Capítulo 7: Las habilidades ocultas de los guardianes. El plan de Artemisa
- ¡No puede ser! ¿Cómo pudo pasar esto? - exclamó Takako, pero no pudo decir más. Un brillo en su frente llamó la atención de todos: algo salió disparado de allí, dirigiéndose hacia donde estaba Abel. Era la imagen de un sol dorado, que se metió al cuerpo del guardián, y un mahoujin apareció debajo de sus pies: El del mago Clow Reed - ¡Noooo! - gritó la chiquilla.
- Ríndete, Takako - dijo Abel, al tiempo que Artemisa y él se posicionaban en ambos costados de Sakura, listos para defenderla - Ahora ya no tienes a nadie a tu favor-
- Eso es lo que tú piensas - expresó la chiquilla. Y de las sombras del lugar surgió una figura con alas de mariposa color negras con manchas púrpura, y todo su cuerpo era de color púrpura, al igual que sus ojos, que no poseían brillo alguno - Tengo siempre un truco guardado bajo la manga -
- ¡Spinel Sun! - exclamó Eriol - ¿Cómo pudiste meterte con Spinel Sun? Él no te ha hecho nada ni antes ni ahora -
- No me interesa - contestó en voz baja la pequeña - Sólo quiero llevar a cabo mi plan como sea, y no me importa a quién tenga que manipular para lograrlo, ¿lo entiendes, mi querido Clow? -
- ¡Eres una maldita y rencorosa chiquilla del demonio! - gritó Ruby Moon, completamente fuera de si.
- Vaya, que temperamento, muchacha... ¿Acaso esas palabras son dignas de pronunciar en una guardiana? - se burló.
- ¡Cállate, bruja desgraciada! - y Ruby Moon cerró sus ojos, y un aura rosa la rodeó al tiempo que se elevaba del suelo lentamente. Unos grandes chorros de agua subieron rápidamente rodeando a Takako y formando una jaula alrededor de ella.
- Eres una estúpida criatura - dijo la hechicera, burlándose, al tiempo que hacía un movimiento con su mano, pero eso no provocó nada - Pero, ¿qué sucede? - volvió a intentarlo, pero el agua no hacía caso de sus órdenes - ¿Qué demonios has hecho? - exclamó.
- Fijate bien. No es agua lo que te rodea ahora - expresó Ruby Moon. Efectivamente, lo que rodeaba ya no eran barrotes hechos con agua, sino que se habían tranformado en metal.
- La habilidad secreta de Ruby Moon... - dijo Shaoran de repente.
- ¿Qué significa eso? - preguntó Sakura, al escuchar esas palabras.
- Cada guardian es creado para proteger algo, y siempre está acompañado por un compañero, por que sin Sol no hay Luna, y viceversa - comenzó a explicar Yue - Pero todos nosotros nacimos con una habilidad secreta distinta, al igual que nuestras personalidades. Pero sólo podemos usar estos poderes en casos extremos como éste - y agregó - Vimos que Abel tiene el poder de predecir el futuro. Artemisa puede leer las mentes y también meterse en ellas para lograr que la persona vea cosas que sean de su propio universo, o bien ilusiones creadas por el que esté utilizando ese poder. Y al parecer Ruby Moon tiene la capacidad de transformar los elementos y de cambiarlos de forma a su gusto -
- ¿Cuál es tu habilidad especial? - preguntó Tomoyo, que no se había separado de Kero aún, el cual continuaba desmayado y atrapado en la cruz.
- Yo puedo teletransportarme de un lugar a otro, y teletransportar cualquier objeto o criatura viviente conmigo hacia cualquier lugar -
- Entonces eso significa que Kerberos y Spinel Sun también tienen habilidades especiales, ¿no es así? - preguntó Shaoran.
- Kerberos puede transformar su cuerpo en cualquier cosa, incluso puede lograr hacerse él mismo un clon de cualquiera de nosotros, imitando incluso su voz -
- ¡Eso es sorprendente! - exclamó Tomoyo.
