Capítulo 3: Las sospechas de Kero. Sakura conoce a Takako. La carta del Sueño y del Deseo

Sakura se despertó abruptamente aquella mañana, pero el sol aún no había salido. Se sentó en el lecho, y se percató de la presencia de Shaoran. Lo miró larga y dulcemente, tranquilizándose luego del sueño que había tenido que, a pesar de intentarlo, no pudo recordar. No quería despertar a su novio aún, así que se deslizó despacio por la habitación hasta llegar a la puerta, la cual entornó suavemente antes de salir, pero no la cerró del todo. Quería aprovechar que se había levantado temprano, por lo que fue a la cocina a preparar el desayuno: huevos revueltos, un poco de arroz con salsa de soja, unos hotcakes y jugo de naranja para acompañar. Había terminado de preparar todo y entonces escuchó que alguien abría una puerta. Quiso ver quién se había levantado primero, por lo que se asomó desde el marco de la puerta de la cocina para averiguarlo, pero antes de poder asomarse alguien entró a la cocina con cara de dormido: era Shaoran. Este se quedó impresionado al ver la labor de Sakua.

- Muy buenos días, Shaoran - le dijo ella, sonriente.
Shaoran le abrazó la cintura con un solo brazo, con el otro le tomó la cara por el mentón suavemente, y acercó los labios de ella a los suyos, hasta unirlos en un dulce y tierno beso matutino. No supieron con certeza cuanto duró el beso - Buenos días - dijo, cuando liberó los labios de la chica.

¡Sakura estaba super colorada! Pero el momento no duró demasiado...

- ¡Huelo hotcakes! - fue la voz de Kero la que se escuchó, atravesando toda la casa para llegar a la cocina. Cuando vio la imagen de su dueña con el muchacho abrazados, su cara de felicidad se transformó en cara de tremendo disgusto. - ¡Oye tú, mocoso! ¿¡Qué crees que estás haciendo!? -
- Le estaba dando los buenos días a Sakura, hasta que interrumpiste, muñeco glotón - le contestó Shaoran de muy mala gana.
- ¿¡Qué fue lo que dijiste!? - gritó Kero.

Sakura estaba a punto de decirles que no pelearan, cuando se percató de que Abel había entrado detrás de Kero.

- Buenos días, Abel - dijo Sakura. Pero Abel no contestó - Abel - le llamó su dueña, pero seguía sin contestar. Shaoran y Kero dejaron de pelear para observar el peculiar comportamiento del guardián. - Abel, ¿qué te sucede? - le preguntó.
Abel tardó un poco en darse cuenta de que le estaban hablando. Cuando se dio cuenta, Sakura estaba frente a él, con cara de preocupación. - Lo siento mucho - expresó el animal. - Muy buenos días tenga usted, mi ama Sakura - dijo con una leve inclinación.
Sakura se sintió algo aliviada, cuando se dio cuenta: - Abel, me has llamado "Sakura" - dijo con una sonrisa.
- ¿Lo hice? - preguntó, confundido. - Disculpe, no me he dado cuenta de-
- No tienes que disculparte. Después de todo, es algo que te venía diciendo desde que te viniste a vivir conmigo - Ella se inclinó de nuevo hacia el guardián - Me alegra que lo hayas hecho. Eso significa que nos estamos haciendo amigos, pero más que antes, y eso es muy bueno, ¿sabes? - dijo ella, y le dedicó una hermosa sonrisa.
- Si, tiene usted razón - dijo Abel, forzando una sonrisa, pero ese gesto no pasó desapercibido por Kero, que lo estaba mirando fijamente.

Todos se pusieron a desayunar, y cuando terminaron, Sakura les encargó a Kero y Abel que se encargaran de recoger todo, pero que no se molestaran en lavarlo, que ella lo haría después de ir a su casa. Luego de eso, los jóvenes salieron para ir a la escuela.
Los guardianes se quedaron recogiendo las cosas, pero Abel insistió en lavar los trastos sucios y Kero, que por lo general rehuía del trabajo, decidió en cambio ayudarlo con la tarea. Abel se sorprendió de esto.

