:..: A Black Mystery :..:
Capitulo 3
Nymphadora Tonks caminaba por la casa sin rumbo fijo, tenía mas tiempo libre del necesario, pero no podía hacer nada sin que Hermione le diera algo con que trabajar. De las actividades normales también estaban escasos, la mayor parte de los miembros de la Orden se encontraban heridos, por lo que había actuar con suma cautela; la única cosa de provecho que se podía hacer era vigilar lo más cerca posible la mansión Ryddle.
Sin embargo, y por primera vez en todos los años que llevaban de cruel guerra, no tenía la mente puesta en la lucha; bastaba que cerrara los ojos para ver a su madre abrazando a Luna Lovegood una y otra vez. No fue sino hasta que las vio juntas, que recordó cuanto extrañaba sentir el calor de su madre; no es que alguna de ellas fuera sentimentalista, a final de cuentas eran Black; pero realmente añoraba la relación que tenía con su mamá. Relación que se había ido deteriorando desde su ingreso a la Orden.
Nymphadora nunca calificaría su relación como convencional o perfecta. Es mas ni siquiera se atrevería a decir que la dinámica de su casa era normal.
En una familia común la mamá se encarga de cocinar, limpiar, mantener la economía familiar, trabajar y muchas cosas más; descripción muy lejana de lo que Andrómeda era… Ella nunca fue una madre ordinaria; no cocinaba, no horneaba pasteles ni galletas; no se preocupaba por hacer platillos caseros y esperar a que su marido llegara de trabajar para sentarse a comer lo que le había llevado toda la mañana preparar. Su madre no era Molly Weasley, ni el tipo de madre promedio que consentía a sus hijos con dulces y helado. Ese era el tipo de cosas que hacía Ted, su padre. El si que sabía cocinar y hacer postres de los más diversos tipos; además, conocía todas las variables y combinaciones de comida chatarra en y entre los dos mundos. Sí, cualquier niño hubiera sido feliz de vivir con un padre como Ted Tonks.
De las tareas de la casa, Andrómeda solo se encargaba del mayor defecto (según las propias palabras de su madre) de papá, el orden y la limpieza; y a contrario de cualquier bruja, las tareas domesticas las realizaba de forma muggle. Cuando le pregunto a su padre del por que lo hacía así, si la señora Longbottom usaba su varita, el le contesto que era una forma que su mamá tenía de lidiar con su pasado. Le costo años entender que hacerlo a mano limpia era la forma en que su madre, acostumbrada a tener un sequito de elfos domésticos a su disposición para cumplir todos sus caprichos, se demostraba a sí misma y a su familia que no necesitaba su dinero y que podía valerse perfectamente por sí sola.
Ser criada por Andrómeda no fue difícil, simplemente fue diferente; le enseño modales propios de las princesas de los cuentos que Ted le leía en la noche antes de dormir. Cuando se sentaban a comer había mas cubiertos puestos que en la mesa de los Weasley. Siempre la incitaba a hablar con propiedad, sin usar las expresiones de moda; y ni que decir de las palabras altisonantes, simplemente era impensable, muchas veces escucho cuando regañaba a su padre, a su primo y a los amigos de este por usarlas. Había hecho que aprendiera historia, que conociera acerca de pintura, música y literatura; antes de entrar a Hogwarts conocía las obras de mas de cien artistas, tanto muggles como magos; había leído alrededor de trescientos libros; y aunque nunca lo admitiera delante de ella, se había enamorado de la opera y la música clásica; aunque las bandas que Ted le enseño, como Rolling Stones, Queen, Kiss, The Weird Sisters y The Petrified Troll seguían siendo sus favoritas. Simplemente la educo como se educa a los niños nacidos en las altas esferas de poder y los círculos sociales de elite… a los que ella perteneció. Con eso siempre dio por entendido que Andrómeda no podría dejar su pasado en el olvido, por mucho que este le doliera.
A diferencia de otras madres, Andrómeda no daba muestras de afecto en público. Cuando salían a Hogsmeade, al Callejón Diagon o cualquiera parte de Londres muggle, no la abrazaba, ni la besaba, ni mostraba preocupación por ella. Se limitaba a darle unas cuantas indicaciones y vigilar que nunca saliera del alcance de su vista; eran raras las ocasiones en las que le dirigía una sonrisa. Salir con ella era ir directamente a realizar los pendientes y las compras para poder regresar a casa. En caso contrario era sumamente divertido salir con su padre; la subía a sus hombros y le compraba una paleta, y cuando terminaban de hacer lo que fuera que papá tenía que hacer, pasaban por Zonko, la tienda de Quidditch, Honeydukes, la juguetería, el cine o el lugar de los videojuegos.
A pesar de eso, jamás le quedo la menor duda de que su madre la amara… Dentro de su casa las cosas eran completamente diferentes: le daba besos en las mejillas y en la frente; la arropaba por las noches; le decía que era la persona más importante de su vida; la abrazaba y felicitaba cada que aprendía algo nuevo y cada que se iba y regresaba de Hogwarts; jugaba con ella, revolcándose en el pasto, corriendo bajo la lluvia y brincando en los charcos; sabía cuales eran sus comidas y postres favoritos, y procuraba que estos no faltaran en la alacena y el refrigerador. Siempre que la veía tenía esa mirada, mezcla de orgullo y amor, que la hacían sentir que no importaba cuantas veces pintara las paredes o cambiara de color al gato del vecino, o cuantos reportes de mala conducta le mandaran de la escuela, o que tan desordenado tuviera su cuarto, su madre jamás dejaría de amarla.
Mientras Nymphadora iba creciendo su madre dejaba de ser la perfecta dama y se volvía más normal; menos fría, mas sonriente, menos propia, menos formal… mas como su padre; aunque en el fondo sabía que nunca lo lograría por completo; generaciones de tradición e ideología familiar no se pueden romper en solo unos años.
Con el tiempo los juegos cambiaron a profundas pláticas de madre e hija. Andrómeda siempre estaba ahí para ella; a pesar de lo intimidante de su presencia, sabía que podría platicarle de cualquier cosa y ella entendería. Había ocasiones en las que solo quería desahogarse, su mamá se sentaba frente a ella y la dejaba sacar todo lo que la molestaba escuchando atentamente y sin perder detalle o hacer algún gesto. Cuando necesitaba un consejo, su madre siempre tenía la palabra perfecta.
Sonrió tristemente, el problema no estaba entre ellas. Le fascinaba su relación madre-hija, que aunque nada ortodoxa y con muchas fallas, era la perfecta para ellas. El único problema en realidad consistía en la época antes de que Ted Tonks se atravesara en el camino de una de las puras hijas de la casa Black.
El pasado de Andrómeda siempre fue un misterio para ella y un tema que no se tocaba en la casa; mientras que las visitas a los abuelos Tonks, Mike y Ann, eran constantes; así como las visitas a sus tíos y primos del lado de su padre; ignoraba por completo si su madre tenía familia. Ni siquiera conocía el nombre de los padres de su mamá o su apellido de soltera. Siempre escucho que se dirigían a ella como 'Señora Tonks'. Sus amigos, los cuales eran pocos, la llamaban Andy. La única persona que sabía, compartía lazos de sangre con su madre era su querido tío Padfoot, en realidad era primo de su madre. Pero era exactamente lo mismo que no conocer a nadie porque al igual que Andrómeda nunca hablaba del lugar del que venían.
Fue a causa de un accidente, o del destino quizá, que descubrió el apellido bajo el que nació su madre. Recordaba perfectamente el día, tenía cinco años y nadie había podido cuidarla. Que Ted la llevara al trabajo, como en otras ocasiones, era imposible esta vez. Por eso y por primera vez iría con su mamá. Se había despertado a primera hora del día, la habían bañado y le habían puesto su mejor túnica; desayuno bastante como para no tener hambre durante toda la mañana y así emprendieron camino. No fueron por Londres muggle sino que caminaron unas cuantas cuadras lejos de casa, hasta un callejón desértico y entonces su madre se agacho hasta su altura y la rodeo con sus brazos. Esa fue la primera vez que experimento una aparición, sintió como si la hubieran puesto de cabeza y luego dado mil vueltas. Llegaron a otro callejón, y avanzaron hasta el final de este donde había una pared, su madre se encamino hacia ella sin preocuparse por chocar, así que ella la siguió esperando sentir los ladrillos en su cara, pero eso nunca paso; en vez de eso apareció ante ella una gran sala con magos transitando en todas direcciones, según el rápido vistazo que pudo hacer había mas de esas paredes falsas por todas las partes. Fue la única vez que su madre la tomo de la mano en público. Comenzó a caminar hacia el centro donde había un gran vestíbulo, como el del banco. La bruja que estaba detrás del escritorio, de unos treinta años con el cabello rojizo en un moño y sus lentes resbalando por el puente de su nariz, parecía muy ocupada con la docena de plumas a su alrededor que escribían solas y poniendo atención a cada persona que entraba ahí. Cuando llego su turno paro un momento sus numerosas actividades para saludar a su madre inclinando la cabeza ligeramente como si estuviera en presencia de alguien muy importante, luego su mirada se poso en ella y sonrió. Nunca creí que vería a la pequeña por aquí, dijo sonriendo con un tono dulceSu mamá no contesto, indicando que con eso se terminaba la conversación. Apresurada, la bruja del registro le entrego dos placas doradas, una tenía grabada solo dos letras A. B. la otra traía solo su nombre de pila Nymphadoraquería preguntar que significaban las letras en su insignia, pero opto por quedarse callada. La puerta cinco esta libre, que tenga un buen día. Fue lo último que escucho antes de sentir como su madre la jalaba hacia la parte mas ocupada de la sala.
