Capítulo 4: La trampa de Takako. El secuestro. La verdad sobre Abel
Mientras Sakura y Tomoyo se dirigían a su casa, Eriol y Shaoran se habían quedado charlando un poco más con Takako, ya que al parecer la chiquilla no tenía con quien hablar, y además no les dejaba de llamar la atención de que una niña tan pequeña como ella se la pasara sola en la calle. Ni que decir de su extraña apariencia: alguien de su edad normalmente no viste así.
- Cuéntanos, Takako - dijo Eriol - ¿Sabes adónde vives? -
- Si, claro - respondió la pequeña - Estoy muy cerca del bosque del parque Pingüino. Para llegar tengo mi propio atajo, pero hay que cruzar el bosque. Es el único camino que conozco para llegar a mi casa, y además el más seguro -
- Nosotros te acompañaremos hasta tu hogar - le aseguró Shaoran. Se habían quedado charlando un poco más con ella en aquella cafetería, pero al decir esto se levantó de su asiento, Eriol y Takako hicieron lo mismo, y se marcharon de allí.
En todo ese rato que estuvieron conversando desde que Sakura y Tomoyo se habían marchado, Takako tuvo tiempo suficiente como para contarles que no vivía sola, que la hermana de su madre cuidaba de ella, pero que hace años no se movía de allí, y ella aprovechaba para salir a buscar a su ángel. Cuando le preguntaron si estudiaba en alguna escuela, ella respondió que había estudiado con maestros particulares toda su vida, que hacía dos meses había terminado la secundaria, y que estaba decidiendo que iba a seguir en la universidad en el próximo año, ya que su tía, en recompensa por haber terminado los estudios secundarios, le permitió unas largas vacaciones hasta que se decidiera por una carrera para comenzar. Esta revelación dejó sorprendidos a ambos jóvenes: ¡Una niña de 9 años, universitaria!
Cuando llegaron al parque Pingüino, la niña estaba a punto de indicarles por donde debían ir para continuar el camino, cuando se encontraron con Yukito, que acababa de comprar comestibles suficientes para que almuerzen 50 personas.
- ¡Hola! - saludó Yukito, al divisar a los muchachos. Ellos les respondieron el saludo. - Qué extraño que Sakura y su amiga Tomoyo no estén con ustedes... -
- Sakura tuvo que volver temprano a su casa - respondió Shaoran.
- Tomoyo dijo que iba a merendar con su madre - agregó Eriol.
- Ya veo - repuso Yukito. En eso se dio cuenta de la presencia de la chiquilla. - Oigan, ¿esta niña viene con ustedes? -
- Estaba algo extraviada, y decidimos acompañarla hasta su casa - explicó Eriol.
- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó Yukito, agachándose para quedar a la altura de la infante.
- Me llamo Takako - respondió la niña, y luego de mirarlo unos segundos, dijo: - ¿Estás pensando en hacer una fiesta? -
Yukito no esperaba esa pregunta. La miró sorprendido y respondió: - No, claro que no. ¿Por qué lo preguntas? -
- Por que llevas demasiada comida - observó Takako. Esto hizo que a Eriol y a Shaoran le cayeran una gotita en la nuca.
- Eres una niña muy observadora - dijo Yukito, riendo luego. Y agregó: - Yo suelo comer más de lo normal, y además en unas horas mis compañeros de curso de la universidad vendrán a mi casa a repasar algunos puntos del examen de la semana que viene, y por eso fui a comprar algunas cosas -
- ¡Oh, ya veo! - dijo la pequeña. - ¿Sabes? Tu forma de hablar me recuerda mucho a mi ángel. Me gustaría que nos acompañes, si no tienes inconvenientes -
- ¿Tu ángel? - preguntó Yukito, mirándola confundido, para luego mirar a Shaoran y a Eriol, esperando una explicación.
- Luego te explicaremos - le susurró Shaoran.
