabezota…!
Harry no oyó eso; miró por encima del hombro de ella, esperando que en cualquier momento ver a Ron y a Hermione bailando, pero el pelirrojo platicaba con la misma chica que le había visto antes. Extrañado, Harry buscó a su amiga con la mirada y no la encontró.
¿Qué habría sucedido entre ellos… ¿habría terminado bien o mal… ¿Ya eran novios… ¿Y si lo eran por qué no estaban juntos?
Una y otra pregunta azotó la cabeza de Harry. ¿Y no lo eran? El corazón de Harry se aceleró y una ola de alivio le recorrió todo su cuerpo, estremeciéndole cada célula de su cuerpo. Entonces una sonrisa, algo maligna, apareció en su rostro; sin saber el origen de aquel gesto.
- Harry, mi mano – se quejó Ginny, liberando su mano del agarre.
- Oh, lo siento – se disculpó.
Durante el resto de la canción, Harry no pudo concentrarse en los pasos que daba.
¡Hola!
¡Lo siento! He tenido demasiados exámenes y no he podido sentarme a escribir.
Les dejo con la mitad del capítulo, que en un principio era sólo uno, pero se alargó y no me dio tiempo para terminarlo.
¡¡GRACIAS POR SUS REVIEWS!! Gracias, gracias¡GRACIAS:
Klass2008azaak, Kry Potter, patriciamdp, deli, chokolatito19, alexa-potter, hermionedepottergranger, juan Pablo y nadia.
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¡Gracias por leer!
