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Primavera

- Por fin llegó, la primera salida a Hogsmeade

- Herm no es tan grandiosa

- Claro que lo es, además está empezando la primavera, podemos salir del castillo – el cielo ya se había despejado, volvía un ambiente más festivo al castillo – no sientes como se renueva la energía, como todo es más alegre

- No, la verdad no – estaban sentados en un mullido sillón de la sala de menesteres, ese se había vuelto uno de sus lugares favoritos – es probable además que no salga a Hogsmeade, no quiero salir, no tengo nada que hacer allá afuera

- Podemos vernos y…

- No, tu sabes que no nos podremos ver, va a haber mil ojos que nos conocen, por todos lados y para escondernos, mejor nos quedamos acá – él la vio, ella no era totalmente feliz, ella quería alguien que le diera más, que estuvieran juntos, que no la enclaustrará – lo siento, por qué no te quedas ese día y pasamos un buen rato

- Quedé con Harry y con Ron, además quiero salir al pueblo

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- ¿Qué haces aquí? – se sorprendió cuando la vio recorriendo la biblioteca

- Vine por ti, prefería estar acá, además tienes razón el castillo va a estar solo

- Herm – la abrazó y la tomó por la cintura – Te amo ¿Qué quieres hacer? – ella definitivamente sabía como soltarle un risa a Draco Malfoy, como hacer que dejara ese mundo cuadrado y perfecto en el que siempre había navegado, nadie lo sospechaba, pero estaba cambiando, el mundo de alguien empezaba a tener otro foco y de alguna forma no sabía lo que esto implicaría

- No sé, pero claramente salgamos del castillo

- ¿Vamos al campo de Quidditch?

- Tú sabes que no soy buena en la escoba, sabes específicamente que la detesto

- Te enseño, vas a tener al mejor maestro – entre besos no la dejo protestar, quizá alguno también llenaba de espontaneidad la vida del otro, eran cimas muy altas pero así mismo fuertes caídas.

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- Eres una tramposa Hermione Granger – él corría detrás de ella por entre las afueras del castillo

- Tu fuiste el que volteó a mirar, capullo – soltó irónica, casi se sentía alcanzada, no era la mejor corredora, a duras penas llegaba a clase, su vida era adentro del castillo, allí era donde la tenía, no sabía si era la mejor, pero era la que tenía, por momentos creía que era un poco monótona, algo aburrida, pero ella la apreciaba, sin embargo ahora algo trascendía en ella, esa necesidad de verlo, que la viera como sólo él lo hacía, esa facultad de escudriñarla, que ella le hablara de cosas triviales, de todo y nada importante, cada día ese encanto, esa magia que se revolvía cuando estaban juntos, la llevaba lejos de la realidad que pasaban

- Sabes que vas a dar un paseo por ese lago y me vas a contar como esta la temperatura del agua – la fue acorralando contra la orilla, mientras la penetraban esos ojos grises

- No te atreverías – lo miró ceñuda – porque sabes que me la terminarás pagando

- Puedo con las consecuencias – se acercó totalmente y la sello en un abrazo mientras los dos caían al lago

Ese día fue uno de los mejores que pasé con ella, fue ese punto de quiebre donde ya no era lo de antes, pero tampoco sabía que esperaba, las cosas nos habían alcanzado, demasiado implicados en lo desconocido, siempre había manejado esa vida perfecta donde cada paso de cada semana esta calculado, no había baches, ni cabos sueltos, no había desequilibrios y cuando aterricé a la realidad y que las cosas ya no estaban en mis manos, sin que me diera cuenta se me habían volcado y ese día entendí que no sabía como ponerlas en orden, como regresarlas, porque ya no sabría seguir sin ella.

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Segunda viñeta, para el reto, Primavera…

Soe