- Bien, creo que no tengo problema. Los acompañaré -
- ¡Qué bien! Muchas gracias - dijo la niña, riendo de alegría. - ¡Vamos! ¡No falta mucho para llegar! - y empezó a saltar de un lado al otro, y los demás la seguían. Como ella los había dejado algo atrás, los chicos pudieron explicarle a Yukito la situación de la Takako.
- Que pena, pobre Takako. La vida no le dio una infancia que pudiese aprovechar - dijo Yukito entristecido.
- Shaoran - dijo Eriol, de repente.
- Si, Eriol, yo también lo siento. Es esa presencia otra vez -
- Está muy cerca de aquí, y perdimos a Takako de vista. Será mejor buscarla para asegurarnos de que no le haya pasado nada - dijo Eriol, y comenzaron a caminar un poco más rápido, hasta llegar al claro del bosque. En eso ven algo que no se esperaban encontrar: Abel estaba en su forma original, esperándolos. - ¡Abel! ¿Qué es lo que haces aquí y en esa forma? ¡Alguien podría llegar a descubrirte! - pero el guardián no respondió.
Yukito, al ver a la criatura, se transformó en Yue - ¿Qué es lo que te ocurre, Abel? Esta forma de comportarte no es propia de ti - Pero Abel no respondió, pero una voz extraña lo hizo.
- No tienen que preocuparse por Abel. Él sólo cumple con su labor - se escuchó una voz fría de mujer. En eso, un pequeño torbellino de agua apareció de repente al lado de la bestia, y la forma de Takako se hizo presente. La niña llevaba a Artemisa en su forma falsa entre sus brazos. - Deberían preocuparse por ustedes mismos en este momento - dijo Takako, con la voz de mujer.
- ¿Quién rayos eres? - preguntó Shaoran, ferozmente.
- Eres muy impaciente, descendiente de Clow - dijo la chiquilla. - Mi identidad la sabrán a su debido tiempo -
- ¡No es necesario que me lo digas a mi! Esa voz la puedo reconocer en donde sea, aunque hayan pasado milenios sin escucharla - dijo Eriol, furioso.
- No puede ser... - exclamó Yue. - ¿Acaso tú eres...? -
- Si, soy yo - respondió la niña, aplaudiendo breve y lentamente. - Me hubiese llevado una desagradable sorpresa si la reencarnación de Clow no se hubiese acordado de mi. Es bueno saber que sus criaturas tampoco me han olvidado -
- Dificil sería hacerlo - murmuró Yue.
- Bien, no quiero perder el tiempo como lo he estado haciendo, encerrada en aquella dimensión primero y luego en este cuerpo de niña - dijo Takako, extendiendo uno de sus brazos hacia el cielo, y al instantes dos corros de agua salieron de su palma derecha y la cubrieron por completo durante un breve momento. Cuando el agua desapareció, ella estaba vestida de diferente manera: llevaba un extraño ropaje chino de tonos casi negros. - Es hora de comenzar a llevar a cabo mi venganza - dijo, haciendo brillar sus oscuros ojos por el odio que la consumía por dentro. De su vestimenta salieron varias cintas negras que no tardaron demasiado en inmovilizar a Shaoran y a Yue, pero Eriol no fue tan facil de vencer. - Vaya, tenemos a un pequeño pez escurridizo. Pero... - cuando Eriol se había apartado de la última cinta con un gran salto, otra que venía detrás suyo lo tomó del tobillo, y la que había esquivado a lo último lo tomó de una de sus muñecas - ... no escaparás de mi - dicho esto, los tres fueron encerrados en burbujas que absorbían los poderes mágicos de todos ellos, y de a poco fueron quedando inconcientes.
