Capítulo 5: La despedida de Clow y Raika. La verdad de Takako
Estaba acostado, y cuando se incorporó se dio cuenta que se había quedado dormido en un florido jardín, el cual era enorme. Distinguió que se trataba de un típico jardín de la China antigua, con un hermoso puente en donde algún río había sido desviado para crear un cause artificial que le daba un toque más natural a ese lugar. Cuando se puso de pie, se acercó a la orilla, y al mirar su reflejo descubrió con gran sorpresa que la cara de Clow Reed le estaba devolviendo la mirada.
- Francamente no se si decir que fuiste muy valiente o muy estúpido al venir hasta aquí - se escuchó una voz a sus espaldas.
Clow no se dio vuelta, pues sabía de quien se trataba. - Entiendo que no has podido perdonarme. Pero aún así he venido a comunicarte una predicción -
- Es una broma, ¿verdad? - la voz volvió a hablar en tono burlón. - ¿Me darás una predicción que has sacado de algunas de tus estúpidas cartas? ¿Cuáles usaste esta vez? ¿Las Legendarias o las que hiciste luego de esas? -
- No - respondió Clow, dando media vuelta para mirarle a la cara a la joven de cabellos largos y oscuros que estaba detrás suyo. - Esta predicción me la ha dado Abel -
- Oh, si. Tu león blanco, la primera de tus muchas absurdas creaciones - dijo la joven, continuando con la burla, y dando unos pasos hacia el mago. - Bien, ¿qué será lo que me dice esta vez? - preguntó en tono impaciente.
- "Un ser al que llamarás Ángel te dirá, dentro de algunos milenios después, que podrás pedir un deseo si lo encuentras de nuevo y te portas bien" - recitó otra voz, que provenía de un árbol cercano. El que habló fue Abel, que estaba recostado en una de las ramas bajas. En la rama que estaba del otro lado estaba sentada Artemisa, acostado con la cabeza en alto cerca de las raíces del árbol de cerezo se encontraba Kerberos, y cerca de él, apoyado en el tronco con sus ojos cerrados, estaba Yue.
La mujer que estaba allí no supo que decir ante esa extraña predicción. - Creí haberte dicho que no volvieras a traer a tus despreciables criaturas a este lugar, y eso también incluye tu fastidiosa presencia, Reed -
Clow suspiró entristecido - Lamento que aquel malentendido arruinara nuestra valiosa amistad-
- ¿Malentendido? Yo no lo considero así - le interrumpió la mujer - Tú no entiendes ni entenderás nunca lo que mi corazón está sufriendo. No mereces vivir el amor verdadero, y me encargaré de que no puedas vivirlo el resto de tu existencia -
- No será así mientras nosotros estemos aquí, Hechicera del Agua - expresó Yue, poniéndose delante de su amo.
- Yue, no es necesario que me protejas ahora. Ella no me atacará-
- ¿Cómo puede usted saberlo, amo? - interrumpió Abel, colocándose a un lado de Yue.
- Nosotros no correremos riesgos, Clow - dijo Kero, caminando lentamente hasta llegar al lado de Yue.
- Hay muchos seres mágicos además de nosotros que dependen de su vida, mi querido Señor - dijo Artemisa suavemente, volando hasta llegar al suelo y ponerse al lado de Abel - Si cree que tomaremos a la ligera las palabras de esta mujer, está muy equivocado -
- Les agradezco mucho que se preocupen por mi, pero no es necesario que-
- Fuera de mi vista, Reed - dijo la mujer con su voz aparentemente calmada, pero fría y acechante - De lo contrario me veré obligada a usar la fuerza de mi odio -
- No lo hagas, Raika - pidió Clow - Sólo te seguirás causando daño a tí misma-
- "¡MUNDO QUE DE AGUA HECHO ESTÁS, AHORA TU PORTAL ANTE MI ABRIRÁS!" - gritó la hechicera, señalando hacia un pozo que se encontraba en ese lugar, el cual brilló con un destello que cegó a casi todos los presentes. Kerberos no se dejó intimidar por el hechizo. Se posicionó varios metros sobre la tierra, tomó una bocanada de aire y prendió fuego al techo del pozo hasta dejarlo hecho cenizas. Logró interrumpir el hechizo - ¡Insignificante insecto! ¡Ahora verás! - A tiempo Abel y Yue activaron los escudos personales para proteger a su compañero. Evitaron así ser encerrados por la bruja.