Había por lo menos treinta puertas, todas altas y anchas, como las puertas de una biblioteca; todas de madera y de una tintura violácea, una placa de mármol con un número romano encima de cada una. Se dirigieron a la cinco, como les dijo la bruja del vestíbulo, antes de pasar le pregunto a su madre si ahí trabajada, ella movió la cabeza en forma negativa y le dijo que estaban en el centro de apariciones de Londres y después atravesaron la puerta. Del otro lado se encontraba un atrio de pisos de madera tan brillantes que pudo ver su reflejo en el, y mas gente si eso era posible. En medio de todo se alzaba una fuente dorada con un elfo, un centauro, un duende, un mago y una bruja y vio a muchas personas lanzando una moneda, le pregunto a su madre si ella podía, ella le contesto que si al final del día se había portado bien la dejaría. Fue cuestión de lógica saber donde estaban, Bill Weasley les había contado a su hermano Charlie y a ella de la fuente, estaban en el Ministerio de Magia. Caminaron hasta otro escritorio en que había un hechicero mal encarado a quien su mamá le dio su varita y ambas placas, el hombre realizo unas cuantas pruebas a la varita y luego la regreso junto con las placas que ahora tenían tres estrellas cada una.
Avanzaron hacia los ascensores y para su descontento se bajaron en el segundo piso, "Departamento de Seguridad Mágica", caminaron hasta lo mas lejos, donde casi no había gente y entraron a una oficina decorada suntuosamente, todo era en mármol con maderas preciosas, finas pieles y uno que otro brillante. Un mago, de la edad de su madre ya las esperaba. Debes ser muy influyente para que Rynkpolt haya aceptado a recibirte. Volteó a ver a su mamá para ver que respondía, pero lo que hizo la dejo sorprendida; le dirigió al joven hombre una media sonrisa llena de arrogancia dejando ver algo de su perfecta y blanca dentadura y luego le guiño un ojo, como cuando se lo hacía a ella cada que le ganaba en alguno de sus juegos. El mago salió murmurando cosas por lo bajo que no pudo entender y minutos después un anciano de apariencia afable entro. Era más alto que su mamá y ella era muy alta, su cabello era blanco, tenía una barba igualmente blanca y una ligera panza que combinaba perfecto con sus mejillas abultadas y sonrosadas, sus ojos azules y alegres parecieron encenderse al verla. Sonrió ampliamente y la abrazo como si tuviera mucho tiempo de no verla, su madre no hizo mueca alguna pero acepto el gesto y eso ya era demasiado de su parte. Tan seria como tu padre. Esa frase atrapo su atención de inmediato. Mi niña debo decir que fue una verdadera sorpresa para mí escuchar tu nombre. Aunque te engañaría si te dijera que es por el cariño a tu familia que acepte recibirte, he leído tu historial y estoy muy sorprendido, aunque no esperaba menos de ti Meda. Presto mas atención solo una persona la llamaba Meda, Padfoot, este señor conocía a su madre desde antes. Lamentablemente no hubo oportunidad para preguntar, su mamá le explico lo que necesitaba al Señor Rynkpolt y juntos se sentaron a ver los papeles que ella traía. Se sentó cerca de ellos sin hacer ruido alguno; nunca había visto trabajar a su madre y realmente quedo sorprendida. La elegancia con la que se movía, la seguridad de sus ademanes, la fuerza de sus palabras; parecía tener controlada la situación. Aunque no supiera de lo que los dos adultos hablaban veía como el anciano trataba de hacer caer a su mamá con sus preguntas y como ella respondía inteligentemente a cada una de ellas; de pronto sintió como si fuera hija de una mujer invencible. Acabaron después de un par de horas y mientras Andrómeda recogía toda él se acerco a ella. ¿Así es que ella es la heredera? Sintió como la miraba de arriba abajo y ella respondió irguiendo la cabeza y con una mirada altiva, o lo más altiva posible para una niña de cinco años. Definitivamente la sangre de tu familia corre por sus venas. Dijo riendo y vio como su madre la miraba con orgullo. Creo que no sabe la situación, Nymphadora nunca heredara nada. El viejo la miro de una forma triste. Conozco la historia, tu madre no quería tocar el tema y tu hermana estaba vuelta loca; aunque debes de recordar que esto. Puso la mano encima de su corazón. No lo puede quemar nadie y es también esto lo que se hereda. Su madre le dio las gracias y ambos se despidieron y luego ellas, salieron de la lujosa oficina.
Regresaron a los elevadores y ahora si se quedaron a mas del recorrido, bajando en el quinto piso, el que correspondía al Departamento de Cooperación Mágica Internacional; y sí horas antes pensó que su madre era invencible ahora tenía la certeza de que era una especie de súper mujer. Todos los que estaban en su camino salían de él inmediatamente, algunos visiblemente intimidados; ella caminaba orgullosa a su lado, con la cabeza alzada y su mirada imitando a la de su mamá. Una vez más llegaron hasta lo más lejos del corredor, y entraron por las puertas que estaban marcadas por la palabra CIM, Confederación Internacional de Magos, le explico al instante su madre. Dentro había muchos hechiceros y brujas, muchos hablando en lenguas extranjeras, casi todos saludaron a su madre y ella les contesto en sus respectivos idiomas; igualmente todos voltearon a verla y la mirada de su madre jamás la pudo olvidar, era orgullo hacia ella y para los demás amenazante, podría jurar que significaba si se te ocurre tocarle aunque sea un cabello te mato.
Una vez mas ya las estaban esperando, esta vez una bruja de apariencia estricta que la felicito por haber conseguido la firma y el sello del Liman Rynkpolt, lo único que faltaba para poder someter a juicio al infeliz húngaro. Estaba sumergida viendo la plática de las dos mujeres cuando escucho una voz. Tú eres la hija de Meda. No era una pregunta, era una afirmación.
Era un mago de la edad de su madre, vestido con una elegante túnica negra, en ella eran visibles dos broches: el de una serpiente plateada, un Slytherin; y un escudo de armas. Era delgado, alto, de cabello castaño oscuro y ojos amatistas. Es una pena su caso, tenía un brillante futuro, y ahora tiene que hacer el trabajo de cualquier elfo domestico. Le dijo como si ella supiera de lo que estaba hablando. Que quieres Jorkins. Andrómeda ya se encontraba detrás de él. Vamos Meda¿así es como se trata a los viejos amigos? Su madre no respondió, tomo su mano y caminaron hacia adentro, donde había más oficinas. No la vas a poder proteger por siempre. Eso fue lo último que escucho de Jorkins. Llegaron a la entrada de un pequeño cubículo que tenía una lamina plateada que rezaba en letra elegante Andrómeda B.Ahí estuvieron toda la mañana, y en el transcurso de esta se presentaron una diversidad de brujas y hechiceros; jóvenes, adultos, viejos, de posiciones muy importantes, otros de puestos mas abajo. Algunos iban por asuntos de trabajo, otros solo asistían a saludarla; pero todos la trataban con un respeto que hacía que su madre pareciese una de las jefas del lugar en vez de una empleada mas.
Era casi la hora de comer cuando hizo su aparición una bruja de finas ropas y estrafalario peinado, la saludo como si tuviera mucho tiempo de no verla, lo cual era cierto, según lo que le dijo tenía cinco años de no estar viviendo en Inglaterra. Acabo de regresar y cual fue mi sorpresa al enterarme de que estas trabajando aquí. Luego dirigió su mirada hacia ella y sonrió aun más. Vaya, quien fue el afortunado ¿Lestrange, Crouch? No me digas Nott; dime quien fue el valiente que pudo atrapar a la inalcanzable Andrómeda... y luego pronuncio las cinco letras que le acarrearían tantos conflictos en un futuro, Black… la inalcanzable Andrómeda Black.