- Pero ignoro cuál sea la habilidad de Spinel Sun, ya que él y Ruby Moon fueron creados mucho después que nosotros -
- No pasará mucho tiempo hasta que lo descubran - dijo la bruja - ¡Spinel Sun, utiliza tu habilidad especial! -
- Si, ama - dijo Spy en una voz muy grave. Lo que pasó a continuación fue increíble: Se empezó a sentir un calor intenso, casi no se podía respirar. Sakura no perdió el tiempo y utilizó la carta Hielo combinándola con la carta del Escudo, y una capa helada apareció sobre los distintos escudos que protegían a todos. Para el horror de todos, vieron que el calor había aumentado a tal punto que los barrotes de metal que habían atrapado a la pequeña se estaban derritiendo como manteca al fuego, al tiempo que una intensa neblina hecha por el vapor del agua que rodeaba el lugar se iba elevando al techo de esa dimensión. Cuando el calor disminuyó, ese vapor se convirtieron de temibles nubes y de inmediato, una gran tormenta se desató.
- Te aseguro que no podrás atraparme de nuevo de esa forma - dijo Takako, con una sonrisa en su rostro malévolo - Tu amo pagará por lo que tú has hecho - y los relámpagos que se veían entre la nubes cayeron en donde se encontraba Eriol, y nadie pudo hacer nada para evitarlo: gritos de dolor se escucharon con horror de sus amigos y seres queridos.
- ¡ERIOL! - gritó Tomoyo, aterrada. Sakura intentó cortar la burbuja con la carta Espada, pero...
- ¡No lo harás, muchacha estúpida! - dijo la bruja. Miles de chorros de agua salieron a atacarla, pero Yue fue más rápido. Saliendo de la protección de la carta Escudo, sólo tuvo que desviar los chorros con el poder de la carta del Agua hacia donde estaba Takako. Ésta fue tomada por sorpresa, y sus propios poderes por poco la derribaron, pero se pudo mantener de pie.
- ¡Spinel Sun, no dejes que se acerque al prisionero! - y el guardián se puso frente a Sakura, con gesto amenazador, pero sin moverse de su sitio.
- ¡Detente ya, Takako! - gritó Sakura, viendo desesperada como la malvada hacia sufrir a su amigo.
- No quiero - contestó ella - Va a sufrir lo que yo sufrí una vez, y me las va a pagar -
Artemisa se había dado cuenta de algo importante cuando la pequeña pronunció esas palabras...
- ¡Mi Señora Sakura! - exclamó entonces, llamando a su dueña - ¡Sé cómo detenerla! -
- ¡Dímelo, por favor! -
- Súbase en mi lomo, ponga su mano en mi frente y cierre los ojos. Utilizaré mi habilidad especial-
- ¡No lo permitiré! - gritó la chiquila - ¡Spinel Sun, quiero que elimines a la Maestra de Cartas de una vez por todas! - exclamó
- Como usted ordene, mi ama - pronunció la bestia oscura, y como un ave rapaz atacó a Sakura. Abel trató de defenderla. De su boca salieron esferas que explotaban muy cerca de Spinel Sun: estaba utilizando la carta Explosión. El atacanta esquivó todos los ataques, y la joven, a pesar de esquivarlo no pudo evitar del todo su ataque: le había dado un zarpazo en su brazo izquierdo, y este empezaba a sangrar. Al ver que iba a atacar nuevamente, Shaoran se puso de pie de inmediato y convocó al dios del trueno. Los relámpagos que estaban atacando a Eriol fueron redirigidos por el joven hechicero y le dio de lleno al guardián embrujado. Éste recibió las descargas eléctricas aullando de dolor, y finalmente se desplomó. Los relámapagos que antes atacaban a Eriol y luego a Spinel se desvanecieron.
- ¡Shaoran, no debiste atacarlo así! - exclamó Sakura.
- No ha muerto, Sakura. Además, no podía permitir que te hiriese de nuevo - dijo, saliendo de la protección de la carta Escudo y acercándose a ella con el poder del dios del viento. Le revisó el brazo - Menos mal que no es profunda tu herida - dijo, algo aliviado. Definitivamente había quedado en un estado de shock temporario al ver que del brazo de ella había salido sangre...
- Mi Señora Sakura... por favor, súbase a mi lomo y ponga su mano en mi frente. Debemos hacerlo rápido antes de que la chiquilla vuelva a atacar -
La joven hizo todo lo que se le dijo y un aura rosada la rodeó. Su cabello y su ropa se movieron por un suave viento que soplaba de manera misteriosa... Takako perdió el brillo de sus ojos...