- Ayúdame, Artemisa - dijo Clow suavemente. Ella, que no se había movido de su lugar, se acercó, dejó que su amo montara en su lomo a la manera inglesa y emprendió el vuelo a baja distancia del suelo - Por favor, utiliza tu habilidad especial. Sólo así lograremos calmarla -
- De acuerdo, mi querido Señor - Artemisa cerró los ojos, y Clow posó la mano en su frente, cerrando él también sus ojos. Un resplandor azul provenía de allí, rodeando de inmediato al mago, y sus largos cabellos, al igual que sus vestimentas, se agitaron como si soplara un poderoso viento frío.
La mujer dejó de atacar, sus ojos perdieron brillo y se quedó inmóvil donde estaba... en su mente apareció solitaria, en un oscuro lugar. Lo único visible aparte de ella era la lluvia de pétalos de flor de cerezo que caían uno tras otro sin cesar.
"Raika"... ella podía oír adentro de su cabeza una voz que la estaba llamando... "Raika"... se trataba de la voz que tanto le fascinaba... "Lo siento, Raika... pero no puedo permitir que sigas haciéndole daño a los demás por un sentimiento que no puedo corresponderte"...
"¿Qué pasará ahora, Clow?" preguntó ella en ese sueño, más sus labios no se movieron. Se dio vuelta y allí estaba su amor no correspondido.
"Tendrás que elegir, Raika" le dijo Clow, acercándose a ella. Los labios de él tampoco se movieron al decir esto. "Puedes quedarte en este mundo tranquila, sin hacer más daño, o tendré que sellarte dentro de tu dimensión de agua, donde ya no podrás hacerle daño a nadie, y no podrás volver jamás a este mundo".
Ella sonrió. "¿Así terminas tratando a la que fue tu mejor amiga desde la infancia? ¿A la mujer que no pudo evitar enamorarse de tí?". Ella recorrió la poca distancia que quedaba y lo estrechó entre sus brazos. "Me hubiese encantado que estuviéramos así por siempre, mi querido Clow". Ella había cobijado su cabeza en el pecho del mago, y podía escuchar sus latidos.
"Raika...".
"Antes de tomar esa decisión quiero saber algo. Y quiero que me digas la verdad". Ella se había separado apenas para poder mirarlo a los ojos.
"¿Cuándo te he mentido, amiga mía?" preguntó él, acariciando su cabeza, devolviéndole la mirada.
"Yo sé muy bien que tu me veías como algo más que tu mejor amiga, incluso antes de que yo me diera cuenta de mis verdaderos sentimientos". Clow detuvo su caricia, pero mantuvo su mano en donde estaba. "Lo que quiero saber es por qué no podemos estar juntos, si ambos nos amamos".
Clow empujó la cabeza de la mujer para cobijarla nuevamente en su pecho. Como no podía contestar esa pregunta mirándola a los ojos, dio un largo suspiro y decidió responderle con la verdad. "Raika, en menos de un mes dejaré este mundo".
Ella abrió muy grandes los ojos. "¡No, eso no puede ser verdad!" Se separó de él para mirarlo a los ojos, pero él los tenía cerrados. "¡Dime que es una broma! ¡Tú no puedes marcharte, Clow!".
"Al crear a todas las criaturas que tanto quiero, una parte de mi vida se fue con ellas. Pero no estoy arrepentido en lo absoluto, ya que pude vivir con todos ellos gran parte de mi vida, al igual que lo he hecho contigo, amiga" Clow se apartó un poco más de ella. "He vivido mis doscientos veintidos años con gran alegría de saber que estuve rodeado de seres que me quisieron con todo el corazón, y eso te incluye a ti". Clow caminó cinco pasos a un costado, y se detuvo. "Antes de que te decidas, quiero que sepas que te amo como nunca amé a nadie en esta vida" Él se dio vuelta para mirarla nuevamente. Ella le miró con una gran tristeza en sus ojos. "Es por eso que no puedo condenarte a vivir penosamente lo que me queda de vida, y mucho menos arrastrarte a ti al calvario de sufrimiento que será después de mi muerte".