Andrómeda B., A. B., las dos significaban lo mismo. Andrómeda Black, su madre era hija de una de las casa más antiguas en todo el mundo mágico. El impacto a esa edad fue inmenso. No podía creer que su mamá, Andy Tonks, fuera la misma que Meda Black; no podía concebir la idea de que fuera parte de ellos, por lo tanto ella también. Su vida no podía ser mejor, desde que recordaba había tenido una fascinación por esa familia, y como no hacerlo si siempre escuchaba hablar de ellos: Estaba la perfecta Bellatrix Black, imponente, poderosa y orgullosa, no existía mago o bruja que le pudiera negar algo, bastaba con que saliera de su boca para que lo que dijera fuese un hecho. La preciosa Narcissa Black que salía en todas las portadas de las revistas de moda siempre con sus hermosos vestidos y finísimas joyas, invitada especial de cualquier evento, hospedada en los mejores lugares, comiendo los platillos más selectos, y conviviendo con las personas más famosas e influyentes. El encantador Regulus Black futuro heredero de una de las mayores fortunas jamás existidas, respetado en todos los círculos a pesar de su juventud; culto e inteligente, no había tema del que no supiera, con una brillante carrera por delante. El genial Sirius Black, con su espectacular motocicleta, sus grandiosos y divertidos amigos, siempre viviendo aventuras y haciendo cosas divertidas. Su emoción creció mas al darse cuenta que Sirius Black era la misma persona que Padfoot, que tonta había sido, no todo mundo podía tener una moto voladora y el nombre Sirius no era tan común después de todo.
Después de que la bruja se fue, un tanto decepcionada cuando su mamá le dijo el nombre de su padre, ella volteo a verla emocionada y la acribillo con un sin fin de preguntas acerca de su familia, de sus abuelos, de sus tías; incluso le reprocho el por que nunca la había llevado a conocerlos, su madre no contesto, su mirada parecía perdida y después de un tiempo le dijo que cuando fuera mas grande lo entendería todo. Llegaron a la casa y ya estaba ahí su papá y Padfoot, corrió hacia ellos eufórica a platicarles del día que había tenido; les conto de cómo su mamá podía hacer todo y como todos le temían sin razón aparente. Meda puede dar miedo muchas veces. Dijo su tío con una sonrisa fingiendo un escalofrío. Siguió con su platica, ambos hombres atentos a todo lo que decía, se sentaron a la mesa y ya estaban comiendo cuando le pregunto a Sirius sobre su familia, haciendo que se atragantara por lo inesperado de escucharla pronunciando el apellido Black. Contrario a lo que esperaba, supuso que ahora que sabía el secreto, su tío y su madre le contarían todo acerca de donde crecieron, Sirius termino su comida en silencio y luego él y Andrómeda fueron a la sala a platicar dejándolos a ella y a su padre solos. Ted le dijo que no se preocupara, que su mamá se lo explicaría en pocos días, cuando estuviera más calmada.
Así fue, exactamente tres días después en el jardín de su casa, su mamá se dedico a mencionarle los nombres de sus abuelos y sus tíos; pero también le dijo que era imposible que fuera a conocerlos por que tenían muchos años de estar peleados; ella le pregunto que sí era por la guerra y su madre le respondió que era eso entre otras cosas. Dejo el tema por la paz pero sus dudas crecieron, más que nada por que escuchar el apellido Black inmiscuido con los asuntos del Señor Tenebrosos era muy frecuente. ¿Acaso su familia era mala¿Estarían también su madre y Padfoot metidos en eso?...
Con la inercia de su caminata llego frente a un espejo, cerro los ojos concentrándose un poco y luego los abrió para mirase. Analizo detenidamente cada detalle de su cuerpo; se miro con desprecio, realmente era una de ellos… Una lisa y brillante cascada de cabello negro caía hasta su media espalda; su tez era blanca, no como la nieve sino aperlada, con el brillo único que solo tenía la legendaria familia; su figura era delgada y fina, cada curva de su cuerpo bien detallada; las manos delicadas y los dedos delgados con uñas brillantes… Su cara gritaba Black a los cuatro vientos; el rostro afilado, los pómulos delgados, los ojos de su madre, el mentón de Bellatrix, los labios de Sirius, la nariz de Narcissa, las cejas de Regulus… Parecía como si la genética de los Tonks nunca hubiera existido; era la mezcla perfecta entre Andrómeda y Bellatrix. Dio media vuelta, no quería seguir contemplando esa imagen, quería salir lo más rápido posible; debido a su urgencia ambos pies se le enredaron y fue a dar al suelo en una estrepitosa caída que lejos de hacerla enojar, causo en ella una risa incontenible.
Sí, podría ser una Black a la vista; podría tener varios rasgos de carácter de ellos, prueba fehaciente era su terquedad. Pero eran detalles como ese descuido al hacer las cosas, la torpeza de sus actos y la ligereza de su carácter la que la diferenciaba de ese montón de mortífagos. Aunque, ella bien sabía que la única y verdadera distinción entre ella y Tojours pur residía en que fue ella misma decidió ser Tonks. Ella sola fue quien se alejo de la oscuridad y peso del apellido y se paso al bando de la luz, tal y como su madre. Recapacito un momento, no su madre no era así; su madre seguía encubriendo asesinos; su madre seguiría atada a esa familia por el resto de su vida. Se levanto ya con la forma que siempre adoptaba y siguió su camino. Por ahora necesitaba hacer cualquier cosa, tenía que dejar de pensar un rato en los Black.
Harry estaba sentado en la biblioteca sin nada que hacer, la falta de actividad general hacía que se sintiera un inútil. Eran días como esos los que hacían surgir en el un deseo por hacer algo que se podría calificar como estúpido; como salir con nada mas que su varita a capturar a cuantos mortífagos y aliados de Voldemort se le pusieran enfrente sin preocuparse de nada mas. No era que no tuviera la fuerza necesaria para acabar con una veintena de ellos el solo, pero se necesitaba más que valor e increíbles hechizos para poder dar fin a la confrontación que había costado millones de vidas de más de tres generaciones.
Durante los últimos años su poder se había incrementado de una manera impresionante, y no solo era eso, el manejo de su magia era mucho mas preciso de lo que el mismo hubiera imaginado: no necesitaba mas que de cinco horas para hacer a la perfección un nuevo hechizo; empleaba con maestría la magia no verbal; después de un arduo entrenamiento logro controlar la Oclumencia; la Legilimancia no se le daba mal, aunque solo la usaba cuando era absolutamente necesario; estaba incursionando en la magia sin varita, podría jurar que la pluma que intentaba mover empezaba a tambalearse; incluso había aprendido un par de conjuros orientales. Físicamente también estaba en forma: podía correr kilómetros sin sentirse desgastado; tenía una estricta rutina de flexiones, abdominales, cuclillas y pesas lo que había logrado que los músculos de su cuerpo estuvieran perfectamente marcados; practicaba dos tipos de artes marciales y el combate con la espada. Realmente la idea de Hermione de mantenerlos, a él y al resto de la Orden, entrenados en todos los aspectos fue grandiosa…
Hermione… el nombre vino a su mente involuntariamente, siempre quedaba estupefacto al notar que no podía pensar o hacer algo sin relacionarlo con ella. Ni siquiera cuando estaban combatiendo al enemigo la dejaba en paz; siempre estaba al pendiente de ella, aun cuando sabía que si alguien podía hacer todo lo que él hacía, y ya lo había demostrado salvándole el cuello un par de veces, era Hermione. Necesitaba sacarla de su mente, sabía que de su alma jamás podría, pero era fundamental que saliera de su cabeza por unos minutos para poder pensar en la guerra como era debido.
Sintió dos manos cubriendo sus ojos por debajo de los lentes, no era ella, las manos de Hermione eran un poco más grandes y no tan suaves…
-¿Me extrañaste?- preguntó un tono meloso de voz con un susurro en su oreja, el no contesto. Aunque toda su vida hubiera vivido en Inglaterra, aun era fácil reconocer el acento chino de Cho Chang. La mujer que alguna vez perteneció a la casa de Ravenclaw cambio sus manos de posición y dejo que estas viajaran por el pecho de Harry abriendo los primeros dos botones de su camisa.
-¿Qué pretendes Cho?- Harry la había detenido con una sola mano y se giro en la silla para quedar frente a ella.
-¿Así es como me recibes después de dos meses?- su pícara mirada no se borro, se sentó sobre su regazo y volvió a la camisa del chico.
-No voy a hacer nada- respondió él con total tranquilidad.
-No es necesario cielo yo lo hare todo por ti- ya había desabrochado todos los botones y estaba a punto de empezar con el del pantalón cuando sintió que el se paraba.
-Búscate a otro- le dio la espalda y empezó a caminar hacia la puerta.
-¿No entiendo por que le eres fiel si ella se revuelca con toda la maldita casa?- él se paro en seco- ¿Crees que no lo se? Por favor Harry, siempre ha sido ella, desde antes que te dieras cuenta es ella… Hermione es esto… Hermione tuvo una gran idea… Hermione hizo aquello… Tengo que ir a ver a Hermione… ¡Pero te tengo una noticia cariño, para Granger es lo mismo acostarse contigo que con Seamus, George o el vecino de enfrente!- el ojiverde se volteo con la mirada nublada por la ira la tomo por lo brazos y la empujo contra la pared- ¿Acaso me vas a pegar?- pregunto desafiante.
-Sabes que no- respondió entre dientes no quería pensar en todo lo que le acababa de decir, sabía que era cierto, pero siempre se rehusaba a creerlo; siempre guardaba la esperanza de que Hermione sintiera lo mismo que él, pero aun tenía el recuerdo marcado del día de la cocina.
