Wiii!! ya traje la contii!! intento ser rápida, aunque no siempre lo consigo...Gomen...

Estoy muy contenta porque este fic ha tenido muy buena aceptación, a mi parecer, significa mucho para mi todas las rw que me mandáis. Espero no defraudarles con este capi que he hecho con mucha dedicación. Si no os gusta, es que no creo que sea capaz de hacerlo mejor, así que no puedo decir nada.

os recuerdo que Naruto no me pertenece, ni ninguno de esos bombones sobre los que escribo. Mi único consuelo es saber que a vosotros tampoco!! jajaja!! sé que soy mala, pero es que la envidia es muy mala!! (Es coñaaa, XDD)

Muchos besitos a todos!! y Muchisimas gracias por leer.


CAPÍTULO 3

Le liberó las manos al fin, para poder darle la vuelta. Durante un buen rato se quedaron estáticos perdiéndose en los profundos ojos contrarios, negro, ahora, contra blanco.

"¿Qué pasa conmigo?", se cuestionaba mentalmente el Uchiha, nunca le había ocurrido nada igual. "Es tan hermosa… Tiene que ser sólo mía. ¿Uh?", se reprendió a él mismo. "¿Desde cuándo soy tan posesivo? Ni que me importara lo que ella haga con su vida." El chico libraba una batalla interna en un intento de esclarecer esos sentimientos tan confusos que lo embargaban. El era un criminal de Rango S, no podía permitirse el lujo de sentir, ni de ser débil ante un deseo humano. Tenía que permanecer impasible, aunque en ese momento su cuerpo ardía por probar ese cuerpo que tenía enfrente.

La capa de hielo que había creado a su alrededor con tanto esfuerzo, fue derretida en un segundo, cuando unas cálidas y temblorosas manos se posaban en su rostro, acariciando sus mejillas y sus labios suavemente, con las yemas de los dedos. Como acto reflejo, cerró los ojos. Nunca se había sentido tan… bien.

Ella tenía más que claro que lo deseaba, no sabía si habría sido capaz de entrar en su protegido corazón, pero lo que sí tenía presente era que su cuerpo le gritaba a voces que necesitaba de él. "Tengo que hacerlo", se animó a sí misma. Se puso de puntillas sobre el agua, y con las manos sujetando el firme rostro de él, lo atrajo hacia sí, juntando sus labios de una forma tan tierna y cálida que Itachi creyó estar en el cielo.

"Nunca pensé que me podría sentir así por un simple beso", pensó el moreno, sorprendido por sus propios sentimientos y por la inesperada iniciativa de ella. Definitivamente, Hinata había cambiado, para bien o para mal, pero al fin y al cabo, era otra chica, completamente diferente, que nada tenía que ver con la Hinata del pasado no muy anterior.

El Uchiha mayor, vio como todo el tiempo atrás que había vivido se esfumaba en ese casto beso. Se olvidó de su clan, de su familia muerta, asesinada por él mismo, de su propio hermano y de todas las almas atormentadas que lo acosaban por las noches sin cesar, en sus peores pesadillas. Lo único que pudo hacer es dejarse llevar por ese ángel que lo guiaba hacia la paz. "No puedo dejarla escapar", dijo para sí, antes de rodear la esbelta y fina cintura femenina con sus fuertes brazos, para abrazarla con posesión.

Ya estaba decidido, ella sería de él y de nadie más, si alguien se interponía, "lo mataré", sentenció mentalmente.

La joven de ojos blancos descendió sus manos por el musculoso pecho de él. Sintiéndose decepcionada por no encontrar un resquicio de piel al descubierto, suspiró con ansiedad. Advirtiendo lo que sucedía, pues el pelinegro era especialista en vagar por las mentes ajenas, retiró los brazos del fino cuerpo para deshacerse de la molesta prenda, tirándola lejos, hacia la orilla.

Ahora sí pudo disfrutar de la suavidad y la calidez de esa blanca piel, que desprendía un aroma que logró desesperarla. Rompió el beso que habían comenzado recientemente y fue creando un caminito de besos descendente por todo su cuello y pecho.

Itachi se sentía volar, pero la ansiedad lo recorrió ante las caricias labiales de su "alumna", lo estaba haciendo enloquecer.

La tomó de las nalgas apretando su miembro con el vientre femenino. Miles de hormiguitas recorrieron el estomago de la muchacha, por el contacto. Lo sentía palpitar y golpear levemente sobre su piel, mientras se endurecía. Se le escapó un placentero gemido, que tuvo como resultado, una presión mayor contra la erección. Lo abrazó fuertemente del cuello, hundiendo su delicado rostro en el hombro masculino, embriagándose de su adictivo olor. Por un momento pensó que si se separaba de él moriría asfixiada por la carencia del mismo.

Se agachó levemente y la cogió de los muslos, elevándola y colocando las piernas alrededor de sus caderas. Caminó con ella a cuestas por la superficie del lago tranquilamente, mientras le daba pequeños mordisquitos en el cuello, como queriendo saborear ese dulce y delicado aroma a flores, mientras sus manos iban y venían por todo el femenino cuerpo.

Se arrodilló al tocar tierra firme, echándola en la hierba. Sus dedillos viajaron hasta la tela que cubría el voluminoso pecho, agarrándola y tirando de ella, para quitársela. Con su lengua dejó un rastro de saliva que comenzaba en la comisura de los labios femeninos, bajando por el cuello, pasando por el pecho derecho, primero y deteniéndose a jugar con el rosado pezón, y finalizando en el izquierdo, a la vez que mordisqueaba el segundo pezón.

Ella arqueaba la espalda cada vez que la lengua se detenía en alguno de sus puntos erógenos. Sabía perfectamente como excitar a una mujer, aunque le daba la impresión de que nunca se había tomado tantas molestias con una, y era cierto.

