Saint Antonie College, Blood Apprentices
Saint Antonie College, Blood Apprentices
I.- Welcome Back
Era una mañana soleada, no de agrado para algunos. Los alumnos iban tomando posición en sus puestos que regularmente ellos escogían. Los ruidos de las conversaciones en distintos lados del salón en algunos momentos llegaba a ser ensordecedor, pero todo esto cambió cuando el peor profesor de el colegio; "el tirano historiador" traspasó el umbral de la puerta y silenció a todos con un fuerte "Buenos Días". La clase, por su parte; suspiró al unísono y se prestó a poner atención al profesor.
Y comenzó su estresante discurso:
Jóvenes este año es muy especial para ustedes ya que han tomado una difícil decisión: la de escoger un plan diferenciado, bueno ustedes han escogido el humanista y la verdad es que espero llevarme muy bien con ustedes. – Dijo mientras miraba su espada con admiración – Soy un profesor muy comprensivo por lo tanto no titubeen en pedirme ayuda.
Si claro –Respondió una alumna-
¡¿Quién Fue?! – Preguntó lleno de rabia, mirando por primera vez a los alumnos –
Nadie respondió, había un silencio rotundo en el salón.
Bueno…- Retomaba la conversación sin preocupaciones – Quiero que todo el curso se presente, posteriormente repartiré los horarios. – Miró periféricamente la sala – Tú …di tu nombre – Apuntaba con su espada a un alumno de la fila de la pared –
Eh…yo…yo… me llamo Marco Fuentes y estudio aquí desde primer año – Contestó mientras se escuchaba una serie de fuertes ronquidos desde el otro lado del salón –
La clase entera se había percatado de los horrorosos sonidos y al darse cuenta de quien los había emitido, pensaron "por Dios de nuevo está dormido". El tirano se volvió en cámara lenta hasta llegar hacia a este alumno y apuntándolo con su espada gritó:
-¡Edgard Ravenheart despertaos de una vez!
Pero Edgard se molestó demasiado y con una ira indescriptible abrió la boca mostrándole ampliamente sus colmillos al profesor mientras que en su rostro se marcaban todas sus venas hinchadas de sangre y gruñía con gesto de ataque. El profesor estaba horrorizado por lo que empuñó su espada para combatir con el joven, a pesar de las miradas anonadadas del resto de la clase que solamente veía al profesor exaltado y poniéndose en posición. Inesperadamente abrieron la puerta. Eran los típicos atrasados: Christian y Sindel que pensaron a su vez: "No puede ser el tirano historiador…"
-Buenos días profesor
-Buenos días, tomen asiento – Contestó el tirano tranquilizándose por fin
Los dos alumnos caminaron hasta los únicos asientos libres que quedaban: Los de adelante. Como era de esperarse, todos los hombres voltearon a ver las curvas pronunciadas de Sindel, pero ella solo se preocupaba de las puntas de su cabello.
Repentinamente sonó el timbre, todos tomaron sus cosas y hicieron ademán de retirarse, pero el profesor se puso delante de la salida:
-Gracias al señor Ravenheart, tendrán que quedarse una hora más – Hablaba con su rostro de loco descarriado –
Una alumna del fondo, llamada Natalie gritó con voz de guerra y levantando la mano:
-¡Vamos a pegarle!
Todos se alzaron y corrieron en dirección hacia el profesor, que ponía una cara de desesperación absoluta, empuñó su espada nuevamente y se puso en guardia, pero salió mal parado cuando se dio cuenta de que todos los alumnos salieron alegremente por la puerta.
Edgard fue el único que se quedó en la sala porque seguía dormido, para cuando despertó se encontraba rodeado de sus amigos… sus camaradas del clan.
-Ah?... ¿que sucede? – Preguntó desperezándose, pero volviendo a cerrar los ojos –
-De verdad que eres idiota – Le dijo una joven de pelo color magenta –
-¡¿En qué estabas pensando?! – Le gritó la joven de al lado –
-Yo creo que todavía está dormido – Opinó el joven que acompañaba a las tres mujeres – míralo…
-¿Cómo lo vamos a despertar? – Preguntó la ultima joven –
-Ya lo sé…
La joven del pelo color magenta, corrió el banco donde dormía su compañero, se sentó a horcadillas de él y lamió su cuello y susurrándole al oído:
-Edgard… despierta…
Pero su compañero solo soltó un pequeño gemido…
-¡Edgard despierta por el amor a Jehová!
Éste saltó de la silla haciendo que su amiga cayera al suelo con él.
-¡Valentine que te pasa! – Mas replicó que preguntó –
-Un vampiro jamás debe revelarse. Valentine, déjate de niñerías y levántate – Imponía Beatrice mientras se apoyaba en el hombro de Jean –
-Tu sabes cuanto me molesta que me despierten, más aún que me reproches una estupidez como ésta. – Reclamaba Edgard mientras alzaba las manos y ceñía el entrecejo –
El ambiente se tornaba tenso y desagradable. Danielle ponía atención a su música interior, Jean y Beatrice molestaban a Valentine y Edgard se auto enfurecía por las reiteradas llamadas de atención de sus amigos. El ser el ultimo convertido y el con menos experiencia.
-¿Harían el favor de calmarse?, da lo mismo si le mostró o no los colmillos, el tirano siempre ha sido considerado como loco. No lo tomarán en cuenta.
-Váyanse a la mierda, me voy de aquí. No me sigan – El joven Edgard salió del salón dando un gran portazo –
Debido a su temprana conversión, Edgard no lograba controlar su temperamento, por lo que siempre estaba mandando a la mierda al clan. Danielle, comprendía perfectamente su sentir. No poder escoger lo que ser; es perturbador. Entre pensamientos comprensivos, se mezclaron los recuerdos de su conversión.
-Marcus, te amaré por siempre…
-No quiero que mueras – Dijo con el rostro entristecido –
-Es el ciclo de la vida, mi amor… - Tosía muy fuerte –
-Yo puedo cambiarlo, Danielle; puedo darte vida eterna
-Es imposible, no eres dios – Le acariciaba con dulzura las mejillas –
-Si de verdad me amas, me harás caso.
-Te amo…
-Danielle, no te preocupes… te morderé con amor – Susurraba mientras desnudaba su cuello lentamente –
-¿Morder?...
Sus palabras fueron detenidas cuando ambas manos de Marcus se apoyaron en su cuello. Estaban sumamente heladas.
Marcus hundió sus filosos dientes lentamente en el cuello de Danielle y bebió su sangre, ésta le producía demasiado placer que sus manos bajaron del cuello para palpar su pecho mientras Danielle palidecía…
Despertó de sus pensamientos para sentir la exaltación de sus amigos cuando una persona traspasó el umbral. Era ella, era Marie.
Los jóvenes vampiros podían sentir la música angelical que producía su aura, la cual les molestaba en exceso. No podían evitar las miradas hostiles ante su presencia.
-Está denso el aire – Reclamaba con una sonrisa dibujada en su cara, mientras buscaba algo en su mochila –
-¿Qué buscas? – Se intrigó Beatrice mientras se acercaba sigilosamente a Marie.
-Eh…nada, quiero buscar mi rosario de PLATA. – se reía burlonamente buscando provocar algo en Beatrice –
-Ya veo, pues la plata es mi metal preferido, con ella se hacen las cadenas que uso para ahorcar gente que me molesta
-El rostro de Marie se deformó e intentó salir del salón con elegancia y lo logró. Los demás permanecieron en silencio.