-¿Entonces?- como respuesta recibió un beso que no tardo en contestar.
Harry la beso con furia, no supo en realidad por que, tal vez con eso quería borrar lo que había dicho, o simplemente quería hacerla callar; cuando se separaron quedo confundido, frente a él tenía a Hermione, ella le dijo algo a lo que no le presto atención pero reconoció la voz de Cho, y fue cuando supo que su mente le estaba jugando una broma; pero no le importo, se iba a dejar engañar, lo necesitaba… la necesitaba. Convirtió el cabello negro en bucles castaños, la piel blanca se volvió apiñonada, los ojos de un profundo café; la volvió a besar esta vez mas suave pero con la intensidad propia del deseo. La guió hasta que se toparon con uno de los libreros, que por el golpe dejo de caer varios ejemplares; sonrió mientras le quitaba la blusa por lo irónico de la situación, parecía que la vida estaba dispuesta a burlarse de él; de todos los lugares de la casa, estaban en su santuario, la maldita biblioteca. El sentir sus pantalones bajar por sus piernas lo regreso a la realidad; le quito el sostén y acaricio sus senos lentamente, alternando su boca en cada uno. Ella gimió y hecho la cabeza hacia atrás todo lo que el estante le permitió. Paso la mano por su vientre camino abajo, dispuesto a desabrochar el pantalón para dejarla en igualdad de condiciones. Un sonoro golpe, de la puerta cerrándose, y la mujer frente a el volvió a tener rasgos orientales.
-Perdón, no quise interrumpir- Harry no se movió en espera de que fuera otra alucinación suya, pero al ver a Cho buscar la parte superior de su vestimenta supo que se trataba de la real. Hermione avanzó justo hacia donde estaban, se agacho para recoger uno de los libros que estaban en el suelo- Nada mas vine por esto, pueden seguir en lo que estaban, aunque si me hacen el favor de ir a otro estante, me tarde mucho en ordenar este y realmente no me gustaría volver a hacerlo- lo dijo como si fuera lo mas normal del mundo y camino nuevamente hacia la puerta- Otro favor, tampoco sobre mi escritorio, tengo muchos papeles importantes ahí, gracias- salió de una manera elegante que combinaba perfectamente con su falta de emoción. El chico tardo una fracción de segundo en regresar sus pantalones a su lugar y salir tras ella.
-¡Harry!- escucho como le gritaban pero en ese momento solo quería alcanzarla y explicarle todo.
Camino aprisa con Cho gritando su nombre a sus espaldas, los corredores eran largos y sabía que ella caminaba rápido; finalmente vio algunos de sus rizos doblar hacia el corredor que conducía a la entrada de la casa.
-¡Hermione!- ella no dio muestras de querer detenerse, así que él aumento la velocidad- ¡Hermione!-
-¿Qué sucede Harry?- pregunto sin dejar de avanzar, atrás aun se oía a la otra bruja llamándolo.
-Solo quiero decirte lo que pasó ahí dentro-
-No te estoy pidiendo que me aclares nada- no sabía por que estaba mas preocupado, por lo que ella había visto o por que la escena no la afectaba para nada.
-Hermione por favor-
-Sí así lo quieres, te escucho-
-¿Te puedes detener un segundo?- pararon justo frente a la puerta principal.
-Ahora si, que quieres decirme-
-¡Harry!- la voz de Cho se escucho cerca, ya los había alcanzado.
-Soy tu mejor amiga, no tienes por que darme explicaciones de nada de lo que hagas o de las mujeres con las que te metas; sabes que puedes acostarte con quien se te pegue la gana- se lo dijo a los ojos, claramente y sin rastro de tristeza, enojo o algo que le dijera que había despertado en ella un sentimiento al verlo con alguien mas.
-Pero…-
-No te voy a negar que el sexo entre nosotros es fabuloso, pero es solo eso, es algo físico y nada más-
-Harry, deja de rogarle, no es más que una golfa- Cho puso una mano sobre su hombro tratando de jalarlo hacia ella; Harry iba a saltar en su defensa, pero el gesto de Hermione se lo impidió, nunca hubiera imaginado que una sonrisa pudiera ser atemorizante, pero la forma en que lo hizo y la mirada que le dedico a la mujer detrás de el, logro hacer que ambos retrocedieran un par de pasos intimidados.
-Hazle caso a Chang, aunque te doy un consejo, no lleves algo con ella mas allá de la cama, es igual o peor que yo-
-No lo entiendes verdad, yo…- lo que fuera que Harry le iba decir murió en su garganta por el sonido estrepitoso de la puerta. Un cuerpo masculino cayó por el umbral. La castaña corrió para ver de quien se trataba, le dio la vuelta y se encontró con el rostro de Seamus lleno de sangre, la mano empuñada con fuerza en su varita, la ropa rasgada y heridas por todo el cuerpo.
-Mortífagos… en el camino… de regreso- alcanzó a balbucear el hombre que acababa de llegar.
-Al primer cuarto del ala oeste, rápido- ordeno sin parecer afectada por el deplorable estado físico del irlandés. Harry se hecho el cuerpo maltratado sobre un hombro y camino rumbo a la dirección que Hermione le había dado- Chang ve por Luna y Andrómeda- la china corrió escaleras arriba de inmediato.
-Mione… yo… yo lo…-
-Tranquilo Seamus, en un momento me contaras todo- caminaba detrás de ellos viendo que no se lastimara mas de lo que ya estaba.
Llegaron al cuarto mencionado y Harry depósito lo más suave que pudo el cuerpo de Finnigan sobre la cama, Hermione entro y dejo el libro encima de la mesa de noche, conjuro un tazón de agua y un paño limpio y empezó a limpiarle las heridas de la cara. Fue cuestión de minutos para que Luna y Andrómeda llegaran, la rubia traía consigo varias pociones que no demoro en darle.
-Harry y Cho¿podrían salir por favor?- el tono de la castaña no daba pie a discusión alguna así que ambos hicieron lo pedido. Conjuraron un hechizo de insonoridad y de impenetrabilidad.
-¿Qué le paso?- preguntó Andrómeda, quien con cuidado le quitaba la ropa sucia.
-Al parecer mortífagos, hay que esperar a que reaccione-
-Lo hará en cualquier momento- dijo Lovegood administrándole la última poción de un verde oscuro nada buena a la vista. Esperaron en silencio los cinco minutos que tardo en levantarse, pero no fue sino media hora después, cuando ya podía articular varias oraciones juntas que inicio su historia…
-No estaba muy lejos, venía por el camino de Ipswich, pero fue hasta que llegue a Chelmsford que me di cuenta que me estaban siguiendo; intente perderlos en cuanto llegue a Londres, pero ya sabes como son esos tipos que no se te despegan ni un milímetro- ahogo un quejido cuando Luna le ponía una pasta verdosa en la pierna- Tome la dirección contraria a Grimmauld Place, me agarraron cerca de St. James; eran cuatro y ya lo saben…-
-¿Qué saben?- pregunto la que lo estaba curando.
-Lo que, mas bien, a quien estamos buscando; sus preguntas fueron muy precisas¿Sí se encontraba en Irlanda¿Cuál de las dos era la madre?... ¿Si era hombre o mujer?- hizo otro gesto de dolor al sentir algo caliente en las costillas.
-Los mortífagos que te atacaron deben de ser del círculo más cercano, no creo que Voldemort quiera esa información filtrada- aclaro Hermione.
-Algo me dice que la Orden no vino desde arriba- volvió a decir Seamus, pero antes de que pudiera dar sus razones Andrómeda hablo.
-Fue Bellatrix-
-¿Cómo lo sabes?- Luna volteo a verla por la seguridad con lo que lo había dicho.
-Puedo jurar que quiere llegar primero a el o ella para hacerlo tomar un lado, su lado-
-¿Solo por ser un Black lo… la…?- rodo sus ojos azules confundida- ¿Quiere de su lado?-
-¿Qué hay detrás de esta persona Andrómeda?, debe de ser algo muy importante como para que tu dejaras tu neutralidad y vinieras a decirnos que era indispensable que la encontráramos- Granger la miro de forma inquisidora.
-No voy a decir nada hasta que no este segura de mis suposiciones, pero si son ciertas, créanme que van a desear que el último Black pelee de su lado o se abstenga de luchar- se quedaron en silencio, lo que se ocultaba tras la descendencia de Regulus era algo, que ahora sabían, cambiaría el rumbo de la pelea.
-¿No creen que se les ha olvidado preguntarme algo?- las tres brujas regresaron su atención a Seamus, en vista de que ninguna preguntaría el solo se respondió-A que me mandaron si no fue por respuestas- lentamente se desabrocho la cadena que portaba, de esta colgaba un cilindro de madera sin tallar, con un par de toques de su varita se alargo lo suficiente. Se trataba de un contenedor, lo suficientemente grande como para tener en su interior un millar de pergaminos. Lo abrió y entrego tres carpetas a la que le encomendó la misión- Tienes suerte, solo encontré tres mujeres que encajan con la descripción; una sigue en Irlanda, en Donegal; las otras dos están aquí en Inglaterra, una en Manchester y la otra en Birmingham; todas de pasado desconocido, con un solo hijo entre veinte y diecinueve años-
-¿Todos son hombres?- fue lo primero que cuestiono Luna.
