II
Casi familia
Todos se habían molestado con la mala experiencia con Marie. No entendían muy bien porque les producía tanto desagrado. Los ambientes se habían relajado bastante, cuando Jean comenzó a bromear:
Beatrice, ¿Viste la tremenda frente que tenía?-dijo entre carcajadas-
La verdad no me interesa- lo miró indiferente-
Es tan humano reírse por los nervios… me molesta- Valentine miró con desprecio a Jean-
Es normal, después de todo; somos unos híbridos del señor – Agregó Danielle –
Todos rompieron a reír. La ironía de Danielle resultaba cómica para ellos, pero a los demás resultaba algo que desearían evitar. Conversaron largo rato para lograr hacer pasar un poco la hora, hasta que sonaron las campanadas de salida. Podrían retirarse a sus hogares por el fin de semana para poder volver el día lunes.
Y a era hora - suspiró Beatrice –
Perdimos a Edgard nuevamente, me da pereza ir a buscarlo – Comentó Valentine – Robert se molesta tanto cuando no viene a casa con nosotros, después tiene que hacer viajes "especiales"
No sé que tanto te preocupa Edgard, es una "persona" – soltó unas risitas – con mente madura. Da igual que no venga con nosotros, el se las arreglará con Robert, que después de todo, sólo es el conductor.
Mientras conversaban, atravesaban el amplio jardín que había antes de llegar a la salida.
Algunos jóvenes hacían muestras de amor explícitas en el pasto, en los bancos otros leían libros, o simplemente conversaban. En el camino se les unió Vincent, el amante de Danielle. En realidad, es su esclavo. Llegaron a la mitad del jardín, por detallar más cerca de la fuente, encontraron a Edgard peleando a sangre fría con Diego. El grupo automáticamente se puso una mano en la cara avergonzados.
Muy notoriamente Edgard iba ganando la pelea, gracias a sus habilidades vampíricas. Después de algunos días se enteraron de que Diego había resultado con ambos brazos quebrados, pero a pesar de la gravedad de sus heridas y la cantidad de sangre derramada, no se inmutó por nada, ni un gemido salió de su boca. El olor de la sangre se había impregnado en las narices de los vampiros, y se dieron cuenta de la expresión de pelea interna en la cara de Edgard, estaba a punto de saltar encima de Diego y sorberle toda la sangre. Afortunadamente, Jean lo tomó del brazo y todos desaparecieron como por arte de magia.
Robert los esperaba como de costumbre, con las puertas del auto abiertas y no se preocupó por la violenta llegada de los jóvenes. Vio como Edgard hacía una gran pataleta soltando una serie de improperios y golpes hacia todos lados. Después de un sin número de forcejeos lograron meterlo al auto. Todos suspiraron de alivio, todo parecía estar tranquilo , pero Beatrice se levantó repentinamente a golpear a Edgard en la cara, pero no se dio cuenta de que había sangrado uno de sus nudillos, y esa sangre había entrado en la boca de Edgard, se hizo el dormido mientras un sinfín de cosas se pasaron por su temprana mente de vampiro.
Es la última vez que haces un escándalo de ese tipo.
Y todo volvió el silencio. El viaje de regreso estuvo relajado, Robert prendió la radio y sonó todo el momento "En la vida hay amores que nunca…pueden olvidarse" que era tarareada por Danielle. Todos se bajaron del auto al llegar a la vieja mansión que se encontraba rodeada de árboles frondosos.
La mansión era de un color crema, pero que con los años se desgastaba más y más. Tenía tres pisos y gigantes ventanales, la puerta principal, de una vieja madera desgastada, se abrió de par en par para dejar pasar a los eternos adolescentes y, una vez dentro del vestíbulo las puertas se cerraron solas. Frente a ellos se encontraba una gran escalera de mármol, con una larga alfombra de color conchevino. Desde el final de las escaleras se podía ver a Marcus, el padre del clan.
Edgard, a mi despacho… Ahora. – fue el saludo de Marcus que vestía un traje de color negro que hacía resaltar fuertemente su cuerpo y la blancura de su piel, su cabello lo llevaba ligeramente largo de un color que destacaba sus ojos celestes, que eran tan claros que parecían transparentes.
