¡Ya estamos cerca al final! sólo falta "Negro" Muchas gracias a todos los que leen y a Rowen de la H por el review x3.


Rojo

¿Sabes qué es más molesto que un House que no cumple lo debido? Un House que ignora tus gritos. Es algo que a todos los saca de quicio, en especial a cierta decana que acaba de recibir la feliz noticia que su jefe de Diagnósticos ha sido demandado de nuevo. Confía en House para conseguir una demanda con algo tan sencillo como pedir una muestra de sangre.

Lo cual nos lleva al consultorio número tres, donde Cuddy está considerando cometer asesinato y el nefrólogo escucha sin mayor temor su "bla-bla-bla", mirándola con aburrimiento y mordisqueando perezosamente una paleta de fresa.
Y si bien la paciencia es una virtud, todo tiene su límite. Así que, aprovechando un exagerado bostezo del doctor, con un rápido movimiento le quitó el caramelo y lo guardó en su bolsillo. No es necesario decir que a House no le causó mucha gracia.

- Dame mi dulce.

- Ve a disculparte con el señor Daughtry.

- Dame mi dulce, Cuddy - se acerca un poco más a ella, tratando de intimidarla con la diferencia de alturas. La doctora simplemente arquea una ceja. ¿En verdad espera que eso funcionará?

- Justo después de que le ofrezcas una disculpa a tu paciente.

- ¿Y si no lo hago? - House sigue acercándose. Muy cerca, sus rostros están a unos centímetros de distancia. Pero ya dijimos, es Lisa Cuddy de quien hablamos: ella no retrocedió ni intentó alejarse.

- Entonces tendremos un problema - dijo tranquilamente.

- ¿En serio? – el doctor sonrió burlonamente – qué miedo – esto último lo susurró, provocando un estremecimiento en la decana. Su proximidad la incomodaba, su respiración le hacia cosquillas en la nariz y la sonrisa de House se agrandó al darse cuenta de ello - ¿asustada, jefa?

- ¿De tu cara?, no, ya me acostumbré – La pícara sonrisa no se redujo en lo absoluto.

- ¿Tienes miedo de que te bese?

- ¿Qué? – ahora esto no lo venía venir.

- Estamos a unos… - House ladeó un poco la cabeza con la mirada fija en sus labios – ¿cinco, seis centímetros? Casi nada de distancia…

- Vete. Ahora.

- Tus ojos brillan…

- A-ho-ra.

- Estás sonrojada…

- ¡House!

- Sólo dame mi paleta – casi con ternura, le acomoda un rulo que le cubría la mejilla por detrás de la oreja. Lo cual no le hace gracia a Cuddy.

- ¿Quieres tu dulce? – Ella saca la golosina de su bolsillo y sin más, la muerde, lo quiebra y le muestra el palillo ahora sin caramelo - Ups. Lo siento.

No había terminado de decir esto, cuando House la cogió de ambas manos y, sin soltarla, la empujó contra la pared más cercana, aprisionándola con su cuerpo. Escondió su rostro en su cabello e inhaló profundamente.

- House… – suspiró, sintiendo su corazón palpitar fuertemente y en sincronía con el de él.

-Que conste – murmuró en su oído – que tú te lo buscaste – Ella cerró los ojos, perdiéndose en la sensación que creaban sus labios sobre su hombro, caricias que subían lenta y deliciosamente por su clavícula, su cuello, su mejilla…

- ¿Doctora Cuddy? – alguien tocó la puerta y la decana lo empujó con brusquedad. House soltó un gruñido de frustración y una mirada fulminante a la enfermera que entró – El señor Daughtry la está esperando en su oficina.

- Eh, si, claro – estaba totalmente desorientada – gracias, yo… - le dirigió un vistazo rápido a House – ok, voy.

La enfermera se fue. Cuddy ya estaba en la puerta, cuando sintió que le asían del brazo y luego el calor de un cuerpo contra su espalda.

-Me debes un dulce - dijo House, con la misma voz profunda de antes, causando nuevos escalofríos, que duraron hasta mucho después de perderlo de vista.

Gracias por leer.