-No, una es mujer, la de Manchester, que también es la más chica; el mayor es el de Donegal-
-¿Actividad mágica?- esta vez pregunto Hermione.
-Escasa de parte de las tres… pero esto te va a gustar, sus iníciales son HMB; las mismas que Helena Maeve Black-
-Finnigan, podría besarte en este mismo instante- la castaña pasaba hoja tras hoja de una de las carpetas.
-No te detengas preciosa- lo dijo con su característica sonrisa, la cual relajo el ambiente.
-Cuando te recuperes- le respondió alzando su mirada de los pergaminos para verlo a la cara.
-Solo espero que lo cumplas- él siguió con su tono conquistador.
-Nunca he faltado a mi palabra-
-Estuviste a punto de perder la vida y ya estas tratando de meterte con ella, eres incorregible- Luna se río por la escena, eran ocasiones como esta las que le regresaban la esperanza.
-Haría cualquier cosa por ella- la forma en que Seamus miró a Hermione no dejaba en duda que lo que sentía por ella era algo mas que pura lujuria.
-Descansa, iré a trabajar en lo que me acabas de traer- su ex compañera de casa le paso una mano por la cara, y fue suficiente para él, sabía que esa era la forma de darle las gracias.
-Ve con ella Luna, yo me quedare a cuidarlo- Andrómeda se sentó a un lado de él y continuo la labor de la ex Ravenclaw.
-No tardara mucho en quedarse dormido, le acabo de dar la poción- las dos salieron de ahí, finalmente con algo en que trabajar, después de una semana de inactividad la Orden saldría de su letargo.
Exactamente como lo dijo la rubia, Seamus se durmió a minutos de que se fueran. Andrómeda acabo de curarlo y ponerle ropa limpia. Empezó a recoger todo lo que habían utilizado; se topo con un libro en la mesa de noche, no tenía título o marca alguna, pero lo reconoció, se trataba del libro escrito por Helena sobre como ocultar la presencia mágica. Seguramente Hermione lo traía consigo cuando Finnigan llego. Así que Granger iba a aprender lo que estaba ahí escrito; sonrió para sí misma, la chica le recordaba muchas veces a Bellatrix y Regulus, siempre queriendo aprender todo de lo que leían, siempre rompiendo sus propias barreras. Lo intento abrir para hojearlo un rato pero lo encontró imposible, tenía un muy buen hechizo de protección; utilizo los encantamientos básicos pero no dieron resultado, incluso probo unos cuantos que tenían sus raíces en esa casa pero tampoco cedió. No pudo evitar sentirse orgullosa de la castaña, no solo por tener la prudencia de guardar tan valiosa información bajo llave, sino por la fuerza de su conjuro. Realmente Hermione Granger era alguien muy especial.
Hermione y Luna caminaban rumbo al despacho de Orión, donde tenían montada la investigación del heredero Black, lo que Seamus les acababa de traer les sentaba como oxígeno puro después de estar minutos bajo el agua. Entraron y quitaron todo lo que estaba en el escritorio, archivándolo y poniéndolo en las gavetas correspondientes, apenas iban a sentarse cuando se la puerta se abrió sin previo aviso. Padma Patil, una chica de veinte años delgada, morena, ojos tan oscuros como su cabello negro y rasgos claramente hindús, entro con la varita empuñada y una gran urgencia.
-Ataque en Portsmouth- fue lo único que dijo pero no se necesitaba mas, ambas sacaron de inmediato su varita, Hermione le dio un par de toques al contenedor y este regreso a ser una cadena, se lo puso tal y como lo traía Seamus y salió de ahí.
-¿Cómo estamos?- preguntó Luna al tiempo que se arremangaba la blusa.
-Menos del cincuenta por ciento, de hecho es una suerte que se puedan formar todos los escuadrones a su mínimo-
La Orden, en el campo de batalla, se separaba en escuadrones cuyos miembros eran solo los mejores hechiceros residentes de Grimmauld Place. Todos los demás inmiscuidos en la lucha tenían que responder a uno de estos. Después de mucho pensar y gracias a dos mentes estrategas como las de Ron y Luna se decidió quienes formarían estos grupos y como atacarían. En estado perfecto, es decir con los suficientes elementos para luchar cada escuadrón estaba formado de cuatro personas; en ocasiones como esta el número se reducía a tres incluido el líder.
El escuadrón naranja lo encabezaba Moody, su experiencia equilibraba perfectamente a dos jóvenes impulsivos como Lee Jordan y Fred Weasley. El café, conocido como Le Paix por la tranquilidad de sus integrantes cuando estaban en casa, incluía al líder de la Orden, Remus Lupin; Padma Patil y Dean Thomas. Nymphadora estaba al mando del morado, Della Guerra, nacidos antes de la primera caída de Voldemort; en este se encontraban Charlie Weasley y Fleur Weasley. I Reali el escuadrón verde, conocido así por la arrogancia y modos de sus miembros; Cho Chang, Zacharias Smith y a la cabeza Draco Malfoy. Ron Weasley era la cabecilla del rojo, llamado Ron's Angels, ya que lideraba solo a mujeres: Ginny Weasley y Lavender Brown. Los azules, comandados por Luna Lovegood, normalmente estaban formados por Kingsley Shacklebolt y Seamus Finnigan; pero el último estaba totalmente imposibilitado, por lo que tendría que llamar a Romilda Vane, quien después de que desistiera de darle un filtro amoroso a Harry se había vuelto una bruja muy capaz, un diamante en bruto solía decir Mc Gonagall. El escuadrón blanco de Harry Potter, formado por Neville Longbottom y Angelina Johnson; los tres compartían un profundo resentimiento hacia Bellatrix Lestrange quien les había arrebatado a su familia. Por último estaba el temible escuadrón negro, Bill y George Weasley seguían las órdenes de Hermione Granger; quien en batalla era tan sanguinaria como cualquier mortífago. Siempre atacaban Negro, Blanco, Azul y Rojo por un lado, y Café, Morado, Verde y Naranja por el otro.
Llegaron al sótano, toda la mansión estaba llena de trasladores perfectamente escondidos, en el ya se encontraban los demás equipos.
-¿Cuántos son?- preguntó Draco mientras ponía su mano en un modelo de medio metro del HMS Cornwall, un barco de la Marina Real Británica.
-Alrededor de doscientos cincuenta- respondió Moody imitando al rubio.
-Solo somos veinticuatro- dijo Lee amarrándose el cabello con una cinta de piel.
-Hemos estado en peores- Bill puso mano a lado de la de su esposa.
-¿Todos listos?- todos asintieron ante la pregunta de Remus, todos con una de sus manos ya en el navío a escala- Bien… Pro vita, pro spes- y con esas palabras el traslador se activó llevándolos a todos.
El lugar era una lastimera postal, de ser uno de los puertos más importantes de Inglaterra, Portsmouth se había convertido en ruinas, el muelle estaba desecho, las casas destruidas, la ciudad completa en llamas; un contraste impactante tomando que en el horizonte el agua del océano se movía con tranquilidad. Hermione iba tranquila, pero con los sentidos alerta, a su lado caminaba Ron con la varita en mano cuidando con la vista a su hermana; George y Bill caminaban detrás de ella con cautela, a la derecha del menor de los varones Weasley y murmurando por lo bajo estaba Lavender. Los estaban rodeando, lo sabía, todo estaba demasiado calmado. Tomo solo un instante para que en medio del fuego se dibujara una calavera con una serpiente saliendo de su boca; y entonces sombras negras salieron de la nada era hora de empezar el espectáculo. El escuadrón negro corrió hacia la derecha y el rojo hacia la izquierda; Hermione no quedo nada sorprendida cuando vio a la mayoría de los enmascarados ir tras ella, no sabían lo que les esperaba. Lanzó un par de hechizos aturdidores sin destino fijo y se dio la vuelta; George y Bill ya estaban flanqueándola. Estaban hombro con hombro ella en dirección contraria; escucho decir George que eran mas de treinta, de su lado había quince. No se iba a lanzar a atacar aun, la experiencia le había enseñado a esperar hasta el ultimo segundo. El ambiente se volvió frió y oscuro; una veintena de dementores se interpusieron entre ella y sus enemigos de carne y hueso; no sabía por que los seguían mandando con ella, los extractores de energía positiva ya no le eran amenaza alguna, su mente era una fortaleza, aunque muchos decían que no le afectaban por que carecía de sentimientos. Conjuro su patronus, una nutria de dos metros, sin dificultad alguna; uno de los temas favoritos a especular en Grimmauld Place era en que pensaba Granger para conjurar un patronus tan poderoso; en su rango de visión logro distinguir varios animales plateados, una liebre del triple del tamaño de una normal, un mono araña, un león, un caballo, un delfín y un ciervo.