"¡Clow! ¿¡Cómo puedes ser tan egoísta!?" le reprochó ella. "No importa el tiempo que te quede, quiero pasar ese tiempo contigo. Quiero que te sientas amado y yo poder sentir lo mismo".
"Pero es lo que te dije antes: Siempre me he sentido amado, y eso no cambiará. Sin embargo..." Clow bajó su mirada y cerró sus ojos. "El Concilio ha decidido que yo tengo que ser el encargado de darte muerte, Raika. Y no podría vivir lo poco que me queda sabiendo que moriste por mi culpa".
"Era lógico que el Concilio haya ordenado mi ejecución, después del desastre que hice en ese edificio".
"Ese 'desaste', como tú lo llamas, fue algo más que eso: tus corrientes de agua ahogaron a muchas personas de la aldea, además de unos cuantos magos principiantes que prometían ser un gran futuro para el Concilio".
"Como si en verdad te importase el Concilio a tí, Clow".
"Lo dije por que me importas tú, Raika". Al decir esto, se acercó a ella, tomó su barbilla y depositó un largo beso en sus labios. Hubo una pausa luego de eso."¿Has decidido ya?". Preguntó finalmente.
"Si. Me iré". Ella se mostró decidida. "Pero algo terrible pasará si hago eso".
"Perderás partes de tus recuerdos, ¿cierto?".
"No instantaneamente, sino cuando muera allí dentro".
"Entiendo".
"Procura ser paciente conmigo si retorno a hacerte algún daño. Recuerda que sólo será por el efecto de haber vivido sola en una dimensión alterna".
"Si, lo sé. Haré todo lo posible para que me recuerdes, Raika".
"Gracias, Clow. No olvides que te amo".
"No lo olvidaré".
Eriol abrió los ojos. Estaba agitado, y un sudor frío recorría sus frente. Su espalda estaba apoyada en algo circular, y comprobó que estaba dentro de una burbuja azulada. Se sentía algo débil por el poder que muy lentamente estaba siendo extraído de su esencia. Él miró a su alrededor. Yue estaba dormido a su lado izquierdo, al igual que Shaoran, sólo que del otro lado y ambos estaban encerrados también. Por lo que llegó a distinguir, se encontraban en lo que suponía era la eterna dimensión del agua.
- Veo que por fin despiertas, Clow - dijo una mujer adulta.
- No entiendo por que nos has traído aquí, Takako - su voz se escuchó algo distorcionada. Sus ojos se posaron en la pequeña, que hizo acto de presencia, y ambos se miraron directamente a los ojos - ¿O prefieres que te llame Raika, como en los viejos tiempos? -
- No juegues conmigo. Raika murió el día que Clow se negó a aceptar sus sentimientos, y para colmo la humilló delante de todo el antiguo Concilio - la niña irradiaba odio de sus pupilas - Jamás te lo perdonaré -
- ¿Es que acaso eres nueva en el tema de reencarnaciones? - Eriol se puso de pie, a pesar de que sentía que la burbuja muy lentamente iba absorbiendo sus energías mágicas - ¿No sabes acaso que Clow ha muerto? Mi nombre es Eriol Hiragizawa, y no importa quién haya sido antes: No cargaré con sus culpas en esta nueva vida que se me ha concedido -
- No olvides lo que te dije aquella vez: "No mereces vivir el amor verdadero, y me encargaré de que no puedas vivirlo el resto de tu existencia". Cuando lo dije no solo me refería a tu vida como Clow - La niña se acercó hasta casi poder tocar la burbuja con la punta de su nariz - ¿Pensaste que te dejaría en paz una vez hubieras reencarnado? Dejame decirte que si se te ha ocurrido tremenda tontería, entonces no me has terminado de conocer nunca -
- ¿Qué pretendes al secuestrarnos, Takako? - preguntó él, tranquilamente.
