Capitulo 3
La propuesta
El niño rubio fue abriendo sus ojos lentamente, para encontrarse en medio de la noche. Estaba tumbado en un montón de hierba con una manta tapándole. Se fue sentando lentamente para encontrarse una hoguera acabada de apagar, lo podía deducir ya que salía humo.
Al lado opuesto de la hoguera había un muchacho durmiendo plácidamente. Pudo reconocer al muchacho, por sus marcas que tenía debajo de los ojos y por su mirada tranquila y amable. Dio una dulce sonrisa para volver a tumbarse y quedarse dormido.
Al día siguiente, el chico rubio notó como alguien le rozaba la mejilla, así que por propio instinto abrió los ojos de golpe sacando un kunai de su bolsa y lo puso en la garganta del chico que le había estado cuidando toda la noche.
El chico hincó las cejas para apartar su mano para apartar el kunai así clavándose en un árbol y el sentándose encima de el retorciéndole el brazo.
-Creo que no es un buen agradecimiento a la persona que te ha estado cuidando durante dos días seguidos –Susurró a su oído.
Ante ese susurro el rubio sintió como el corazón le empezaba a latir felizmente. El chico de ojos negros se quitó de encima de el para que el niño se pudiera incorporarse sujetándose el brazo dolorosamente.
-Lo siento… Es la costumbre… -Se disculpó avergonzado.
-No pasa nada –Le dijo acariciándole la cabeza.
El rubio levantó la vista para ver si volvía haber a esa sonrisa tan amable y tan cálida que le hizo entender que tenía corazón, pero en cuanto la elevó solo se encontró con unos pares ojos rojos con tres pétalos y una mirada fría y distante cosa que hizo que se asustara.
Esos ojos transmitían dolor, soledad y algo le faltaba, sentía como si le hubieran arrancado algo que le importaba; esa mirada hizo que el corazón del rubio se estremeciera de dolor.
El pelinegro se dio cuenta, así que apartó su mano de su cabeza y se levantó.
-Vamos, habrá algún lugar donde podamos refugiarnos bien –Dijo el chico fríamente cogiendo las cosas.
El rubio solo asintió tímidamente para levantarse y seguir al muchacho. Fue pasando el día, las semanas, los meses… Ambos se habían convertido ya en compañeros inseparables y por culpa de sus actos eran los más buscados.
Durante ese tiempo ambos empezaron a sentir algo especial por cada uno, experimentando un sentimiento que no habían sentido nunca. Estaban en medio del desierto caminando sumergidos en sus pensamientos.
.:Itachi:.
¿Cuánto tiempo habrá pasado? No lo sé… Creo que demasiado… Este niño rubio es fuerte, lo sé porqué lo he visto con mis propios ojos luchar y no con todo su potencial. Tengo que reconocer que ese único ojo que tiene me encanta, ya que el otro ojo lo tiene herido y lo tiene tapado con algo. Me encanta protegerle, ya que se siente como un niño, bueno, para mi lo es… Hace tiempo que he notado algo cálido dentro de mí y no se que es… Pero sin duda alguna quiero protegerle de todo.
.:Deidara:.
Tanto tiempo buscándolo y por fin llegó el día en que lo encontré… Pero es algo diferente desde la primera vez que lo vi, con ese caramelo y su paraguas… Con esa sonrisa tan cálida que me dio fuerzas de seguir viviendo y de luchar, pero ahora… Esos ojos tan tristes, llenos de rabia contenida y tan distantes… Me encoge el corazón de tanta tristeza que contenía sus ojos, pero eso no quitaba su dulce y gentil carácter… Desde el primer día hasta ahora me ha estado protegiendo, aunque a veces me ha hecho sentir como un niño… Pero adoro sus ganas de protegerme, porqué desde siempre me ha ofrecido su mano para seguir caminando. Seguiré a su lado, eso sin duda.
Ambos notaron como la arena empezaba a moverse peligrosamente. Empezaron a correr ya que pensaron que era arena movediza, pero algo explotó para que un trozo de arena se levantara de golpe.
Ambos se pusieron en pose para protegerse y listos para luchar. En cuanto la arena se dispersó pudieron ver a un hombre-pez, era alto y llevaba una espada envuelta con vendas recargada a su espalda. Llevaba una gran túnica negra con nubes rojas. El hombre-pez los miraba con una gran sonrisa malévola.
-Vosotros sois Itachi-kun y Deidara-kun ¿Verdad? –Dijo acercándose a ellos.
Mientras el daba pasos para acercarse ellos retrocedían ya que no se fiaban de el.
-Si… ¿Algún inconveniente? –Preguntó Itachi poniéndose en frente de Deidara.
-¡Ninguno! Solo os vengo a proponer algo –Dio una gran sonrisa.- ¡Pero que mal educado! Mi nombre es Kisame –Dijo sonriendo más malévolamente.
-Tu nombre no nos importa –Dijo secamente el pelinegro.
-¡Claro que os importa! –Exclamó sin borrar la sonrisa.
-Que quieres –Dijo el rubio.
-Ya os dije que os quiero dar una petición
-Cual es –Contestó Itachi mirándolo asesinamente.
-¿Habéis escuchado hablar del Akatsuki?
-No
-Vaya… ¿Y de los Biju?
-Quien no escuchara hablar de ellos serían necios –Contestó el rubio.
-Pues los Akatsuki queremos juntas a los 9 Bijus y creemos que vosotros tenéis potencial para ayudarnos –Dio un paso para acercarse a ellos.- Os haréis más fuertes
-"Más fuertes…" –Pensaron ambos.
-Si venís con nosotros no hará falta que huyáis de la élite ANBU
Ambos chicos se tranquilizaron para mirar directamente a los ojos del hombre-pez para después mirarse entre ellos. Asintieron para volver a mirar al hombre-pez.
-Aceptamos –Dijo el pelinegro.
-¡Genial! El jefe estará contento –Exclamó Kisame.
Kisame hizo un sello para trasportarlos en un lugar oscuro donde había más gente con el mismo uniforme que el hombre-pez. Deidara se agarró al brazo de Itachi, cosa que el le acercó más a el.
-Tranquilo –Le susurró.
Deidara solo asintió nervioso algo ruborizado por el tono del chico. Kisame les guió ante su jefe. El lugar era tan oscuro que no se podía ver al hombre. El hombre no habló, solo le tiró el mismo uniforme a cada uno para desaparecer de allí.
Ambos se miraron para asentir seriamente y ponerse esa túnica. Nuevas aventuras les esperan. Se voltearon para ver a sus compañeros, así agarrándose de la mano y mirándose de reojo lleno de amor.
.:Fin:.