Al irse los dementores quedo cara a cara con uno de los mortífagos, al contrario de los demás, que iniciaban su ataque con magia, lo pateo en el estomago sacándole el aire haciendo que cayera al suelo, después con un sectusempra lo dejo desangrarse mientras iba al encuentro de otro. Solo estaba atacando de frente, sabía que los hermanos Weasley cuidaban su espalda. El segundo le lanzo un imperius que pudo esquivar con suma facilidad, cuando llego frente a el le redujo la cabeza al tamaño de un limón y uso el único hechizo que aprendiera de Lockhart para quitarle los huesos e impedir que hiciera algo para cambiar su condición; agarro la varita del mortífago y camino dejando la aguada masa con forma humanoide atrás, era cuestión de un par de minutos de que muriera por la falta de oxígeno. Le prendió fuego a la varita que acababa de recoger y la aventó a uno de los lugares que no cubría la mascara de la muerte de su siguiente oponente, los ojos; el grito de dolor fue agudo se trataba de una mujer. Se acerco lo suficiente tomando una rama en el camino, la transformo en una daga larga y atravesó con ella el pecho de la enmascarada, tomo una de sus manos fuertemente de la muñeca haciendo que soltara su varita y la piso partiéndola en dos. Así fue acabando con quien estaba frente a ella, uno a uno fueron cayendo, no tenía la necesidad de pronunciar Avada Kebadra ninguno de los que estaba ahí merecía una muerte tan limpia y tranquila.
A pesar del despliegue de actividad física su respiración era lenta y controlada; al contrario de la de los pelirrojos, que era tan agitada que podía escucharla a pesar de estar separados por varios metros. De su lado ya no había nadie con quien pudiera luchar, volteo y vio como se acercaban más mortífagos hacia ellos.
-Veinticinco- dijo Hermione
-Cincuenta y cinco- grito Bill
-Cuarenta y dos- respondió la voz de Ron a lo lejos. Durante la batalla gritaban el número de mortífagos caídos por escuadrón para tener en cuenta cuantos más los podrían atacar.
Ambos equipos se encontraron; a excepción de una herida en el hombro de Lavender todos estaban intactos. Se escucho el número ciento cinco de las voces de Harry y Luna, con esos ya llevaban doscientos dos; se fueron acercando hasta que se encontraron con los escuadrones Azul y Blanco, no los atacaban y tampoco escuchaban noticias del otro lado eso no significaba nada bueno.
Estaban en lo cierto, de entre las casas, o lo que quedaban de ellas, sorteando los cuerpos de sus aliados avanzaban otros trescientos mortífagos, al centro se alzaba la sobria figura de Bellatrix Lestrange, la mascara no era necesaria; todo mundo sabía que portaba la marca con orgullo. Ron y Luna se miraron y asintieron, de sus varitas salieron dos halos de luz, uno plateado y otro dorado. Angelina, Kingsley, Romilda y Lavender cambiaron lugares por medio de apariciones con Remus, Nymphadora, Fred y Fleur. Era otro de los movimientos estratégicos, cuando veían la situación muy difícil, se concentraban en dos equipos, el dorado comandado por Harry y el plateado con Moody como líder.
Formaron un círculo intercalándose un hombre y una mujer, Harry y Neville juntos. Todos dándose la espalda, era imposible que hirieran a alguien al menos que uno cayera y esa no era una opción. Con una señal de su mano Bellatrix mando a su ejército al ataque. Los maleficios comenzaron a llegar de todas direcciones. Un protego al mismo tiempo creo alrededor de ellos una barrera impenetrable que duro medio minuto, tiempo suficiente para el contraataque. Las túnicas negras se iban reduciendo considerablemente, a pesar de la diferencia en cantidad, se veía un buen panorama para el escuadrón dorado. Aguantaron bien el embate enemigo, y cuando la situación comenzaba a verse en igualdad de condiciones, el grito de Neville rompió el ritmo de ataque.
-Hirieron a Neville- grito Bill mientras que, con mucho esfuerzo esquivaba un rayo naranja que le llegaba por la espalda.
-¡Nymph!- se escucho la voz Remus y el sonido de un cuerpo caer al suelo. Ha este le siguieron Fred y Ron.
-Rápido, cierren el círculo; Ginny y Fleur ayúdenlos- Hermione dio la orden y Bill, Remus y George desviaron todos los ataques de las dos chicas, en lo que ellas arrastraban los cuerpos al centro, una vez en medio los que quedaban de pie cerraron el círculo dejándolos resguardados de cualquier peligro- No pierdan la calma-
Del otro lado la maquiavélica sonrisa de Bellatrix se ensanchaba, estaba a nada de tenerlos donde quería. Pero el gusto no le duro mucho, vio como la odiosa de Granger conjuraba un hechizo de protección en ella y luego se hincaba poniendo la mano derecha, en la que sostenía la varita, en el suelo; observo con atención como los labios de la asquerosa sangre sucia se movían y luego una barrera violeta envolvía al círculo. Quedo sorprendida, solo una vez había visto ese conjuro. Apunto su varita y realizo el primer hechizo que le vino a la mente y tal como había supuesto este reboto. Comenzó a caminar hacia ellos.
-¿Así que has aprendido un nuevo truco?- preguntó estando frente a ella.
-¿Demasiado vieja para pelear? No te he visto hacer nada desde que llegaste- respondió en el mismo tono sin dejar su posición, alrededor de ellas los maleficios seguían volando.
-No hay nada con lo que pueda entretenerme, aunque ahora estamos perdiendo tiempo, este escudo es impenetrable- dijo mirando el aura que los cubría.
-En la casa de tus tíos hay muy buen material-
-Lastima que escoria como tu tengan acceso a el- ambas se sostuvieron la mirada, hasta que el sonido de simultaneas apariciones hicieron notar que el escuadrón plateado estaba ahí- La próxima vez nos veremos de frente Granger-
-Eso espero Lestrange-
-No te metas con lo que no puedes controlar, soy demasiado para algo como tu- dio media vuelta y se alejo de ahí sin inmutarse de los cuerpos cayendo a sus lados, un aura violeta la envolvía repeliendo los hechizos que la Orden le lanzaba.
Les costo mas de diez minutos derrotar a los mortífagos restantes, algunos serían llevados a donde se realizaban los interrogatorios para ver si podían sacar algo de información. En el suelo estaban Neville, Nymphadora, Fred y Ron; los demás aunque de pie, poseían varias heridas, solo Hermione parecía haber salido sin rasguño alguno. Se juntaron todos rodeando los cuerpos inconscientes, pero con vida; Fleur desabrocho uno de los prendedores de su cabello, el cual todos tocaron, y con la misma frase con la que llegaron salieron del lugar.
Aterrizaron en el salón de dibujo, el cual habían convertido en una enfermería; Mc Gonagall, Parvati, Susan Bones, Arthur y Molly ya estaban ahí; esta última al ver a dos de sus vástagos en las camas ahogo un grito y corrió a revisar al menor de ellos mientras su marido iba con el gemelo. Andrómeda llegó corriendo y vio a su hija inmóvil, no se vio presa del pánico, con toda entereza acerco una silla a lado de donde estaba recostada Nymphadora y con una mano acarició su cara. Neville estaba boca abajo ya sin camisa, dos heridas abiertas le surcaban la espalda, Parvati aplicaba una pomada sobre ellas que haría que se cerraran lo más rápido posible
-¿Alguien me quiere explicar que pasó?- ante la pregunta de Hermione, Ginny agacho la cabeza clavando la mirada al piso, la castaña se giro ante ella- Sabes perfectamente que si alguien cae, caemos todos, sino estabas en condiciones de ir me lo hubieras dicho- nadie intervino, había una cosa muy clara, a pesar de su tono solemne Hermione Granger estaba furiosa- Veme a los ojos cuando te hablo Ginevra- la menor del clan Weasley alzo la cara, tenía los ojos llenos de lagrimas.
-Lo siento… yo no quería…-
-Alguien pudo morir hoy y solo por un descuido¿te hubiera gustado eso?-
-No, pero yo…-
-Pero nada, con un carajo, lo he dicho claramente, sino pueden no vayan, nadie los esta obligando, prefiero quedarme con tres que sepan lo que hacen y lo que arriesgan a estar vigilando veinte que no saben moverse-
-Déjala ya Granger-
-Tú no te metas Malfoy-
-Creo que es suficiente, dos de sus hermanos están inconscientes como para que alguien le diga que es por su culpa-
-Si están en una cama, es por un error, un error que no debe volver a ocurrir-
-No todos pueden ser como tú-
-Y créeme que me alegro por eso- todos estaban expectantes ninguno de los dos había alzado la voz en ningún momento y aun así se sentía como si hubieran estado gritando.