- ¿Por qué insistes en ayudarme? - preguntó extrañado.
- Por que no te veo bien, y eso me da preocupación - respondió Kero.
- Gracias - fue todo lo que dijo Abel.

Se quedaron un momento en silencio, trabajando, hasta que luego de un rato Kerberos decidió romper el silencio.

- Tarde o temprano tendrás que decírselo a Sakura, Abel -
- ¿A qué te refieres? - preguntó, deteniéndose cuando estaba limpiando un plato.
- Pues ¿a qué otra cosa me puedo referir más que a Artemisa? - Abel se espantó. - Nadie sabe donde está, y tú eres el único que puede decirle a Sakura que a pasado con ella. ¿O será que no lo sabes? - Kero lo miró fijamente.
Abel se puso nervioso, pero no podía permitirse ser descubierto - Por alguna extraña razón, Artemisa no puede comuncarse conmigo, por lo tanto no sé donde pueda estar. Pero te aseguro que no hay de que preocuparse. Ella se presentará a su dueña cuando corresponda hacerlo -
- ¿Por qué lo dices? - preguntó Kero.
- No olvidarás que las Cartas Legendarias de Clow también están sometidas al Juicio Final, ¿verdad? -
- ¡Pero Sakura ya cambió a todas esas cartas a cartas Sakura Legendarias! - exclamó Kero.
- Pero esta situación es diferente a la que me han contado, Kerberos - dijo Abel. - Si nuestra ama no logra vencer a Artemisa, el sello de las cartas volverá a liberarse, y la transformación que tuvieron a cartas Sakura Legendarias desaparecerá y volverán a la normalidad -
- ¿Y por qué nadie se lo ha dicho a Sakura hasta ahora? -
- ¿Y por qué tú no le has dicho que debía enfrentarse a Yue? Pudiste haberlo hecho en cualquier ocasión -
- Eso fue por que... - Kero titubeó - ...por que Sakura debía enfrentar esa situación ella sola. ¡Pero esto es diferente, Abel! -
- Claro que lo es, por que Artemisa es mucho más poderosa que Yue y Ruby Moon, o Spinel Sun y tú. ¡Incluso ni yo podría vencerla, aunque ella tampoco podría vencerme a mi! - Abel se estaba agitando.
- ¿Qué debemos hacer entonces? ¿Es que acaso no piensas decirle nada de nada? Ella te preguntará sobre Artemisa, Abel, yo lo sé muy bien. y algo deberás decirle Lo que quiero saber es qué -
- Si me pregunta, le diré lo que te dije a tí sobre el paredera de Artemisa, pero no le diré más, y tú tampoco lo harás -
- ¿Y cómo estás tan seguro de eso? -
- Por que nuestro honor como guardianes está en juego, y tú lo sabes -

Kero no dijo nada más. Abel tampoco. Concluyeron su tarea y Kero dijo que esperaría a Sakura en su habitación. Abel, en cambio, decidió que mientras Sakura estaba en la escuela buscaría a Artemisa, y se lo dijo a su compañero. Éste le dijo que tuviese cuidado de no ser visto, y ambos se marcharon en direcciones opuestas.

Una vez terminaron las clases, Sakura, Shaoran, Tomoyo y Eriol tomaban el acostumbrado camino de regreso que atravesaba el parque Pinguino. Estaban cruzando el puente cuando Sakura vio algo que le llamó la atención: era una niña pequeña que estaba parada en una orilla del río, observando el agua con tristeza. La niña llamaba la atención de otros transeuntes, dado su extraña manera de vestir. Se veía con frecuencia a muchos jóvenes que vistieran de manera gótica, pero no a una niña tan pequeña. Sin embargo, Sakura no se había percatado de su presencia por su vestimenta, sino por que, de alguna manera, la niña se le hacía conocida. Los demás habían seguido de largo un par de metros, cuando se dieron cuenta que la muchacha se había detenido.