Sakura pudo encontrarse entonces en aquel antiguo y bello jardín en donde Clow y Raika se habían visto por última vez. Estaba frente al árbol, y allí vio a cuatro criaturas que eran muy conocidas para ella: los guardianes de las cartas Clow y de las cartas Legendarias de Clow. Cerca de aquel árbol, había un pequeño río, y alguien se estaba reflejando en él: era Clow Reed.
"¿Dónde estoy?" preguntó Sakura, más sus labios no se movieron.
"¿Qué significa esto?" preguntó una suave voz de niña. Takako estaba a la izquierda de Sakura.
"Estamos en la mente de Takako, rememorando los recuerdos de cuando ella era Raika. Son los que ella aún no pudo hacer salir a la luz" la que habló fue Artemisa, que se encontraba en el lado derecho de su dueña. "Además, hay recuerdos míos también".
Raika estaba hablando con Clow, y luego de todo lo sucedido, él le pidió a Artemisa que usara su habilidad, y lo hizo tal y como Sakura acababa de hacerlo. Entonces todo se volvió oscuro, una lluvia de pétalos de flor de cerezo caía suave y rápidamente. Ambos hechiceros estaba dentro de la mente de ella, hablando tranquilamente sin mover sus labios. Luego una escena muy tierna se pudo observar: el mago Clow Reed le estaba diciendo adiós a su amor imposible, a la que fue su amiga de toda la vida: La hechicera Raika, pero sólo unos pocos la conocían con ese nombre. Tras un largo y tierno beso, hubo una pausa.
"¿Has decidido ya?". Le había preguntado Clow a la mujer.
"Si. Me iré". Ella se mostró decidida. "Pero algo terrible pasará si hago eso".
"Perderás partes de tus recuerdos, ¿cierto?".
"No instantaneamente, sino cuando muera allí dentro".
"Entiendo".
"Procura ser paciente conmigo si retorno a hacerte algún daño. Recuerda que sólo será por el efecto de haber vivido sola en una dimensión alterna".
"Si, lo sé. Haré todo lo posible para que me recuerdes, Raika".
"Gracias, Clow. No olvides que te amo".
"No lo olvidaré".
Y luego de eso se abrazaron por última vez, y la escena se desvaneció. La Artemisa que estaba allí abrió los ojos, y se dio cuenta de que aún se encontraban en aquel jardín. El pozo ya no tenía el pequeño techo, dado que Kerberos lo había quemado. Raika estaba en el suelo, al parecer desmayada, y Clow estaba inconciente sobre su lomo. Como estaban a una altura algo peligrosa, con lentitud bajó a tierra donde se reunió con sus demás compañeros.
- Artemisa, ¿cómo se encuentra Clow? - preguntó Kerberos.
- Él está bien. Sólo está desmayado por el efecto de mi habilidad, al igual que la hechicera -
- ¿Y tú cómo te encuentras, querida mía? - preguntó Abel.
- Estoy bien, Abel. Muchas gracias por preocuparte por mi - respondió la guardiana, algo sonrojada.
Yue se adelantó hacia su amo, lo tomó entre brazos y lo recostó contra el tronco del árbol que tenían cerca. Poco después, Clow despertó.
- ¿Se encuentra usted bien, mi querido Señor? - preguntó Artemisa.
- Si, estoy bien - dijo Clow, poniéndose lentamente de pie - ¿Qué pasó con Raika? -
- Ella está desmayada, y todavía no ha despertado - informó Yue.
- Bien, es mejor que hagamos esto rápido. Ella ya ha tomado una decisión, y necesito que me ayudes ahora utilizando tu habilidad, Yue -
- Si - Yue alzó a la mujer y abrió sus alas lo más que pudo. Cerró sus ojos y un aura celeste lo rodeó. Sus cabellos, al igual que los de la mujer y el ropaje de ambos, se movieron suavemente cuando un misteriosos viento comenzó a soplar. Cuando Yue encontró el destino en su mente, abrió sus ojos de manera desmesurada. Éstos se dilataron como los de un felino y brillaron en un segundo. Luego sus alas comenzaron a cerrarse en forma de capullo para desvanecerse con lentitud hasta desaparecer por completo. Pasaron alrededor de treinta segundos, cuando repentinamente el capullo apareció de repente y se abrió para dejar visible a Yue. Estaba solo.
- ¿Salió todo bien? - preguntó Clow.