-Pa… pá- la voz de un niño dio por terminada la discusión, se trataba de Arthur Lois Weasley quien venía en brazos de Katie Bell. Bill sonrió y fue al encuentro de su hijo alzándolo encima de su cabeza para después dárselo a su esposa quien lo abrazo fuertemente y beso sus dos mejillas- Mamá- el pequeño, siguiendo la tradición Weasley, pelirrojo miro todo el cuarto con los ojos llenos de curiosidad buscando a alguien, sonrió en cuanto la encontró- Min- alzo los bracitos para que lo cargaran en dirección a Hermione quien haciendo caso omiso de lo que el niño quería se acerco a él y le acaricio el cabello, luego salió de ahí dejando al infante con un puchero en el rostro.
-¿Alguien vio cuantos thestrals me pasaron encima?- preguntó Fred mientras se sentaba en la cama, Ginny corrió a abrazarlo sacándole una queja- Hermanita creo que me acabas de romper una costilla… Es la primera vez que hago un comentario y nadie se ríe, vamos quiten esa cara de funeral; no hay que estar tristes solo por que Ron sea un holgazán incurable, Tonks tenga la costumbre de despertarse hasta pasado el mediodía y Neville haya confundido una poción para dormir con jugo de calabaza- esta vez logro su cometido sacándoles a todos una risita.
-Gred tiene razón, la casa ha estado baja de animo últimamente- dijo George subiéndose a un taburete para que todos lo vieran- Deberíamos hacer una fiesta para mejorar el ambiente-
-Estas loco estamos en medio de una guerra- Zacharias lo vio con cara de pocos amigos.
-Por eso mismo, no todo debe de ser muerte y destrucción-
-En una semana es Navidad- dijo emocionada Romilda.
-Tiene años que no la celebramos- siguió con entusiasmo Parvati.
-Es una idea adorable cariño, pero no estamos para eso- opinó Molly mientras le vendaba la cabeza a Ron.
-Vamos mamá, no hay fecha mejor que esta… Harry cuando fue la última vez que festejamos correctamente Navidad- el mencionado se quedo callado haciendo memoria, la última fiesta decembrina la había vivido en ese mismo lugar, junto con Sirius…
-Hace cinco años- respondió pensando en que la idea era buena, o al menos eso delataba su sonrisa.
-Sería la primera Navidad de Arthur, el año pasado tenía unas semanas de nacido- dijo Fleur con su hijo asintiendo al igual que su padre.
-Y aquí en la casa hay suficientes adornos como para decorar todo Hogsmeade- aporto Andrómeda.
-Además no estaríamos dejando nuestras obligaciones, sabemos que entre los ataques hay diferencia de dos semanas, aun así estaremos vigilando cualquier movimiento extraño- todos voltearon a ver expectantes a ambos líderes de la Orden quienes lo discutieron en murmullos durante un par de minutos.
-Bueno, en vista de que todos estamos de acuerdo Grimmauld Place festejara Navidad- anunció Mc Gonagall ante la algarabía de los demás.
La mayoría salió de la enfermería con un nuevo propósito, dentro solo se quedaron Harry cuidando de Neville; Angelina con Fred, Luna con Ron y Molly pasando de un hijo al otro; Andrómeda y Remus estaban junto a Nymphadora. El primero en despertar fue Neville, justo antes de que Molly se llevara a Fred para darle de comer; Harry ayudo a su amigo quien solo se quejaba al apoyar la espalda. Lo llevo al cuarto que compartía con Dean y Seamus para que descansara mejor y regreso para ver que Ron despertara. Ni el pelirrojo ni Tonks daban señales de querer despertar, habían sido golpeados con cuatro diferentes hechizos, pero sus signos vitales eran estables; sus cuerpos no tenían ninguna marca lo que hacía mas difícil saber donde había impactado el maleficio y por ende no saber donde aplicar o suministrar lo necesario. Hermione se aparecía cada quince minutos, para checar su condición. No fue sino hasta entrada la madrugada que Ron empezó a moverse, su cuerpo lo resintió con una fuerte fiebre que mantuvo a Hermione, Harry y Luna pegados a él. Para el amanecer había regresado a su temperatura normal y media hora después despertó.
-¿Qué paso?- pregunto el pelirrojo despertando por completo a las personas somnolientas que lo estaban rodeando.
-Hermano te perdiste de la comida y de la cena- dijo Harry haciéndolo sonreír débilmente, sus ojos azules se dirigieron a su mejor amiga en espera de que le dijera algo, pero esta solo le hizo beber una poción y fue donde se encontraba Andrómeda.
-Ronald Weasley, nunca me vuelvas a hacer esto- exclamo Luna con un tono serio que no le pertenecía, Ron se percato de las marcas negras bajo sus ojos y algo dentro de él le decía que no se había despegado de ahí ni un solo momento.
-No puedo prometerte nada- contesto Weasley con un tono heroico.
-Lamentablemente lo se, pero te diré algo que te va a alegrar el día-
-¿A si?- ladeo la cabeza curioso.
-Si quiero Ron, si quiero ser tu novia… estuve pensando mientras estabas dormido y no hay mejor momento que ahora, no tenemos el tiempo comprado… que mas da, soy rara, estoy loca, no te prometo un lugar lleno de Komenins y Huchos pero…- los labios del chico sobre los de ella fueron lo que la hizo callarse.
-No tengo la menor idea de lo que son los komenins ni los huchos, pero creo que tendremos el tiempo suficiente para que me lo expliques- la rubia se acerco para volver a besarlo esta vez profundamente.
-Consíganse un cuarto- dijo Harry con una fingida mueca de asco pero con una sonrisa.
-¿Celoso Potter?-
-De ti Weasley, nunca. Vamos te ayudo para llevarte a tu cuarto-
-Que te parece si mejor paramos en la cocina, espero que me hayan dejado algo- con ayuda de su recién nombrada novia se sentó y paso un brazo por los hombros de su amigo quien lo ayudo a levantarse y salieron al paso lento del pelirrojo.
Andrómeda estaba desesperada; había visto llegar a todos con heridas y sangre, cortadas abiertas, la piel magullada, cardenales grandes y la ropa rasgada; y a todos los había visto irse, sino totalmente recuperados con la seguridad de que lo harían en cuestión de días. Pero su hija estaba ahí, sin moverse, respiraba, su corazón latía; pero esa energía característica de ella, su risa contagiosa y el brillo de sus ojos se encontraban perdidos en el limbo entre los vivos y muertos. Había visto a muchos de sus amigos morir en la guerra, a su familia darle la espalda, el odio de un grupo hacia otro. Muchas veces pensó en huir de esa vida, dejar la magia atrás y empezar de nuevo en una ciudad donde sus ancestros y su apariencia no significaran nada, y lo hizo durante unos meses, pero eso había sido renunciar a ella, lo cual estaba en contra de sus ideales. Dejo su familia no por que quería dejar de ser una Black, siempre lo sería, sino por defender a quien la había sacado de su jaula de oro, Ted.
Nunca se explico como se enamoro de él, un día era un sangre sucia mas que contaminaba el aire que ella respiraba con su sola presencia y al otro era la persona más fascinante que hubiera conocido jamás. No es que en todos los años de relación no hubieran peleado ni una sola vez, Merlín sabía que en ocasiones solo quería transformarlo en un bicho, un pez o algo que se pudiera mantener en un contenedor para no verlo ni escucharlo hasta que se le pasara el enojo. Pero Ted la había salvado, le había enseñado un mundo completamente diferente al que estaba acostumbrada y le había mostrado un sin fin de nuevas posibilidades. Un mundo en el que ser Black no significaba nada, en el que estaba permitido reír tan fuerte como tu garganta lo permitiera, en el que se podía comer con los dedos y caminar descalza; en el que una sonrisa bien dada valía mas que cualquier cantidad de oro o diamantes. Y lo más importante le había dado un nuevo sentido a su vida, una razón más fuerte que cualquier cosa en el universo, su hija, su amada Nymphadora.
Su pequeña había llegado en el momento más critico de su vida, no tenía la seguridad económica con la que había crecido, toda su familia la ignoraba, era victima de constantes ataques de los que alguna vez llamo amigos, y estaba dándose cuenta que el amor no era lo único necesario para mantener una relación. Basto con tenerla entre sus brazos y escuchar, aunque fuera su llanto, una sola vez para saber que haría cualquier cosa por ella y que se enfrentaría a quien fuera, incluido todo aquel que llevara su sangre, por ella; y que si estaba a su lado sería capaz de cualquier cosa.
Ser madre resulto ser mas difícil de lo que imaginaba, y mas con una niña como Nymphadora. Su hija era un sol, un encanto de pies a cabeza, pero tenía la energía y curiosidad de cinco niños, características que la llevaban a meterse en problemas muy seguido con los vecinos. Muchas veces dudaba si su hija sabía cuanto la amaba, y es que acostumbrada a un ambiente de propiedad y hermetismo no sabía como actuar con su hija. En ocasiones se encontraba odiando a Ted por llevarse de una manera tan cálida y despreocupada con la pequeña lo cual daba como resultado que se odiara a si misma por odiar a su marido. Algunos días la razón de su distanciamiento con la niña se trataba del sorprendente parecido físico con sus hermanas y primos que la sumían en una profunda melancolía al recordar una época de juegos y risas. Al ir creciendo, adquirió más rasgos del lado de su familia, no solo en su cuerpo, sino en el carácter; el sentido de independencia y autosuficiencia, la terquedad, el mal carácter de los Black, pobre de aquel que se cruzara en su camino cuando estaba enojada. Y el rasgo más predominante de todos, la pasión por defender sus ideales.