- ¿Qué sucede, Sakura? - preguntó Shaoran. Pero Sakura no contestaba, ya que se había quedado mirando a la niña. Shaoran le siguió la mirada hasta posar él también sus ojos en la pequeña gótica. Para ese momento, aquella infante tenía lágrimas en los ojos. Shaoran, que nunca pudo soportar en su vida ver a una niña o mujer llorar, se acercó despacio hasta donde se encontraba la pequeña, se puso de cuclillas y le ofreció un pañuelo. - No llores - le dijo a la niña.

Esta se hechó atrás al percatarse de la repentina presencia del muchacho, pero al escucharlo se puso de pie y tomó el pañuelo de la mano del amable joven.

- Gracias - dijo con una voz suave y aguda, pero enternecedora. Y secó sus lágrimas cuidando de no correr el aquillaje de sus ojos negros.
- ¿Hay algo que podamos hacer por ti? - dijo Tomoyo, quien se había acercado al igual que Eriol y Sakura.
- Es que... - la niña se mostraba confundida, y fijó la mirada en cada uno de ellos hasta fijarse por último en la de Sakura, a la que se le quedó mirando largamente - ... tú... - susurró la pequeña, acercándose lentamente, hasta ponerse frente a la joven - ... ¿eres tú? -
- ¿Hoe? - dijo Sakura, confundida.
La niña sonrió de repente: - ¡Sii! ¡Eres tú! - dijo la pequeña, arrojándose hacia Sakura y abrazándole la cintura, ya que su cara podía llegar hasta allí - ¡Sabía que te encontraría! -
- Disculpa, pero no sé quién eres. Además, creo que me estás confundiendo con otra persona - le dijo Sakura.
- ¡No, no, no! - dijo a niña, sacudiendo su cabeza al decir esto - ¡Tú eres mi ángel! ¡Hace años dijiste que si te encontraba me concederías un deseo! ¡Y finalmente te encontré, mi ángel! - decía la niña, llorando y riendo a la vez por la alegría que sentía.
- Disculpa pequeña, pero no sé de lo que hablas. Yo no soy un angel. Sólo soy una muchacha normal, como todas - dijo Sakura, aunque obviamente tuvo que mentir en lo último que dijo, ya que no era normal una muchacha que poseyera magia.

La niña la miró largamente de nuevo, y su sonrisa se desdibujó. Y suspiró muy triste.

- Perdóname. Te he confundido. Tú no eres mi ángel - dijo la niña, haciendo una pequeña reverencia en señal de disculpa.
- ¿Cuál es tu nombre? - le preguntó Eriol, de repente, inclinándose para poner sus mirada a la altura de la chiquilla. Esta se asustó. - No me tengas miedo, es sólo curiosidad -
- Me llamo Takako - dijo la niña en un susurro. - ¿Y ustedes? - preguntó mirando al grupo. Todos se presentaron. Eriol fue el último en hacerlo.
De inmediato, Eriol propuso llevar a la niña a una cafetería, y ella aceptó con gusto. Todos estaban tomando el té tranquilamente, cuando Tomoy habló.

