La Espina en la Rosa (1)

-Ese chico dijo que estas rosas azules son para ti. ¿Quién las envió?

-No … no lo sé – la chica se apresuró a buscar alguna tarjeta entre las flores-. Aquí hay algo…

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Nota: Me han encantado sus reviews, de verdad me han emocionado. GRACIAS. Para variar, hoy les presento una espina en la rosa. Una pelea entre Saya y Hagi. ¿Se lo imaginan? Espero que les guste. Sí, hoy también tengo insomnio.

La acción pasa después del capítulo 50. Decidí hacerlo como continuación de "Sweet Dreams" respondiendo a los reviews recibidos.

Nota: la serie Blood plus no me pertenece.

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"¿Otra rosa azul?"

Hagi se inclinó para recogerla de los escalones de la puerta. La tomó y la hizo girar entre sus dedos, como si el capullo celeste pudiera aclarar sus interrogantes. Fue hasta la cocina y la colocó en el florero de la mesita, junto a la flor del día anterior, ahora completamente abierta.

El Caballero empezó a preparar el desayuno, pero sus ojos iban y venían desde la sartén hasta las rosas del florero. Le molestaban profundamente. Le recordaban a aquel que también amaba a…

Sintió algo cálido apretarse a su espalda. Luego unos suaves labios se posaron sobre su hombro.

-Saya…

Con su típica sobriedad, Hagi se tomó el tiempo para quitar la sartén del fuego, y apagar la llama antes de dar vuelta y tomar a su novia de la cintura. Ella le sonrió, pero se extrañó cuando él no la besó como de costumbre.

-¿Pasa algo malo? – Hagi no contestó, sus ojos azul acero se volvieron hacia el florero y Saya siguió su mirada.

-Oh… -Saya no dijo nada más. Se alzó de hombros y se abrazó a su Caballero- No dejes que eso te preocupe.

Saya se separó de él para poner la mesa.

-¿Qué tal si comemos antes de que se enfríe? Huele delicioso…

El desayuno transcurrió en un silencio algo tenso, algo inusual en ellos. Aunque Saya le había restado importancia al asunto de las rosas, veía claramente que su amado no podía dejar de pensar en ello.

La chica varias veces había intentado empezar una conversación, pero Hagi contestaba con monosílabos.

"De vuelta a los viejos tiempos" – pensó Saya.

¡Ya no sabía de qué hablarle! Miró alrededor buscando inspiración y entonces, vio la jalea de grosellas y tuvo una idea.

Golosamente metió un dedo en el tarro y luego lo introdujo en su boca. Casi de inmediato la mirada sorprendida de Hagi cayó sobre ella. Los modales aprendidos hacía más de cien años en la mansión de Joel en Burdeos aún regían sus acciones diariamente. Era una suerte que no obligara a Saya a usar toda la cubertería en cada comida.

"Ya tengo tu atención", pensó Saya risueña.

Tomó el tarro y fue a sentarse a horcajadas sobre las piernas de su amado. Éste, en un reflejo, la rodeó con sus brazos. Ella tomó un poco de jalea y la puso sobre los labios de él, para acercar luego su lengua y…

-Oh…

La chica sonrió ante la reacción de Hagi. Puso jalea en su propia boca y la compartió con él en un dulce y largo beso.

El Caballero se olvidó de las rosas y de todo lo demás. Respondió a su beso y luego la abrazó fuertemente contra sí.

-Te amo, sólo a ti… por toda la Eternidad… -susurró Saya contra su oído.

-Yo… sólo quiero estar contigo siempre.

Ella se separó un poco de él para verlo al rostro.

-Hagi, yo…

El timbre de la puerta la interrumpió. Ambos se miraron interrogativamente. ¿Quién podría ser? Kai y las gemelas debían de estar abriendo el Omoro a esa hora. Y los del Red Shield siempre llamaban antes de visitarlos.

Saya se levantó para atender la puerta, pero su Caballero se adelantó.

-Buenos días –el chico del correo saludó amigablemente-. ¿Saya Otonashi vive aquí?

Hagi asintió.

-Bien, firme aquí por favor –Hagi iba a adelantar su mano derecha pero lo pensó mejor y utilizó su mano izquierda, poniendo su garra de quiróptero tras su espalda.

-Gracias –el joven se dirigió a sus compañeros en el camión de repartos-. Tráiganlas, chicos.

Un par de muchachos empezaron a bajar del camión jarrones de cristal, cada uno contenía al menos una docena de rosas azules.

-¿Dónde quiere que las pongamos, señor? –preguntó el primer chico.

Hagi se puso más pálido, si esto era posible. Los ojos azules adquirieron un brillo glacial.

Las voces y la actividad atrajeron a Saya, quien se había quedado en la cocina un poco rezagada, recogiendo los trastos. Cuando vio la escena que se desarrollaba en la sala quedó sin habla.

-Señor, ¿dónde quiere que...? –el muchacho insistió al ver que no obtenía respuesta. Saya vio cómo su Caballero adelantaba la mano derecha hacia uno de los jarrones amenazadoramente y se apresuró a intervenir:

-Por favor, déjelas en el suelo, allí mismo, gracias…

El chico de reparto la miró extrañado, pero se alzó de hombros. Le parecía un desperdicio dejar unas flores tan hermosas casi tiradas por el piso, pero después de todo eso no era de su incumbencia.

Cuando quedaron solos, Hagi le lanzó una gélida mirada.

-El muchacho dijo que estas flores son para ti. ¿Quién te las envió?

-No … no lo sé – la chica se apresuró a buscar alguna tarjeta entre las flores-. Aquí hay algo…

En efecto había encontrado una nota manuscrita, pero en cuanto la leyó se arrepintió de haber revelado su existencia.

-¿Qué dice? –le urgió Hagi.

Ella dudó en decirle. Si él se enteraba... No. Saya no quería siquiera imaginar su reacción.

-No viene firmada… -aventuró ella, aunque bien sabía que él no se conformaría con eso.

-Déjame verla, por favor…- había tensión bajo su tono aparentemente calmado.

Saya no tuvo más remedio que entregársela. Hagi la leyó apresuradamente:

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Fin de esta parte. ¿Qué dirá la nota? Si quieren saberlo manden reviews. Prometo no hacerlos esperar mucho. :-)!! Besos. Os amo.