¡Hola a todas/os! Bueno ya he vuelto con un nuevo capítulo. Es más largo que los anteriores y un poco subido de tono, así que que nadie diga que no he avisado ¿eh?

Bueno quiero agradecer a Kalu Potter y a Ginny sus reviews, me dais ánimos para seguir, ¡gracias!

Disclaimer: Harry Potter y demás pertenece a JK.

Calor

" Bueno, Harry, ¿qué novedades tienes hoy?

Ninguna. He pasado siete horas vigilando la entrada del ministerio. Ni rastro de ella. Pero he visto a tu padre, Ron. Me ha parecido que estaba bien."

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte

Página 197, Ed. Salamandra

–––

En la cocina de Grimmauld Place Ron y Harry tomaban un copioso desayuno, cortesía de Kreacher.

– ¿Hermione no se ha levantado aún?- quiso saber Harry.

– No.- respondió Ron- No he querido despertarla porque sé que anoche se durmió muy tarde, estuvo releyendo las notas sobre el Ministerio.

– Bueno, creo que ya es hora de que empiece mi turno.- comentó el moreno tras engullir una última tostada. Nos veremos en la cena, supongo.

– Está bien, colega. Pero ten cuidado.

Harry dio media vuelta y estaba a punto de marchar, cuando Kreacher apareció.

– Amo Harry, llévese estos bocadillos para almorzar, no puede estar todo el día sin comer nada.

– Muchas gracias, Kreacher.- respondió Harry mientras se guardaba su comida.- ¡Hasta luego, Ron!

– ¡Adiós!

Ron terminó su desayuno. Puso sobre la mesa unos pergaminos, plumas y tinta, y comenzó a trabajar.

Llevaba un buen rato sin levantar la vista de su tarea y estaba tan concentrado, que no se dio cuenta de que Hermione acababa de entrar en la cocina todavía en pijama y con cara de sueño.

– Bueeeenos días, Ron.- le saludó en medio de un bostezo.

– ¡Oh! Buenos días. No te había oído entrar. ¿Has dormido bien?

– Sí, hacía días que no dormía tan bien. ¿Por qué no me has despertado? Es tarde, son casi las diez. Y, por cierto, ¿dónde está Harry?

– Ya, bueno, es que ayer te quedaste despierta hasta muy tarde y supuse que estarías cansada.- comentó Ron a modo de disculpa.- Y Harry salió hace ya un rato a hacer su guardia en el Ministerio.

Hermione le respondió con una sonrisa y se preparó una taza de café.

– ¿Qué estas haciendo ahí tan concentrado?- preguntó Hermione.

– Se me ha ocurrido que sería útil tener unos planos del Ministerio y como no podemos conseguir unos, he empezado a trazarlos yo.

– Es una idea genial, Ron.

– No serán exactos, pero por lo menos nos haremos una idea.- respondió él modestamente.

Hubo unos minutos de silencio, en los que Ron seguía trabajando en sus planos y Hermione terminaba su desayuno.

– Oye, voy a subir a ducharme y cuando baje quiero que me vayas explicando lo que ya tengas dibujado, ¿vale?

– Sí, claro.

El muchacho siguió trazando planos en el pergamino, sin embargo las últimas palabras de Hermione estaban consiguiendo que perdiera toda su concentración.

Hermione duchándose... pensaba. Hermione quitándose la ropa... la espuma resbalando por su cuerpo...

De pronto hacía mucho calor en la cocina, y si el joven hubiera visto su rostro, habría visto como ahora era de un tono carmesí.

No debes pensar esas cosas, Ron. Si Hermione se enterara no te volvería a dirigir la palabra por pervertido...

Pero no puedo evitarlo se decía Ron a sí mismo. Espero que no sepa legeremancia.

En estas estaba cuando Hermione regresó y se sentó a su lado para ver los mapas.

– ¿Te pasa algo? Estás como un tomate.

– ¿¡Eh!? N-no, no. Es que hace calor, ¿no te parece?- y para dar credibilidad a su excusa se quitó el jersey Weasley que llevaba puesto.

Hermione no dijo nada más y empezó a ojear los primeros planos. Pasó un rato en que ninguno de los dos dijo nada.

– ¿Ron?-dijo ella mientras le rozaba la mano para llamar su atención- Entonces esto es el Atrio y… ¿Qué pasa?

– Na-nada- respondió removiéndose inquieto en su silla y secándose discretamente el sudor de su frente- Sí, sí, eso es el Atrio y desde ahí puedes coger un ascensor para ir al piso que quieras, o bien salir a la calle.

– ¡Ah! Vale, gracias Ron.

El pobre Ron estaba implorando a Merlín para que Hermione no viera el bulto que sobresalía en su entrepierna, que se había hecho más notable tras ese ligero roce.

Ella se levantó y subió al salón para coger más pergaminos y tinta. En ese momento Ron suspiró e intento respirar profundamente para ver si conseguía calmarse un poco, aunque no le sirvió de nada, porque al momento Hermione volvió cargada de pergaminos, botellitas de tinta y varias plumas. Al dejar todo el la mesa, unas plumas se resbalaron hasta caer al suelo. Hermione se agachó a recogerlas y al levantar la vista según se levantaba del suelo, observó el problema del muchacho. Sin embargo, disimuló. O por lo menos lo intentó, porque sus mejillas se tornaron rosadas.