- Al parecer estás buscando a alguien en particular - dijo dulcemente.
- Si - dijo Takako. - Estoy buscando a mi ángel -
- ¿Tu ángel? - preguntó Shaoran.
- Si. Verán... - Takako dejó su taza de té en su lugar. - Hace 5 años, el día de mi cumpleaños, yo estaba en casa esperando a que mis padres llegaran para poder festejar con ellos. Vivíamos cómodamente en una gran mansión y ellos eran grandes empresarios, pero también eran personas muy ocupadas. A veces no podía cenar con ellos, y sólo en un par de ocasiones habían llegado temprano para leerme una historia antes de dormir - la niña estaba relatando esto mirando su taza fijamente, sin alzar la vista. Los demás cambiaban expresiones de tristeza entre sí - Pero ese día no llegaron a casa, cené sola y me acosté a dormir, pero dos o tres horas después me despertó una tía mía para darme la noticia de que mis padres habían sufrido un accidente, y que ambos habían muerto. También me había contado que ellos tenían que ir a una importante reunión de trabajo, pero que habían salido los dos temprano de la empresa para llegar lo antes posible a casa a celebrar conmigo, y que mi mamá había hablado con mi tía, por que ella era la secretaria personal, para que avisara que ellos no podrían asistir. Ese día yo cumplí 4 años - aquí Tatako se interrumpió, por que estaba llorando. Sakura, que era la que estaba al lado suyo, la abrazó, pero al hacerlo sintió una sensación muy extraña, la misma que había sentido el día anterior en la calle, pero más leve, y se separó de la niña.
- ¿Sakura? - preguntó Shaoran extrañado, ante la reacción de la muchacha.
- Lo siento - se disculpó Sakura. - Lo siento mucho, pero debo ir a casa - se apresuró a levantarse y tomar sus cosas.
- ¿Estás bien? - preguntó Eriol.
- Si, estoy bien, pero recordé que tenía que ir a casa temprano - y se volvió a la pequeña. - Espero puedas encontrar a tu ángel muy pronto -
- Gracias, Sakura - dijo la pequeña.
- Yo también debo irme, así que te acompañaré, Sakura - dijo Tomoyo de repente. Se levantó también y se acercó a la niña - Buena suerte, Takako -
- Gracias también a ti, Tomoyo - dijo a niña con una pequeña sonrisa triste.
- Nosotros nos quedaremos con ella, y la acompañaremos hasta su casa - dijo Shaoran.
- Entonces nos veremos, Shaoran - dijo Sakura.
- Nos veremos más tarde, Tomoyo - dijo Eriol.
- Si, hasta pronto - dijo Tomoyo - Hasta luego, Li -
- Adiós - respondió el muchacho de los ojos café.

Las muchachas se alejaron.

- ¿De verdad te encuentras bien, Sakura? - preguntó Tomoyo, preocupada.
- Si, Tomoyo. No me pasa nada. Es que recordé que mi hermano y mi papá no van a estar en casa, y quiero aprovechar su ausencia -
- Vas a utilizar la carta Sueño, ¿verdad? -
- Si. Es que anoche tuve ese sueño de nuevo y no puedo recordarlo -
- Sólo ten cuidado, por favor -
- Si, no te preocupes. Además Kero y Abel estarán allí para ayudarme si lo necesito - mientras decía esto, Sakura se había detenido para ponerse los patines.
- Bien, yo me iré por aquí. Nos veremos pronto - se despidió Tomoyo.
- Si, cuidate. Nos vemos -

Sakura regresó a su casa y se dirigió a su habitación. Encontró que el leoncito dorado estaba dormido y no la escuchó entrar. Sakura no quiso despertarlo, por lo que decidió llevar a cabo la idea que Kero les había dicho ayer, aprovechando de que aún era temprano, y que sus familiares no habían regresado. Llegó hasta la sala de estar, y se sentó en el gran sillón que había allí y recitó el conjuro de su llave. Una vez invocado su báculo mágico, de la carterita donde guardaba todas sus cartas extrajo la carta Sueño, pero cuando estaba a punto de invocarla se dio cuenta de que no estaba sola en la habitación. Levantó al vista de la carta y allí se encontraba Abel.

- Hola Abel, ¿qué estás haciendo? - preguntó su dueña.
- Sé que sería una falta de respeto preguntarle lo mismo, ama Sakura, pero no puedo evitar la curiosidad de saberlo - expresó el guardián.
- No me parece una falta de respeto - dijo, con una sonrisa - Y deja de llamarme "Ama". Ya te lo he dicho: soy Sakura - le reprochó.
- Lo siento mucho. Aún me cuesta trabajo. Recuerde que hace muy poco que se ha convertido en mi nueva dueña - respondió apenado.
- Bien, ya que estás aquí, te encargaré una tarea para que pueda ayudarme - dijo, cambiando el tono de su voz.
- ¿En qué le puedo ser útil, mi Señora? - preguntó, acercándose volando hasta quedar flotando frente a ella.
- Necesito que cuides que nada pase mientras esté utilizando la carta Sueño. Desde ayer que estoy teniendo sueños que no puedo recordar, y la carta me ayudará a verlos más claramente - le mostró la carta que tenía en su mano izquierda. - Da la casualidad que hoy desperté de ese sueño, pero no pude recordarlo en todo el día de hoy, así que te pido que estés atento por si ocurre algún evento imprevisto -
- Muy bien - dijo la bestia, inclinando la cabeza en señal de obediencia.
- Aquí voy - dijo Sakura. Y comenzó a recitar: - "Ayúdame a ver más claramente la premonición que se nubla ante mi vista. ¡Sueño!" - invocó a la carta, y esta la envolvió con sus poderes. De inmediato, Sakura entró en una especie de trance, y su cuerpo cayó recostado en el sillón.

