La Espina en la Rosa (Finale)
Gracias por sus reviews. Aquí tienen la última parte de esta continuación de Sweet Dreams, espero que sea de su agrado. Mega Besos, ;-)!
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Nota: la serie Blood plus no me pertenece.
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Oscuridad.
Eso fue lo que recibió a Saya cuando llegó a la casa que compartía con Hagi en Okinawa.
-¡Hagi! –lo llamó con todas sus fuerzas.
Subió las escaleras corriendo rumbo a su habitación. Abrió la puerta y antes de que pudiera tocar el interruptor de la luz escuchó fue su voz diciendo:
-¡No!... no la enciendas.
La mano de Saya quedó paralizada en el aire.
-¿Hagi?
Los ojos de Saya se acostumbraban poco a poco a la penumbra. Ahora podía vislumbrar la silueta de su Caballero sobre la cama de ambos. Hagi estaba sentado, la cabeza entre las manos, el cabello revuelto.
"Por Dios, ¿qué hice?" –pensó Saya. Lo que pensó que era un regalo piadoso para el hombre que había salvado su vida terminó hiriendo profundamente al hombre con el que compartía su vida.
Saya se sentó al borde de la cama.
-Hagi, perdóname, por favor… -no sabía qué decir, se sentía muy mal.
No recibió respuesta. Tan sólo oyó un ahogado gemido. Se sintió morir ella también.
Habían pasado más de cien años desde que vio a Hagi llorar por última vez, y nunca pensó que ella iba a provocar sus lágrimas algún día.
Mucho tiempo pasó, pero Hagi y Saya continuaban así. Heridos, mudos.
Al fin, Hagi le preguntó:
-¿Lo amas?
Hace unas horas habría respondido que no, sin dudarlo. Pero después de haber visto de nuevo a Solomon, después de ese beso… Saya supo que iba a necesitar tiempo para decidir. Por eso, tuvo que responder con sinceridad:
-No lo sé.
Aún en la oscuridad Saya pudo percibir cómo Hagi se tensaba. Luego lo siguiente que supo fue que él se levantaba de la cama y tomaba el estuche del violonchelo. Comenzó a bajar las escaleras y Saya lo siguió.
-¡Hagi, no te vayas, por favor!
Hagi puso la mano sobre el picaporte y los dedos de Saya cubrieron los suyos. Hagi apartó la mano de inmediato.
Saya se abrazó a su espalda llorando.
-¡Hagi, perdóname! No te vayas así. No quise herirte… -las lágrimas de Saya mojaban su camisa.
-Si no sabes lo que sientes, no puedo quedarme aquí hasta que lo descubras – le dijo.
Dio media vuelta y la miró a los ojos.
-Lo que tenga que pasar, pasará -una lágrima resbaló por la mejilla masculina. Hagi salió de la casa e invocando sus poderes de quiróptero empezó a surcar el cielo sin estrellas.
-¡Hagi..! –la voz de Saya lo llamaba desde el suelo.
. . .
-Hagi… Hagi… -su mano le movía el hombro.
-Mi amor… Hagi… -su mano ahora estaba en su mejilla.
Sintió algo frío en el rostro, abrió los ojos y se encontró con el rostro preocupado de su novia.
-¡Amor, me diste un gran susto! No podía despertarte…
"¿Despertarse? Entonces…"
-Estabas llorando, tenías una pesadilla –le explicó Saya- Traté de despertarte y no podía. Tuve que mojarte el rostro con agua fría.
Hagi aún estaba conmocionado.
-¿Qué hay de Solomon? ¿Qué hay del beso que vi?
-¿Solomon? ¿Beso? – Saya tocó su frente- ¿Tienes fiebre? Estas desvariando…
Hagi sentía tanto alivio que no lo podía creer. Sólo había estado soñando.
-¡Saya! – Hagi abrazó a su amada Reina.
. . .
Saya le había preparado el desayuno. Nada tenía buen sabor, ni siquiera el café, pero Hagi lo comía igual. ¡Se sentía tan aliviado! Por su parte la Reina estaba de lo más divertida escuchando el relato de la pesadilla de su novio.
-Espera, espera… - la risa casi no la dejaba hablar- Entonces fueron… casi ciento cincuenta rosas azules…
-No fue divertido –le aseguró Hagi.
-¿Y Solomon apareció de la nada, y yo lo besé así como así?
El Caballero se puso serio.
-Por favor no menciones su nombre.
-Vamos, Hagi. –la chica tomó la mano de su novio- Fue sólo una pesadilla. Probablemente es sólo uno de los efectos secundarios del tratamiento con la hormona IS.
-¿Quieres decir que va a seguir pasando? –se alarmó él.
Saya se levantó de la mesa y se sentó en sus rodillas, Hagi la abrazó y ella lo miró al rostro.
-Escucha, amor. No habías dormido en más de cien años. Y según dicen, las pesadillas son un mecanismo que tiene la mente para liberar tensiones. Eso que soñaste, es algo que te preocupó mucho en el pasado. Si hubieses podido soñar hace treinta años, seguro que habrías tenido pesadillas entonces. Yo sí que las tuve.
Hagi tomó una de sus manos y besó suavemente su palma.
-Nunca me dijiste que tuvieras malos sueños.
-No quería preocuparte más –le sonrió tiernamente- Pero eso ya quedó atrás.
Saya acarició su mejilla.
-Esta mañana mientras soñabas, estabas llorando. No te había visto llorar en mucho tiempo. Tal vez tu cuerpo también necesitaba liberarse así.
Él lo pensó un momento.
-Tal vez tengas razón –dio un suspiro-. Pero la pesadilla fue demasiado real…
-Sin embargo -siguió diciendo-, no quiero dejar el tratamiento, no quiero dejar de dormir. Es agradable despertar contigo. También me gusta quedarme dormido mientras te abrazo, o mientras juegas con mi cabello.
-También me gusta estar contigo en la cama –dijo Saya, y se ruborizó al darse cuenta de lo que había dicho- Es decir… cuando…
Hagi ahogó una risa. Alzó a Saya en brazos. Y en poco tiempo la colocaba sobre las frescas sábanas. Saya estaba sorprendida y encantada.
-Hagi… ¿qué haces? -reía mientras alborotaba su cabello negro- ¿Volvemos a la cama?
"Qué bueno que hoy es domingo." –pensó Saya.
Su Caballero se acostó a su lado y tomó la barbilla de su novia entre sus dedos para darle un beso profundo y dulce en los labios.
-Quiero celebrar que te tengo. Fue horrible soñar que te había perdido.
-Nunca me perderás. Te amo –Saya besó sus ojos y sus mejillas.
-También te amo, Saya, te amo tanto…
FIN
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Bueno, pues yo sigo sin tener sueño, pero trataré de dormir. Espero no tener pesadillas.
Os amo. Déjenme saber qué piensan. Reviews, reviews, reviews. Y perdonen que me haya metido en la mente del hermoso Hagi para crear esta pesadilla (sniff). Pero toda rosa tiene sus espinas, aunque sólo sean espinas oníricas.