Después de renunciar a su apellido, había minimizado su participación en la guerra que estaba en su apogeo, aunque era muy difícil teniendo a dos hermanas y uno de tus primos como mortífagos, y al otro como auror. Además de que su credibilidad estaba por los suelos, al parecer solo un Black huyendo de su familia tenía cupo en el bando de los buenos, y ese lugar le pertenecía a Sirius, no importaba que ella estuviera casada con un descendiente de muggles y tuviera una hija con él, muchos siempre sospecharían de donde estaba puesta su lealtad. Su salida definitiva del conflicto llegó la noche en que los Potter murieron y culparon a su primo. Como podían imaginar que el haría algo como eso, si desde que aprendió a hablar se había rehusado al termino sangre sucia. ¿Por que Dumbledore con todas sus influencias no le había arreglado un juicio? el lo conocía desde niño, sabía que los Potter eran su familia y aun así dejo que se lo llevaran a Azkaban por un crimen que no cometió. Nunca volvió a ver a su hija llorar como el día en que le dijo que Padfoot no volvería en mucho tiempo. Nymphadora adoraba a Sirius, y la maldita guerra se lo había quitado, ese día juro que nunca un enfrentamiento se inmiscuiría en la vida de su hija.
La paz volvió con el tiempo, y el colegio llego para Nymphadora, el primer año fue normal, la emoción y entusiasmo con la que inicia esa etapa; los que siguieron fueron extraños, como si Nymphadora fuera una en casa y otra en Hogwarts. Fue hasta antes de iniciar séptimo que ella insistió en que la llamaran Tonks; en el que los rasgos de su sangre se borraron de cuerpo y cambiaron por colores de cabello estrafalarios, narices de diversas formas y ojos de diferentes tonos; también fue al final de ese año en el que ella anunció su decisión de ingresar a la Academia de Aurores. Eso no le preocupo, al contrario le gusto la seguridad con la que Nymphadora lo dijo. El problema inicio cuatro años después cuando llego alegre con la noticia de que ingresaría a la Orden del Fénix, de inmediato y recordando la última vez que un miembro de su familia estuvo en esa organización se opuso rotundamente. Así dio inicio su primer enfrentamiento por una razón real entre ellas dos. Ver a su hija sostener su posición era como tener a su hermana mayor frente a ella explicándole por que debían apoyar a Voldemort; el mismo fervor pero por causas contrarias. Al final del día llegaron a un acuerdo, pero aun así ambas sintieron que habían perdido algo. Las dos tenían razón: conforme Nymphadora se inmiscuía, escuchaba más los nombres de Bellatrix y Narcissa y haciendo lo más lógico regresaba a casa esperando que su madre le diera información sobre ellas; pero fiel a su palabra Andrómeda nunca dijo nada. Esa era la razón por la que Nymphadora le tenía resentimiento. No sabía que sí ella no decía nada, no era por que no la quisiera ayudar, sino por que había visto que la Orden no era tan buena, o al menos mientras estaba al mando de Dumbledore, como se jactaba de ser. Habían liberado a un renombrado mortífago y condenado a un fiel auror.
Pero ahora nada de eso importaba, ni las riñas, ni sus puntos de vista diferentes, ni el resentimiento, ni los Black, ni la Orden… nada. Solo quería verla abrir los ojos, escuchar su risa igual a la Ted, verla tirar el azúcar al endulzar su té, golpear a alguien por accidente mientras se ataba los cordones de los zapatos deportivos que tanto amaba, escuchar Angie o Bohemian Rhapsody a todo volumen…
-No te preocupes va a despertar- escucho la voz de Hermione, pero solo tenía ojos para su hija.
-Es una mujer muy fuerte- ahora hablo Remus, realmente quería creerles pero ya era casi un día y Nymphadora parecía querer volverla loca como cuando era una niña y se desaparecía de la casa por horas.
Se quedo dormida con la mano de su hija entre sus manos, fue hasta el atardecer que sintió movimiento y rápidamente regresaron sus sentidos. No creía que fuera posible que existiera algo peor que verla postrada en una cama, pero en cuanto empezó a convulsionar supo que el infierno no se andaba con rodeos. Entre Remus y Hermione la sostuvieron mientras Luna le daba un par de pociones y le suministraba con una jeringa muggle un liquido naranja que emanaba humo café. Ya caída la noche se encontraba dormitando cuando escucho claramente su voz, oyó como la llamaban dos veces más y acabo por despertarse.
-¿Qué paso ma'?- un saludo típico de ella y vio su sonrisa a pesar del dolor que su rostro evidenciaba.
-Como siempre dándome problemas- respondió de manera alegre haciendo que Nymphadora intentara encoger los hombros.
-Solo quiero pedirte dis…-
-Ahora no, después hablaremos, hay tiempo suficiente- tomó su rostro entre sus manos y lo acaricio lentamente depositando un beso en su frente, por un momento Tonks se sintió como si tuviera cinco años y estuviera enferma de gripe, recibiendo los cariños de su madre… como había extrañado la sensación- ¿Qué quieres que te traiga de comer?-
-Quédate, nosotros lo traeremos¿cierto Remus?- el hombre asintió y salió junto con Hermione dejándolas solas.
Ninguna dijo nada, solo se quedaron viendo fijamente, ambas conteniendo las lagrimas, ambas deseando decir algo pero sin saber como empezar. Realmente no importaba ahora solo era cuestión de tiempo, entre ellas dos siempre era cuestión de tiempo, pero ahora las dos tenían abiertas las puertas para hablar. Andrómeda rió, tal vez lo del milagro de la Navidad no era solo un mito después de todo.
Notas de la autora: Al fin despues de casi dos meses sin actualizar aquí esta el tercer capítulo!!! Pero que mejor fecha que hacerlo a horas del estreno de la película cinco en México (12 de julio a las 00:00 hrs) por cierto ya tengo mi boleto jajaja, y a un par de semanas de Deathly Hollows (que igual ya compre :P)... Jajaja, Bueno volviendo al fic tuvimos la primera parte del porque Nymphadora y Andromeda no se hablan, y digo primera parte, por que aun hay mucho que conocer del pasado de Tonks, y de Meda ¿alguna vez sirvio a la Orden?. Y que me dicen de Cho, estupida no es, por algo estuvo en Ravenclaw; aunque si es algo tonta al atreverse a meter con Hermione. Y Seamus, un corazón roto mas, al parecer la misión de Granger es enamorar a los hombres de Grimmauld Place; aunque hay que agradecer al irlandes por traer la información, oficialmente empieza la busqueda del heredo Black. Me gusto la batalla de Portsmouth, no se a uds, y Hermione no es alguien que quisiera de enemigo, realmente es otra persona; pobres de Neville, Tonks, Fred y Ron... y el hechizo que uso Hermione probablemente vuelva a aparecer y tal vez sepamos que fue lo que le paso a Ginny para que rompiera el círculo... El hijo de Bill y Fleur un encanto y una belleza, veremos mas de el en el siguiente capitulo y por la forma en que la busco parece muy cercano a nuestra querida castaña. Ella y Draco discutiendo de manera civilizada, realmente los inmaduros estudiantes de Hogwarts quedaron atrás. Por fin Luna le dio la tan esperada respuesta a Ron, solo espero que no se arrepienta despues, aunque al parecer solo necesitaba un ligero empujoncito para tomar su decisión...
Así es que para el proximo episodio tendremos las primeras visitas a las posibles Helenas, una platica pendiente entre madre e hija, un poco de Harry y Hermione, mas recuerdos Black y por supuesto Navidad!!!
La Paix: literalmente La paz en frances, quien es mas pacifico en estado stand by que Remus Lupin
Della Guerra: de la guerra en italiano
I reali: la realeza ó de la realeza, igual en italiano, y es que vamos los integrantes de este ecuadron se comportan como si fueran reyes y princesas
Ron's Angels: claramente tomado de la exitosa serie Charlie's Angels
Pro vita, pro spes: "por la vida, por la esperanza" (latin) me parecio una buena frase para estos tiempos de guerra
El HMS Cornwall como ya dije es un barco de la Marina Inglesa, escogí que el traslador al Portsmouth fuera un modelo a escala de este navío, ya que durante mucho tiempo Portsmouth fue el puerto mas importante de Inglaterra y actual mente es la base de la Naval Inglesa.
Nos vemos pronto, o al menos eso espero... vayan a ver la pelicula y compren el libro!!!, y si alguien tiene un mejor summary bienvenido sea jajajaja
Kari Kauffman
