¡Buenas! Sí lo se, la palabra puntualidad no me entra, pero no dejaré mi pick botado, lo seguré y es que me cuesta mucho pasar el pick al estilo que tengo ahora. Pero se que lo haré. Aprovecharé ahora que tengo más tiempo, sin más, dejo el fic.

¡¡Reviews por fa!!


Capi 2: Un día normal

La sacerdotisa de tez blanca y azabaches cabellos se levantaba de su profundo sueño, gracias a que su despertador no dejaba de sonar desde hace ya un buen rato.

Intentó ignorarlo más de una vez, pero al final terminó dando al pobre aparato un golpe seco. Callándolo por fin.

Esta vez quien la obligaba a despertar era su mano, ahora adolorida por el golpe.

Se levantó con demasiada pereza e ignoró al pequeño aparato que momentos antes le sacó de su letargo. Frunció el ceño.

¿Ya es de mañana?

Aún se sentía cansada, pero por alguna extraña razón estaba tranquila. Se dirigió al baño con extrema pereza y llevó junto con ella, el uniforme de colegio.

Se bañó, pero el sueño aún no desaparecía.

Salió de la ducha y se envolvió con una toalla.

Se secó el cabello.

Se vistió, esta vez con el uniforme verde.

Se cepilló los dientes y el cabello.

Se miró al espejo.

Perfecta

Excepto por la gran flojera que sentía en esos momentos.

Salió del cuarto de baño y se dirigió a su cuarto.

Ordenó todo en su mochila.

Ahora sólo desayunar

Salió de su cuarto con la mochila en mano, siendo arrastrada por el piso.

Caminó por el pasadizo y se dirigió a las escaleras donde se encontró a Souta.

- Hermana, yo que tú me apresuraría – Le comentó su hermano menor.

- ¿De qué hablas Souta? – Dijo mientras bostezaba

- Eso – Dijo mirando al reloj de manijas que estaba en la pared.

Eso fue suficiente para despertar por completo a la sacerdotisa.

Su rostro palideció aún más de su color natural.

- ¡Kuso! ¡Sólo tengo diez minutos para llegar a la escuela! – Dijo antes de echar a correr escaleras abajo.

Adiós desayuno…

Pisó el último peldaño y giró su vista al comedor

Tostadas…

Se puso la mochila en el hombro y corrió por una tostada. Luego empezó a correr, esta ves hacia la puerta principal.

De camino hacia la salida se encontró con su madre. Le dio un beso en la mejilla y luego salió por la puerta despidiéndose.

- ¡Matta ne! (Creo que así se escribe)(NA: Hasta luego)

- ¡Adiós hija! – Respondió su madre cariñosa, antes de pensar qué cocinaría esa tarde.

Bajó las escaleras del templo corriendo. Pero uno de sus pies falló y le hizo caer por las escaleras.

Afortunadamente sólo le quedaban cuatro escalones para bajar.

- ¡Kuso! – Gritó frustrada - ¡¿Quién puso todas estas escaleras aquí?!

Miró a su alrededor y vio que la gente la miraba raro, incluso algunos se reían.

Se sonrojó y los ignoró, retomando el ritmo al que iba.

¡Voy a llegar tarde, voy a llegar tarde! ¡Eso me pasa por confiar en despertadores baratos!

- Miren chicas, ¿esa no es Kagome? – Dijo Eri

- ¡Es verdad! Parece agitada – Dijo Yuca

- ¡Kagome! – Gritó Ayumi para que las ubicara.

La pelinegra corría por la vereda, el sendero que la llevaría a la escuela.

Pudo ver que el semáforo para cruzar la calle estaba en verde, por lo que era imposible cruzar, debido a los carros que pasaban a gran velocidad.

Miró detenidamente el paradero y escuchó una voz conocida. La llamaban…

Yuca, Eri, Ayumi

Las divisó, después de tres semanas volvía a ver a sus amigas.

Se acercó a ellas acelerando más el paso. Estaba ansiosa por volver a hablar con ellas.

- Hola... chicas – Dijo algo agitada por la carrera.

- Kagome, que bueno que ya estás mejor – Dijo Ayumi, que sonería al ver a su amiga después de tiempo.

- Eh… sí, ya estoy mejor – Dijo esperando que su abuelo no le halla puesto una extraña enfermedad esta vez.

- Después que sufriste de anemia, dijeron que engordaste mucho en casa de tus tíos y por eso te habías hecho una liposucción, pero yo te veo muy bien Kagome – Dijo Yuca, recordando lo que su abuelo le dijo.

¡¿Liposucción?!

¡¿Cómo pudo mi abuelo inventar algo as?í!