- Regresa a tu verdadera identidad, Artemisa - ordenó Takako. La pequeña guepardo que estaba dormitando abrió sus oscuros ojos, agitó sus negras alitas, y se elevó unos cuantos metros por encima del suelo, recuperando su forma original. - Es hora de llevar a nuestros invitados al escenario final-
- Tú no te irás a ninguna parte, chiquilla del demonio - gruño una voz muy grave, y luego se escuchó un temible rugido. Kero se hizo presente en el lugar.
- Ah, pero si eres tú, Kerberos - dijo Takako, simulando sorpresa, lo cual irritó más a la bestia - No esperaba menos de ti, gran león pulgoso - dijo, con una sonrisa maligna.
- No me interesa lo que me digas a mi, no sé quien demonios eres, pero tus palabras me tienen sin cuidado. No permitiré que te lleves a los afectos de mi dueña, así que libéralos ahora mismo -
- No perderé el tiempo contigo, Kerberos - respondió suavente la aludida. - Pero me disgusta que no me reconozcas... -
- ¿De qué hablas? -
- Mi nombre en esta vida es Takako, pero en mi vida pasada era la hechicera Mahoushi -
Al escuchar esto, Kero se sorprendió, y comprendió que no podría hacer nada para detener a esa loca.
- Veo que comprendiste la cruda verdad, por lo tanto no tengo necesidad de seguir esta conversación. Abel, encárgate de Kerberos lo suficiente como para que pueda hablar solo un poco. No lo mates - ordenó Takako.
- Si, mi Señora - respondió Abel.
- Artemisa, hazte cargo de los prisioneros mientras abro el portal -
- Si, mi señora - dijo Artemisa, con la mirada fija a ninguna parte.
- "¡Mundo que de agua hecho estás..." - recitó la hechicera, mientras unas extrañas formas aparecían en el suelo debajo de ella - "... ahora tu portal ante mi abrirás!" - y delante de ella surgió de la tierra un enorme pozo de agua. - Dejaré vigilancia para ver como te desempeñas en el resto del plan, Abel, pero antes de irme... tengo un último detalle que resolver - y sus ojos se tiñeron de rojo por un momento, y su mirada se cruzó con la de Kero, que en ese instante se quedó completamente paralizado, mientras una enorme cruz surgía del suelo rodeada de muchos chorros de agua y se ergía derecha. El cuerpo del guardián inmóvil fue alzado del suelo por muchas cintas negras que antes habían sujetado a Shaoran y a los demás, y lentamente fue llevado hasta la cruz, donde fue sujetado por unas extrañas cadenas que sólo lo ataron por las alas, dejando todo el resto del cuerpo balanceándose como una bandera al viento. - Esto fue por lo que me hiciste antes - dijo Takako, con una mirada de odio y desprecio ante la criatura prisionera. - Vámonos, Artemisa -
- Si, mi señora - respondió la guardiana hipnotizada. Y así, ambas se sumergieron en el pozo.