De inmediato, se encontró en el fondo del mar, o eso parecía ser. Había tal oscuridad que tuvo que esperar a que sus ojos se acostumbraran a ella. Ella no sentía que se ahogara, y eso le llamó la atención. Recordaba perfectamente que la última vez que había sentido eso fue en uno de esos sueños que tuvo en Hong Kong, durante unas vacaciones de verano que compartió con Touya, Yukito y Tomoyo.
Cuando sus ojos ya podían ver mejor, empezó a moverse. Estaba flotando en posición horizontal, como si estuviese durmiendo allí, y se incorporó dentro del agua. En eso, se empieza a distinguir una luz por encima de su cabeza, si perder el tiempo nadó rapidamente hasta llegar a la superficie, donde encontró un escenario que no veía desde hacía años: la dimensión del agua donde alguna vez peleó con aquella hechicera enemiga de Clow. Encontró unas enormes piedras, se acercó y se subió a ellas. Al lado de estas había unas pierdras más grandes, y Sakura utilizó la carta Vuelo para posarse en la más alta de ellas. Cuando llegó allí, pudo tener una clara visión del lugar: en medio de todo, muy por encima del agua, flotaba una niña de cabello oscuro con mechones grises, pero sus ojos no se veían con claridad. Llevaba puesto un extraño ropaje chino de tonos negro, y dos pajarillos volaban a su alrededor, pero eso no era todo. Flotando apenas unos centímetros sobre el agua, se encontraba una gran bestia alada en forma de guepardo, la piel rojiza con manchas púrpuras, sus alas negras al igual que sus ojos sin brillo, miraban fijamente a Sakura. De repente se acercó a la muchacha, y cuando estaba por llegar a ella para atacarla, su aspecto cambió totalmente volviendo a la normalidad. Se había vuelto de color blanco, con manchas doradas y anillos plateados alrededor de ellas, y sus ojos verdes, como el color de sus alas, sólo se vieron por unos segundos antes de que los cerrara. Cuando estaba a punto de enbestirla, la muchacha puso sus brazos en cruz, protegiendo su cabeza, pero la bestia la atravesó como si fuese un fantasma, y en efecto, el animal se veía algo transparente cuando Sakura abrió los ojos y la observó. En la mirada del felino había profunda tristeza. Se notaba que estaba sufriendo mucho. Cuando la muchacha trató de acercarse un poco más, el pendiente púrpura que el animal que llevaba en la oreja brilló y la bestia tomó la apariencia oscura que tenía antes, y su mirada sin brillo se tornó de odio, y antes de que la criatura le atravesara el pecho con un poderoso zarpazo, Sakura se despertó, sobresaltada.

- ¿Abel? - llamó al levantarse, y de inmediato ahogó un tremendo grito cuando vio que su guardián estaba en el suelo de la sala de estar, en su forma original y malherido. - ¿¡Qué fue lo que te sucedió!? - dijo, arrodillándose a su lado.
- Una persona que no conozco trató de capturarla, ama - respondió Abel, entrecortadamente. - Fue tan rápido que no pude saber quién era. Lo dejé peor de lo que como me dejó a mi - dijo, haciendo una especie de mueca.
- ¿Y Kero? ¿Acaso no vino a ayudarte? - preguntó Sakura.
- Kerberos llegó a tiempo para ver como el malhechor se escapaba. Volvió a su figura original y salió a perseguirlo -

Sakura invoca la carta Cura, y aparece una bello caballo que se mete dentro de Abel, el cual flota unos centímetros sobre el suelo y luego vuelve a su lugar, pero ya sin heridas. "Tengo que encontrar a Kero, ¿pero cómo?" pensó la muchacha un momento.