Cuando llegara a casa…

La sacerdotisa estaba frustrada ¿Liposucción? ¿A quién se le ocurría?

Dejó de prestar atención a sus amigas para concentrarse en cómo hacerle pagar a su abuelo por el atrevimiento.

Pero una palabra la sacó de su estado vegetal, para prestarle toda su atención a sus amigas.

- ¿Ya lo terminaste Ayumi? – Preguntó Eri

- ¿La asignación de cincuenta páginas? Claro, sólo me faltan los retoques.

- Pues venga, que la presentación es mañana – Intervino Yuca

- ¿Y tú Kagome? – Volvió a preguntar Eri

- ¿Kagome? – Preguntó Ayumi, viendo a su amiga

- ¿Estás bien? – Preguntó Yuca con un deje preocupado.

La sacerdotisa por segunda vez en el día había palidecido.

¡¿Cómo era eso de una asignación de cincuenta páginas?! ¡¡Y encima la entrega es mañana!!

Ahora que haría, no podrá presentar la asignación y no la aceptarían en la universidad, se quedará sin empleo y será una mediocre y se morirá de hambre y saldrá todas las mañanas a robarle el pollo al restaurante de al costado y vivirá con los perros en un callejón.

Así de miserable será su vida.

¡Y todo por culpa del tonto de Inuyasha que no me dejó venir antes!

El color de su piel volvió a ser normal.

Tuvo una pequeña idea. Una pequeña esperanza.

- Eri, Yuca, Ayumi – Dijo mirando a las tres chicas – Tengo un pequeñito favor que pedirles… - Dijo sonriendo nerviosamente

Llegaron al colegio y en ese momento sonó la campana.

Entraron en el salón, pero afortunadamente el profesor aún no había llegado. De hecho el profesor de historia tenía fama de "Perderse en el camino de la vida", ya que siempre llegaba tarde.

- ¿Quieres que te ayudemos con la asignación? – Dijo Eri

- ¡Por favor, por favor, por favor, por favor, por favor! – No dejaba de repetir Kagome desde que les preguntó.

- Ya, ya, pero ya párale de una ves – Decía Yuca

- ¿Pero me van a ayudar verdad? – Insistía Kagome

- Pues… - Dijo Eri

- ¿Si? – Decía esperanzada Kagome

- ¡Pues claro! – Gritó Ayumi abrazando por atrás a sus amigas.

- ¿Si? – Dijeron Eri y Kagome

- ¡Si, si! Iremos a casa de Kagome y te ayudaremos con tu informe, así también terminaré de retocar el mío ¡y tal vez veamos al novio de Kagome! – Dijo Ayumi emocionada.

- ¡Si! – Dijeron Eri y Yuca

- ¿Está en tu casa verdad? – Preguntó Ayumi

- Pues, de hecho no y volverá por un tiempo.

- ¡¿Eh?! – Dijeron las tres a la vez.

- Que lástima, parecía buen chico – Dijo Ayumi

- ¿Ya terminaron? – Pregunto Eri desilusionada.

- Eh… - Dijo Kagome con una gotita en la cabeza.

- ¡Pues entonces olvídalo Kagome! ¡Esta tarde iremos a tu casa y haremos el informe! Claro, con ayuda especial – Dijo Yuca

- ¡Con ayuda especial! – Gritaron Eri y Ayumi, que captaron el mensaje

¿Ayuda especial?

¿En qué estaban pensando esas tres locas? No importaba, la iban a ayudar.

Cómo quería a esas tres locas

Pensó sonriendo

La mañana pasó sin ningún reparo. Estaba agotada. Los profesores la usaban como blanco, debido a que ella no estuvo en clases anteriores y se debía poner al día.

Presentó uno que otro examen y las horas que quedaban en la escuela pasaron.

El timbre volvió a sonar, anunciando la salida y las cuatro amigas se juntaron nuevamente para seguir el camino a casa de la sacerdotisa.

Pero, la ayuda especial también las acompañó, quien resultó ser Hoyo.

Llegaron a casa de la miko. Al llegar, la madre de Kagome les ofreció el almuerzo.

Después de comer, se dirigieron al cuarto de la sacerdotisa y sin más, empezaron con la asignación.

- ¡Al fin! – Dijo Kagome alzando los brazos. – Y todo gracias a ustedes, ¡les debo una!

- Nos debes varias – Dijo Eri riendo, a lo que Kagome sacó su lengua divertida.

