Disclaimer: Ningún personaje es mío. Tampoco los escenarios. Yo solo pongo el drama.
Verano. Agosto de 1971
- ¡Sev!
El chico se apartó unos mechones de pelo negro de la cara y levantó la mirada de su libro. La fulgurante melena pelirroja ondeaba al viento mientras Lily se acercaba corriendo a él, con una sonrisa emocionada en la cara y apretando fuertemente entre las manos un sobre abierto. Derrapó un poco con sus sandalias azules antes de frenar frente a él.
- ¡Ha llegado! – los ojos le brillaban y Severus no pudo contener una sonrisa. Sonreía mucho últimamente - ¡La carta de Hogwarts! ¡Dicen que me presente el día uno en la estación!
Él sacó un sobre similar de entre las páginas de su libro y lo balanceó en el aire frente a la nariz pequeña y pecosa de su amiga.
- Sí, a mí me dicen lo mismo.
Lily lo abrazó. Estaba ilusionada, hiperactiva y más feliz que nunca.
Cuando Severus la había explicado todas las connotaciones de ser una bruja, sobre Hogwarts y el mundo al que entraría a formar parte le había encantado. Después la había dado por pararse a pensar si aquel niño extraño de piel tan blanca y aspecto enfermizo no estaría tomándole el pelo, pero, a pesar de todo, ella había querido creerle. Y ahora la prueba palpable de todas las verdades que le había contado estaban allí, impresas en pergamino con tinta verde.
Cuando se separó de él, el chico tenía las pálidas mejillas sonrojadas.
Severus jamás se acostumbraría a la efusividad de Lily. Siempre lo tomaban por sorpresa las muestras de afecto, los abrazos o, sencillamente, cuando ella le daba un golpecito cariñoso en el hombro y luego le sonreía con aquella expresión de perpetua felicidad. Eran muy diferentes, lo suficiente como para haberse convertido en grandes amigos apenas pasados unos pocos meses desde que se hablaron por primera vez en condiciones. Y pronto se marcharían a Hogwarts, donde podrían estar juntos aún más tiempo sin tener que decirse adiós en cuanto daban las seis y media porque había que regresar a casa a cenar. No, cenarían juntos, e irían juntos a clase e incluso podrían hacer los deberes juntos. A los dos les parecía la mejor perspectiva del mundo.
Sobre todo a él.
Lily lanzó una mirada al libro que él sujetaba y a la enorme y vacía bolsa de patatas fritas que había bajo el columpio.
- ¿Has vuelto a comer aquí? – preguntó. Él sólo se encogió de hombros y Lily se sentó en el columpio de al lado - ¿Siguen mal las cosas en tu casa?
- Nunca han estado bien, así que siguen como siempre.
- ¿Les has dicho lo de la carta?
- A mi madre. Dice que ella me llevará a la estación el día uno. Todavía no sabe cómo sin que mi padre se entere o nos pare, pero lo hará. Nunca la había visto tan decidida.
- Eso es bueno – Lily sonrió tímidamente – Quizás empiece a sacar la cabeza del cascarón.
- Tengo miedo de dejarla aquí sola con él. – musitó Severus. Hubo un pequeño silencio hasta que el niño la miró de nuevo - ¿Y en tu casa qué tal se han tomado lo de la carta?
- Bien, mis padres estaban muy emocionados. Dado que tuvimos que cogerle la carta a la lechuza en la ventana, creo que no tuvieron oportunidad a no creerse lo que pasaba. Y les conté todo lo que tú me habías explicado sobre Hogwarts, así que creo que están bastante tranquilos.
- ¿Y tu hermana? – preguntó él, sin poder reprimir una mueca de desagrado.
Lily suspiró y el brillo de sus ojos se borró de golpe.
- Mal. Se ha enfadado porque dice que soy un bicho raro, que mejor que ir a un colegio debería meterme a un circo y se ha encerrado en su cuarto. Mamá dice que no me preocupe, que está un poquito celosa de que me vaya tan lejos y la deje aquí sola, pero que se le pasará pronto. – bajó los ojos, apenada – No sé, Severus, estaba tan enfadada…
- Tu madre tiene razón, se le acabará pasando. Es una caprichosa.
Lily fue a replicarle que no hablase así de ella, pero se mordió la lengua. A Severus, Petunia no le caía bien y las dos hermanas lo sabían. Esta vez, en cambio, no tenía ningún motivo más allá del "es mi hermana" para que rectificase lo dicho. Ella era la primera en darse cuenta de que Petunia era una caprichosa. De hecho, Tuney se había enfadado ya tiempo antes, cuando ellos dos empezaron a pasar tanto tiempo juntos. Al principio sólo habían sido tomaduras de pelo, irritantes pero normales: Petunia le había dicho muchas veces que cualquier día se harían novios e irían besuqueándose por las esquinas, y que tendrían un montón de hijos de pelo negro y grasiento y grandes ojos verdes. Lily la había dejado por imposible sonriendo indulgentemente e ignorándola, pero pasado un tiempo había empezado a molestarle tanta pesadez y había terminado alejándose.
Severus se dio cuenta de que la pelirroja se había puesto triste y trató de sacarla de sus pensamientos.
- Entonces… ¿Uno de septiembre? – preguntó, con una sonrisa vacilante.
Lily levantó la mirada y en sus ojos volvió a chispear la ilusión.
- Claro.
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