- ¡Ya sé! - dijo de repente. Abel la miró extrañado, y Sakura invocó a una carta - ¡Guíame para poder encontrar al guardián de las antes llamadas Cartas Clow! ¡Deseo! - la estrella de su báculo empieza a girar rápidamente y las alas de se extendieron ante la orden, a la vez que una carta Sakura Legendaria brillaba y se iba transformando en una niña de cabello rubio, recogido en un rodete, ojos azules cristalinos, con un hermoso vestido amarillo y anaranjado, la cual tenía una varita en su mano. Ésta hace brillar su varita, la cual tenía una estrella en la punta, y luego de tener los ojos cerrados durante ese tiempo, le hace una seña a Sakura de que sabía donde estaba el guardián perdido. La muchacha no pierde tiempo e invoca a la carta Vuelo. - ¡Vamos Abel! - dijo.

Abel nada dijo, y siguió a su dueña, quien a la vez seguía a la carta Deseo, que la guiaba hacia el claro del bosque donde había luchado contra la carta Odio. En medio de ese claro, se distinguía claramente la figura original del guardián Kerberos y, para sorpresa de Sakura, también estaban allí Ruby Moon y Tomoyo. Los tres estaban inconcientes, pero Kerberos era el que se veía peor: estaba atrapado en una especie de cruz donde sus alas, que estaba semi destrozadas, estaban atadas a la susodicha, y eran lo único que los sostenía en el aire. Su cuerpo mostraba signos de estrangulamiento, como si lo hubiesen sujetado varias cintas en distintas partes de su cuerpo. Ruby Moon y Tomoyo se encontraban inconcientes en el suelo, a ambos costados del guardían malherido, pero para alivio de la recién llegada, no estaban heridas.
Sakura se apresuró a donde estaba Kero y trató de reanimarlo.

- ¡Kero! ¡Kero! ¡Despierta Kero, por favor! - Sakura llamaba una y otra vez a la bestia, hasta que finalmente, Kerberos abrió un poco los ojos. - ¡Kero! ¡Que alivio, estás vivo! - Sakura tenía algunas lágrimas que se asomaban a sus ojos.
- Sa... Sakura... - la criatura apenas podía respirar.
- No, Kero, no hables. No has ningún esfuerzo. En seguida te curaré. - dijo Sakura, mientras buscaba la carta Cura. - Abel, ve a despertar a Tomoyo y a Ruby Moon, por favor - pidió Sakura, sin mirarlo. Abel no se movió, pero ella no se dio cuenta. - ¡Cura! - invocó, pero el caballo no pudo entrar en el cuerpo del guardián dorado, por que este estaba rodeado por un campo de energía invisible, y le bloqueó el paso.
- Sakura... - dijo Kero débilmente - ... Vete de aquí... -
- ¿Qué? - preguntó Sakura, confundida. - Mi magia no funciona -
- Es una trampa... aléjate, por favor - decía Kero, con todas sus fuerzas.
- ¿Quién ha sido, Kero? ¿Quién te hizo esto? -
- Fue... - Kero no podía continuar, y eso se notaba. - Fue... Abel... - y luego de eso, perdió al conciencia.

Sakura no podía creer lo que le acababan de decir. Se dio vuelta lentamente, y Abel estaba rodeado por una oscura aura.

- ¿Por qué, Abel? - preguntó Sakura, consternada.
- El mago Clow me ha dicho en toda la vida que compartimos "Siempre sigue lo que dicte tú corazón". Y eso haré - dicho esto, el aura se expandió por todo los alrededores, envolviendo al cielo y a la tierra en oscuridad, para luego esa oscuridad reducirse tan rápido como se había expandido, y como si hubiese sido una cortina, dejó ver un lugar completamente diferente al que se encontraban antes: Estaban en la vieja dimensión del agua.