- Bueno, ¡Trabajo terminado! – Dijo Yuca

- ¡Ya no veía la hora de terminar! - Dijo Ayumi

- ¡Gracias en serio! – Dijo Kagome – En especial a ti Hoyo

- Vamos, que no fue nada – Dijo Ayumi

- Para mi es un placer ayudarte, Higurashi – Dijo Hoyo

- Ya escuchaste – Dijo Eri

- Si, oigan… ¿como que ya es tardesito no? – Dijo Yuca

- ¡¿Eh?! ¡Las once! ¡Mi madre me va a matar! – Gritó Ayumi

Bajaron por las escaleras y Kagome los acompañó hasta la puerta.

- Bueno, ¡gracias por todo! – Dijo Kagome – ¡Que les vaya bien! – Dijo Kagome a modo de despedida.

- Adiós Kagome – Dijo Eri

- ¡Adiós Kagome! – Dijeron en coro Yuca y Ayumi.

- Adiós

- Hasta luego Higurashi – Dijo Hoyo

- Gracias por todo Hoyo.

La pelinegra observa a sus amigos irse por la puerta. Aquellos seres que vivían al agitado ritmo escolar, que podían dedicarle algo de tiempo a ella. Pero ninguna vida podía ser tan agitada como la suya.

Sonrió.

Les debía una. No, les debía varias. Pensó en las fechas de sus cumpleaños. Se aseguraría de regalarles algo bueno.

Bostezó. Estaba agotada. Había exprimido todo lo que pudo a su cerebro. Funcionó.

Ahora, al sobre. (Expresión que significa ahora a dormir xD..)

Al día siguiente, la joven miko se levantó de su profundo sueño. Había soñado algo raro. No le tomó importancia. Giró y buscó su reloj.

- Las siete y treinta – Dijo en un susurro – ¡¡LAS SIETE Y TREINTA!! – Gritó abriendo los ojos a más no poder.

¡Se había quedado dormida!

¡No! ¡El reloj no la había levantado!

¡¿Para qué rayos se compró ese reloj?!

No era momento de pensar en eso.

Primera misión del día: Llegar a la escuela.

Bajó las escaleras entre tropezones. Tomó su mochila, cuidando que la asignación estuviera en ella. Miró la mesa.

Comida.

Tomó una manzana y empezó a devorársela mientras corría a la entrada de su casa.

- ¡Matta ne!

Salió de la casa y empezó a correr escaleras abajo. Divisó un tacho al final de las escaleras y con ayuda de su puntería logró encestar la manzana.

Corrió hasta llegar a la escuela. La campana ya había sonado.

Se dirigió a su salón y trató de recordar qué materia le tocaba. Al poco rato se puso azul.

¡Kuso! ¡Le tocaba el de algebra! ¡Ese profesor le odiaba!

Tragó saliva y llevando su mano temblorosa, tocó la puerta.

Unos segundos más tardes, la puerta se abrió asustando a la miko.

- ¡¡Señorita Higurashi!! ¿Otra vez usted? ¡¿Como es posible que en los pocos días que viene tiene que llegar con quince minutos de retraso?! – Le gritó malhumorado el señor de avanzada edad.

- Lo siento – Dijo a modo de disculpa - Es que tuve un problema con mi despertador – Susurró.

- ¿Dijo algo que desea comentar con la clase? – Dijo soltando veneno.

- ¿Yo? No, que va.

El profesor se volteó, y unos segundos más tarde dirigió nuevamente la mirada hacia la pelinegra.

- ¡¿Pero que hace ahí todavía parada?! ¡Valla a sentarse! ¡¿No ve que interrumpe la clase?! ¡Pero que gusto de joder al profesor! – Gritó histérico el profesor.

La miko corrió hacia su asiento algo apenada, ya que varios de sus compañeros se reían de ella, a causa de la vergüenza que le acababa de hacer pasar su profesor.

- ¡Maldito profesor! ¡Yo no estaba interrumpiendo nada! ¡Ni si quiera a empezado la clase! ¡Que ganas de joderme! – Se quejaba interiormente Kagome.

El profesor RECIÉN comenzó la clase, y empezó a hablar algo sobre por qué eran importantes los números. En realidad casi nadie le prestaba atención.

Se veía de todo, desde chicos besándose al final del salón, enviando mensajes por el celular, jugando con la consola, haciendo dibujitos, haciendo una mini guerra de papeles, pasando notitas, tomando fotos, copiándose la asignación hasta chicos que realmente prestaban atención.

Ella simplemente miraba distraída las nubes. Tratando de recordar qué soñó. Pero simplemente no lo recordaba.

- Y por eso es que los números son importantes, y antes de seguir con la clase, mi deber como profesor es anunciarles que en menos de dos minutos entrarán alumnos nuevos a la clase. Sean amables con ellos. Por favor, pasen…


A las personas que llegaron hasta acá quiero agradecerles. Y bueno, nada solo pedir que me dejen un review!! ¡Hasta luego!