Edgard miró periféricamente y luego bajó la mirada, subió las escaleras y se dirigió con Marcus al ala derecha de la mansión. Los demás tomaron sus bolsos y se dirigieron a la cocina, allí se encontraban sus tres perros rotweiler. Valentine y Beatrice corrieron inmediatamente a saludar a sus perros, mientras que Danielle y Jean las miraban con cara de "no tienen 5 años". De pronto, Beatrice pone cara de ángel caído del cielo y dice:
¡Tengo sed!, ¿Podemos ir a alimentarnos? – esbozó una sonrisa perfecta –
No lo sé, tendremos que esperar a Marcus – Respondió Jean –
Siempre que iban a "alimentarse", tenían que ir con Marcus, el padre, primero porque no podían ir y matar a cualquier persona que se les ocurra y segundo, porque cuando tenían mucha sed perdían el control. La única que no iba era Danielle, ella tenía su propio alimento, pero eso es otro tema.
Voy a ver si Marcus terminó con Edgard – dijo Danielle – ustedes cámbiense de ropa por mientras
Por mientras en el despacho de Marcus, Edgard estaba teniendo un molesto interrogatorio.
Edgard, ¿Cuándo va a ser el día en que te puedas controlar? – preguntó Marcus sentado en su sillón de cuero marrón, trataba de contenerse frente al último convertido - ¡Contéstame cuando te haga una pregunta! – estalló Marcus golpeando la mesa mientras miraba directamente a Edgard-
Yo... yo… - tartamudeaba así como retrocedía un poco – lo siento, todavía me cuesta esto… - contestó al fin mirando el piso como si fuera lo más interesante del mundo –
Es por tu bien, que esta sea la última vez, de lo contrario; te castigaré –
Edgard sólo atinó a asentir, pero antes de poder emitir alguna palabra; llegó Danielle.
Lo siento Marcus, pero quieren comer
Edgard, ve a buscar a tus hermanos, yo bajo en un minuto – Edgard salió lo más rápido posible, Danielle estaba por salir también, cuando Marcus le tomo su brazo la volteó y le dijo:
Si quieres nosotros vamos solos a comer
Yo… Marcus, te están esperando – contestó Danielle que cada vez se sentía mas cerca de él que podía sentir su respiración.
Marcus se abrazó de Danielle y comenzó a lamer lentamente su cuello.
Marcus, por favor… lo nuestro ya… - no pudo terminar la frase ya que Marcus la calló con un beso muy corto, cuando se dio terminado, se retiró de el lugar dejando a Danielle muy confundida.
Lo único que atinó a gritar fue el nombre de Vincent quien acudió rápidamente al llamado.
Danielle… ¿Qué…? - pero él tampoco pudo terminar la pregunta porque Danielle se había lanzado a su presa.
Te necesito…vamos ahora… por favor.
Nadie escuchó el portazo de la habitación de Danielle, porque se disponían a salir, ya había anochecido y era hora de alimentarse.
En un comienzo, no encontraron a nadie que les llamara la atención, pero luego encontraron a una pareja muy singular, muy bella, de tez blanca y de cabellos rubios. Beatrice y Valentine tomaron al hombre y se lo llevaron al lugar más recóndito que se les hubiera podido ocurrir. La mujer, al verse sola, trató de huir pero Marcus apareció y la tranquilizó, caminaron un buen momento juntos; hasta que apareció Jean detrás de ella y le clavó sus blancos colmillos en el cuello. Así estuvo bebiendo su sangre por mucho tiempo hasta que sintió un sabor levemente amargo en los labios. La joven había muerto. Jean, con desagrado escupió la sangre a lo que Marcus agregó:
No me dejaste ni una gota, niño mezquino
Lo siento…
No importa, vamos a buscar a las otras – dijo mientras tomaba el cadáver de la joven y se lo llevaba en los hombros –
¿Lo quemarás en casa?
Claro.
No tardaron en avanzar un kilometro cuando divisaron a las dos jóvenes persiguiendo a Edgard y gritándole que por qué se había comido su comida. A esto, Marcus se puso ambas manos en la cara, se le cayó el cadáver y murmuró:
Por qué siempre es lo mismo – suspiró y se dispuso a reunir a todos los jóvenes para regresar.