Sus finos dedos se enredaban en la negra y sedosa cabellera del chico y acariciaba su espalda con la yema de los dedos, trazando finos caminitos con las uñas.

Las masculinas manos, viajaron hasta el filo del short, ahora, dejándola como su madre la trajo al mundo en un abrir y cerrar de ojos. Al sacar la prenda por la pierna derecha, la sujetó en el aire y fue besando el pie, la pantorrilla, la rodilla… fue adentrándose en el muslo hasta llegar a la ingle, que obligó a la dueña de la misma a jadear de placer. Su cuerpo tembló, anticipándose a lo que seguía.

Con dos dedos separó los labios mayores y lentamente acercó la lengua hacia los menores, jugueteando con ellos y humedeciéndolos aún más.

Hinata se retorció ante tal placer, desconocido para ella hasta el momento. "¿Cómo pude perderme algo así?", se decía con el pensamiento nublado. Aunque era consciente de que lo que realmente le producía ese éxtasis infinito era él.

-Itachi-san…-Susurraba con la voz temblorosa.- detente… onegai….

-Iie- Se negó él llevándose a la boca el sexo externo de ella.

-Ahh…- Gritó con la voz ronca por la inexplicable sensación que la recorría-. Itachi-san…no puedo más…ahhh…onegai…- Pero el hacía más presión con los labios.- Aaaahhhhhhh….- Gimió finalmente.

Él alzó el rostro de entre las delgadas piernas y la miró con una sonrisa de satisfacción, mientras la veía recuperar la respiración lentamente. Se irguió para poder quitarse los pantalones y se tumbó sobre ella, se acercó lentamente a su oído, mientras la observaba extasiado.

-No te relajes…Hina-chan.- Murmuró sensualmente.- Aún no he acabado de darte placer.

De nuevo el pequeño cuerpo tembló bajo él. "¿Más placer¿Será eso posible?", se cuestionó internamente. No quería parecerle tonta, con preguntas de ese tipo. Pero el se dio cuenta de los pensamientos que la rondaban.

-¡Oh, sí!- Exclamó- Esto no es nada, pequeña.- Y le mostró una lujuriosa mirada.

Dicho esto, se acomodó entre las piernas de ella, haciendo rozar sus sexos intencionadamente, bajo la atónita y excitada mirada de la inexperta en la materia.

La besó con deseo y pasión, como si se la fuera a comer, y ella respondió con la misma intensidad. Buscaba, mientras, la entrada al cielo, pero se encontró con que no podía pasar. "Es completamente virgen", sonrió orgulloso, se había dado cuenta de que era inexperta en el tema, pero no que lo fuera tanto. "Definitivamente, después de esto, será solamente mía." La cogió entonces de los muslos, separándolos un poco más y elevándolos ligeramente, para que fuese más fácil y menos dolorosa la primera penetración.

-Esto te dolerá un poco al principio, luego no tendrás palabras para explicar lo que se siente.- Informó impaciente, con la voz ronca por el deseo, a lo que ella solo asintió con la cabeza.

Se situó nuevamente en la entrada intacta, empujando suavemente para no dañarla demasiado, aunque eso era inevitable. En vista de que no cedía, dio un empujoncito brusco y seco, que sí rompió la barrera provocándole una mueca de dolor acompañada de un pequeño grito. Detuvo el movimiento momentáneamente, mientras la volvía a besar y la acariciaba, esperando que se le pasara.

Pronto pudo notar como las paredes interiores se acoplaban a su miembro y lo apretaban de vez en cuando por los espasmos. Decidió continuar. Primeramente con un vaivén suave, lento, profundo, tranquilo.

Se sentía muy bien así, pero necesitaba más, ahora que lo había descubierto, no quedaría ahí. Abrazó fuertemente con sus piernas la cintura masculina, profundizando más la penetración, evitando también que saliera demasiado. Eso lo obligó a acelerar el ritmo bastante al tiempo que iba perdiendo el control.

-Dios… Hinata…eres… deliciosamente… estrecha.- Susurraba entre jadeos.

-I-Itachi-san… onegai… dame más….ahhh… necesito más…- Rogaba con la voz entrecortada y los ojos vidriosos por el placer.

El moreno empezó a mover con frenesí las caderas, cada vez más rápido y más profundo, como si quisiera entrar todo él en ella.

Hinata arqueaba la espalda en señal de estaba disfrutando mucho… tal vez demasiado. Las paredes internas empezaron a contraerse en espasmos, apretando el miembro erecto con furia. En esos momentos ella creía morir. Era tan satisfactoria la sensación que sus gemidos ya no tenían cabida en su interior e inundaban el bosque.

Ante la estrechez de la esponjosa cavidad, él se retorcía sobre su cuerpo a causa del placer que experimentaba. Hasta ahora no había tenido ocasión de hacerlo con una virgen, aunque bien sabía, que aunque así hubiera sido, no podría experimentar tales cosas. Eso solamente sucedía con ella. Con esa chica que yacía bajo él y le hacía perder la razón.

"Hinata", susurraba una y otra vez. "Itachi", contestaba ella en el mismo tono sensual.

"No puedo más", logró articular la joven. Nunca había tenido una experiencia sexual, pero sabía que su cuerpo no podría albergar por mucho tiempo más esta sensación que iba en aumento, a cada frenética embestida que él le propinaba.

"Aaaaaaaaaaahhhhh", llegó al fin.

La cálida humedad, se contrajo brutalmente, estrujando al intruso sin piedad. Intentó embestirla una vez más, pero la exquisita estrechez lo llevó al límite.

"aaaaaaahhhh", gritó dejando su esencia en el interior de ese cuerpo que ahora más que nunca le pertenecía.

CONTINUARÁ….