- ¡No me llames así! ¡Soy la hechicera Mahoushi! -
- Ese era solo un seudónimo que te inventaste desde niña para espantar a los abusivos que pretendían no pelear de manera limpia, y que después terminaste convirtiéndolo en una leyenda para que nadie se acercara a tu casa por tus costumbres dignas de una ermitaña - Eriol posó sus manos en la burbuja - Si me dejas salir, olvidaré todo lo que nos hiciste el día de hoy, y te prometo que solucionaremos tu problema-
- ¿¡A qué te refieres con que tengo un problema!? - ella retrocedió, furiosa. - Mi único problema es que Abel se está tardando demasiado en venir con la Maestra de Cartas y la compañía - Ella hizo un movimiento de mano, y de sus cintas surgieron las dos pequeñas aves de antes - Vayan a buscar a Abel ahora mismo- pero se interrumpió cuando una bola oscura se hizo presente y se desvaneció tan rápido como había aparecido.
- No será necesario, Takako - dijo una voz. - Ya estoy aquí -
- Ya era hora, Abel - dijo Takako.
- ¡Abel! - Eriol gritó - ¿¡Cómo pudiste traicionarnos a todos de esta manera!? -
Abel no respondió, pero sus ojos reflejaban tristeza y ansiedad a la vez. La chiquilla respondió por él - Es una historia que más bien se dio por casualidad... Oh! Lo olvidé por un momento... tu eres el paladín defensor de la teoría de que no hay casualidades en este mundo, sino que sólo existe lo inevitable, lo cual déjame decirte que me parece una completa tontería. Los humanos podemos cambiar nuestros destinos a nuestro antojo, y hay cosas que con nuestras decisiones pueden evitarse. Incluso si tú insistes con lo mismo, te diré: yo sostendré lo que estoy diciendo hasta el final - Dándose la vuelta, le dirigió la palabra a la bestia - Llegas tarde -
- Lo lamento. Tus pájaros me hirieron un poco más de la cuenta, y me costó volar al volver al hogar de la Maestra de Cartas - dijo Abel. Detrás suyo flotaban inconcientes Sakura, Tomoyo, Ruby Moon y Kero, quien todavía se encontraba atado y malherido.
- Bien hecho. Eres muy eficiente cuando te lo propones - Takako hizo un movimiento con su mano y las múltiples cintas negras volvieron a aparecer, sujetando a los recién llegados, depositándolos en unas rocas sueltas que había sobre el agua.
Abel hizo una mueca de disgusto ante lo dicho - Bien, ya hice lo que me pediste. Ahora tú tienes que darme lo que te pedí a cambio - Y su mirada se dirigió hacia la enorme figura alada de Artemisa, quien estaba acostada sobre una de las rocas más elevadas del lugar. Al parecer, estaba dormida - Libera a Artemisa de una buena vez y para siempre -
- ¿Crees que soy idiota, verdad? Ella no hizo el juramento, y se revelaría en mi contra en cuanto le quite el hechizo. No te pases de listo conmigo -
- ¿Qué significa todo esto? - preguntó una voz que estaba más abajo, un poco más arriba de la altura del agua.
- Veo que al fin despertaste, Sakura - dijo la pequeña, sin abandonar su voz fría y adulta.
La joven estaba de pie - Libéralos a todos ahora mismo, Takako -
- ¿Ni siquiera te preguntas por qué estamos aquí? ¿Acaso no se te hace conocido este lugar? -
En el apuro, Sakura no se había dado cuenta de su alrededor. Le tomó como 30 segundos darse cuenta de donde estaba. Una vez más, sus sueños le habían predicho correctamente - Pero entonces tú... tú eres... - Sakura no podía creerlo - No puede ser... ¡Te desvaneciste en Hong Kong hace ya años! ¡Se supone que te habías ido para siempre! -
- ¿Alguien te garantizó eso? Déjame decirte que es gracias a tí que pude volver a reencarnar. Tú liberaste el sello del libro, y lo que haya pasado después me es indiferente - y añadió: - Ahora tengo una segunda oportunidad de vengarme de Clow, o lo que queda de él... -
- No tienes por qué meter a Sakura y a los demás. Esto es entre tú y yo-
- ¡Eriol! - Tomoyo estaba siendo sostenida por Ruby Moon.
- Tomoyo... - Eriol la miró desde la altura con desesperación, pero tratando de no aparentarlo en su rostro.
- ¡Yue! - gritó Ruby Moon al guardián, logrando que este despertase. Al verse encerrado, trató como pudo de salir sin tener éxito.
- ¡Rayos! - dijo, perdiendo la compostura.