- Si. La dejé en donde usted me ordenó -
- Bien, sólo me queda hacer algo más - dicho esto, se acercó a donde se encontraba el pozo. Su techo volvió a la normalidad con un pestañeo de sus ojos azules, y efectuó un extraño hechizo cuyas palabras eran de un extraño idioma. El pozo se volvió blanco, y después volvió a la normalidad. Sin embargo, del agua surgió un libro en cuya portada aparecía el mismo pozo, y una mujer estaba sentada en él. Se trataba de Raika - Lo lamento - Clow tenía algunas lágrimas en sus ojos. De un bolsillo extrajo un extraño papel con muchos signos. Lo colocó de manera que el libro quedara sellado, y se lo llevó con él - Es hora de irnos -
Esta vez, Kerberos se acercó y Clow se montó tal y como lo había hecho antes con Artemisa, y se fueron de allí, mientras que el jardín y la casa donde este se encontraba iban desapareciendo al no sentir la presencia de su dueña. Todo lo que quedó de ese lugar fue el pozo...protegido por un hechizo que impedía que lo derrumbasen o que algo le pasara, no importa el tiempo que pasara...
Las tres despertaron a la vez. Las tormentosas nubes ya no estaban. El hechizo que envolvía a Spinel Sun se había roto, y había retornado a su apariencia original. La cruz que tenia atrapado a Kerberos había desaparecido, al igual que la burbuja que rodeaba a Eriol, dejando a ambos en libertad. Takako ya no tenía puestas sus ropas oscuras, sino las que llevaba cuando la encontraron cerca del río. Cuando se dieron cuenta, ella cerró sus ojos y estaba cayendo. Sakura invocó nuevamente a Vuelo y la salvó de que se sumergiera en el agua. La tenía entre sus brazos, y la pequeña estaba inconciente, pero su rostro reflejaba paz.
- Yue - llamó su dueña, y este voló hacia donde ella estaba flotando. Le entregó a la niña - Cuida a Takako. Con el brazo como lo tengo no puedo seguir sosteniéndola - dijo. Él sólo asintió. Ella fue volando hacia donde se encontraba Eriol, quien ya se había recuperado y estaba curando con sus poderes a Spinel Sun, que seguía inconciente.
Shaoran se adelantó hasta donde se encontraban los otros dos hechiceros - Lo lamento - fue todo lo que pudo decir.
- Está bien, entiendo por qué lo hiciste. Salvaste a Sakura de Spinel, y a mi también desviando esos relámpagos - expresó Eriol, volviendo su mirada al muchacho de cabello castaño - Te doy las gracias por ambas cosas -
- No... no fue nada... - dijo el muchacho torpemente.
Spinel Sun abrió los ojos.
- ¿Te encuentras bien, Spinel Sun? - preguntó Eriol, al verlo despierto.
- Eso creo... pero me siento terrible por lo que esa bruja me obligó a hacer... ¡juro que no quise hacerles daño! Es sólo que no tenía control alguno sobre mis actos y-
- Tranquilo, nosotros entendemos y te perdonamos - dijo Sakura, con una cálida sonrisa.
Spinel no se quedó del todo tranquilo cuando vio la herida que la chica tenía en su brazo - Si mal no recuerdo, yo fui el causante de que usted tenga el brazo en ese estado... -
- No te preocupes. Eso tiene soluci- ¡Ayyy! - gritó la chica cuando movió su brazo al levantar su báculo. Sakura no podía mover su brazo con total libertad, y Shaoran tuvo que ayudarla para invocar a la carta Cura y así curarse a sí misma y a todos los demás.
Una vez hecho esto, se acercó a donde se encontraba Kero y los demás.
- Kero, ya estás bien, ¿verdad? - preguntó Sakura, algo inquieta.
- Si, gracias - dijo, y volvió la mirada a su dueña, para luego posar sus ojos en Abel y Artemisa, que estaban los sentados en una roca.
Ella apoyaba la cabeza en el pecho de él, y él en la cruz de ella. Kero sabía interpretar muy bien ese gesto: a su manera, los dos seres se estaban abrazando.
- Gracias al cielo que estás sana y salva - susurraba Abel, feliz.
- ¡Tonto! ¡No vuelvas a hacer una locura como esa! - decía ella, sin apartarse de su lado.
- Perdóname, yo- Abel no pudo decir nada más. Artemisa había pegado su hocico al suyo. Eso para ellos era un beso. Se separaron - Te amo, Artemisa -
- Lo sé - dijo ella, mirándolo a los ojos - Y yo a tí, Abel -