Al ver la cara de su amiga Ron se temió lo peor, así que dijo lo primero que se le ocurrió para distraerla.

– ¿Ves cómo hace calor? Ahora tu también estás roja.- muy bien, Ron, tú disimula hablando de calor…

– ¿Qué? ¡Ah! Sí, sí, mucho calor.- genial, Hermione, vaya don de palabra.

Pasó una hora sin que se atrevieran a decir nada. A mediodía Kreacher apareció para pedirles que le dejaran la cocina libre y así poder preparar el almuerzo. Así que recogieron todo y subieron al salón.

Ron, que había subido primero y a toda velocidad, se puso a mirar por la ventana.

– Hay dos mortífagos.- comentó intentado empezar una conversación.

– ¿Son los mismos de ayer?

– Creo que no. Me parece que uno es Selwyn, su cara salió hace tiempo en El Profeta.

Hermione no contestó, se acercó a la ventana y durante unos minutos ambos observaron a los mortífagos en silencio. Tener a Hermione tan cerca no ayudaba para nada a Ron, que cada vez estaba más nervioso. Estaba seguro de que si Hermione, gracias a Merlín, no había notado su "problemilla", sí que había notado esa actitud tan extraña.

– Oye Ron…- empezó a decir Hermione mientras le tomaba del brazo.

– ¡¡ El almuerzo está listo!!- dijo Kreacher desde abajo.

– ¡ Qué bien! Me muero de hambre.- dijo Ron, y soltándose de Hermione huyó hacia la cocina.

Comieron un par de sándwiches y tomaron zumo de calabaza. Nadie habló mientras comían. Después Kreacher recogió los platos y ellos volvieron a esparcir los pergaminos por toda la mesa para seguir trabajando. Parecía que el "problema de Ron" estaba desapareciendo poco a poco.

– ¿Puedes alcanzarme el volumen de los cuentos de Beedle el Bardo, por favor?- pidió Hermione.

– Sí, voy por él.

Ron se levantó para coger el libro. Al darse la vuelta para dárselo a Hermione, ella se levantó y le abordó.

– Estás muy raro, Ron.

– N-no, ¡que va!

– Sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad?- dijo Hermione al mismo tiempo que apoyaba las manos en el pecho de él.

– Y-ya lo sé, Hermione.-consiguió balbucear, sintiendo cómo cierta parte de su anatomía volvía a despertar. Sin querer desvió los ojos hacia abajo, para ver si era muy evidente, pero con ese gesto los ojos de Hermione siguieron el camino de los suyos.

Ambos enrojecieron violentamente, pero Hermione no se movió del sitio, se limitaba a mirar con los ojos como platos el paquete de Ron que parecía en su mejor momento.

– Yo… esto… Her- Hermione… es… es que…- Ron solo conseguía articular incoherencias- ¡Joder! ¡Por eso te estaba evitando!

Sin embargo Hermione se había acercado peligrosamente.

– ¿Ah, sí?

– S-sí, bu-bueno… creo que…- no pudo seguir hablando porque Hermione le miraba a los ojos con una intensidad inusitada- No lo soporto más, Hermione.

Y la besó.

Y ella le correspondió.

Para ambos era probablemente el momento más deseado de sus vidas. El beso se profundizó, se convirtió en una batalla de lenguas y mordiscos.

Las manos de ambos jóvenes se movían frenéticamente. Hermione tenía una mano en la nuca de Ron y le acariciaba, incluso arañaba, y la otra mano estaba palpando los músculos de la espalda del muchacho. Mientras, Ron estaba ocupado desabrochando el sujetador, para después recorrer cada centímetro de piel que tapaba esa prenda.

Hermione suspiraba y Ron no pudo evitar gemir cuando sintió la mano de Hermione presionando su erección por encima del pantalón.

Ron agarró a Hermione y la arrinconó contra la encimera, sin embargo al apoyarse tiraron al suelo una sartén y el ruido pareció sacarlos de su burbuja.

Se miraron a los ojos y se sonrojaron. Ron no sabía que decir, sólo atino a sonreír tímidamente. Hermione también sonrió y se separó de él para recoger la sartén.

– ¡Ron, son más de las seis! Harry estará a punto de llegar.- dijo al ver su reloj.

– ¡Mierda! Creo que tengo que darme una ducha… bien fría antes de que llegue.- iba a darse la vuelta para ir al baño pero se giró para ver a Hermione- ¿Repetiremos esto?

– Creo que Harry debería hacer más guardias, ¿no te parece?- contestó ella con una sonrisa traviesa.

Ron sonrió y subió a ducharse. Mientras tanto Hermione recogió la mesa para que Kreacher preparara la cena.

Veinte minutos después Ron entraba a la cocina al tiempo que Harry, que acababa de llegar, les anunció:

– ¡Tengo noticias! Y no os gustarán.

Ron y Hermione se dirigieron una última mirada cómplice antes de que Harry entrara en la cocina, como sellando una promesa de futuro.

...

¿Os ha gustado?¿Sí?¿No? ¡Pues decídmelo en un review! Por favor, si no cuesta na'.

Volveré...