Toda esta conmoción hizo que finalmente Shaoran despertase - ¿Qué demonios...? ¿Otra vez estoy aquí? Pero, ¿cómo?-
- ¡Shaoran! - exclamó Sakura.
Shaoran ubicó con la mirada a la joven que lo llamaba son desesperación - Sakura...
- ¿Qué es lo que pretendes, Takako? - preguntó Eriol.
- Quiero que todos sus corazones se rompan en mil pedazos como se destrozó el mío aquel día en que me humillaste... en que no tomaste en cuenta mi amor sincero. La única manera de lograrlo es hacerlos sufrir hasta la muerte... pero lo peor será que morirán separados del ser que es más importante para cada uno de ustedes. Y los primeros serán los caballeros, que mirarán como sufren sus amadas por el dolor que les espera... para luego ellas desesperarse ante el sufrimiento de ustedes-
- Déjate de palabras, y cumple con lo que prometiste, Takako - Abel estaba impaciente. - ¡Entrégame a Artemisa ahora! -
- ¡Cierra el hocico, asqueroso animal! - chilló la pequeña, furiosa. - ¡No olvides que tú me debes lealtad, y que nunca podrás librarte de mi! - Y suavizó su voz un momento - No querrás que le pase algo a tu preciosura por una imprudencia tuya... - Se acercó a Artemisa, con gesto amenazador...
- ¡No te atrevas a hacerle daño, bruja del demonio! - exclamó Abel.
- ¿O qué? - Abel se frenó de repente, conteniendo a duras penas su furia - ¿Te olvidas como llegamos a todo esto? ¿Te gustaría contarle a tus amiguitos como fue que Artemisa, las cartas legendarias y tú se convertieron en mis juguetes? -
- ¡O sea que fuiste tú la que causó el despertar de las cartas legendarias! - exclamó Shaoran, sorprendido.
- Si, es cierto - Abel bajó su cabeza - Takako encontró el libro "The Legendary Clow" antes de que el sello se rompiese. La energía que Clow nos proporcionó nos había dejado a todos nosotros vivos, pero ésta se estaba agotando, y Artemisa y yo estuvimos a punto de morir por entregar nuestra energía a las cartas. Cuando tocó el libro por primera vez, el espíritu de la hechicera que dormía en su cuerpo despertó antes de tiempo, y fue por eso que ella nos pudo dar la magia que necesitábamos para continuar viviendo. Fue ella quien despertó a la carta del Odio y le proporcionó una llave mágica para pelear contra la card captor - Suspiró. Y agregó - Luego de que Sakura se convirtiese en la nueva dueña, no tuve otro remedio que ocultar mi identidad para que Artemisa no sufriera daños. Takako me amenazó con que nos aniquilaría a todos si no le ayudaba con su plan, y para estar segura de que no la traicionaría, me hizo entregarle lo más preciado que tenemos las criaturas creadas por el mago Clow... - Y volvió a suspirar, interrumpiéndose.
- ¿Y qué fue lo que le diste? - preguntó Sakura.
- Le entregué mi condición como guardián. Podía aparentar serlo, y tener control sobre las cartas que fueran atributos del Sol, pero al entregarle ese bien tan preciado, ella se convirtió en mi dueña. Pero para alivio mío, sólo lo hizo conmigo - Volvió a mirar a Artemisa - Mi amada compañera... ella está siendo controlada por un fuerte hechizo de Takako, pues se negó a entregar su condición de guardián. Ella había dicho en esa ocasión que eso no se entregaba, ni siquiera por amor... -
- Es una lástima que no escuchaste sus palabras, Abel - dijo Eriol. - Tu condición de guardián es algo que no puedes recuperar a menos que te sea devuelto-
- Lo sé. ¡Lo sé! ¡Yo sólo quería salvarlos a todos! ¡Quería salvar a Artemisa! ¡No podría vivir sin ella, la amo demasiado!-
- Recuerdo que Clow te dijo en varias ocasiones "Siempre sigue lo que dicte tú corazón". ¿Te dejaste guiar por esa enseñanza, Abel? -
- Si - Y la bestia volvió a bajar su cabeza.
- Entonces eso quiere decir que fuiste forzado a obedecerla... - dijo Sakura, finalmente.
- Así es - dijo Takako - Y es por eso que Abel no podrá hacer nada para ayudarlos -