- Cobarde traidor - se escuchó a Kero decir, cuando él y Abel quedaron solos. - Y tú que te decías ser mejor que yo por ser la criatura más antigua que Clow creó... pero no puedes jactarte de ser el más fiel. ¡Incluso la carta Odio podría superarte en lealtad ahora, imbecil! -
- No sabes lo que dices-
- ¿Por qué unirte a una antigua enemiga de Clow, siendo tú ahora el guardián de Sakura y las cartas Sakura Legendarias? ¿¡Cómo pudiste traicionarla a ella y a todos nosotros de esta forma!? -
- Por que en realidad he dejado de ser el guardián de las cartas Legendarias de Clow desde antes que éstas se liberaran -
- ¡Eso no es posible! -
- Escuchame bien, Kerberos, por que probablemente esto sea lo último que escuches antes de que tu existencia llegue a su fin - Abel se acercó lenta, pero amenazadoramente hacia el guardián atado. - Todos estaban dormidos, incluso Artemisa, todos, excepto yo, que estaba haciendo el último esfuerzo para no extinguirnos, hasta que sentí una energía demasiado conocida, y fue entonces que Mahoushi me habló a través del cuerpo de Takako, y me dijo que a cambio de proporcionarnos a todos nosotros la energía, debía entregarle algo a ella, algo mucho más importante que la misma alma que nuestro creador nos dio. Supongo que sabes a lo que me refiero, ¿verdad? -
- Tu... - la bestia dorada no podía creerlo - ¿has entregado tu condición como guardián? -
- Así es. Lo cual significaba que aún si la maestra de las antes llamadas cartas Clow lograba transformar el libro y todas las Cartas Legendarias, yo no podría tener el derecho de ser el guardián. Me he desligado de todas las creaciones del mago Clow por algo mucho más importante -
- ¿Qué es más importante que tu honor, tu orgullo y tu condición de guardián? - preguntó Kero, enfadado. - ¿Ser sirviente de esa bruja te parece más importante? -
- No - respondió Abel. - No puedo decirtelo, pero tampoco puedo seguir perdiendo el tiempo. La maestra Sakura debe star por despertar luego de haber utilizado la carta Sueño, y debo guiarla hasta aquí para que mi Señora la conduzca la dimensión paralela del agua -
- ¡No lo permitiré! - gritó una voz femenina, que empujó a Abel un par de metros, pero no logró voltearlo. Era Ruby Moon, y Tomoyo venía con ella.
- ¿Qué hacen ustedes dos aquí? - preguntó Abel, sorprendido.
- Sentí una extraña presencia, y además la de Eriol ha desaparecido y me preocupé. Pensé que estaba con Tomoyo, pero ella me dijo que él estaba con el novio de Sakura, del cual tampo siento su presencia, así que seguí la extraña aura mágica, y llegué hasta aquí, a tiempo para escuchar tu confesión -
- ¿Kero, estás bien? - preguntó Tomoyo, intentando en vano liberar de las ataduras al guardián prisionero.
- Si, no te preocupes. Lo mejor será que te alejes de aquí. La hechicera Mahoushi a regresado y se ha llevado al mocoso, a Yue y a Clow-
- ¿¡Cómo?! ¿¡Se han llevado a Eriol!? - Tomoyo sintió que se le detenía el corazón por una milésima de segundo, al igual que Ruby Moon, que se dio vuelta rápidamente al escuchar lo que Kerberos había dicho.
- Dinos qué ha pasado, rápido - exigió la guardiana. Pero ella no se dio cuenta que Abel estaba detras suyo, y apoyando una pata en el hombro de ella, utilizó un hechizo que hizo que perdiera el conocimiento. No tardó demasiado en hacer lo mismo con Tomoyo, y ambas se desmayaron a ambos costados de la bestia cautiva.
- No lo hago por que quiera, Kerberos, si no por que Clow me dijo: "Siempre sigue lo que dicte tú corazón" - Abel se acercó hasta quedar a medio metro de distancia de su interlocutor - Lo siento, pero hay alguien muy importante a quien tengo que salvar - dicho esto, una descarga eléctrica salió del pendiente de Abel y le dio de lleno a Kero, que al no poder defenderse, sólo pudo gritar de furia y de dolor. El sufrimiento era insorportable, y pasó un rato hasta que Abel consideró que el prisionero tenía las condiciones que la hechicera había descrito, y hecho esto, los pajarillos que hasta ahora estaban posados en la parte de arriba de todo del pozo donde Takako y Artemisa habían escapado, se tranformaron en aves rapaces del tamaño de cóndores, y se lanzaron hacia Abel, hiriéndolo reiteradas veces, pero no demasiadas. Luego de eso, las aves se volvieron a posar en el mismo lugar, pero ya vueltas a la normalidad - Bien, horribles pajarracos. Me hirieron lo suficiente como para que ella se preocupe por mi. Ahora debo volver para traerla hasta acá - y dicho esto, Abel emprendió el vuelo, regresando a la casa de Sakura.
